Xtories

Detrás de los arbustos, en el centro de la ciudad

Juan sabe que no debería estar allí, escondido entre los arbustos con la mujer que lo obsesiona. El riesgo de ser descubiertos es alto, pero el calor de sus cuerpos y la promesa de un placer prohibido lo arrastran más allá de la razón. ¿Podrán detenerse antes de que todo se derrumbe?

Will Brown4.9K vistas

Al ritmo de “El más rico beso”, ella se mueve y sugiere. Sus grandes senos se ofrecen, se regalan, se clavan sin apenas colaboración mía contra mis pectorales. Y ella se mueve, se desliza, gira sobre si misma y vuelve a buscarme, una y otra vez, y tal como siento sus pezones endurecerse quizás ella sienta mi pene levantarse. Sí, lo siente, lo busca, lo encuentra con su muslo entre los míos, y…

¿Quién es ella? No tengo la menor idea. No sé su nombre. Es una bailarina más en este local de salseo. En la próxima canción será otra.

¿Y esa de más allá? Ah, esa de más allá es mi mujer, pasándolo divino con sus amigas y compañeros de baile y pasando de mí.

- Me podrías decir qué te ocurre, ¿no?

- No me pasa nada.

- Juan, vamos, no seas ridículo. ¿Cómo se supone que tenemos que hacer las paces si no me cuentas porqué estás tan cabreado?

- Ya tendrías que saberlo, Marisa. Ya tendrías que saberlo.

Veinte minutos después, eventualmente se lo digo casi entre lágrimas.

-Mira, si no querías que viniera me lo dices y punto. Pero me ofrecí a llevarte a bailar esta noche por dos razones: una, porque creo que es bonito bailar con mi mujer y, dos, porque como con el niño salimos poco tanto tú como yo, pensé que estaría bien que a la vez que era un tiempo “nuestro” también disfrutases de tu hobby. Y lo único que me encuentro es desprecio. Desprecio y soledad. Te encuentras con tus compañeras de clase y, yo, como si no estuviera. ¡Pum! Como si me hubiera esfumado, como si fuera invisible. Me he pasado la noche bailando con desconocidas y viéndote solo de lejos. Y un par de veces que te has dignado a bailar conmigo, no has dejado de hablar por encima del hombro con gente de alrededor. Gracias, gracias por una noche increíble. Y encima detesto esa música, y lo sabes. Vaya desastre de noche de sábado…

Siento una rabia tremenda, pero ante Marisa la camuflo de tristeza. Estoy cabreado porque mi esfuerzo por revivir la chispa entre nosotros haya pasado completamente inadvertido para ella, prácticamente humillado, pero no se lo puedo explicar así, porque ella no sabe lo que ocurrió la semana pasada. Así que lo visto con el ropaje de la decepción y el desencanto. Me hago la víctima, lo cual es seguramente injusto para ella, pero vamos a ver si funciona. En el fondo, incluso esto lo hago por ella.

-Oh, cariño, lo siento, lo siento tanto... No me di cuenta que no lo estabas pasando bien, que ciega soy... Para mi no hay nada mejor que bailar contigo, Juan...

-Pues entonces, ¿porqué apenas lo hiciste? Me sentí solo, Marisa. Era una noche para nosotros y tú lo acabaste pasando muy bien... con tus amigos, no conmigo. Y eso que no me gusta la salsa, lo hice por tí.

-Bueno, es que nos encontramos a mis compañeros del grupo de clase de salsa y entonces ya fuimos bailando todos con todos y... Pero por otro lado, si tan poco te gusta, cariño, no hace falta que te fuerzes por mi... Podemos hacer otras cosas juntos. Te prometo que la semana que viene haremos algo especial, yo me encargo, ¿vale?

- Es igual, Marisa, no pasa nada, tampoco hace falta que ahora forcemos las cosas. No pasa nada, de verdad -aprieto su mano y la beso en la mejilla- Te quiero, princesa.

- Tú dejame a mi, amor, déjame compensarte. Eres mi hombre y te quiero con locura. Gracias por todo, cariño...

