El puto juego 3
Beto sabe que su hermano sufre, pero no puede imaginar que la solución a su propia frustración está a solo un paso de convertirse en realidad. Mientras Antonio llora su impotencia, Beto descubre que la verdadera libertad no está en el dinero, sino en cruzar la línea prohibida con la mujer que siempre lo miró de reojo.
Junio 8
Martes 2.30 PM
Mientras José Luis pone al tanto a María de sus nuevas obligaciones, lejos de allí, en un universo paralelo pero fatalmente convergente, Antonio y su hermano Beto almuerzan juntos como todos los días de semana.
La verdad, no te entiendo, ¿dos meses sin tener sexo y el día que te decides a tenerlo casi la violas? No te mereces a esa mujer.
Es que no sé qué me pasó, estaba furioso, celoso, frustrado y me las tomé con ella. Es la primera vez que uso el Viagra que me diste.
Es que tampoco entiendo que no quieras ir al médico, tienes cuarenta y cinco años. No es normal que no se te pare, a pesar de que comes como un animal y fumas como un escuerzo. A veces pienso que quieres terminar como papá. Y no me vengas con el problema del taller. Tan mal no nos va. Yo lo sufro igual que tú y mojo casi todos los días. Además si sabes que todos nuestros clientes nos abandonaron en función de sus intereses ¿Por qué te niegas a que fabriquemos mercadería terminada y salgamos a competirles de igual a igual en el mercado minorista? Nuestra calidad haría palidecer a la basura que traen de China.
Porque eso sería traicionar la confianza de Don Saúl volviéndonos su competencia. No puedo hacerle eso.
Entonces confórmate con sus monedas y llora tu miseria mientras ellos ganan millones. A mí con lo que saco de acá me alcanza para vivir bien.
Eso lo dices porque vives como un ermitaño. Treinta y dos años y no tienes casa ni coche. ¿Te parece normal que todavía vivas con mamá?
¿Y para qué quiero yo un coche o una casa? Fuera de hora tengo disponible la camioneta del taller, cuento con la casa de nuestros padres para comer y dormir y de paso cuido a nuestra madre. ¿O acaso la va a atender tu delicada esposa?
¿Y nunca vas a sentar cabeza y formar familia?
¿Y por qué haría yo esa estupidez? Casi todas las mujeres que me tiro vienen del fracaso de esas familias que tú dices. Nooo hermanito, paso. Mírate a ti, endeudado hasta el cuello para mantener a tu familia y ni siquiera te atreves a confesarle a tu adorada mujercita el porqué de que no se te para y eso solo porque tienes miedo de que te rechace como hombre. ¿Qué clase de amor es ese? Y para colmo no tienen sexo y cuando lo tienen te comportas como una bestia. Ten cuidado, ese es un cóctel explosivo. Te lo digo por experiencia.
No insinúes estupideces, María nunca haría una cosa así, bastante responsabilidad tiene ahora con ser el sostén económico de la casa como para pensar en esas cosas.
¿Sabes qué? Yo creo que ese es tu problema, te sientes poco hombre a su lado, por no poder darle todo lo que según tú, ella necesita, pero nunca te has detenido a preguntarle cuál es ese todo.
No, no lo he hecho. ¿Y sabes por qué? Porque si después de veinte años de estar juntos, necesito preguntarle algo así, me mandaría a la mierda.
Mira hermano, realmente no te entiendo. Tu concepto de pareja no coincide con el mío y me gustaría discutirlo contigo, pero la seguimos mañana, en un rato me pasan a buscar. Solo te digo una cosa, si de verdad crees que en veinte años la gente no cambia, estás muy equivocado. Si no, mírate al espejo.
