Xtories

La esposa del cornudo (XV): Al fin, la decisión

Luis no solo quiere a mi esposa en la cama; quiere que yo sea testigo, cómplice y garante de su sumisión. Ahora me pide que la convenza de ir a Madrid, y mientras ella duda, mi propia excitación me delata: no quiero detenerla, quiero que se pierda.

MaestrodeJazz10K vistas8.9· 16 votos

La mañana había sido tranquila en el restaurante aunque yo seguía recordando todo lo ocurrido en el día anterior. No puedo esconder lo morboso que me había resultado pero no era capaz de decidir qué era realmente lo más trascendente o lo más excitante de lo que había vivido. Y aún menos de adivinar todas sus consecuencias.

El hecho de haber llevado a Sole hasta el hotel donde iba a reunirse con su amante, y haber podido verlos allí por primera vez en alguno de sus calientes momentos en directo, suponía para mí un cambio innegable, algo que tenía vetado hasta ahora pero que yo llevaba mucho tiempo deseando.

Desde el principio toda la relación surgida entre mi esposa y mi jefe parecía consentida por mí, y realmente lo era, en gran medida casi promovida por mí mismo. Pero haber podido verlo ahora, aunque fuera parcialmente o solamente oírlo, hizo explotar mi mente y llenarse de deseos obsesivos y sentirme cornudo como nunca antes.

A eso se unía el hecho de que, la noche anterior, Sole me había leído el caliente correo que acababa de enviarle Luis, con los jugosos secretos que ahí se me desvelaron, lo que había sido algo extremadamente morboso y que había ocasionado placenteras consecuencias.

Contra todo pronóstico, Sole y yo nos entregamos a follar como poseídos, hasta terminar en un orgasmo brutal para los dos, si bien yo no podía decidir en quien había estado pensando realmente mi esposa en ese momento pues sus palabras nombraron a algunos de sus anteriores amantes.

Mientras reflexionaba sobre todo esto, y ya a media mañana en el restaurante, vi a Luis acercarse a Sole, que en ese momento ordenaba las mesas del vacío salón. Yo llenaba los frigoríficos y a la vez atendía en la barra a los pocos clientes, algunos casi fijos, que suelen aparecer a esa hora.

Cualquiera que hubiese observado, aunque fuera sin demasiada atención, habría comprobado que hoy había una evidente tirantez en la charla entre ambos. Unos minutos más tarde, ambos se dirigieron al despacho de Luís para continuar allí con menos testigos.

Ese era el despacho donde todo había comenzado entre ellos y donde, con todas las limitaciones de tiempo y de lugar de un lugar como ese, yo era conocedor de que se seguían encontrando desde hace más de dos años y casi a diario.

Yo no solía presenciar este tipo de interacciones en el restaurante entre mi jefe y mi esposa pues los horarios de trabajo de Sole y mío no suelen coincidir demasiado. Ella hace generalmente el turno de mañana y yo el de tarde, excepto los fines de semana, momento de mayor actividad en toda la hostelería y que es cuando trabajamos los dos.

Esta diferencia de horarios nos ha permitido durante todos estos años atender a nuestros hijos, también con la ayuda de mi suegra. Pero a la vez me ha impedido estar más cerca de Luís y mi esposa en los momentos cotidianos en los que sé que ellos se encuentran.

Hay que hablar aparte de los encuentros semanales más intensos que comparten cada lunes en el mismo hotel donde, como ayer, quedan para follar porque en el restaurante es obviamente muy difícil hacer eso con cierta comodidad. En ambos casos, yo nunca estoy delante y me debo conformar con lo que Sole me cuenta después en casa, que no siempre es bastante para lo que yo quisiera.

Pero de modo excepcional, hoy he debido doblar turno porque a última hora ha faltado un compañero y no había nadie más para sustituirlo. La tentación para acercarme a la puerta del despacho a espiarlos ha sido grande y he sucumbido enseguida al deseo morboso de escuchar.

Tras pegar la oreja a la puerta, mi decepción ha sido grande pues en vez de oír lo que esperaba o casi deseaba, me di cuenta enseguida de que ambos seguían discutiendo. Como el riesgo de que me descubrieran era grande, volví a mi puesto de trabajo.