De poco me sirven sus poco convencidas disculpas, llegan tarde, muy tarde. Too little, too late. Tengo la impresión de que, en el fondo, ni siquiera ha intentado entenderme. Ahora pasaremos un par de días de morros y luego volveremos gradualmente a una insulsa calma, como si nada hubiera sucedido. Pero de momento, me tengo que comer la mala leche yo solo.

L: Hello, guapo. ¿Comemos juntos mañana lunes?

J: Oooh, me encantaría, guapa, pero mañana tengo revisión final de toda la documentación sobre la operación Kaspers/Waloba, me temo que no puedo desaparecer ni un segundo. ¿El martes?

L: Nooooo… Del martes al jueves estoy de viaje a Santander por el tema de la absorción de Aserraderos S.L. ¿Viernes, porfi?

J: Creo que el viernes hemos quedado con todos los otros.

L: Ah sí, es verdad… Bueno, al menos te veré.

J: Sí… qué ganas. Nos vemos el viernes, Luz.

Hace una semana besé a Luz en casa de Rosa, y desde entonces no me saco de la cabeza ese beso y el posterior de buenas noches en el taxi. Sí, las cosas han vuelto a complicarse y ahora, otra vez, no sé cómo salir del callejón sin salida en el que me he metido yo solito. Salir de marcha con ella no salió bien, tampoco. Incluso en su elemento, la salsa, no conseguimos pasarlo bien juntos. Ella estaba despampanante, pero aún así, algó falló.

Los días vuelan, y el beso queda cada vez más lejos, pero yo caigo presa de mis ensoñaciones cada día. Cuando el despacho se vacía, me quedo solo en la oficina y me masturbo con tranquilidad en el despacho. He imprimido una foto de Luz y cada día me masturbo mirándola. Me gusta correrme sobre la foto, de algún modo nos vincula. Sí, ya lo sé, que patético. Luego voy al gimnasio, donde me machaco más que nunca porque tengo tanta adrenalina acumulada que si no la quemo voy a explotar. Llego tarde a casa casi cada día, y es casi mejor porque no sé cómo mirar a la cara a Marisa.

Esto no nos lleva a ninguna parte. Esto es un desastre. Ni puedo ver a Luz ni puedo mirar a Marisa. Estoy en tierra de nadie sin que nadie me haya dejado allí. Me he abandonado a mi mismo en el desierto. Y no soy capaz de encontrar el camino de vuelta.

-Amor, tengo un regalo para ti. Pasé por delante al recoger a Mónica en el cole, lo vi y pensé: para el mejor hombre del mundo.

Miro a Marisa con cara de sorpresa. No lo acabo de comprender.

- Ábrelo, ¡vamos! Es una manera de pedirte perdón por lo del otro día. – abrazándose a mí, continúa: - Y para demostrarte, una vez más, que te quiero y que aprecio todo lo que haces por mí.

Desenvuelvo cuidadosamente el paquete para reaprovechar el papel más adelante y descubro de qué se trata. Alucino. Es todo un detalle y le ha costado una fortuna. Sin embargo, sigo tan perdido en mi laberinto que mi reacción, lenta y tibia, sin duda la decepciona. Se aparta de mí, parece a punto de llorar.

- No, amor, no te enfades, ¡me encanta! Es todo un detallazo por tu parte, no hacía ninguna falta.

- ¿Es que hacen falta razones para que una mujer piense en su marido? O un marido en su mujer, que viene a ser lo mismo, claro. Dime, ¿hacen falta razones?

- Claro que no, amor mío. Mil gracias, Marisa, te quiero, mi vida.

- Juan, yo no sé qué te ocurre, pero llevas días como absente. Ya sé que tu trabajo es estresante y todo eso, pero tienes que conseguir dedicarnos tiempo de calidad a nosotras. Ya ves, te hago un regalo e incluso te cuesta entender que yo, tu mujer, pueda tener un detalle contigo. Te echamos de menos, cariño.

