Gracias a la IA, en una cena de empresa
La cena de empresa se convierte en el escenario perfecto para la traición cuando el alcohol suelta las lenguas y las barreras caen. Mientras su marido pierde el control en la planta baja, Alicia y Juan suben a la superior, donde las confesiones se transforman en actos prohibidos y la pasión se graba para la posteridad.
La atmósfera estaba cargada de risas y charlas animadas entre los compañeros de todas las mesas, el CEO de la empresa, como le decían los nuevos miembros, el Presi, como lo llamaban los que ya llevaban diez años en la empresa y Don Pablo como era conocido por los que llevaban allí más de veinte años había separado a los trabajadores para que no fueran juntos a las mesas y formaran una isla en el gran salón del hotel en las que solo se relacionaban entre si gente del mismo departamento o del mismo grupo de amigos.
Era el primer año además que las mesas estaban al azar, se había encargado personalmente una IA, Don Pablo había puesto todos los nombres de la gente que iba a ir a la cena y por la magia de los algoritmos las mesas se habían formado y así iban a quedar, fue la última palabra que dijo de ese tema cuando algunas personas le pidieron cambiar de mesa. Ni siquiera había dejado la tarea a su secretario, confiaba en él, pero podía haber manipulado algún sitio por petición de algún amigo, jefe o interés personal.
Cincuenta años en la empresa, treinta de ellos como presidente y los últimos cinco con un cabreo continuo dejaban claro que no iba a ver vuelta atrás. Además, esa noche iba a ser especial, no solo se sabía por la barra libre que se había organizado, mucha gente venia con trajes que no eran los que se ponían para las reuniones y las mujeres con vestidos que más parecían una modelo de pasarela que una empleada del departamento de logística o contabilidad. El hotel era el mismo de siempre, uno de los mejores de la ciudad, los que vivían lejos y aprovechaban la barra libre tenían posibilidad de quedarse en alguna habitación, y algunas veces una pareja de compañeros también se quedaban, pero por otras razones.
Por los pasillos de la empresa había corrido el rumor las últimas semanas que era la última cena de empresa del jefe, que iba a ceder el testigo a la nueva generación, aunque la nueva generación como decían tenía 52 años, o 45, pues estaban las quinielas divididas entre Marianela la hija mayor y jefa del departamento de Marketing o Lucia, su hija mediana y jefa del departamento de Producción. Berta su hija pequeña y miembro del departamento de contabilidad no entraba en las quinielas, aunque pudiera ser la que mejor llevara la empresa, tenía 42 años y era el ojo derecho del padre, y por eso no entraba en las quinielas, porque necesitaba que siguiera siendo el ojo derecho del padre y la mano derecha del nuevo CEO.
Por fin llego el tan esperado discurso de Don Pablo, la sala quedo en silencio, las sillas se giraron para no dar la espalada al jefe y las luces se apagaron para dejar como estrella al orador.
- Queridos empleados, colaboradores y miembros valiosos de nuestra empresa,
Es un honor dirigirme a todos ustedes en este día significativo en el que anunciamos cambios importantes en la estructura y la dirección de nuestra empresa. Como muchos de ustedes saben, he dedicado mi vida a construir y fortalecer esta empresa, y llega el momento de planificar su continuación para las generaciones futuras.
Hoy, con profundo afecto y tras una cuidadosa reflexión, estoy emocionado de anunciar la sucesión en el liderazgo de nuestra empresa familiar. Después de una evaluación exhaustiva y considerando la visión a largo plazo de la empresa, he decidido nombrar a mi hija, Marinela como mi sucesor y Presidente de la empresa.
Marinela ha demostrado un compromiso excepcional con la empresa a lo largo de los años y ha desempeñado un papel fundamental en su crecimiento y éxito continuo. Estoy seguro de que, bajo su liderazgo, nuestra empresa prosperará y continuará siendo una fuerza innovadora en nuestro sector.
Además, me complace anunciar que mi hija mediana, Lucia, asumirá el cargo de vicepresidenta de la empresa. Lucia ha demostrado habilidades notables en áreas clave de nuestra organización y estoy seguro de que su visión estratégica y capacidad de liderazgo contribuirán significativamente al futuro de nuestra empresa.
Con el objetivo de fomentar la participación y el sentido de pertenencia en nuestra familia empresarial, he tomado la decisión de distribuir equitativamente las acciones de la empresa entre mis tres hijas, que cederé en la próxima reunión de la junta dentro de 8 meses. Cada uno de ellos recibirá un 20% de las acciones, reflejando así nuestro compromiso con la continuidad familiar y la colaboración.
