Joven abogado en faena
Sara tiene un secreto: necesita un heredero y su esposo ya no puede dárselo. Cuando llega Félix, un joven de presencia irresistible, ella decide que será él quien cumpla su deseo. La tentación es tan fuerte como el riesgo de perderlo todo.
Félix había terminado el grado de derecho, y pronto se puso a trabajar como pasante en un despacho de abogados de cierto prestigio en la capital de provincia donde residía. Tras nueve años de ejercicio profesional, se había destacado como un abogado de referencia, siendo solicitado por clientes importantes del despacho. Al ser un despacho con clientela internacional, pronto fue reclamado para salir al extranjero a los efectos de asesorar o celebración de algún pelito.
Al poco tiempo de haber ingresado en el despacho se había casado con una joven de casi su misma edad, que había terminado medicina. A los dos años de matrimonio tuvieron su primer hijo.
Félix, contaba en ese momento con treinta años. Era un joven muy apuesto, pelo rubio, ojos azulados, con un rostro bastante bien parecido y una mirada bastante seductora. Tenía una altura bastante respetable de casi 1.85, delgado y bastante bien fornido, ya que en su etapa de estudiante fue regatista. Ahora solo lo practicaba en algunas ocasiones, pero realizada ejercicios de mantenimiento en un gimnasio. En suma, que pese a su juventud pronto dispuso de una buena posición económica y social, y con amplio prestigio como letrado. Esas cualidades le hacían ser bastante asequible. Dado su aspecto de joven guapo y seductor, había tenido había algunos problemas con ciertas clientes que le habían realizado algunas proposiciones nada decentes, y que se vio obligado a cortarlas en seco. De hecho, en el despacho era conocido por su carácter afable y muy serio.
Cierta mañana, es llamado por el jefe del despacho, para indicarle que uno de los mejores clientes, propietario de una empresa internacional, y también conocido del joven, llamado Helmut Smith, de origen alemán, le necesitaba. Aquel deseaba que el joven se trasladara con la sede de la empresa en Alemania a fin de que le asesorara en unos problemas de organización empresarial y ciertos temas mercantiles en los que Félix era bastante ducho en la materia.
La ciudad a la que tenía que viajar era Hamburgo. Felix sabía hablar bastante bien el alemán y el inglés, por lo que era un letrado bien preparado para este tipo de salidas al extranjero. El jefe le indicó que Helmut quería que fuera él y no otro, por lo que tenía que desplazarse a Hamburgo de inmediato.
Helmut había solicitado que fuera él y no otro quien se desplazara a Hamburgo.
-Tendrá que encargar algún abogado que retome los juicios que tengo previstos. ¿Le han indicado cuando debo salir? - le pregunto Félix a Ambrosio el jefe del despacho.
-No se preocupes por eso. Ya tienes preparado el billete de ida para pasado mañana. No hemos sacado el de vuelta, porque dependerá de lo que precise Helmut. Sabes que es un buen cliente, y no debes de tener prisa por regresar. Necesito le asesores en cuanto te solicite.
-Por supuesto. Me prepararé al respecto. Le comentó el joven.
La mujer estaba acostumbrada a este tipo de salidas, por lo no se lo tomo a mal. Sin embargo, el joven quiso tener sexo con ella antes de despedirse, pero ella le dijo que lo sentía, pero estaba con la regla. Félix era de aquellos hombres que el sexo lo relajaba bastante. Por ello, no solo lo practicaba con su esposa, sino que cuando no podía, acudía a internet y se masturbaba.
El día señalado tomó el avión con dirección a Hamburgo, y tras aterrizar fue recogido por un empleado de la empresa alemanda que lo traslado en un vehículo particular a la propia residencia de éste. Él pensaba que lo iban a trasladar a un hotel de Hamburgo, pero se sorprendió al saber que por orden expresa de Helmut quería que se hospedara en su casa.
Al llegar contempló que se trataba de una construcción emblemática, en medio de una zona de jardines, tipo medieval, pero que en su interior era bastante confortable. Nada llegar una sirvienta le recibió, quien lo hizo pasar presentándole a la mujer de Helmut. El joven nunca había conocido a la mujer de ese empresario, de ahí su sorpresa al comprobar que se trataba de una joven algo mayor que él, bastante elegante, con una estatura media de 1.70 pero de una belleza espectacular. Se quedó impresionado, no solo por la belleza de la mujer, sino porque fuera la esposa del cliente, ya que Helmut debía sobrepasar los setenta años de edad.
La misma le habló en un correcto alemán, dándole la bienvenida: buenos días. Soy Sara Smith. Mi esposo me avisó de su llegada. El vendrá más tarde. ¿ha tenido buen viaje?
-si bastante bien. Muchas gracias. Le contestó el joven saliendo de su adormecimiento ante aquella mujer.
-La sirvienta la mostrara su habitación. Cuando pueda bajar le pondremos algo de comer, ya que me supongo que no habrá almorzado.
-pues no. Gracias.
Mientras seguía a la sirvienta, dirigió una mirada a la mujer del cliente, contemplando que tenía unos pantalones bastante ajustados, que permitían constatar el perfecto cuerpo de la misma. La blusa que llevaba denotaba que sus pechos eran firmes, y algo grandes, pero que la hacían sumamente atractiva. Sin poder evitarlo un escalofrió recorrió su cuerpo. Mientras se acomodaba en la habitación se preguntaba, como era posible que un hombre de 70 años hubiera podido casarse con una mujer tante joven y de tanta belleza, y sobre todo con aquel tremendo físico que había denotado en la misma. Evidentemente Helmut era bastante rico, y esa pensó que sería una de las lanzas a su favor.
