Lola, no estás sola... (Capítulo 4)
Bajo un vestido que esconde su desnudez, Lola siente la mirada ardiente de su jefe. En la oscuridad del baño, la prohibición se vuelve irresistible, pero al volver a casa, la tentación no termina con él. ¿Podrá resistirse a la tentación de su cuñado y a las promesas de un amante que no la suelta?
Lola, no estás sola.
Laura&Sylke
Capítulo 4
Voy bailando con unos, con otros... las copas corren por aquí y por allá, algo que me está provocando ser algo más abierta, abrazando a cada pareja de baile y eso que ellos no saben que estoy desnuda bajo el vestido.
En todo momento veo por el rabillo del ojo como Diego nos observa, no me quita la vista de encima y parece rabioso de verme bailar con unos y con otros, incluido con su padre. De algún modo, me gusta provocar esa especie de celos en él. ¿Pero qué estoy diciendo?
En un momento dado, me despido de mi acompañante de baile, uno de los jefes de una de las tiendas, un hombre muy majo, pero que ha dejado la mano por encima de mi trasero y creo que estaba buscando la costura de mis braguitas. ¿Se habrá dado cuenta? El caso es que me da miedo mojar el suelo, porque creo que con tanto roce y mi mente calenturienta me he puesto a tope. De camino hacia el servicio, siento cómo alguien me coge del brazo y me empuja dentro hasta meternos en ese baño.
- ¿Pero qué? - pregunto sin saber que ha ocurrido y cuando giro veo que es Diego que me mira fijamente.
- ¡Dios, Lola!
- ¿Diego? - pregunto aturdida.
- Si querida... uf, cómo estoy. Me estás volviendo loco.
- Pero ¿Qué ocurre? - digo sin entender.
- Lo que ocurre Lola es que tengo un dolor de huevos terrible desde que te vi entrar por la puerta y luego te he visto bailar con mi padre y con todos los invitados, me tienes cachondo perdido, lo siento... lo siento, no puedo concentrarme en ninguna conversación, estoy pensando en ti todo el rato.
- Pero Diego... tu padre...
- ¡Qué le den por culo a mi padre!, ¡Sólo me importas tú!
- ¡Pero, Diego! - digo pensando que ha bebido demasiado y no sabe muy bien lo que dice, aunque reconozco que me ha gustado mucho por eso de que sólo le importe yo.
En ese momento me gira y me pone de cara a la pared colocando mi pecho contra los azulejos y se pega a mí por detrás, poniendo su pecho en mi espalda y haciendo notar su considerable bulto en mi culo mientras que sus manos las coloca en mi cintura.
- ¡Mira como estoy! - dice pasando ese bulto por mi culo.
- ¡Diego! - gimoteo su nombre
- Eres preciosa, Lola, estás buenísima... Estoy loco, perdóname... - añade cuando sus labios besan mi pelo y me huele.
No puedo evitar morderme los labios y es que hacía mucho que alguien no me decía eso, tan directamente. En ese momento no pude pensar en Quique, en las niñas, en mi madre, en ese momento era una mujer cachonda y deseada por ese joven tan guapo.
- Joder me muero de ganas de averiguar lo que llevas debajo de este vestido y probar tus dulces tetas que no han parado de volver locos a todos los invitados.
Veo que el cuerpo de Diego se pega aún más a mí, logrando hacerme notar lo dura que la tiene y al no llevar nada bajo el vestido, lo puedo sentir todavía más fuerte, si él supiera...
- Diego, esto no está bien. - comento en un momento de cordura, pero estoy tan excitada que no soy capaz de controlar mis impulsos y no hago nada por separarlo de mí.
- Necesito ver lo que hay bajo ese vestido... lo he sentido desde la primera vez que te he visto entrar. Pensando en cómo será tu lencería, como llevarás ese sostén que sujeta tus preciosas tetas, si llevas tanga, culote...
- ¿En serio te gustaría ver lo que llevo puesto? - digo animada por ese ímpetu en el que me veo metida y casi me arrepiento de decirlo, pero me encanta ver que tengo a ese joven loco por mí.
- Por Dios si, seguro que estás tan sexy o más por debajo de ese vestido - dice a la vez que me apretaba más a su entrepierna.