Marisa lleva toda la razón del mundo. Llego tarde y estoy huraño, esquivo. No hemos hecho el amor en toda la semana, aunque eso tampoco tiene nada de extraño puesto que apenas lo hacemos un par de veces al mes. Me corroen el deseo por otra mujer y la culpabilidad hacia la mía, que es un ángel, una persona buena, generosa, abnegada, y la madre de mi hija. ¿Cómo puedo ser tan gilipollas? ¿Por qué, por qué le hago esto? Volvería a marcarme el objetivo de cortar con Luz, de olvidarla, pero ya lo he hecho tantas veces… Me esforzaré en intentarlo, por lo menos. Intentaré volver a ser el marido que mi ángel se merece.

L: Buenas noches desde Asturias, boss.

J: Hahaha, hace años que no soy tu jefe, Luz, no me llames así.

L: Es verdad, es verdad, ahora yo también soy la jefa, haha. Mira qué bonitas vistas hay por aquí.

Luz me manda una foto que habrá tomado algún compañero. No es una selfi, es un bonito paisaje de la campiña asturiana, con Luz en primer plano, deslumbrante en un traje de noche, y mostrando su contagioso buen humor por medio de su eterna risa.

J: Wooooow. Simplemente, unas vistas espectaculares. Cómo me gustaría estar ahí. El paisaje del fondo tampoco está mal, por cierto.

L: Hahahaha, adulador. Nos vemos el viernes mañana pasado ¿verdad?

J: Claro. Hasta el viernes.

- ¿Has visto, cariño, lo que ha anunciado la Reserva Federal?

- No sé de qué me hablas, amor. Ya sabes que, a mí, la política…

- Pero no es política, Marisa, es pura economía. Estas medidas van a tener un efecto dominó sobre Europa que va a cambiar las reglas de juego para todas las grandes corporaciones. Ya me veo venir lo que va a ocurrir.

- Para mí, tanto monta, monta tanto, hehe. Economía, política… son todo lo mismo. ¿Ponemos la serie?

- Voy, amor. -me rindo y lo dejo correr- ¿Te apetece una copa de vino?

-Uff, sí, por Dios. Vaya día más tonto, hoy. De rabieta en rabieta. Por la tarde Mónica, pero por la mañana, los pacientes en el hospital estaban insoportables. Yo creo que es porque hay luna llena y les afecta.

- ¿En serio? ¿En serio tu explicación es la luna llena? ¿No serán más bien la falta de recursos endémica del hospital y esas cosillas?

-Bueno, todo suma, pero te aseguro que la luna llena se nota.

- Vale, vale, lo que tu digas, tú eres la experta. Toma tu copa.

Como siempre que junta la serie de televisión y el vino, en veinte minutos mi mujer ya está K.O. Y yo que tenía esperanzas de hacerle el amor…Apago la serie y me desfogo jugando a la play.

La vida de los abogados de élite es una mezcla de trabajo incansable y beneficios un poco injustificados, pero ya que he hecho todo el esfuerzo para llegar hasta aquí, no me voy a quejar cuando el viernes a las 12:00 doy por acabada la semana. Lo mismo van a hacer Luz, Rosa, y Jana. A Samuel podría invitarlo yo y darle la alegría, pero no quiero, porque sé que las noticias siempre corren y que tarde o temprano sus compañeros se enterarán de que Samuel se fue de comida con el jefe mientras ellos trabajaban cinco o seis horas más. Lo mismo se podría decir de Nieves, pero Rosa y Jana la han invitado igualmente. Ellas sabrán.

El invierno ha claudicado ante la primavera finalmente, y el frío inclemente de los últimos dos meses ha dejado paso a una más que agradable temperatura para comer al exterior. Así, hemos reservado mesa en la terraza del “Orlando”, en medio del precioso parque central y rodeado de verde. Los árboles de hoja caduca aún empiezan solamente a sacar los brotes de la nueva temporada y anuncian que por venir próximamente hay tiempos aún mejores, pero hoy, no obstante, el día es también una delicia.