Tras cambiarse de atuendo, su puso algo más ligero y bajo a la planta baja, donde la sirvienta lo llevó hasta el comedor de la casa. Allí se encontraba Sara esperándolo para comenzar a comer. Una vez en la mesa, ella le comentó:
-cuando mi esposo me indico que vendría una abogado importante de España, pensé que iba a venir un señor de más de sesenta años. ¡Me ha sorprendido su juventud ¡. Conozco a mi esposo y es bastante exigente, por lo que le debe tener en muy buena consideración.
- Gracias. He asesorado a su esposo en varios asuntos. Le contesto el joven letrado, para luego indicarle: le confieso que yo también pensaba encontrarme con una señora bastante mayor, en atención a la edad de Helmut. Me he quedado gratamente sorprendido al encontrarme con Vd.
- ¿No le parezco bien para ser la mujer de Helmut? Le pregunto aquella algo pícara y con media sonrisa en los labios.
- No lo decía por ello. Mi sorpresa es que no esperaba hallarme con una mujer tan joven, tan elegante y, permítame mi atrevimiento, “tan bella”.
La mujer se sonrojó, y le contesto: -gracias. Viniendo de una joven letrado tan apuesto como Vd. debo considerarlo un alago.
Félix le estuvo hablando de su familia y de su hija a preguntas de ella. Luego aquella entró a manifestarle que pertenecía a una familia radicada en Munich, y que durante unas fiestas había conocido a Helmut. Este había estado casado inicialmente durante varios años con una mujer, quedando luego viudo y sin hijos. Que se había vuelto a casar nuevamente, con una francesa, con la que tuvieron un hijo, pero que hacía unos años había fallecido durante un accidente automovilístico. Poco después se divorció de aquella, y tras unos años divorciado, se había casado nuevamente con Sara.
-Vaya no sabía nada del fallecimiento del hijo de Helmut. Luego la miró y le comentó: perdone me indiscreción. ¿Ha pensado en tener hijos con el mismo?
Sara lo miró, se sonrojó un poco y le contesto: bueno. Esa es nuestra ilusión. ¡Se que haría muy feliz a Helmut!.
-espero que lo consigan. Helmut me parece una buena persona. Y sabiendo lo de su anterior hijo, ello sería una bendición para ambos.
Al rato llegó al marido, y la mujer se retiró, comenzando a hablar de unas operaciones de índole mercantil que estaba llevando a cabo y para el que precisaba su asesoramiento. Ya en la noche, los tres marcharon a un Club importante de la ciudad, donde comieron en el restaurante y luego fueron a tomar unas copas. Allí Helmuth se encontró con otros empresarios conocidos y se pusieron a hablar de temas empresariales. Félix noto cierta contrariedad en Sara, expresándole luego que lo peor que soportaba era que este tipo de reuniones, ya que siempre terminaban con el encuentro de algún conocido y empezaban hablar de negocios.
El joven continuó hablando con ella, manteniendo una conversación bastante amena. Sin embargo, durante la misma, Félix pudo contemplar la extrema belleza de aquella mujer, quien llevaba esa noche un vestido de una sola costura, que le quedaba como un guante. Su escote era algo abierto, y dado sus grandes pechos, en más de una ocasión el joven pudo contemplar el canalillo de los mismos comprobando que debían ser algo voluminosos. No llegaba a saber si llevaba sostén o no, pero sí que sus pezones se destacaban en el vestido claramente. Sin poder evitarlo, el joven notó un estremecimiento en su cuerpo viendo como su pene se endurecía bajo el pantalón.
Sara se había percatado de las miradas de aquel joven, aunque no le dijo nada. Le agradaba sentirse observada y admirada por aquel hombre joven. No estaba acostumbrada a lidiar con amigos tan jóvenes de su marido. Le sorprendía que aquel letrado tan joven, fuera considerado por su esposo como un especialista. En el fondo se encontraba excitada también. Aquel era un joven bastante bien parecido, alto y parecía que bien fornido. Había visto como la mirada y ello le excitaba.
En los dos días siguientes Félix acudió con Helmut a la seda oficial de su empresa, donde estuvieron resolviendo varios aspectos jurídicos y mercantiles, viniendo solo a dormir a la casa aquel. Al tercer día, Helmut tuvo que salir urgente para Noruega por unos problemas de índole estrictamente comercial. Como el trabajo de Félix no había terminado, quedó en que en la mañana su esposa lo llevaría a la empresa. Tras desayunar, habiendo marchado el empresario, fue acompañado por Sara hasta la sede empresarial. El joven quedó algo sorprendido al ver que aquella lleva una falda bastante corta, así como una blusa bastante escotada que dejaba entrever claramente sus hermosos pechos. El joven iba totalmente enchaquetado, y con corbata.
Mientras iban hablando, al recoger las marchas, con los movimientos en los pedales, la falda se le subió en varias ocasiones, hasta el punto de que Félix llegó a visualizar la braguita de color blanco que llevaba aquella mujer. Llevaba más de una semana sin sexo, ni tampoco se había podido masturbar, por lo que aquella visión lo trastorno. Irremediablemente su pene se endureció, extremo que fue observado por la mujer del empresario, quien pese a emitir una sonrisa, no le hizo comentario alguno. Antes de bajarse, le dijo: - Te volveré a recoger para almorzar. ¿te parece bien?.
-¿No quiero molestarla? - le dijo el, ante aquella proposición.
-Mi esposo me indicó que te lo hiciera, y que luego del trabajo pudieras relajarte un poco visitando la ciudad y algunos lugares entrañables. Me ha señalado que estas realizando un buen trabajo, que tendrás que estar agotado. Que al menos aprovecharas las tardes para ver esta ciudad.
-Siendo así- le respondió sorprendido.
Tras estar trabajando toda la mañana, el propio gerente le indico que esa tarde lo dejarían hasta la mañana siguiente. Al salir, la mujer lo estaba esperando fuera. Una vez dentro del vehículo, se dirigieron a un restaurante importante donde almorzaron. Tras acabar, salieron para regresar a la casa, ya que él quería ducharse y cambiarse. Ella le comentó que se pusiera algo liguero, que sabía que era buen regatista y que iban a visitar una zona donde se podía practicar.
