Antes de la cena de empresa, Lisa
La auditoría les tenía que llevar tres semanas de trabajo intenso, pero la química entre Juan y Lisa prometía ser mucho más agotadora. Con el pretexto de revisar números, ella buscaba liberar su frustración y él, la oportunidad de dominar. Lo que empezó como una escapada profesional terminó siendo una adicción mutua.
Juan trabajaba en un pequeño cubículo en la cuarta planta del edificio donde la empresa tenía su sede, era una planta amplia, con muchos despachos para abogados, directivos y grupos de trabajo. El acababa de llegar hacia poco y aun no se había ganado un hueco entre los grandes, su despacho se lo tendría que ganar le había dicho Jorge en la entrevista que le hizo al contratarlo.
A Juan no le importaba, tenía espacio para trabajar, le dejaban dos días teletrabajar, y al negociar el sueldo había mejorado una barbaridad, ocho mil euros más al año sin contar pluses. Una llamada le saco de su trabajo, era directamente Jorge el jefe del departamento que le llamaba a su despacho.
Al llegar a su despacho Jorge estaba hablando con una de las mujeres más guapas que había visto Juan, Alicia, del departamento de contabilidad, pero nada más llegar Juan Alicia se despidió y simplemente se saludaron en el marco de la puerta. Juan no pudo aguantarle la mirada a Alicia cuando se despidieron y sus ojos se fueron inmediatamente al abultado pecho que se le intuía a Alicia debajo de la blusa.
Jorge: Buenos días, Juan. ¿Tienes un momento para hablar?
Juan: Claro, Jorge. ¿En qué puedo ayudarte? - dijo Juan acercándose a la mesa de su jefe, quien le invito a sentarse y ponerse cómodo, mientras tecleaba unas cosas en su portátil.
Jorge: Pablo está considerando adquirir una empresa y quiero que encabeces la auditoría. Necesitamos entender todos los aspectos antes de tomar una decisión. Es un trabajo complicado, puede que te lleve dos o tres semanas, tendrás apoyo del departamento de contabilidad, si necesitas a alguien de esta planta también tendrás ayuda-
Juan: Entendido, Jorge. ¿Cuál es la empresa en cuestión?
Jorge: Es Mago Corporation. Están en nuestro radar desde hace un tiempo y creo que esta adquisición podría ser estratégica para nosotros. Pablo ha estado tanteando a empresas del sector, y aunque no es la mejor en cuanto a productos su departamento de I+D es el mejor, posiblemente ni ellos lo sepan.
Juan: Perfecto. ¿Cuáles son los aspectos clave que quieres que revisemos?
Jorge: Quiero una evaluación integral. Finanzas, operaciones, cultura empresarial, riesgos, todo. Necesito que te sumerjas en sus números y procesos. Pero sobre todo necesito datos de patentes y de personal, ya te he dicho que su fuerte es el departamento de I+D, seria útil decir que no vamos a hacer despidos si la adquirimos, que meteremos más dinero y que no es una adquisición y venta por partes. Queremos que se incorporen a nuestra empresa.
Juan: Entendido. ¿Hay algún área específica en la que deba centrarme más? ¿Alicia vendrá del departamento de contabilidad?
Jorge: Las finanzas son cruciales, están en un momento de falta de liquidez, y los gastos han aumentado mucho, por lo que les tendemos un salvavidas, pero también quiero saber sobre la gestión de riesgos, la calidad de su equipo directivo y cómo se alinean sus valores con los nuestros. No, iras con Lisa, está pasando por unos momentos delicados y le vendrá bien salir un poco de la rutina. Es tan valida como Alicia, te enviaría a Berta, pero justo la próxima semana se va a NYC a un congreso importante, al cual pensaba también enviarte, pero esto tiene prioridad.
Juan: Lo anotaré. ¿Hay algún plazo límite que deba tener en cuenta?
Jorge: Preferiría tener los informes preliminares en tres semanas. Necesitamos tomar decisiones informadas y rápidas.
Juan: Lo haré lo mejor posible, Jorge. ¿Algún otro detalle que deba considerar?
