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Dominaciónene 2024

Trabajo especial: La Maestra Samantha

La profesora Samantha siempre mantuvo la distancia, pero esa noche rompió todas las reglas. Te pide que te quedes después de clases, no para hablar de derecho, sino para cumplir una fantasía prohibida: ser rota, humillada y marcada por alguien que no debería tener el poder sobre ella.

Birkin19907.8K vistas9.7· 6 votos

Samantha es mi maestra de derecho, la he conocido desde que empecé a estudiar, es de estatura promedio, seria y profesional, como se espera de una maestra, ella es algo gordita, con grasa en sus piernas y trasero haciendo que este sea grande y carnoso, con piernas rechonchas pero lindas y pecho de un tamaño aceptable.

De cabello negro en una perfecta cola de cabello y cara redonda, pero no gorda, su maquillaje es simple, labial rojo, delineador negro de ojos y por ultimo un toque de rubor y con el hecho de que tiene dos hijos en la universidad, la convierten en una milf en toda regla, de tés bronceada y dientes blancos.

Por lo que se sabe después de un largo matrimonio que termino de forma abrupta, por un accidente automovilístico, decidió que estar sola era lo mejor, cosa que le dio un frio carácter lo que llamo más la atención de muchos de mis compañeros, incluyéndome a mí, lo que hizo que se convirtiera en protagonista de algunas fantasías, pero eso cambio cuando un día me pidió que me quedara después de clases.

-Leo, gracias por quedarte-, Me dijo Samantha sin despegar la mirada de algunos trabajos.

–De nada profesora Samantha, ¿Hay algún problema?-, Le pregunte algo nervioso, en ese momento no me imagine que fuera a hacer algo como lo que fuera a pedirme.

-No, para nada Leo, simplemente quiero discutir algo-, Dijo aclarándose la garganta antes de continuar, -Una buena amiga, me comento que… haces ciertos trabajos-, Dijo esto poniéndose roja a pesar de llevar el maquillaje, lo que me dejo en shock por un momento, antes de que su voz me sacara del pequeño shock, -¿Eso es cierto?-, Volvió a preguntar.

-¿Qué ha escuchado Profesora?-, Le pregunte, sentía que debía tener cuidado.

-Mira este no es un buen lugar para hablar, así que te llamare por la noche y hablaremos de manera más tranquila-, Dijo esto levantándose de su lugar para darme su número en un pequeño postip con su número que decía “Llámame a las 7”, Para luego marcharse dejándome con una sensación pesada en el estómago.

Ya he hablado de como trato a algunas clientas aquí, pero es la primera vez que me siento como un chiquillo intimidado por el sexo expuesto, siento que estoy volviendo a empezar las citas, joder.

7 de la noche.

Miraba mi reloj con obsesión eran las 7 en punto de la noche, no sabía si llamar ya o esperar, así que espere unos minutos y marque su número, escuche el celular timbrar 4 veces antes de que me respondieran.

-Buenas noches, profesora Samantha-, Dije cuando ella me respondió.

-Buenas noches Leo, por favor solo llámame solo Samantha, no es necesario las formalidades fuera de la universidad-, Me respondió de manera tranquila.

Respire profundamente, a pesar de todas las clientas que he tenido y fetiches que he complacido y tengo, algo me hacía dudar de esto con… ella, era algo difícil de responder.

Tal vez por ser una figura materna, por conocerla tanto tiempo o por tratar a diario con ella, demonios me sentía nueva.

Esa noche llegamos un acuerdo, ella quería mis servicios, pero quería que fuera todo discreto, algo que no se debía tratar en él un aula de clase, o la universidad, ella fue clara, quiero un “Servicio Especial”.

Las instrucciones fueron claras, “Ven a mi casa a las 11:30 de la noche, a esa hora todos deben estar dormidos, pero por si acaso entra por la puerta de atrás, asegurándote que nadie te vea”.

Justo como indico, la puerta trasera de la casa estaba abierta, pero aun así fui con un pequeño disfraz, llevaba puesto una mascarilla, gorra y gafas, asegurándome de que no hubiera vecinos chismosos a la vista.

Entre y ella estaba sentada en la mesa de su cocina esperándome.

-Escucha, mi esposo solía darme palizas, era nuestro… jueguito, más mío que dé el, siempre he sido masoquista-, Me dijo sin mirarme, pero con una sonrisa en su rostro, -Fue difícil al principio explicárselo, y más aún convencer a mi marido… pero al final logramos llegar a un acuerdo-, Dijo esto último con una linda sonrisa.

