Xtories

El nuevo maestro del pueblo (16)

El pueblo parece tranquilo, pero bajo la superficie late un secreto húmedo y depravado. Cuando el nuevo maestro cruza la línea, descubre que las mujeres del lugar no esperan ser conquistadas, sino entregadas. Y él tiene la llave para abrir todas las puertas.

Alfonso31K vistas9.4· 68 votos

Elucubraciones

Viendo cómo se había desatado lingüísticamente me atreví a indagar mas en su vida.

- Veo que tu apetencia sexual se mantiene a pesar de la edad.

- Uy, siiii, mucho!

- Y… cómo te consuelas?

- Con un rabo de goma que me proporcionó don Ramón.

“Joder con las pollas de silicona. Se debe de estar haciendo de oro la tienda que los surte con sólo este pueblo!”, pensé mientras sonreía tontamente.

Ya no pude preguntarla nada mas pues en ese momento entró Ramón.

- Que tal Angelita, te ha gustado charlar con Roberto?

- Si, mucho, jijiji, pero ya me voy.

- Como quieras.

La pequeña mujer de baja estatura se fue como una exhalación, y Ramón y yo nos reímos al mirarnos.

- Que, como te ha parecido que te hagan una mamada sin dientes? – me preguntó en plan jocoso.

- Es una experiencia nueva.

- Follártela también lo seria. Son apenas cuarenta kilos muy manejables, jajaja.

- Joder Ramón, eres un puto depravado.

- Mira quien lo va a decir, el que le fascina ver cómo le pajean a un burro.

Me tuve que callar porque llevaba razón.

- A propósito, la mujer del alcalde está como loca por confesarse contigo. – volvió al ataque con la sorna de la confesión.

- No tío, me tengo que centrar en las peticiones de la condesa.

- Esa es una de ellas, que tengamos contentas a las mujeres del pueblo, y yo solo no doy abasto.

- Bueno, ya veré si puedo sacar algo de tiempo. – contesté para que no siguiese. – Ahora tengo que ir a ver a la condesa para proponerle lo del burro, a ver qué le parece.

- Seguro que bien, esa zorra es más depravada que nosotros, jajaja.

Salí de la iglesia y llamé a la condesa. Le dije que tenia algo que proponerla y me dijo que me pasase por su casa. Ya eran las ocho de la tarde y la noche se había apoderado del pueblo. Pensé en ir a casa a dejar el portátil, pero se me haría demasiado tarde. Con el bajo el brazo fui andando hasta el palacete oyendo el ruido ensordecedor de los grillos haciéndose dueños de la noche. Me abrió Elena, vestida con su traje normal de sirvienta retro.

- Hola Elena.

- Buenas noches don Roberto. – me saludó educada y sumisamente.

- Tenía ganas de verte. – contesté en plan amistoso.

- Ah, sí? – se sorprendió.

Me acerqué hasta ella y la besé lascivamente en la mejilla impregnándola con algo de saliva.

- Si. Me gusta estar contigo. Me siento muy a gusto. – continué haciéndola la bola.

- Yo también me siento muy bien con usted.

- Quicas luego podríamos pasar un rato juntos.

- No sé, eso dependerá de doña Genoveva.

- No tiene por qué enterarse. – enarcó las cejas sorprendida por mi respuesta, y me llevó al saloncito donde se suponía que había más intimidad de toda la casa.

Al momento apareció la condesa con un vestido sobrio y su cara seria y estirada.

- Ya esperaba noticias tuyas. Tienes que acostumbrarte a mantenerme informada.

- Ya tiene espías que la informan.

- Pero tu ahora trabajas para mí, y me tienes que informar sin recurrir a los espías, como tú dices.

- A eso venía. Tengo una propuesta diferente que estoy seguro de que les encantará a sus amigos.

- Tú no sabes lo que les gusta a mis amigos.

- Creo que lo voy sabiendo. Les gusta follar con tías que no sean putas, y en cierta forma son algo depravados.

- Por qué dices que son depravados?

- Algo me ha contado Virtu de lo que le pasó la última vez.

- Eso fue una experiencia que no supo encajar. A propósito, como los llevas con ella. Crees que la convencerás para que vuelva?

- Estoy en ello, y creo que lo lograré.

- Sabes que eso te proporcionaría un buen extra, sobre todo si accede a otra experiencia parecida. Si solo vuelve para follar en plan rutinario no me vale.

- Lo sé, y creo que accederá a sus proposiciones.

- Eso sería fantástico.

- Creo que será más fantástica mi propuesta.

- Pues suéltala, porque me tienes en ascuas.

- Que les parecería a sus amigos ver como una tía se lo monta con un burro hasta hacer que el bicho se corra.

Arqueó las cejas mirándome con los ojos muy abiertos y expectantes, y tardó unos segundos en reaccionar.

- Joder, que fuerte. Creo que eso seria sublime. Que tía del pueblo está dispuesta a hacer eso?

- Supongo que eso me valdría un extra sustancioso.

- Muy sustancioso, te lo aseguro. Pero dime, de que tía estamos hablando? – preguntó echando el cuerpo hacia delante cada vez más expectante.

- Veo que sus espías no están tan bien informados como creía. – quise mantenerla expectante, bueno, mas bien joderla un rato más.

- Venga, no seas cabron y suéltalo ya. – exigió algo enojada.

- Yo le doy cosas nuevas y quiero algo a cambio. – pedí pensando que en ese momento tenia la sartén por el mango.