Quizás lo que florece no es tanto la naturaleza como las mujeres, sin embargo. Llego al restaurante y vuelvo a alucinar de compartir mesa yo solito con estas cuatro mujeres, todas tan bellas y tan diferentes al mismo tiempo. Si mi yo soltero lo viera, no se lo creería. Nunca fui un Adonis ni especialmente exitoso. Quizás el momento presente sea mi recompensa kármica, pues. O lo contrario, porque es más difícil evitar comer dulces cuando se está rodeado de pasteles.

Aunque hoy vengo en son de paz, por así decirlo, con la firme intención de no meterme en dificultades, prácticamente lo primero que hago es darle un repaso a Luz. Divina, como siempre. Me encanta su traje chaqueta, se ajusta perfectamente a su cuerpo y lo realza de la manera adecuada. La verdad es que Luz tiene mucha clase. Todos los detalles de su atuendo están siempre bien pensados, a conjunto con el resto. Hoy mismo, refulgen los pendientes que ha escogido, pero, no solamente porque los rayos solares son descompuestos en una miríada de reflejos al impactar en ellos, sino porque van a juego con el colgante que lleva atado al cuello y porque el color de la base sobre la que están engastados en forma de catarata los brillantes armoniza perfectamente con el color de sus zapatos, su cinturón y sus medias. Espectacular. Antes de que la cosa se complique, aparto mis ojos y busco refugio en el paisaje. Me toca sentarme entre Jana y Rosa. Luz queda en posición diametralmente opuesta a la mía, lo cual facilita las cosas, espero. Aun así, noto sus ojos clavados en mí durante toda la comida. Cuando hemos dado cuenta de la mariscada, vamos a dar un paseo por el parque.

- Bueno chicas, para cuando otra cenita como la del otro día -propone Jana

- Tú siempre estas disponible, ¿eh?, Jana – responde Rosa, que aún la pincha más – ¡Nadie diría que estás casada!

- Pues sí, chica, se puede decir que más que casada estoy semi soltera otra vez, haha. Con las criaturas creciditas preadolescentes, y tras tanto tiempo casada que parecen siglos, ¡es verdad que siempre estoy libre!

- Vale, pero ¿cuando dices “como la del otro día”, a qué te refieres? ¿A la buena comida, a la barra libre de alcohol, a los cotilleos, o a la parte en la que Nieves te acaba lamiendo la boca, yo doy una clase magistral de perreo, Rosa acaba en ropa interior y Nieves con la cara entre sus tetas? Hahahaha -puntualiza Luz. – Aclarémonos, solo para estar seguras de a qué te refieres. Y, por cierto, a la próxima que también venga Samuel y tendremos el doble de hombres, el doble de diversión.

Todos nos reímos, pero la pregunta tiene su enjundia. Quizás no me interese tanto desenfreno, y probablemente no sea el único que lo piense. Por el rabillo del ojo no pierdo detalle de Luz, que ahora camina a mi lado. Está preciosa hoy, como de costumbre, sobre todo cuando ríe tan desenfadada.

- Por mi cuando queráis, me lo pase de puta madre. Podemos repetir todas las partes que has comentado… sobre todo la del final, haha – se apunta Nieves. – Solo organicémoslo con tiempo para que no me coincida con nada.

- Jana: hay con la niñita Nieves, que se nos hace mayor y descubre el poder de dos tetazas -añade Jana

- Y con “nada” -me apunto- te refieres a “posible polvo”, que todos lo hemos pillado.

- Hahaha, joder, como sois, parece que solo haga eso. Puede que tenga alguna cita, sí, o puede que… no sé, que vaya al teatro con unas amigas, por decir algo.

- Oye, sí, ¡excelente idea! ¿os apuntaríais al teatro? -propone Luz. – Hace tiempo que quiero ir a ver “Semillas de pecado”, en el Teatro Clásico, y no hay manera de convencer a mi marido. La protagonizan Humberto Sales y Clara Barbastro, creo recordar.

Así queda establecido el próximo plan, y volvemos al presente.

- Luz, venga, déjame que te pinche un poco. ¿Cómo es que no consigues convencer a tu marido? -inquiere Jana.

- Hahaha, pues porque es un muermo.