Evidentemente él no puede imaginar que no hay nada bajo la tela de mi vestido y no sé qué narices me pasa, pero estar pegada a él, sintiéndole tan desbocado y yo tan excitada, me lleva a comportarme como una auténtica zorra, me olvido de todo y me muero de ganas de comprobarlo y disfrutar. Entonces, hago algo que creía que no sería capaz de hacer que es abrir un poco más las piernas y colocarme mucho mejor en su polla para poderla sentir directamente en mi coño que ahora mismo está chorreando.
- ¡Lola! - sisea él viéndome tan dispuesta
- Mmmm, Diego, tu padre nos puede ver... - le pongo yo más picante a la situación.
- Joder si nos ve así, me mata. - responde con la voz temblorosa.
- ¡Uff, Diego!, ¡Estoy casada! - jadeo, pero suena absurdo después de pronunciar eso, cuando estoy loca por sentirle más y más.
Al escucharme eso, Diego se aprieta más contra mi cuerpo y sin pensárselo sube sus manos hacia el escote de mi vestido, liberando mi pecho y dejando mis tetas fuera.
- ¡Joder que tetas, no llevas nada! - dice sorprendido, empezando a magrear con ganas mis pechos y pellizcando mis pezones sintiendo su extrema dureza.
- ¡Joder, qué tetas, Lola! - exclama jadeante.
- ¿Te gustan? - pregunto como una tonta y es que creo que el alcohol me ha hecho efecto.
- Joder, Lola, no te lo puedes ni imaginar y encima con las ganas que tenía de tocarlas... y verlas.
En ese momento, Diego me gira y mis tetas, totalmente fuera del vestido, quedan ante su cara.
- ¡Qué maravilla! - dice, para seguir palpándolas, dibujándolas con sus dedos y más envalentonado empieza a chuparlas.
Diego va de un pezón a otro, sin dejar de acariciar la fina piel de mis pechos... mientras yo acaricio su pecho, en lugar de empujarle y decirle que es un cerdo.
- Lo siento, Lola, lo siento, no me puedo contener. - dice levantando la vista, para luego volver a comerme los pechos.
- ¡Ay, Diego! ¡Me encanta sentirte! - exclamo, al notar esos labios jugando con mis duros pezones y es que tanto tiempo sin sexo me dejan obnubilada.
Ambos nos sentíamos frenados a actuar de esa manera, él como mi jefe y con el condicionante de no traicionar a su padre, a abusar de su autoridad frente a una empleada y yo... yo totalmente entregada olvidándome por completo de mi marido. De algún modo, los dos sabemos que esto es una locura, pero de la que no queremos escapar.
- Me vuelven loco estas tetas. - repite él, entre bocado y bocado a mis pezones, mientras yo gimo cada vez que esa lengua las envuelve, las chupa, las succiona...
De repente, Diego, mirándome fijamente con ese brillo tan atrapante en sus ojos, me coge por la cintura y me sube apoyando mi culo en la cisterna.
- Voy a hacer que te corras ahora mismo sólo con devorar esas tetas tan increíbles que tienes. - Me dice y presiento que lo conseguirá, pues me deshago.
De pronto nos llevamos un susto de muerte cuando vemos moverse la manilla del baño, dejándonos paralizados.
- ¡Ocupado! - dice Diego al cabo de unos segundos
Nos miramos fijamente, guardando silencio durante unos instantes hasta que yo le vuelvo a decir.
- Diego, esto es una locura...
- Tú, eres una locura. - añade para besarme en la boca y hacer que yo abra mis labios y reciba su lengua con todas las ganas.
Mi mano, casi de forma autómata se dirige a su bulto y puedo percibir lo dura que está su polla bajo su pantalón. No sé por qué hago eso... nunca he tocado otra polla que no sea la de Quique.
- Eso es por tu culpa. - me dice soltando mis labios para confirmare que esa erección es por mí.
Y nada más decirlo lleva su boca a unos de mis pechos para morder con más ganas todavía y sorber unos de mis pezones mientras que con el otro juega con sus dedos.
- Que delicia, Lola... Qué ganas tenía de hacer esto desde que te conocí - me dice mirándome embelesado.