Cuando ambos salieron, vi claramente la tensión en sus caras. Intenté que Sole me contara algo de lo que les había hecho discutir pero enseguida quedó claro que debía esperar a la noche y a lo que ella luego me quisiera contar.

Pero, aprovechando que yo había ido al almacén a por un barril de cerveza que había que cambiar, fue Luis quien me siguió. En cuanto estuvimos solos, fue bastante directo y, sin esperarlo, yo pude conocer enseguida la razón de ese aparente desencuentro entre ambos.

- Andrés, mira… seguro que Sole te ha contado ya lo de Madrid… Espero que estés al tanto de mi idea de irnos los dos a pasar un fin de semana… ¿Tú tienes problema…?

Yo me quedé petrificado pero Luís siguió hablando.

- Te lo digo claramente, Andrés, y espero tu respuesta porque Sole no se termina de aclarar y tampoco me da razones convincentes para no aceptar…

Era la primera vez en que Luís me consultaba algo sobre un tema que afectaba directamente al “affaire” que mantenía con mi esposa. Por mucho que yo fuera conocedor y lo consintiera todo, Sole nos había prohibido expresamente tener ninguna clase de contacto entre nosotros sobre este asunto.

Pero esta vez, Luís estaba tan decidido que parecía dispuesto a pasar por alto esa prohibición. El propio contenido de su pregunta y la naturalidad con la que me la planteó, casi como si se tratara de un cambio de turno, hizo que yo tardara en hablar y que dudara en mi respuesta.

- Esto, Luis, yo… a ver cómo te explico… no es que yo tenga o no tenga problema pero…

- Puedes hablarme con sinceridad, Andrés. Yo seré muy discreto con lo que me digas, desde luego… Y tú también debes serlo. Pero por una vez, creo que tenemos que hablar, aunque quizás para ti no resulte fácil…

- A ver, Luis… Si lo que me preguntas es si yo soy la causa de que ella no acepte ir contigo a Madrid… bueno, en eso… yo puedo opinar muy poco… y bueno… es que… tampoco me opongo… Pero es la voluntad de Sole y es su libertad… -me sorprendí a mí mismo confesándome con el amante de Sole sobre mis más ocultos sentimientos.

- Eso pensaba yo, Andrés… pero tampoco quería propasarme contigo, y que te molestara que yo tomara esa iniciativa. No sé si me equivoco pero después de lo de ayer por la mañana… que llevaras a Sole al hotel, cosa que te agradezco… -hizo una pausa como si quisiera pensar bien lo siguiente que iba a decir pero enseguida lo soltó -Lejos de molestarte que yo foll… eh… vaya, que me acueste con tu mujer… creo que a ti... eso también te puede gustar…

No respondí pero el hecho de que yo bajara la mirada, y no osara replicar, era prueba de que aceptaba la clarísima radiografía de cornudo que Luís acababa de hacerme.

- Entiende, Andrés, que yo no habría llegado hasta aquí sin que Sole directamente haya ido aceptando… supongo que tú también lo sabrías y aceptarías de algún modo por detrás… No niego que al rincipio insistí mucho en mis insinuaciones para tener sexo con ella, la verdad. Pero nunca la he forzado… no se me ocurriría…

Ahora Luís no decía del todo la verdad hablando así, casi dando a entender que había sido mi mujer la que se había echado en sus brazos cuando había primado sobre todo su recurrente insistencia y algunas circunstancias laborales que jugaban a su favor. Pero también era cierto que Sole, y también yo mismo que siempre lo he sabido todo, habríamos podido pararlo en cualquier momento.

Si esta relación entre ambos empezó, y si hemos llegado hasta aquí es porque en gran parte él, casi abusando de su evidente posición como nuestro jefe, no paró de proponerselo hasta conseguir tener sexo con mi esposa. Insistiendo, exigiendo y tirando cada vez más fuerte, como estaba haciendo ahora, para conseguir que Sole aceptara este viaje de los dos a Madrid. Yo seguía en silencio y él se seguía explicando.

- De verdad que os respeto a los dos, Andrés. Y no te lo digo por decir, no me gustaría haceros daño… Oye, pero si lo que hacemos nos gusta… a los tres…

Luís estaba dando en el clavo pero yo no podía darle la razón y preferí seguir en silencio.

