Jamal de carne y hueso. Ana de nuevo
Ana llega con el semblante serio y una noticia que lo cambia todo: es la última vez. No hay gritos ni peleas, solo la resignación de dos almas que saben que el tiempo se les agota. Esta noche, el sexo no es solo placer, es una despedida.
Corregido. Ortotipográfica
Capítulo 18.
Ana.
Un día después de la carrera y todavía con una resaca de emociones. Afrontaba una semana que parecía iba a ser de lo más tranquila y monótona.
Tanto fue así que lo más raro que me ocurrió esa semana fue que mi amiga Ana, no vino ningún día, ni a cenar, ni a desayunar.
Sin embargo, el domingo recibí un mensaje suyo:
—Esta tarde me paso por tu casa. Que tenemos que hablar.
Me resultó un mensaje extraño para provenir de mi amiga, amante. Demasiado escueto y simple. Y más, sin haber tenido noticias de ella en toda la semana.
Como cada domingo después de trabajar en el Odissey. La misma rutina. Dormir hasta tarde, comer ligero y mi entreno de bici. A las siete de la tarde ya estaba duchado y relajado, tomándome un batido y viendo la tele.
Un whassup llegó a mi móvil.
—En diez minutos estaré por allí.
Era Ana que me avisaba de su llegada.
Cuando sonó el vídeo portero, ya me había puesto un bóxer e incluso había recogido todo el piso.
—Hola, Jamal.— Me dijo Ana, con semblante serio.
—Hola, morena. ¿Qué te pasa? Qué rara estás.— Le dije mirándola a los ojos.
Me cogió de la mano y me llevó hasta el sofá. Nos sentamos; y girándonos, nos quedamos mirándonos cara a cara.
—Jamal. Javi me ha dado un ultimátum. O te dejo a ti, o él me deja a mí. Está muy celoso, y cada día que vengo contigo después tenemos problemas.
—¿Y tú que le has dicho?
—Pues que lo quiero a él y si tengo que dejar de acostarme contigo para que lo nuestro funcione. Lo haré.
Nada más decir esto, Ana me abrazó y acto seguido me besó. Un beso suave y lento, muy diferente a nuestros besos de pasión. Se separó de mí y me dijo.
—Jamal. Esta va a ser la última vez que vamos a follar. Y quiero que sea especial.
—Ana. Yo también quiero que sea especial. Y me encantaría que no tuviera que ser así. Pero te respeto y espero que seas muy feliz. Si esta es tu decisión, así será.
Acto seguido, tomé a Ana de la mano y la llevé hasta la cama. Puse una lista de reproducción de hacer el amor en el equipo estéreo, y dándole un beso, me fui a la cocina, cogí cuatro velas aromáticas con olor a frutos rojos y puse una en cada mesilla y dos encima del cabecero de la cama.
—Esta noche va a ser una noche especial. Quiero que te quedes con mi esencia y que me recuerdes cómo realmente he sido contigo, suave y duro, dulce pero severo, caliente y fogoso, y sobre todo tu amante incondicional. Que más allá de solo follar, he conectado contigo, cada momento que hemos estado juntos.
—Jamal. Para mí, has sido eso y mucho más, siempre te querré por encima de todas las cosas. Pero siento que ahora nuestros caminos se tienen que separar, y solo el tiempo, me dará o me quitará la razón. Aun así, siempre te querré, aunque a partir de ahora, solo podamos ser amigos.
Una lágrima se escapó de los ojos de Ana, y al dejar fluir esa emoción tan pura entre los dos, yo también empecé a llorar. Los dos nos abrazamos y nos estrujamos transmitiéndonos toda esa pena por algo que estaba llegando a su final.
Algo que tanto nos había unido, algo mucho más fuerte que la amistad. Compartir tanta complicidad y tantos momentos de liberación, nos había unido sobremanera.
Una vez nos serenamos, la comencé a desnudar mientras cubría su cuerpo de besos.
Desabroché su blusa lentamente mientras le besaba el cuello muy suavemente, sujetando sus pechos de manera delicada mientras pasaba del cuello a su boca, la cual me acogió cálidamente a la vez que nuestras lenguas empezaban a juguetear dulcemente.
Acaricié sus pechos hasta notar como sus pezones reaccionaban al tacto de mis dedos, poniéndose duros como piedras, continué bajando mis manos, a la vez que mi boca cambiaba de ubicación, desplazándose lenta y suavemente, bajando por su cuello hasta sus pechos los cuales comencé a besar hasta llegar a sus pezones, los succioné hasta arrancarle un gran un suspiro de placer.
Ella, por su parte, me había quitado el bóxer, dejándome desnudo, mostrando toda mi erección. Sujetaba mi verga y me estaba masturbando de una manera realmente, deliciosa.