Además, quiero destacar que retendré el 40% de las acciones de la empresa. Esta decisión refleja mi compromiso continuo con el éxito y la estabilidad a largo plazo de nuestra empresa, así como mi deseo de trabajar en estrecha colaboración con mis hijos para garantizar una transición suave y exitosa.
Estoy emocionado por el futuro de la empresa y confiado en que esta nueva estructura de liderazgo y distribución de acciones fortalecerá nuestra empresa y nos permitirá alcanzar nuevos niveles de excelencia. Agradezco a cada uno de ustedes por su dedicación y arduo trabajo, y estoy ansioso por ver los éxitos continuos de nuestra empresa bajo el liderazgo de la próxima generación.
El discurso había sido breve pero muy claro, quedaba la empresa en manos de la hija mayor pero en cualquier momento él y cualquiera de sus otras hijas podía retomar el control de la empresa y poner de nuevo la empresa en la dirección que el jefe quisiera, al final del discurso se habían escuchado los primeros aplausos de la nueva era, los primeros sin duda habían sido del departamento de marketing, algunos por saber que su jefa iba a ser la nueva presidenta y por lo tanto tenían conexión directa y otros por quitarse a su jefa del departamento.
En una de tantas mesas sentados se encontraban Juan y Alicia que compartían la cena de empresa. La luz tenue iluminaba la elegante sala, donde compañeros de trabajo disfrutaban de la buena comida, mejor bebida y la compañía mutua. La mesa en cuestión no era el alma de la fiesta, y después del discurso algunos se levantaron para empezar a aprovechar la barra libre.
Juan, de 41 años, y Alicia de 43, se encontraban sentados aún en la mesa, habían dado buena cuenta de la cena y el ultimo plato el del postre, quedaba en los platos de la mesa, en algunos vacíos y en otros aun resto del helado derritiéndose.
Juan y Alicia estaban conversando y riendo con complicidad. Los dos habían escuchado con atención el discurso del presidente, y a ninguno de los dos le iba a cambiar mucho la vida con los nuevos cambios, Alicia pertenencia al departamento de contabilidad, pero era especialista en Fiscal. Era una mujer de bandera como se suele decir, a sus 43 años y sin hijos estaba mejor que muchas compañeras más jóvenes que estaban en la fiesta, media 1,74, delgada con un buen culo conseguido con muchas horas de gimnasio, pelo largo y liso, un poco por debajo de los hombros, de un moreno natural aunque con mechas para ir quitando algunas canas, esa noche vestía un vestido largo negro de tirantes que dejaba gran parte de la espalda al aire y por delante un gran escote, y es que una de las cosas en las que se había gastado el dinero Alicia en su cumpleaños treinta y tantos fue en operarse el pecho, se había puesto sin exagerar una talla 120, posiblemente copa D, a su marido le había encantado que lo hiciera, y muchas veces lo había contado en pequeños grupos de hombres o en alguna barbacoa en su casa. Si los hombres la tenían que describir decían que era el cuerpo de Demi Moore y las tetas operadas de Pamela Anderson.
Miguel el marido de Alicia era lo opuesto a Alicia, no sabían muy bien los compañeros que hacía con él, pero llevaban muchos años juntos. Media 1.85 pero pesaba algo más de ciento diez kilos, en su momento había estado fuerte, pero se había ido dejando al llegar a la media centena, y es que los cincuenta le pesaban y mucho. Trabajaba también para la empresa, era comercial. Se le daba bien hablar con la gente, durante años había conseguido importantes contratos y cuando don Pablo iba a negociar con algún nuevo cliente o comprar alguna empresa era la persona de confianza para esos trabajos. Pero tenía un problema con las bebidas espirituosas y es que con dos copas hablaba demasiado y con cinco o seis copas se soltaba y perdía un poco la conciencia, pasaba de ser simpático a ser un poco pesado y muchas veces contaba cosas que no debía, y el problema es que en muchas ocasiones se pasaba de las ocho copas y los secretos ocultos salían a la luz. Algunos compañeros decían que permanecía en la empresa porque sabia muchos secretos oscuros del jefe. Durante el discurso se tomo el primer vaso de wiski de un trago.
En una despedida de soltero el alcohol le jugó una mala pasada y acabo acostándose con una puta, los amigos incluso el novio tuvieron que esperar a que terminara, pero no sabían si el tiempo que estuvo en la habitación había consumado o fue el tiempo que tardo la señorita en coger las tarjetas de crédito y hacer cargos a la empresa, no se escuchó ningún ruido ni salió con una sonrisa en los labios, aunque todos los compañeros al comparar a esa mujer con Alicia tenían claro que esa mujer no estaba tan buena.