- Que cojones quieres?

- Yo no estaré presente cuando ocurra, pero quiero verlo a través de la pantalla.

- Hecho! – casi gritó sin dudarlo.

- También quiero acceso para venir a follarme a Elena cuando me apetezca, sin que tenga que dar su consentimiento cada vez que lo haga.

Dudó un poco antes de contestar.

- Por qué con Elena, no tienes bastante con las otras mujeres.

- Elena me parece algo especial. Esta muy bien, es sumisa, y creo que su protegida.

- Vaya, noto como si quisieras entrar en mi mundo y arrebatarme algo.

- Es que la considera de su propiedad? – me atreví a preguntarle sin saber cómo acabaría aquello.

- Cuando entró a trabajar aquí no tenía nada, ni siquiera ilusiones. Yo se lo he dado todo. – respondió con cierto desprecio.

- Yo diría que es al revés. Desde que entró aquí se convirtió en su esclava, una esclava sumisa que hace todo lo que la pide. Limpia, hace la comida, folla con quien usted quiere y cuando usted quiere, incluso diría que hasta usted misma se la folla.

- Por qué dices eso? – preguntó totalmente enfurecida.

- Viendo su actuación con la diputada la otra noche, diría que no es la primera vez que está con una mujer, y pensé que eso podría ser parte de su pan de cada dia.

La condesa había enrojecido de furia y tardo unos segundos en serenarse.

- Eres un cabron muy listillo. Bueno, también me gustan las mujeres, y qué?

- A mi eso me da igual, tan solo quiero compartirla, y si alguna vez surge… podríamos compartirla a la vez. – esa fue ya la puntilla metiéndome en un terreno peligroso.

- Eso te gustaría, eh! – respondió con una sonrisa felina que daba cierto miedo.

- Solo era una propuesta, nada de imposiciones.

- Por supuesto que no me vas a imponer nada. Accedo a que vengas cuando quieras a ver a Elena, pero suelta de una puta vez quien es la que se lo va a montar con el burro.

- Josefa. Supongo que la conoce.

- Si, claro. Es la madre de Carmen. Y dices que está dispuesta a hacer lo del burro? La verdad es que nunca había pensado en ella para nada.

Note como se iba relajando mientras hablaba y su cara perdía la crispación.

- Me he enterado que lo hizo una vez por una apuesta. – dije sin darla mas datos.

- Y crees que estaría dispuesta a repetirlo delante de gente?

- Creo que podría convencerla – la mentí pues ya estaba convencida – el problema es el burro.

- Por qué ese es el problema?

- Necesitamos un burro. El de la apuesta no lo podemos pedir pues se podría mosquear el dueño.

- To tengo cuatro caballos, dos mulas, un par de burros y un pony.

- Joder, tiene la cuadra a tope.

- Eso es en este pueblo – dijo con prepotencia – Tenemos terrenos en tres mas de esta zona y en cada uno de ellos tenemos cuadras con tractores, maquinaria agrícola y animales de trabajo.

- Parece que tiene un buen tinglado montado.

- Eso solo es en la zona. Te podría contar la cantidad de chalets que poseemos en la costa además de un yate. – su prepotencia parecía no parar, algo que me venía muy bien para enterarme de su ambición, su poder económico y también del político.

- Supongo que en todo eso tienen algo que ver sus amistades políticas.

- Hay que tener amigos para prosperar. – contestó con cinismo.

- Ya que es tan rica, tengo que decirle que si Josefa accede debería tener algún detalle con ella y su hija.

- Un detalle… como qué?

- Ya que tiene un yate amarrado en la costa, podría darles unas vacaciones de una semana por el mar. Creo que se lo merecerían, y también serviría para estimularlas.

- Esas brutas no sabrían apreciarlo.

- Ya lo creo que lo apreciarían, y no son tan brutas. Debería ver los progresos que ha hecho Carmen en nada de tiempo.

- Ah si? Eso si que me gustaría verlo.

- Pero antes me tiene que asegurar que les brindará ese viaje.

- Si Josefa accede a lo que dices delante de mis invitados, dalo por hecho.

- De acuerdo. Primero tiene que dejarla venir para que vea a esos animales. Ni ella ni por supuesto yo, queremos que la lastimen.

- Son animales tranquilos, y están acostumbrados a las personas, pero puede venir cuando quiera.

- Tendrá que ser de noche, cuando Joaquín se haya ido. Supongo que con Elena no habrá problemas, estará acostumbrada a ver de todo.

- Es de plena confianza.

- Y su marido?

- Tampoco hay problemas. Esta bastante sordo y apenas ve.

- Pues hablaré con Josefa a ver si accede y ya la llamo para concertar la noche en la que vendrá.

- Perfecto.

- Ahora me gustaría pasar un rato con Elena.

- De acuerdo, pero no te entretengas que tiene que preparar la cena.

Nos levantamos y la seguí hasta la cocina donde ya andaba Elena preparando parte de las viandas.

- Elena! – pronunció con voz autoritaria.

- Si señora.

- Don Roberto tiene permiso para venir cuando quiera a verte. Cuando lo haga, estarás a su plena disposición siempre que no interrumpa tus tareas. Lo has entendido?

- Si señora, lo he entendido.

- Vale, pues os dejo solo para que charléis sobre ello. Recuerda que la cena tiene que estar a las nueve y media.

- Si señora, como usted mande. – respondió sumisamente con una leve inclinación de cabeza.