Una vez duchado, se colocó unos pantalones cortos y una camiseta, y bajó al salón. En ese momento contempló que la mujer venía igualmente con una falda deportiva bastante corta, y una camiseta bastante ceñida, donde destacaba su gran busto.
Ella tomó un vehículo deportivo, descapotable, y se dirigieron a una zona donde existía una lago, con bastantes zonas verdes alrededor. Llegaron a una caseta donde un hombre les esperaba dejándoles una barca, que más bien parecía una especie de canoa grande, bastante amplia.
-¿qué te parece?. ¿Te atreves con la misma?
-por supuesto. Este lugar es precioso.
Una vez dentro, la mujer se colocó delante mirando hacia el mismo, mientras el joven se situó en la parte trasera tomando los remos. Félix no dejaba de estar nervioso, ya que en aquella posición en que se hallaba, de frente a la mujer, pensó que en cuanto se sentara, le iba a ver toda su entrepierna. Intento no mirar hacia la parte baja y comenzó a remar por las orillas del lago. La mujer se fue recostando sobre la barca, e inevitablemente dejó a la vista del joven, no solo sus hermosos muslos, sino su braguita rosada.
Hablaban de varias cosas, pero inevitablemente Félix no podía dejar de contemplar las braguita de aquella tremenda mujer. Era evidente que la mujer lo estaba provocando.
Y así era. Sara llevaba unas noches pensando en el joven. Su marido era buena persona con ella, pero apenas le hacia el amor, y cuando lo hacia ella en escasas ocasiones llegaba al orgasmo, fingiendo la mayoría de las veces. Ella sabía que algunos familiares, especialmente los sobrinos de Helmut no la apreciaban y se habían opuesto al matrimonio. Al no tener descendencia ellos serían los herederos, salvo una parte que posiblemente le pudiera dejar su marido. Si tenía un hijo con el mismo, este sería el heredero y por ello, ansiaba ser fecundada por aquel, aunque sabía que le iba a costar. Por otro lado, era una mujer aún joven y no renunciaba a ser madre.
Durante los días en que estuvo el joven en la casa, sus hormonas se le revolucionaron, e intentó hacer el amor con su marido, pero este llegaba cansado esos días. Para colmo, intuía que estaba pronto a sus días fértiles, y la marcha de su marido a Noruega volvía a estropear cualquier encuentro con el mismo. Seguro que cuando regresara ya no sería fértil, y eso le enfadaba.
Por ello, cuando su marido le solicitó que, si podía sacar un poco al joven para que visitara la ciudad, su mente comenzó a pensar y su excitación fue en aumento. Aquel joven le agradaba, y en el fondo añoraba ser poseía por un semental como aquel. Solo pensaba en desahogarse y tener un encuentro fugaz con el mismo. Sabía que le iba a ser difícil ya que el joven parecía respetar mucho a su esposo. Pero ese reto, más la animaba. Había ideado ese trayecto en barca por el lago, con sola finalidad de calentarlo. Mientras iban en la barca notaba el abultamiento en la entrepierna del joven, y se sonreía pensando en que aquel semental se estaba poniendo a punto.
Ella se abría de piernas en varias ocasiones trastornando al joven. Al llegar a una zona con bastante verde alrededor y sin construcciones, ella le pidió parar. Al intentar bajarse de la barca, ella se hizo la que casi se cae, por lo que el joven la tomó en sus brazos evitando una caída al agua.
-oh gracias, casi me voy al agua. Le dijo ella, en sus brazos. En ese momento sintió los fornidos brazos del joven, su gran altura y una fuerza que no aparentaba. El la llevó en brazos pasando por unos troncos de madera hasta dejarla en tierra firme.
Sentirse en aquellos brazos, le excito. Le miró a la cara aún en su brazos, y el joven tuvo que reaccionar para no besarla. Ya en el suelo, ella se echó sobre el manto de hierba verde, y él se recostó a su lado.
Esto es precioso. Le comentó el joven por romper el silencio.
-celebro que te guste. Oye..¿eh notado que tienes unos brazos bastante fuertes? ¿Sigues haciendo regatas?
-No, solo en algunas ocasiones. Pero voy con frecuencia al gimnasio. le contesto aquel.
-se nota. Si no hubieras estado atento, y no furas tan fuerte. Seguro que, me hubiera dado un buen baño…jaja.
Ella se recostó aún más, y mirándolo a la cara le pregunto: ¿le ha sido infiel a tu esposa en alguna ocasión?
El joven se quedó paralizado. Aquella pregunta tenía mucho morbo. La miró y le contesto: He tenido varias ocasiones. Pero hasta la fecha ninguna han logrado seducirme, de momento. Sabía que aquella respuesta era bastante retadora.
La mujer lo miro con cara de auténtica mujer en celo, y le sonrió: ¿así que nadie ha sido capaz de seducirte? Vaya, vaya le respondió sonriéndole. Luego se abre un poco de piernas ante el joven, y le dice: te he visto mirando mis piernas. ¡se que andas excitado! El bulto de tu pantalón lo evidencia.
El joven enrojeció. Era la mujer del empresario. No esperaba que aquella fuera tan directa. Tenía que controlarse. Pero aquella pregunta lo dejo tartamudeando:.. no he podido evitarlo Sara. Lo siento… quizás el llevar tantos días sin mi esposa, y metido en mi trabajo… no he podido evitarlo… ¡pero no he querido ofenderte!
Aquella respuesta satisfizo a la mujer, quien le dijo: ¿no me digas que tampoco te has masturbado en estos días?
-bueno. Tampoco he tenido tiempo. Han sido días de intenso trabajo. Le sonrió forzadamente el joven.
Ella se incorporó, se abrió un poco de piernas dejando a la vista sus bragas ante el joven, y le pregunto lascivamente: ¿te gusto?
