Xtories

Jairo cupula con su madrastra embarazada

El embarazo había sellado su secreto, pero no su deseo. Cuando él regresó a la casa, ella decidió que las reglas ya no importaban. Con el cuerpo cambiado y la mente inquieta, Brenda preparó la trampa perfecta para recuperar lo que le había sido arrebatado por la moral y el miedo.

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Fueron pasando los días después aquel luctuoso encuentro en el hotel, donde Jairo por fin terminó penetrando a su madrasta, haciéndolo sin protección y corriéndose dentro de aquella. Brenda, quedo sumamente preocupada con aquel suceso. Recibió tanto semen del joven esa noche, que, debido a su estado de fertilidad, era difícil que no resultara fecundada. Aun así, intentó evitar al joven, mostrándose molesta por haber sido sometida de aquella forma.

Una mañana en que se encontraron a solas en la casa, el joven intentó acercarse a ella para tocarla, siendo rechazado con decisión, diciéndole Brenda: ¡detente! ¿No te basta con lo que me hiciste en el hotel? Seguramente he quedado embarazada. ¿te supones lo que pensará tu padre?

-¿Ya sabes que estas embarazada? le preguntó el joven un poco nervioso. Era consciente de que aquella noche se había propasado. Se había corrido copiosamente dentro de su madrastra. Fue una noche loca por parte de todos, donde el alcohol tuvo también gran parte de culpa.

-Aun no lo se. Pero, estoy casi segura. - le contesto aquella.

Ambos se mostraron bastante preocupados, y no volvieron a tener ningún encuentro hasta que Brenda, comprobó que no le bajaba la regla. Se hizo la prueba, y le confirmaron que “el resultado era positivo”. Estaba embarazada. Su preocupación fue tremenda. Aunque será sumamente religiosa, aquella noticia la trastornó, y hasta pensó en abortar. En cuanto tuvo ocasión de lo confesó a Jairo. El joven se quedó petrificado al conocer la noticia. Siempre había pensado que nunca ocurriría.

Cuando aquella le dijo que estaba pensando en abortar, el joven se negó categóricamente: Ya sé que no debo pedírtelo. Pero no hagas eso. Piénsalo bien. Papa no tiene por qué saber que no es suyo.

-Pero. Y si al final, por los rasgos se parece a ti. La gente puede sospechar. No se es una locura. Le contestó la muy con cara de amargura.

-Brenda. Sin por casualidad se parece a mí. Yo tengo los genes también de mi padre. Nadie va a poder pensar que no es de papa. Piénsalo.

Brenda se quedó pensando en lo que le decía el joven. Aquel tenía razón, si se parecía al joven, el tenía los genes de su padre. Comenzó animarse y por fin, de decidió y le dio la noticia a su marido. Benicio se quedó sorprendido, pero al final, que a su edad pudiera tener un hijo, era algo que levantó su ego. En ningún momento dudó de la fidelidad de su mujer y de la paternidad de aquel hijo, por lo que lo aceptó sin contradicción alguna. Eso tranquilizó a Brenda, e igualmente a Jairo.

No obstante, Brenda no quiso volver a tener ningún encuentro con el joven, negándose categóricamente, justificándose en que tenía miedo que pudiera afectar al feto. Jairo no quiso volver a intentarlo.

Cuando tenía tres meses de embarazo, Jairo le dio la noticia que se marchaba a estudiar a la Universidad, fuera de la ciudad, a la capital. Ello implicó que el joven se quedará en un apartamento en la capital, junto a otros estudiantes. Esa noticia en cierto sentido afecto a Brenda, que pese a todo anisaba tener al joven a su lado.

El joven marchó, y durante los tres meses siguientes se quedó en la capital sin regresar a la casa. Llamaba a su padre y a Brenda, pero no regreso durante ese tiempo, dedicándose totalmente a sus estudios. Al llegar los días previos a la Navidad, el joven dispuso de unos quince días de vacaciones, por lo que decidió pasarlos con la familia.