Cuando la condesa se marchó, elena seguía sumisa, mirándome a los ojos como si no lo hubiese entendido bien, pero lo había entendido perfectamente.

- Has entendido lo que quería decir la condesa con que estarás a mi plena disposición?

- Si señor Roberto. Que haremos todo lo que usted diga.

- Eres un encanto Elena. – le dije a la vez que le acariciaba la mejilla y le daba un suave beso sobre ella.

Miré en todas direcciones de la amplia cocina buscando una cámara, pero no vi nada.

- Sabes si hay aquí alguna cámara?

- No, aquí no hay ninguna.

- Entonces podremos hablar con tranquilidad. He llegado a un acuerdo con la condesa para poder venir a verte cuando quiera, pero mi intención es tan solo tener acceso a la casa a cualquier hora del día. Jamás te forzaría a hacer nada que no quisieras.

- Estoy muy a gusto con usted, y estaría encantada de agradarle en lo que pida.

- Y tú, nunca pides nada?

- No estoy acostumbrada a pedir. – respondió humildemente.

- Quiero ser tu amigo si me lo permites. Tienes amigos?

- Me paso la vida en esta casa, y cuando salgo ya es tarde y todo el mundo está en sus casas. Tan solo hablo con mi marido alguna noche si no está dormido cuando llego, así que no me da tiempo a hacer amigos.

- Y con la gente que viene a la casa?

- Aunque he hablado con ellos, nunca les he visto las caras. Hay un aparcamiento en la parte trasera y entran por ahí sin que los vea. Después cuando les sirvo, ya llevan una máscara puesta.

- Pues lo dicho, si quieres yo seré tu amigo.

- Ya se que es mi amigo.

- Por qué?

- Porque le he contado cosas intimas de la condesa y no la ha dicho nada. – comentó con una leve sonrisa.

Me acerqué de nuevo a ella y la besé tiernamente en los labios. Fue ella la que se agarró a mi cuello y convirtió el beso en húmedo y lascivo.

- Puedo llamarte yo también “viciosilla”?

- Claro, de su boca suena mucho mejor, jijiji.

Nos fundimos en otro profundo y lascivo beso mientras la apretaba el culo con ganas y sentía como la polla quería enderezarse de nuevo.

- Conoces a la gente del pueblo?

- Si, a la mayoría.

- Entonces sabrás quien viene a las fiestas que da la condesa para sus amigos.

Aproveche de su entusiasmo con los besos para sonsacarla más cosas.

- También entran por la parte trasera y se ponen las mascaras de inmediato, pero es difícil camuflarse tras una mascara cuando conoces bien a la gente.

- Y me vas a decir quiénes son?

- La condesa me lo tiene totalmente prohibido.

- Pero si yo te doy nombres no tendrás que decirlo, tan solo asentir o negar con la cabeza.

- Bueno… eso… sí. – contestó finalmente pensándoselo mucho.

- Laura, la mujer del panadero. – asintió con la cabeza con una tímida sonrisa.

Así fue haciéndolo según iba nombrando a Eva, Rosa, Virtudes, Carmen, hasta que llegué a Candela que su cabeza negó.

Tenía que sacarle a las que no conocía, pero tenía que darle antes confianza.

- Para que veas que confío en ti como tú en mí, te contaré un secreto. Conoces a Josefa?

- Si, es la madre de Carmen.

- Pues vendrá una noche de estas para examinar a los caballos y a los burros.

- Para qué?

- Supongo que en el tema del sexo habrás visto de todo desde que llevas aquí?

- Uff, si que he visto. Si yo le contara…

- Pues lo que veras con Josefa no lo has visto hasta ahora. Va a dar un espectáculo a los amigos de la condesa haciéndole una paja a uno de los burros.

- No me jodas! – se le escapó la exclamación llevándose la mano a la boca.

- Eso quiero, que te expreses sin tapujos. – le dije sonriendo al oír la expresión.

- Sabia que la iba mucho la marcha, pero eso…

- Por qué lo sabias.

- Cundo no trabajaba aquí me enteraba de muchas cosas. Todo el mundo sabe que los hombres la hacían visitas, hasta el conde iba a verla.

- El conde?

- Si, pero de eso ya hace muchos años. Incluso en aquella época, cuando iba el conde, estaba casada. Después su marido se cansó de tantos cuernos y la dejó cuando Carmen tenía dos años. El conde era muy promiscuo de joven, y andaba con todas las jovencitas que le apetecía sin que nadie se atreviese a decirle nada, pues como ya sabes es dueño de casi todo el pueblo.

- Vaya con el conde! – exclame asombrado.

- Luego ya se hizo mayor y conoció a Genoveva. Hay rumores de que era una puta de lujo, pero nadie lo sabe.

- Desde luego no creo que se casara con él por su atractivo.

- Se dice que se casó por su dinero, y que se lo follaba a diario para cargárselo y quedarse con todo. Al final le dio un infarto cerebral que le dejó atontado, y parece que con eso le sirve, pues ahora domina ella todo el capital.

- La volví a besar en agradecimiento, e hice intención de irme.

- No me vas a follar antes de irte? – me preguntó tratándome ya de tu.

- Te apetece viciosilla?

- Lo estoy deseando. Lo de la otra noche me gustó mucho, y estoy harta de la polla flácida del conde y de la de goma de la condesa.

