Xtories

El sabor de lo nuevo VII

Germán descubre que su esposa Gala ha iniciado una relación secreta con Daniel. Espiando sus conversaciones, se da cuenta de la intensidad del deseo que la consume. Ahora, el marido decide no solo observar, sino facilitar el encuentro que ambos anhelan.

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La comunicación se incrementó de forma exponencial. Aquella llamarada de cita sirvió para abrir las puertas del Valhalla. Mi mujer se sentaría, por fin, junto a Odín y el resto de los dioses. Algo debió calentar en exceso su entrepierna para que todos aquellos meses plagados de remilgos, dimes y diretes vieran la luz y un lugar hacia el que encaminarse. La rueda giraba sola, sin apenas esfuerzo. Unos labios de seda y un pollón bien restregado con toda su potencia habían obrado el milagro.

El grupo de mensajes no paraba. A veces con carga directa o indirecta, pero se recordaban los besos y caricias que se habían proporcionado en aquella escasa hora de paseo. Las charlas nocturnas también ayudaban. Con los viernes noche llegaba el hablar.

Primero de música, libros cine o la vida, en toda su aventura. Ese recorrido que hacelos todos por desiguales carreteras para llegar al mismo sitio. La diferencia es la velocidad o las paradas que realices durante ella: todo a su debido tiempo y contemplando mejores vistas es como vivir de otra manera.

Ahí pareció Gala descubrir una nueva manera de ver la vida. Una nueva forma de disfrutar, de respirar, de importarle cada vez menos qué hacer o lo que pensara el resto del hemisferio norte sobre su forma de actuar. Es cierto que Germán tuvo su parte de culpa, y eso lo sabían ambos. El retoce y disfrute se apalancó de nuevo en su vida. Los viernes, como apuntaba, hablaban por las noches con Daniel. Pulcro, decoroso, afinado y suntuoso hacia fácil las veladas de los tres. Se palpaba la tensión entre ellos dos. Como ganas de verse a solas.

Una vez "apercibido" era cuestión de dejar vía libre a que la fiebre fluyese entre ambos. Está claro que se habían insinuado palpando lo ajeno, pero ver lo que se dice ver, no se habían mostrado nada. Todavía. Así que una noche, sabiendo que hasta tocando las 12 no había comunicación, me hice el "cansado" y me subí a dormir. No había pasado media hora y el chat grupal empezó a funcionar. Iba leyendo con disimulo (desconectando la red wifi para no salir visible y no me vieran en línea) los cada vez más tórridos mensajes. En cuanto Gala advirtió a Daniel que me había retirado a mis aposentos él la invitó a charlar mediante la cámara del móvil. La trampa estaba puesta.

Ella subió a la altura de nuestro dormitorio para cerciorarse que dormía. No me costó disimular. Se volvió a bajar y entrecerró la puerta del salón. Sentía su charla, su risa de niña mala. No me había costado mucho bajar algún peldaño y quedarme a escasos metros de la puerta. Escuché perfectamente cuando él desenfundó y exhibió su polla ante los ojos de Gala. Su respingo y admiración no pudieron contenerse y por motivos de audio solo escuchaba la voz de ella:

- ¡Otras! Es verdaderamente grande... No, ¿de ese tamaño? Nunca... Se te ve preciosa, un poco mojada... ¿Que qué haría? Pufff, me la comería enterita, de arriba abajo, me detendría en la cabezota esa rosada que tiene, un poquito mojada por cierto, y me la llevaría todo lo profundo que pudiese... Me gusta apretarla con mi garganta... O me sentaría encima, me encanta sentirla como entra despacio, con cuidado, es grande... Me encanta subir y bajar despacio, con mis tetas sobre tu cara y mis pezones mordidos mientras la siento en mis entrañas... Es una sensación muy agradable, y correrme sobre ella, y sentir que me agarras de mi culo y empujas cuando te estás corriendo... ¿Qué si te puedes correr? ¿Y me pides permiso? Echámelo, donde quieras, gracias por regalarme tu placer... ¡Dios! ¡Disfrútalo!........ Es enorme, ¿siempre eyaculas así? ¡Cuánto esperma! No, no me importa tenerlo en mis manos o si cae en mis labios o te corres en mi boca...

