Xtories

Lola, no estás sola... (Capítulo 5)

Diego no vino a hablar de trabajo. Vino a recordarle lo que se perdió. Y ahora, con su marido ausente y la tentación a un paso de la encimera, Lola debe decidir si deja que el juego termine en fracaso o si se entrega por completo.

Sylke and Friends9.5K vistas8.9· 22 votos

Lola, no estás sola.

Laura&Sylke

Capítulo 5

Nada más cerrar la puerta, suena mi móvil.

- Buenos días, Lola. - la voz de mi jefe me pilla por sorpresa y noto como un estremecimiento recorre todo mi cuerpo.

- ¿Diego? - susurro yo.

- Si, Lola, dime donde quedamos, tenemos que hablar por lo que ocurrió ayer.

Me siento muy confusa, pero en cierto modo yo también quisiera hablar de lo ocurrido, ni siquiera sé por qué me comporté de ese modo, no sé ni cómo acepté a ir a esa fiesta...

- Quiero aclarar muchas cosas. - insiste él.

- Pero, Diego, lo que ocurrió ayer...

- No, Lola, esto es algo que no podemos hablar por teléfono.

- Pero yo no...

- ¿Tienes a tus hijas?

- No, no es eso, se han ido con su tío.

- Genial, pues quedemos y hablamos.

- Diego, yo... es que...

- Lola, te prometo que me comportaré como un caballero. Confía en mí.

Noto que todo un calor me sube de pies a cabeza y es que con tan sólo escuchar su voz noto mi cuerpo comportarse de forma extraña. No sé qué demonios me pasa.

- Dime un sitio y nos vemos allí, donde te venga mejor, Lola... por favor. - me insiste.

- Ahora estoy en casa. - contesto.

- Genial, voy para allá. Mándame la ubicación y estoy en quince minutos.

No me da tiempo a responder porque él ha colgado, esperando a que yo le mande la dirección de mi casa. Puedo pasar, decirle que no, olvidarme de ese encuentro, pero soy tonta y de forma absurda le mando mi ubicación.

- ¡Quince minutos! - grito, al ver que estoy con ese atuendo de leggings y top y salgo corriendo a mi habitación

Me dirijo al armario y noto que mis piernas tiemblan sabiendo que Diego va a venir a casa... y ahora estoy sin las niñas, espero poder comportarme, me paso el dedo por la entrepierna y al no llevar braguitas noto que la humedad ha calado las mallas ¡Dios! ¿Qué me pasa? ¡No puedo estar así! ¿Me masturbo antes?

Justo en ese momento, frente al armario y sin saber que ponerme, suena mi teléfono. Y lo primero que pienso es que quizás Diego no pueda venir, algo que en cierto modo aliviaría mi tensión, pero al descolgar veo que es Quique.

- Hola cariño, ¿cómo va todo? - me pregunta.

- Bien, ¿y tú? - contesto, mirando mi cuerpo en el espejo y cómo mis pezones están más marcados que nunca bajo el top.

Desde luego mi cuñado ha tenido una buena visión de mi cuerpo y ahora que me doy cuenta mi coño queda muy marcado allá abajo, ¡qué vergüenza!

- Te llamo porque ha surgido un problema. - me dice mi esposo.

- ¿Qué pasa?

- Me tengo que quedar el finde, los del taller no han podido terminar de arreglar la máquina.

- ¡Quique! - digo casi gritando...

- Lo sé, cielo, te prometí estar esta noche, pero es imposible, creo que no volveré hasta el lunes.

- Pero, Quique, tú y yo teníamos...

- Si, nuestra noche especial, yo también pensé en ella, pero... es imposible volverme ahora. Lo entiendes, ¿verdad?

Me despido de mi marido, casi rabiosa, porque no voy a poder contenerme, son muchos días sin sexo, con mi mente calenturienta, soy demasiado activa y ahora con Diego a punto de llegar... cuando de pronto. ¡¡Riiiinnnng!! Suena el timbre de la puerta.

- ¡No! - me digo mirando mi atuendo frente al espejo.

El timbre vuelve a sonar y remuevo la ropa, pero timbre suena por tercera vez, me quito a toda prisa mi indumentaria de gimnasia para ponerme un vestido corto y salgo descalza a abrirle.

- ¡Diego! - digo al verlo frente a mí con un ramo de flores.

- ¡Lola! - responde él mirándome de arriba abajo.

- Pasa – le digo entre nerviosa y excitada y es que no lo puedo remediar.