La volví a besar haciéndola sentir que yo también la deseaba[AL1]. Después de un largo y jugoso beso se giró apoyándose contra la encimera. La levanté el vestido y pasé una mano su culo duro y prieto. Llevaba unas pequeñas bragas blancas que se ceñían a la carne como si fuesen parte de ella. Estaba acostumbrada al sexo ciertamente duro que le proporcionaba la condesa, y que según sus propias palabras le gustaba. Bueno, más que gustarle se había convertido en una viciosa de ese tipo de sexo.

Le di un buen azote – Zasss – recordando los que le había dado a Carmen con la zapatilla de suela de goma. Un leve gemido salió de su boca, apenas perceptible. La bajé las braguitas y observé la deliciosa raja que formaban sus dos glúteos bien apretados Los abrí para descubrir el estrellado agujero y derramé una dosis de saliva sobre él pensando en follármelo, pero no era el momento. No había tiempo, y lo que pretendía era echarla un buen polvo para dejarla con ganas de más.

Metí la mano entre sus muslos y toqué la maraña de pelo en busca de la raja. Cundo dos de mis dedos se insertaron, noté como se tensaba arqueando la espalda.

- Estas muy caliente?

- Estoy ardiendo!

- Quieres que te meta la polla?

- Quiero que me la metas hasta el fondo y me revientes a pollazos.

Mis preguntas solo eran para excitarme con el deseo de su voz. Me agarré la polla y la introduje bajo sus nalgas hasta que el capullo penetro entre la raja. Abrió mas las piernas al sentir la dureza que invadía su coño, y la verga fue penetrando con lentitud mientras ella gemía disfrutando de cada centimetro que entraba.

- Ahhh...diosss...ahhh...

- Te gusta?

- Ahhh...me encantaaa....

- Ahora podremos hacerlo las veces que nos apetezca sin pedirle permiso a la condesa. - la susurre contra la nuca mientras le daba un buen apretón clavandosela hasta el fondo.

- Ahhhg...siii... quiero que vengas todos los días...ahhhg...

Comencé a bombear despacio para aumentar su deseo. Agarrado a culo, con el vestido arrugado alrededor de su cintura, podía ver esa deliciosa curva que se formaba entre sus caderas y la estrecha cintura. Esa imagen siempre me excitaba.

- Su excitación también aumentó, y no tardó en pedirme más.

- Ahhh... más fuerte... ahhh... aprieta más...ahhh...

Aumenté el ritmo y también la potencia. Mis huevos comenzaron a sonar al impactar contra sus nalgas, y a los pocos segundos pude sentir cómo se corría mientras su cuerpo temblaba notoriamente.

Saqué la polla de su empapado coño y me la guardé todavía erecta.

- No te vas a correr? - me pregunto girándose hacia mí con su boca todavía jadeante.

- En otro momento. Ahora tienes que preparar la cena.

- Volverás otro día?

- Claro, y con más tiempo para poder disfrutar más.

- Ufff, es que me has dejado con más ganas de las que tenía.

Esa era mi intención, y parece que lo había conseguido.

- Seguro que la condesa te quita esas ganas después de la cena.

- Me gusta lo que me hace, pero prefiero una buena polla de carne.

- Te lo hace todas las noches?

- Casi todas. Me llama viciosa, pero ella lo es aún más. Disfruta como si fuese un tío cuando me folla con el rabo de goma.

- Y solo te folla de frente y por el coño?

- A veces de rodillas, y también por el culo, pero esas son las menos.

- Y lo hace con alguna otra mujer?

- Si, pero con las de otros pueblos. Solo lo hizo una vez con Virtu, cuando la bajaron al cuarto de las armas y se la follaron varios. Entre los hombres que había, estaba también la condesa, que se la folló como uno más.

En ese momento entendí la obsesión que tenía Genoveva porque volviese Virtu, no solo habían disfrutado sus amigos, sino también ella.

Finalmente me marché y me fui a cenar a casa de mi patrona. Cuando llegué ya habían cenado, incluido Luisón que también estaba esa noche. Saludé a los tres y Adel me acompañó a la cocina donde me había dejado la cena.

- Veo que ha venido Luisón. - le dije con una sonrisa pícara.

- Siii, está como loco esperando que su padre se acueste.

- Y a ti, te apetece?

- Uff, la verdad es que estoy muy caliente esperando que llegue el momento. Como te dije, parece que el muchacho ha espabilado y ahora aguanta más y me da más gustito, jajaja.

La agarré por la cintura y le solté un jugoso beso antes de sentarme a cenar.

- Espero no estropearos la noche estando yo en casa.

- Que va. En el momento que te subas a tu habitación nos pondremos a funcionar, jajaja.

- Y donde lo vais a hacer?

- En la habitación de abajo.

- No sé si saldré después, pero si lo hago no haré ruido para no molestaros.

- Si quieres, puedes mirar un poquito, jajaja. - reímos los dos a la vez.

- Cómo eres Adel, siempre me haces reír.

Cuando acabé de cenar, Sancho ya se había subido a dormir. Vi a Luisón inquieto y me despedí subiéndome a mi habitación, el muchacho había vuelto ese lunes tan solo por echar un polvo con su madre y no quería que lo demorasen más. Me metí en la habitación y al momento oí roncar a Sancho. Salí y bajé has la mitad de las escaleras sigilosamente. Me asomé al salón y ya no estaban allí. Con el mismo sigilo, bajé el resto de escalones y me acerqué al pasillo donde estaba la habitación. Habían apagado todas las luces excepto la de la mencionada habitación que, aunque habían cerrado la puerta se veía salir la luz por la rendija de abajo. Continué acercándome hasta situarme al lado de la puerta, y al momento oí gemir a Adel.

