Xtories
Sadomasofeb 2024

La joven viuda 1

El mensaje era brutal, sin tacto ni piedad. Pero para Sofía, recién viuda y vacía, esa crudeza era el único antídoto contra el dolor. Esa noche, dejó de ser una persona para convertirse en propiedad.

jtm111115K vistas9.5· 8 votos

“Busco joven sumisa sin experiencia para convertirla en esclava de nuestra casa. Desde el mismo momento en que fuese aceptada tanto su cuerpo como su mente dejarían de ser suyos, dejaría de ser una persona para convertirse en un simple objeto para ser usado tanto por personas como animales como se les antoje”

El mensaje llevaba 9 meses publicado cuando Sofía lo leyó por primera vez. No había comentarios ni respuestas.

Lo entendió perfectamente. El mensaje era bruto, tosco, sin nada de tacto. Pero de alguna forma retorcida en su interior sentía que eso era precisamente lo que estaba buscando.

“Hola, me llamo Sofia. Tengo 25 años y tal y como pide no tengo ninguna experiencia en estos temas. Estoy dispuesta a servirle, obedecerle y complacerle, a estar a sus pies.”

Adjunto tres fotos suyas. En la primera estaba envuelta en un precioso vestido rojo rematado con unos tacones negros. En la segunda estaba desnuda, mostrando sin censura su cara, su pecho y su coño. La tercera era de toda la parte posterior de su cuerpo, desnudo también.

Cuando mandó el mensaje la ansiedad se apoderó de ella. No sabía cuántas horas, días o meses tardaría en responder. Ni siquiera sabía si lo haría alguna vez.

La respuesta llegó esa misma noche.

“Me gusta lo que leo y aún más lo que veo. No voy a preguntarte tus motivos, pero sí necesito saber que estás preparada de verdad. Haz una videollamada a este número, mañana a las 0 h, estando desnuda. La gracia está en que te daré órdenes, pero tú no sabrás cuánta gente habrá viéndote. Disfruta de tus últimas horas de libertad”

Sofia sólo tenía una única cosa que hacer antes de dejar toda su vida atrás, visitar la tumba de su marido y de su hijo.

A las doce en punto llamó al número desconocido tal y como vino al mundo.

Se encontraba nerviosa. La pantalla aparecía en negro y no saber cuanta gente la estaba viendo la creaba ansiedad.

“Busca un lápiz labial y escribete PROPIEDAD DEL CUCO en tu vientre”

Se trataba de la primera humillación real que iba a sufrir y debía provocarsela ella misma.

No necesitaba buscar mucho porque sabía exactamente dónde estaba. Cogió su pintalabios favorito, uno rojo, lo presionó contra su cuerpo y comenzó a escribirse.

“Pronto te tatuaremos, pero por el momento así vale. Ahora ponte unos tacones, contra más altos mejor, alguna bata corta y sal a la calle solo con el móvil y las llaves en el bolso”

Sofía tenía unos tacones de aguja que jamás había utilizado. En cuanto a la bata tenía una de seda blanca de medio muslo que solo había usado un par de veces ante su marido. Cogió el bolso más pequeño que tenía.

Salió al rellano muerta de la vergüenza y se dirigió al ascensor.

Antes de que se cerrará la puerta fue detenida por la mano de un hombre.

Se trataba de un hombre mayor acompañado de su perro que estaban bajando la basura.

El hombre, con el que apenas había intercambiado algún saludo esporádico, la miró de arriba abajo con desaprobación y luego se dedicó a mirar a la puerta.

“Fóllatelos a los dos”

Sofía no podía dar crédito al mensaje que acababa de llegar.

El ascensor llegó a su destino y el hombre instó a su perro a salir.

Sofía se quedó quieta.

“Follátelos a los dos, por cualquier agujero que ellos deseen”

Fue como recibir un latigazo.

Comenzó a caminar por el portal del edificio.

— Perdone… ¿Puede… follarme?

No sabía de dónde había sacado fuerzas para decirlo.

El hombre se había parado ante la pregunta de la mujer.

Esta dio unos pasos más en su dirección.

— Necesitó que me folle.

— Disculpa Sofia, sé que este año lo has pasado mal debido a la tragedia que has sufrido, pero esto es… demasiado.

Sofía se había abierto la bata, dejando ver su coño.

Paco no aguantó más. Buscó con la mirada algún lugar tranquilo, agarró de la mano a la chica que tenía delante y se la llevó al garaje, al pasillo donde estaban los trasteros, donde la pareja y el perro se quedaron a solas.

Encendió la luz interior y observó de nuevo a la mujer.

— ¿Estás segura?

Sofía se quitó la bata revelando por primera vez a un semidesconocido su nueva condición.

