Mi aire 16
Tiene a dos mujeres a sus pies, pero su control no basta con azotes y cuerdas. Cuando decide presentarlas a su exnovia, la humillación se vuelve pública. Y cuando el castigo no es suficiente, busca nuevas formas de romper su voluntad, incluso usando a un animal.
Le había dicho a Sara que no la bajaría a la sala hasta que pasasen dos días. Y en esos dos días, follé con Sara pero no con la asiduidad de antes, lo que me recriminada cada vez que podía. Cuando la consideré totalmente repuesta, la bajé a la sala para darle el castigo por cerrar la puerta del baño, que tienen prohibido por las normas. No fue un castigo severo, la puse en el potro y le di con el látigo corto, después la pasé a la mesa con dosel y la fustigué. No me atrevía aún a colgarla o ponerla en la cruz. Con lo viciosa que era, notó lo poco que me esforcé y lo poco que duró el castigo, subió con un mohín de enfado, después de besar la mano con indiferencia.
Una mañana apareció la policía, habían pasado unos doce días de la muerte de Juan el cabrón. Nos hicieron preguntas de rutina sin mucho interés a los dos. Entonces fue cuando Sara se enteró de las fotos de pederastia que tenía en el ordenador, y de la mala fama que tenía su exmarido en ambientes homosexuales por su agresividad al tener sexo. Ella puso cara de horror pero por mi despiste yo no fui capaz de disimular y lo notó al segundo.
Al marcharse la policía Sara se encaró conmigo:
-¿Tu sabias lo de la pederastia?.-
-Tenia sospechas pero nada seguro.- Le mentí.
-¿Y por que no me dijiste nada?.-
-Por que eran sospechas, pero que más da, ya no está.-
-Pues debiste decírmelo.- Y se fue enfadada, le duró todo el día. Pero para por la mañana ya le tenía preparado algo para desviarla del enfado.
Cuando estaban en el baño las dos preparando el enema, me levanté y entré. Las dos pararon y se me quedaron mirando, hasta que Sara dijo:
-Mi Amo, no es hora de levantarse, a la cama que Carmen y yo tenemos cosas que hacer, no necesitamos público.- No sé si seguía enfadada, lo disimulaba o que no le gustaba nada que la viera con el enema. Que eso último es lo que me pone, verla colorada y avergonzada.
-Hoy va a ser distinto,- les dije, -y todos lunes a partir de hoy serán así.-
Saqué dos jeringuillas enormes, para enemas con capacidad de un litro cada una, la boquilla se había modificado y en vez de una delgada cánula, era gruesa. Las dos me miraron horrorizadas.
-¿Que es eso Amo?¿No pretenderá usarlo con nosotras?.- Decía con miedo Sara.
-Los lunes el enema os lo pondré yo, y como no tengo paciencia para esperar que las bolsas se vacíen usaré esto. Venga, culos en pompa las dos. ¡Ah! Por cierto, para hacerlo más divertido hoy le pondré laxante.-
-No Amo, no puede hacerlo es muy humillante.- decía implorando Sara, mientras Carmen ya estaba con el culo en pompa.
-Además, como sólo hay un retrete, una tendrá que esperar a la otra. Y por lo contestona que estás la última en usarlo será Sara siempre. Venga ese culo en pompa esclava que también serás la primera en recibirlo.-
Sara se volvió poniendo el culo en pompa con el consabido: -Amo malo.-
Les inyecté a las dos, y el laxante ya estaba haciendo efecto, ambas se llevaron la mano al culo para apretarlo y que no saliera.
-La razón fundamental por que una vez a la semana lo haga yo, es que como esclavas debo marcaros como dueño vuestro, así que las dos de rodillas en la bañera.- Lo hicieron, pero apenas podían quedarse quietas. Me saqué la polla, Carmen viéndolo venir me sorprendió al abrir la boca. Comencé a orinar sobre ellas, al principio no quise mojarles la cara, pero visto su disposición no me corté. Carmen llegó incluso a beberla, Sara escupía la que le caía en la boca. Era la primera meada de la mañana, así que duró un rato.
-¡Ale! Ya estáis marcadas con mi olor, ya podéis vaciar vuestros culos.-
A pesar de lo incómodas que estaban por el laxante, y avergonzadas por la situación, Sara aún tuvo que soltar su frase graciosa, que era lo que me encantaba de ella.
-Pues el olor de mi Amo no es muy agradable.- Dijo mascullando.
Carmen saltó al retrete y soltó todo, con sonidos bastantes desagradables, y roja a más no poder por los ruidos que salían de su culo. Sara volvió a aprovechar la situación, y mientras daba pequeños saltos en la bañera para intentar contener sus intestinos dijo:
-Amo, huele muy mal, mejor baje a desayunar que esta peste le puede quitar el apetito.-
-En seguida bajo, en cuanto te vea a ti.- Le dije con cara de guasa.