- ¿A qué se dedica? -se interesa Nieves

- Es abogado, también. Solo que no ejerce. Es catedrático en la universidad.

- ¿En serio? ¿Cómo se llama?

- Alberto Viózquez. Igual lo habéis visto alguna vez por televisión, o en el periódico, o escuchado por la radio. Es un poco como una celebrity del derecho, si es que puede concebirse tal atrocidad.

- Coño, ¿en serio? -Nieves parece asombrada, y Jana y Rosa también sinceramente interesadas

- Sí, sí, en serio.

- ¡Pero si es un genio! -exclama Nieves

- En el periódico no deja títere con cabeza, desde luego. Escribe muy bien, es mordaz e interesante – coincide Jana.

- Buf, sí, escribe muy bien. Es lo único que hacen en la universidad, hablar y escribir. Creedme, en cuanto a práctica legal, le dais todas mil vueltas. En casa, no hay una sola discusión legal que no gane yo y con facilidad. Es un buen hombre, pero parece que más allá de la Universidad y sus contactos no haya nada más.

- ¿El tuyo también es un muermo, Jana? – pregunta con curiosidad Nieves.

-No, bueno… el mío no es un muermo, no. No me quejo, lo pasamos bien, es solo que… ya sabes, tras quince años haciéndolo todo juntos, pues hay pocas novedades que explicarnos, haha. Puedo salir con vosotras y mañana él seguirá en casa, no pasa nada.

Quizás no me hacía falta la información sobre el marido de Luz, especialmente cuando mi intención era - ¡es! – no volver a dejarme llevar por el tsunami de deseo que suele despertar en mí. Ahora incluso odio al marido, con lo cual casi me siento justificado en follármela, maldita sea. Tengo que concentrarme en pensar en Marisa, visualizar a Marisa. Vamos, Juan, ¡tú puedes!

Con la conversación por estos derroteros llegamos a una gran glorieta acristalada, donde nos sentamos a tomar un café. Esta vez, Luz acaba sentada a mi izquierda. Sus piernas quedan totalmente en mi campo visual. Sus medias empiezan a despertar alguna cosa dentro de mí. Otra vez.

Ahora Nieves relata con todo lujo de detalles su última debacle sexual, el fiasco de noche con un joven abogado de su mismo bufete. Todos nos apuntamos a comentar la jugada. Rosa le da consejos sobre cómo propinar una buena mamada, mientras Luz y Jana, en calidad de casadas, se hacen las escandalizadas. Yo aporto mi visión masculina, por lo que pueda servir, y parece interesar a todas.

-Chicas, lo importante no es ni la profundidad ni si ponéis más babas (o lubricación) o menos. Todo eso está bien, pero lo importante en el fondo es el ritmo. Mirad, para el hombre, el placer está en el glande. Un poco como vosotras con el clítoris. Lo demás es excitante y todo lo que queráis, pero los besitos en los testículos o las lamidas en el tronco por si solas no van a hacer nada.

- Y, entonces, todo el tema del sube y baja darle caña sin parar ¿de qué cojones sirve? -valga la redundancia, pregunta Rosa. - Porque, a ver, ¡tanto arriba y abajo cansa! ¡Si no tiene que servir de nada me lo ahorro!

- Pues es muy sencillo, todo eso propicia cambios de tensión en la piel que acaban trasladándose al glande, como si le dieras tirones, y es el estímulo sobre el glande lo que nos vuelve locos. Ahora bien, como ya sabéis más que bien, la naturaleza nos ha hecho de tal modo que esa zona se sobrecarga con más facilidad que vuestro clítoris, es muy fácil estimularla demasiado y que entonces llegue el final de la fiesta antes de tiempo. Así que la clave, como en todo en el sexo, es estar atentas a las sensaciones que traslada vuestra pareja y modular el nivel de placer que está recibiendo. Es por eso por lo que hacer pausas para soplar, lamer, besar, etcétera, son altamente aconsejables. Es mejor empezar despacio o suave e ir subiendo en intensidad mientas veáis que vuestro amante lo aguanta que ir demasiado bruscas. Si entráis demasiado bruscas, o bien se correrá en un santiamén, o bien le hacéis daño y entonces más que sumar, resta. Y todo esto que os digo son errores que las mujeres cometéis más de lo que creéis. Incluso adultas y maduras. Que yo me casé tarde y mis últimas experiencias a parte de mi mujer son de mis treinta y muchos.

