Calentura en el tren
El cansancio del viaje se disipa en un instante cuando el cosquilleo del deseo se apodera de ella. En un espacio reducido, con ojos ajenos a solo metros de distancia, la tentación de cruzar la línea se vuelve irresistible. ¿Cuánto tiempo aguantarán sin ser descubiertos?
Hola a todo@s, gracias por las numerosas felicitaciones de mis anteriores relatos, pido disculpas de que no pueda contestar a todos, algunos por falta de tiempo y otros porque no me parece apropiado lo que me dicen, pero aún así, muchas gracias.
En esta ocasión iba a relatar otra historia, pero hablando con un gran amigo, escritor de esta página, decidí contaros está experiencia.
Como siempre hago, para los que nunca habéis leído nada mío, soy una chica que vive en Madrid, actualmente tengo 23 años y soy rubia, con ojos claros, tez blanca y bastante tímida de personalidad. Mi cuerpo es atlético, con buena estatura, pechos pequeños, vientre plano y trasero redondito respingón, fruto del ejercicio que he practicado siempre.
Para poneros un poco en contexto, os diré que en mi vida solo he tenido dos relaciones serías, de tener novio, por decirlo así, porque practico más el sexo esporádico. La primera, con la que estuve casi dos años con un hombre maduro y la segunda, que es la que viene a cuento, con un chico que vivía con el en una habitación alquilada y que con el tiempo, nos liamos y comenzamos a hacer más cosas juntos.
El chico, cinco años mayor que yo, español de origen colombiano, era un poco más alto que yo.
Tenía el pelo rizado cortito, muy negro, ojos oscuros y tez morena. De cuerpo estaba bastante en forma porque estaba bastante obsesionado con el ejercicio, con abdominales marcados y piernas y brazos bastante fuertes.
El era bastante más extrovertido que yo, tenía muchos amigos y le gustaba gastar bromas, contar chistes y demás. En cuanto al sexo, era más bien normalito, para que se me entienda, muy clásico, aunque en ocasiones, y llevando yo la iniciativa, se abría algo más a probar cosas nuevas.
Los dos estábamos estudiando, y yo, a parte, también trabajaba fines de semana, así que no teníamos días libres juntos, hasta que ya entrado el verano, como donde trabajaba era más temporada baja, me dieron un finde libre. Jairo, que así lo llamaré, planificó una escapada relámpago, en tren, ha hacer senderismo y dormir en una tienda de campaña en medio de la nada.
A mi la idea me pareció atractiva, y el se ilusionó haciendo los planes, en cuanto a horarios y equipamiento. Hasta que llegó el día.
Salimos en tren a primera hora de la mañana, ya que yo el viernes trabajé por la noche, y el trayecto era de unas tres horas y media. El conocía el sitio donde íbamos y durante el viaje me describía constantemente lo que iba a ver.
Llegamos al destino y comenzamos la larga caminata, Jairo con un pantalón corto tipo militar y una camiseta sin mangas, yo por mi parte, con una camiseta de tirantes y leggins negros, cargados con dos mochilas, una más pesada, que nos intercambiamos varias veces y otra más pequeña en la que llevábamos la comida y demás...
La ruta era muy bonita, estábamos disfrutando del día, pero los últimos kilómetros fueron los peores, el cansancio sumado al peso de la mochila se hizo eterno, llegamos, Jairo montó la tienda y cenamos mientras el sol se escondía.
Por el camino pensaba lo mucho que me apetecía llegar, y para mi, que no he acampado nunca, era algo especial. La verdad esque había pensado en una noche de sexo, bajo las estrellas y pudiendo gemir y gritar al aire libre sin que nadie me escuchara. Pero no fue así, el cansancio hizo mella en nosotros y no quedamos dormidos.
Al día siguiente, salió un día muy caluroso. El paisaje era precioso, pero como solo teníamos ese día, recogimos y comenzamos a bajar hasta la estación otra vez. El camino se hizo mucho más cómodo, ya no había que subir fuertes pendientes, solamente caminar disfrutando del paisaje. Jairo seguía con la misma ropa del día anterior y yo me había cambiado los leggins por unos shorts muy cortos, para aprovechar el sol que podían recoger mis piernas.
