Don Pablo 5
Inés llega a casa con el aroma del gin tonic y secretos de amigas, pero Pablo tiene otros planes para su tarde. Lo que empieza como una reunión social se transforma en una sesión de sexo crudo y anal en el sofá, donde los límites se difuminan entre el placer y la vergüenza.
Se quedó frito en el sofá, escuchando Pink Floyd con los auriculares buenos.
Se despertó mientras sonaba el Take it back.
Era su esposa, que le daba besitos en la boca. Sabía a licor…a gin tonic.
-Buenas tardes esposo mío. Disculpa por llegar tan tarde.
-Tranquila cariño. Estaba escuchando música.
-Hemos quedado las chicas y nos hemos tomado un gin tonic…jijiji.
-Ya noto que vienes contentilla. Ayúdame a levantar.
Los dos sentados en el sofá, abrazados. Ella apoyada sobre él.
-Pues nos reunimos después de la caminata y se nos soltó la lengua…¿sabes que mi ginecóloga lleva un piercing en el clítoris?
-Vaya, que moderna.
-Siiiii, muy maja. Luego Gertrudis, que le encanta que su marido se corra en su cara. Dice que es bueno para el cutis. Y la verdad es que tiene una cara con poquitas arrugas.
-¿La mosquita muerta de doña Gertru?
-Siiiii, jijiji, esa misma. Además dice que no sea tonta, que me deje follar el culo. Que me va a gustar.
-Ah mira…su marido, que viciosillo también.
-Bueno, no exactamente. Parece que de eso se encarga un Venezolano llamado Felipe…Un trotamundos que ahora trabaja en una panadería por donde la oficina del banco.
-Vaya vaya con doña Gertru…
-No digas nada cariño…por favor te lo pido.
-Tranquila, a ti no te hará falta salir de casa para que te follen el culito.
-Sí, bueno, pero dame tiempo, que lo tuyo es muy grande. Que les expliqué a las chicas lo tuyo y me miraron con envidia…Bueno, la Gertru dice que lo de Felipe también da miedo.
-Cariño, haces muy mal hablando bien de tu marido y de la polla que te mete. Al final puede aparecer cualquier guarrilla y enamorarme…Mira el Felipe este, follándose directoras de banco.
-Ya, bueno, pero mientras yo te tenga con el arma descargada, no irás pegando tiros por ahí.
-¿Cómo que el arma descargada? ¿Tú te oyes?
-Sí…jijiji…¿Está recuperada después de lo de ayer?
-A ver amor, que tengo 52 añazos.
-Sí…y una polla como el remo de una trainera.
-¡Inés, que lenguaje es ese!
De mientras, Inés se iba quitando la parte de arriba. Sudadera, camiseta técnica, sujetador sin costuras…quedando su blanco cuerpo desnudo de cintura para arriba.
-¿Qué te parecería un piercing en los pezones?
-Pues que con las blusas ajustadas, se te notaría. Pero vamos, quedarías muy sexy. Por cierto…hueles a sudor. ¿Caminaron mucho?
-Bastante…y ¿dices que huelo a sudor? ¿Me estás llamando guarra?
-Guarra y cochina.
-¿Ahhh siiii?
Inés se bajó la licra, junto con el tanga..hasta la rodilla.
-¿Sabías que a las cochinas también les huele el coño y el culo?
Y agachándose, abriendo los cachetes, acercó el culo a la nariz de su marido.
Pablo, que no reconocía a su mujer, la acercó y empezando por el coño, para terminar en el ojete, le pegó un tremendo lametón.
-Ahhhhhhh, qué lengua, cabrón, guarro…voy a ducharme.
-No…te duchas luego.
Y levantándose, puso a Inés de perrito en el sofá, y se la metió en el coño sin contemplaciones.
-Ohhhhh cariño, deja que me bañe…apesto a sudor.
-A sudor y a cerda. Y las cerdas son las más cochinas follando.