- Toma, esto es para ti.

Me entrega las flores que lleva en la mano y una gran sonrisa en su rostro.

- Diego, gracias, pero no tenías que haber traído nada.

Tras permanecer en la puerta, observando mis pezones marcados en el vestido, luego vuelve a sonreírme.

- Si que debía, Lola... tenemos que aclarar algunas cosas.

- Diego si es por lo que pasó ayer, no te preocupes, que ya está olvidado. Creo que ambos bebimos demasiado.

Con una gran sonrisa conciliadora me dirijo hacia la cocina y recojo un jarrón para meter las flores en agua, pero de repente siento el cuerpo de Diego pegado en mi espalda con sus manos en mi cintura y su bulto, ya abultado, en mi culo.

- ¿Tú crees que debemos olvidarlo, Lola? - me pregunta en un susurro en mi oído.

Tardo unos segundos en reaccionar, pero sentir sus manos acariciando mi cintura y el comienzo de mis caderas, mientras su polla se nota dura entre mis glúteos es demasiado para mí.

- Diego, quiero a mi marido... eres mi jefe... - digo como una tonta, pero sin apartarlo de mí.

- Entonces, lo de ayer... ¿no te gustó?

En ese instante él me gira y deja mi culo apoyado en la encimera y se pega totalmente a mí. Ahora noto su bulto apoyado contra mi pubis y su boca muy cerca de la mía... demasiado cerca.

- Lola, mírame a la cara y dime que lo que paso ayer no te puso muy cachonda y que has olvidado lo que te hice sentir... lo que ambos sentimos. - me dice y juega con su lengua en mi cuello para luego mirarme fijamente.

- ¡Diego! - pronuncio casi en un suspiro.

El cabrón de mi jefe sabe que estoy encendida, que él lleva razón y que no podría mirarle a la cara sin mentirle y decir cuánto me gustaría sentir su polla dentro de mí. Llevo demasiados días sin follar y creo que me estoy volviendo loca.

Las manos de Diego suben por mis costados mientras su lengua dibuja mi mentón y al pasar por mis pechos, sus dedos juegan con mi pezón, percibiendo que no llevo sostén, lo que hace que me mire y sonría. Luego su otra mano baja hasta mi cadera buscando mi braguita, pero se percata de que tampoco llevo nada más.

- ¡Joder Lola, me tienes loco y tú lo estás también! No lo puedes negar... me has recibido sin nada bajo ese vestido - me susurra y se muerde los labios.

- No, Diego, te confundes...

- ¿En serio? ¡Dime que no estás cachonda ahora mismo? - dice pasando su dedo por encima de la tela y jugando con el pezón que se endurece por momentos.

Yo niego con la cabeza, casi por instinto, aunque por dentro estoy loca porque me quite la ropa, me deje desnuda y me folle sobre la encimera de mi cocina.

Él está seguro de lo cachonda que estoy, no tiene más que ver cómo tiemblan mis labios, como se endurecen mis pezones, como respiro entrecortadamente e incluso estoy segura de que si baja las manos más y las mete bajo mi vestido encontraría lo empapado que está mi sexo.

- Dímelo Lola y te dejo en paz – insiste – tan sólo dime que no estás cachonda y que no estás deseando que te folle...

Cierro los ojos, intento poner cordura a todo, pero me tiemblan los labios cuando pronuncio:

- ¡Joder, sabes que llevas razón!

- Ni siquiera hace falta que me lo digas. - añade subiendo su mano y palpando mi pecho amasándolo. - Entonces ¿para qué me mientes y para qué te mientes a ti misma?

- Diego, esto no está bien. - afirmo notando sus labios jugando en la comisura de los míos, llevándome al paroxismo.

- Sabes que sí... que está muy bien.

Mientras me dice eso y juega a provocarme con sus labios sin llegar a besarme, su mano baja ligeramente hasta el dobladillo de mi vestido y lo agarra para ir subiéndolo poco a poco.

- Diego, ¿qué es lo que quieres de mí? Esto no puede estar pasando.

- Mmm de ti, lo quiero todo...

- ¡Diego! – gimoteo.

Su nariz dibuja la mía y nuestros ojos se encuentran, mientras su mano ha logrado colarse entre mis muslos...

- Podría meter la mano en tu coño y comprobar que estás muy mojada. - dice sonriente.

- ¡No! - niego lo evidente.

La mano asciende acariciando la suave piel de mis muslos...

- Estoy notando ya tu calor, Lola...