Todas parecen asombradas y agradecidas por mi master class, cosa que a mí también me hace sentir ufano como un pavo real. Y caliente.

Mi móvil vibra en mi bolsillo.

L: ¿Y yo, hago todas esas cosas?

J: Tú haces todo eso y más. Solo he descrito lo que tú hacías…

L: Vale, me quedo más tranquila.

En el mundo real, cruzamos las miradas y nos sonreímos.

A continuación, las cuatro se quieren tomar la revancha y compiten por quejarse de la poca habilidad masculina en general para propinar placer oral.

-El problema es la prisa que lleváis -Observa Luz como si el reproche fuera para mí - Poco a poco, pasito a pasito, y ya llegaremos…

-Totalmente de acuerdo, pero no solo eso. También se trata de habilidad, joder. -Algunos te meten los dedos a saco hasta el fondo como si fueras un bolsillo, otros te bañan con la lengua media hora sin saber dónde están lamiendo, otros que han visto demasiadas películas y hacen cosas rarísimas… -se lamenta Rosa.

-Y la sensibilidad, jolines. Un poco de atención a nosotras, ¿no? – protesta Nieves

-Ahí, ahí, bien dicho.

- ¡Claro! Digo yo que escucharme, sentir como vibro, como fluyo, entender si toca apretar o aflojar… No sé, muchos tíos es que van a lo suyo.

- Sí, pero por encima de todo, joder, back to the basics. – insiste Rosa - Yo no espero milagros, pero por lo menos lo básico: hazme lubricar, ve de fuera hacia adentro, vigila con las uñas, diversifica tus estrategias… en fin, lo básico.

Mi teléfono vibra de nuevo.

L: No te preocupes, no es tu caso.

J: ¿No? ¿Cuál es mi caso?

L: Por lo que recuerdo, tu calificación sería alta.

J: Gracias, ahora soy yo quien respira tranquilo, haha.

Textearnos furtivamente mientras hablamos de mamadas y comidas me ha puesto muy caliente, no puedo negarlo.

-Y tú, Juan, ¿qué dices sobre todo esto? ¡Defiende a los hombres, venga! – Jana me azuza para que entre en el juego también.

-Bueno, con toda sinceridad, no tengo mucho interés en defender a los hombres. Si lo hacen fatal, mejor para los que lo hacemos bien, haha.

- O sea, te proclamas a ti mismo “uno de los que lo hacen bien”, ¿eh? Hahaha, eso habría que verlo

-Pues claro. Todo lo que habéis dicho es cierto y yo lo tengo en cuenta. Fijaos que en el fondo no se distingue tanto de lo que yo decía para vosotras. Ahora bien, como decía, si el mundo está lleno de inútiles, mejor para mí, hehe, así destaco más. Haha

Bzzzzzz. Otra vez

R: Muy interesante todo lo que has dicho. Si alguna vez te quedas soltero o tienes ganas de extraviarte por el lado oscuro avísame y dame unas clases, haha.

¡Joder! ¡Rosa! Rosa se me acaba de insinuar en toda regla. Ignoro su mensaje, no tengo el menor interés a pesar de sus reconocidamente admiradas tetas. Apenas consigo apartar de mi mente a Luz, y eso que venía mentalizado, pero tanta charla erótica ha clavado con alfileres en mi imaginación la imagen de Luz sobre la cama mientras yo lamo y lamo sin parar su panochita.

Seguimos el paseo, pero la temperatura empieza a descender paulatinamente -al fin y al cabo, solo estamos en marzo- y pronto empezamos a despedirnos. Jana y Nieves son las primeras en separarse, al dirigirse a la puerta Sur. Luz y yo seguimos andando, deseando que Rosa se vaya, pero tarda lo suyo. Finalmente, pero, nos quedamos solos.