Viendo Sara que no se iba a librar de la embarazosa situación, casi tiró a Carmen del retrete y se vació, quizás haciendo más ruido aún, y escondiendo la cabeza entre sus pechos para evitar que la mirara.
-Bien, voy a la cocina, no tardéis mis esclavas.- En el pasillo llegué a escuchar: -Amo malo.-
Al bajar las dos, Sara al pasar por mi lado, haciéndose la enfadada, me empujó con el hombro sin parar de andar y musitando el: -Amo malo.-
- No te enfades Sarita, que si os portáis bien, esta tarde jugaremos en la sala los tres. Tengo preparado algo que os gustará.-
Y ya está, con esa frase Sara se ilusionó y su falso enfado quedó olvidado. Sin embargo Carmen puso un rictus más preocupado.
Casi desde la esclavitud de Sara, usábamos las tardes para bajar a la sala y que le diera azotes en los distintos instrumentos. Era de naturaleza masoquista y los disfrutaba casi como el sexo. De hecho me los pedía o los insinuaba. Carmen sin embargo era diferente, los azotes no le gustaban, por eso a ella no la bajaba casi nunca. Claro, dejando aparte los castigos, pero estos eran muy pocos, casi inexistentes.
Cuando bajamos a la sala se sorprendieron al ver que había puesto desde la cruz en X hasta el otro extremo de la sala una cuerda que cada dos cuartas tenía un nudo a una altura aproximada de unos 70 centímetros del suelo. La cuerda estaba firmemente atada. Los dos látigos y la fusta los puse en el extremo alejado de la cruz.
A Sara la até a la cruz de frente. A Carmen le puse el huevo y lo activé. Le até las manos en la espalda, después cogí un gancho como de carnicería pero todo romo, en un extremo tiene una bola y en el otro un ojal para pasar una cuerda. La parte de la bola se la metí en el culo, y la cuerda que pasaba por el ojal se la até al pelo, tirando hasta tensarla, quedaba su cabeza mirando al techo.
Luego hice que pasara la cuerda entre sus piernas y la envié al otro extremo de la habitación a traerme la fusta. Al andar la cuerda pasaba entre sus labios, y al llegar a un nudo le apretaba el clítoris. Cuando llegó, salió de la cuerda para agacharse como pudo con el gancho metido por el culo, y con la boca cogió la fusta. Volvió a ponerse en la cuerda y regresó para entregármela. Sólo en ese camino de ida y vuelta, ya estaba sofocada.
Cogí la fusta y me puse a azotar a Sara, sobre todo en los pechos. Ordené a Carmen que volviera sobre sus pasos de espalda hasta tocar la otra pared con el culo y regresara. Yo seguía azotando a Sara que aunque movía la cabeza con cada golpe, apenas gemía como siempre. Estuvimos así unos quince minutos. Carmen antes de ese tiempo ya tuvo un orgasmo que casi se cae al suelo.
Le puse la fusta en la boca a Carmen y le hice ir a por el látigo con el mango rojo, era el que me había regalado Javier en la Casona, que en vez de tiras de cuero eran de cuerda, y que hacía más daño y dolor, incluso dejaba marcas. Javier me enseñó a usarlo precisamente cuando el cabrón raptó a Sara.
Mientras Carmen iba sobre la cuerda a recoger lo que le pedí, me acerqué a Sara, la acaricié y toqué su coño, que estaba empapado. Me acerqué a su oído: -este látigo es nuevo guarra, y sus caricias más intensas, es mi regalo para ti.-
La muy masoca me respondió: -La intensidad de las caricias no es del látigo sino de quien lo empuña, si mi Amo es viejito seguro que serán suaves.-
Regresó Carmen, y de nuevo la puse a andar atrás y delante en la cuerda.
Empuñé el látigo y empecé una tanda dirigida a la barriga. Al cuarto latigazo Sara soltó un grito. Al principio dude si seguir, pero viendo su cara de lascivia continué hasta quince y en cada uno de ellos le sacaba un grito a Sara. Después pasé a los pechos, le di unos ocho, tuve que parar. Carmen en un orgasmo se cayó en el suelo, con las manos atadas y el gancho en el culo, no lograba incorporarse, así que la ayudé. La puse de nuevo en la cuerda para que continuara.
Azoté a Sara en la parte del coño y los muslos, pero sus gritos aumentaron y no fui capaz de pasar de cinco azotes. Decidí dejar por hoy el juego, dependiendo de como ella me dijera, en próximas veces daría más o menos. Mandé a Carmen con el látigo en la boca a que lo dejara en su sitio.