Nadie dijo nada de esa noche, afortunadamente no dormían en casa y no tuvieron que llevarle en ese estado, pero con el paso del tiempo alguno lo comento en otros círculos y lo que había quedado en secreto se transformó en un cotilleo de máquina de café, alguno de los que estuvo en esa despedida incluso pensó que fue el mismo Miguel otro día que le dio a la bebida.
Juan a sus cuarenta y uno había llegado a la empresa hacía unos años, era una apuesta personal de Jorge, el abogado personal de don Pablo y también director del departamento legal de la empresa, Juan había sido contratado para temas de auditoría y Protección de datos. Ambos se conocían de algunas reuniones anuales del tema de las auditorias. El era un chico normal, soltero, le encantaba montar en bici, todos los fines de semana que podía se iba a alguna ruta ya fuera de montaña o carretera, de los pocos vicios que podía tener eran las bicis y las mujeres, como el mismo solía decir, sus pasatiempos eran de montar hasta que le dolieran los huevos.
—¿Viste la presentación de Marta? Fue realmente divertida —comentó Juan, levantando su copa de champagne, intentando mirar a Alicia a los ojos y no a su canalillo de infarto, y es que ya le había pillado alguna vez mirando esos pechos tan exuberantes, las conversaciones de la mesa se habían reducido a ellos mientras, los demás miembros de la mesa estaban mirando el WhatsApp o se habían levantado a por alguna bebida. Alicia había terminado dos copas de vino en la cena y la copa de champagne que tenía era la misma que utilizaron para el brindis del jefe, pero ya casi vacía, los colores se le empezaban a notar en la cara, y es que no estaba muy acostumbrada a beber. Las miradas de los compañeros masculinos de la mesa ya no las incomodaban, estaba muy acostumbrada, aunque con el alcohol, se estaba desinhibiendo un poco, ya no intentaba taparse el escote cuando alguno de los compañeros se quedaba mirando fijamente esa parte de su anatomía.
Alicia asintió con una sonrisa. —Sí, estuvo genial. Siempre sabe cómo hacer que todos se diviertan. ¿Y tú? ¿Cómo te ha ido en el trabajo últimamente? me han dicho que Lucia te exigió mucho en el trimestre pasado- dijo Alicia con una sonrisa pícara en la cara, fruto del alcohol y de las segundas intenciones de la pregunta.
Juan compartió algunas experiencias laborales que había tenido con Lucia. La conversación fluyó fácilmente entre ellos, explorando temas más ligeros antes de que la charla derivara hacia la barra del bar. Aunque no comento mucho de la pregunta que Alicia le había hecho, y es que alguien había lanzado el rumor de que, entre Lucia, la actual vicepresidenta y él hubo un lio. Cosa que Juan negaba, pero sabía que era cierta. Se la había estado follando cada dos semanas los jueves por la tarde en el despacho de ella. Terminando la relación, no porque él quisiera sino porque al parecer los rumores habían llegado a su padre y no le hacía gracia que se expandieran los rumores. Pensó en todo lo que podrían contar las sillas, el escritorio, y el sofá que tenia en el despacho y pensó en eso mismo con Alicia, y esos pensamientos despertaron una zona del cuerpo que había estado inactiva pero que en ese momento despertó de su letargo.
El único comentario que hizo de ese tema fue que "ojalá los rumores fueran ciertos, pero no todo lo que se dice en los pasillos es real". Ese comentario también fue con segundas intenciones, dado que sobre Alicia también corrían rumores. Y es que al Lucia en una de esas reuniones privadas que tenían los jueves por la tarde, tumbados en la alfombra descansando de su ejercicio quincenal le había contado que por poco pillan una tarde a una compañera del trabajo en un despacho como el de ella con su jefe, y que deberían de dejar esas reuniones, al menos un tiempo. Al principio no le quiso decir el nombre de la chica ni la de su jefe, pero Juan era muy bueno interrogador, de ver tantas series de abogados, aunque su mejor táctica era al menos con Lucia comerle el coño hasta que se corría y en compensación le contaba lo que quería, o le hacia ella lo que el quería. Fue así como la había follado en ese despacho el culo aún cuando Lucia era reacia al principio.
Al final cambiaron de tema por el bien de los dos, aunque la semilla de los actos futuros se había plantado ya. Fue Alicia la que le dijo que fueran a otro lado, que el champagne estaba bien para brindar, pero se le subía rápido.
Decidieron tomar unas copas en un rincón más tranquilo, y allí coincidieron con Miguel, el esposo de Alicia. Miguel era un hombre amigable de unos cincuenta y muchos años, aunque se estaba dejando mucho en el tema de la salud y casi aparentaba sesenta, era algo característico su risa ruidosa y ojos brillantes, de complexión gruesa y manos grandes. En su juventud había tenido un físico medio, pero en la actualidad su altura casi 1,90 era lo que le mantenía por encima de la media. Pero su peso ya le hacía casi más gordo que alto.