Jorge: Asegúrate de que la comunicación con el equipo sea efectiva. Quiero minimizar la incertidumbre durante este proceso.
Juan: Entendido. Me pondré manos a la obra de inmediato y te mantendré informado sobre cualquier hallazgo importante.
Jorge: Excelente, Juan. Confío en que harás un trabajo sólido. Esto te puede abrir las puertas de un ascenso si sale bien. Avísame si necesitas algún recurso adicional.
Juan: Por supuesto, Jorge. Estoy listo para asumir esta responsabilidad.
Juan llego a su cubículo, se acordaba de Lisa de verla en alguna reunión al lado de Alicia, las dos estaban muy buenas pero las dos casadas. Abrió el directorio de números de teléfono de la empresa y busco el de Lisa.
Juan: Hola Lisa, soy Juan de Legal, Jorge me ha dicho que me ponga en contacto contigo, ¿tienes un momento?
Lisa: ¡Hola Juan! Claro, ¿es por el tema de la auditoria? Alicia me estaba comentando que Berta no puede y que me toca ir contigo de excursión.
Juan: Bueno, tengo pocas noticias. Jorge me acaba de comentar lo de la auditoría en otra empresa, y pensé que sería justo que estés al tanto, pero ya veo que se me han adelantado
Lisa: ¡Oh, vaya! ¿sabes de que se trata?
Juan: Es una auditoría completa. Finanzas, operaciones, todo. Estamos evaluando la posibilidad de adquirir esa empresa.
Lisa: Suena emocionante. ¿Cuánto tiempo tomará?
Juan: Estaremos fuera unas dos o tres semanas. Es un proyecto grande, y quiero asegurarme de que estemos completamente preparados, los puntos importantes y de personal los haremos allí y el resto lo podremos terminar aquí con todo el material.
Lisa: ¿Dos o tres semanas fuera? Eso es un poco más largo de lo habitual. ¿Cómo vamos a manejar eso?
Juan: Lo sé, Lisa. Pido disculpas por cualquier inconveniente. Pero es una oportunidad importante para la empresa. Creo que podemos organizar nuestras tareas para que todo funcione sin problemas en nuestra ausencia.
Lisa: Entiendo, Juan. Necesitaré prepararme para llamar a los abuelos para que se queden con mis hijos durante ese tiempo. ¿Hay algo específico que deba tener en cuenta?
Juan: Principalmente, necesitaré que te encargues del tema contable, aunque no es lo más importante. Además, mantén una estrecha comunicación con el equipo de aquí. No quiero que se sientan perdidos durante nuestra ausencia.
Lisa: Entendido. ¿Hay algún documento o información que deba revisar antes de que nos vayamos?
Juan: Sí, tengo una lista preliminar que me ha mandado Jorge por mail hace un momento. Te la enviaré por correo electrónico más tarde hoy. Además, quiero organizar una reunión rápida con todo el equipo para que estén al tanto y podamos responder a cualquier pregunta.
Lisa: Perfecto. Haré tiempo para revisar toda esta tarde. ¿Algún consejo específico para manejar la auditoría?
Juan: Nada, no será la primera ni la última que hacemos, acuérdate de coger el portátil, yo me llevare el mío y un par de bloc de notas para hacer apuntes in situ, y disfrutar de los desayunos buffet si es que nos dejan.
Lisa: Lo haré, Juan. ¿Hay algo más que deba saber?
Juan: No por ahora. En un rato mirare los hoteles cerca de la empresa en cuestión, aunque yo soy partidario de coger alguno un poco separado y caminar algo, que vamos a estar muchas horas sentados.
Lisa: Por supuesto, Juan. Estoy aquí para ayudar. Asegurémonos de que todo esté en orden antes de partir. y lo del Hotel lo dejo en tus manos.
Juan: Gracias, Lisa. Tu actitud positiva es una de tus muchas cualidades.
Hablo con RRHH por el tema del Hotel, yo creo que nos cubrirá la dieta, como es tanto tiempo debería ser algo medianamente bueno y si tiene piscina te avisare para que cojas el bañador.