-Uy Sara. No.. debo. Es la esposa de Helmut…
-¿Qué pasa? ¿No soy una mujer de tu gusto? ¿Tan mal me encuentras? Le contesto aquella pensando que la estaba rechazando.
-no es eso. ¡Por supuesto que me gustas! Félix se dio cuenta que la mujer parecía ofendida y una mujer herida en su orgullo podía ser más peligrosa que arriesgarse al conocimiento de cualquier infidelidad por el esposo. Viendo el gesto contrariado que realizó Sara, inmediatamente rectificó diciéndole: señora. Sabe perfectamente que desde que la vi, me enloqueció. ¿No creo que ningún hombre sea capaz de evadirse ante una mujer tan bella y hermosa como Vd? Pero es la mujer de…
Aquello agradó más a la mujer, que le dijo: Así que, ¿si no fuera la mujer de Helmut me follarías ahora mismo?. ¡Aquí en este pequeño prado! ¿es eso lo que pretendes decirme?
El joven comenzó a ver como su tranca se endurecía, y no sabía cómo salir de aquella situación. No quería ofender a la mujer, ya que sabía que podía ser peor enemigo, pero tampoco quería hacer algo que pudiera llegar a oídos del empresario y fastidiar su carrera en aquel despacho. La miró, fijándose claramente en la abertura de las piernas de la mujer, contemplando sus braguitas, llegando a visualizar que estaban mojadas en la zona de contacto con su vagina. Le contesto: Sara. ¿Si continua por ese camino… puedo cometer una locura? Y añadió: sabe que estoy bastante excitado y….luego no respondo.
Ella entonces, se incorpora, y adoptando unas poses sexy, se va acercando hasta donde se encuentra echado sobre la hierba el joven. Al llegar a su lado, hace algo que aquel no se esperaba: se coloca a ambos lado de su cara, abriéndose de piernas y dejando que aquel joven pudiera contemplar todos sus muslos y hasta su braguita. Luego, fue agachando muy pausadamente hasta quedar sus bragas a la altura de la cara del joven.
-oh Sara…, que va hacer.- Félix se quedó sorprendido
La mujer, por toda respuesta, toma uno de los laterales de su braga, la aparta a un lado, dejando que el joven abogado dispusiera de una vista perfecta de su vagina. Félix, tuvo que tomar aliento. Tenía ante sus ojos a escasos centímetros de su cara, la vagina de aquella señora. Era un coño bien arreglado, bastante depilado salvo su triangulo del monte de venus, con unos labios vaginales rosados, que bordeaban la ranura donde se divisaba aquella.
-¿te gusta mi coño?. ¡anda cabronazo llevas toda la tarde mirándolo! Pues, ¡Ahí lo tienes! ¡ahora quiero que me lo comas! ¿Y espero que te esfuerces en satisfacerme? Le dijo en forma bastante exigente, pero denotaba gran excitación.
El joven acercó su lengua y lamió muy despacio los labios vaginales de la mujer, escuchando los primeros gemidos, al tiempo que introducía su lengua dentro de la ranura y alcanzaba directamente la vagina. Tenía una lengua bastante larga, lo que permitía llegar hasta los más recónditos lugares de aquella suculenta panocha.
Oh si… sigue así.. ¡oh, que bien los haces!... si cómemelo asii oooo
El joven lamio a placer la vagina de la señora, al tiempo que lograba localizar el clítoris de la misma, el cual destacaba claramente. Tras lamerlo, lo tomo entre sus labios, sorbiendo el mismo, como si se tratara de un delicioso manjar. La mujer no pudo más y casi depositó su cara sobre la boca del joven, mientras comenzaba a alcanzar su orgasmo, cayéndose de rodillas a ambos lados del joven, y permitiendo que aquel le sorbiera su vagina. Entre gemidos y gritos de placer de la misma, terminó restregando su coño por toda la cara del joven mientras alcanzaba su orgasmo. El joven recibió todos los jugos de la misma en su boca, hasta el punto de que casi de atraganta.
Cuando la joven casada terminó, se levantó, se limpió un poco su vagina con una pañuelo de usar y votar, y luego de colocó bien su braguita y se incorporó. El joven pensaba que ahora vendría la oportunidad de follar aquella mujer. Tenía su falo a tope. Pero, sorprendentemente la misma se dirigió a la barca diciendo: creo que se hace tarde. Es hora de que regresamos.
El joven se quedó con un dolor de huevos tremendo. No esperaba aquello, pero tampoco podía decir nada. En el fondo quizás fuera lo mejor, pensó. Remaron de vuelta, y en el vehículo casi sin muchas palabras llegaron a la casa. Cuando se marchaba, ella le dijo: ¿quieres cenar en casa o fuera?
-Sara. Hare lo que mejor le guste. Tampoco me importaría cenar en la casa.
-Ok sobre las ocho cenaremos.
Ya en la habitación, el joven se ducho y pensó en todo lo ocurrido. Sintió la necesidad de tocarse, pero luego lo pensó mejor, y decidió reprimirse, ya que no sabía por dónde iba a salir aquella hembra. Era evidente, que haberlo dejado a medias, había conseguido herir su ego, y estaba con una calentura de mi demonios.
Se vistió de forma más o menos formal, bajó a la cocina y la sirvienta les puso la cena. Tras terminar, aquella le invitó a tomar una copas. Como estaba presente la sirvienta apenas se dijeron nada relacionado con lo ocurrido en la tarde. Félix le había dirigido unos saludos muy afectuosos y dando las gracias a la joven sirvienta. La mujer capciosamente le dijo: ¿tan desesperado estas, que quieres tirarle los tejos a la sirvienta?
-¿Como?.. Sara. La joven esta de muy buen ver. Pero solo de daba las gracias por su buen servicio y excelente comida.