03.00 PM
Beto se levanta de la mesa, se quita el delantal de trabajo quedando vestido solo con sus ajustados vaqueros y se lava el torso, la cara y los dientes en el piletón del taller. Después de acomodarse con las manos su abundante cabellera, se calza una ajustada camiseta que resalta su definida musculatura, le pega un fuerte palmetazo en la espalda a su hermano y se dirige a la salida, no sin antes acotar…
Si algún día necesitas ayuda con tu esposa, no dudes en avisarme, está muy buena la cabrona. Ja ja ja. Sabes que haría cualquier cosa por ti
Abre la puerta en medio de sus carcajadas y nada más pisar la calle, llega un poderoso deportivo negro de vidrios tintados, al cual se sube abriendo la puerta del acompañante en su totalidad. Acción que le permite a Antonio contemplar desde la mesa las poderosas piernas desnudas de la conductora, que luciendo una insultante y pequeña minifalda, deja a la vista más de lo que oculta. Nada más levantar los ojos de tan sensual imagen, Angio se encuentra con el rostro burlón de Beto que le hace un guiño cómplice.
Lo hizo adrede el desgraciado -murmura Antonio divertido mientras retorna a sus tareas meneando la cabeza en negación.
Antonio no duda ni por un segundo que Beto es capaz de hacer cualquier cosa por él. El sentimiento es recíproco. La muerte temprana de su padre los ha unido a fuego a pesar de ser tan diferentes. Él es la fuerza, la mano de obra pesada, pero el ingenio de Beto hace que a pesar de trabajar la mitad de horas, su rendimiento sea superior al suyo.
Su inagotable imaginación siempre encuentra el camino más corto y eficiente para desarrollar las matrices de corte y estampado. Gracias a ello y a la continua automatización de las máquinas, es que pueden llevar adelante la producción sin necesitar personal agregado.
Su desapego al dinero y a la formalidad, le permiten encarar los trabajos más complejos sin inmutarse, Jamás termina sus tareas del día sin dejar todas las máquinas preparadas y listas para la producción de la tarde. Antonio solamente debe cargar los pesados rollos de alambre y darles marcha.
Mientras vigila la producción y escucha música en los auriculares de protección auditiva, prepara los recibos de entrega del próximo día, los pagos de servicios y los depósitos bancarios, en un pequeño escritorio recuerdo de su padre ubicado de frente a las máquinas.
El único lunar de su relación, es el gusto de Beto por las mujeres de otro. Cierto es que, invariablemente, son ellas las que lo vienen a buscar, jamás lo vio meterse por motu propio en una relación ajena por muy buena que estuviera la dama. Pero si vienen por él, no le hace asco a nada.
3.30 PM
Mientras María llama a Marta, le cuenta parte de su día y le pide que por favor, reciba a los mellis en su casa hasta que ella llegue no más allá de las seis, Beto se ha recogido el pelo en una coleta y se está deleitando con un festín de almeja para delirio de su acompañante, que no puede dejar de gritar mientras lo toma de las orejas y lo incrusta en su entrepierna.
Cuando la dama estalla y lo suelta desfallecida, trepa por su cuerpo relamiéndose los labios con cara de salido y al llegar a su altura, le come la boca mientras le incrusta su pollón sin compasión.
La hembra sorprendida, suelta un alarido de satisfacción que debe llenar de envidia a todas las mujeres que en situación de trampa, habitan las habitaciones linderas de ese hotel por horas, una lujosa construcción en las afueras de la ciudad donde se encuentran una vez por semana.
5.00 PM
Está buenísima la cabrona.
Piensa Beto mientras se ducha mirando a través de la traslúcida mampara. Contemplando desde la abertura de la puerta del baño que da a los pies de la cama, el sinuoso cuerpo de su amante acostada boca abajo y de espaldas a él.
Desfallecida por el intenso maratón de sexo y con las piernas levemente abiertas le muestra impúdica sus intimidades irritadas, rezumando el fruto de la intensa tarea. Las nalgas enrojecidas por la feroz enculada del remate se muestran soberbias y protuberantes.