-…que eso es lo que creo… que nos va bien a los tres… que después de dos años con la discreción que todos hemos tenido… yo creo que esto es perfectamente compatible… oye, y no nos da problemas ni siquiera con el trabajo…

Luís no podía ser más claro pero, aparte de la interna excitación que esta charla me estaba provocando, yo seguía bastante bloqueado, oyéndole pero casi sin pronunciar palabra.

-… tampoco tenemos que dejar de hacerlo… ¿no crees, Andrés? Yo nunca he pretendido separarte de Sole aunque sí que aspiro a pasarlo bien con ella… eso te lo digo claramente…

No digo que yo estuviese muy cómodo en esta charla forzada en el almacén con el amante de mi mujer, pero la claridad con la que había planteado las cosas me exigía intervenir para dar mi opinión…

- Verás, Luís… Para mí, sobre esta cuestión todo lo decide Sole… y lo que ella decida está bien…

Seguí hablando pero solo con esta frase, a Luís se le dibujó una amplia sonrisa en la cara hasta que continué.

- Tampoco voy a engañarte, Luís… si yo le hubiera puesto objeciones, a lo mejor hace tiempo que ella habría desistido de lo que tiene contigo… o al menos eso es lo que ella me dice… que lo deja si yo se lo pido… Pero es que creo firmemente que yo no debo privarla de que ella pueda hacer lo que quiera con su cuerpo…

- Joder, no sabes la suerte que tengo de que los dos penséis así, Andrés, yo tampoco te voy a engañar… Por eso es que no entiendo que ella se niegue al viaje… Seguro que tú sabes que a ella… también le gustaría lo de Madrid… joder.

- Es que no sé porqué me cuentas esto, Luis. Sabes que Sole no quiere para nada que hablemos entre nosotros de… bueno… lo que haces con ella…

- Verás… A lo mejor me estoy pasando si te pido otro favor… no sé, Andrés… Pero he pensado que si a ti… bueno, hay hombres que les gusta que sus mujeres… eso del sexo abierto, joder… no me malinterpretes, no digo que tú seas uno de ellos… Pero no pasaría nada si lo fueras, eh. Es totalmente respetable.

Luís me estaba llamando cornudo casi en mi misma cara y yo seguía bastante bloqueado, sin poderle replicar demasiado. Pero también supe enseguida que esta charla a escondidas entre los dos podía convertirse en nuevas posibilidades para ambos.

- No entiendo lo del favor... Ya te digo que todo lo decide Sole…

- Pero si no te disgusta… que ella esté conmigo algunas veces… igual lo del viaje a Madrid no lo ves como una mala idea sino más bien al contrario… Se que no tengo derecho a pedirtelo, pero tú… podrías ayudarme…

Yo vigilaba la puerta del almacén porque quería evitar a toda costa que alguien pudiera vernos u oírnos, especialmente Sole. Fui consciente en ese momento que las insinuaciones tan claras de Luís sobre mi papel de marido consentidor, casi de cornudo colaborador, me habían provocado casi desde el principio una clara erección. Espero que Luís no se diera cuenta porque me habría muerto de vergüenza.

- Ayudarme a convencerla, ¿entiendes, Andrés? Eso es lo que te pido…

- ¿Convencer a Sole? Entiendo… yo… Luís… no sé si podré… ufff…

- Solo si tú crees que a ella podría gustarle, eh, Andrés… que yo creo que sí… por lo que ella me dice... pero luego no acaba de decidirse y decirme que sí…

La conversación se estaba prolongando y subiendo de tono, y mi erección no bajaba.

- Para nada se trata de forzarla a hacer algo que no quiera… Y casi te diría, y mira, te lo digo sin casi, que tú también tienes que estar de acuerdo en esto, joder…

Yo empezaba a estar incómodo por mi inesperada erección y por el riesgo de ser vistos por Sole. Pero no podía negarme a mí mismo lo excitado que estaba y la reacción que esta charla me estaba provocando.

- Luís… ni una palabra de esto a Sole, eso lo primero. Y de lo otro, ayudarte a convencerla, no te prometo nada… Pero si veo que ella quiere… déjame pensarlo.