Nada más decir eso, Diego acaricia mi coño con la punta de sus dedos y dibuja mis labios vaginales, haciendo que empiece a jadear como una loca.

Cuando abro los ojos y veo donde estoy no me lo creo, es mi cocina, tengo a mi jefe pegado a mí, con su boca a punto de besarme y con sus dedos tocándome y logrando darme un placer increíble...

- ¡Uf, Diego! - suspiro intentando alcanzar con mis labios los suyos, pero contrariándome él retira la cara para mirarme fijamente.

- Así me gusta que estes preparada siempre para mí. - dice de pronto.

Sin duda, Diego me tiene bajo su control y ya estoy perdiendo la poca sensatez que podía quedar dentro de mí... cuando de pronto dos de sus dedos se clavan en mi coño haciéndolo profundamente y tengo que agarrarme a sus hombros al verme invadida y levantándome ligeramente del suelo.

- ¡Diego! - suspiro y vuelvo a intentar besarlo, pero él retira en el último instante sus labios haciéndome rabiar.

Con sus dedos metidos en mi coño empieza a follarme con ellos, haciendo que gima totalmente entregada a lo quiera hacerme, sin importarme nada más, sólo suspirando y pronunciando su nombre sin parar.

Yo no paro de disfrutar de sus dedos dentro de mí y cómo con su otra mano me baja los tirantes de mi vestido dejándome un pecho al aire y me pellizca los pezones.

- ¡Uf, joder! - exclamo echando mi cabeza hacia atrás.

De pronto saca los dedos de mi coño para mostrármelos y comprobar cómo están de mojados... se pueden ver hilillos de mi flujo entre sus falanges.

- ¿Has visto, Lola? - me dice y los introduce en mi boca, haciendo que yo los chupe con todas las ganas, como si realmente fuera su polla... mientras él me sonríe.

Cuando intento agarrarme a su cuello para besarle y que por fin terminemos lo que hemos empezado, él me empuja hasta dejarme de nuevo con mi culo apoyado en la encimera sin entender nada.

- Pero... Diego... - digo aturdida.

- No, Lola, tienes razón, esto así no está bien... eres una mujer casada, soy tu jefe y esto no... no puede ser...

- Pero... - intento hablar, pero él pone su índice en mis labios haciéndome callar.

Guarda silencio unos segundos mirándome fijamente con su gran sonrisa.

- ¿Sabes Lola? Estoy obsesionado contigo... y he tenido un sueño.

No contesto, pues aún estoy en shock, gracias a sus dedos y a ese juego que me lleva al límite y sabe que yo estoy a punto de entregarme a lo que me pida.

- ¿Cuál? - digo al fin.

- Verte desnuda por toda tu casa, con unos largos tacones, con medias y liguero, pero nada más... provocándome y que me lleves de la mano hasta tu habitación, que te tumbes sobre tu cama de matrimonio, con tus piernas abiertas de par en par y rogándome que te folle.

- Diego...

- ¿Qué te parece?

- ¡Estás loco!

- ¡Y tú!... no me digas que no.

Estoy impactada y muy cachonda.

- ¿Quieres hacerlo ahora? - pregunto agitada.

- No, no puede ser...

- Pero...

- Ya te he dicho, que quiero que me lo ruegues. No que sea yo quien te lo proponga.

Sin tiempo a decir nada más, Diego se gira y al llegar a la puerta de la cocina me dice.

- No hace falta que me acompañes, conozco la salida... Nos vemos el lunes en el trabajo.

Cuando me quiero dar cuenta, Diego ha cerrado la puerta de entrada y yo estoy todavía allí con mi culo apoyado en la encimera, mis piernas ligeramente abiertas, sobre las que noto correr un río entre mis muslos y tremendamente cachonda y aturdida

Tras un rato sin creerme lo que acaba de suceder, salto de la encimera y me dirijo al baño para darme una ducha e intentar apaciguar esa calentura que tengo, sin quitarme ni un segundo a Diego de la cabeza y es tanta la obsesión que después de la ducha, me seco y me tumbo, para seguir soñando de nuevo con él.

Paso el fin de semana con las niñas divirtiéndonos jugando, viendo pelis y comiendo, pero no puedo dejar de pensar en mi jefe y en todo lo que ha sucedió con él durante los últimos días... ¿debo dejarme llevar? ¿Ponerle los cuernos a mi marido? Es verdad que Quique me tiene muy abandonada y que está tan centrado en su trabajo que a mí me tiene prácticamente olvidada, pero al mismo tiempo, ¿es justo que yo le sea infiel a la mínima de cambio?