Lisa: ¡Definitivamente! ¡Vamos a hacer que esta auditoría sea un éxito!
Juan se acordaba que en aquella primera conversación no tenía ni idea del estado emocional de Lisa y tampoco le había querido tirar los trastos, pero al parecer Lisa le comento pasado un tiempo que gracias a esa conversación se interesó un poco por él. Al ser tan amable y no tratarla como lo hacían las personas y compañeros cercanos a ella. Después de esa conversación vinieron otras antes de partir hacia la auditoria. Les habían dado varios días para preparar el viaje y la documentación afortunadamente ya estaba lista. Solo quedaba el trabajo de campo.
Juan y Lisa quedaron directamente en el aeropuerto, cada uno venia de una punta de la ciudad y no era plan ir primero a la empresa para después ir al aeropuerto.
La maleta de Juan era de un tamaño medio, abultaba más su porta trajes, sin embargo, la de Lisa parecía que se iba de viaje de luna de miel. Una maleta grande era lo que se veía a lo lejos en el pasillo antes del control de pasaportes, y detrás de la maleta a Lisa. Lisa con su 1,60 no era una mujer bajita y además tenía un cuerpo proporcionado, no le sobraba nada, tenía unas buenas tetas y un culo redondo que dentro de los vaqueros que llevaba le quedaban muy bien, además eran unos marca salsa que le elevaban el culo y le hacia un aspecto muy deseable.
Se saludaron y como iban con tiempo decidieron facturar y tomar un café. La conversación fue amena, hablaron del trabajo, de los pocos momentos que iban a tener para descansar, aunque la empresa les pagaba el viaje de vuelta el viernes y de nuevo el domingo. Lisa le contó que había tenido suerte con sus ex suegros que se quedaban con los niños. Juan fue en ese momento en que se enteró de la ruptura con su marido, los detalles no interesaban mucho en ese momento, así que embarcaron y pusieron rumbo a dos semanas de mucho trabajo.
El trabajo fue constante pero el ajetreo llego el jueves por la noche. Habían estado codo con codo trabajando todos los días más de 12 horas, comían juntos cenaban juntos y más de la mitad de la maleta de Lisa se había quedado sin sacar, no habían podido hacer nada de turismo, pero habían adelantado mucho trabajo y habían ganado compañerismo y química.
A Juan le atraía esa mujer, había tenido varias conversaciones con ella en momentos de relax, pocos momentos, comidas y pausas para tomar café, pero sentía que había cierta atracción entre ellos, y no se equivocaba, Lisa notaba como la miraba Juan, y para ella tampoco pasaba desapercibido. Juan era un hombre bastante atractivo y con un buen cuerpo. Alguna que otra vez le había agarrado del brazo y había notado su musculatura.
El jueves decidieron que cenarían fuera del hotel, por un día podían permitirse ver algo de la ciudad, habían reservado en un restaurante que les habían dicho los directivos de la empresa, y allí que fueron.
Juan se quitó el traje que llevaba a trabajar y vistió algo más cómodo un estilo sport, Lisa se puso unos tacones de infarto, unos vaqueros como los del primer día, una camiseta de lo Who y una cazadora de quitó, con su pelo suelto y maquillada con una sombra de ojos que no podías apartar la vista de ellos. Cuando la vio Juan se quedó impresionado, no pensaba que su compañera estuviera tan buena ni que vistiera así, tenía un aire a cierta presidenta de la comunidad de Madrid.
La cena fue bien, no era muy tarde y aun pudieron dar un paseo para bajar las copas de vino que habían tomado. Lisa estuvo contando en la cena los motivos por los que se había separado de su marido, que le había descubierto en una infidelidad, pero es que no era una cualquiera, era con un hombre. Su marido le juro y perjuro que era la primera vez, pero, aunque le creyó, no lo pudo soportar, si hubiera sido con una mujer a lo mejor hubieran tenido una crisis, pero algo fracturo la confianza y la relación con su marido, que aún no estaban separados.