La joven sirvienta no aparentaba tener más de veinticuatro años, joven magrebí, de color negro, pero casi tendiendo a mulata, pero con una figura nada desdeñable.
Ella se sonrió y le dijo: ¡seguro que, si te dejo, te coges esta noche a la sirvienta! No puedes negarlo, se nota que sigues con tu pene erecto bajo los pantalones. Ja ja.
El joven la observó, echo una mirada hacia el canalillo de sus pechos y le dijo: ¡ya! ¿me supongo que la señora quedó servida con lo de esta tarde?
La mujer, le sonríe diciéndole: Aquello fue un aperitivo.
En ese momento el marido le llamó por teléfono, y se puso a hablar con el mismo durante un rato. El joven, espero paciente. Pero al terminar, aquella le dice: Bueno me voy a acostar. ¿Te apetece visitar mañana parte de nuestra hacienda?
El joven se quedó cortado, y no le quedó más remedio que darle las buenas noches y regresar a su habitación. Aquella mujer lo tenía trastornado.
Al día siguiente el joven se puso una ropa igualmente ligera, y tras desayunar, la mujer le indicó que irían a visitar la Hacienda. Sara lleva puesta una falda plisada, bastante corta, y una camiseta donde resaltaba claramente los hermosos pechos de la mujer, que traslucida sus grandes pezones.
Visitaron varias instalaciones agropecuarias, hasta llegar a unas construcciones que tenían toda la apariencia de unos establos. La mujer le dijo: mi esposo siempre ha sido una amante de los caballos. Ahora verás unos ejemplares pura sangre.
La mujer le dijo al empleado que no hacía falta su presencia de momento, sino que ellos mismos visitarían las instalaciones. Comenzaron visitando los establos, viendo unos ejemplares de buenos caballos, hasta que aquella luego le llevó a un especie de aprisco, donde se encontraba dos yeguas sueltas, una de ellas parecía más joven. Al lado, se localizaron, en otro cercado, un semental negro. El joven se maravilló ante tales ejemplares, especialmente el semental negro.
-este semental, es un pura raza traído desde Inglaterra. Señaló Sara. Ha competido en varias carreras, pero mi esposo lo adquirió para obtener crías del mismo.
-parece un buen ejemplar. Sin lugar a duda.
En ese momento, ella llama al empleado, habla con el mismo, y posteriormente invita al joven a subir al interior del establecimiento, donde se hallaba una sala con una amplia cristalera. Desde dicha sala se permitía divisar claramente gran parte de la hacienda, y, además, disponía de una vista directa del lugar donde se encontraba las dos yeguas y el semental.
Ella le dice al joven: ¡ahora, presenciarás un buen espectáculo!
El joven quedó expectante, y a la espera de ver que ocurría. Al rato comprueba que el empleado abre la puerta del cerco donde se hallaba el semental, permitiendo el acceso de éste al cerco don se encontraban las yeguas. El semental negro, se dirigió retozando hasta donde se hallaban las yeguas, y se coloca tras la más vieja hociqueando la vagina de aquella. Al instante, ambos comprueban como el semental comienza a excitarse. Ello resulto manifiesto ya que al instante comenzó a visualizarse el enorme pene del mismo entre sus patas. Era todo un espectáculo contemplar como aquel semental relinchaba, retozando alrededor de las yeguas, mientras blandía su enorme falo, que iba creciendo por momentos.
Félix, no pudo evitar excitarse con tremendo espectáculo, percibiendo como igualmente crecía su verga dentro de su pantalón. Contempló la cara de la mujer, percatándose que aquella igualmente se encontraba excitada con el espectáculo que le ofrecía el semental negro, aflorando los colores de su propia excitación a su hermoso rostro.
Al momento, visualizan como el semental se sube sobre las ancas trasera de la yegua, blandiendo su tremendo sable, intentando penetrar a la misma. Ante algunos movimientos de aquella, le fue imposible llevar a cabo la monta, por lo que el semental comenzó a hostigar a dicha yegua, propinándole algunas mordidas.
- ¿la está intentado mordiendo? - le comentó Félix, que nunca había visto una monta.
-ya ha ocurrido otras veces. El semental la muerde porque la yegua no se deja montar. ¿Uf te has fijado como se encuentra ese animal? ¡Está que no puede más! Le susurró ella, refiriéndose claramente al cipote del semental, en una clara intención de excitar también al joven.
-Ya veo. – se sonrojó el joven abogado.
-¿O se deja montar o la va a castigar?. Oh,… si ahora… -exclamo ella excitada, viendo como el caballo se volvió a montar sobre las ancas trasera de la yegua, al tiempo le acercaba su tremendo falo, el cual hizo desaparecer dentro de la vagina de la misma. Al instante, salió de la misma relinchado, y soltando varias gotas de semen por su falo.
-¡Lo ha conseguido!- exclamó también el joven.
La mujer se acerca dónde estaba el hombre, y colocándose al lado, le comenta: ¿te has fijado el tremendo falo que tiene ese semental? Um aun le gotea semen del mismo...
Mientras le decía eso, sin esperar respuesta echa mano al bulto del pantalón del joven, y comprueba el mismo diciéndole: vaya. ¿Te has excitado también? ¡Uy como se te ha puesto!
El joven observó la cara de auténtica hembra en celo de aquella mujer, sintiendo como la misma le suelta la correa de su pantalón, y se lo deja caer al suelo. Luego observó el slip, el cual denotaba un tremendo abultamiento. Tras manoseándolo por encima de la tela, le dijo: vaya… “parece que tienes también un buen sable”.
Félix no le dijo nada. Tampoco hacía falta. La mujer, tremendamente excitada ante la visión del bulto de aquel slip, retiró también éste, dejando al aire los genitales del joven. Sara se sorprendió al comprobar las dimensiones de aquel nabo. No daba crédito. Había visto el pene de varios hombres, y el de su esposo, pero, el del joven abogado era muy superior. ¡Oh joder… sí que es grande!
