Xtories

El juego (III)

Las miradas en la oficina ya no bastan para contener lo que hay entre ellos. Cuando la puerta de su casa se cierra, las reglas laborales desaparecen y surge un juego donde el dolor, el placer y la sumisión se entrelazan sin piedad.

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El tiempo en el trabajo entre nosotros pasaba muy deprisa.

Y las ganas que teníamos de volver a tener sexo entre los dos se palpaban en el ambiente. Las miradas entre nosotros cada vez eran más intensas. Marina me propuso ir a su casa a la salida. Un par de cervezas y lo que surja. Ella salía un rato antes y se fue a darse una ducha y meter cervezas al congelador. Media hora más tarde estaba llamando a su puerta. Abrió y allí estaba con un tanga rojo y sin sujetador. Nos dimos un beso de los que cortan la respiración. Nuestras lenguas parecía que peleaban de la fuerza con la que entraban en nuestras bocas.

Allí seguimos comiendonos a besos sin haber ni cerrado la puerta de entrada.

Le di la vuelta y la apoyé contra la mesa, le solté un par de azotes y le arranqué el tanga. Se lo metí en la boca y empecé a meterle un dedo en el culo. Marina jadeaba sin parar. La deje un momento allí y fui a la caja de juguetes. Cogí un plug que lubrique con saliva y se lo metí de un golpe. Dio un respingo y empezó a pedir mas. Pare en seco y le pregunté si le apetecía jugar. Preguntó a qué juego. Le dije que si le apetecería jugar con sus juguetes en mi culo. Se le cambió la cara. Se le notaba la lujuria en los ojos.

Me hizo tumbar y empezó a hacerme el mejor beso negro de mi vida. Con su lengua repasaba todo mi ojete y escupia mucho. Vaya sensación más maravillosa. Metió un dedo y empezó un mete-saca lento. Se notaba que estaba disfrutando. Pidió permiso para más que concedi sin dudarlo un segundo. Metió un consolador fino para ir dilatando. Estuvo un largo rato. Después cogió otro que ya anda por veinte centímetros y me lo puso en la boca. Chupalo perro me dijo. Lo devoré. En ese momento estaba más cachondo que nunca. Le dije que me gustaría que me penetrara con cuidado.

Cogió un arnés y colocó el dildo. Un buen chorro de lubricante y la punta en la entrada. Con mucho cuidado empezó a empujar. Dolia pero había que aguantar. En nada tenía la punta dentro y se estuvo un rato quieta para que mi culo se acostumbrará. ¿Estás preparado? Si mi reina, quiero ser tu puta. Follame por favor. Empujó hasta que estuvo toda dentro y empezó a follarme despacio. No tarde un minuto en decirle que me follara con todas sus ganas. Sin dudar empezó a follarme duro. Vaya sensación más indescriptible. Me temblaban las piernas pero me sentía pleno. Después de un buen rato le dije que no podía más por hoy y que quería correrme.

Se sentó en la cama y me hizo una comida de polla con todas sus ganas. En menos de un minuto estalle en una corrida que no le dio tiempo a tragar. Tenía semen por todos lados. Nos dimos un largo beso. Le di las gracias por hacerme feliz. Las cervezas se habían congelado cuando terminamos