Miguel estaba rodeado de un grupo de amigos, los de siempre, los cincuentones que miraban a las secretarias desde algún ventanal de sus despachos y comentaban después lo jóvenes que eran y la experiencia que tendrían ya. Al llegar Alicia, la saludaron y se fueron a otro corro para seguir hablando entre ellos y dejar en un estado ya bastante perjudicado a Miguel, a cargo de Juan y Alicia.
La charla se volvió animada mientras compartían historias y se reían de las travesuras de algunos colegas. Alicia sabía que la copa que llevaba en la mano su marido posiblemente no fuera la tercera ni la cuarta y que lo que empezaba a contar eran chismes entre compañeros podía derivar a cosas peores.
En ese momento se acercaba Lisa, una amiga de Alicia al grupo, pero solo con la intención de llevarse a Alicia a otro lado, otra conversación en algún grupo lleno de chicas o quizás para ir al baño las dos. Alicia dudo entre acompañarla o no, primero para no dejar a su marido en ese estado, pero también para no encasquetarle el muerto o mejor dicho el borracho a Juan.
Juan saludo a Lisa con dos besos, aunque en su momento también fueron amantes, y cada vez que le rozaba la piel se acordaba de esas veces que sus cuerpos estuvieron rozándose sin nada de ropa y sus labios besaban, mordían y chupaban partes del cuerpo del otro que ahora estaban cubiertas con ropa.
Por un momento la tensión sexual broto, pero Lisa la apago de inmediato llevándose a su amiga. Juan no pudo más que mirar la marcha de las dos, esos culos moviéndose casi sincronizados, Lisa era un poco más baja que Alicia y no tenía esas tetas operadas, pero sin duda su cuerpo era tan espectacular como el de su amiga, de 1,60 y con un pecho 95 copa C, los días que habían pasado juntos Juan y ella habían disfrutado mucho de sus cuerpos. Juan soltó un soplido de resignación, y siguió escuchando a Miguel, aunque sin ningún interés.
—¡Deberías haber visto la cara de Carmen cuando se dio cuenta de que lo que acababa de decir tenía un doble sentido! —exclamó Miguel, agitando su vaso de whisky. Esa frase saco de su letargo a Juan, que por un momento se había quedado parado haciendo la radiografía de esas dos mujeres.
Juan rio, disfrutando de la compañía de este hombre extrovertido. Sin embargo, a medida que avanzaba la noche, notó que Miguel iba bebiendo más de la cuenta. Esperaba que volviera Alicia, pero ya pasaban quince minutos y no la veía, Miguel en ese tiempo se había acabado su whisky, había pedido otro y tenía un nuevo vaso con dos hielos y bien cargado en la mano.
Juan la historia de Carmen ya la conocía, y aunque graciosa no era como para quedarse allí con Miguel, si bien no quería dejarle en ese estado. Pero Miguel viendo que su vigilante se aburria cambio de tema, a alguno de los que su mujer le hubiera advertido que no eran oportunos, pero que no estaba allí para ello.
—¿Bueno entonces los rumores son ciertos? - le pregunto Miguel a Juan, llevándose de nuevo el vaso a los labios.
- Que rumores, los del ascenso, que va. - Comentaba Juan intentando esquivar el tema.
- No, los de tus conquistas. Mi mujer me ha dicho que estuviste saliendo con Lisa. Joder pedazo de hembra, tengo que decirte que después de mi mujer, es la mejor de toda la empresa, al menos que haya visto en bikini. Aunque seguro que las intocables también tienen un buen polvo.
- Pues que quieres que te diga Miguel, no he visto a ninguna de las intocables en bikini, y en cuanto a Lisa, si tengo que decirte que estuvimos liados y que folla como una guarra, y es que después de su divorcio tiene que recuperar el tiempo perdido.- Juan pensó en el comentario sobre las intocables que no mentía, a ninguna la había visto en bikini, a Lucia siempre le faltaba algo, ya fuera el sujetador o el tanga cuando le llamaba a su despacho, tanto Marinela como Lucia estaban muy bien para su edad, Lucia tenía claro que si le hubiera dejado la hubiera follado durante horas, pero no podían gritar ni innovar en esos escarceos, y en cuanto a Berta, era la más joven y seguro que la genética le había dado un cuerpo como el de sus hermanas, por lo que sería una mujer de tremenda en la cama o en cualquiera sitio.
Juan y Miguel siguieron hablando un rato más, ya nada de temas de empresa ya puro y simple tema de sexo, con los wiskis que llevaba Miguel, su lengua se había soltado y sus comentarios eran cada vez más de un hombre sin pudor, sin control.
