Antonio el Camionero y su Suegra, en Ruta. 3
Carmen no es la suegra tradicional; es una mujer que sabe lo que quiere y no duda en cobrar por ello. Antonio, lejos de repelerla, se encuentra atrapado en una red de deseo donde el incesto y el dinero se mezclan en la habitación de un hotel. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar por el placer y la compañía de la mujer de su esposa?
Capítulo anterior:
- Carmen, lo de cariño, mire tiene un pase, hasta ya ha empezado a gustarme, pero por dios, no me llame cari ¿Vale?
- Vale, no te pongas así cari, no te llamaré más cari, de acuerdo.
- Usted no tiene remedio, ja, ja, ja… pero no me llame cari
- Vale cariño, con lo bonito que es cari ¿Por qué no te gusta que te llame cari?
- Carmen, no empecemos, porque es una cursilada de las que me decía su hija, y ya no hablemos más, no me llame cari, no me gusta.
- ¡Ay! Vale, vale.
Antonio el camionero y su suegra, en ruta. 3
Comimos tanto que lo que más apetecía era echarse una siesta, taxi y al hotel. Nada más llegar a la habitación, los dos nos desnudamos y nos tumbamos en la cama. Joder Antonio, esto es vida, me decía a mí mismo. Es rentable sacar a la suegra a putear, aunque la verdad no era por la mañana mi intención, yo estaba con la gilipollez del enamoramiento y quería gozarla yo, pero mira, las circunstancias han ido así. Mil ochocientos euros brutos recaudados, porque hay que descontar la habitación y los gastos, como la comida, que joder, cien euros nos clavaron, pero la verdad, los he pagado a gusto, no ha sido mala mañana. Quien me tendría que decir a mí que este viaje seria así.
Entre estas reflexiones, me dormí, Carmen también. Nos despertamos ya a media tarde, me despertó el sonido de la ducha, Carmen se estaba duchando. Llamé al sindicato y a Mercabarna, para ver como andaba la huelga. Mañana a primera hora sabríamos algo. Me dijeron que podíamos acceder al recinto a partir de las cinco de la mañana y que a las diez darían el aviso de si la huelga continuaba o no. De todas maneras mañana habrá que ir a ver los frigos del camión como van, bueno, que le den por el culo la fruta, la huelga no es culpa mía, que pague el seguro. Me fui a la ducha a enjabonar a mi suegra.
Estaba ella en la bañera de las burbujas, el jacuzzi. Tumbada, relajada, se estaba dando masajes en los brazos, en las piernas, eran como caricias suaves y sensuales en vez de masajes. Me vio y me sonrió. Aquella sonrisa de mala puta picarona llena de vicio, con sus tetas flotando entre burbujas, me hizo empalmar al acto. Lo que vino a continuación fue sublime, nada que ver en la manera y forma de follar que yo conocía.
Me hizo entrar en la bañera a la inversa, empezó haciéndome masajitos en los pies, y ¡uf! empezó a besármelos y lamérmelos ¡joder! Esto no me lo habían hecho nunca. A la vez con sus piernas enlazadas con las mías, me masturbaba el pito con los pies. Se giró sentada como estaba en el jacuzzi y pego su espalda a mi pecho y rabo. Yo le agarré las tetas y ella dentro del agua hacia caricias con su culo a mi polla, hasta que esta empezó a meterse despacio dentro de su coño. La follada era lenta, ella llevaba el control, intenté moverme, pero me forzó a quedarme quieto, y yo embelesado como estaba con ella y la situación, me dejé hacer.
Ella movía sus caderas en círculos y esto hacia que mi polla dentro de su coño, se moviera también en círculos, tocando sitios que le causaban gran placer, a ella y a mí. Se corrió con mi polla dentro estrujándola de una manera como nunca me lo había hecho. Su vagina parecía que me succionaba la polla y me corrí. Le pregunté si eso era lo que le había enseñado la suiza, y me dijo que sí.
Ambos estábamos sentados dentro del agua y yo la tenía abrazada. Me agarré a sus pechos ¡Que placer acariciar aquellas ubres en mis manos! Las sospesaba, le infringí pequeños pellizcos en los pezones que le hacían emitir gemidos, como si fuera una gatita. Le besé el cuello, las orejas, las axilas. Ella guio mi cabeza a este sitio, las axilas, nunca se me hubiera ocurrido a mí lamer las axilas a una mujer, y la verdad que me encantaba hacérselo, ella también lo gozaba.