Con su hermoso rostro apoyado de costado, Carmen también lo mira relajada y agradecida.
Cada vez que nos vemos te superas, no sé cómo lo haces. Me vas a matar. Mira que me digo cada día que debo parar todo esto, pero es más fuerte que yo.
El mérito es tuyo que venías con ganas atrasadas y sacas lo peor de mí. -Le contesta Beto con una sonrisa mientras se seca.
¿Y qué quieres que haga? David hace rato que no da la talla y masturbarme hace rato que no me alcanza. A pesar de eso, eres el primero y el único con quién he tenido una relación fuera de mi matrimonio. Me imagino la cara que pondría si viera las cosas que hago contigo y me descojono.
¿Necesitas burlarte de él para pasarla bien conmigo? -Pregunta Beto repentinamente serio.
No, no, para nada. Contesta Carmen sorprendida por la salida de tono. Es solo que es tan ceremonioso tan ortodoxo, que no sé cómo no me obliga a tener sexo a través del agujero de una sábana.
Entonces déjalo afuera en nuestros encuentros. La que me pone eres tú, desde siempre, no humillar a tu pareja. Aunque de alguna manera sea lo que estamos haciendo. El día que tú no sientas lo mismo por mí, avísame y cortamos. No toleraría saber que todo esto que estamos viviendo solo esté empujado por el morbo de joder a David.
Después de ducharse y mientras se viste conmovida por las palabras de su amante, se fuerza a recordar cómo comenzó todo con él, como fueron intercambiando sus historias y su forma de verse mutuamente, para poder darse una respuesta.
¿Es posible que todo lo que siento en los encuentros con Beto, solo esté motivado por el morbo de traicionar a mi religioso marido? ¿Sin el aliciente de lo prohibido, sentiría igual?
Se conocen desde que Beto, a los veinte años, terminó la tecnicatura y comenzó a ayudar a su hermano con los repartos. Ella, una hermosa rubia de dieciocho años era simplemente la asistenta de Lucía en la recepción de pedidos de la fábrica de Don Saúl.
Encandilado por el brillo de sus hermosos ojos, Beto intentó una y mil veces un acercamiento, pero ella, a pesar de recibir los requiebres con una tímida sonrisa, jamás le dio pie a sus insinuaciones, como tampoco dejó de ser inflexible en el control del material entregado.
Poco tiempo después Beto se enteró de que estaba prometida desde pequeña con un hombre mucho mayor que ella, con el cual se casó al cumplir veinte años y dejó de insistir. Además, desde ese momento, ella se mostró más lejana. Vestida con largas polleras y ropa suelta, se volvió más férrea e inflexible en el control de las entregas.
Creció en la empresa hasta volverse la mano derecha de Lucía y no fue hasta retornar de la licencia de su segundo embarazo que le volvió a sonreír al muchacho sus payasadas.
Un par de años después, durante sus vacaciones de verano y mientras estaba de paso en una pequeña ciudad balnearia muy visitada por la colectividad judía, Beto disfrutaba de un café en un bar situado en la vereda de la calle peatonal cuando la vio pasar frente a él y aturdido frente a su belleza la saludó y la invitó a compartir la mesa.
Estaba irreconocible. Peinada con el cabello recogido y vestida con un tenue vestido transparente sobre un biquini rojo, lucía espléndida.
Ja ja ja si no cierras la boca te van a entrar moscas. Le dijo divertida.
Ja ja ja, perdona es que me has dejado deslumbrado, jamás imaginé verte con esas pintas.
¿Acaso me ves mal? Preguntó coqueta
Todo lo contrario, estás hermosa. Muy diferente a como te veo cada día.
¿Y qué pretendes? ¿Que reciba a los proveedores de esta guisa? Ja ja ja. Me perderían el respeto.
No sé si te perderían el respeto, pero sí que los tendrías en el negocio cada día y con cualquier excusa.