La noche del domingo, me encuentro dándole de cenar a las niñas cuando de repente la puerta de casa se abre y aparece Quique.

- ¡¡Papa!!- gritan las niñas a la vez que corren a por él para que les abrace

- ¡Hola mis pequeñas! - responde él al saludo y al abrazo de las nenas.

A continuación, Quique se me queda mirando y veo que por un momento tiene su vista fija en mi canalillo... no sé por qué, pero ese momento me hace olvidarme de todo y centrarme en él, en Quique... en tener una noche loca los dos juntos para olvidarnos de todo, especialmente yo, para olvidarme de Diego.

- Hola. - digo intentando acercarme a él para darle un beso, pues todavía estoy cachonda desde lo sucedido con mi jefe.

- Hola Lola- responde sin efusividad y me da un beso casto en la mejilla.

Me vuelvo a quedar sorprendida, pues han pasado varios días y no hemos tenido sexo, pero ni tan siquiera un beso, aunque sea un instante de labios en contacto, pero no, él se quita la cazadora y juguetea con el pelo de la pequeña. Por mi mente pasan un montón de cosas y entre ellas, que Quique tiene que tener una amante, no puede ser que esté tan distante y yo soy una mujer que necesita de ese cariño, de ese contacto, de ese sexo tan olvidado. Estoy casi segura de que hay otra.

- ¿Quieres cenar? - le pregunto, mientras acaricio su hombro añorando los momentos más alocados que vivimos cuando nos casamos.

- No ya lo he hecho por él camino, cené con los chicos. Voy a ducharme. - dice y sale de la cocina.

Quique se mete en el baño y entonces veo que su teléfono asoma en uno de los bolsillos de la cazadora... oigo el agua del baño y me tienta espiarle el móvil y lo cierto es que es algo que nunca he hecho, no me he atrevido a mirar sus cosas y menos controlarle hasta ese punto, pero viendo su comportamiento, necesito respuestas...

Consulto los mensajes y las llamadas, pero nada... no veo ninguna cosa que le relacione con otra mujer, teniendo en cuenta que la mayoría de sus contactos son hombres, debido a su trabajo y las pocas mujeres que aparecen en la lista o en el chat, son su madre, su hermana y alguna tía mayor, pero ninguna otra que me haga sospechar.

Dejo de nuevo el móvil en su bolsillo y termino de atender a las niñas y las acuesto a continuación, dispuesta a desnudarme por el pasillo y darle una sorpresa a Quique, apareciendo totalmente desnuda... y me siento juguetona, soltando mi vestido por el camino, tirando mi sujetador que sale volando hasta el sofá, lo mismo que mis braguitas y justo cuando aparezco en la puerta del dormitorio lo que me encuentro es un bajonazo increíble, pues Quique está tumbado en la cama durmiendo a pierna suelta sin dejarme ni sitio, pues ha quedado cruzado y de nuevo sin volver a tocarme. Miro mi cuerpo desnudo en el espejo y pienso que es todo tan injusto... hay un hombre que me desea, al que yo también deseo y mi esposo, mi amado esposo está pasando de mí. ¿Por qué?

Sin ponerme ni el camisón, me cuelo en las sábanas y acaricio mi sexo intentando apagar mi calentura y masturbándome en silencio, por enésima vez hasta quedarme dormida.

A la mañana siguiente en cuanto me despierto, vuelvo a comprobar que Quique sigue igual, casi en la misma postura que en la noche y aunque mi mente sigue pensando mal, en el fondo quiero creer que está agotado de tanto trabajo. Me levanto sin despertarle, me arreglo y voy preparando a las niñas también con el desayuno y las acompaño al colegio.

Por el camino miro mi móvil y llamo a mi cuñado César, que alguna vez trabaja con Quique, para intentar sonsacarle algo, ya que estoy bastante mosqueada con mi marido y posiblemente mi cuñado me despeje alguna duda. Enseguida responde su voz simpática, pues es un cachondo mental.

- Hola César

- ¡hey! Esa tía buena que va despertando pasiones. Todavía tengo en la mente tu vestido y tus tacones del otro día.

- ¡Ay, César!, ¡cómo eres! - le digo por si es una broma, aunque creo que su deseo hacia mí es claro y noté lo mucho que se excitó viéndome.