Juan no sabía cómo actuar, tan solo podía decir que lo sentía y que comprendía como había actuado ella. Para Lisa esas palabras le reconfortaban, porque algunos amigos aun le decían que tenía que darle una segunda oportunidad a su marido. Juan le conto la historia de un amigo y como había roto con su ex, que ella le había puesto los cuernos varias veces y que había vuelto a encontrar el amor.
Terminaron el paseo y llegaron al hotel. En el hall de entrada decía que la piscina estaba abierta hasta las doce de la noche, faltaban veinte minutos y Lisa le dijo que se podían vestir y verse en la piscina. Juan se rio del plan, pero al ver la cara seria que ponía Lisa le dijo que aceptaba, Juan se paró en la planta 4, Lisa subió hasta las 7 y quedaron en verse en la menos 1 en 10 minutos o menos.
Juan tardo 4, fue quitarse la ropa, ni doblarla ni nada, ponerse el bañador, calzarse las chanclas y coger el albornoz.
Llego a la menos 1 y al ver a los operarios empezar a sacar las máquinas de limpieza volvió a cerrar la puerta, aún era hora de tener la piscina abierta pero no quería fastidiar a los chicos de mantenimiento. Él había trabajado en un hotel cuando estudiaba la carrera y agradecía pequeños gestos hacia el personal, así que el cuándo podía también los tenía.
Una voz a su espalda le saco de su recuerdo de aquellos años universitarios, era Lisa que envuelta en su albornoz le preguntaba que pasaba.
Juan le dijo que estaban los de mantenimiento preparándose para limpiar la piscina y que no quería hacerles tener que estar más tiempo. Lisa puso cara de pena, pero comprendió lo que decía.
Se volvieron al ascensor, Lisa primero y Juan después, les toco esperar a que bajara del piso 10 y Juan no sabía dónde poner la mirada, si en el albornoz de Lisa o en sus ojazos, unos ojos verdes que seguían maquillados y la hacían tremendamente guapa y deseable.
Lisa sabía que la estaba mirando y se puso un poco colorada, tenía las manos a la espalda por lo que su pecho estaba más hinchado. Juan lo veía, aunque poco, algo de carne se veía entre el algodón blanco del albornoz. Lisa viendo como el pobre Juan quería saber más de su anatomía, se aflojo el nudo y se lo volvió a anudar, dejando por un brece espacio de tiempo a la vista todo el cuerpo únicamente cubierto por un bikini.
Cuando llego el ascensor Juan marco la 4 y la 7, Lisa le dijo que ya se había hecho a la idea de meterse en el agua, relajarse y sentir que lo todas las preocupaciones se deshacían en la piscina como una aspirina en un vaso de agua, también puedes meterte en la bañera en tu habitación le contesto Juan, y Lisa le dijo que solo tenía plato de ducha.
Juan: Puede sonar extraño, pero si quieres en mi habitación hay bañera. Si quieres cambiamos las habitaciones. - dijo sin ninguna mala intención.
Lisa: Me dejas verla antes de quitarme el bikini, no vaya a ser muy pequeña y no merezca la pena. - fueron las palabras de Lisa. y esas sí que iban con segundas intenciones.
Juan: Claro, venga es esta planta, acompáñame.
Los dos siguieron el pasillo enmoquetado hasta la 403, Juan entro primero y Lisa cerró la puerta, dejando por fuera el típico cartel de no molestar. La ropa de Juan seguía tirada en la cama, e intentó guardarla como pudo en el armario, pero antes de que pudiera hacerlo del todo Lisa le dijo que debajo de la silla había algo. Era el bóxer de Juan, Rojo de cK, ambos se miraron y se rieron.
Juan le dijo que entrarse al baño, a ver la bañera, era tipo Jacuzzi, entraban dos personas y tenía para hidromasaje. Lisa le dijo, que tenía una habitación mejor que la suya. Juan le dijo que, si quería que se las podían cambiar, que había sido la suerte la que les había hecho coincidir en el viaje y tener una habitación u otra. Lisa se mordió un poco el labio y dijo si, la suerte.