— Puedes usar el agujero que quieras.

Paco comprendió que estaba ante el polvo más sucio y guarro que echaría en su vida.

Le pidió que se pusiera de rodillas.

Paco no era alto ni guapo, apenas tenía pelo, sus dientes daban asco y apenas le quedaban pelos en la cabeza.

Pero en cambió sí que tenía una buena polla.

Tenía una erección monstruosa cuando la colocó delante de la boca de Sofía.

Agarró su cabeza con ambas manos y le metió la polla hasta la garganta.

Comenzó a follarse su boca con toda la furia del mundo.

Follarse sin contemplaciones la boca de una belleza era una de sus grandes fantasías sexuales.

Se trataba de una follada brutal en la que Sofía sintió lo que era ser utilizada por primera vez en su vida.

Apenas lograba respirar mientras esa cosa no hacía más que entrar y salir de ella.

La follada terminó con toda su cara inundada de semen. Chorros y más chorros salieron disparados de la polla de Paco e impactaron directamente sobre su hermoso rostro.

“No te limpies. Ni se te ocurra limpiarte”

Quedaba Damian.

A estás alturas Paco comprendía que la mujer o la cosa que tenía delante era lo último en la escala jerárquica, que cualquier ser con polla podía utilizarla a su antojo.

Por eso le ordenó que se pusiera a cuatro patas.

Por eso colocó a su gran dogo detrás de ella.

Y por eso presenció en directo por primera vez un acto de zoofilia.

Sí, tras oler las partes más íntimas de la hembra presente, el animal se montó encima y comenzó a follarla duro.

Presenció como 80 kilos de puro músculo se movían y presionaban sin cesar contra ella.

Fue testigo directo de como la bola de su dogo entraba en una hembra humana y como ambos quedaban enganchados durante largos minutos.

El semen del dogo comenzó a escurrir por los muslos de la hembra.

Tras finalizar, solo quedaba una cosa por hacer.

Mear.

Agarró el cabello de una agotada Sofía para levantar su cabeza e introdujo su polla en su boca.

Y comenzó a mear.

Y en contra de todas sus expectativas, su vecina se la tragó enterita, como si estuviera sedienta.

Arrojó violentamente la cabeza a un lado y caminó hasta situarse al lado de su perro.

— También la suya.

— Sí, amo.

Sofía se acercó a ellos caminando a cuatro patas. Y se tumbó en el suelo con la boca abierta.

Paco cogió el collar de Damian y lo colocó justo encima de la cabeza de la hembra.

Le ordenó mear.

La meada no tardó en bañar su cara, su pelo e inundar su boca.

Paco recogió la bata del suelo y la arrojó fuera del trastero.

— No quiero volver a verte.

Sí, se fueron, se largaron de su vista mientras Sofía recogía la única prenda con la que tenía permitido tapar su cuerpo.

El móvil no tenía ningún mensaje nuevo.

— Amo, ¿Qué debo hacer ahora?

El teléfono seguía sin contestar.

— ¿Amo?

“Tu amo es ese que se acaba de ir”

Sofía no entendía qué estaba leyendo.

“Seré un sádico, pero no soy un violador. Acabas de entregarte a él en cuerpo y mente y solo serás feliz a su lado. Así que síguelo”

— Él no me quiere.

Y la videollamada se cortó.

Sofía aún estaba confundida.

Comenzó a caminar sin rumbo.

No, sin rumbo no.

Sin darse cuenta se encaminaba hacía los contenedores de basura porque recordó que su amo la estaba bajando.

Y efectivamente allí estaba.

Se arrodilló en mitad del callejón, con las piernas abiertas, las manos a la espalda y la cabeza agachada.

Paco se acercó a ella, levantó su cabeza y le escupió en la cara.

Ella no intentó limpiarse.

Se sentó delante de ella y le abrió la bata.

Sacó una toallita húmeda y comenzó a limpiar su vientre.

A continuación un rotulador negro y gordo para poder escribir CERDA DE PACO.

Lejos de estar molesta o irritada, Sofía estaba feliz de la vida. Para hacer todo esto, su amo tenía que haber subido a su casa sabiendo que ella vendría.

— Tápate y siguenos.

Para su completa y absoluta sorpresa, no le importaban los comentarios y las risas de las pocas personas con las que se iba encontrando.

Su amo le llevó hasta una casa de tatuajes abierta las 24 h del día.

— Buenas, quiero tatuar a mi esclava “Completamente entregada a los deseos de mi amo y señor” aquí, en su nuca.

El tatuador era un profesional que ya había visto de todo. Aún así tuvo que tirar de toda su experiencia para aguantar que una chica tan joven y guapa fuera la esclava de ese hombre.