Se levantó y se puso en pie enfrente de mí con su coño a la altura de mi cabeza. Instintivamente mi boca se fue a su sexo y empecé a comérselo. Ella con sus dedos separo sus labios vaginales y me ofreció como manjar el punto del placer. Se lo empecé a comer desesperadamente, pero ella me paró y me marcó el ritmo lento y profundo hasta que volvió a correrse en mi boca. Yo estaba en una nube y me masturbaba mientras le hacia todo esto.
Lo que ya me sorprendió, fue cuando empezó a hacerse pipi en mi cara. Me soltó chorritos mientras se aguantaba separados los labios del coño. No supe que hacer, solo lo que la suavidad seductora de sus palabras me iba ordenando que hiciera, yo estaba como hipnotizado con ella. Besé su coño tal y como ella me lo pidió y cuando de golpe se giró, se abrió las cachas del culo y enfrentó a mis morros su ojete, supe perfectamente lo que debía de hacer. Estuve tiempo comiéndole el culo, mientras ella guiaba mis dedos en su coño. Me corrí otra vez.
Cuando terminamos de jugar dentro del jacuzzi, ella se levantó y se duchó.
- Oye Antonio, aquí en Barcelona hay mar, nos podríamos ir a bañar mañana.
- Pues no estaría mal, pero debemos ir primero a echar un vistazo al camión y a lo mejor han desconvocado la huelga y debemos marchar.
- ¡Oh no! Yo no quiero que acabe nunca este momento que estoy viviendo.
- La verdad es que se está a gusto si
- Antonio…
- ¿Qué?
- ¿Tú me quieres un poco?
- ¿Cómo no la voy a querer? Si en mi vida, se lo juro, había estado tan a gusto.
- Gracias cari
- Carmen si me vuelve a llamar cari, le prometo que se termina lo que hay.
- ¡Ay! No te pongas así, se me ha escapado
- Pues no vuelva a decírmelo que a ver si se me escapa a mí una ostia.
- ¿Tú me pegarías?
- Que mala puta es Carmen, como sabe que si no se lo merece no.
- Te quiero
¡Mecagüen la puta! Ya estaba enamorado. Pero ¡Joder! La miro ahí desnuda tumbada en la cama y abrazada a mi torso, y no puedo pensar, la hija de puta me ha cautivado en sus redes.
Pasamos parte de la tarde en la habitación del hotel, acariciándonos y hablando, ella me contó historias de su niñez, de su juventud, anécdotas, algunas divertidas con las que nos reíamos un montón. Me contó cómo le puso los cuernos con el mismísimo padre, a su primer novio, y que los pilló la abuela, liándose a escobazos con el padre del que tenía que ser el hombre de su vida. Huyendo de los golpes de escoba, el hombre se cayó con la abuela por las escaleras de la casa y se rompió una pierna y la abuela nada.
Decidimos vestirnos y Carmen dijo que era obligatorio acercarse a una tienda a comprar ropa, no podía ya andar con aquella mini falda vaquera y aquella camiseta, manchadas incluso de semen.
Salimos y muy cerca había una boutique. Era una tienda muy pija, cuando entramos las miradas eran de cierto escepticismo. Nos atendió un cacho de tía buena simulando amabilidad. Carmen no se anduvo con rodeos y le dijo que quería probarse un vestido rojo que estaba en el escaparate. La acompañé al probador y casi me muero cuando se lo vi puesto. Espectacular, el vestido le llegaba a medio muslo, caía volado alrededor de su cintura, se ceñía más en el cuerpo y en los pechos, que los dejaba apretaditos aumentando el volumen de su canalillo, si ya era tetuda mi suegra, más grandes parecían sus pechos, y bien posicionados. Le quedaba el vestido de maravilla. Se probó unos zapatos de tacón también rojos que hacían de complemento para el uniforme de una real puta pija madura. También se compró un vestido de lino blanco, más simple y ligero que se dejó puesto, le quedaba también estupendamente, aunque en contraluces se transparentaba y se veía perfectamente cómo iba desnuda bajo el.