A continuación, se acercó a Juan y le recordó sus palabras de antes, que le gustaría relajarse y que le encantaría verla antes de quitarse el bañador. Juan le dijo que adelante, que, sin problemas, que podía... pero no termino la frase, Lisa se le acercó y le dio un pico ambos con el albornoz puesto, en medio de la habitación Juan no sabía cómo reaccionar, pero lo hicieron por él, Lisa le quito el nudo del cinturón dejando abierto su albornoz, Juan seguía sin hacer nada, y cuando noto las manos de Lisa intentar quitar el nudo de su bañador fue cuando reaccionó, tomo las manos de Lisa y le dijo que él iba a hacer. Lisa le dijo que quería verla antes de quitarse ella nada, pero no era la bañera lo que quería ver.
Y con esas últimas palabras Lisa quito el nudo y bajo el bañador. Juan se había entonado un poco por la situación y algo había crecido su miembro. Lisa lo vio y al parecer le gustaba lo que veía porque lo que hizo después fue abrirse ella el albornoz y dejar su cuerpo a la vista únicamente tapado por un bikini, negra la braga brasileña y de rayas de tigre la parte del sujetador.
Lisa se fue también quitando el nudo de atrás del sujetador y se acercó a Juan, que por fin reacciono. La tomo de la cintura y se pegaron un buen beso con lengua, mientras las manos de Juan iban del culo a los pechos de Lisa y las manos de Lisa ya había tomado ese miembro y lo estaba acariciando sintiendo como crecía entre sus dedos.
Juan llevo a Lisa a la cama, la tiro encima de ella y no espero ni a quitar la colcha ni nada, ya tumbada boca arriba le quito la braga y vio ese pequeño coño que había alumbrado a sus descendientes y se fue directo a comerlo. Pillo a Lisa sorprendida porque su marido hacía años que no se bajaba y se acordaba de esa sensación vagamente, pero en cuanto Juan empezó a lamer, chupar y morder ciertas zonas ese recuerdo le inundo, deseaba de nuevo sentir lo que su marido le había negado tanto tiempo, tomo la cabeza de Juan entre sus manos y le indico que siguiera que le gustaba mucho como la estaba haciendo sentir.
Juan escucho las palabras de Lisa y entendió que tenía luz verde a seguir dándole placer.
Una vez que su lengua había iniciado el camino continuo con sus dedos, el coño húmedo los recibió con glotonería porque fue meter uno y el coño se lo trago entero, y viendo como había un dedo llegando hasta el final fue metiendo dos.
Lisa se corrió con ese segundo dedo, y es que ya hacía meses que nadie la tocaba, incluso meses desde la última vez que ella se tocaba y todo ese tiempo de abstinencia exploto como una granada. Su orgasmo inundo la cama de Juan y al propio Juan.
Era la primera vez que Lisa se corría de esa manera, fue tal que se quedó algo cortada, pero Juan no le importo, se subió a la cama, se situó entre las piernas de Lisa y únicamente le pregunto si podía, Lisa lo entendió todo, y a la vez contesto que sí. Ya hacía años que se había ligado las trompas, no habría embarazo y suponía que Juan no tenía nada raro, por lo que al decirle que si Juan situó su polla en la entrada de la vagina y empujo. La polla de Juan penetro lentamente y hasta el final.
Cuando ya estaba dentro la dejo un poco sin mover, porque sabía que el grosor de su miembro podía ser algo malo, alguna vez de joven con una o dos novias que tuvo al ser las primeras veces el grosor de la polla al principio les molestaba, aunque después era algo que las volvía locas.
A Lisa le paso lo mismo, la polla de Juan era mucho más larga y gruesa que la de su marido y además con todo lo que llevaba sin actividad al notarla entrar se asustó un poco pero ese miedo se iba convirtiendo en placer, cuanto más tiempo la tenía dentro y más aún cuando empezó a usarla, que además de tener buena herramienta la sabia usar.
El primer polvo fue tranquilo, el encima y Lisa debajo, se besaban y Lisa le clavaba las uñas mientras le decía al oído que la estaba matando de placer que siguiera que le diera más rápido y ya por fin le grito que se corría de nuevo. Juan sintió el coño de Lisa apretarle la polla y aunque podía haber aguantado dejo libre su cerradura mental y empezó a notar como el semen subía hasta la cabeza y estaba a punto de estallar.