Lo observó extasiado, y tomándolo en la mano, comprobó que igualmente psoeía una diámetro considerable.
Félix, no solo era un hombre de una altura bastante respetable, sino que la naturaleza le había dotado con unos genitales superiores a la media. Su pene solo era bastante largo, superando en estado erecto los 22 cm, sino que además tenía un grosor considerable, rodeado una venas negras bastante pronunciadas, que resaltaban, dándole un carácter más impresionante. Esa visión dejó anonadada a la mujer del empresario. Lo había estado excitando durante los días previos, pero en ningún momento había tocado ni visto el tremendo falo del joven.
Sara sintió como se mojaban sus bragas ante la visión del instrumento varonil, y ansiosa manoseó la misma hasta llegar a la cabeza. Ante la erección creciente del joven, echo la piel hacia atrás, descapullando el pene. Observó entonces aquel glande, grueso y reluciente. ¿No pensé que este espectáculo te pusiera tan arrecho? ¿Se ve que estas bien necesitado? Vaya vaya..
Félix, la mira, y nota en su cara los ojos casi enrojecidos. Era unos ojos de pasión. Le manifiesta: Uf Sara. Me estas poniendo a tope..… como ese caballo. ¿Si continuas por ese camino no voy a poder resistirme más?
La mujer sin dejar de manosear el pene del joven le miró a la cara y le replicó: Vaya… asi… ¿Qué estas excitado eh? ¿Seguro que ahora me pretenderás montar como el caballo ha montada a la yegua. ¿es lo que pretendes? ¿verdad cabronazo? Mientras le hablaba, le apretaba el pene, dándole un par de sacudidas, comprobando su extrema dureza.
Félix estaba superexcitado, pero tampoco quería tomar la iniciativa. Sin embargo, las palabras de aquella mujer lo dejaron a punto: Oh,… Sara, “Estas deseando que este potro te tome como aquel semental”. ¿Has comprobado como tengo la pieza? “Te voy a montar igual que una yegua”.
-Oh cabronazo… le decía aquella, sin dejar de manipular la tranca del joven.
La mujer se mostraba tan arrecha que ansiaba tener aquel pene dentro, ya. Había excitado al joven, y no tenia claro si debía hacerlo o no. Pero al comprobar, el tremendo cipote y la dureza del mismo, no tuvo duda: ¡debía tenerlo dentro de su coño cuanto antes! Para colmo haber presenciado la escena de aquellos animales montando, la pusieron a punto de caramelo.
Sin embargo, tenía un problema: “sabía que podía estar en sus días fértiles”. Por ello se había enfadado tanto cuando Helmut salió de viaje. No tenía condones, ni pensaba que los tuviera el joven. Era evidente que no, ya que el citado abogado aseguraba no haber sido nunca infiel a su esposa. Seguro que era de los que no usaban ese tipo de protección. ¡Pero ella estaba que no podía más!
Félix se percató de la lucha de la mujer. En el fondo sabía que era cuestión de tiempo. Nunca había sido infiel a su esposa, pero en aquel momento se estaba olvidado de todos sus prejuicios. La mujer lo tenía trastornado y excitado. No le importaba para nada pecar con la misma. La escena de los animales cogiendo, era algo que no se esperaba esa mañana, y lo había terminado de deducirse. Tenía ganas de tomar a la mujer por la fuerza y clavarla. Pero sabía que tenía que esperar.
Observó que el semental negro se volvía a recuperar y nuevamente estaba con toda su pieza envarada y colgando entre sus piernas. sorprendentemente comenzó a olisquear a la otra yegua más joven. Era manifiesto que aquel semental quería montar a la otra yegua también. Para terminar de excitar a la mujer le dijo: ¿has visto?. ¡El semental se quiere montar a la otra yegua también!
La mujer sin soltar el pene del joven miró a través del ventanal, y al ver la escena, dijo: UY, es una yegua joven. ¡Creo que nunca ha sido montada!
-pues, ¿no creo que eso le vaya a importar mucho a ese semental? Esta tan excitado que la va a clavar igualmente.
-No se si una yegua tan joven va a soportar un sable tan grande como el de ese semental.
La mujer, entonces hizo algo que excitó mas al joven. Se colocó delante de él, mirando hacia el ventanal, mirando hacia donde estaban los animales. Luego gira su cabeza, mira al hombre, mostrándole una cara de mujer en celo. Comprueba que aquel continuaba con los pantalones bajados y su pene blandiendo entre sus piernas. Excitada acercó su trasero, hasta pegarlo al joven buscando la tranca del mismo.
Félix, interpretó la acción como una entrega de la mujer.
Ya no podía contenerse más, así que, con cierto nerviosismo, se acercó y tomó a la mujer por la cintura, atrayéndola hacia él. Mientras, le besaba en el cuello, las orejas, haciendo gemir a la mujer, quien comenzó a mover su trasero restregándose contra el pene del abogado. Las manos del joven pronto ascendieron y se apoderaron de los pechos de aquella, aún sobre la camiseta que llevaba. Se sorprendió al comprobar que la misma no llevaba sostén, lo que evidenciaba que sus pechos estaban solo cubiertos por la tela de la camiseta. Tras unos cuantos manoseos, fue más osado y metió las manos por debajo de la camiseta, ascendiendo hasta tocar con sus manos los desnudos pechos de la misma:
- oh no..ooo, no mis pechos oo se revolvió aquella entre los brazos del joven, que no paraba de masajear sus pechos, pasando el dedo pulgar por los pezones, aumentando su excitación, y restregándose cada vez más, sintiendo el pene del hombre en su trasero.
El joven decidió dar el siguiente paso, bajo una de sus manos y la metió por la entre pierna de la mujer, alcanzando la braga que protegía su vagina. Comenzó a pasar sus dedos por la zona erógena donde se localizaba la raja del coño.