No salió barato el uniforme de puta pija, pero ella era feliz con su adquisición y eso a mí ya me conformaba. En el mismo hotel había un salón de belleza, entró a preguntar. Salió, me dio las bolsas con la ropa y me dijo que la esperara en la habitación dentro de una hora y media, que iba a la peluquería. Llevé las bolsas a la habitación y me fui a dar un paseo, al final entré en un bar cercano, hacia mucha calor, eran las siete de la tarde. Leí un poco los periódicos, no es que yo sea lector de prensa, casi todo de lo que me entero es por la radio del camión. Aparecía en primera página la huelga del transporte en el país, las fronteras estaban bloqueadas y piquetes inmovilizaban los pocos camiones que circulaban.
Aquí en Barcelona hay gente muy rara, creo que menos catalanes hay de todo, de hecho aún no nos habíamos encontrado casi con ningún catalán. Esto era como la ONU moros y andaluces éramos los que más y extremeños un montón. También había negros de estos desteñidos y negros de color negro, parecía Ámsterdam, ahí he ido varias veces con el camión y pulula el mismo ganado. A mí personalmente me gusta esta diversidad de gente. Se acercó una morenita a mí, con buena delantera, me atacaba muy abiertamente, por lo que imaginé que era una puta, le pregunte cuanto y me dio los precios, quedé asombrado de lo barato que era, me pidió, cincuenta por una mamada y cien por un completo, media hora, una hora doscientos euros. Podía darle por el culo sin suplemento y no tragaba leche ni pagando. Le dije que muy bien, me dijo que no, que nada de muy bien, que muy mal. Le pregunté por qué. Me dijo porque no se comía un rosco, le dije que si quería comer algo que le invitaba a un croissant, me dio una bofetada y se fue.
Estaba ya cansado de esperar y aún faltaba media hora, pero tiraría hacia la habitación del hotel y esperaría a mi suegra ahí. No entiendo nada, le pagué la cerveza al camarero, tres euros, con un billete de cinco, y va el tío y me da cuarenta y siete euros, yo con buena fe le dije que creía que se había equivocado en el cambio, me pidió disculpas y me dio un billete de cincuenta. Ya no insistí más en la equivocación, quería decírselo, pero el tío iba tan de culo que parecía que le molestaba mi presencia ahí frente suyo, por lo que decidí marcharme. Antes de salir le tiré dos euros a la tragaperras que estaba en la salida y sonó una sirena, dos hombres me rodearon.
- Vaya, que suerte, con una moneda va y saca el premio
- ¿De cuánto es?
- No lo ve, ha sacado quinientos euros, ve, los cinco sietes, y como juega a euro, pues quinientos euros. Ahora le tiene que ir dando ahí, a cobrar.
- ¡Joder! Como no tengo ni puta idea de máquinas.
- Pues esto es la suerte de los principiantes, ja, ja, ja, ya se podría invitar a una birra por el asesoramiento ja, ja, ja…
- Claro hombre, pídala yo se la invito y pídame una para mí, mientras cuento estas monedas.
Mientras nos tomábamos las cervezas, que fueron cuatro cada uno, el hombre me estuvo explicando que anteriormente un tío le había echado más de quinientos euros a la máquina y que no le había dado nada, él le echó para probar veinte, y que tampoco, que yo con una moneda, saco el premio, me lo dijo para que yo viera lo que es la suerte. Ya lo vi, como también he visto a compañeros desgraciados por culpa de estas tragaperras.
Nos despedimos y decidí irme a esperar a Carmen en la habitación del hotel.
En el hotel también había bar, y yo no lo conocía. Estar alojado en un hotel y no conocer su bar, es como ir a Lourdes y no visitar la gruta. Me fui al bar. Ya habían sido unas cuantas cervezas y yo no estoy acostumbrado a beber, mi oficio me lo impide, yo soy camionero, aunque ahora este haciendo de macarra. Los macarras normalmente son bebedores, eso me ponía a su altura, me diferenciaba de los demás macarras porque mi puta además de ser mi suegra, era la puta que estaba más buena, de todas las suegras putas habidas y por haber, y así se lo hice saber a la camarera, para que se enterara.
La cerveza que tenían en el bar creo que estaba adulterada, la camarera me miraba con mala cara, como de restriñida, me tuve que descojonar de risa mirándole el careto que ponía. Le debió sentar mal a la muchacha que yo me riera, porque un señor disfrazado de pingüino vino a pedirme que me comportara, que aquello era un lugar serio. Decidí irme para no liarla.