Y ahora que estamos solos, no sabemos muy bien qué decir. Andamos sin prisa en medio de una conversación lánguida sobre tópicos. Los dos esquivamos el tema.

- ¿Sabes esto que hablábamos antes durante el café, Luz?

- ¿A qué te refieres?

- A… al sexo oral.

- Sí…

- Ya te dije que tú lo haces muy bien. -Luz se ruboriza, y como siempre que se siente cohibida, mira hacia abajo. - ¿Sabes por qué? Porque lo haces igual que besas, y tus besos son… increíbles.

- He estado pensando, ¿sabes, Juan?, en el beso del otro día…

- Y yo. Mucho. Constantemente.

- Es mala idea, Juan, muy mala idea.

- Ya… por eso me mandas fotos tuyas desde Oviedo, ¿no? -Me acerco a ella, invado su espacio personal. No nos tocamos aún, pero estamos más cerca de lo que se podría justificar.

- Juan, por favor te lo pido, nos van a ver… Ven.

Ahora Luz camina decidida por el camino que seguíamos. Llegados a un recodo, salimos del camino principal y nos sentamos en un banco muy discreto.

- Juan, ese beso fue… me ha tenido martirizada los últimos quince días.

- Luz, sé lo que vas a decir, y es lo mismo que yo pienso. Pero da igual, no puedo evitarlo. Quiero más.

Me inclino y busco su boca. Mis labios se unen con los suyos, pero ella se aparta pronto.

- ¡Para! ¿Estás loco? Nos puede ver cualquiera, aquí.

- No nos verá nadie, aún hace un poco de frío y ya casi no hay nadie paseando a esta hora. Ven…

- Yo también tengo frío, Juan, igual tendríamos que irnos ya.

- Ven.

Paso un brazo por encima de sus hombros y la acerco hacia mí. Su cuerpecito busca cobijo en el mío, se acurruca contra mí. Nos abrazamos. Aspiro su aroma, me dejo embargar por la codicia de tenerla que despierta en mí su perfume. Acaricio con brío sus brazos y espalda para que no tenga frío.

- Dios mío, que locura – la escucho balbucear contra mi pecho. Se hace un ovillo contra mí, y cubierta por su abrigo y mis brazos, es casi invisible.

- ¿Ves? Aunque alguien pasara no nos reconocería. A ti ni te vería, bonita.

- Juan, Juan, Juan… -sigue farfullando.

- Luz, preciosa… - Beso su cabecita, como hace dos semanas en el baño. Deposito decenas de besitos, uno detrás de otro sobre su dorada cabellera. - Luz, bonita mía… -El deseo crece demasiado rápido en mí, ya no puedo contenerlo. Mi mano izquierda se mete dentro del popurrí de abrigos que nos esconde y acaricia con suavidad uno de sus pechos.

De repente, abandona su posición de indefensión sumisa, enrosca sus brazos alrededor de mi cuello y me besa con pasión. Nos besamos, vaya. Mis manos acarician su espalda ahora por debajo de su abrigo, incluso de la chaqueta de su traje. Las suyas hacen lo propio, juegan con los botones de mi chaleco y camisa. Su manita aplica una presión ligera sobre mis pectorales, como si quisiera asegurarse que estoy aquí.

- Qué estamos haciendo, Juan…

- Algo que no podemos evitar, bonita.

- ¡Pero no deberíamos!

- Ya lo sé, Lucita, ya lo sé, pero yo no puedo parar… - y vuelvo a besarla, y ella abre los labios para recibir mi lengua. – Y tú tampoco, ves…

- Es verdad, no puedo parar, tengo tantas ganas…

- ¿Quieres que pare yo, princesa?

- ¡¡No!! ¡Bésame, Juan! -Lo hago-. ¡No! Joder, nos van a ver…

- Que no cariño, estamos solos…

- Espera, ¡ven!

Se levanta, me toma de la mano y me arrastra hacia la parte posterior del par de árboles que hay detrás del banco donde estábamos. Ni mucho menos es un escondite seguro, pero es verdad que ahora estamos más protegidos.