-Me gustaría, que me dieras puñetazos, que me patearas y sobre todo que me jalaras del cabello-, Dijo esto apretando mi mano, -A mi esposo le gustaba, creo que le daba una cierta clase de… poder masculino o algo así-, Dijo lo último soltando un suspiro, -Al final le termino gustando, tanto como a mí-.

-Yo creo que entiendo… la clase de arreglo que tenían-, Respondí con una sonrisa.

-Por favor no vayas a pensar que, él era abusivo o algo así, para nada-, Dijo rápidamente, pero la detuve.

-Samantha yo puedo satisfacer todos sus deseos, sin ningún problema-, Dije sonriendo y tomándola de la mano, -Pero yo también quiero satisfacer algunas cuantas fantasías-, Agregue a mi respuesta.

Samantha sonrió de manera picara, acomodo sus gafas y me pregunto: -¿Y qué clase de fantasías te gustaría cumplir conmigo?-.

Sonreí de igual manera y dije; -Samantha… pequeña Puerquita quiero sodomizarte con violencia, me gustaría poder escupirte y degradarte como mujer y ser humano, orinarte encima y por ultimo…- Dije esto acercándome a una mujer que obviamente estaba más que emocionada, -Dejarte marcada por el resto de tu vida-.

Samantha estaba sonriendo, se quitó los lentes, se paró haciendo que me parara con ella y dijo: -Me parece un trato justo-.

Entonces todo empezó con un puñetazo al estómago, lo que hizo que Samantha callera de rodillas, para luego de una patada en la espalda, empujarla al suelo, Samantha soltó algunos pequeños quejidos, pero la sonrisa no dejo su rostro.

En cambio me sonrió cuando me quite el cinturón y deje caer una lluvia de azotes sobre sus piernas, -¡HAYYYY! ¡HAAAAAA!-, Grito y grito Samantha ante cada azote, créanme cuando les digo que esta fue la sesión de brutalidad, mas deliciosa en la que he tenido.

Tantas veces que me perdía viendo esas piernas en medias y ahora estaban debajo de mi cinturón, después de 20 latigazos de mi cinturón, cambie a la hebilla, Samantha estaba llorando, -Me… duele…-, Me dijo entre gemidos, pero cuando levanto la cara, solo pude ver una sonrisa de éxtasis.

-Si… maldita puta barata-, Le respondí soltándole un escupitajo en la cara, ella se aferró a una de mis piernas, antes de ser golpeada por la hebilla, soltó otro grito, esta vez fui más piadoso con ella y solo le di 4 golpes en su espalda, deteniéndome cuando ella se orino encima, quedando a cuatro patas sobre el suelo.

Me tome un momento para respirar, calmarme y mirar mi alrededor, estaba tan excitado, casi golpeado por el eso, me la imagine a mis pies, pero nunca así.

-Que maldito asco, con razón eres una Puerca-, Dije este desabrochando mi pantalón y liberando mi carnoso y erecto miembro, para después soltar un chorro de orín caliente sobre ella, bañando su espalda.

Samantha solo se quedó ahí en el suelo, a cuatro patas como una perra, sollozando mientras era bañada por mi orina.

-¿Te gusto Puerquita?-, Le pregunte a la par que me empezaba a quitarme la ropa.

-Si… me encanto-, Me respondió levantando la mirada, para verla directo a los ojos, una mirada perdida, entre el placer y el dolor, entre la excitación y la humillación, se levantó un poco y lamio mi pene que estaba goteando un poco de orina.

Levante el cinturón y volví a golpearlo, le di otros 5 golpes, no con la hebilla, pero si con la correa, ella trato de apartarse, gateando a lo que rápidamente la, agarre del caballo y tire fuertemente de ella, jalándola guiándola hasta su dormitorio, ella gemía y reía, una mescla de dolor, excitación y satisfacción, sabiendo bien mis intenciones.

Tiraba de esta cola de caballa hacia arriba y abajo, de derecha a izquierda, deteniéndome para golpearla con mi cinturón en su gran y gordo culo, ella a veces me agarraba la mano o la pierna, como tratando de detenerme en un vano intento de piedad, pero solo conseguía que tirara más fuerte de su cola de caballo.

Cuando llegamos al dormitorio, el empuje de una patada adentro de la habitación, cayendo de cara contra el suelo.