Subí a la habitación y Carmen aún no había llegado. Me tumbé en la cama y me quedé dormido. Cuando desperté me encuentro una nota que me decía “He salido, vuelvo en un rato” Mecagüen la puta ¿Dónde habrá ido esta? ¿Qué hago, la espero o voy a buscarla? ¡Joder! podía haberme despertado.
Mientras orinaba oí la puerta de la habitación.
- Cariño ¿Estás aquí?
- Meando estoy Carmen
- Bien, pues sacúdela bien cuando termines, y si la pasas por debajo del grifo tampoco estará de más.
Cuando salí y la vi, no sabía si es que aún iba borracho o estaba durmiendo y soñaba. ¡La madre que la parió! Sí, la madre que la parió, que cacho de tía buena que trajo al mundo, para felicitarla cien veces. Me encontré a Carmen con el vestido que se había comprado, con el pelo cortado a lo punki pijo moderno, con unos reflejos en el pelo de colores rojo y azul, parecía una cabeza del Barça. Toda ella maquillada y guapísima. El vestido era de infarto, se traslucía toda su esbelta figura, aquellos zapatos de tacón la hacían más alta, casi tanto como yo, la verdad, es que estaba impresionante.
- Caray Carmen, un poco más y no la conozco
- ¿Te gusta? Me lo han hecho muy bien, además ¿A qué parezco más joven?
- Está un hartón de buena suegra, ahora es como una pija puta moderna de esas que salen en la tele. Guapísima.
- Gracias cariño, toma eso es la hora.
- ¿cuatrocientos cincuenta euros?
- Sí lo que me ha pagado el señor de la suit Cristóbal Colon.
- ¿Has follado con él?
- Sí, claro ¿Qué querías que hiciera? Si tú dormías y no he podido despertarte.
- ¿Y cómo ha sido eso?
- Hemos coincidido en el ascensor, me ha dicho lo guapa que era y lo bien que estaba, que daría su vida por estar con una mujer como yo. Yo le he dicho que si me daba trescientos euros me tendría una hora, y me ha dicho el número de la habitación. He venido a decírtelo pero no ha habido maneras de despertarte.
- Pero ¿Por qué cuatrocientos cincuenta?
- No veas el viejo, bueno es un señor, señor, mayor, de unos setenta años, pero con una polla ¡uff! Más grande que la tuya, y no veas el vigor del viejo. No ha tenido suficiente con una hora y hemos estado una hora y media follando, cuatrocientos cincuenta euros.
- Vale, vale, vaya, está usted embalada con el oficio, me gusta.
- El viejo también es camionero, bueno tiene camiones, él no los conduce, me ha dicho que tiene ciento cincuenta.
- Vaya farol, ciento cincuenta camiones solo los tiene TRANSRAMIRO.
- Ramiro se llama el hombre
- Joder pues como sea ese, te has follado al tío que más camiones tiene del país. Saberlo antes le hubiéramos pedido más.
- Me ha dicho que está aquí por lo de la huelga de los camiones que mañana tiene una reunión con un ministro, que si no, me pagaba y me follaba toda la noche entera.
- Menos lobos, el viejo no folla toda la noche
- No sé, pero me ha pegado dos polvos sin sacarla y se ha corrido en los dos, y la madre que lo parió, me ha hecho correr tres veces a mí. Menuda verga se gasta, y si de viejo es tan toro, no me lo imagino de joven ¡por dios!
- Joder con el viejo
Con aquel cacho de mujer a mi lado era difícil de controlar mi polla, aun así decidimos salir a la calle. Salimos y puedo jurar por mis muertos que todo quiqui la miraba. Yo andaba orgulloso a su lado, ella me llevaba cogida del brazo y yo presumía de tía buena.
- Vamos a coger un taxi para ir al casino a cenar
- Espero que haya baile ¡tengo unas ganas de bailar!
- Con este vestido lo que va a provocar es que la bailen pero encima de alguna polla, ja, ja, ja…
- ¿Ah que estoy guapa? ¡como he desaprovechado mi vida! Mi marido me ve así y me mata, bueno ahora no, ya ni se entera de quien soy a veces ¡Estoy tan harta! Y habiendo descubierto que la gente paga para follarme, ese se va directo a una residencia en cuanto llegue. Toda la vida, que si la falda demasiado corta, que este escote se ve demasiado, que no salga si no es con él o con alguna de mis hijas ¡Que mierda de vida he tenido hasta ahora!