- Gracias, Andrés, sabía que lo entenderías… y esto… aunque Sole no quiera que habláramos sobre ella… un día u otro nosotros teníamos que hacerlo. Joder, que yo se que a la que me foll… vaya, que con la que me acuesto algunos días es con tu mujer, y los tres nos vemos a diario…

No podía quedar más claro lo bien que Luís se lo estaba pasando en los encuentros sexuales con mi esposa y las enormes ganas que tenía de que no se interrumpieran y de mejorarlo, haciendo ese viaje a Madrid.

Pero, joder, al hablarme con tanta claridad, me había confirmado todo lo que pensaba de mí, que yo tampoco podía esperar que fuera diferente. Y empezaba a obligarme a llevar ya siempre delante suya mi manifiesta y asumida condición de marido consentidor y cornudo.

Porque haber llevado ayer a mi mujer hasta el hotel para que se encontrara con él y, ahora, haber mantenido con naturalidad esta morbosa conversación con el que era el mante de mi esposa me había hecho subir a un nuevo nivel en la escala de cornudo. Acababa de equipararme de lleno con esos maridos que no solo miran para otro lado mientras su mujer se lo monta por su cuenta, sino que ya estaba en el grupo de los que son capaces de colaborar con el hombre que se folla a su esposa… para que lo siguiera haciendo.

No era la primera vez que me asaltaba esta reflexión sobre mi condición de consentidor cornudo pero, por jodido que resultase pensarlo, siempre lograba escaparme cuando no podía negarme que era eso, y precisamente eso, lo que más me excitaba. No había nada que cambiar.

Sea lo que fuere lo que ya había hecho para llegar hasta aquí, o lo que ahora y en el futuro yo tuviera que hacer, sabía que solo asumir mi vocación de cornudo sin complejos me permitiría avanzar hacia el cumplimiento de mi placentera y morbosa obsesión, que no era otra que ver a Sole como la pude ver ayer por la mañana con Luís.

Y si eso nos daba placer tanto a Sole como a mí, y de ninguna manera nos sentíamos viciosos y mucho menos indignos, estaba claro que era un camino muy poco usual para la mayoría de las parejas pero por el que nosotros podíamos y queríamos seguir.

No le había prometido nada a Luís pero, en mi fuero interno, estaba más que claro que sí que iba a ayudarle en lo posible para convencer a Sole para hacer ese viaje. Y que iba a intentar hablar de esto con mi esposa en la cama… como muy tarde esta misma noche.

Durante el descanso de la tarde, noté a Sole muy pegada a su teléfono, casi seguro que intercambiando mensajes con Luís. Y hasta le noté cierta seriedad, que ni siquiera le había desaparecido del todo cuando al fin nos acostamos. No parecía el mejor estado de ánimo posible, pero aun así intenté sacarle algo de conversación.

- Gracias, Sole, por todo lo de anoche… No había tenido tiempo de decírtelo pero después de lo de todo el día… ya sabes, el hotel y eso… fue excitante que me leyeras el correo de Luís… y terminar como terminamos… Pero ahora te noto preocupada…

- Yo también lo disfruté al hacerlo contigo, Andrés… bueno, como siempre… Quiero decir que me vino muy bien follar anoche aunque te dije que no tenía ganas… al principio.

- ¿Y eso?

- Ya escuchaste el correo anoche, joder... Luís insiste y requete-insiste con lo de Madrid y no para de presionarme y eso me tiene agobiada. También viste que te mencionó varias veces en su correo, cosa que sabes no me gusta que él haga, Andrés…

- Te entiendo, Sole… Yo es que de lo del viaje a Madrid no te puedo hablar, a menos que tú quieras. claro…

- Es que lo que me faltaba es que también empezaras tú a insistir… que sé que eres capaz… Así que ni se te ocurra intentar convencerme…

- Yo no me voy a meter, Sole, te lo prometo siempre te he dicho que es tu libertad y tu cuerpo… Pero tú ya sabes que por mí no hay problema… Por eso solo tienes que pensar realmente en lo que quieres tú…

- Joder, Andrés… -parecía contrariada como si hubiese preferido una respuesta más clara por mi parte.