-Deja que me quite las mallas y me abro de piernas. ¡Jooooder que buena!
-No te quitas nada…así me roza más.
-Joooderrrr y a mí.
-¿Entonces? Te callas y que tu coño se trague mi polla.
-Diooossssss, ¿cómo eres tan cerdo?
-Siempre he sido un cerdo degenerado…pero tú lo estás descubriendo ahora…Te la saco un segundo. Ni te menees.
Se la sacó, fue a la mesa a por la bolsa azul, las pastillas ya las había guardado. 5 segundos después se la mandaba de nuevo hasta las bolas.
-¡Aaaaaahhhhh que gustoooooo! ¿Qué es esta bolsa?
-Ábrela.
-Dios, voy a correrme.
-Aun no…antes abre la bolsa.
Y Pablo paró…
-Hijodep…estaba a punto…¿Lube? ¿Anal?
-Exacto. Y es que a las cochinas y a las cerdas que no se lavan, les encanta que les follen el culo.
-¿Ahora?
-Sí…Después de que te corras, gritando como una cerda.
Y empezó a darle fuerte. A Inés empezó a faltarle el aire. Se corrió a gritos, dejando el sofá lleno de babas. Aun con las licras en las rodillas. Los jugos resbalaban por el interior de sus muslos. De repente notó fresquito en su culo. Era el lubricante. Los dedos de Pablo lo iban metiendo dentro de su ojete. Un dedo…dos dedos…
-¿Te gusta, cerdita mía?
-Ay…lo que más me gusta es que no me sacaste la polla…estoy rellena de carne como un pavo de esos de acción de gracias.
Y Pablo siguió con los empujones. Inés volvía a estar a puntito del orgasmo. Entonces se la sacó.
-¿Lista?
-¿Cómo que lista?
-Sí…hoy voy a follarle el culo a una cerda.
Y se la encaró…el glande entró fácil.
-¿Qué notas?
-Ay, se nota raro.
-Espera pues…
Y empujó hasta tener la mitad de la polla dentro del culo de Inés.
-Ahhhh ahhhh duele…ahhh, para, para…
-Tranquila.
Y le iba acariciando los cachetes, para soltarle nalgadas aleatoriamente.
-Ahhhh, ohhhh, ufff
-¿Mejor, cochina mía?
-Ay…se nota diferente. ¿Soy una puta por dejarme follar el culo?
Inés giraba la cabeza para mirar a su marido, que le iba follando el culo con delicadeza.
-Sí…pero eres MI puta.
Pablo siguió bombeando, mientras Inés cambiaba el dolor por placer.
-Ay, ahora casi no duele…Ay ay…¿me metes más?
-Y aquel hombre apretó para meterle una porción más.
-Bufff, me tira el culo. Ay, vuelve a doler…
Pablo no dejaba de echar lube mientras percutía el culo de su mujercita.
-Ya, ya, que suave y que buenoooo…
Y la cogió de las caderas para darle fuerte. Inés, de mientras, se atacaba el clítoris.
-¿La cerdita se pajea también?
-Siiiiii me lo dijo Gertru…diosssssss, me corrooooo.
Y empezó a gritar. Las contracciones anales, terminaron de ordeñar a Pablo, que le llenó el culo con el semen que le quedaba.
Se la dejó dentro hasta que perdió su dureza y se salió.
Acto seguido..plasplas, dos nalgadas, le subió la licra a Inés y la puso en pie.
-Hala, ahora sí que eres una cerda, una cochina y una sucia. Recién follada y llena de leche.
-Ay ay ay, que se me sale…ay noto como me sale tu leche del culo…ahhh que ascoooo. Cerdoooo
Y salió disparada a la ducha.
.
.
Al rato, entraba Pablo…
-¿Se puede?
-Pasa, cochino.
Se besaron bajo el agua y empezaron a pasarse jabón por todos los rincones del cuerpo. Jamás habían estado tan activos, ni tan románticos.
-Me encanta la nueva Inés.