Brenda ya tenía seis meses largo de embarazo, y se le notaba claramente su panza. Pese a todo, no había engordado mucho, aunque sus pechos habían aumentado de volumen, preparándose para la lactancia, y también su trasero. La mujer se había concentrado en su embarazo, y tampoco había tenido deseos de sexo.

Pero, el regreso del joven a la casa, supuso un cambio importante. Brenda percibió como su cuerpo se agitó. Tener al joven a su lado en la casa, la intranquilizó. Tras tres meses sin verlo, comprobó que aquel seguía tan apuesto como siempre, incluso parecía más fornido. No en vano el joven continuó jugando en un club de baloncesto de la capital. Sin poder evitarlo, pese a su estado, notó como volvió a notarse mojada.

Jairo había tenido algunos encuentros con alguna joven de la capital, pero sin mayor trascendencia. Al ver nuevamente a su madrastra, con aquella pancita tan reluciente, observando como habían crecido sus pechos, no pudo evitar que se endureciera su mandarria. Volvía a tener cerca de su madrastra, pero ahora, embarazada. Esa circunstancia le sedujo aún más. Tras los primeros días, el joven observó el tremendo cuerpo de su madrastra, con aquella pancita, y se dijo para sí que, tenía que volver a follarla. Ansiaba tenerla totalmente desnuda, contemplar su pancita, y poder clavarle su cipote en ese estado.

Brenda se percató de las miradas de su hijastro, y intuyó los pensamientos del mismo. Ya estaba cercana a los siete meses de preñez. Había verificado en conversación con algunas embarazadas, que la práctica del sexo incluso era recomendable, con cierta precaución. Lo consultó con el ginecólogo y le indicó que él bebe estaba protegido por un líquido amniótico del útero, y que los músculos del útero eran muy fuertes. Que como ella tampoco tenía ningún problema, ya que su embarazo iba perfectamente, no había problema alguno para que tuviera sexo.

Al llegar ese día a casa, sumamente contenta tras la consulta del ginecólogo, comenzó a verificar como su libido sexual aumentó. Llevaba tiempo sin ser manoseada y poseída. Su marido tampoco se atrevía por miedo hacer daño al bebe. Se dio cuenta que su hijastro llevaba una semana en la casa y pronto se volvería a marchar. Ansió volver a sentirse mujer, y deseó ser poseída por el joven. Había tenido la consulta bastante temprano por lo que llegó a la casa bastante temprano, en la mañana. Sabía que el joven normalmente iba a entrenar a un polideportivo cercano para no perder la forma, y regresaba a media mañana.

Antes de volver a casa, pasó por una tienda de lencería y adquirió un traje apropiado para seducir al joven. Le comentó a la dependiente que lo era para seducir a su esposo. Sabía que ni loca se pondría aquel vestido ante su marido. Agitada llegó a la casa, se metió en su dormitorio, y extrajo del bolso el vestido de maternidad con encaje que había adquirido. Era una especie de maxivestido largo de encaje, que era propicio para el embarazo. Con cierto nerviosismo se desnudó completamente. Contempló su cuerpo desnudo en el espejo, son sus grandes pechos, su barriga de seis meses, y su buen trasero, y se dijo: joder cuando mi Jairo me vea seguro que querrá clavarme.

Tomo el vestido, y comenzó a ponérselo. A medida que se lo iba colocando se miraba al espejo, y más tentador le resultaba. Aquel era de un blanco casi trasparente, con un tul que dejaba entrever el color de su piel. Se colocó una braguita color negro. Observó sus pechos y decidió ponerse sujetador. Se volvió a mirar en el espejo, y contemplo que quizás era mejor sin sostén. Se lo retiró. Volvió a observarse en el espejo, constatando que sin la citada prenda resultaba más seductora. Aquel vestido permitía contemplar sus pechos, y hasta sus pezones, ya que resultaba bastante trasparente. Su prominente barrida, también podía vislumbrarse bajo la suave y transparente tela. Era demasiado tentador.