- Diego, si hace apenas... – no soy capaz de seguir, cuando noto sus dientes atrapando mi pezón, lejos que se detenga acaricio su cabeza para que continúe.
Mi mano sigue aferrada a ese tronco que hay bajo los pantalones y él lo sabe cuándo me dice:
- ¿Tienes ganas de ver lo que hay debajo? - susurra con sus labios literalmente pegados a los míos.
- No sé si... - mis palabras son contradictorias con mis pensamientos y con mi propia mano que no suelta ese tronco duro que acaricio por encima de su pantalón.
Atrapa mi labio inferior entre los suyos y luego me pregunta:
- ¿Sí o no, Lola?
- Si... - digo casi en un susurro y aunque algo dentro de mí quiere parar todo eso, hay otra parte que lo desea tanto...
Diego se separa de mí y se desabrocha el cinturón dejando caer sus pantalones sin nada más debajo, dejando libre una polla enorme y gorda que de solo verla me asusto y pienso si realmente eso me podría entrar.
- ¡Dios! - digo al ver ese miembro gigante balanceante.
- No te asustes, Lola, verás cuando este dentro de ti...
- Pero... tú y yo no podemos... No vamos a hacer nada, Diego, no podemos... - repito como una autómata pero sin quitar la vista de ese miembro por el que siento unas enormes ganas en devorar.
- Creo que me lo vas a rogar. - me desafía.
Sin dejar tiempo a cualquier espera, Diego levanta mi vestido hasta dejarlo enrollado en mi cintura dejando a la vista mis piernas abiertas y mi sexo totalmente expuesto.
- ¡Hostia! - dice casi en un grito al ver que no llevo ropa interior.
Mi jefe se arrodilla entre mis piernas y acaricia los labios de mi sexo con sus dedos...
- ¡Joder, qué pasada! - dice pasando la yema de sus dedos por mi hendidura.
- Diego... no... - jadeo impulsivamente viendo lo que se viene encima.
- ¿No? ¿Estás segura de que quieres que pare? - me dice separando sus manos y mirándome fijamente.
Estoy metida en ese baño de la casa de su padre, que es mi jefe también, mi marido está a quinientos kilómetros, soy una mujer decente, casada, con dos hijas, no puedo hacer esto, es una locura, no puedo dejarme llevar por los instintos. Miro a la cara de Diego que me mira sonriente allá abajo a pocos centímetros de mi sexo.
En ese momento agarro la cabeza de Diego por detrás y digo.
- ¡Sigue, cabrón!
Su sonrisa se ve resplandeciente y parece que suena a victoria, pues ha conseguido desarmarme por completo, pero peor aun cuando, agachado frente a mi sexo, es su lengua la que empieza a dibujar mi rajita, lamiendo de arriba abajo, haciéndome estremecer mientras mis dedos se mezclan en su cabello atrayéndolo hacia a mí, totalmente desatada.
- ¡Sí, Diego, joder!, ¡qué gusto! - exclamo cachonda perdida.
La boca de ese hombre es una delicia y es que casi no recuerdo la última vez que mi marido me lo comió, porque ya casi he olvidado nuestros últimos encuentros, algunos que se han convertido en el polvo medio forzado para saciar un calentón, pero sin vivir un sexo entregado, como lo está siendo esa lengua ahora mismo jugando con mi botoncito. Un sexo de entrega total.
- ¡Diego, me corro, me corroooo! - grito, aunque él tapa mi boca porque no quiere que seamos escuchados.
Su mano cubriendo mis labios, mis piernas totalmente abiertas rodeando su cabeza y su lengua lamiendo mientras mi coño no deja de emanar líquidos entre gemidos compulsivos, es algo que no voy a poder olvidar nunca.
Cuando me quiero dar cuenta, he perdido la noción de todo, pero mi gusto va en aumento y necesito más, mucho más, ya no puedo parar en ese carrusel de locura con mi jefe y de un salto me bajo de donde estaba subida y al clavar mis tacones en el suelo, mi vestido cae por completo por mi cintura hasta quedar en mis tobillos ofreciéndole todo mi cuerpo desnudo.
- ¡Joder, Lola! - me dice admirando mi desnudez, mientras noto cómo todavía me tiemblan las piernas y me mantengo en equilibrio en esos finos tacones.