Empecé a desvestirme, con una adolorida erección que solo quería penetrar ese gordo culo, ella me miro e hizo lo mismo, quitándose su ropa que estaba que estaba empapada de orina.

-Ponte… condón-, Me dijo mientras soltaba un fuerte escupitajo en su mano y lo restregaba por su entrada trasera.

Podía ver las marcas de mi hebilla en su espalda y esto me éxito a un mas, rápidamente coloque el condón, me coloque sobre ella y también lance un fuerte escupitajo, mesclando su saliva con la mía.

Entonces metí mi dedo en su culo, con el cual sentí una leve resistencia, -Hace mucho que no lo hago por ahí-, Me dije con una coqueta sonrisa.

-Samantha pequeña Puerquita, vamos a darte una perforada Dios manda-, Le respondí a la par que sacaba mi dedo de su interior y se lo ponía en la boca y como buena Puerquita lo chupo con ganas.

Ella separo sus grandes nalgas, al igual que yo abría un poco más su ano, apunte y enfile mi gran barra y como a mí me gusta, se la deje ir toda de golpe.

Samantha no grito, lanzo un fuerte chillido, algo que hasta ese momento no había escuchado, lagrimas brotaron de sus ojos mientras, mi verga les daba un beso a sus tripas, yo ahogue un grito de placer, el cual reemplace por un gruñido, a este punto sus manos dejaron sus nalgas y se agarraron a la alfombra que no había visto hasta ese momento.

Extendí mi mano y agarre con fuerza su cabello, antes de empezar mi apuñalamiento.

Gruñidos, gemidos ahogados y cada tanto uno que otro “pedo” se podía oir en ese cuarto, o bueno eso fue hasta que Samantha volvió a hablar; -Tu… verga… es… riquísima-.

-Si… Puerquita-, Le dije comenzado a darle nalgadas, mientras tiraba con fuerza de su cabello, -Mi verga es especial para culos-, Dije lo último retirando casi del todo, para darle una nueva estocada, como si de un lancero tratase, esta vez la solté del cabello y ella rápidamente enterró su cara en la alfombra, soltando esta vez un fuerte grite.

Me recosté sobre ella, mientras la escuchaba maldecir con la cara en la alfombra.

-Eres una maldita puta, que esta obsesionado con la verga-, Ella entonces levanto la cara y me miro a los ojos.

-Si… la verga es mi vida-, Me respondió a la par que nos volteábamos, ahora estábamos de cucharita, pero mis movimientos no se detuvieron en ningún momento.

La abofetee, le escupí, la insulte y ella solo estaba ahí con una asquerosa sonrisa, entonces sin aviso, la mordí en el hombro, con fuerza cosa que ella hizo igual con mi mano libre.

Sentí el dolor, como si ella trasmitiese lo que yo le estaba haciendo entre más fuerte mordía, ella igual y solo me detuve cuando sentí la sangre en mi boca, la cual escupí rápidamente, notando mi maravilloso trabajo, una perfecta marca de mis dientes en su hombro.

La prueba irrefutable que era mía.

Rápidamente atraje su cara para otro beso, el cual obviamente fue correspondió y con tres empujones más, sentí mi carga salir, a la par que ella se orinaba de nuevo.

-Es una pena… que tu culo no haya recibido esa inyección de semen-, Le dije abrazándola.

-Si… tal vez… a la otra-, Me dijo sonriendo ante la marca que ahora estaba en mi mano.

-¿Quieres… sentir mi verga?-, Le pregunte a la par que lamia una gota de sudor que resbalaba por su frente, ella hizo un gesto de pensar, sonrió y desde esa posición con su mano libre, abrió nalgas y expulso mi pene soltando una risita.

-Que buen control, Puerquita-, Alabe ante el gesto que me calentó, me quite el condón lo deje caer lejos para no hacer un desastre y empuje la cabeza de nuevo a su culo.

Empezando de nuevo.

Ella quiso pagarme y yo me negué, ella era una fantasía con la que la mayoría soñamos y la cumplí, sus clases eran incluso mejores, nunca hicimos nada en la universidad, pero su mirada depredadora, siempre estaba ahí.

Ahora había una excitación complaciente por parte de ambos.

Y si piensan que somos pareja, no lo somos, yo estoy muy corrompido por este trabajo y ella es una viuda que no quiere dañar su reputación y ambos estamos de acuerdo con eso.