Sé desde siempre que le pongo mucho a mi cuñado y tras su divorcio, le noto más juerguista y siempre lanzándome piropos, mirándome con esa cara de quererme algo más que como su cuñada, pero lo cierto es que nunca ha pasado nada, aunque la verdad, es tan distinto a su hermano... y desde el otro día que se quedó con las niñas, veo que es él uno de los que se fija en mis cambios y me admira. ¿Mi marido es el único hombre que no se fija en mí?

- ¿Qué te cuentas preciosa? - me pregunta César.

- Nada, que quería agradecerte lo del otro día, las niñas están encantadas contigo.

- Bueno, ya recibí mi premio. Estar con ellas... Bueno y otro premio: uno de tus besos vale oro.

- Gracias, cuñado, siempre tan galante.

- Para una belleza como tú, lo que haga falta.

- Oye, César, quería preguntarte por Quique.

Mi cuñado tarda un rato en contestar y luego dijo:

- ¿Quique? ¿Mi hermano?

- Si, no sé, le noto muy raro últimamente, ya sabes, muy centrado en el trabajo y casi no tenemos tiempo para nosotros...

- Bueno, ya sabes cómo es. Su trabajo es lo primero.

- Ya pero últimamente ni me mira.

Otro silencio de mi cuñado.

- ¿Me has oído, César?

- ¿Mi hermano no te atiende como es debido? - me dice de pronto.

No soy capaz de contestar.

- Vamos, Lola, puedes ser sincera conmigo, que hay confianza.

- Bueno, es que últimamente... parece ser que tiene mucho trabajo.

- Si, anda con mucho lío... ya sabes, con esa nueva obra.

- Eso lo entiendo, pero no sé, alguna muestra hacia mí.

- ¡Joder!

- ¿Qué pasa, César? ¿Sabes algo?

- No, mujer, nada... ¿Qué voy a saber?

- Vamos, cuñado, ¿Por qué has reaccionado así?

- Bueno mira, si yo tuviera una mujer como tú... uff... Lola... vamos, no lo quiero ni decir.

La verdad es que mi cuñado logra ponerme un poco tontita con sus comentarios y no deja de repetirme lo mucho que atraigo a los hombres y que Quique debería estar bebiendo por donde yo pasara, pero la realidad, desgraciadamente es bien distinta y al final él intenta quitarle hierro al asunto y convencerme de que es una racha, pero en el fondo, veo que mi cuñado no está siendo sincero conmigo, al fin y al cabo, defiende a su hermano. Me despido viendo que no soy capaz de sonsacarle... aunque él suelta una frase que me descoloca.

- Si necesitas cualquier cosa, lo que sea, aquí me tienes.

- Gracias. - contesto, aunque en sus palabras veo otras intenciones... y mi mente calenturienta piensa en cómo se comportaría Cesar, si apareciese desnuda como lo hice con su hermano o qué hubiera pasado al verme desnuda entrando en su habitación. Estoy segura de que no habría actuado como Quique.

Camino hacia mi trabajo, me meto en el vestuario y me cambio, pensando en las palabras de mi cuñado, ¿será que he dejado de gustar a mi marido? Desde luego si hiciera una llamada a César, no hay duda de que me daría un buen repaso... llegando a imaginar cómo haría él empotrándome contra la pared y follándome duro, cabalgando sobre su polla, de seguro que se comportaba de otra manera bien diferente a su hermano y ahora que lo pienso, viéndole desnudo sobre la cama, tiene un cuerpo muy bonito y una polla que atrae bastante. ¿Pero qué demonios digo?

Luego sacudo la cabeza diciéndome a mí misma que soy una cerda por pensar esas cosas, pero es inevitable sentirme excitada sabiendo que gusto a otros hombres y yo inevitablemente también me fijo más en ellos... Especialmente en Diego, mi joven jefe, que me tiene absolutamente loca, eso está claro y si no he tenido nada con él, todavía no sé por qué, será porque yo no quise... o ¿realmente sí quería? Lo cierto es que estuve a punto y él mismo quiere que recomponga las ideas en mi cabeza, ¿no soy capaz de ser sincera conmigo misma? ¿debería dar ese paso? y si no estuviese casada, uf, no estaría aquí dándole vueltas a todo. ¿Pero qué estoy diciendo? No puedo hacer eso... el otro día me calenté, perdí la cabeza, pero supongo que es la falta de sexo.

Por el pasillo me encuentro con Jaime que me sonríe y me saluda.

- Buenos días, Lola. - dice con su vista en mis tetas que están apretadas bajo ese uniforme tan ajustado.