Me pongo en cuclillas agarrando ese tronco duro y gordo que me ofrece mi jefe y le doy un pequeño besito a la punta. Ese efecto hace que él de un pequeño respingo con un suspiro a la vez.
- ¡Uff! - exclama.
Y es entonces cuando mi boca se abre para tragar primero la punta y sin dejar de mirar sus grandes ojos comienzo a mamársela sin parar, está deliciosa y mis mandíbulas casi me duelen de tener que abrir tanto la boca para poder abarcar ese grosor... sólo cuando la saco y le digo.
- ¡Joder, qué grande!
Diego sonríe orgulloso de lo que tiene entre las piernas, pero es que este tío no tiene ningún defecto, es como encontrarse la horma de tu zapato, el hombre perfecto con el que siempre has querido follar... ¿he dicho follar? No, eso no...
De repente me separo y suelto esa polla que queda balanceante delante de mí y me levanto quedando a su altura.
- ¡No, Diego!... ¡No podemos! - digo en un último hálito de cordura, quedándome allí de pie, desnuda frente a esa magestuosa polla.
Subiendo mi vestido por mi cuerpo me lo coloco y Diego está en shock, con su miembro totalmente tieso apuntándome y con tantas ganas o más que yo de que follemos... pero quiero huir, necesito tener algo de sensatez. ¡Mi marido! - pienso.
- ¡Lo siento, Diego! - digo y salgo corriendo de ese baño.
Oigo como Diego me está llamando, pero lo ignoro y sigo corriendo hasta la salida, sin mirar a atrás y por suerte un taxi pasa por la zona y me subo como si se me hubiese aparecido un demonio.
Nada más entrar en casa me apoyo en la puerta, como si allí me sintiera más segura, dándole vueltas a la cabeza y sin creerme que se la haya chupado a mi jefe y casi estuviese a punto de follármelo.
Me quito los tacones y me voy a la habitación de las niñas que duermen plácidamente y suspiro, en parte aliviada por no haber continuado... sí, he cometido un error gravísimo, pero al menos, no hecho esa locura de follar con Diego.
Me asomo a la habitacion de invitados y veo que mi cuñado Cesar está roncando y no se ha enterado desde que entré, me acerco a su cama y veo su cuerpo apenas cubierto por una fina sábana... parece estar desnudo y destapo todo hasta comprobarlo.
- ¡Joder! - susurro al ver a mi cuñado, dormido y totalmente desnudo.
Su cuerpo está ladeado pero su polla descansa morcillona sobre su pubis, que lleva totalmente depilado y sus huevos se notan hinchados. Mi mente me juega malas pasadas, llegando a pensar en subirme sobre él y follármelo, apagar mi calentura de algún modo y casi por instinto me quito el vestido hasta quedarme desnuda frente a él, como hiciera minutos antes con Diego, pero esta vez, mi cuñado está dormido sin enterarse. Mi mano se acerca peligrosamente a esa polla en reposo sobre su pubis y esos huevos gordos que tiene debajo... me vuelve loca la idea de chuparlos, de ponérsela dura mientras mis dedos comienzan a jugar con mi sexo, acariciándolo y me empiezo a masturbar viendo el cuerpo desnudo de César... que lejos del escultural cuerpo de Diego, reconozco que mi cuñado está muy bien y me pajeo, imaginando que estoy sobre él, cabalgando sobre esa polla y sé que él lo disfrutaría, porque me tiene muchas ganas, hasta que mi clítoris inflamado y mis dedos juguetones, hacen que me corra entre suspiros intentando no hacer ruido y es que estoy allí, en pelotas, con mis piernas abiertas, dos dedos en mi coño y mi mano pellizcando mis pezones.
- ¡Uhh! - suspiro para no hacer ruido, pero mi cuñado se mueve ligeramente y casi a toda prisa, recojo el vestido del suelo y salgo desnuda de su habitaciòn, sin pensar lo que hubiera pasado si se despertase.
Llego a mi habitación y apoyo mi espalda en la puerta, intenando calmarme, pero mi corazón galopa a tope y mi calentura me está traicionando, estoy cometiendo una locura tras otra. ¿Qué demonios me pasa?