- Sole, no te sientas mal, por dios. Habla conmigo de eso o de lo que quieras… pero solo si quieres hacerlo y piensas que te puede ayudar.

-…es que es difícil para mí hablar de esto… y precisamente contigo…

- Si me ves como tu marido, entiendo que sea difícil. Entonces imagina que solo soy tu amigo… y tu confidente también.

- ¿Amigo? Jajaja… ¿confidente también? Jajajajaja –por lo menos estaba consiguiendo que Sole dejara de tener cara de preocupada y empezara a reírse pero eso duró poco y enseguida cambió.

- No esperes que vas a sacarme conversación de este tema para que te cuente detalles de lo que queremos hacer, para que te calientes con eso y luego puedas pajearte.

- Sole, yo… -su respuesta cortante me dejó muy planchado.

- Mucho menos usar una charla sobre el viaje como excusa para que acabemos follando como anoche. Cuando hablamos de tus cuernos, eso no va a pasar porque sería como reforzar lo que te gusta.

- Mira, Sole, habrás tenido un día malo, o no querrás pensar en el viaje, o lo que quiera que sea que te tiene así de mosqueada, pero yo no te estaba obligando ni a hablar ni a nada.

- Es verdad, Andrés, perdona… No quise decir eso de los cuernos… Es que estoy nerviosa.

Su disculpa parecía sincera y nuestras manos se buscaron y se entrelazaron.

- Sole, por respetar nuestros gustos y aceptar lo que hacemos, no perdemos nada. Quiero que sepas que siempre me tienes disponible para hablar con total sinceridad, nada más.

- Suena bien lo de hablarte como mi confidente, Andrés… pero a ver si me sale… Al fin y al cabo siempre has estado a mi lado.

- Y sabes que siempre estaré contigo… Háblame como al principio, cuando empezaste con Luís y estabas tan liada pero me contabas todo lo que te pasaba.

-… entiende que todo esto me lo como casi sola… no puedo andar contándole esto mío con Luís ni a mi hermana ni a ninguna amiga… Y muchas veces tengo dudas, de verdad…

Yo solo la miré y callé, siempre ha sido la mejor forma de que ella me siguiera hablando.

-…como para que Luís quiera que nos vayamos ya, ya…, hala… porque es el jefe y él lo ha dicho… dentro de cuatro días nos vamos... así no puede ser… -parecía y estaba enojada y yo no podía luchar contra eso.

- Pues se lo dices y ya… Nadie va a obligarte, Sole… -le hablé con total sinceridad, que por muchas ganas que yo tuviera de que ambos hicieran ese viaje, el bienestar de mi esposa me importaba más.

- ¿Crees que no se lo he dicho, Andrés? Esta mañana en su despacho… hasta hemos discutido…

- Pues Luís juega con fuego si intenta obligarte. Así, el primero que no quiere que vayáis soy yo… aunque tú no tienes que tenerme en cuenta y siempre harás lo que quieras.

- Pero por otro lado… Andrés… está lo de nuestros juegos…

De nuevo su cara cambió; sin duda estaba llena de dudas. Cuando Sole hablaba de este modo, casi trascendente, sin duda tenía algo que decirme.

- Ya viste ayer la foto... lo rápido que estuviste tú para ver… las esposas… A veces… Luís me sujeta con esposas a la cama… y otras veces me ata…

La vi con voz algo temblorosa pero como si llevara tiempo con ese secreto y ya hubiera decidido contarme. Fue por eso que enseguida la abracé.

- Ya me dijiste ayer… Pero todo eso puede explicarse, Sole… Si tú vuelves… y vuelves cada lunes con él… y yo veo que cuando sales de casa camino del hotel vas excitada como estabas ayer… es porque tú también deseas hacerlo… de ese modo… es que a ti también te gusta… y solo con eso debería bastar…

Tras un breve silencio, Sole siguió.

- Sabes todo lo que me costó al principio… que si no es por ti yo estoy segura que enseguida yo hubiera terminando cortando a Luís y no habríamos llegado a nada importante a pesar de todas las circunstancias.

- Lo se bien, Sole, y me alegro de que los dos actuásemos del modo en que lo hicimos.