Espero ansiosa la llegada del hijastro. Pocos minutos después apareció el mismo. Le escuchó llegar. Sabía que iría a ducharse en la planta intermedia, donde ella se encontraba. Salió fuera, y esperó un poco hasta que sintió que había cesado de caer el agua. Seguramente se estaba intentando secar. Solía ponerse un pantalón corto y subía de nuevo a su dormitorio en el ático. Espero sentir la puerta del baño abrirse, y comprobar que aquel subía a su habitación.

No se lo pensó dos veces, y subió al ático, situándose delante de la puerta del dormitorio del joven. Tocó suavemente. Desde dentro el joven el dijo que pasara. El mismo se estaba retirando el pantalón corto, y se había quedado únicamente con su slip. Al saber que era su madrastra, no le importó mostrarse de esa forma.

El joven al ver a su madrastra llegar con aquella vestimenta, se quedó obnubilado. No daba crédito a lo que veían sus ojos. Su madrastra se mostraba con aquel vestido casi trasparente, casi desnuda debajo ante él.

-Hola Jairo. ¿Has terminado de ducharte? – le dijo ello mostrándose de forma casi sensual.

-Brenda… pues si. La contestó el joven mirándola, sin atreverse a articular palabra. Ella le pregunto: ¿Que pasa nene… ya no sientes atracción por mi cuerpo? ¿Te parezco demasiado gorda? ¿Ya no te gusto?

-Oh Brenda. Esta preciosa. le contesto el hijastro, agitado, incorporándose de la cama donde estaba sentado.

-¿De verdad crees que sigo estando buena? ¿te gusta mi trajecito? Me lo he puesto solo para ti. Le contestó de forma seductora, contoneándose ante el mismo.

El joven, le espero hasta que ella se acercó. Brenda le echó los brazos al cuello, y se siguió contoneando ante el mismo, rozando su barriga contra el vientre del joven seductoramente. Luego se giró para que el joven la abrazara de espaldas. Se dejó abrazar, dejando que las manos del joven acarician suavemente su panza. Eso excitó al joven. Al sentir los movimientos del feto, ella le dijo: ¿te has dado cuenta? Hasta tu hijo se ha puesto alegre al sentir tus manos.

El joven acarició con más entusiasmo el vientre de la madrastra, sintiendo las contracciones del feto, y permaneció así durante unos minutos. Luego fue ascendiendo con su mano, poco a poco hasta logar alcanzar los pechos de la mujer, aun sobre aquella suave tela. Se recreo acariciándolos y concentrándose en los pezones, que emergían claramente bajo la tela del vestido. Uhm Brenda. ¡Te han crecido bastante! Al tiempo que puyaba el trasero de la mujer con el bulto que ya se había formado bajo su slip. ¿Sientes cómo me estas poniendo?

La mujer agitada, echó la mano hacia atrás y palpó el bulto de la entrepierna del joven. Un estremecimiento recorrido su cuerpo. Había vuelto a tocar la mandarria de su hijastro. Ver que se había empalmado al verla con aquel atuendo, le agrado. Uhm..nene..¡veo que se te ha puesto dura!. Agitada giró la cabeza, acercando su boca a los labios del joven, y le susurró: ¿aún sigues queriendo clavarme con ese misil? ¿No me digas que te da morbo follarte a la mujer de tu padre, estando embarazada? Al tiempo que le daba un apretón al pene del joven. El joven entonces la giró y la beso en los labios cálidamente, con extrema suavidad. Luego la miró de arriba abajo, admirando el cuerpo de la misma, exclamando: Joder Brenda. ¡Estas para volver a comerte todita! “Te voy a volver a clavar como Dios manda!