-Carmen, tienes de tiempo para llevarlo el que yo tarde en descolgar a Sara, si quieres un orgasmo aprovéchalo.- Mientras descolgaba a Sara, me fijé como Carmen se agachaba un poco cada vez que llegaba a un nudo para apretarse aún más a la cuerda. Y poco antes de llegar volvió a tener un orgasmo, esta vez se pudo mantener en pié. La verdad es que creo que nunca había visto a Carmen tener tres orgasmos casi seguidos. Cuando la follo sólo tiene uno y se desmaya, y cuando le doy por el culo a veces llega a dos, incluso cuando follamos los tres. Así que lo de la cuerda fue una buena idea.
Al soltar a Sara, me beso en la mano diciendo: - Mi Amo bueno.-
Si la cuerda fue un buen invento para usar con Carmen mientras jugaba con Sara, el látigo según le pregunté después, también lo fue para Sara. Le encantó pero no le gustaron las marcas que quedaban un par de días. Así que lo usé una vez en semana.
A finales de marzo se recibió un certificado de los juzgados que exponía tras la muerte por accidente de Juan el cabrón, que sus bienes pasaban a un primo y que teníamos un tiempo para impugnar de no estar de acuerdo. Sara ni se molestó en consultar a un abogado como le recomendé.
-Esa parte de mi vida ha desaparecido, no quiero nada de ella.-
Pero yo me di cuenta del posible follón que estaba metido. Una mañana compré un montón de luces led decorativas, y me fui a la antigua casa de Sara. Desmonté todas las cámaras y micrófonos, dejando los cables al aire, y debajo de cada hueco, puse una de las leds, como su fuese una obra no terminada. Aunque la disposición era de lo más extraña. Afortunadamente no me crucé con ningún vecino.
Llamé a Pepe y Joaquín para agradecerles la ayuda e invitarlos a la Casona. Lo agradecieron pero la temporada de caza había terminado y no les apetecía mucho. Lo mismo hice con Javier, pero me insinuó que mi afán por no entregar a Sara le quitaba morbo, y también declinó por ahora.
A mediados de abril, mi ex Laura insistió en quedar para un café.
Después de un rato de conversaciones insulsas mientras daba pequeños sorbos del café, entró a bocajarro.
-¿Sigues con esa pareja liberal que azotas?-
-¡Joder! Hablando del tiempo ¿no?. Pues sí sigo con ella. ¿Y tú?.-
-Por ahora nada a la vista, desde la última vez que nos vimos habré echado dos polvos que me supieron a poco.-
-Bueno, tendrás que bajar el listón, no puedes compararme, soy único en la cama.- Le dije riendo.
-Eso es verdad.- Dijo riéndose y poniendo ojitos mimosos.
-No, no, que ya veo por donde vas. Lo nuestro está acabado Laura. Es algo que tienes que hacerte a la idea. No puedes usarme para follar cuando estés triste o caliente. Si te apetece hablar aquí estaré pero no confundamos.- Le dije serio, no es que no quisiera follármela, pero es que ahora no la necesito y no pretendo complicarme más la vida.
-¿Que pasa con tu pareja, no dices que es liberal?.-
-Laura, es más que eso, pero ahora tengo la vida algo liada y no quiero complicarla más.-
-¿Ni siquiera un polvete?, ¿algo rápido?.-
-¡Joder! Si que estás necesitada chica.-
-Mucho Dani. Te echo mucho de menos, pero no te confundas, lo del amor pasó, lo que echo de menos es el sexo, lo hacíamos genial. Seguro que tu pareja no lo hace ni la mitad que yo.-
-Lo hacíamos genial, pero con mi pareja es mejor, más estimulante y pleno.- Lo decía convencido, nada supera a mi sexo con Sara.
-Eso es un rollo, te quedas conmigo, estoy convencida que una relación liberal puede ser estimulante pero no al nivel que lo hacíamos nosotros, al menos cuando nos amábamos.-
-Es que yo amo a mi pareja.- Me salió del corazón si tener que pensarlo.
-Bueno, mucho no será si os acostáis con otros ¿no?, eso de los intercambios estoy convencida que trae consigo una falta de amor.-
-Eso son estereotipos, y alguna vez tú y yo hablamos sobre el sexo con amor y el sexo por diversión. Ademas...- Me callé, ¿se lo contaba?.
-¿Además qué?.-
-Pues que no es liberal, que es mi esclava.- Se quedó de piedra mirándome a los ojos y en silencio un buen rato.
-Estas hablando de algo legal ¿no?.- Me preguntó Laura estupefacta.
-Por supuesto,- le dije medio sonriendo, -claro mujer, es consensuado, no hay presión por ninguna parte y ella puede marcharse cuando quiera.-
-Pues no lo entiendo, ¿y dices que la amas?.-
-No lo comprendes. Nos amamos los dos, pero nuestra relación nos complementa aún más, queremos que sea así. Es más tengo además otra esclava.- Me arrepentí, estaba hablando de más.
