Xtories

Problemas en la cama Parte I

Lucía creía que iría a una terapia de pareja para salvar su matrimonio, pero lo que encontró fue una jaula de placer donde su marido dormía y ella despertaba. Con la mirada de un desconocido clavada en la suya, la vergüenza se disuelve y el deseo toma el control de su cuerpo.

GranPollux11K vistas8.5· 12 votos

Me llamo Lucía y os quiero contar mi segundo despertar sexual. Actualmente, estoy casada, sin hijos. Tengo 34 años, vivo en Barcelona, soy morena, delgada y tengo muy buen cuerpo, pues voy al gimnasio varias veces por semana, noto como muchos hombres me miran y me desnudan con a la vista, algunos incluso intentan charlar conmigo, cosa que me da mucha vergüenza y les suelo dar largas, aunque os he de confesar que pese a ser fiel a mi marido, alguna vez me he imaginado follando con alguno en las duchas del gimnasio, pero eso es otra historia.

Como os he dicho, siempre he sido fiel a mi marido, llevo con él desde los 17 años. Tuve otros novios, de más joven, pero tenía la sensación que solo querían utilizarme para iniciarse en el sexo. Me tocaba calmarlos haciéndoles algunas pajas y mamadas, pero nunca dejé que me penetraran, pues no me sentía preparada.

No fue hasta los 17 años, cuando conocí a mi actual marido, Roger, con quien perdí rápidamente la virginidad. Los siguientes años todo fue muy bien, ambos encontramos un buen trabajo, yo en una gestoría y él en un despacho de arquitectos. Hicimos mucha amistad, con un compañero de trabajo de Roger, Pol, a quien presenté a mi mejor amiga, Mónica, los cuales acabaron locamente enamorados. Era habitual salir de copas con ellos durante nuestros buenos años y compartir buenos momentos.

Conforme se acercaban los 40, mi apetito sexual decrecía por momentos. El sexo se había convertido en rutinario y en una obligación más que en un deseo. Roger me exigía acostarme con él pese a no tener ganas, y esto empeoraba la situación. Un día agotada le conté todo a mi amiga Mónica, la cual me respondió que ella estaba en la situación contraria, siempre había tenido fama de golfa, y pese a haber entrado en los 30, parecía seguir necesitando ser follada continuamente por su marido. Mónica me explicó que Pol no la miraba como antes y no se sentía deseada, por lo que había intentado excitarlo con lencería sexy, pero no funcionaba. Una amiga suya le había recomendado un bar de las afueras, donde hacían terapia sexual de pareja, pero no se animaba a ir sola, con su pareja, por lo que Mónica le pidió a Lucía si se apuntaban. Lucía dudó mucho, pues le daba mucha vergüenza decírselo a Roger, por lo que Mónica le explicó que eso no sería un problema, pues su marido Pol ya estaba convencido, así que dejaron el asunto en manos de sus parejas.

Una semana más tarde, Roger, después de uno de nuestros aburridos polvos, me comentó que Pol le había sugerido ir los 4 juntos a un bar de las afueras, donde hacían terapia de pareja, en grupos muy limitados y con mucha privacidad. Yo acepté por compromiso, para acompañar a mi amiga y aparentar poner remedio a nuestra vida sexual. Una tarde con Lucía rellenamos el formulario, el cual me sorprendió mucho, pues tenía una parte para las mujeres, y otra para los hombres. La parte de las mujeres tenía muchas preguntas, y la de los hombres era muy corta. No entendí algunas preguntas, pero entre risas rellenamos todo. ¿Cuántas parejas sexuales has tenido? ¿Cuál era el tamaño de sus penes? ¿Qué posturas practicas? ¿Desde cuándo tenéis problemas sexuales? ¿Cuáles crees que son los motivos? ¿Has tenido sexo fuera de tu pareja actual? Y una lista interminable. Yo respondí rápidamente a todas, pues no he tenido mucha experiencia con hombres en la cama, pero Mónica tardó una eternidad, sin para de reír en ningún momento.

- Oye, ¿qué has contestado? - Me preguntó.

-Nnaaada.

Mónica tenía muy mala fama de joven, pues era habitual que se acostara con chicos con novia, pero no parecía importarle nada.

- Nunca me has contado como la tiene tu marido Lucía.

- Ni tú a mí el tuyo, jiijiji - respondí.

- Pues la verdad es que yo diría que Pol está bastante bien dotado. No es la polla más grande que me he comido ni de lejos, pero cuando quiere usarla, la usa bien. ¿Y qué tal Roger?