Comentó como era follar con Alicia antes de que se operara las tetas y después, de lo que le pone a ella hacer cubanas, cosa que antes no podía. Miguel por su lado quería detalles de Lisa, como había sido el acercamiento, como era su cuerpo, como tenía el coño, él pensaba que seguro que un pequeño triangulo de pelo, pero Juan le conto que no, que se lo había depilado con láser y que nunca tuvo un pelo, y que todo surgió cuando habían tenido que ir a auditar una empresa que quería adquirir don Pablo y que estuvieron dos semanas fuera, justo después de separarse aun sin firmar los papeles del divorcio y que esas dos semanas habían empezado con mucha complicidad por todas las horas que pasaban juntos y que el viernes en vez de volver a la ciudad se quedaron el fin de semana en el hotel que les había puesto la empresa y no salieron de la habitación más que para comer. Que la semana siguiente por las mañanas y tardes seguían trabajando igual de compenetrados y que por las tardes lo único que hacían era follar, que había probado de todo en esos días. Lo habían hecho en el hotel, en un cine, en los baños de un restaurante, incluso en una sala de reuniones en la empresa que fueron a auditar, el ultimo día.
Miguel aun en su estado casi comatoso, por la historia que le contaba Juan se había empezado a colocar la polla en los pantalones, cosa que molesto a Juan, porque él estaba contando una cosa no le estaba narrando una peli porno. Pero no le quiso decir nada, solo quería que llegara Alicia y dejar allí los dos, seguro que en algún grupo aun habría alguna chica soltera con buena conversación. Miguel continúo hablando de su mujer y de algún otro polvo que sin buscarlo había surgido, aunque se le olvido decir que casi todos pagando. Miguel quiso saber más de Lisa, y corto lo que le decía de los polvos con Alicia hasta que le contara algo más picante. Juan quiso saber ese último secreto de su compañera y continuo con su narración, le dijo que Lisa le había dejado usar su cuerpo desde el primer momento y el final apoteósico había sido dejar darla por culo antes de volver a la vida normal. Si bien es cierto que después de esas semanas intento otro acercamiento fue Lisa la que le dijo que prefería no mantener esa relación en la oficina, que había estado bien la aventura, pero no quería volver a una relación, quería libertad.
Miguel le comentaba que había conocido al ex marido de Lisa, que era un pringado, que el sí que hubiera mantenido a esa mujer a su lado, como hacia con Alicia, que la tenía bien satisfecha, y no como a Lisa, que seguro que su marido no la tenía contenta.
No sé sabe qué historia le había contado Alicia a su marido, pero Lisa dijo a sus amigas que se divorció porque pillo a su marido con otro hombre, por supuesto se había especulado mucho con la ruptura, era una pareja que llevaban años casados con tres hijos, Juan por supuesto no le dijo las razones que le había dado Lisa, pero si coincidió con Miguel que uno de los problemas había sido el sexual. Y era verdad, si el marido preferia acostarse con hombres antes que con su mujer, al final si había un problema sexual.
Miguel se quedó blanco, al principio pensé que por tanto alcohol en sangre, pero no, se quedó así de pensar en dar por culo a Lisa. Cosa que no quise entrar en detalles, pero sí que habíamos hecho una vez, a modo de despedida.
- Pues que quieres que te diga, comprendo a su marido yo también querría metérsela en el culo a Lisa, es que solo de pensarlo me caliento, tiene un culo para forrar cojones, como me encantaría ponerla en 4 y.… me estoy poniendo que esta noche Alicia va a tener guerra.
- Tu que ya tienes pareja de baile.- le dijo Juan y al mismo tiempo pensó para sí mismo, que con las copas que llevaba, mucha guerra no tendría, pero quien sabe cada cual maneja el alcohol a su manera y lo que a unos les desentona a otros puede que los entone.
Miguel seguía contando cosas de Lisa cuando apareció por detrás Alicia con Lisa. Aun le quedaban unos metros para llegar a nuestro lado, en ese intervalo Miguel empezó a decirme que él alguna vez había intentado follarse a su mujer por el culo, pero que ella decía que eso era sagrado, que le dejaba correrse en su cara y en las tetas, pero que el culo era territorio prohibido. Esa fue la última frase antes de que llegara Alicia a nuestro lado, en ese momento Miguel contaba que antes de casarse con Alicia, que no eran pareja se había ido a un congreso con Don Pablo a Venezuela y allí se habían follado a dos putas y a cargo de la empresa y que a la suya si le había dado bien.