Así pasamos el día, el cual, llegamos bastante antes a la estación y estuvimos haciendo turismo por ese lugar tan pintoresco.
Nos dirigimos a la estación, para hacer tiempo a que llegara el tren. Aquél lugar estaba desierto, solamente una pareja de mi edad aproximadamente se daba el lote a dos bancos del nuestro.
Jairo y yo charlábamos de las cosas que habíamos visto durante el día, pero yo de reojo me percataba de que la pareja que estaba cerca nuestra, se estaba calentando. La chica se había puesto encima de el, abrazándolo con sus piernas, y sin parar de besarse, hacia unos movimientos bastante disimulados, restregandose. Yo comenzaba a sentir ese cosquilleo tan característico entre mis piernas y corté a Jairo lo que estaba contando para besarlo apasionadamente, cosa que me correspondió gustoso hasta que llegó el tren.
Subimos, buscamos nuestros asientos y nos sentamos mientras yo intentaba seguir besándolo. Al rato el se acomodó, se puso los cascos y empezó a ver algo en Twitch. Yo me quedé un poco aburrida, a la vez, algo caliente y no había llevado ningún libro ni nada para entretenerme. Mirando el móvil, sin saber bien que buscar, empecé a leer relatos en esta página. Recuerdo que leí varios que no causaron efecto en mi, hasta que llegó uno que si, que me recordó algo que me había sucedido a mi, y volví a notarme el puntillo ese de tener ganas de hacer algo.
En el tren viajaba bastante menos gente que el día anterior, justo en la misma fila, viajaba una chica que se había traído un cojín y ya estaba dormida. Terminé el relato y decidí probar suerte con Jairo. Me recosté en su hombro como intentado ver lo que estaba viendo en su teléfono y puse mi mano en su muslo. El me miró y volvió su mirada a su pantalla. Yo arrastre mi mano a su paquete y se lo agarré por encima de la ropa mientras lo miraba sonriente.
- que haces? Preguntó Jairo mientras giraba su cabeza hacia la chica dormida y después hacia mi.
Yo no contesté, sonreía y mordía mi labio inferior mientras apretaba más mi mano hacia el acariciándolo.
- aquí no podemos nena. Sentenció mientras apartaba mi mano.
Yo dejé caer mi espalda en el asiento resignada, el se volvió a colocar el casco que se le había caído del movimiento y volvió a su pantalla. Volví a mirar el móvil, está vez la galería, donde una de las últimas fotos, a parte de las del viaje, era una que estaba en el baño de casa, probandome un mini tanguita que me había comprado y el no había visto. En la foto no se me veía la cara, solamente los pechos y la tanguita. Decidí enviarle la foto al wassap, no tardó en recibirla, abrirla y mirarme fijamente medio sonriente. Volvió a mirar a la chica dormida y su mano se posó en mis piernas, dándome palmaditas en la parte interior.
- te ha gustado? Pregunté en referencia a la foto mientras lo guiñaba un ojo.
- me ha encantado, contestó mientras acercaba su cabeza a la mía.
Nos besamos tiernamente, cosa que me hizo calentarme aún más y agarrado su muñeca, la arrastré entre mis piernas, necesitaba que me tocara. El paró y saco su mano, y dándome unos besos más pronunciados se volvió a acomodar en su asiento. Yo directamente me recosté de nuevo en el y mi mano volvió a su paquete, está vez más crecido y seguí un rato acariciándolo.
- no vas a parar no? Preguntó con voz interesante.
Yo negué con mi cabeza lentamente, mirando de reojo a la chica.
- aquí no podemos, hay gente, pero cuando lleguemos a casa te vas a enterar, dijo Jairo amenazante.
- Quiero ahora, dije con cara de pena y ojitos de gata.
- anda!!! Contestó entre risas.
Se estiró hasta la mochila pequeña que teníamos en el suelo y saco una bolsa en la que había algunas chocolatinas y chuches.
- quieres algo de comer? Preguntó Jairo mientras rebuscaba en la bolsa.