Ja ja ja, entonces no me conviene, sería mucho más trabajo, bastante los aguanto una vez por semana. A todo esto, ¿siempre veraneas aquí? Es la primera vez que te veo.
No, estoy parando en la casa de mis padres en la sierra y visitando cada día distintas playas. Ayer me pasé con el sol y hoy decidí descansar de la arena y salir a recorrer un poco. Es la primera vez que vengo a esta ciudad, ¿y tú?
Antes de casarme venía todos los años, mis padres viven aquí, ahora normalmente veraneamos en el exterior.
Entonces, ¿qué haces por aquí?
David se ha llevado a los niños a un viaje espiritual a Israel, ha ido a visitar a unos primos y de paso concretar unos negocios. Como esos viajes se me hacen muy pesados y no siendo muy creyente, la vida en esas familias ortodoxas se me hace opresiva, decidí quedarme con mis padres.
¿Entonces puedo invitarte a cenar?
Puedes, pero no aquí, me conoce mucha gente y no quiero dar lugar a malos entendidos.
No tardaron en ponerse de acuerdo y cambiar los planes. Pasaron el encuentro para el día siguiente a la mañana y acordaron verse en la ciudad en la que veraneaba Beto, distante cincuenta kilómetros de allí y que Carmen no conocía.
La mañana siguiente amaneció fría y con viento del mar. Carmen se levantó tensa y ansiosa, se tomó un café negro y marchó con el auto bien temprano mientras toda su familia dormía, para no tener que dar explicaciones. Un torbellino alocado de sensaciones contradictorias sacudía sus pensamientos.
Solo voy a visitar a un viejo amigo- Se decía sin convicción una y otra vez, negando con sus escalofríos la excitación que le producía la escapada.
Guiándose por el GPS puso dirección a las sierras y una vez se hubo alejado un par de kilómetros del frío de la costa, disminuyó la velocidad, abrió el techo corredizo y bajó las ventanillas, llenando sus pulmones de la esencia fresca de los eucaliptus que bordeaban la carretera.
A la par de que el camino se empinaba, dando lugar a las primeras estribaciones del terreno que anunciaban la aparición de la serranía, el tibio sol de la mañana acariciaba su nuca calmando su espíritu y transmitiendo a su enchinada piel la emoción de la aventura.
La calma de la mañana, el frescor de los aspersores regando los terrenos lindantes y la sinfonía de colores que la rodeaban parecían llenarlo todo. Los verdes de las plantaciones de papa, los amarillos de los girasoles y los marrones de los campos recién arados, acompañaron su viaje hasta depositarla con precisión en la entrada de la finca. Un hermoso chalet de doble altura con techo a dos aguas, que fundido en un paisaje de pinos y eucaliptos coronaba un paisaje de fantasía.
Frente a la doble puerta de cedro ubicada al final del sendero de entrada, la esperaba Beto con una sonrisa. Embutido en una ajustada camiseta blanca que destacaba su marcada musculatura producto de años de trabajo pesado y vestido con un bermuda vaquero elastizado y zapatillas, lucía relajado como de costumbre. Al verlo no pudo evitar sentir un escalofrío.
Se saludaron con un cálido abrazo y entraron en la casona. La pesada puerta daba acceso a una amplia sala de estar de techos altos iluminada por amplios ventanales. Lucía decorada con amplios sillones, una pantalla de TV frente a ellos y rematada en un costado por una gran chimenea de piedra con una amplia boca de aspecto intimidante.
Al final de la sala y separando la misma de un gran comedor con cocina incorporada, una escalera autoenvolvente de cedro macizo daba acceso a la planta superior.
Finalmente, cruzando todo el espacio dedicado a la cocina y conectado con ella, se accedía por una cristalera al fondo de la propiedad, que constaba de una gran pérgola provista de una mesa rectangular y asientos de piedra para numerosas personas. Pasando la misma, se llegaba a una piscina de borde infinito que parecía desaguar en la pendiente de la cultivada sierra. Una postal de película digna de los mejores sueños.