Sara al sentir los dedos del hombre pasar por su ranura, emitió varios suspiros al sentir, revolviéndose.
En ese momento, mira hacia fuera y observa como el caballo blandía su enorme falo colocándose detrás de la joven yegua dispuesto a montarla. Su excitación fue tal, que ella misma se bajó sus bragas, hasta las rodillas, y girando la cabeza hacia atrás, le dice al joven: -Vamos…no puedo más… “Móntame”…soy tu yegua…. méteme ese polla de una vez.
El joven, tremendamente excitado le subió la falda hasta la cintura, dejando a la vista el perfecto trasero desnudo de aquella mujer. Eran unas nalgas redondas y perfectamente diseñadas. Le sorprendió el contraste del intenso color blanco de la piel, solo salteado por algunos lunares negros, resultando un trasero más excitante.
Hizo agachar un poco a la mujer, haciendo que apoyara sus manos sobre el ventanal. Luego metió su mano derecha por entre los muslos de aquella, alcanzando los labios vaginales, los cuales encontró bastante lubricados, por lo que paso los mismos por toda la raja, comprobando que aquella hembra estaba “receptiva y lista para ser montada”.
No tardó mucho más, tomando su cipote, le dio una cuentas sacudidas para poner a punto, se agachó un poco hasta situarlo frente a los labios vaginales de la mujer. Oh…. Gimió la mujer al sentir entre sus labios la cabeza de aquel tremendo falo.
En ese momento, Sara sabía que iba a ser clavada por aquel joven macho. Excitada miró hacia fuera viendo cómo, en ese mismo momento. el semental se subía sobre la joven yegua. Eso la enceló aún más, exclamando: “vamos móntame de una vez”… Clávame esa polla…vamos no esperes más…
El joven no se hizo esperar y presionó, viendo como su pene ingresaba más de la mitad dentro de la vagina de aquella joven casada. Oh despacio oooo siiii.. que grande… ohh
Félix se dio cuenta que la mujer tenía una vagina bastante estrecha. No había sido madre aún, ya que percibía como las paredes de la vagina de la fémina, se iban abriendo al máximo para permitir el paso de su falo.
La mujer, pese a sentir que, aquel pene era muy superior a los que su coñito había recibido, el espectáculo exterior la terminó de excitar, al comprobar como el semental negro terminaba de clavar totalmente a la joven yegua, enterrándole su tremendo cipote. No pudo más y explotó diciéndole: -oh si… termina de clavarme. ¡Vamos reviéntame de una vez…!
El joven no esperó que se lo repitiera y de un golpe de riñones, le ensartó la totalidad de su falo hasta la misma base. La mujer sintió como aquella barrena abría totalmente, como si de una perforadora se tratara su estrecha vagina al máximo: oh… siiii me revientas oh….
Félix, sabía que tenía que esperar a que la vagina de la mujer se fuera adaptando a las dimensiones de su pene, por lo que espero un poco, dejando su tranca dentro de ella. Luego tomó la camiseta de la mujer y tiró de la misma hacia arriba, sacándosela por la cabeza, con el consentimiento de aquella, la cual alzó los brazos coadyuvando en dicha acción. La mujer quedó completamente desnuda de medio cuerpo hacia arriba.
- oh me vas a desnudar ooo exclamó aquella al ver como el joven, con su tremenda altura le retiraba con facilidad por la cabeza su camiseta.
Al momento sintió las manos del joven rodear sus desnudos pechos. Era uno de sus puntos más sensibles, por lo que su coño comenzó a lubricar mucho más, haciendo que la presión sobre el pene del hombre disminuyera. Se dio cuenta que su cuerpo respondía y estaba comenzando a disfrutar con el tremendo falo del joven abogado, y de la follada que estaba recibiendo.
El joven se percató de ese relajamiento, y entonces comenzó a sacar y meter su falo dentro de la vagina, haciéndolo pausadamente, comenzando con un bombeo constante, que poco a poco fue incrementando, hasta terminar perforando sin piedad el coño de aquella casada. -o si ooo me rompes… pero…sigue oooo
La mujer notaba como su coño se abría recibiendo una y otra vez el vástago del joven. Sentía cada centímetro de aquella polla dentro de su vagina. Tenía el coño totalmente abierto y dilatado. Tenía la impresión de que con la embates que le daba el joven, aquella polla la iba a traspasar.
En ese momento miró hacia fuera y observó como el semental salía de la joven yegua, soltando chorros de semen por su enorme falo, relinchando…
Aquello fue decisivo, y al instante entró en trance. Se venía. Estaba a punto de alcanzar el orgasmo. Por ello, miro hacia atrás y le dijo: oh ya me viene… Ahora dame fuerte reviéntame de una vez ooo métela todaaaaaa decía al tiempo que retorcía su cuerpo ante las perforaciones de su coño por parte del joven macho. Su vagina entonces comenzó a ejercer una presión intensa intentando triturar el pene del joven, hasta terminar explotando, alcanzando el clímax oo.. siiiiiiii… oh dios me vengo….
El hombre contempló como aquella mujer explotaba, y terminaba recostando su espalda sobre su pecho, extenuada ante el orgasmo alcanzado. El polvo había sido de película. Pero el todavía continuaba con todo su falo dentro de la joven casada.
Tras dejar que aquella se recuperara se salió de la misma. Ella se giró, observó el enorme falo del joven, aún envarado y brillante, embadurnado por los propios jugos de su vagina, y exclamo: -¡que polvo me ha echado cabronazo!. Uf, pero… todavía sigues así…
Miro hacia un lado, visualizó una silla, la tomó, e hizo sentar al joven sobre ella. Luego le retiró totalmente la camisa, dejándolo en pelotas. Sara se recreó observando aquel joven semental, totalmente desnudo. Su tremendo cipote sobresalía entre sus piernas mirando directamente hacia el cielo. No pudo evitar una sonríe ante aquella contemplación. Luego, mordiéndose el labio en signo de auténtica morbosidad, le dijo: ¡uf como el machito!.. ¡que buen semental!