Y ahora es ella la que se lanza sobre mí, y me besa con fruición, y lleva mi mano a sus pechos, y me pide más. Y yo a ella. Tomo su mano y la llevo a mi entrepierna.

En medio de nuestro faje campestre, la hojarasca cruje bajo nuestros pies. De repente se escucha un “crac”. Luz se asusta, nos quedamos congelados. ¿Viene alguien? No, silencio. Solo hemos pisado y partido una rama. Por acto reflejo esconde la cara entre mi abrigo otra vez. Yo la aprieto contra mí, me deleito con su tacto y olor. Mis largos brazos alcanzan a tocarle el culo, y ella no protesta, al contrario...

- Tócame, por favor, Juan.

- Ya lo hago, princesa.

- No… me refiero… -toma mi mano y la acompaña hasta la cintura de su falda, donde abre el espacio suficiente y la inserta dentro. -… aquí, sí… -Oh, ¡Dios mío!

Sí, efectivamente, a petición suya, empiezo a acariciar su sexo. Su humedad es más que evidente incluso al tacto de mis dedos insensibilizados por el frío, así que no tardo en hacer a un lado el triangulito de tela y sobar su coño directamente. Que tierno, que jugoso…

-Madre mía… Dios, ¡qué estoy haciendo!… Juan, pónmelo dentro. Por favor…

Dicho y hecho. Introduzco mi dedo en el interior de su cueva. La posición me obliga a curvarlo porque apenas alcanzo a llegar, pero al curvarlo la yema del dedo se frota en realidad contra la pared interna de su vulva y hace sus delicias. Mientras la dedeo volvemos a besarnos. La excitación crece sin detenerse y no sé como vamos a acabar. Evidentemente no vamos a poder follar aquí y ahora, pero cualquier contacto es demasiado bueno para pararlo. No podemos ni frenar ni avanzar. Así que sigo dedeándola y besándola mientras ella acaricia a ciegas mi entrepierna.

De repente, un ruido. Me paro a escuchar. Luz está tan absorta en sus sensaciones que tarda unos segundos en darse cuenta. Son unos pasos. Alguien se acerca. Mierda.

Recomponemos nuestra ropa, que tampoco ha quedado tan ajada, y, por detrás de los árboles y en sentido contrario al de procedencia de los pasos, andamos entre la vegetación hasta que nos hemos cruzado con el grupo que se acercaba. Una vez dejados atrás, volvemos a incorporarnos al camino tomados por el brazo.

- Madre mía, Juan, madre mía…. Esto no está bien, Juan, vamos a jodernos la vida.

- Tienes toda la razón, Luz… esto se nos escapa de las manos. Tenemos que parar de una vez… No podemos irnos liando en parques o casas de conocidos. Somos unos irresponsables…

- Y unos jodidos traidores, joder. ¡Tenemos los dos parea e hijos!

Qué guapa está cuando la pasión la arrebata de este modo.

- De acuerdo. Ya no más. Se acabó. ¿De acuerdo, Luz?

- Sí, sí, de acuerdo…

- Ya basta de flirtear, de ponernos guapos para el otro, de quedar a solas, y de… de nada que no sea ser amigos. ¿Vale? Y, sobre todo, nada de besos. Ah, y nada de mandarnos mensajes.

- Sí, sí, vale…

-Luz, ¿me escuchas?

-Sí, sí, de acuerdo. - Luz me atrae por el cuello hacia ella, me planta un corto pero lascivo beso. -

Pero escríbeme luego. Chao.

Y se va, dejándome sólo en medio del parque.

*********************

NOTA: Este relato es continuación de la saga de Juan y Luz. Estos son los capítulos anteriores:

1. Créeme, es mejor si no digo nada más

2. La fuerza del pasado y el poder de la rutina

3. Its beginning to look like Christmas

4. Hoy quiero portarme mal

5. Fantasías y dudas en días de Santa Claus

6. Suena demasiado bien

7. Los adultos también juegan a “Yo nunca nunca”