Me cambio y me coloco mi pijama y miro por última vez el móvil por si mi marido me hubiese escrito algo y al ver que no hay nada nuevo, pero nada, ni una señal... si supiera que me he corrido dos veces esta noche... que me acabo de hacer una paja delante de su hermano desnudo o de que acabo de chupársela a un desconocido...
Quiero echarle la culpa al alcohol y que tengo que dormir la borrachera, porque de otro modo, me voy a volver loca. Me tumbo y todo me da vueltas, aunque no sé muy bien si por lo bebido o por lo vivido... La conciencia está machacándome una y otra vez. Pienso que al fin y al cabo ha sido una especie de locura, pero sin que haya ido más allá de lo debido y creyendo que al menos eso no se puede considerar infidelidad, ¿o sí?
Tras dar varias vueltas en la cama logro quedarme dormida enseguida.
- Mmm me encanta que me beses y me toques, Diego. - digo acariciando su cabeza, mientras me está comiendo las tetas.
Al abrir los ojos veo la cara de Quique, mi marido, besándome mi cuerpo y me quedo algo extrañada por encontrarme con él y no puedo evitar soltar gemidos, sintiendo que se está bajando por mis tetas a mi sexo.
- ¿Diego? - dice Quique levantando la vista desde mi entrepierna.
- Si, es mi jefe, cariño.
- ¿Quieres que sea él quien te lo coma? - me dice dándole una lametada a mi coño.
- ¡Uf! ¿No te importa cariño?
- Claro que no. Me gustará verlo.
- Pero, Quique... -digo sin entender
Vuelvo a cerrar los ojos y a acariciar su cabeza, pero al notar una mata de pelo mayor de lo normal, vuelvo a abrirlos y descubro que entre mis piernas no es Quique, sino Diego el que está lamiéndome en lugar de mi marido, dándome ese placer extremo en mi sexo. No sé ni cómo ha entrado en mi habitación, pero estoy en la gloria, sabiendo que esa boca me está haciendo una comida brutal.
- ¡Ay, sí, Dios...!, ¡Diego no pares!
- Esta vez no lo pienso hacer preciosa. Vas a correrte como Dios manda. - es su respuesta.
- ¡Sí, Diego, si!
- Y te voy a follar, lo sabes, ¿verdad?
- ¡Sí, si, sí....!
Vuelve a dirigir su boca a mi coño y disfruto como está lamiendo y mordiendo mi sexo a la vez que me mete sus dedos dentro de mí y comienza a moverlos lentamente para torturarme. Me folla con ellos.
- ¡Diego! – gimoteo con un gusto brutal.
- ¿Qué quieres Lola?
- ¡Ay Diego! ¡Más rápido!
- ¿el que? ¿Mi boca o mis dedos? ¿o quieres otra cosa?
- ¡Lo quiero todo! - exclamo retorciéndome.
- Dímelo... quiero oírlo.
- ¡Diego, quiero que me folles! - digo abriendo los ojos sin creerme lo que acaba de soltar mi boca.
Al hacerlo veo que Diego está sobre mí dispuesto a penetrarme y mi marido a mi lado, observándolo todo.
- ¿Quique? - pregunto confusa al ver que me sonríe desde una esquina de la habitación.
- Hazlo, cariño... disfruta de esa polla de Diego. Dile que lo haga. Te lo mereces...
- Pero...
- ¡Díselo, cielo! - me repite mi esposo.
- ¡Diego, fóllame! - es todo un ruego saliendo de mi boca sin importarme nada más.
Mi jefe me sonríe victorioso y hace lo que le pido y a la vez estoy sintiendo como estoy a punto de tener un orgasmo increíble con su polla entrando en mí, cuando un sonido constante de la alarma, hace que me despierte sobresaltada, borrándose esa imagen increíble que parecía tan real, pero no, todo ha sido un sueño... un caliente sueño que me ha dejado super cachonda y mojada.
Al meter las manos en mi pijama noto la humedad de mi sexo tras ese sueño tan especial, pero cobro poco a poco la consciencia y pienso que tanto tiempo sin tener contacto con mi marido me está llevando a la locura y aunque estoy casi decidida a masturbarme para acabar con esa tensión, prefiero esperar a Quique esta noche y darlo todo. Menos mal que vendrá hoy y podré por fin tener ese encuentro tan esperado, tal y como me ha prometido.