Yo sonriente me acerqué a su oreja y agarrando de nuevo su paquete con la mano le susurré que si.
- que quieres, dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
- quiero comer de esto, dije rodeando su miembro por encima de la ropa.
He de decir, que en nuestra relación no hacíamos mucho sexo oral, no porque no me gustara, si no porque, el era algo egoísta en ese sentido. Mis palabras parece que le animaron.
- eso es lo que quieres? Preguntó con una voz más sensual mientras giraba su cara para besarme.
Yo afirmaba con mi cabeza mientras sacaba mi lengua y la pasaba por sus labios. El que el se estuviera poniendo a tono, hizo que notará ya humedad entre mis piernas, me daba igual que estuviéramos en un tren, y a la vez, me ponía demasiado que alguien pudiera vernos. Intenté bajar su cremallera con mi mano torpemente.
- para para, aquí no, espera, me pidió Jairo casi suplicando.
- me apetece mucho, dije poniendo cara de desesperada y con voz muy melosa.
- vamos al baño, vale? Insinuó mirándome.
Yo asentí y me levanté rápidamente, el hizo lo mismo, intentado colocarse para disimular su erección. Cogimos las mochilas como si nos fuéramos a bajar del tren, pero no había ninguna parada. Recorrimos el pasillo dos vagones, hasta llegar al aseo. En ese momento se me pasó por la cabeza que llevábamos dos días sin ducharnos, pero tenía tantas ganas que no me importaba nada. Abrimos la puerta del aseo, pero fue una decepción, allí no cabíamos y menos con las mochilas, a parte que estaba bastante sucio.
Decidimos recorrer el tren por si había algún vagón sin gente, y llegamos hasta el del final del todo sin suerte. En ese vagón había una pareja joven mirando una película en una tablet, compartiendo cascos y una señora mayor con una revista. Nos dirigimos a los últimos asientos, ya que había medio vagón entre nosotros y la mujer. Nos sentamos y nos miramos como dándonos mutuamente la aprobacion. La verdad esque habíamos pasado bastante inadvertidos. Había una puerta en la cola del tren, pero comentamos, que seguramente estaría vacia ya que el conductor y el revisor estaban delante.
No me lo pensé, hábilmente, desabroché a Jairo a la primera el botón de su pantalón mientras pasaba la lengua por mis labios. El se ve que tenía bastantes ganas, porque rápidamente me ayudó bajando su cremallera y de una se la sacó bajando sus calzones hasta debajo de sus huevos. Y como si se fuera a acabar el mundo, rápidamente la rodeé con mi mano y empecé a pajearlo lentamente.
Tenía buena polla, no muy ancha, pero bastante larga, con bastante pellejo y totalmente depilada, cosa que me gustaba.
Hacia bastante que no hacía sexo oral por lo que os comenté antes, pero me moría por metermela en la boca, y el, lo estaba deseando.
Sin casi espacio, y sin dejar de pajearlo, puse una rodilla en el asiento, y la otra pierna apoyada en el suelo. Mi culo literalmente pegado a la ventanilla y me arqueé como pude para de una, llevar su capullo casi a mi garganta, para sacarla poco a poco apretando con mis labios, metiendo mi lengua entre su piel y su capullo. La notaba bastante babosa, algo pegajosa más bien, y con un sabor más fuerte que otras veces, pero la estaba disfrutando como una niña a un helado.
Paraba para mirarlo, para saber que lo estaba disfrutando y seguía mamando. Mi mano intentaba llegar para tocarme yo, pero en esa posición era imposible. Estuve un rato sin parar de hacérselo, escuchaba sus gemidos muy bajito hasta que paré y me incorporé.
- te gusta? Pregunté sabiendo la respuesta.
- nadie lo hace como tú, amor. Contestó con verdadera cara de placer.
- yo también quiero, dije mientras desabrochaba el cordón de mis shorts.
- estás muy cachonda eh? Preguntó mientras metía su mano por debajo de mi ropa interior.