-¡Otra!, te estás quedando conmigo.-
-Oye Laura, entiendo que no puedas creértelo, pero nuestra relación se basa en que ellas sienten placer obedeciendo, siendo sumisas, es lo que desean, están felices de esa forma y ninguna quiere cambiar la situación. Y por mi parte siento el placer de tenerlas sometidas, de usarlas cuando quiera, unido al amor que siento por mi pareja, que por cierto se llama Sara.-
-¿Eso es lo que pretendías hacer conmigo? ¿que fuera tu sumisa esclava? ¿por eso lo de los azotes?.-
-No, no tiene nada que ver. En aquella época lo de ser amo era una fantasía sexual, algo que no creí nunca que me pasaría. Contigo lo que pretendía es ser quien controlara en el sexo, no más allá de los azotes o de decidir la postura o por donde la meto. No pensaba más que eso. Lo otro era una fantasía que me ha venido de casualidad.-
-Sí, de casualidad, llamaron a tu puerta y se presentaron, hola somos dos esclavas por si quiere tomarnos y usarnos a su voluntad.-
-Bueno Laura, no quiero seguir esta conversación. Prefiero marcharme a casa, y te aseguro que puedes llamarme cuando quieras para charlar, siempre estaré disponible para ti.-
-No me lo creo, me has contado una milonga. Llévame a tu casa y me las presentas.-
-No me importa si lo crees o no, de hecho no debí decirte nada. Vamos a dejarlo aquí.-
-¿Pero como me voy a tragar que tienes a dos tías esclavas en el siglo XXI? Venga Daniel que podías haber buscado una trola mejor si no querías follar conmigo.-
Tenía que haberlo dejado ahí como dije, realmente me daba igual si se lo creía o no. Tendría que haberme despedido y marcharme. Pero la chulería me pudo, la chulería y que gran parte del placer que tengo con mis esclavas es humillándolas. Esa faceta aún no la había desarrollado mucho, pero me ponía muy caliente, y me hacía sentirme realmente dueño de Sara y Carmen. Así que como un gallito veinteañero, sin decir nada a Laura pero delante de ella llamé por el móvil a Sara, le dije que en un rato estaría allí con una chica y que me esperaran con los trajes mostaza en sus camas del salón arrodilladas. El traje de Sara lo repusimos, ya que cuando se la llevó el cabrón lo perdimos y no nos molestamos en buscarlo en aquella situación.
-¿Vamos? Te las presentaré.-
-¿En serio?¿De verdad tienes a dos esclavas?.-
-Te las voy a presentar, las conocerás y te demostraré que yo no miento.-
-¿Pretendes entonces que follemos los cuatro?.-
-No, una vez que tu curiosidad se haya satisfecho, te marcharás, nada de folleteo.-
Me siguió en su coche y llegamos a casa. Al entrar al salón estaban Sara y Carmen arrodilladas en sus camas esperando.
-Laura, te presento a mis esclavas, esta es Sara y aquella Carmen. Buenas tardes esclavas.-
-Buenas tardes Amo.- Dijeron al unísono.
Laura ni hablaba, estaba aún digiriendo lo que tenía delante de ella. Dos chicas, con trajes exiguos, por donde se le veía casi todo al mínimo movimiento. Cada una con un collar de perro. Arrodilladas y con la cabeza mirando al suelo.
-Esto es una broma.- Fue lo único que atinó a decir Laura.
-Carmen, levántate y enséñale la chapa de tu collar a la señora.-
Carmen se levantó y enseñó la chapa donde ponía su nombre que cuelga de su collar, le dio la vuelta, donde ponía que era propiedad mía.
-¡Joder!- De nuevo Laura estaba en shock.
-Sara, Carmen, esta señora no se lo acaba de creer, así que os lo pregunto, ¿sois mis esclavas?.-
-Sí Amo.- Dijeron las dos.
-¿Estáis por propia voluntad en esa situación?.-
-Sí Amo.-
-¿Deseáis marcharos y recuperar vuestra libertad?.-
-No Amo.- Carmen lo sobrellevaba, el adiestramiento de Javier es efectivo, pero Sara estaba roja como un tomate.
-Como ves Laura no miento, y ahora te acompaño al coche.- Le dije agarrándola del brazo y empujando hacia la puerta. Al principio se dejó hacer pero cuando llegamos a la puerta se paró.
-¿Me estás diciendo que les puedes dar órdenes y las ejecutan sea lo que sea? ¿Unos verdaderos esclavos?.-
-Bueno, dentro de un orden así es.-
-Pero ¿por qué?.- Como Sara estaba muy avergonzada con la situación, llamé a Carmen.