De repente, se dio la vuelta y me pidió que me tumbara en la cama. Así lo hice y poniéndose encima de mí, me sujeto las muñecas por encima de la cabeza y empezó a besarme de nuevo. Comenzó a mover sus caderas, haciendo que su vulva recorriera mi falo de abajo a arriba y de arriba a abajo, tentando la entrada de este una y otra vez, hasta que en uno de esos movimientos noté un calor y una humedad más que conocida. Con un lento movimiento de caderas, Ana se ensartó en mi polla y comenzó a cabalgarme muy lentamente, sentía cada centímetro que se internaba en ella como una oleada de calor.
Hacerlo así, muy lento, era una sensación extrañamente placentera. Ana se retiró de mi boca para erguirse y mirarme a los ojos muy fijamente. Unas lágrimas escaparon de sus ojos mientras apoyaba sus manos en mi pecho. Yo la sujeté por las caderas y sin hacer fuerza, me limitaba a sentir su movimiento de vaivén encima de mí.
Poco tiempo estuvimos así hasta que le pedí cambiar de posición.
Se puso debajo de mí y entonces pasé a ser yo el que controlaba los movimientos, seguí haciéndole el amor muy despacio. Mirándola a los ojos como tantas veces anteriormente lo habíamos hecho follado, pero esta vez eran movimientos suaves y deliciosamente delicados, no como cuando follábamos que eran movimientos bruscos e instintivos, buscando solo el placer. Con esa conexión que teníamos, me quedé quieto, solo rozando nuestros pubis, en nuestra posición de encaje. Esa que solo había logrado hacer con ella, esa tan nuestra y tan especial.
No tardé en sentir como su vagina se contraía y abrazaba mi verga, y esta vez decidí no aguantarme ni una sola vez y me abandoné al placer. Los dos llegamos al orgasmo a la vez, fue una sensación muy intensa y enormemente placentera.
Después de ese momento de conexión, nos quedamos abrazados un buen rato, acariciándonos y besándonos muy dulcemente.
Era de las pocas veces que lo he hecho así con nadie. Puede que la única. Ana para mí era especial, con ella había hecho y vivido cosas únicas, había descubierto infinidad de variantes, gustos y placeres en el terreno sexual.
Por todo eso nuestra última vez había sido algo único también para mí.
Al acabar, los dos nos quedamos abrazados en la cama. Esa noche, Ana se quedó a dormir conmigo. Nos dedicamos a hacernos caricias y a amarnos de una manera especial.
Pero al final, esa noche sabía a despedida, y al amanecer, Ana se duchó y se marchó para su casa. Donde la esperaba su novio, Javi, para emprender un camino en el que yo, ya no estaría presente.
Me quedé tumbado en la cama mirando al techo y pensando lo que había sido mi vida sexual con Ana.
La sensación que me quedaba tras la decisión de mi amiga, me puso muy triste.
Las lágrimas cayeron por mis mejillas y un enorme vacío se adueñó de mí.
Había perdido a Ana como amante.
La vida son ciclos y aquí se cerraba mi ciclo con Ana.
SI te ha gustado. Tienes la novela completa y más info de todas mis obras en mi pagina web. www.ericsalazar.org
Relatos similares
- Hetero: General
Os presento a Dulce
Oli ve en Dulce a la mujer que destruirá a su primo, igual que Cristina lo hizo antes. Pero cuando la noche cae y las máscaras caen, la verdadera…
Comparte:Relacion clandestinaTrio fffConexion inesperada
- Hetero: General
Primero el goce y luego la despedida
Llamó para cenar, pero solo buscaba la verdad. Él llegó cansado, ella llegó rota. Lo que siguió fue un último intento desesperado por sentirse viva,…
Comparte:Relacion clandestinaDespedida sexualSoledad y deseo
- Hetero: Infidelidad
Como un trueno recorría mi cuerpo
Bajo la furia de una tormenta y el peso de una soledad insoportable, un encuentro casual se transforma en refugio.
Comparte:Relacion clandestinaDespedida sexualSoledad y deseo
- Hetero: Infidelidad
¿Sabés lo que se siente? (3)
Tres años después de que su mundo se derrumbara, Pablo creía haber cerrado el capítulo. Pero el destino, o quizás la simple casualidad de una sala de…
Comparte:Despedida sexualRelacion clandestinaSoledad y deseo
- Hetero: Infidelidad
Las vueltas 1 (corregido).
La vida le puso una prueba inesperada: irse a la costa con quien no amaba, pero con quien deseaba.
Comparte:Relacion clandestinaSoledad y deseoConexion inesperada
- Hetero: Infidelidad
Nuevas reglas 4 (Mamen y Nico: Libro 3)
La culpa pesa más que el placer. Mamen sabe que ha cruzado una línea, pero el beso de Javier le recuerda que el deseo no se apaga con la razón.
Comparte:Trio fffRelacion clandestinaConexion inesperada