La cara de Alicia mientras su marido comentaba eso fue antológica, casi como la de Lisa y la mía que no sabíamos dónde meternos. Yo miraba a Lisa por no mirar a Alicia, Lisa dejo a su amiga allí con nosotros y empezó a decir que se iba ya, a lo lejos vi a Oscar un chico de informática que se hacia el despistado, pero seguro que se iban juntos, cosa que me parecía bien, a rey muerto rey puesto.
Miguel le pego un trago al vaso que lo dejo solo con los hielos, por un momento parecía que se tambaleaba y llegue a tiempo a cogerle. Alicia también le cogió de los brazos, pero al momento Miguel se puso de nuevo en pie y agito el vaso para que el camarero le viera y le pusiera otro. No llevaba la cuenta, pero al menos era el tercero que le veía beberse, si contamos el tiempo que llevaba a su lado y el tiempo que podía haberse puesto antes a beber posiblemente llevara seis o siete vasos, más el vino de la cena.
—¿Estás bien, Miguel? —le pregunte con preocupación.
Miguel sonrió, pero sus ojos mostraban signos de embriaguez. —¡Claro que sí! Solo estoy celebrando la cena de empresa, ¡nada de qué preocuparse! - al tiempo que se dio la vuelta vio a su mujer con una cara de enfado que daba miedo pero que el no pudo descifrar, por lo que simplemente le lanzo un besito y le explicaba que había estado hablando conmigo que era un buen tío, que no sabía porque decían sus amigas que mejor no acercarse a mí que era un peligro.
Alicia se acercó a su marido, notando también su estado. —Creo que es hora de irnos a casa, cariño. Juan, ¿podrías ayudarme a llevarlo al coche?
Juan le dijo que sí, que ningún problema, preocupado por la situación. Pero antes de que pudiéramos si quiera decidir como lo iban a llevar Miguel se apoyó en la barra y se tragó lo que quedaba en el vaso de una vez, miro a su mujer y le dijo que esa noche había tomado suficiente brebaje mágico para ganar a Asterix a cualquier combate. Alicia se volvió a poner roja, pero esta vez el enfado cambio a ira.
Juntos, ayudaron a Miguel a levantarse y se dirigieron hacia la puerta. Alicia se adelantó a por el coche, que, aunque estaba el parking, no estaba cerca de la entrada. Mientras caminaban, Miguel compartió más detalles de su vida, revelando inesperadamente la insatisfacción que sentía en su relación, especialmente en el ámbito íntimo, y la siguiente frase dejo de decirla porque era ya un terreno empantanado o porque hacía referencia a algo que ni siquiera el soltaría borracho. Ese momento de raciocinio le quito fuerza muscular casi se cae y eso que estaba agarrado por el codo, pero aun así hubo que agarrarlo más, cargarlo al costado, pasando su brazo por los hombros de Juan, porque ya ni las rodillas le funcionaban. Menos mal que ya estaban en el parking y solo quedaba cargarle en el coche.
—Alicia y yo… bueno, las cosas no son lo que solían ser, ¿sabes? —murmuró Miguel, mirando al suelo.
Juan se quedo sorprendido por la revelación, no sabía cómo responder. Sin embargo, decido escuchar al compañero mientras continuaban esperando a Alicia y el coche que no llegaba. Y no solo eso, le quiso sacar más información.
Miguel le comentaba a Juan, que había tenido problemas en la próstata y que desde entonces no se le levantaba como antes, que tenía que utilizar pastillas, pero claro para eso tenía que ir al médico y le daba algo de palo, así que un amigo el daba una píldora al mes, y tenía que convencer a Alicia para consumirla, algún mes partía la pastilla y podía hacerlo dos veces, pero no era como antes, cuando se casaron lo hacían cada dos o tres días, y cuando Alicia se puso los pechos fue incluso más. Tuvo una época en la que Alicia estuvo muy caliente y excitada, parecía una ninfómana.
Al llegar, Alicia agradeció a Juan que se quedara con su marido y se esforzaron juntos por llevar a Miguel al interior del coche, lo pusieron en los asientos de atrás del SUV, Alicia conducía y Juan se sentó en el asiento del copiloto, cuando quiso colocarse el cinturón se fijó en el vestido de Alicia, se había subido un poco y se le veía algo más de lo que a ella le hubiera gustado, en seguida Alicia se tapó de nuevo lo que pudo y arranco hacia su casa, lo que no pudo tapar es como tenia los pezones, y es que sería por el frio del parking o por la situación, se le marcaban claramente en el vestido. Como dos faros en una noche oscura.