Este lugar es el paraíso -Comentó Carmen anonadada-
Así es, era el sueño de mi padre, lamentablemente no lo pudo disfrutar
Llevada de la mano por un exultante Beto subieron a las risas a la planta superior que constaba de cuatro dormitorios en suite dotados de amplios ventanales que daban a las sierras. Estaban ubicados dos de cada lado y separados por un pasillo que remataba en un amplio balcón sobre la pérgola con vista a la piscina, a la cual se podía acceder desde allí por una estrecha escalera exterior de metal.
Los dos más próximos a la escalera estaban asignados a su madre y hermano y los dos que daban al fondo a Beto y las posibles vistas.
Salieron a la terraza, descendieron con cuidado los angostos escalones y se dirigieron hacia el terreno colindante donde se alzaba un gigantesco galpón antiguamente usado para guardar las cosechas.
Este galpón es donde soñaba mi padre trasladar la fábrica cuando fuéramos grandes y trabajáramos juntos, Huir de la capital e instalarse aquí era su sueño de vida.
Por primera vez Carmen lo vio tan emocionado que le temblaba la voz y en un impulso nacido de sus entrañas lo abrazó dándole consuelo. Beto se estremeció al contacto con su cuerpo, la tomó de los hombros y la separó de su pecho para mirarla a los ojos conmovido.
Poco tardaron sus labios en fusionarse en un beso suave de mutua aceptación. Finalmente el brote había germinado. Sin ellos saberlo, tantos años de conocerse y compartir sonrisas habían plantado la semilla en lo más profundo de sus corazones.
Se separaron sonrientes y tomados de la mano ingresaron al gran recinto a la carrera, donde montaron en una vieja moto y salieron a recorrer los alrededores.
Escalaron las sierras, visitaron el museo del múltiple campeón de automovilismo nacido en esas tierras y vivieron la adrenalina de dar un par de vueltas a toda máquina en el autódromo local.
Luego de almorzar en un coqueto local ubicado en la ladera de la sierra, retornaron agotados a la casa y decidieron rematar la calurosa jornada refrescándose en la piscina. Dejaron la moto en el amplio galpón y cuando Carmen pensaba que iban a pasar por la casa para cambiarse, Beto partió a la carrera hacia el fondo de la misma y despojándose de la ropa por el camino entre risas, se zambulló desnudo.
A medida que Carmen se acercaba sonriente, un mar de contradicciones apabullaba su raciocinio, sabía que el paso que estaba a punto de dar cambiaría su vida para siempre. Sin embargo, lentamente y sin pensarlo demasiado, excitada por la implícita promesa de un lujurioso presente, se fue despojando de sus pocas ropas, cual jirones de su pasado fiel, y se zambulló en busca de un futuro incierto.
05.45 PM
Sumergida en sus recuerdos, una reflexiva Carmen lleva a Beto a su taller envuelta en un incómodo silencio, no puede dejar de pensar en su última advertencia, y recordando esa primera vez, se da cuenta que a su lado se siente libre, sin las ataduras que desde pequeña le fueron impuestas y sin la necesidad de ocultar lo que siente para no ser juzgada.
Al llegar al taller se siente eufórica, estaciona en las penumbras invernales de la zona de descarga, se desabrocha el cinturón y sin importarle que la vean, se tira sobre él y le come la boca.
Tienes razón, él no tiene nada que ver, esto es entre tú y yo.
Beto sonríe, la toma de las axilas y la sube a horcajadas sobre su vientre, desabrocha su bragueta y corriéndole el tanga la empala sin miramientos. Media hora después, ahítos uno del otro, se despiden con un largo beso.
Saben que algo ha cambiado y lo tendrán que hablar mas pronto que tarde.
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Continúa en
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