- Pero cuando pasaron los meses, y sobre todo cuando empezamos a foll… bueno, a ir al hotel… Andrés… enseguida… era más que follar.

Le costaba seguir y aunque yo no quería interrumpirla, intentaba ayudarla para que siguiera.

- Eso fue lo que te atrajo realmente, ¿verdad?

- Fueron muchas cosas… y aunque yo te contaba bastante, es cierto que algunas también me las guardaba… cada vez… Luís era más dominante en la cama…

Entiendo que las pausas de Sole eran necesarias pero compartir todo eso me había provocado una intensa erección. Aunque de momento yo podía sujetar bien mis manos y evitar tocarme, no lo podría hacer por mucho tiempo…

- Recuerdo que hasta decías que te recordaba a Carlos…

- Me cuesta mucho confesarlo… He dejado hace mucho tiempo de ser una chiquilla pazguata... pero no podía seguir negándome a mi misma que es eso lo que me excita… y con todas mis contradicciones, no puedo negar todo lo que eso me hacía disfrutar…

- Tenemos todo el derecho a sentir cada uno a nuestra manera. Yo sintiéndome cornudo… no tengo porqué explicarlo… porque a lo mejor tampoco se puede explicar… pero, si no lo hago, siento que es peor… Pues creo que lo mismo te pasa cuando estás en la cama sintiendo a un hombre fuerte… no solo como te folla... sino cómo te somete,… lo disfrutas y ya... para nada necesitas justificarte…

- Con hombres así claro que disfruto pero enseguida siento que me entrego demasiado, que soy casi incapaz de controlarlo… Andrés. mira cómo me viste anoche los pezones, joder… pues ayer no fui capaz de decirle a Luís que aflojara las pinzas o me las quitara directamente…

Las palabras de Sole parecían ciertas, había mucho descontrol en esas acciones que parecían para ellas imposibles de evitar. Era el mismo patrón de conducta que había vivido con Carlos. O las experiencias que me contó que tuvo con Fede, su profesor, y con su amiga Sandra, cuando acabaron el instituto y luego, en el viaje a Mallorca… Pero no podía hacer que se culpabilizara por haber vivido eso.

- No tienes que esconderte delante de mí por sentir así… ni sentir culpa por eso. No es algo que hayan vivido o vayan a vivir todas las mujeres, pero aun así me sigue pareciendo algo natural.

- Es difícil entenderlo pero ya has visto, Andrés… no te niego que me gusta... tanto... que hasta puedo obsesionarme con eso…

- Joder, Sole, no ves que es lo mismo que me pasa a mí. Pero no voy a darle explicaciones a nadie, bueno, a ti, solo a tí quizás sí… ¿De recién casados me habría gustado hacer tríos contigo y otro hombre para verte follando con él? Sabes que sí… ¿o cuando concerté una cita contigo y los dos brasileños del chat?… ¿o cada vez que te vas al hotel o estás con Luís?… sabes que todo eso me excita demasiado pero no me avergÚenzo y creo que lo puedo controlar.

Ahora era Sole la que seguía callada.

- No voy a publicar que disfruto al ser cornudo… pero ya está bien de sentir vergüenza… Todo lo que se sale de lo que dicen que es el comportamiento más normal no tiene porqué ser malo… No todo puede ser así, sino nunca habríamos salido de un tío sobre una tía, follando para procrear al estilo “misionero”…

- Pero hay cosas y cosas, Andrés…

- Claro que hay cosas, Sole, pero eso es cuando coaccionamos o violentamos a las personas para hacer lo que no quieren hacer… Sé que te ha costado entender muchas cosas de mí, como cuando me veías empalmado las primeras veces que me contabas cómo Luis te abría la blusa para magrearte las tetas en su despacho mientras tú no querías del todo eso y te quedabas bloqueada…

- Ahora parece una bobada a la vista de lo que hacemos pero entonces lo pasé regular…

- Ya lo hemos discutido muchas veces… Yo me empalmaba, y luego me pajeaba cuando estabas dormida, porque saber que había pasado eso que me contabas... me excitaba un montón... pero yo no os obligué a hacerlo... ni siquiera a que me lo contaras…

- ¿Pero Luís?