-Carmen dile a esta señora por qué quieres ser mi eslava.-
-Me hace feliz complacer al Amo, quizás usted no pueda comprenderlo pero es así, me he despojado de las normas sociales para descubrir lo que de verdad deseaba. Desde que vivo con ellos me siento plena. Cada vez que el Amo me mira o me toca, el corazón no me cabe en el pecho. Cada vez que hago algo para su disfrute estoy contenta. Esta relación la he buscado yo y no volvería atrás por nada. Es la búsqueda del placer haciendo que mi Amo lo sienta. No se si es la respuesta que busca, pero es como los deportistas de riesgo, los cantantes ante un estadio lleno, el científico que descubre algo nuevo o el ganador de una lotería, es como la adrenalina, te sientes bien, y muy satisfecha viendo a mi Amo feliz. Soy muy dichosa de tenerlo como Amo y procurarle aquello que necesite o quiera.- No esperaba una respuesta tan larga, hasta a mi me sorprendió.
-Lo siento,- dijo Laura, -sigo sin comprenderlo, esto me parece dantesco.-
-Laura, no lo comprenderás nunca mientras supedites ciertos valores sociales a la verdadera felicidad. No todo el mundo quiere ser jefe, o trabajar en un despacho. No todo el mundo quiere ser popular o famoso. Es ese tipo de cosas de las que tienes que apartarte para entenderlo. Y por supuesto no todo el mundo quiere ser amo o sumiso.-
-Estoy flipando.- La llevé a su coche aún mareada por sus propios pensamientos. Quedamos en lo típico, ya nos llamaremos.
Cuando volví al salón ya estaban las dos desnudas otra vez. Me senté en el sofá arrepintiéndome de lo hecho. Por las chicas aunque debían irse acostumbrando a estas situaciones, y porque no me gustaría que esto se difundiera y a saber que diría por ahí Laura.
Sara vino y se abrazó a mi pierna.
-¿Quien es Amo?.-
-¿Te interesa saber quien es o si me la voy a follar?.-
-Las dos cosas Amo.-
-¿Recuerdas una chica que vino antes de navidades a pasar una noche?.-
-¿Es esa guarra Amo?.-
-Sara no te pases, aquí las dos únicas guarras sois vosotras.- Le dije riendo y tirando de un pezón.
-¡Auch!, perdón Amo.- Me miró traviesa.
-Esa chica fue mi exnovia hace casi tres años, y lo dejó ella por mi insistencia en un sexo más duro y en que me dejara darle por el culo. Vamos que la azoté un día y se enfadó mucho. Me dijo que se sintió violada.-
-¿Por unos azotes Amo?.-
-Sí por unos azotes.-
-Pues si a mi no me da mis azotes, seré yo quien le deje Amo.- Me dijo pícara Sara.
Pasaron unos meses donde mi casa era el paraíso en la tierra. Mis chicas siempre dispuestas a todo, me follaba a Sara unas tres veces al día, y a la pobre de Carmen una o dos, a veces ninguna, pero no protestaba ni decía nada. Sara seguía incitándome cada dos por tres, y la mitad de los días de la semana ya dormíamos juntos, aunque nunca nos despertábamos juntos. No se como lo hacía pero se levantaba antes que yo sin que me diera cuenta. Salvo los lunes, que las “marcaba”. A Carmen la esposaba con las manos en la espalda varios días a la semana para que hiciera sus tareas sabiendo que eso le gustaba y a mi me divertía.
Habiendo terminado el asunto del divorcio de Sara, salíamos todos los fines de semana a comer o cenar por ahí. Los tres juntos, aunque no soy exhibicionista y no dábamos el espectáculo. Los cariños eran disimulados y a partes iguales entre los tres. Sara era más traviesa, y a veces me enseñaba ya sentados en la mesa que no llevaba bragas, o se abría demasiado la camisa para que pudiera verle las tetas. Carmen se reía con esas cosas pero era más comedida. A pesar de que ella era más sumisa que Sara y tenía más asumido su papel de esclava, cuando le hacía meter su mano en mis pantalones en un sitio público, se ponía roja a rabiar. Me encantaba cuando salíamos ponerles los huevos a las dos. A veces los activaba al mismo tiempo, otras veces solo a una, otras ponía uno fuerte y otro leve. Me entretenía y cuando llegábamos a casa estaban rabiando por sexo.
Un día le puse el disfraz a Carmen de perrita y la saqué al patio. Igual que hacía con Sara a veces, aunque desde el verano pasado no lo habíamos hecho. Antes de comer la miré desde los ventanales del salón, estaba tumbada al sol, era mediados de la primavera y se agradecía.
Al igual que a Sara en su momento, le puse un dildo encajado en la pared y le di permiso para usarlo.
Se acercó a mi Sara con la tablet en la mano, donde estaban las imágenes de las cámaras del jardín.