- Ahhh... cariño, así, así!

- Te gusta así madre?

- Me encanta, ufff... si sigues así creo que me voy a correr varias veces... ahhh...

Luisón había mejorado mucho. La vieja puerta de madera de pino no se ajustaba bien al marco, y estuve mirando un buen rato a través de una de las rendijas. Se habían desnudado los dos por completo. Adel se había colocado de rodillas en el borde de la cama, y Luisón la daba por detrás agarrado a sus caderas como un toro manso. Me hizo gracia ver la cara de salido que ponía el muchacho mirando el tremendo culo de su madre mientras se la follaba lentamente refrenando sus impulsos animales. Después de ver y oír cómo Adel se corría dos veces me fui a mi habitación de nuevo. El bruto de Luisón progresaba adecuadamente, y eso me hizo pensar en poder usarle en un momento dado.

A la mañana siguiente fui al colegio en mi segundo día de clase. Todo parecía funcionar de maravilla. Los niños contentos, las madres también, y yo el más contento de todos. LLevaba poco más de una hora de clase cuando me sorprendió la aparición del alcalde.

- Hola Roberto.

- Hola Pedro. Como tú por aquí?

- Quería ver cómo te iba? Todo Bien?

- Estupendamente. Los niños se portan de maravilla.

- Y las madres, te llevas bien con ellas?

- Hasta ahora si, por qué lo preguntas.

- Me gusta estar enterado, y no me apetece tener quejas.

- Es que se ha quejado alguien?

- Como tú dices, hasta ahora no, y espero que todo siga igual. Ya te he dicho que no quiero tener quejas, y menos de la condesa.

- Y por qué se iba a quejar la condesa?

- Sé para lo que te ha contratado y quiere que esté al tanto de ello.

Torcí un poco el morro pues no me gustaba su tono.

- La condesa no me ha dicho que tuviera que rendirte cuentas.

- Pero soy el alcalde y tengo que estar enterado de lo que pasa en el pueblo.

- Me importa una mierda que seas el alcalde. A mí me paga Genoveva y solo rindo cuentas a ella. - contesté con desagrado.

- No te enfades. Solo quería saber si todo iba bien, y de paso invitarte a comer.

- No hace falta. Adel cocina muy bien.

- Ya has ido a comer a otras casas, y Deme no se lo tomara bien si no aceptas la invitación.

Su tono había cambiado y me relajé un poco.

- De acuerdo. No quiero que piense que soy un ingrato, iré encantado.

- Vale, pues te esperamos a las dos.

A Deme solo la conocía de verla cuando se la follaba el cura. En principio me había molestado el tono autoritario del alcalde, pues sabía que era un monigote de Genoveva, pero cambió el tono con rapidez cuando vio que no me amilanaba. Ahora tendría que aguantarlos a los dos durante la comida, pero tampoco me podía negar.

Llegó la hora del recreo y solté a los niños en el patio, que era la parte más amplia del colegio. Estaba cerrado con una valla, pero el suelo era lo mismo que el campo de los alrededores. Estaba observando como jugaban a través de la ventana de la clase cuando entró Eva. Iba con una falda beige un poco por encima de las rodillas y una camisa a juego. Vi cómo se desabrochaba un botón nada más entrar y cerrar la puerta.

- Hola Rober.

- Que haces aquí Eva?

- Como no vas a verme tengo que venir yo.

- Pero que es horario de clase y están los niños en el patio.

- Ahí están bien. Nosotros podemos entrar al despacho a darnos un revolcón.

- Joder Eva, acaba de estar el alcalde, y puede venir cualquiera. - le contesté algo agobiado.

- Estoy más caliente que el aceite hirviendo, y no me pienso ir de aquí sin que me eches un buen polvo.

Las cosas habían cambiado desde el primer día que llegué, y ahora el lenguaje era más directo. No podía entender como en tan pocos metros cuadrados podía haber tantas mujeres con ganas de sexo. Llegué a pensar que debería ser algo del ambiente, el agua, el aire, la comida...

Ella misma cerró la puerta con la llave que estaba puesta en la cerradura y tiró de mi hacia el despacho. Eva era una tía muy sensual con grandes atributos y no tardó en ponérmela dura. Apenas pude degustar su estupendo cuerpo, pues se dio la vuelta y se inclinó sobre la mesa mostrándome su hermoso culo. Le levanté la falda y vi sus redondas nalgas apenas cubiertas por unas pequeñas braguitas beige, parecía que se había puesto el conjunto completo del mismo color para la ocasión.

- Vamos potro, dame bien que tengo el coño ardiendo. - me soltó moviendo el culo sinuosamente.

Le bajé las bragas lo suficiente para descubrir la raja que formaban sus labios vaginales y mi polla dio un buen respingo bajo el pantalón. Lo desabroché con rapidez y salió totalmente erecta mientras ella no dejaba de mover el culo. Le acaricié los dos hermosos glúteos y les di un par de cachetes. - Zasss, Zasss!

- Ay, diosss... métemela ya! - exclamó con un deseo casi incontrolado.

Puse el capullo en medio de la raja y apreté con ganas.

- Ahhh...

Todo su cuerpo tembló al sentir como la verga se le introducía hasta el fondo de su coño. No quería que aquello durase mucho, y bombee con ganas.