Juan la aviso que él se corría también y Lisa le dijo que lo hiciera dentro que no quería separarse que estaba a punto de correrse y lo hicieron casi a la vez. Primero Lisa y luego Juan.
Ambos estaban desnudos, encima de la cama, los albornoces en el suelo y aun eran las doce y media de la noche. El primero en reaccionar fue Juan, fue al baño a por el típico vaso que está en los baños, lo lleno de agua y se lo ofreció a Lisa, la cual estaba un poco incomoda por el desnudo de ambos, pero algo cambio en su cabeza, dejo de pensar como una mujer casada y madre de familia para sentirse una autentica milf.
Lisa tomo el vaso bebió y le ofreció a Juan la mitad. Los dos estaban que no sabían que decir, hasta que de nuevo Lisa rompió el hielo, se levantó, abrió el mini bar, para ello tuvo que agacharse dejando expuesto su coño de nuevo a la mirada de Juan, el culo empezó a notar como su polla quería de nuevo crecer. Lisa miro hacia detrás viendo lo que estaba consiguiendo solo con su físico, saco del mini bar dos botellitas pequeñas las miro, una de ron y otra de cava, escogió la de cava y la otra la guardo.
Le dijo a Juan que habría que reponerla antes de que la cobraran del servicio de habitaciones, bebió un poco y se ha ofreció a Juan, pero no se la llego a dar, en vez de eso la derramo sobre sus pechos y le dijo que si quería beber que se diera prisa.
Juan le hizo caso, y empezó a saborear la bebida sobre la piel de Lisa. Lisa no perdía el tiempo, cuanto más saboreaba Juan y más le chupaba los pezones y le amasaba las tetas más se calentaba. Termino de verter la bebida por su cuerpo y Juan no pudo beber toda,
Lisa le dijo que tendría que ducharse, o mejor que ella había ido allí a bañarse, se dirigió al baño y llamo con una voz sensual a Juan, solo le dijo una palabra, ¿vienes? - lo que se tardó en llenar la bañera de agua se comieron todo el cuerpo, Juan de nuevo fue a por las tetas de Lisa y Lisa fue a devolverle el favor que le había hecho antes Juan.
Se arrodillo encima de una de las toallas del baño para no hacerse daño en las rodillas y poco a poco fue metiéndose la polla en la boca, con el ruido de fondo del grifo.
El agua estaba a buena temperatura, y se metieron los dos, primero Juan y después encima Lisa, podían haber entrado uno en cada lado, pero entonces no podría haberse metido la polla como es lo que estaba haciendo Lisa. Juan en esa posición se apodero de las tetas de Lisa y ella movía la cintura y de vez en cuando con sus brazos subía y bajaba su tronco para sentir más la polla, se giraba de vez en cuando y le comía la boca a Juan.
Juan recordaba esa noche como la primera vez que hacía que una mujer fuera infiel, aunque no era del todo cierto, pero en papeles Lisa aún estaba casada, pero él no era el culpable solo era una herramienta para ese fin.
Esa noche que duro hasta las 5 de la mañana fue la primera de muchas, desde esa noche de jueves hasta el domingo siguiente fueron diez noches en la que yacieron juntos, también hubo varias mañanas y alguna tarde.
Y es que se despertaron para que Lisa fuera a su habitación a ducharse y vestirse para ir a trabajar, al terminar de trabajar ese viernes, aunque podían haber vuelto a la ciudad, Juan ya había dicho que se quedaba allí, así que los dos permanecieron en la habitación, viernes sábado y domingo. La semana siguiente iban cambiando de habitación unas noches en una y otras en otra. Lisa se había convertido en una máquina de follar, incluso le dijo a Juan que cuando volvieran a la ciudad quería ir a su apartamento a seguir con lo que habían empezado. Juan pensaba que habían empezado algo, una relación, pero Lisa se refería a empezar a follar, llevaba tanto tiempo sin hacerlo que se había convertido en una adicta.