-Mi Amo, llevo toda la mañana mirando, no se ha masturbado ni una sola vez.-
-¿Ni una? ¿No será que no la has visto?.-
-No Amo, ni siquiera se ha acercado.-
-Bueno, pues ya sabemos que este juego no le gusta, no sé si seguir esta tarde o terminarlo.-
-¿Amo?, porqué no pone un dildo en la sala para que esté con nosotros cuando bajemos. ¿Porque esta tarde bajaremos no?.-
-Sí, bajaremos guarrilla. No sé, igual es que no es tan zorra como tú que quiere follar siempre y a todas horas, a lo mejor prefiere hacerlo en compañía.-
-¿Se queja mi Amo de mis ganas de sexo? Bien que no la ha hecho antes cuando me ha follado en la cocina, ni cuando anoche me enculó, ni ayer en la sala cuando...- la paré.
-Vale, vale, pero no me negarás que te pasas el día excitada.-
-Que remedio si mi Amo siempre está cerca con su cosita, no es culpa mía.- Me decía traviesa.
Esa tarde, cuando bajé con Sara a darle su ración de azotes, puse un dildo sujeto al suelo. Me traje a Carmen de la correa a cuatro patas como perrita que era. Le dije que si tenía ganas que lo usara. Y lo hizo, tardó un poco pero al final se animó y cuando paré de azotar a Sara y me la follaba en el potro, Carmen se puso en cuclillas sobre el dildo y se masturbó hasta correrse.
Se acababa la primavera, y viendo que Sara se llevaba más ración de sexo que Carmen, mucha más. Llamé a Javier para confirmar una cosa que me había dicho, y junté a las chicas.
-He estado pensando en comprar un perro. En esta casa es cómodo, no hay que sacarlo ya que el jardín es muy grande y puede correr todo lo que quiera. Además ya tenemos hasta la caseta para él. Pero quiero que me deis vuestra opinión.-
-Pero mi Amo,- dijo Sara enfurruñada, -esa caseta es mía, se la presto a Carmen cuando quiera pero no es para perros.-
Carmen puso expresión de sorpresa. Ella había llegado en invierno y en esos días no apetece “jugar” a la perrita como alguna vez hice con Sara, por el frío. Así que no sabía a que nos referíamos. Pensaba que la vez que la hice disfrazarse de perrita a ella, fue la primera.
-No seas egoísta, pero si no quieres compartirla no pasa nada se compra otra.-
-¿Mi Amo está pensando en el perro para que nos monte?.- preguntó Sara, y aprecié una ilusionada expresión en Carmen.
-Eso es justo lo que pensaba, el hecho de que lo hagáis con un animal, por lo humillante que debe ser para vosotras, me pone muy cachondo. Pero sabiendo que a ti no te gusta lo podría usar como castigo. Lo que no sé es lo que piensa Carmen, si no le gusta no vamos a tener un animal en casa sólo para los castigos.- Y la miré esperando contestación. Estaba turbada y sumamente avergonzada, no se atrevía a hablar.
-Dime Carmen, mira directamente a tu Amo, ¿te gustaría tener perro para hacerlo con él?.-
-Creo…, Amo, yo creo que sí.- dijo muy bajito, como intentando que no se le escuchara.
-Un perro grande Carmen, -le decía yo, -con una picha muy roja y anhelante buscando donde meterla, con esa bola al final y chorreando semen, ¿dime te gustaría?.-
-Yo haré lo que el Amo me diga.-
-Ven Carmen, acércate.- Yo estaba sentado en el sofá, vino andando y cuando fue a arrodillarse la paré. Le metí la mano en la entrepierna, estaba mojada. Sara es una chica en ese sentido muy diferente, ella está mojada desde que la conozco, a veces cuando la situación es excitante para ella en demasía. Pero Carmen se moja cuando prevé que hay sexo, es lo normal, no es que esté seca, al contrario, pero no es como Sara, que cuando está muy cachonda a veces se le ve bajar por los muslos. Si Carmen ahora estaba mojada es que la idea del perro le estaba gustando.
-Bueno, pues si Carmen no se opone, mañana mismo vamos a una protectora a buscar a uno.-
-Amo, ¿no hay que entrenarlos?.- me dijo Carmen.
-Pues no tengo ni idea, nos traemos uno y si no resulta lo llevamos entrenar. Le puedo preguntar a Javier.-
Para que esperar más, a la mañana siguiente fuimos los tres a una protectora, por desgracia no tenían en adopción ninguno grande, y ver a mi esclava follar con un pequeñajo no me atraía. En otra protectora encontramos el idóneo, era cruce de mastín y tenía dos añitos, ya era grande y la verdad que amenazador. Pero nos aseguraron que era muy pacífico. Allí mismo arreglamos sus papeles, compramos sus comederos, collar, correa, y cama para cuando fuera invierno y lo dejásemos dentro de casa, aunque nos aseguraron que con nuestro clima podía estar fuera sin problemas todo el año.