- Ahhhg... siii... ahhhg

Agarrado a sus dos estupendas nalgas apreté con ganas como un puto toro enfurecido. Como ocurrió la primera vez que me la follé, se corrió al instante, pero seguí embistiendo como un animal. Si quería un buen polvo se lo iba a proporcionar.

Seguí follándomela mientras gemía sin parar. Sus piernas, subidas en los altos tacones, no dejaban de temblar, y el chapote que mi polla mantenía dentro de su coño cada vez era más sonoro.

- Quieres un buen polvo, puta? Pues lo vas a tener! - grité embistiendo como un poseso.

No contestó, pues los intensos gemidos y jadeos se lo impedían. Se volvió a correr de nuevo, y con dificultad, paso una mano por detrás para ponerla sobre mi vientre.

- Para, para! - intentó gritar con voz ahogada.

Saqué la polla de su chorreante coño mientras ella recuperaba el aliento.

- Ahhh... joder... ha sido brutal!

- Te ha gustado? - pregunté de forma idiota.

- Ufff, es que tienes un rabo que me vuelve loca.

- Quieres más? - pregunte con sorna.

- No, no. Tengo el coño chorreando. Por hoy ya ha sido bastante, jajaja. - acabó riéndose, creo que de ella misma.

- No sé qué me pasa, pero cada día estoy más salida, jajaja. - volvió a reírse.

Se incorporó, se dio la vuelta a la vez que se subía las bragas y me dio un jugoso beso.

- No te entretengo más, pero a ver si te dejas ver un poquito de vez en cuando.

Fue su última frase antes de marcharse. Me quedé pensando que eran demasiadas mujeres para tan solo dos hombres, el cura y yo, y pensé que tendría que incorporar alguno más para tanta hembra con ganas, unas ganas que me parecían casi antinaturales.

Acabó el horario de escuela, a la una del mediodía, y después de que las madres recogiesen a los niños me marché hacia la iglesia, tenía que hablar con Ramón sobre el tema antes de ir a la casa del alcalde a comer.

Por primera vez me lo encontré solo en su despacho, sin que se estuviese tirando a ninguna feligresa.

- Que pasa Roberto. Que tal las clases?

- Bien, pero quería hablar contigo porque esto no me parece normal.

- El qué?

- Joder, no te extraña que haya tantas tías en el pueblo con ganas de follar?

- Bueno, tampoco es extraño que les guste si en su casa no les dan.

- Pero tío, no es normal que sean tantas y de todas las edades.

- Pensándolo bien, llevas razón. Estas pensando en algo?

- En que aquí pasa algo que no sabemos y pienso enterarme.

- Vale, pero procura ser discreto, a ver si vas a joder el chollo.

- Que chollo? Pero si no damos abasto entre los dos con tantas tías.

- Pues imagínate antes de que vinieses que estaba yo solo. - contestó riéndose.

- Estoy pensando en incorporar a un tío más a la fiesta?

- Y quien se te ha ocurrido?

- En Luisón, el hijo de Adel.

- Pero ese es un bruto que se corre nada más meterla.

- Y tú como lo sabes?

- Porque me lo ha dicho su madre. Ya te he dicho que las mujeres me lo confiesan todo, jajaja.

- Y si te digo que está aprendiendo. Anoche vi cómo se follaba a su madre y ella se corrió dos veces que yo viese.

Ramón se quedó pensativo y le dejé unos segundos hasta que volvió a hablar.

- Me parece bien, pero cómo piensas incorporarlo?

- En eso me tienes que ayudar. Tenemos que empezar con solteras o viudas mayorcitas de las que vienen a pedirte marcha para ver cómo responde.

- Joder, pero vienen a verme a mi porque les doy confianza. Cómo coños le meto a él?

- No sé, quizás tapándolas los ojos y haciendo el cambiazo.

- Eso es muy arriesgado.

- Que va. Cuando sientan un buen rabotazo joven estarán encantadas.

- No sé... tengo que pensarlo. Lo mismo si se entera la condesa me la lía.

- De eso me encargo yo. Ahora me voy a comer a casa del alcalde, parece que su mujer está empeñada en que vaya.

- Jajaja, eso es que ya se ha enterado y quiere probar longaniza.

- Pero si va a estar su marido.

- Seguro que se apaña para que desaparezca. Como consejo te diré que le gusta que se la follen por los dos lados. Que se la metan en el culo la vuelve loca, aunque todavía no sé por qué, jajaja. Ah, y prueba también a ver si se traga toda tu verga, porque eso es un hándicap para ella.

- Quizás mi verga sea algo grande. - le dije pensando en cómo le costó comérsela a él.

- No importa. Tu dale buenos pollazos en la boca que se la acaba tragando, y no te olvides de decirla lo puta y guarra que es, eso la pone incandescente, jajaja.

Estaba claro que el puto cura era más depravado que yo. Salí de la iglesia pensando en Luisón, y en cómo podía abordarle para que se follase a alguna de las viejas del lugar. La primera que se me pasó por la cabeza fue Angelita, seguro que estaría encantada de probar un rabo joven. Tendría que ver como respiraba Luisón ante ese reto.

Con esos pensamientos llegué a la casa del alcalde. Cuando llame a la puerta me abrió él.

- Que puntual. Eso me gusta. Pasa.