-Y a mí me encantas tú…creo que nunca nos habíamos duchado juntos y llevamos dos días seguidos haciéndolo. Bueno…aunque ayer no nos duchamos, sólo te la chupé. Jijiji
-Cierto…y ahora que lo probaste…¿te gusta?
-Las dos cosas…chupártela y la ducha juntos.
-A mí me encanta enjabonarte toda y acariciarte las tetas hasta decir basta. Pasar la mano enjabonada por tu coño, por tu culo…jugueteando con mis dedos.
-Y yo me estoy mojando toda, sobándote los abdominales y enjabonando tu polla.
-¿Te duele el culito?
-Un poco…me puse aloe vera.
-Chica lista…¿qué hora debe ser?
-Es de noche. ¡Te invito a cenar! Marisco y champagne.
-¡Je! ¿Y quién conduce?
-El taxista. Hoy quiero disfrutar el sábado noche.
-¡Hecho!
Y chocaron las manos al aire.
Dieron el agua y se quitaron el jabón frotándose el uno a la otra.
Cuando Inés iba a cerrar el agua, Pablo se agachó y dándole la vuelta a su mujer, empezó a comerle coño y culo.
-Pues sí que estabas caliente, sí. Espera…
Y Pablo cogió el móvil de Inés de encima de la cama…se volvió a la ducha.
-Llama al restaurante.
Y siguió comiéndole el coño y el culo.
Inés gemía descontroladamente.
El móvil en manos libres…
-¿Está bien señora?
-Aaaaaah siiiiii…que me di con un mueble y ahhhhh.
-¿Mesa para dos, me dijo?
-Siiiiiiiii, doooossssss ostiassssss.
-¿Perdón?
-Ostiassss jooooder que me dueleeeeee.
-Bien, le apunto. ¡Cuídese!
Y colgó.
-Eres un hijo de mil putas, casi me corro hablando con esta chica.
-Ahora llama al taxi.
Y lo mismo. Pero como aquí sí que se corrió, tuvo que colgar la llamada.
-Disculpe, se cortó. En 5 minutos tiene la unidad 344 en la puerta del edificio.
Y la operaria de teletaxi colgó.
-¡Zorra de mierda!, 5 minutos no me dan para nada.
-Por cierto, tienes una bolsa con un regalito.
-¿Ahora, cabrón, ahora?
Inés abrió la bolsa, la cajita y vio el tanga.
-¡Walaaaaa, qué bonito! ¿Lo estreno?
-No…sal sin bragas. Ponte solo el vestido negro.
-Cerdo exhibicionista… El de la espalda abierta va sin sujetador…
-Por eso lo digo.
-¡Pervertido!
-¡Zorra!
Y subieron al taxi aún con el pelo mojado.
.
.
Inés se subió por la izquierda, sentándose detrás del taxista. Puso el abrigo sobre sus piernas. Pablo entró por la derecha y se sentó pegado a su mujer.
-¿Son necesarios los cinturones traseros?
-Si me paran, la multa la pagará Ud.
-OK, vamos al Mar y Mar.
Y Pablo estiró su mano izda, metiéndola por debajo del abrigo, levantando el vestido de Inés y empezando a masturbarla.
Inés hizo lo mismo con su mano derecha. Le bajó la bragueta, le sacó la polla y empezó a bombear.
La cara de ambos empezó a coger color. Les subían los calores del infierno. Inés se corrió, mordiendo el hombro izquierdo de Pablo. Él, aguantó como un campeón.
-Son 18’70€
Y Pablo le dio 20…
Cuando Pablo salió del taxi, se fijó en que la parte del asiento de Inés, estaba todo mojado. Al ser polipiel barata, no habría problemas en limpiar eso. El taxi se fue y él aun llevaba la polla fuera. Se la acomodó, tapándose con el abrigo. Inés, se estiraba el vestido negro. Se le marcaban los pezones y tenía la cara brutalmente sexy de haber acabado de follar.
Ahora tenían más hambre.
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