Lo llevamos a casa y lo dejamos en el jardín. El perro era verdad que era muy pacífico y se adaptó muy rápido. Incluso jugaba con los jardineros cuando venían una vez por semana a arreglar el jardín. Nombramos a Carmen como su cuidadora. Y la veía muchas veces jugando y entrenando a dar la pata y esas cosas. Yo quise ponerle de nombre Eros, dios griego del amor, pero me dijeron, con gran tino, que si alguien lo escuchaba y sabía su significado, sería embarazoso. Así que las chicas le pusieron Thor. Ya se sabe que en casa de un amo y dos esclavas, son ellas las que mandan.
Es cierto que los perros son muy inteligentes, aunque su dueña era Carmen que le daba de comer, lo limpiaba y jugaba, y que yo apenas interaccionaba con él, pronto me reconoció como el macho alfa. A Sara no le hacía caso, Carmen debía repetir a veces las órdenes, yo sólo se lo decía una vez y obedecía. Sinceramente nunca lo entendí.
Estando un día viendo por los ventanales que dan al jardín a Carmen y Thor jugar, se me acercó Sara y le pregunté.
-¿Sabes si ha intentado ya tener sexo o enseñarle algo?.-
-Amo, no puede, cuarta norma, no se puede tener sexo ni masturbarse sin el permiso del Amo.- Me lo dijo sorprendida de que yo no hubiera caído en eso.
-Sara, mañana Carmen no te ayudará en la casa durante todo el día.-
Ese día no tuve nada de sexo con Carmen, ni siquiera la bajé a la sala a ponerla con las cuerdas anudadas mientras estábamos Sara y yo. Quería que estuviera caliente para ver si se follaba al dichoso perro, que daba muy bien la patita pero yo lo quería para algo más escabroso.
A la mañana siguiente le puse su disfraz de perrita, un plug en el culo con cola de perrita, una diadema con orejas de perrita, su collar que llevaba siempre y unos patucos para las manos y los pies. Le dije que podría si le apetecía follar a Thor, y después de ponerle el desayuno en los cuencos en el suelo, la dejé en el jardín. Se acercó al perro y estuvieron jugando haciéndole cosquillas al perro, al rato los dos se tumbaron al sol. Me aburrí, y me fui a trabajar.
A media mañana, Sara me dio un grito desde la cocina: -¡Amo mira las cámaras!.-
Carmen estaba chupándosela al perro, este tumbado con las patas hacia arriba se dejaba hacer. Al rato, Carmen su puso a cuatro patas incitándolo, el perro al principio estaba desorientado, pero la naturaleza hizo el resto, empezó a montarla, aunque no daba con el agujero. Carmen intentaba encauzarlo, pero el perro le daba en los muslos, la metía entre las piernas, el pobre no llegaba a encontrar el ansiado agujero. Finalmente, la mano de Carmen consiguió apuntar el miembro grande y rojo del animal y lo metió de un sólo golpe hasta el fondo, y sin esperar empezó frenéticamente a bombear. No veíamos la cara de Carmen, estaba de espaldas a las cámaras, me apunté el poner otra desde el final del jardín hacia la casa para evitar que volviera a pasar. De pronto el perro paró, esperó unos segundos y descabalgó a Carmen, se echó a un lado y después se giró con su polla dentro, quedando ambos culo con culo. Este espectáculo me sorprendió, sabía que me iba a calentar, pero lo hizo más de lo esperado. Me fui a la cocina, incliné a Sara que estaba viendo lo mismo desde la tablet, y sin más la enculé. Estuve el mismo tiempo que el perro en desabotonarse, yo me corrí dentro del culo de Sara, y el perro lo hizo en el coño de Carmen saliendo esperma a borbotones. Carmen ni se movió, solo se tumbó y allí quedó.
Después de un rato, aún abrazado a Sara, desde atrás de ella, cogí la tablet, y en el vídeo lo retrasé hasta el principio. Se veía a Thor tumbado al sol, y Carmen venía, a cuatro patas, desde otra parte del jardín, y nada más llegar a su altura, lo acarició un par de veces y lo hizo rodar hasta quedar tumbado para hacerle la mamada.
A la hora de comer, Sara sacó la comida de Thor al jardín, y pusimos la de Carmen en la cocina. Al entrar a cuatro patas nos dimos cuenta de los arañazos en la espalda, algunos profundos y con sangre. Sara trajo algodón y desinfectante y la curó.
-Por hoy el juego de la perrita se ha acabado.- les dije después de comer.