- No le des más vueltas. Luís lo intentaba porque le atraías muchísimo, como le sigues atrayendo ahora porque sabes que eres una bomba sexual. Pero tú misma dijiste que al final Luís siempre paraba cuando al fin te desbloqueabas y se lo pedías…

Sole me miraba atentamente y veía cómo ahora era yo quién llevaba el peso de esta sincera charla en la que ambos nos estábamos desnudando y compartiendo nuestros deseos.

- Sole… lo mismo es ahora con el viaje de Madrid. Él se muere de ganas de hacerlo contigo, y no te niego que yo también, joder, que te he dicho que no voy a esconderme. Pero eres tú la que tienes que desearlo de la misma manera, la que tiene que querer…

- Andrés, no voy a jurarte que me gusta acostarme con Luís y disfruto con todo lo que hacemos aunque luego algunas cosas me dé cosilla contarte como lo de las esposas o las pinzas…

- Siempre he tenido claro cuánto lo disfrutas ahora y es eso lo que me hace excitarme tanto cuando te imagino con él..

- Es que si no me gustara no lo estaría haciendo. Pero cada vez me convierto más en una especie de objeto sexual suyo… bueno, arrastrada por él y también por mis deseos…

- No me dejes opinar, Sole, pero no veo el problema…

- Ya soy su puta oficialmente, Andrés, y puede follarme como quiere y casi donde quiere también… La mayoría de los amantes se conformarían con eso, encima sin siquiera tener que escondernos de ti.

- Pero ¿tú deseas ese viaje, Sole?

- Llevo deseando mucho tiempo… pero, Andrés… ¿sabes a lo que vamos? A lo mejor no tienes ni idea y al saberlo no te gusta…

- Supongo que no haréis tantos kilómetros solo por estar en otro hotel… debe haber algo más… pero lo único que importa… es si tú quieres hacerlo.

- ¿Te suena “La Pastelería” del correo que te leí anoche? Es un lugar para eventos BDSM… parejas de Amos y sumisas

- Mezclar el sexo con la dominación… ¿es eso, verdad?

- Dicen que es más que eso pero tampoco sé tanto… aunque sin saber todo, ya me atrae sin poder evitarlo… De ahí mis reticencias… Luís quiere presentarme allí… casi exponerme… como su sumisa…

- Ya sabes que no voy a opinar… más allá de decirte que seas libre para decidir y solo pienses en tí.

- Luís me sujeta con cuerdas o con esposas al cabecero y a los pies de la cama en el hotel… antes y después de follarme… Ahora querrá hacerlo incluso delante de otras parejas.

- Es muy morboso... claro, si tú quieres hacer eso, Sole… cuentas con todo mi apoyo aunque sabes que no lo necesitas.

- Habla de sujetar mis muñecas y mis tobillos a una especie de cruz, completamente desnuda y con las piernas muy abiertas… Todos los que quieran, si él les da permiso, van a poder tocarme…

Notaba mi polla con una erección potentísima y me seguía sujetando sin tocarme porque no quería arruinar esta charla.

- ¿Tú quieres hacerlo, verdad?

- Sabes que me muero de las ganas de probar… Y los dos sabéis que, sea lo que sea que haya allí, voy a soportarlo sin rajarme, como aguanto las pinzas mordiendo en mis pezones… y casi seguro que también lo voy a disfrutar.

- Entonces, Sole… por diós… -no pude evitar empezar a tocarme con la mano dentro del pijama.

- No es que yo no quiera ir, Andrés, ni ya me importa si vengo más puta o más sumisa de lo que ya soy ahora, que creo que es bastante, joder… lo que no quiero es volver de Madrid convertida en alguien que yo no quiera ser, por mucho que allí lo haya disfrutado... o adicta a algo que yo no pueda controlar…

Me moría de ganas de pedirle permiso a Sole para pajearme porque no podía resistir todo lo que me estaba contando. Pero supe que tenía que parar de tocarme si quería salvar el viaje. Como si ella me pusiera una jaula en mi pene que retrasaría mi placer para centrarme en esta conversación en la que ella tenía que acabar de decidirse.