Me meto en el baño y me doy una relajada ducha, con la intención de intentar borrar mi mente de malos pensamientos, más que el sudor que ha bañado mi cuerpo y enrollando una toalla en mi cuerpo y otra en mi cabeza, enciendo el móvil para ver si hay algún nuevo mensaje de Quique y veo que sigue sin dar señales de vida. Eso, en cierto modo es buena señal, porque estará metido de lleno en la reparación para poder volver a casa pronto.
Salgo de la habitación y veo que las niñas están desayunando en la cocina, mientras mi cuñado con un pequeño pantalón de deporte y nada más, les está haciendo crepés con mermelada.
- ¡Mamá! - gritan al tiempo mis hijas al verme y mi cuñado se gira, sonriéndome.
Cuando me quiero dar cuenta, tan sólo una pequeña toalla cubre mi cuerpo y siento una vergüenza, esta vez completamente serena.
- ¡Hola, Lola! - añade César mirando a mi canalillo y luego a mis piernas.
- Cuidado, se te quema. - grito.
Él sigue obnubilado mirándome, cuando repito.
- ¡La sartén!
Y entonces se da cuenta que está humeante y no parecía lo único caliente viendo el bulto que se ha formado bajo su pequeño pantalón de deporte desde que he entrado en la cocina.
- ¿Qué tal esa fiesta? - me pregunta, sólo para mirarme de reojo y observar de nuevo lo mucho que enseño.
Recordar la fiesta es volver a rememorar esa locura en el baño de ese chalet, completamente desnuda comiéndole la polla a mi jefe y veo que mi cuñado vuelve a mirarme embelesado.
- Bien. Voy a vestirme. - digo dándome la vuelta, antes de provocar un accidente y por suerte están las niñas, porque mi tortuosa mente ha llegado a pensar qué haría Cesar si me quito la toalla o qué hubiera hecho anoche, cuando entré en su cuarto y me desnudé observando su cuerpo y masturbándome frente a él.
Vuelvo a mirar el móvil al oír un sonido de notificación, pero es mi madre que pregunta por sus nietas y no Quique al que cada vez necesito más cerca de mí. Mientras chateo con mi madre, me entra otro mensaje: ¡Es Diego! Abro el mensaje con miedo.
- “Lola, no tengo perdón, no tengo excusa... quisiera poder aclarar todo lo sucedido y te prometo que no va a volver a suceder. Ya sé que hoy no hay trabajo, pero, ¿podríamos vernos? Necesito pedirte perdón cara a cara.”
¿Perdón? Al fin y al cabo, él es un hombre libre... soy yo la que tendría que pedir perdón, por darle alas, por permitirle ese acercamiento, por no ser capaz de controlarme y engañar a mi marido... soy yo la única culpable y es a mi marido a quien debo pedir perdón.
- “Tranquilo, Diego, fue una locura por mi parte, prefiero que lo dejemos así, borrón y cuenta nueva. ¿De acuerdo?” - contesto yo con otro mensaje.
- “Por favor, déjame verte y explicarme...” - contesta al instante.
Me quedo mirando la pantalla del móvil y siento como mi coño está latiendo... porque estoy casi viendo a Diego al otro lado, sus manos, su boca... su polla... pero ¿cómo voy a encontrarme a solas con mi jefe de nuevo? ¿Cómo hago para serenarme y no perder los papeles? No quiero hacerlo, no debo hacerlo... no puedo engañar a mi marido.
- “En una hora, ¿vale Lola?” - me manda un mensaje, pero no soy capaz de contestarle y es que estar cerca de él es un peligro, es una bomba a punto de explotar.
Tiro la toalla sobre la cama y sin más, me pongo unos leggins negros que uso para hacer gimnasia y un top blanco y justo en ese instante, se me ocurre que podría acudir a esa cita con las pequeñas. De esa manera podré tener la excusa perfecta con Diego y en todo caso, con ellas presentes no pasará nada entre nosotros... ¿no pasará? - me pregunto asustada. Me termino de secar el pelo dispuesta a ver a mi jefe, pero sin que pueda pasar nada más, no debe pasar nada más, me repito incesantemente.
- “Vale en una hora, Diego” - contesto al fin teniendo a mis hijas como pretexto a que no pueda suceder nada.
