Xtories

Claudia en Santiago de Chile

Desde la ventana de su nuevo apartamento, la observa desnudarse noche tras noche. Cuando finalmente la invita a subir, el juego de miradas se rompe y la curiosidad se convierte en un hambre insaciable que no conoce límites.

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Podría decir su nombre real pero prefiero guardar su intimidad. Vamos a poner que se llamaba Claudia.

Era una chica de 18 años de cabello negro azabache, con una preciosa sonrisa dibujada en su cara. Una cara angelical que cuando se excitaba aún era más preciosa. Tenía unos labios carnosos con unos dientes perfectos que mordían genial.

Su cuerpo marcaba una esbelta figura, y aún no siendo excesivamente alta, tenía unas proporciones maravillosas. Unos pechos ni grandes, ni pequeños. Pero con unas aureolas oscuras que albergaban unos pezones gordos. Parecían el centro de una diana.

¿Y qué decir de sus piernas torneadas? ¿ y de su culo? Tenía un culito redondo y duro, tan duro y terso, como el culo de una estatua de mármol.

El primer día que la vi, vestía el Uniforme de la escuela. Una faldita de cuadros, una camisa blanca bien ajustada y medias altas. No dude en girar mi cabeza al cruzarme con ella.

Me impregnó su belleza y me propuse, volver a cruzarnos y conocerla.

Averigüe donde vivía, donde estudiaba, como se llamaba….todo.

Alquile un piso justo enfrente de su casa. Santiago de Chile es grande, pero cuando una cosa se me entra en la cabeza la consigo.

Una noche me situé junto a la ventana del salón, con unos prismáticos en la mano, me propuse espiar su habitación.

Estaba impaciente, e incluso estar espiando, me excitaba. Se encendió una luz, concretamente la del cuarto de baño.

Entró y empezó a desnudarse. Al quitarse la falda, se quedó en tanga. Resaltando sus redondas nalgas. Hizo lo mismo con su camisa, desabotonándola despacito, sin prisas.

Se miró al espejo mientras bajaba su tanga y se quitaba el sujetador. Un conjunto de lencería negro, precioso. Hecho para una princesa. Así se presento ante mi su cuerpazo desnudo.

No me había confundido, tenía un culo precioso y sus tetas tersas y de punta.

Se ducho se secó y se puso un tanga juvenil, de colorines y una camiseta para dormir.

Esa noche me masturbe recordando su striptease involuntario.

Unos días después de aquel espectáculo, la encontré como de costumbre regresando del instituto.

Como si no la conociese de nada, fingí estar perdido y le pregunté cómo llegar hasta mi domicilio. Me dijo amablemente qué la acompañase, que ella iba en la misma dirección.

Una vez en la puerta del portal, le invite a subir a casa a que tomase una Coca-Cola. En principio no quería subir, pero al decirle que quería mostrarle mi exposición de cuadros, acepto.

Ya tenía a caperucita en el saco.

Subió y empezó a mirar los retratos, y me preguntó si eran míos, a lo que respondí que sí. Entre ellos había un par de desnudos de mujer y me propuso ser mi modelo. Le dije que la dibujaría encantado.

Al día siguiente quedamos y tal como entró en mi piso, se desnudó y me dijo que la pintara. Fueron varias las sesiones que necesité para acabar el cuadro, una vez terminado le dejé verlo.

Al mostrárselo, me acerqué a ella por detrás, quizás más de lo permitido, jugándome el que me mandase a la mierda y no la viese más. Pero tenía que intentarlo.

Contra todo pronóstico, pasó lo contrario, ella cogió mi mano y llevándosela a sus pechos me dijo: ¿no crees que me has puesto un poco más de tetas en el cuadro? ¿ Te gustaría que las tuviera más gordas?

Le contesté que las tenía preciosas y muy pero que muy bien puestas y sin pensarlo, se las cogí y se las acaricie. Sus pezones se pusieron duros como una roca y ella busco mi boca como si estuviera en el celo. Nos fundimos en un apasionado beso y tocamientos por todo el cuerpo.

Me desnudé y la tire en la cama. Abierta de piernas me esperaba ansiosa. Me acerqué y empecé a lamer su vagina uummmmm tenía un coño súper sabroso y súper rico. Mi lengua estuvo adentrándose en su húmeda cavidad un buen rato, hasta que pude beberme sus jugos…. que maravilla de corrida.

Como si me debiese algo, se incorporó me puso una mano en el pecho y me lanzó hacia atrás. Casi sin darme cuenta, estaba haciéndome una espectacular mamada. Al igual qué pasó con ella, acabé eyaculando en su boca. Se lo tragó todo y me besó.

Se encaramó en mi polla, metiéndosela de un golpe. Empezó a cabalgarme despacio, pero cuando estaba a punto de volverse a correr, empezó un ritmo acelerado, hasta que nos corrimos a la vez.

Recuperamos un rato durmiendo, y al despertar y ver su culo, no pude resistirme a tocárselo de nuevo. Le cacheteé los glúteos y abriéndoselo, puse mi capullo en su orificio. Poco a poco fui metiéndole toda la polla. Una vez dentro me la follé hasta correrme dentro. Esta fue su primera vez, pero todas las tardes, volvía a por su receta anal, y a ser pintada con mi gordo pincel…….