La noche del sábado, 10 días después del primer polvo, y después de haberlo hecho en el hotel, en los baños de un restaurante, en los baños del aeropuerto, en la sala de reuniones de la empresa que iban a auditar estaban en el apartamento de Juan y Lisa le dijo que quería que le desvirgara el culo, que era algo que nunca había hecho y quería hacerlo.
Juan no la defraudo, se lo preparo bien, y lo hicieron al final de la sesión. Primero lo hicieron a perrito y en un momento dado Juan le empezó a comer el culo a Lisa y cuando ya lo tenía bastante preparado se unto un poco de gel lubricante en el miembro y también en el ano de Lisa y se la fue metiendo poco a poco. Lisa sintió como la abría, pero solo respiraba profundamente, no dijo nada hasta que Juan le dijo que ya tenía media polla dentro. En ese momento le dijo que empezara poco a poco a follarla y que quería sentir su semen por dentro.
Juan siguió las ordenes de Lisa y así lo hizo, en esa relación lisa era la que mandaba y Juan el que obedecía.
Al terminar ese polvo brutal Lisa le dijo que habían sido unas semanas increíbles, pero no quería atarse de nuevo, acababa de descubrir lo que era el sexo y no quería una relación estable. Juan se sorprendió, pero no discutió nada, él hubiera empezado algo serio, pero era la persona que seguía las órdenes. Lisa no cerraba la puerta a algún polvo de vez en cuando, pero quería vivir la vida.
Y así es como recordaba la aventura con Lisa. Si que hubo un polvo más una tarde, unos meses antes de la cena de navidad, una tarde de martes que Juan tenía que quedarse para terminar un informe importante para Jorge, al terminar se encontró a Lisa en el hall de la empresa. Lisa le dijo que estaba muy bien, que le veía muy bien. Juan le dijo que había estado haciendo ejercicio y era verdad, había estado dos meses liado con Lucia los jueves, haciendo ejercicio, por desgracia el anterior jueves habían tenido un percance que desarrollare más tarde.
Juan le dijo que gracias a la auditoria que hicieron le habían ascendido. Que le habían dado un despacho, que si quería verlo.
Lisa había terminado de trabajar y le dijo que iba a ir a comprar un regalo para su sobrino pero que tenía tiempo, le pidió a Juan veinte minutos y volvía. Juan le dijo que estaría en su despacho, que había dejado algo pendiente pero que esos 20 minutos le vendrían muy bien.
Lisa llamo a la puerta del despacho y quedo alucinada, era de los pocos despachos que era de esquina en el edificio, por lo que tenía dos buenas ventanas, una de ellas daba a otro edificio de oficinas, pero la ventana del norte daba a un parque y a las montañas, era una de las mejores vistas que tenía el edificio, Aun era la cuarta planta, pero sin duda tenía mejores vistas que su mini oficina, por no llamarlo cubículo.
Juan le enseño el despacho, lo había llenado de fotos de salidas en bici con compañeros, de un viaje que hicieron gente del departamento, de un cumpleaños de alguna de las abogadas que se había retirado años antes. Incluso le dieron permiso para tener un hormiguero. Había gente con acuarios y otros con cactus, Juan era un poco más raro. Pero la explicación que daba era muy buena, una colonia siempre trabaja en equipo y lo hace por el bien de la colonia. Incluso Jorge y don Pablo le habían dicho que era una buena contestación.
Además era un buen sitio para colocar una cámara espía, y es que un abogado algunas veces necesita más que palabras para hacerse creer, o para no caer en malas manos. Juan le dio a grabar cuando Lisa aparecía por el pasillo. El botón oculto a lado del teclado le venía bien cuando alguien entraba en su despacho, en aquella ocasión no llevaría el tema a juicio, pero si que quería tener una prueba de que pasara.
Lisa entro en el despacho y cerro la puerta, miro a las paredes, viendo las fotos, dejo en el sofá la bolsa del regalo y se acerco a Juan. Paso a su lado sin decirle nada, dirigiéndose a los ventanales y bajando los estores. Juan sonreía por dentro, si después intentaba denunciarle por acoso o violación podría demostrar que ella era la que había cerrado la puerta y puesto intimidad en la habitación.