-¿de verdad me la quieres meter?. Le contesto mirándolo morbosamente a la cara, seductoramente: aunque, tendrás que hacerlo con cuidado. No quiero que podamos dañar a nuestro hijo. Sin poder contenerse más, le bajó el slip al joven. Necesitaba volver a contemplar el vástago de su hijastro. Oh sí.. joder… la sigues teniendo bien grande. Uhm…. Le volvió a susurrar: ¡esta vez podrás echarme toda tu lechita sin problemas!

Brenda tomo el pene del joven, y comenzó a masajearlo a lo largo de toda su extensión, bajando hasta acariciar los testículos, los cuales palpo con detalle. Luego regresó hasta llegar a la cabeza del falo. El vástago de Jairo comenzó a endurecerse ante aquellas caricias, colocándose enfilado hacia arriba como un misil. Uhm se te está poniendo a punto.

Tomo al joven y lo hizo sentar al joven al borde de la cama, diciéndole: espera un momento ahí. No te muevas.

Acto seguido, se colocó enfrente del joven, y comenzó a contonearse, colocándose de lado para que aquel viera su figura, mostrándole su trasero, que se vislumbraba bajo el vestido casi trasparente, denotando el joven que había aumentado. ¿me ha crecido un poco?

El joven se sonrió, contestándole: un poco. Pero no me importaría clavártela por ahí también.

Brenda le miró con una sonrisa: ¿Ya quisieras tu?

Luego comienzo a desabrocharse el lazo que cubría la parte delantera del vestido (que más bien parecía una bata, debido a la forma de abrocharse). Al quedar libre, dejo a la vista del joven, los hermosos pechos totalmente desnudos, donde destacaban unos pronunciados pezones, que excitaron tremendamente a Jairo. Mas abajo éste pudo apreciar la panza reluciente y voluminosa, evidenciando los casi siete meses de embarazo. El muchacho nunca había visto a una mujer embarazada al desnudo en la realidad. La visión de su madrastra lo trastornó. Su verga se endureció de tal manera ante aquella visión, que comenzó hasta dolerle el falo.

Brenda, se notaba sumamente sensual y excitada, se retiró totalmente el maxi vestido, quedando únicamente con su braguita. La visión de aquella mujer embrazara dejó sin habla al joven. La misma, observando la sensación que había causado en su hijastro, adoptó algunas poses laterales, agachándose como si se pusiera en cuatro, como si pretendiera instarlo a que la montase. Luego, se acercó hasta el mismo, y le puso los pechos delante de la cara. El joven comenzó a lamerlos, tomándolos en sus manos, sopesando el volumen de aquellos, para terminar, concentrándose en los pezones oscuros y crecidos de la mujer. Oh nene despacio… que me duelen.

El joven quería verla totalmente desnuda, por lo que no tardó mucho en bajar totalmente la braga, quedando la mujer completamente desnuda. Observó el intenso vello del pubis de su madrastra, así como de aquel que rodeaba la vagina. Comprobó que se lo había arreglado, supuestamente para la consulta ante el ginecólogo. Constató los pronunciados labios vaginales, que evidentemente habían engordado, preparándose para el futuro parto. Agitado, paso sus dedos por la raja de la mujer, percatándose al instante que Brenda estaba bastante cachonda y super mojada. Uhm… estas muy mojada. ¿Cuánto hace que no te folla papa?

Ella le miró, y le contesto: ¡desde que conoció el embarazo no lo hemos vuelto hacer!. Tiene miedo de dañar al bebe.

-“Pues yo tengo claro que te voy a clavar hoy”. Uf Brenda. No sabes cómo me pone verte con esa barriguita, esos pechos, ese trasero.