- Pues normal, no sé.

De repente, Mónica sacó un plátano de la cocina y empezó a quitarle la piel.

- ¿Así de grande?

- ¿Pero qué haces pedazo de zorra? Bueno... sí, un poco menos, pero algo así. ¡Ni se te ocurra contárselo a nadie eh!

- No, no, no. Pero eso no es normal. Eso... eso es pequeña para mí... sin faltarte al respeto.

Aunque al principio no le di mucha importancia a esta charla con Mónica, dejó en mí una semilla, y una curiosidad que tiempo más adelante terminaría germinando. Rellenamos todo el formulario, y días más tarde, nos llegó un correo para confirmar la cita, que sería en 2 fines de semana. En el correo especificaba que teníamos que presentarnos en dicho bar, si haber tenido relaciones sexuales desde que llegara este correo y con lencería debajo de ropa. En ese momento no entendí el motivo, pero días más tarde lo descubriría.

Llegado el día, vestidos con nuestras mejores galas, los 4 nos dirigimos al lugar. En la entrada 2 hombres muy grandes, que parecían algún tipo de equipo de seguridad, nos pidieron la invitación a la sesión, primero se identificó Mónica, como si fuera una niña el día de su cumpleaños, luego yo, y cuando le tocó el turno a nuestras parejas, dijeron que podían pasar sin problema, que no hacía falta enseñar nada. Una vez dentro, una jovencísima camarera, mulata, nos puso una pulsar a las chicas, y otra a los chicos. Seguimos andando por un pasillo oscuro, hasta una gran sala, con unas 10 mesas, con muy poca luz, y un pequeño escenario central. Nos indicaron que la sesión empezaría en una hora aproximadamente, pero que era imprescindible ir a la barra a pedir la bebida de la casa. Imaginaba que sería algún truco para sacar dinero a los pobres infelices que íbamos a ese antro, pero me sorprendió que la bebida era gratuita, aunque no podíamos elegir. A las mujeres nos dieron una copa rosa y a los hombres una azul. Todo muy tradicional. No sé exactamente que llevaba ese "brebaje" pero era muy adictivo. Antes de empezar la sesión yo había bebido ya tres copas, y mi amiga Mónica iba por la quinta. Cuanto más bebía, más quería y no sé por qué, pero algo le pasaba a mi entrepierna, pues notaba como poco a poco se iba mojando.

- Oye, ¿estás bien Roger?

- Sí, es solo que no he dormido muy bien esta noche - me tranquilizó, con un todo de voz un poco raro.

Roger no tenía muy buena cara, parecía que no estaba a gusto, pese a que fue el quién me propuso acudir a este apestoso lugar. Las luces cambiaron de color, y las 10 parejas que allí estábamos ocupamos las mesas, mientras seguían sirviéndonos bebidas. Entonces apreció un hombre de unos 30 años en el escenario, se presentó como el "Gran Pollux", "Avivador de la llama" y no sé cuantas tonterías más. Con tantas copas se escucharon risas femeninas por toda la sala. Mientras se presentaba, un camarero se acercó a recoger las bebidas y a traer de nuevas. No sé si sería por qué hacía 2 semanas que no practicaba sexo con Roger, que Roger estaba cansado o por la bebida, pero cada vez que ese camarero se acercaba a la mesa, no podía evitar fijarme en su paquete, y poco a poco me imaginaba que habría debajo. La charla, tal y como esperaba, era muy filosofal, sobre la pareja, y poco práctica, en fin... un timo... tal y como pensaba desde un principio. Miré hacia el otro lado, y vi a Pol, que estaba prácticamente dormido y a Mónica, que seguía bebiendo sin parar. Al rato miré que hacían las otras parejas, cuando vi que algunos hombres durmiendo, prácticamente aturdidos. Me giré para ver a Roger, y se había quedado dormido.

Entonces, vi a la camarera mulata, muy ligera de ropa, gateando, junto con otra compañera suya, subiendo las escaleras del escenario. La voz de nuestro "coach" cambió por completo:

- Vuestra experiencia comienza ahora mismo. Vuestro problema son vuestras parejas, que no saben daros el placer que os merecéis. Prestad atención.