- Buenos días, Jaime. - le devuelvo la sonrisa y pienso que ya son tres los hombres que me desean y ninguno de ellos es mi marido.

Me dirijo hacia mi puesto en la caja, aunque esa mañana hay pocos clientes y se me hace bastante largo y para colmo no veo a Diego ni un momento, pensando si realmente sigue en su despacho y me está observando desde su cristal oscuro. Sigo reponiendo algún producto, pero ni eso me entretiene. No dejo de pensar en mi jefe, en saber qué hubiera pasado en casa, si el mismo no hubiera puesto un freno ¿por qué no se propasó? O peor... ¿por qué deseaba yo que se propasara? Sigo hipnotizada con su cara, su boca, su cuerpo... y echo de menos sus miradas, hasta que viene Jimena a sustituirme para el descanso de media mañana.

Me dirijo a mi taquilla para comerme mi bocadillo, pero al pasar por el despacho de Diego, me choca que no haya salido a saludarme, que ni tan siquiera me haya echado un repaso de los suyos o me haya tocado furtivamente por los pasillos, que me busque, que me provoque... ¿Será que me quiere poner a prueba o ¿realmente se ha pensado dos veces tener algo conmigo? ¿Se habrá dado cuenta de que soy mayor para él? ¿Estará jugando conmigo como cualquiera de sus ligues? ¿Quizá ahora esté arrepentido por lo que pasó en mi casa?

De repente, me envalentono y abro la puerta de su despacho para ver si está allí. Necesito volver a verle.

- ¿Lola necesitas algo? - me responde sin levantar la vista y no sé ni cómo sabe que soy yo, sin apenas mover su cabeza de los papeles.

- Yo... Diego...

- Si tú. - responde levantando por un instante la vista de lo que está leyendo.

- No es que como no te había visto creía que no estabas.

- ¿En serio? ¿Sólo para ver si no estaba? O ¿Esperabas a que te metiera mano por los pasillos?

Me sonríe y esta vez me hace un repaso a todo mi cuerpo y me parece que se muerde el labio inferior y yo me deshago imaginando lo que dice.

- ¿Así que me echabas de menos? ¿Eh, Lola? - me dice de pronto estirándose en su silla.

Entonces se levanta y comienza a caminar hacia mí, rodeándome sin tocarme, hasta que recoge un mechón de mi pelo y lo pone tras mi oreja, algo que me hace sentir un escalofrío.

- ¡Contesta, Lola! - dice con autoridad.

- Si – respondo tímidamente, sin atreverme a mirarle a los ojos.

Vuelve a rodearme y me siento observada con todo detenimiento. Ese chaval joven que podría ser mi hijo me intimida y me excita al mismo tiempo.

- ¿Sabes? - dice mirándome fijamente - yo también te he echado de menos, pero no sé, quizás lo nuestro no tiene futuro.

- ¿Te arrepientes de lo del otro día? - le pregunto.

- ¿En tú casa? No. ¿Y tú, Lola? ¿Te arrepientes?

No soy capaz de contestar. No sé cuál es mi respuesta.

- Mira, creo que te arrepientes de no haber ido más allá. En el fondo estaba esperando que tú vinieras a verme y sabía que ibas a hacerlo.

- Aquí estoy. - digo.

- No sé... no te veo convencida. No sabes ni lo que quieres. Tu compañera Jimena, siendo mucho más joven que tú, tiene las ideas muy claras.

No puedo evitar sentir celos, de que quiera compararme con Jimena o que incluso se haya decidido por ella, viendo que yo no lo estoy. ¿Se la habrá follado y por eso pasa de mí?

- Lo he hecho... he venido ¿no? - respondo de inmediato y mirándole a los ojos.

- Con la excusa de buscarme para cualquier cosa... sí.

- Diego, estoy aquí. ¿No es lo que quieres? - protesto.

- Lo estoy viendo, pero ¿qué es lo que quieres tú? ¿Algo referente al trabajo? ¿O sólo has venido por mí? - me dice con su boca rozando mi pelo.

Diego me agarra por la cintura y me empuja hasta que mi espalda choca contra su puerta.

- Dime, Lola, ¿A qué has venido? - lo pregunta, pero sabe la respuesta, sin embargo no soy capaz de hacerlo salir por mi boca.

Estoy ahí, asustada de mis propios miedos, pensando en mi marido, en las niñas, en qué demonios hago ahí... o esperando a que mi nuevo jefe me folle de una maldita vez.

Continuará...

Laura & Sylke