Cuando llegaron sacaron a Miguel de los asientos de atrás, medio dormido o medio inconsciente. Mover un cuerpo así era mucha tarea para uno y Juan se ofreció a ayudar más, al menos dejarlo en el salón de su casa e incluso a su habitación, pero Alicia le dijo que había una habitación de invitados en la planta de abajo, y es que la casa de Alicia y Miguel era un chalé, dos plantas que para ellos era más que amplio pero que disfrutaban bien. Cuando lo dejaron en la habitación, el cuerpo de Miguel callo como un saco de cemento, lo pusieron boca arriba para que no se ahogara, pero al hacerlo vieron como se había meado en los pantalones.
Alicia maldijo por lo alto que su marido le hubiera fastidiado la noche y que encima ahora le tuviera que duchar. Pero juan le dijo que mejor le dejaban así, que no podría ella con su marido en la ducha en ese estado.
—Gracias, Juan. Creo que puedo cuidar de él desde aquí. Aprecio tu ayuda, pero ya es asunto mío no quiero molestarte más.
- De verdad que no es molestia, dado el estado de Miguel lo mejor sería echarle un ojo, incluso vigilar que no se vaya a caer. Además, no sé cómo voy a volver a la fiesta, tendré que pedir un taxi o irme ya para casa. Alicia le agradeció la ayuda y le cuando estuviera en casa o en la fiesta de nuevo que la avisara, y que le dijera el precio de la carrera, que le haría un bizum.
Antes de marcharse, Juan y Alicia se encontraron con una mirada intensa, una conexión que iba más allá de las palabras compartidas esa noche. Sin decir nada, Juan asintió, deseándoles lo mejor, y se retiró de la casa.
Caminando por la calle, la noche se volvió reflexiva para Juan. La revelación de Miguel había dejado una huella en su mente, y la conexión compartida con Alicia estaba llena de posibilidades inciertas. Mientras se alejaba de la casa en la oscura noche, Juan se preguntaba qué le depararía el futuro.
En ese momento recibe una llamada de Alicia, solo le dijo tres palabras, pero suficientes para darse la vuelta y desandar el camino, ella le dijo únicamente - necesito que vuelvas.
Juan dio media vuelta por la oscura calle, las luces de navidad de las casas se habían apagado hacía tiempo y las farolas alumbraban a intervalos para ahorrar gastos, o por la mala gestión del vecindario.
Cuando llego a casa de Alicia la puerta estaba abierta, una voz desde dentro le dijo que pasara y lo hizo.
Al llegar a la puerta de la habitación donde habían dejado a Miguel se la encontró cerrada, se dio la vuelta y se encontró a Alicia en medio del pasillo detrás de él, cerrando la puerta de la casa y con un trozo de tela en la mano.
Alicia paso a su lado, le dejo el trozo de tela en la mano y se fue hacia la escalera. Juan abrió la mano y desenvolvió el trozo de tela, el cual era un tanga negro, tres hilos más bien, lo miro y miro a Alicia, quien estaba subiendo las escaleras y dejando los zapatos de tacón en los escalones. Lo miro y le dijo, puedes subir o puedes irte, ya sabes para que te he dicho que vuelvas, ahora tú eliges.
Juan se metió el tanga en el bolsillo y fue hacia ella. Alicia siguió subiendo las escaleras y quitándose el sujetador dejándolo en el coronamiento de la escalera.
Cuando Juan llego a la planta superior vio a Alicia en la puerta de la habitación, por al contraste de la luz no sabía si se había quitado el ajustado vestido o si ya estaba desnuda, solo al ver como unos tirantes se movían de sus hombros y caía una prenda al suelo vio que ya no tenía nada puesta.
Juan siguió a esa diosa y la encontró en la cama, tumbada y deseosa. Juan no perdía el tiempo y se fue quitando la ropa, dejando solo su bóxer puesto. Era una cuestión de poder, si se quitaba la ropa estarían en igualdad de condiciones, si se dejaba la prenda y se acercaba a ella para que se la quitara, el estaría mandando y eso es lo que quería, asumir el rol de mando y no el de sumiso. Se fue acercando, vio la excitación en el cuerpo de Alicia.
Alicia se encontraba tumbada, jugaba con su cabello mientras miraba el bulto en el bóxer de Juan, los ojos se pasaban del paquete a los ojos de Juan, sus manos no paraban, una jugaba con su pelo mientras la otra subía desde su vagina a sus pechos.
Juan se situó al lado de la cómoda, su cuerpo bien trabajado se quedó a escasos centímetros del colchón, su bóxer estaba por reventar, pero sus ojos únicamente se dirigían a los ojos de Alicia, sus manos no le interesaban. Quería ver el deseo en esos ojos, y quería comprobar que ella le pedía las cosas y sobre todo saber cómo había dado el gran paso que acababa de dar.
- Porque me has traído aquí Alicia, que quieres de mí. - le dijo a Alicia mientras una mano se acercaba a su pecho derecho y le pellizcaba el pezón.