La mujer se acercó más, hasta colocarse a horcajadas a ambos lados de los muslos del joven, moviéndose con cierta dificultad debido a su embarazo. Luego con cuidado fue acercando su vagina al contacto con el falo del hijastro. Uy nene como la tienes. Poco a poco fue descendiendo, engullendo su vagina el sable del hijastro. Estaba tan dilatada con la preparación para el parto, que en esta ocasión no tuvo grandes problemas para acoger la totalidad de la verga. No obstante, percibió la dureza del pene del joven, sintiendo como todo su cuerpo volvía a sentir la pasión. Uf que ganas tenía de volver a tenerla dentro.

Poco a poco, pese a su enorme barriga, comenzó a realizar movimientos intentando subir y bajar, con cierta dificultad. Jairo la ayudó tomándola por sus grandes nalgas. La enorme panza de la mujer, molestaba a la hora de follar en aquella posición, ambos de frente. El joven entonces le animó a que se girara y se pusiera de culo hacia él, volviendo a clavarse el pene del joven. Pero, la mujer detectó un nuevo ingrediente morboso con aquel cambio. Contempló que el espejo de la habitación del armario del joven le permitía contemplarse completamente. Luctuosamente, se abrió de piernas, mientras seguía montada sobre los muslos del joven, con todo el falo del mismo dentro de su vagina. Observó con nitidez como se abría su vagina para permitir el paso del robusto pene del joven. Eso la excitó totalmente.

El joven se dio cuenta igualmente de que su madrastra estaba viéndose reflejada en el espejo, por lo que le abrió un poco más las piernas para que pudiera contemplar mejor como su gran verga se clavaba una y otra vez en el coño. Brenda, ante esta visión, le dijo al joven: Ya veo. ¿para esto querías que me girarse? ¿Así me querías tener? Joder nene ¿has visto como me tienes? Tu polla tiene atravesado mi coño.

La mujer sumamente morbosa, intentó inclinarse hacia atrás recostando su espalda sobre el pecho del joven, mientras continuaba subiendo y bajando, comprobando como entraba y salía el pene del joven de su vagina. Ello fue suficiente para que la mujer alcanzara el codiciado orgasmo. El primero durante más de siete meses.

Tras disfrutar de aquel orgasmo, Brenda fue instada por el joven a que se levantara. Una vez ambos de pie, el joven la colocó en cuatro sobre la cama, pero en un extremo que permitía verse a la mujer en el espejo. Agarró las grandes de nalgas de la embarazada, la abrió un poco para logar encajar sin problema su pene en la vagina de aquella. Luego comenzó un delicioso mete y saca en esa postura, sintiendo Brenda como el falo del joven le llegaba hasta el mismo fondo de su vagina. Era como si volviera a estar topando de nuevo con su matriz en cada arremetida que le daba. Observó en el espejo su enrome panza que colgaba, y sus voluminosos pechos, que en cada arremetida del joven de se movían excitando tremendamente el joven, que no tardó en tomarlas reclinando su cuerpo sobre el de la mujer para poder alcanzar aquellas.

-Uff mamita, que tetas tienes. Me has puesto arrecho. ¿Has notado como te entra mi polla?.

-Ya veo nene. Veo también que tienes ganas de correrte dentro de mí. Anda.. ¡dame esa lechita! Llena de nuevo a la mujer de tu padre.

El joven viendo como los senos de su madrastra se movían al compás de sus testículos en su colgante escroto, a medida que la penetraba, no pudo más, precipitando su venida, y acabando con una buena y copiosa eyaculación en la vagina de la mujer.

-Oh su mamita… fu que ganas tenia siii

Tras lo ocurrido, se quedaron abrazados en la cama durante casi una hora, levantándose para almorzar.

Antes de que el joven regresara a la Universidad, volvieron a tener un nuevo encuentro, marchando definitivamente el joven. Ella sabía que no volvería a estar con el mismo hasta después de su embarazo.

De hecho, unos meses después, dentro del plazo previsto, Brenda dio a luz un varón. La mujer se mostró muy contenta, al igual que su marido. La relación entre Jairo y su madrastra tras lo ocurrido, se mostraba incierta.