La camarera y su compañera se apoyaron cada una en un taburete. Yo no sabía qué estaba pasando, tenía ganas de despertar a Roger y salir de allí pitando, pero, por otro lado, cada vez estaba más cachonda y quería saber que iba a pasar. El color de las luces cambió a un rojo oscuro, y aparecieron 3 hombres por detrás de ellas, todos de color, musculosos, en calzoncillos y con una máscara. Poco a poco rodearon a las 2 camareras. Estas, sin mediar palabra, les bajaron los calzoncillos y empezaron a masturbar sus pollas. Al principio no me fije mucho, pero poco a poco, esos aparatos se iban haciendo más y más grandes, mmmmhhh. Las camareras empezaron a chupar sus pollones negros. Yo ya no aguantaba más y empecé a tocarme allí delante de todas, cuando miré hacia los lados, vi que no era la única. Cuando volví a mirar al escenario las 2 camareras estaban siendo folladas por dos de los negros, no olvidaré nunca las caras de placer de esas 2 jóvenes. Ahora entendía en que consistía ese lugar. Lo que no me esperaba ver, fue a Mónica arrastrándose a cuatro patas, medio desnuda, como poseída, hacia el escenario, buscando al otro negro. En menos de un minuto estaba amorrada la polla del tercer negro, la cual era la más grande los 3 mastodontes de aquella orgía. Yo ya no sabía qué hacer, cada vez estaba más caliente. Escuché unos ruidos de la mesa de atrás y al girarme vi a una chica bajar debajo de la mesa, cuando miré hacia arriba, vi a mi camarero negro, sentado al lado del marido de esa mujer, sentado, mirándome, mientras jaleaba su boca. La muy cerda le estaba chupando la polla por debajo de la mesa, al lado de su marido.

Aquel negro no paraba de mirarme, y yo a él, estaba muy cachonda, entonces me hizo un gesto para qué me acercara. Dudé, miré a mi marido inconsciente, dormido, pero el placer me pudo, y sin darme cuenta estaba subiendo como una perra en celo las escaleras hacia la mesa de atrás. Al llegar allí, vi como mi vecina estaba haciendo su trabajo, sin mediar palabra, y sin saber qué estaba haciendo, me acerqué a ellos dos y empecé a tocar su polla. Estaba muy dura, mucho más que la de mi marido. Era muy gorda, eso debía medir más de 20 cm, no le cabía en la boca a mi ahora compañera. Nunca había visto semejante aparato. Poco a poco empecé a masturbarla, y al rato la tenía metida en la boca, mientras mi compañera aprovechaba para masturbarse. Sin mediar palabra, el negro me sacó de debajo de la mesa, y me tumbó encima, me fue arrancado la ropa que me quedaba, y me puso la punta de su gran capullo en la entrada de mi orificio.

-Métemela. Por favor.

Sin contestar y sin ningún tipo de protección, empezó a empujar muy poco a poco. Mi vagina empezó a empapar su capullo, y empezó a abrirse cada vez más. Cuando quise darme cuenta ese pedazo de carne me estaba llenando toda, haciéndome gozar como nunca. En pocos segundos empezó a moverse arriba y abajo, tocando lugares de ahí abajo que no sabía que tenía, yo solo pensaba en correrme allí tumbada encima de una mesa mientras mi amante me poseía, moviendo su aparato dentro de mí con un ritmo incesante, cada vez estaba más cerca del orgasmo, y el negro no paraba, acelerando el ritmo.

- Me cooorrrooo. ¡No pares!

Noté como aceleraba el ritmo. El muy cerdo iba a correrse también.

- Sácala, por favor, le dije mientras empezaba a correrme. Mmmmmmm.

Mientras tenía el mejor orgasmo de mi vida, noté como su polla hacía movimientos raros dentro de mí, el muy cabrón se estaba corriendo dentro de mí. Me llenó entera, y extrañamente, pese a mis reparos iniciales, me encantó. El negro saco su polla de mi coño, el cual se quedó abierto como nunca. El semen empezó a gotear. Me moría de la vergüenza.

- Me voy - Dije sonrojada.

- NO - Contestó.

Entonces, me cogió con sus dos musculosos brazos, y me dio la vuelta en la mesa. La imagen que vi en ese momento se me quedó grabada para siempre en la retina. En medio del escenario estaban mis otras nueve compañeras, siendo violadas por negros que no me había dado cuenta de que estaban allí. Mi amiga Mónica estaba a cuatro patas, siendo penetrada por el ano, mientras le chupaba la polla a otro negro. Mi compañero me subió de un tirón a su espalda y empezó a bajar las escaleras hacia el escenario de la orgía. Sabía lo que iba a pasar y aunque una parte de mí quería salir pitando de allí, al ver a mi marido dormido, mi coño se estaba humedeciendo de nuevo.

Continuará.