Ahí los dejé y me volví a la cama. Había sido una sensación indescriptible. Poder sentir el placer de mi mujer al ver cómo se corría un pollón en directo y para ella fue increíble. Luego, aun desde la cama, la oí masturbarse. Una, dos y hasta tres veces seguidas se vino después de despedirse de Daniel. Tenía que subir a la cama fogueada. Yo, que seguía con el guion de dormido, la vi llegar y acomodarse en la cama. Se levantó poco después, seguía ardiendo y se fue a la ducha más alejada de casa a darse un agua que aliviase su maltratado coño. Mientras, di una vuelta al móvil y ahí estaba él, explicándome con pelos y señales lo que había yo vivido, pero desde su perspectiva de macho en celo:

- Hostias Germán, no me lo podía creer... La tenía ahí, le he dicho un par de veces que me tenía muy caliente desde el día del paseo y no me he podido reprimir... Le he pedido si me podía mostrar "algo" y me dejó un pecho al aire, ese pezón en punta... El ese momento se la he mostrado... Creo que se ha impresionado al verla... No he querido seguir, pero podía haberme vaciado un par de veces más... Andaba muy cargado, espero no haberla molestado... Qué ganas tenía de habérmela follado en ese momento... Sentirla, me decía que quería sentarse sobre ella... Me ardían los huevos de tanta carga como soportaban... Ha sido delicioso, ojalá podamos vernos pronto...

Evidentemente quedaba lo mejor. Las charlas seguían su proceso de normalidad y algún que otro calentón noctámbulo del que tenía siempre la correspondiente explicación por ambas partes. Gala se animó a contarme con más señales que pelos la imponente virilidad de nuestro amigo y la calentura que la flagelaba las noches siguientes. Se dejaba comer el coñito empapado de flujo, se ponía como una moto al tacto de mi boca, enardecía al oír las ganas que tenía de verla empotrada por su pollón, grande y (según ella) grueso. Era el no va más.

Una semana acordamos la fecha para visitarle. Su ciudad dista algo más de 2 horas de nuestro hogar. Pillamos un par de días en un apartamento discreto, en pleno centro y cerca de todo lo más señalado de su ciudad. Llegamos un lunes a mediodía y Daniel nos avisó que estaría con nosotros sobre la hora del café, tras la comida. Fuimos a un restaurante cercano y volvimos al nido. Él llegó una media hora después. Tras un saludo (demasiado) cordial Gala tenía los ojos brillantes, una sonrisa permanente, una mirada mordaz, de niña traviesa y él tardó poco en advertirlo.

La rodeó en el sofá con su brazo derecho y le acercó su boca a la suya. Se recostaron hacia atrás mientras el sonido de sus lenguas sobresalía del silencio. Se lamían, sus manos volaban. Las tetas de Gala aún no estaban del todo fuera y él lucía un hinchazón importante en su pantalón. Se dedicaba a sobar los pechos cada vez más descubiertos, la camisa más abajo, los pezones más al aire...

Él acompañó sus manos a su paquete y ella no podía dejar de subir y bajar la polla de Daniel sobre la tela... Hizo un gesto de dolor, era lógico que aquello que contenía entre las piernas doliese. Se levantó y aflojó su cinturón, cremallera y se quedó en slip. Ella acabó de retirarlo y él se quedó en bolas de cintura para abajo. Siguió con la camisa aunque en ese instante la boca de Gala no podía esperar más y empezaba a tragarse el regalo mojado que él le ofrecía. Se la llevó adentro, acomodaba sus labios al grosor de su polla, él pugnaba por sacarse la camisa, pero los ojos se le iban hacia atrás por la enorme voracidad con la que Gala tragaba y tragaba:

- Por favor... Qué forma de mamar... Me la vas a romper...

- ¿Sí? Me la deseo comer entera... Y tu esperma sabe delicioso, dulce...

Yo hice los honores al levantarme, sobar un poco sus pechos, su entrepierna, saqué sus pantalones... Las braguitas dejaban entrever unos cachetes de los más sensual, destapé un poco su costura para palpar su afeitado coñito que mojaba mis dedos... Era momento de irse a la cama. Y se deshizo en un momento.

Continuará...