- El tío celoso, y claro al estar usted tan buena pues miedo a perderla.
- Que tonta he sido
- ¿Le gusta hacer de puta?
- No es que me guste, lo que pasa es que es buen dinero, y total para abrirse de piernas un rato.
- Oye ese bulto no se te baja ¿Aun vas caliente?
- Me tiene usted a mil suegra, como no voy a estar caliente con lo buena que está.
- Gracias cariño, tu sí que me entiendes
Subimos a un taxi que nos llevó al casino de Barcelona. Aquello era impresionante. Un desborde de lujo y finura, hasta demasiada para mí, no me hacía sentir cómodo tanto postín. Después de entrar nos fuimos al restaurante. No había ni dios que no mirara a Carmen, incluso sin conocerla la saludaban. Había cena con espectáculo, tal como me había informado la recepcionista del hotel. Nos sentamos en una mesa que nos acomodó el camarero. Se estaba bien.
Nos dejamos aconsejar por el que vestido de pingüino vino a tomar la nota. Era un tío muy amable principalmente con mi suegra, a la que no dejaba de sonreírle y aconsejarle los mariscos, las langostas del mediterráneo, porque era lo más caro, y ella siguiéndole la cuerda, en aquel momento la hubiera matado ¿Me estaría volviendo celoso? Dicen que los celos son el mal del enamorado. Mecagüen la puta, a ver si me estaba enamorando, me daba a pensar, menos mal que se fue el pingüino y ella volvió a mirarme y sonreírme. La jodida que hermosa estaba con las luces de aquel jardín, rodeada de flores y verde, con música de fondo encima. ¡La madre que la parió! Nunca la había visto tan guapa. Este nuevo estilo de pija puta moderna le sentaba de maravilla.
Tengo que reconocer que el sablazo que nos dieron por la cena mereció la pena. Estaba todo riquísimo y el cava delicioso, tanto, que entre los dos nos bebimos tres botellas. La orquesta tocaba música un poco alegre, así como de discoteca y Carmen se puso a bailar. Yo soy muy torpe para estas cosas del baile y me quedé observándola desde la mesa como se movía mi suegra.
Solo mirar cómo se movía la condenada ya se me levantó el pito. ¡La madre que la trajo al mundo! ¿Mi suegra sabia bailar tan bien? Nunca me enteré de esa virtud suya, ni estando de novio con su hija. Aquellos zapatos de tacón le estilizaban las piernas y le ponían el culo tan bien puesto que ¡Joder! ¿Quién no se empalma? Encima con el vestido transparente se le veían todas las carnes, y hasta el coño le vi, en alguna de sus volandas de baile. Como la cabrona no llevaba bragas, venga a mostrar el potorro a todo quiqui.
Me fije, que tenía cantidad de admiradores y al poco tiempo moscardones, esto ya me cabreaba un poco, y más me cabreó ver como ella le empezó a sonreír a uno con el pelo engominado y corbata que se puso a bailar a su lado, y a hablar con ella, muy sonrientes los dos. En aquel momento me hubiera levantado y le hubiera dado una “guantá” que solo hubiera permanecido en el sitio la corbata. Lo que pasa que vi a Carmen que venía hacia la mesa y el tío se fue, que si no, la lio.
- Cariño, aquel señor me ha dicho que si voy a su habitación a echar un polvo me da quinientos euros, dice que estaremos una hora, hora y media.
- ¡Joder! Tendremos para la cena, yo que quería levantarme ya a darle dos ostias
- ¿Por qué?
- Porque creía que la molestaba
- Si solo bailaba a mi lado ¡Aiiiiii! Que mi niño esta celoso ja, ja, ja…
- No es eso suegra, que Barcelona es muy peligroso, está lleno de independentistas
- ¿Los independentistas son peligrosos?
- Eso dicen, no sé, pero por si acaso.
- Bueno ¿Qué hago?
- ¿Quiere ir a follar? Tiene que ser usted, si quiere ir, se va.
- Hombre, mira, el señor no está nada mal, y son quinientos euros.
- Pues que pague antes de subir y me trae el dinero. me dice en que habitación está, dígale que si dentro de una hora y media no está aquí, que subo y le acarreo a ostias hasta Cádiz.
- ¡Uy, como estás! Vale, se lo digo
La cuestión es que me trajo los quinientos euros y se fue, estaba en la suite Rambla, que si se quedaba más tiempo, ya se lo pagaría, y además si lo follaba bien le daría una buena propina, eso me dijo.