Lisa: Vaya sí que tienes buenas vistas, esto por la mañana tiene que ser precioso con las montañas al fondo. - dijo mientras veía a Juan detrás de ella mirándole el culo, a través del reflejo del cristal. Lisa en ese momento se apoyó en la silla que había delante del escritorio de Juan se quitó la chaqueta que traía puesta.
Juan: Para vistas las que tengo ahora, y las montañas las que te voy a comer dentro de cinco minutos.
Y así de directo fue Juan, se acercó a ella, la agarro por el culo y la levanto, Lisa reacciono rápido, se agarró al cuello de Juan y le rodeo con las piernas. Se besaron mientras Juan acariciaba el culo de Lisa y la llevaba a la mesa. Aunque estaba bastante llena de papeles encontró un hueco para sentarla. Con prisa, pero con delicadeza Juan le fue quitando los botones de la blusa, mientras Lisa intentaba desabrochar el cinturón y los pantalones de Juan.
Cuando Juan había terminado de desabotonar la blusa tiro del sujetador para arriba, dejando los pechos libres y dirigiendo su boca a ellos. Lisa no pudo terminar de quitarle los pantalones porque ya estaba recibiendo una buena lamida en sus pechos y la estaba activando. Empujo la cabeza de Juan hacia abajo para que le comiera el coño, Juan le quito los pantalones tan ajustados que llevaba como pudo y fue a por el tanga. Se dio cuenta de dos cosas, el tanga dejaba ver un culo moreno, lo que significaba que o bien tomaba rayos uva o en la playa ya no iba con el bañador de braga brasileña sino algo más atrevido, y lo segundo es que ya no tenía ni un pelo, lo tenía todo depilado.
Juan no perdió tiempo al igual que hizo en el hotel se dedicó primero a trabajar con la lengua y después con los dedos. Lisa le encantaba la técnica de Juan, a todos los amantes que había tenido después de ese primer acto de liberación o de infidelidad le decía como le gustaba que jugaran con ella, y era como se lo había hecho todo Juan.
Juan no tardo en hacerla correr, en vez de dejarla recuperarse, la levanto, le dio la vuelta y la empujo de nuevo contra la mesa, en esa posición, Juan estaba detrás quitándose ya los pantalones y Lisa apoyaba los codos en la mesa dejando vía libre para un ataque por detrás.
Juan embadurno su polla con los líquidos de la vagina de Lisa y su propia saliva y poco a poco la fue penetrando. Habían cerrado la puerta y no había nadie en esa planta del edificio, pero por precaución Juan le dijo que no fue muy escandalosa, a lo que Lisa le dijo que dependía de lo fuerte que le diera y por donde le diera.
Juan le dijo que no tenía tiempo de prepararle el culo, que se la iba a follar por el coño, y de un golpe se la enterró. Lisa gimió de gusto, recordaba esa polla muy bien, había disfrutado desde entonces de varias herramientas masculinas, unas más largas unas más cortas, finas y gruesas pero la de Juan la había llenado y abierto tanto que solo con la puntita ya estaba agosto. Juan se la follaba con un buen ritmo y de vez en cuando le daba un azote, le agarraba los pechos y cogía impulso para una penetración más profunda o bien la agarraba del pelo y la hacía encorvarse.
Al final Lisa le dijo que estaba de nuevo a punto de correrse, por lo que Juan le agarro los pechos, le pellizco los pezones y empezó a bombear fuerte y rápido. Primero se corrió Lisa y después lo hizo Juan.
Se quedaron un rato unidos, sintiendo como la polla de Juan dejaba de llenar el coño de Lisa y un poco de líquido caía sobre el tanga y los pantalones de Lisa.
Fueron quince o veinte minutos de sexo y fue el último que habían tenido. Lisa le agradeció el polvo, le dijo que había disfrutado mucho, que de vez en cuando venía bien repetir, pero Juan nunca más volvió a insistir ni tampoco quiso repetir.
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