Xtories

El chico de Tinder

La cuarentena encendió una lujuria que no podía contenerse. Entre el miedo al virus y la tentación prohibida, una cita en Tinder se convirtió en una carrera contra el tiempo y la discreción, donde cada rincón público era una oportunidad para perder el control.

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Los tiempos de pandemia fueron difíciles. Y me di a rienda suelta buscando gente con quien salir. Entre esa busqueda me meti a Tinder.

Entre algunas opciones encontré a un posible candidato. Un chico aproximadamente de mi edad. Vivía al otro extremo de la ciudad, bien parecido.

Con la calentura del encierro no dude en planear una cita con él.

Nos citamos en un centro comercial en un punto medio.

Yo hiba con toda la actitud de estar con ese chico que me había calentado con sus escritos y fotos. Llevaba unos leggins negros, una blusa strapless blanca sin brasier, sin olvidar unos zapatos con algo de tacón, pues soy muy bajita y el chico era alto.

Quisimos entrar algún lugar, pero en pandemia era difícil conseguir un lugar para estar agusto.

Los dos nos traíamos unas ganas tremendas.

Nos fuimos a su coche, solo al entrar nos besamos desesperadamente, sentía sus manos acariciar todo mi cuerpo con deseo.

Íbamos en busca de un motel, y su mano no dejaba de acariciar mi puchita encima de los leggins y yo frotaba su bulto encima del pantalón. En cada alto del semáforo, me acariciaba las tetas sacándolos al aire con esa blusa straples que tenía.

Por mala suerte el motel estaba lleno y el próximo estaba mucho más retirado. Pero decidimos en ir en búsqueda de otro motel. Apenas arrancó el coche y mi deseo era mucho mayor, que no aguante más y saqué su verga y comencé a mamarsela.

De repente el coche se detuvo, levanté la cabeza y vi que se estacionó afuera de un parque estilo bosque.

No me opuse y salí del coche.

Entre besos y agarrones encontramos un buen lugar entre algunos árboles.

Me recargo en un árbol. Bajo mi blusa y me deboraba los pechos, subía por mi cuello hasta llegar a mi boca.

Yo agradecida me agache para chuparle su verga ya erecta, pasaba mi lengua por sus bolas mientras mis manos lo masturbaban.

Lo metí a mi boca y comencé a darle una rica mamada, siempre hasta el fondo, ahogándome con ella.

Me puso en cuatro, bajo mis leggins hasta las rodillas y abriéndome las nalgadas lamia mi puchita y anito como un buen perrito. Ya desesperada de sentirne penetrada, le exigí que me la metiera.

Sentí como entraba en mi vagina, la sensación tan deliciosa como su verga entraba en mi estrecha vagina.

Entraba y salía, entraba y salía, y yo vuelta loca, quería más, así que comencé a mover mis caderas adelante y atrás para sentir mayor placer.

Él se calentó y comenzó a darme más rápido, metiéndome a la vez su dedo gordo en mi culito.

Se sentía con dolorcito así como me gusta, cada vez más intenso.

Estaba perdida en mis placeres que tuve un rico orgasmo.

Él siguió dándome duro hasta que eyaculo fuera de mi.

No nos importó si alguien nos haya mirado. Y más al notar que cerca de nosotros había una pista para correr que tiene el parque.

Al llegar al coche para irnos, quisimos planear una segunda salida, pero por tiempos y fechas vimos que sería muy difícil. Decidió llevarme a casa. La plática se llevaba a cosas intensas y antes de llegar a casa estacionó el coche y nos devoramos a besos, de esos besos que vienen acompañados con mordidas de cuello y caricias peligrosas.

Nos pusimos Hot de inmediato.

Nos fuimos a la parte de atrás del coche. Yo estaba sentada arriba de él, dandole la espalda, yo me frotaba en él.

Él metía mano dentro de mis leggins tocando mi puchita, metiéndome deditos mientras me decía al oído cuanto me deseaba, mordía mi nuca y escuchaba sus jadeos cada vez más deprisa.

Me baje los leggins con todo y tanga.

De un golpe me metió la verga. Yo me agarraba de los respaldos de los asientos de adelante y él como perrito en celo comenzó a bombearme con mucha rapidez, como conejo.

Me agarraba fuerte, y por la rapidez me sacudía todita. Yo no dejaba de gemir fuertemente, olvidando que el coche estaba estacionado frente a mi casa.

Se corrió, esta vez no pudo hacerlo fuera.

Yo aun reponiendome de tremenda follada comencé a ver gente que nos miraba.

Él también lo notó. Nerviosos salimos del coche. Yo subí rápidamente mi tanga y leggins, sin tener tiempo de limpiarme su lechita. Salí del coche y me metí a la casa.

Solamente estaba el esposo de mi mamá, y desconozco si él me vio, nunca le pregunte, pero si estoy segura que algunos vecinos nos vieron y más por el ruido y escándalo que hicimos.