Entramos hasta el salón y al momento apareció Deme, encajada dentro de un vestido marrón claro que apenas podía sujetar sus carnes. Pedro nos presentó, y me tuve que inclinar un poco para darle dos besos en las regordetas mejillas. Nos sentamos y Pedro sirvió unos vinos mientras su mujer terminaba de cocinar. La conversación fue tranquila durante la comida. Pedro se dedicó a explicarme lo antiguo que era el pueblo, y que en sus buenos tiempos había muchos más habitante que ahora. Deme apenas dijo nada, tan solo sonreía y me preguntó un par de veces si me gustaba.

Cuando acabamos, Deme nos sirvió un café a cada uno y desapareció yéndose de nuevo a la cocina. No habían pasado cinco minutos cuando vi que a Pedro se le cerraban los ojos y se ponía a roncar recostado en el sofá. Al momento apareció Deme.

- Ya se ha dormido. Así estaremos más tranquilos.

- Cómo se ha podido dormir tan rápido? - exclame confundido.

- Porque le he puesto un somnífero en el café. - contestó levantándoselas tetas con las manos para recolocárselas a la vez que se reía estridentemente.

Estaba claro lo que pretendía, ya me lo había avisado Ramón, pero quise que me lo dijera con su propia voz.

- Es que piensas invitarme a algo más que un café?

- He estado hablando con Laura y me ha contado cosillas, jijiji.

- Y que cosillas te ha contado?

Le dije mirando las curvas que formaban sus tetas y su culo. Dada su baja estatura esas curvas parecían más impresionantes. Viendo que la miraba se estiró el vestido intentando disimular la tripita que se le pronunciaba.

- Pues que le has echado un polvo que no se le olvidará en la vida, jajaja. - Soltó con absoluto descaro.

Mire a Pedro que seguía recostado con la boca abierta y roncando estruendosamente y ella se dio cuenta.

- No te preocupes por él, no despertaría ni aunque le pasase un tractor por encima.

- Pero... piensas que lo hagamos aquí mismo? - le dije pensando en lo que me había dicho de Laura.

- La verdad es que me gustaría incluso que nos viese. Es un cabrón redomado que se va follando a todas las del pueblo que se dejan, y estaría bien darle un escarmiento, pero mejor... vamos a la cocina.

- Eres muy amiga de Laura? - le pregunté de camino a la cocina.

- Mucho. Nos vemos casi todos los días. Te gusta el vestido que llevo? - cambió de tema a la vez que se estiraba la tela de nuevo.

- Te queda muy bien, y es muy suave. -contesté a la vez que pasaba una mano por la curva de su cadera sin cortarme. Si ella era descarada yo lo pensaba ser más.

- Ummm... toca, toca bien toda la tela. Replicó mientras llevaba una mano hasta mi bragueta.

- Me ha dicho Laura que tienes un buen rabo. - volvió a decir ya sobando sobre el pantalón el bulto que comenzaba a crecer.

Los dos teníamos muy claro del porqué de mi visita y no quise perder el tiempo.

- Qué tal si lo sacas y lo compruebas.

Desabrochó el pantalón y metiendo la mano tiró de la polla hasta sacarla fuera. No estaba del todo erecta, pero ya lucía un buen tamaño.

- Ahí va! Pue sí que es... grande.

- Es como te la había descrito Laura?

La conversación ya me empezaba a parecer irrisoria, y pensaba llevarla al límite.

- Me había dicho que era grande, pero no me imaginaba que tanto.

- Pues a mí me ha dicho don ramón que se te da de maravilla chuparla.

- Es que habéis hablado de mí? - preguntó algo sorprendida.

- Tú has hablado con Laura y yo con el cura, creo que esta os empatados. - la contesté con ironía.

- Y que te ha dicho de mí?

En esta ocasión pensé unos segundos que decirle.

- Que eres una mujer fogosa y que tu marido no te corresponde.

- A ese cabrón solo le gusta que se la chupe. - respondió con ira.

- También me ha dicho que te gusta todo, sobre todo que te la metan por detrás.

- Uy... sí, jijiji. - se ruborizó sin dejar de masajearme la polla mientras yo ya había llevado mis manos hasta sus gorditas tetas y se las apretaba suavemente.

Como he dicho, la conversación me daba cierta risa mirando sus carrillos regordetes y su sonrisa pícara, y no pensaba cortarme nada.

- Crees que esto te entrará en el culito? - le pregunté señalando con los ojos la verga que ya había cogido la plena erección.

- Claro que entra, pero me tengo que dar lubricante como cuando me meto el rabo de goma.

Estaba claro que el cura les había vendido a todas una buena polla de silicona. Tuve que aguantarme la risa mientras me imaginaba a la regordeta mujer metiéndose la verga de silicona en el culo.

- Es muy grande el rabo de goma?

- No tan grande como el tuyo, pero casi, jijiji.

Le bajé los tirantes del vestido por los hombros para descubrir sus gorditas tetas. El sujetador apenas podía contener toda esa carne mullida de piel suave. Tiré del sujetador hacia abajo y afloraron unos pequeños pezones, pero muy duros. Los rocé con los dedos y pude sentir como su cuerpo vibró levemente. Se inclinó, no demasiado dada su estatura, y dio varios lengüetazos al capullo. En ese momento recordé a Ramón dándole esos tremendos pollazos en la boca, y pensé que si la hacía lo mismo con mi verga es posible que vomitase.