Yo, sin dejarlo parar, levanté mi trasero bajándome las dos prendas hasta las rodillas y abrí mis piernas. El por su parte y dándome una palmaditas cariñosas en el clítoris, me metió hasta donde pudo su dedo corazón y comenzó a moverlo rápidamente dentro de mí.
Joder, que ganas tenía, apoyé mi cabeza en el asiento y mordiendo mi labio, miraba al techo del tren intentado contener mis gemidos, cosa que me costaba bastante.
Jairo escuchó un ruido y rápidamente se apartó de mi asomando su cabeza por encima de los asientos. Me hizo un gesto con un dedo en su boca de silencio.
- estás haciendo mucho ruido, susurró mirándome
Yo le sonreí pícaramente, y levantando mi pie me quité de una pierna el pantalocito y el tanga, arrastré mi trasero hasta el borde del asiento.
- follame, susurré casi sin sonido.
- que no podemos aquí, dijo devolviendo el susurro.
- que si, ven. Volví a susurrar mientras movía mis caderas arriba y abajo.
Al ver que a Jairo no le parecía buena idea, me puse en pie y me puse de espaldas a él, abrazándome a su asiento de adelante con un brazo, dejé caer lentamente mi culo hacia el. Con mi otra mano se la agarré para llevarla hacia mi.
Levantándose un poco el, me penetró sin difícultad, ya que estaba súper lubricada. Bajé mi culo hasta el fondo, pudiendo notar como entraba en mi. Puse mis dos manos encima del respaldo delantero y comencé a subir y bajar, haciendo fuerza con mis piernas, disfrutando del momento.
Desde esa posición veía el vagón entero. A la pareja no porque estaba recostada, pero si la parte superior del pelo de la mujer. Esa sensación de estar follando, con gente que en cualquier momento se puede levantar y pillarnos, o incluso solo oírnos, hizo que no tardara en llegar mi orgasmo, dejándome caer encima de Jairo y disimulando un gemido que era muy evidente.
Me quedé unos segundos así, pero me levanté rápidamente poniendo mi ropa, para arrodillarme en el suelo y terminar a mi chico, cosa que hice cómo si fuera una pornostar, sacando mi lengua mirándolo, metiendo su polla y sacándola lascivamente. El me hizo un gesto anunciando que iba a llegar. La rodeé con mi mano y la pajeé rápidamente, llevando a la vez mi lengua a su capullo. Me volvió a anunciar que era inminente, así que abracé con mis labios su capullo y noté como se vaciaba en mi boca. Fue una corrida bastante abundante, incluso se me salía por la comisura de mis labios. Empecé a succionar y a pasar mi lengua, limpiando todo su glande mientras tragaba su esperma. No sólo era la primera vez que me lo tragaba con el, si no que también era la primera vez que acababa en mi boca. Pasados unos momentos, la saqué fuera repasando con la punta de mi lengua y me limpié los labios con mi mano.
Jairo se incorporó para colocarse la ropa y yo me senté, aún saboreando sus fluidos.
- joder reina, a sido una pasada, exclamó aún con la respiración entrecortada.
Yo lo miré sonriente, la verdad esque si había sido una pasada, en ese momento comencé a ser consciente de que estábamos en el tren, que no nos habíamos duchado después de hacer muchos kilómetros a pie, y que me había tragado como una cerda, todos los fluidos de mi novio por primera vez. Decidí ir al baño para lavarme un poco y colocarme los pelos antes de llegar a la estación. Al volver, la mujer que iba sola se me quedó mirando con cara de desaprobación, cosa que me causó un escalofrío, mientras pensaba si se había dado cuenta.
Llegamos a la estación para irnos después a casa, donde volvimos a follar en la ducha, donde ya sin cortarnos, me puso de cara a la pared, penetrandome salvajemente y acabando dentro de mi.
Nuestra relación duró poco más, el, empezó a sentirse celoso por todo y ser bastante controlador, haciendo de mi como algo de su propiedad. Yo podía ser súper sumisa, pero solo en la cama, y no siempre. Los demás aspectos de mi vida, me gustan controlarlos yo.
Espero que os haya gustado, en breve empezaré con el relato que tenía en mente.
Un beso a tod@s.
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