Joder con mi suegra, yo que tenía ganas de disfrutar con ella hoy, me quedaba ahí de candela. Para no aburrirme mirando la gente como bailaba me fui donde había los juegos, me fui a una tragaperras a matar el tiempo.
Empecé a jugar a una máquina que no la entendía ni los chinos, yo le ponía monedas y ella se las tragaba y no hacía nada. Yo como un gilipollas, ahí sentado, mirando la pantalla que no hacía nada. Una mujer se percató de que yo no tenía puta idea de cómo funcionaba y vino a explicármelo. Resulta que tenía que darle a una palanca para que giraran los rodillos y yo burro de mí, creía que aquella palanca era para colgar la chaqueta o un bolso, el paraguas, que se yo.
La mujer se llamaba Juliana y sin preguntarle nada me contó media vida suya, que era viuda, que vivía, ya no me acuerdo, que le gustaba venir al casino porque en casa se aburría y que seguro que esta máquina me daría algo y que si le molestaba que se quedara mirando como jugaba. Pasó una camarera y le pedí un wiski, como soy cortés ante una dama, aunque sea una madura millonaria le dije que le invitaba a uno, ella aceptó.
La aparentemente millonaria no paraba de hablar, con lo que yo ya había bebido y este wiski, me puse a reír por cualquier chorrada que la tía me contaba. Ella al ver que me divertía, no paraba de hablar. Tampoco paraba yo de darle a la palanca y ya me estaba hartando. De golpe me di cuenta que cada vez que bajaba la palanca, mi codo rozaba sus pechos, debía llevar tiempo así, rozándole las tetas, sin darme cuenta, hasta que noté que su mano se apoyó en mi pierna y cada vez sus dedos se acercaban más a mi paquete.
Como tampoco había prestado mucha atención a la mujer se me ocurrió mirarla que tal estaba. No estaba mal, nada que ver con mi suegra, aunque fuera quizás algo más joven. Pero entre una cosa y otra el pito se me volvió a poner como una tranca. Tuve que levantar el culo del asiento y acomodarlo dentro del pantalón para que no me doliera. Ella eso lo observó como un consentimiento, para meter directamente ya la mano entera a mi paquete.
- ¡Uy! Vaya polla tienes muchacho, eso habrá que celebrarlo
- ¿El qué?
- Que tienes la polla así, si quieres por cien euros te la mamo.
- Se equivoca Julia, yo no pago para follar, al contrario cobro.
- Vaya, que desilusión, así que tú también eres del oficio.
- No señora, yo soy camionero, lo que pasa que viajo con mi suegra, y ella si es puta, y está ahora echando un polvo en una habitación.
- ¿Te follas a tu suegra?
- Pues cuando puedo, sí, pero es largo de explicar.
- Bueno, siendo colegas de oficio no te voy a cobrar nada, ni tú me cobras ni yo te cobro y echamos un polvete en los servicios ¿Te apetece?
- Mirado así, para mi perfecto
- Ven, sígueme
Menos mal que la seguí y me fui de aquella tragaperras, que la madre que la parió, ya me había soplado cincuenta euros con la tontería de la palanca. Nos fuimos hacia unos servicios y entramos los dos con precaución de no ser vistos en un cuarto para cambiar los pañales. Estos cuartos más que para cambiar los pañales a los niños, para mí que los han hecho para follar, siempre se termina follando ahí.
Nada más entrar quiso ver mi polla, me la saqué y enseguida se puso a chupármela. Mientras yo le follaba la boca, ella se fue sacando el tetamen y acabó pajeándome con las tetas. Joder, la puta y nunca mejor dicho, lo hacía bien. Me hizo sentar en la taza del váter y se subió encima de mi polla. Entonces vi que era una puta con experiencia, la cabrona sabia también hacer contracciones de estrujamiento con el coño, y parecía que su vagina me chupara la polla y la absorbía. ¡Joder que placer! Me levanté de la taza con ella ensartada a mi rabo. Me rodeó la cintura con sus piernas y empezó a la vez a morrearme. La empotré a la pared del cuarto y le empecé a meter un mete saca frenético. La mezcla de los sabores salivares del wiski, mezclados con el marisco, el aroma menta de algún chicle que debía haber mascado la tía, y el puto perfume que llevaba casi me hace vomitar.