Mientras me la ponía más dura a base de lametazos, pensé cómo me la iba a follar. Con esa estatura iba a ser difícil de pies. Alargué una mano, y según estaba inclinada, tiré del bajo del vestido para subírselo hasta la cintura. Su culo regordete quedó al aire apenas cubierto por un tanga negro que se le metía entre la tremenda raja. Sobé la suave piel repleta de mullida carne y en ese momento sentí como baria la boca y engullía mi capullo. Comenzó a chuparlo con ganas y apreté la carne de su culo.

- Joder Deme, que bien la chupas. - Le dije para animarla.

Algo que hizo efecto, pues aumentó el ritmo y la potencia de sus chupadas como si fuese un bebé hambriento enganchado a un suculento biberón. Recordé las palabras de Ramón, esas guarradas que le gustaban, y comencé a decírselas.

- Que puta eres Deme, te voy a reventar el coño y el culo a pollazos!

Tiré más de su vestido hasta llevárselo a las axilas. Dejó de chupar para levantar los brazos y se lo saqué por la cabeza. El sujetador salió a la vez y sus carnosas tetas quedaron totalmente al aire. No pude evitar abrazarlas de nuevo con mis manos y apretarlas con deseo.

- Con estas tetas tienes que hacer unas cubanas deliciosas! - exclamé ya muy salido.

- Que es eso?

- Meterte la polla entre las tetas y darle un buen masaje.

- Ah, eso se lo he hecho alguna vez a don Ramón y se ha corrido en mi cara.

Que cabrón era Ramón, debía haber experimentado de todo con las mujeres de ese pueblo.

- Ven. - le dije cogiéndola de la cintura para sentarla en el borde de la mesa.

Se tumbó lentamente sobre ella y las tetas y la tripa se le desparramaron por el cuerpo. Las cortas piernas regordetas quedaron colgando, y tiré del tanga hasta sacárselo por los pies. Sin más preámbulos, pasé la mano entre sus piernas sintiendo el calor que desprendía el coño. Abrió las piernas algo más y le di un par de palmadas sobre la raja. Su cuerpo ya temblaba y apenas había empezado. Me agarré la polla y puse el capullo contra la raja. Apreté despacio y la raja se abrió ampliamente sintiendo cómo engullía mi polla. Le agarré las piernas y se las subí hasta colocarlas sobre mi pecho, y comencé a bombear.

Se tapó la cara con las manos y comenzó a emitir el mismo ruido que había oído en la oficina del cura. - Ohhhg... Ohhhg!

Su coño se había tragado toda la polla al tercer empujón, y aumenté la potencia y el ritmo. Con las piernas abiertas sobre mi pecho, empecé a amasar sus tetas y su tripa, era como un colchoncito de carne muy mullido. Los pollazos que le daba eran tremendos, y en menos de tres minutos se había corrido dos veces. Su cuerpo temblaba como un flan, y su coño era ya un lodazal donde mi polla chapoteaba.

Sin decirle nada, saqué la polla empapada y la bajé de la mesa para ponerla contra ella con el culo en pompa. Le abrí los carnosos glúteos y miré el amarronado agujero que parecía latir. No lo pensé más, y pegué el capullo mojado contra él. Apreté y se abrió como una flor en primavera. Deme abrió los brazos desparramando las tetas contra la mesa y se agarró con fuerza a los bordes. La verga fue penetrando hasta colarse entera, algo que me sorprendió pues no esperaba que fuese tan fácil. Estaba claro que había practicado bastante con el rabo de goma, como ella decía.

- Te gusta puta? Quieres que te la saque por la boca? - la interpelaba sin esperar contestación, pues solo emitía esos raros ruidos.

Después de dos largos minutos de tremendos pollazos viendo cómo se expandía su carnoso culo a cada embestida, estaba ya a punto de correrme. La abrí más el culo con las manos y embestí como un toro salvaje. El semen recorrió mi polla como un torrente caliente y acabó invadiendo su recto. Cuando paré, mi corazón latía a gran velocidad. Jadeaba como si hubiese corrido una carrera mirando su culo abierto y chorreante, y lo único que se me ocurrió decirle fue una grosería más.

- Me gusta lo putón que eres, Deme!

- Ufff, a mi si que me ha gustado tu rabo. Tengo empapadas hasta las orejas.

- Tanto te gusta follar?

- Yo antes no era así, pero desde hace un tiempo tengo unas ganas tremendas.

- Y solo follas con el cura?

Tardó unos segundos en contestar ya dada la vuelta y mirándome. Pude notar como se ruborizaba de nuevo antes de hablar.

- Bueno, no solo con él?

- Con quien más? - dije como si fuese una pregunta normal.

- Solo te diré de uno que no está casado, Ramiro el viudo?

“Coño con el tal Ramiro, se cepillaba a Josefa y a la hija y también a Deme!” exclamé dentro de mi cabeza. Ya no era solo el cura el que repartía verga por el pueblo, además, me había dicho que solo me diría de uno que no estaba casado, quien sería el casado que también se la beneficiaba?

- Has oído hablar de las fiestas que da la condesa?

- Claro, pero a mí nunca me ha invitado, y creo que es que Pedro no le deja que me invite.

- Te gustaría ir a una de ellas?

- Pues claro.

- ¿Pero sabes... de que van?

- Laura me ha contado a las que ha ido ella, y parece que se folla mucho, jijiji.

- Viendo que no tenía problemas de follar, ni tampoco de decir con quien lo hacía (si no eran casados), me acordé de Luisón, pensando que sería otra posible candidata para que el chaval se iniciara.

[AL1]

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