-Pero esto no termina así. Te vamos a buscar una camiseta gruesa, y si está acolchada por la espalda mejor, le haremos unos agujeros para que salgan tus pechos, que me gustan mucho cuando estás a cuatro patas. Así no te hará daño el perro. Pero lo más importante es que quiero que me digas que piensas de esto Carmen.-
-No se a que se refiere Amo, yo hago lo que me ordena.-
-Yo no te he ordenado que te folles al perro, te dije que si te apetecía, y eso es lo que quiero saber, ¿te ha apetecido?¿te ha gustado?¿lo has disfrutado?.- Carmen estaba muy colorada e intentaba que no le mirásemos a la cara. Pero le agarré suavemente bajo la boca y se la alcé para enfrentarse a mi mirada.
-Amo yo…, Amo no sé… es una polla y estaba caliente y lo hemos adoptado para eso ¿no? Para que el Amo me viera follar con él.-
-No cambies las palabras, me ha gustado verte follar con él, pero quiero saber si lo has disfrutado.-
-Amo... mucho, he tenido un orgasmo.-
-Bien, pues a partir de ahora también serás esclava de Thor. Cuando te consigamos la camiseta, tendrás que salir al menos una vez al día al jardín a follártelo, al menos hasta que se habitúe y sepa hacerlo bien. Cuando consideremos que eso ha pasado, dejaremos que sea él quien te busque, y entonces no le podrás negar cada vez que él tenga ganas. Eso significa que al jardín siempre saldrás con esa camiseta por si le apetece a Thor. También tendrás prohibido incitarlo, las esclavas no incitan. ¿Algún problema?.-
-No Amo. ¿Pero eso significa que el Amo ya no me follará?.-
-No, el Amo seguirá follándote como hasta ahora, de eso no te preocupes. Thor es un añadido.-
-¿Amo?,- preguntó Sara, -¿yo tampoco podré entonces incitar a mi macho?.-
-No Sara, a ti es imposible prohibirte eso, tu mera existencia es una incitación a tu macho, y por preguntar algo tan tonto, baja a la sala que te voy a dar incitación.-
-Carmen, tu baja también, pero a partir de ahora, repartiremos tus días entre el jardín de perrita y en la casa esposada que también me gusta mucho verte hacer las tareas así.-
Al llegar a la sala, puse a Sara en la cruz en X, y quité la cuerda anudada que estorba mucho y no pensaba usarla. Llamé a Carmen y le dije al oído, para que Sara no pudiera escuchar, mi maquiavélico plan de tortura. Llevaba tiempo queriendo hacerlo pero no encontraba el momento adecuado.
-Escucha zorra,- le dije a Sara, -hoy Carmen me va a ayudar a torturarte.- Sara se asombró.
-Pero es una tortura especial, puesto que si fallas lleva un castigo fuerte, y es nada de sexo en dos días.- Sara estaba extrañada pero serena, creía que podría con todo.
-Tienes prohibido orinarte, si lo haces pierdes, ganas si aguantas una hora. ¿Lo has entendido?.-
-Sí mi Amo.- dijo desafiante Sara.
Entonces Carmen y yo empezamos a hacerle cosquillas, por todos lados. La risa de Sara, muy contagiosa, se iba incrementando.
-Noooo jajajaja, estoooo jajaja noooo jajaja, Amoooooo, es trampaaaa jajaja.- Intentaba revolverse pero estaba bien atada. Y nosotros también estábamos ya riéndonos, no parábamos.
-¿No te parece esto incitación esclava? Ahora no tienes una frase ingeniosa ¿no?.- le decía muerto de risa.
-Amooo jajaja, no valeeeee jajajaja, estoooo no jajajajaja es unaaaaaa jajaja torturaaaa jajaaja.-
Estuvimos veinte minutos sin parar hasta que no pudo aguantar más y se meó encima. Entonces paramos los dos, que la verdad estábamos agotados.
Sara boqueaba y tenía la cara desencajada.
-¡Amo!, esto no vale es trampa.-
-Lo siento esclava, ya sabes dos días sin sexo.-
-No, no, no, eso no puede ser, sois dos contra mi, eso es de cobardes. Me habéis hecho trampa. No puede dejar a su esclava dos días sin sexo.-
-Lo siento, tendrías que haber aguantado. Carmen, estos dos días te vienes por la noche a mi cama, esta no tendrá sexo pero yo sí.- La miré desafiante a una Sara enfadada pero con la cara aún del rictus de haber estado riendo a carcajadas.
Una vez desatada me pegó en la espalda con su: -Amo malo-.
-Esclava, no te pases, pegar al Amo es muy grave.-
-¿Y que me va hacer ya? Dos días sin vida, eso es lo que va a pasar, Amo malo.- decía mascullando mientras subía las escaleras.
Esta tortura de las risas me gustó mucho, y la usé con las dos muy a menudo, sobre todo con Sara cuando se ponía jactanciosa.
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