Sofía se retiró el pelo para que el profesional pudiera examinarla.

Sintió como pasaba las yemas de sus dedos por su delicada piel.

— ¿Cómo lo quiere de grande?

— Algo discreto y elegante, pero visible siempre y cuando se retire el pelo. Y que esté por encima de la línea de la ropa.

— No será difícil ni largo. Pero no puedo decir nada sobre el dolor.

— No se preocupe por eso, esta chica aguanta mucho.

Tras sentarse y ofrecer su nuca, el profesional comenzó a trabajar. Tal y como prometió no fue largo, ni tampoco excesivamente doloroso.

Cuando terminó Sofía lucía un tatuaje muy bonito, pero que la marcaba de forma permanente como una esclava sexual.

Le mostraron como no se veía con el pelo suelto, pero en cuanto se retiraba o cambiara de peinado, resultaba completamente visible.

— Ahora me gustaría ver algún diseño para las manos. ¿Alguna sugerencia?

— ¿Para una esclava? Un código de barras y su sello personal en la otra en el dorso de la mano. De esta forma siempre tiene visible que es un objeto y a quien pertenece. Se puede hacer mañana y pasado mañana.

— Me gusta. Y para las piernas algo con el mismo texto o parecidos, pero en árabe, ruso, japonés o algo así.

— Eso ya es más largo y complicado. Hay que preparar bocetos y demás. Para empezar, voy a tomar unas medidas.

Sin decir nada más, el tatuador comenzó a medir las piernas de Sofía, desde la cadera hasta el pie.

Tomó también algunas fotos.

Le ordenaron abrirse de piernas para que mostrará la cara interna de sus muslos y su coño, para futuros bocetos y tatuajes.

El tatuador no la tocó, pero sí que realizó más fotos.

— Conozco a un profesional que anilla los pezones y las vaginas, por si le interesa.

— Deme su número.

Para terminar la sesión, la ordenaron que se masturbara para ellos.

Sofía nunca había realizado este acto tan privado delante de nadie, ni siquiera de su marido.

Le dio muchísima vergüenza bajar sus dedos a sus labios y comenzar a frotar.

Pero una vez que el placer se fue adueñando de ella, no pudo parar de hacerlo hasta que se corrió ahí mismo.

— Debería entrenarla para que corra solo cuando tenga su permiso. Solo mira como lo ha puesto todo.

Sofía fue obligada a limpiar el suelo de rodillas usando la bata que llevaba puesta.

Y llegó la primera gran corrida sobre su cabello.

Chorros y más chorros de semen salían impulsados de la polla del tatuador para caer directamente sobre su pelo.

Su amo no le permitió limpiarse, solo vestirse, o taparse, y dar las gracias por haber sido usada.

Sofía salió cambiada de la tienda del tatuador, aún más que del trastero. Podía notarlo en su interior.

Antes sí, se había entregado hasta el extremo, hasta el punto de que se había bebido la meada de un perro, pero podría deberse a la calentura del momento.

Ahora ya no había excusas.

Se tocó de nuevo la nuca.

No podía verlo pero ahí estaba, la marca permanente que le recordaba que era, en lo que se había convertido.

Y habría más. Muchos más.

Todo eso la excitaba y asustaba a partes iguales.

Estaban volviendo al piso, ya que era noche cerrada.

Cuando llegaron, su amo le ordenó ponerse a cuatro patas. A continuación le colocó un collar en el cuello y le hizo andar por el piso.

Puso en el suelo un bolt que llenó con un saco de comida para perros.

Sofía tardó un mundo en comprender que eso era para ella.

Sí, su amo le había puesto a comer en el suelo, al lado del perro, lo mismo que al perro.

El miedo a decepcionar a su amo pudo más que el asco que sentía. Metió su carita dentro del bolt y se llenó la boca.

El pienso estaba demasiado duro. Incluso después de masticarlo durante un tiempo seguía sin poder tragarlo.

Así que lo escupió de nuevo al bolt y miro suplicando piedad a su amo.

— No te vas a mover de aquí hasta que lo termines.

Sofía dio un bocado más pequeño esta vez y comenzó a masticar.

Se dio cuenta de que tenía que bañarlo en saliva para poder ablandarlo.

Bocado a bocado, Sofía se fue acabando completamente el bolt que tenía delante.

Y terminó increíblemente satisfecha de sí misma.

— Muy bien, perrita, muy bien. Ahora ven, que voy a dar tu recompensa.

Su amo la llevó a cuatro patas hasta donde ya descansaba el gran dogo. Porque su recompensa era ser follada de nuevo por él mientras su amo contemplaba tranquilamente el espectáculo.