-vamos Sara… monta esta polla. Quiero ver como te la clavas tu misma. Te voy a dejar ese coñito bien abierto. -le dijo el joven tocándose su pene, no dejando que se bajara ni una ápice.
-Uf muchacho. Sabes, ¡Eres un cabronazo! No pensé que estuvieras tan bien dotado. Me vas a abrir tanto, que seguro que mi esposo se va a dar cuenta. Al tiempo que se retiraba también su falda, quedando ambos totalmente desnudos.
Félix contempló aquella fabulosa mujer, ahora totalmente en cueros, con aquel perfecto cuerpo, sus tremendos pechos, firmes, con los pezones empitonados, y el triángulo de su pubis con el vello bien arreglado. Se quedó maravillado. No pudo por menos que exclamar: Joder Sara. Que preciosa eres…¡vamos preciosa monta esta polla de una vez!
La mujer se tocó su vagina, notando que estaba bastante lubricada, y se fue colocando las piernas del joven, abriendo las suyas, mientras se fue acercando hasta que su vagina quedó a la altura del mástil del joven. Lo miró, tomó el faló y lo acercó a su vagina para irse dejando caer poco a poco.
Sara sintió como aquella barrena iba entrando en su vagina, abriéndola a su paso, hasta terminar por engullir la totalidad del cipote del joven: ohhh.. me revientas ooooo
-Uf.. Sara… que placer. Dios que mujer. ¡Es una autentico placer follarte!.
Ella apoyó sus manos en los hombros del joven, empezando a saltar sobre el mismo, clavándose y desclavándose el pene, una y otra vez, a cada movimiento de subida y bajada. El joven la tomó por la cintura, y luego las subió hasta alcanzar los senos de la mujer, diciéndole: que preciosos pechos… uhhh al tiempo que pasaba su lengua por los mismos.
Con los saltos de la mujer, al cabalgar al joven, sus pechos bamboleaban y Félix intentaba atraparlos con su boca. Eso la terminó de excitar, terminando por venirse en un segundo orgasmos tan intenso como el primero. Oooo si me vengo otra vez ooo
Tras acabar, ella se quedó recostada durante un momento en el pecho de aquel tremendo joven. Tuvo que levantar la cabeza para poder mirarlo dado la atura de aquel. Lo abrazo, y le dijo cariñosamente: “Me has reventado el coño”. Pero he disfrutado como nunca. Luego, comprobar que el pen del joven continuaba envarado dentro de su coño, se sonríe, y le comenta: ¡veo que aún sigues en pie de guerra! ¿necesitas correrte verdad?
Félix la sonríe y le comenta: ¡llevó mas de una semana sin descargar! Los debo tener repletos. Necesito descargarlos como sea.
La mujer, ante aquella confesión, necesito comprobarlo, por lo que metió la mano entre sus piernas, y alcanzó los testículos del joven. Los aprieta, los sopesa y manosea, exclamando: creo que tienes razón. Los tienes bien repletos. Luego le mira a la cara y le pregunta: ¿no pretenderás correrte dentro de mi coño?
El joven la sonríe y le responde: -¿dónde mejor? “Se que añoras sentir mi leche”. ¡necesitas sentirme, ver como riego tu coño por dentro!
Sara, necesitaba sentirlo. ¡Eso estaba claro!. Pero también sabía que estaba en su época fértil. Dejar que se corriera dentro, era tanto como posibilitar que pudiera embarazarla. No sabía si decírselo o no. ¿uf correrte dentro? ¿acaso quieres embarazarme?
El joven se quedó un poco extrañado y le comentó: ¿éstas ovulando?
La mujer lo miro, tenía la cara enrojecida, su mirada de perra en celo. El hombre se dio cuenta de que podía ser cierto que estaba ovulando, aunque ella no se lo confirmara. Pero, aquella mirada, denotaba que necesitaba sentir su leche dentro. No se lo volvió a preguntar, la tomó en brazos, levantándola en peso, aún con toda su tranca dentro y localizó una mesa, la recostó sobre ella, y comenzó a penetrarla. Primero despacio, para que la joven volviera a sentir la dureza de su verga. Luego fue incrementando sus penetraciones. Tomó las piernas de la mujer y las colocó en sus hombros, dejando a su plena disposición el coño de la misma que comenzó a perforar sin piedad. Oh me vas a terminar de reventar oo
Sara quedo nuevamente excitada por el poderío del joven, y ante aquella forma de follarla. Sentía como la tranca del joven tocaba una y otra vez su cerviz. Notaba en la mirada del joven, que aquel no se iba a detener. ¡se iba a correr dentro!
Eso la enceló también. Tenía sentimientos encontrados. De un lado tenía miedo, ya que podía quedar embarazada del mismo, y, por otro lado, necesitaba sentir la leche del joven brotar dentro de su vagina.
Cuando el joven estaba a punto, ella indecisa, le miró a la cara y le dijo: ¡si te corres dentro puedes preñarme! ¿estas seguro de querer hacerlo?
Ante las palabras de la mujer, el joven se quedó como cortado, lo pensó bien, y en el último minuto, decidió salirse de la joven casada, soltando todo su semen sobre la barriga de aquella y salpicando hasta sus pechos. ooo siiiii ooo
Quedo extenuado, mientras terminada de soltar las ultimas gotas de su semen, mantenido su pene en la mano.
La mujer del empresario, al ver la forma de correrse se quedó maravillada. En el fondo hubiera deseado que se hubiera atrevido a correrse dentro. La hubiera llenado. Y seguro que la hubiera dejado embarazada.
Luego se asearon un poco en un aseo existente en dicha sala, se vistieron y regresaron a la casa.
CONTINUARA
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