Entro de nuevo en la cocina y le digo a mi cuñado.
- César, gracias por quedarte con las niñas. Te debo una.
Mi cuñado se gira y se queda mirando mi nuevo atuendo, que parece encantarle. La verdad es que los leggins negros me marcan mucho el culo y hacía tiempo que no los llevaba y para colmo el top hace resaltar mi pecho.
- Uf, Lola, te tomo la palabra... jeje. - me dice devorándome con los ojos.
Le sonrío y veo que está con su vista en mi entrepierna.
- Pero siéntate y tómate un café, mujer. - me dice acercando una taza y yo me fijo en su torso desnudo y mirando más abajo ese bulto que se vuelve a marcar desafiante.
- No, es que he quedado y tengo que vestir a estas. - digo señalando a mis hijas.
- ¡Jo mamá! - protestan, pues mi cuñado les está haciendo figuritas en los creps.
- Ya ves que no tienes éxito. - ríe él.
- Tengo que llevármelas, César. - digo
- ¿Has quedado? - me pregunta sirviendo la leche y observando desde arriba el escote que muestra el top, sin sostén debajo.
Todo mi cuerpo tiembla y es que no le puedo decir a César, pero no por su forma de mirarme sino porque sepa que voy a verme con mi jefe.
- Sí, es una reunión de trabajo. - contesto y él frunce el ceño, pues no entiende que mi puesto de cajera en mi primer día conlleve una reunión y nada menos que un sábado.
- Bueno, es para recoger un papeleo... - añado mintiendo a César y el solo hecho de contar esa trola a mi cuñado me hace sentirme fatal. ¿Qué me pasa?
- En ese caso, vete a la cita, Lola... y yo me quedo con mis sobrinas. Ellas no pintan nada allí.
En ese momento pienso que las niñas podrían irse de la lengua con su padre, diciendo que su madre se ha visto hoy con un hombre joven... ¿Qué excusa le pondría a Quique?
- Pero... creo que mejor me las llevo, tendrás cosas que hacer.
- De eso nada. - me dice.
- ¿Cómo qué no?
- Mujer, para un día que me las dejas...
- ¿Pero no es todo un trastorno para ti, César? Estoy abusando de ti.
- Me encanta cuando abusas de mí, cuñada. - me suelta sonriente y posa su mano sobre la mía, acompañado de una gran sonrisa.
La de veces que he pensado en que César debe ser un ligón, que le gusta el sexo, que le vuelvo absolutamente loco, que me tiene muchas ganas y no lo disimula, que me follaría ahora mismo si se lo insinuara... es que es tan diferente a su hermano...
- ¿Seguro que no te lío? - le pregunto.
- Al contrario, preciosa, estoy feliz. Primero por hacerte un favor y segundo, por quedarme con mis dos sobrinitas. Además, tenemos un plan, ¿verdad chicas? - les pregunta a ellas.
- Si, mami, el tio nos va a llevar al pantano a llevar pan a los patos.
César se encoje de hombros y mi plan de llevarme a las niñas parece que no va a funcionar, igual es mejor decirle a Diego que me ha surgido cualquier imprevisto y que no puedo ir.
Sin más, miro el móvil y no soy capaz de contestar. Levanto la vista y veo que las niñas parecen emocionadas con su tío y mientras él termina de recoger la cocina, yo me levanto para ir preparando a las pequeñas. Al salir de la cocina, vuelvo la vista y cuando me giro saliendo por la puerta, veo a mi cuñado con su vista clavada en mi culo y eso me enciende de nuevo.
Una vez listas las crías, tras vestirlas peinarlas, salgo al salón y mi cuñado también está preparado, pero se me queda mirando fijamente observando mi atuendo tan ceñido con ese conjunto que uso para hacer gimnasia. Las niñas tras darme un beso y un achuchón se agarran a las manos de su tío y antes de salir por la puerta, digo.
- ¡César! -
- Dime, Lola. - se vuelve.
- ¡Gracias! - le digo mientras veo que se le ilumina el rostro y le crece de nuevo algo allá abajo. Si supiera que le he visto desnudo y me he hecho unos deditos a su salud mirando su polla...
Continuará...
Laura & Sylke
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