- Mira, Sole, hay una frase en una película, y creo que aquí viene al caso, para que entiendas que por ir o dejar de ir con Luís a Madrid no pierdes el control de tu vida. “Lo que hacemos no determina lo que somos”.

- No te entiendo…es muy tarde para andar con rompecabezas de cine, Andrés…

- Quiero decirte que tú eres libre para querer que Luís te ate a la cama, te llene las tetas de pinzas, o te someta hasta donde ambos queráis. Pero que eso no te convierte en su sumisa más allá de hasta donde tú quieras serlo.

- Ahora sí.

- Lo que te excita de verdad es ver como Luçis ejerce sobre ti y sobre tu cuerpo su carácter dominante, como antes te pasaba con Fede o con Carlos…

Ahora eran los pezones de Sole los que estaban levantados, prueba de que la excitada era ella, y casi seguro de que tanto como yo.

- Entonces, Andrés…¿tú no le ves riesgo a lo que ocurra en el viaje?

- Al salir de “La Pastelería” cogéis un taxi de vuelta al hotel que seguro que será de madrugada, jajaja. Seguro que así no pasa nada.

- ¿Cómo logras quitarle trascendencia a lo que sabes que me tiene agobiada? –me dijo sonriendo también antes de darme un besillo en los labios.

- Ah, y que Luís conduzca con cuidado hasta Madrid que eso siempre es un riesgo…

- Iremos en AVE desde Málaga, jajaja.

Ahora era ella la que reía francamente mientras llevaba su mano hasta el bulto bajo mi pijama. Yo solo tenía en mi mente su última frase… “Iremos en AVE desde Málaga”. Iremos... La decisión… estaba finalmente tomada.

- ¿Sabes que "esta cosa tuya" ahora tiene que esperar, verdad… cornu… Andresito? Mira cómo me ha puesto tanta charla… -llevó mi mano bajo su braguita y me hizo meter un dedo en su coñito que, como yo esperaba, estaba inundado.

Entre los dos bajamos el pantalón de su pijama y su braguita y me puse con mi lengua a lamer lentamente la vulva y el clítoris hinchados que Sole me ofrecía.

Pasé suavemente la punta de mi lengua entre sus labios, haciendo círculos y rozando su clítoris… Cada vuelta, aumentaba la presión sobre su botoncito mientras mi boca saboreaba su vagina. Casi mordisqueaba su clítoris, agitándolo con fuerza mientras sus jugos empezaban a derramarse de lo mojada que estaba.

Metí uno de mis dedos en su vagina, moviéndolo dentro y fuera, mientras mi lengua iba cogiendo un ritmo frenético. Luego fueron dos dedos sin disminuir la presión con la lengua, y sin perder nunca el contacto…

Cuando la oí gemir, la penetré con mis dedos y la lengua, lamiendo hacia arriba y abajo hasta que noté mi saliva cubrir toda la piel de su vulva y hasta acercarse a la abertura de su ano. Lubriqué ahí mis dedos mientras regresaba con mi lengua a su clítoris sin dejar de rozar el resto de su vulva completamente hinchada y mojada.

Sole gemía de placer mientras separaba sus muslos y movía sus caderas casi succionando mis dedos y mi lengua. Sin dejar de lamer con mi lengua, metí un tercer dedo tan profundo como pude dentro de su coño mientras el pulgar y el índice de la otra mano estiraban su clítoris, estirándolo y al final casi jugando con él como si lo estuviera masturbando entre las yemas de mis dedos, notando lo caliente y lo duro que estaba.

Sole explotó en un orgasmo largo y espero que muy placentero, sin que yo me permitiera detenerme. No es que Sole me pidiera que parase pero sus jadeos se iban haciendo cada vez más apagados y su respiración más entrecortada. Solo entonces separé mi lengua, casi adormecida del cunnilingus que acababa de hacerle, y pude verla, toda sudada y aun temblando por las sensaciones que le provocaban mis dedos dentro de su dilatado y precioso coño.

- ¿Cuándo dices que cogéis el AVE... para ir a Madrid? –solo le dije eso, una pregunta casi retórica para la que yo ya no necesitaba su respuesta. Pero que quedó evidente cuando vi su cara relajada y de nuevo sonriendo.