La que vomitó fue mi polla, y no poca leche, estaba cargado, como no me bajó el empalme, la tía se bajó de la polla, me dio la espalda y me pidió que se la metiera por el culo, y yo así lo hice. Estaba mejor la postura, así podía evitar su boca y su aliento, aunque el mío seguramente era igual de asqueroso o peor. Ahí de pie le empecé a meter caña, y no le di poca, a la vez que la nalgueaba porque vi que le gustaba después de habérseme escapado un palmetazo.
Acostumbrado al culo de Pepita y a nalguearla cada vez que la enculaba, fue el motivo por el que se me escapó la mano. Ella me iba pidiendo que le diera fuerte, pero me calmé cuando vi que sus cachas ya estaban completamente rojas. Me corrí encima de las nalgas, para así esparcir mi semen sobre ellas como si fuera crema hidratante, pensé que le aliviaría un poco quizás el escozor de las ostias.
Ella quiso, si o si, limpiarme el rabo debajo del grifo del lavabo, al ver que mi polla aún estaba tiesa, quería chupármela de nuevo y que se la volviera a meter, pero le dije que ya había bastante, que debía guardar un poco para mi suegra, ella se rio.
Salimos de los servicios y me fui hacia el bar. Hacía más de una hora y media que había subido Carmen con el del pelo engominado, no tardaría en aparecer y apareció, más sonriente y brillante que nunca. Cuando me vio vino corriendo contenta y riéndose hacia mí.
- Hola suegra ¿Cómo ha ido?
- Cariño, las propinas son para mí, ya que me las gano yo ¿Vale?
- Vale ¿Qué le han dado mucha pasta?
- Quinientos euros y además me ha pegado un polvazón del copón.
- Vaya.
- ¡Uy! Estos catalanes tienen el rabo grande, el viejo del hotel, este señor, y como follan, si no fuera porque está casado le hecho las redes, aunque sea jovencito.
- ¿Y como sabe que es catalán?
- Porque me ha dicho que es independentista ¡ah! No son peligrosos, ya lo ves.
- Pero si es joven para ser novio suyo.
- Mira más jovencito eres tú y ya somos novios.
- ¿Qué usted y yo somos novios? ¿Desde cuándo?
- Pues desde que nos acostamos juntos
- Si fueran novios suyos todos los tíos con los que se ha acostado, tendría un autobús lleno ya, ja, ja, ja…
- Pero tú me quieres, que lo sé, que te lo veo en los ojos, además si yo digo que eres mi novio, eres mi novio.
- Vale si le hace ilusión que sea su novio, pues seré su novio
- Ves como tienes ganas de ser mi novio
- Que yo no he dicho esto eh.
- Tus ojos sí lo dicen
- Y dale, otra vez con mis ojos
- Es que los tienes muy bonitos, eres el novio más guapo de todos los novios habidos y por haber.
- Usted se pincha vinagre ja, ja, ja, pero me gusta ¿Dónde quiere ir ahora?
- No sé, ahí hay un hombre que me ha guiñado un ojo
- Joder suegra, usted no para eh ¿Quiere volver a putear?
- Bueno, tampoco está nada mal este hombre, ya verás, gírate disimuladamente.
Me giré y vi al típico guaperas de anuncio de dentífrico riendo y enseñando los blancos dientes a Carmen. Lo pillé en esta acción y el tío quiso disimular y miró para otro lado enseguida, yo también dirigí la vista hacia otro lado, pero volví a girarme de golpe, y otra vez lo pillé volviendo a mirar y sonreírle enseñando la blancura de sus piños a mi suegra. Apartó la mirada y se fue. Mejor, la verdad que no tenía ganas yo de que Carmen volviera a putear. La cabrona quinientos euros de propina, vaya.
- Carmen ¿Y si nos vamos a este bar que el trovador ha dicho que hay ambiente y él también toca ahí un poco la guitarra?
- Vale, sí, me gusta, vamos ¿Sabes dónde es?
- Aquí lo tengo apuntado “SATANASA” seguro que el taxista sabrá donde está y nos llevará.
- Que nombre tan raro
- Debe de ser ese idioma suyo, el catalán, a saber que quiere decir, ya lo averiguaremos
- Vamos.
CONTINUARÁ.
Si les ha gustado el relato una puntuación o un comenteio se agradece. Gracias.
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