- Llevo medio año escuchando a mis amigas Lisa y Lucia hablar de lo bien que follas, de los orgasmos que les has producido de lo que les has hecho y de cómo eso que ocultas en tu bóxer le ha producido más placer que años y años de sexo con sus parejas. - todo eso mientras le miraba a los ojos y con la mamo que se acariciaba el pelo ahora acariciaba el algodón de sus bóxer cK.
- Para colmo mi marido hoy me había convencido para tener sexo con él, porque hoy tenía una pastilla, pero como don Pablo nos ha puesto en mesas separadas, no he podido controlarle y se ha cogido la madre de todas las borracheras, así que lo siento, pero ya me había hecho a la idea de follar, y si mi marido no está disponible me viene genial que hayas venido tu a ayudar. No te voy a engañar, tengo ganas de follar, de que me folles y de que me vuelvas a follar, esta noche soy toda tuya, el único límite es que no me dejes marcas.
Juan miro a Alicia, su mano ya no tocaba el bóxer sino que estaba intentando tirar de el para abajo, pero Juan le cogió ambas manos, la puso sentada en la cama, quedando su cabeza a la misma altura que su ingle, la tomo de la barbilla dirigiendo su mirada hacia sus ojos.
- Yo la única marca que te voy a dejar va a ser mental, te voy a follar ese cuerpo de diosa que tienes, pero me voy a aprovechar de él, voy a hacerme una cubana en esas tetas tan apetecibles, y me voy a follar tu boca tu coño y tu culo, te voy a follar y volver a follar, y si no aguanto, me tomare la pastilla de tu marido y te volveré a follar, de esta noche no te vas a olvidar, la recordaras por ser cuando tu marido se emborracho y cuando tú le fuiste infiel por el culo, ese culo que nunca le has dado.
- De mis tetas te vas a hartar, mi boca puedes hacer con ella lo que quieras, follartela, correrte en ella, mi coño está ansioso que lo penetres que lo dejes encharcado de tus corridas, pero mi culo es virgen y puede que no esté preparada.
- Si que lo vas a estar, cuando te esté follando y te lo vaya poco a poco preparando serás tú la que me pira que te lo folle, Lisa y Lucia decían lo mismo, y acabaron pidiéndomelo. De momento quiero que la limpies y la humedezcas, no me gusta sentir la piel con la piel, lubrícala con tu saliva para que me pueda frotar bien en tus tetas.
Y le hizo caso, Alicia le bajo los bóxeres y se encontró con una buena polla, quizás no la más grande que había visto en su vida, pero si de un buen tamaño y de muy buen grosor, calculó que de grosor seria como tres dedos en su zona más ancha y de largo poco le faltaría para llegar a los 18 cm. Miguel no había sido su primer hombre ni tampoco el ultimo y es que alguna conversación que habían tenido las amigas en algún pasillo, despacho o en el baño de mujeres se habían contado brevemente algún fin de semana o algún viaje de negocios y ninguna estaba libre de pecado, Lisa antes de haber estado con Juan y antes de sospechar que su marido el gay se había liado con un varios hombres, Lucia había dejado a su novio de la Universidad al ir ascendiendo en la empresa y desde entonces no se había comprometido con ningún hombre, tenía épocas de pareja formal y tenía épocas de viajar a conocer mundo.
Y Alicia, solo había pecado dos veces una en un viaje con Lucia a una empresa que querían adquirir en Francia y otra vez con un viejo compañero de la universidad al que le había prometido hacerle la segunda cubana si alguna vez se operaba las tetas.
Alicia le cogió el miembro por la base, la irguió dirigiendo el glande a sus labios y se introdujo toda la punta en la boca, dándole unas buenas lamidas moviendo la lengua como un gran torbellino, cuando ya había mojado toda la punta se la saco, trago saliva y volvió a meterse la polla en la boca, pero en vez de dedicarse al glande ahora fue bajando por toda la polla, cada poco iba soltando la saliva por la boca para que fuera resbalando por la polla que no podía cubrir con sus labios. Le encantaba esa polla, era gruesa y bastante larga, la de su marido no era ni una ni la otra, por eso cuando sentía en su boca una herramienta así su coño se mojaba tan rápido que la excitación le hacía perder muchas veces la razón, y esta era una de ellas.
Dejo de comerle la polla a Juan para ponerse de rodillas, no es que le fuera incomodo hacer una cubana sentada en la cama, pero es que le gustaba sentirse humillada, usada, de rodillas como una sierva. tomo sus pechos y coloco la polla en medio, gracias a su mamada la piel de la polla de Juan resbalaba con sus pechos, no hacia fricción y eso le proporcionaba un gran placer a Juan. Que ya de por si había estado gozando con la mamada, ahora con la cubana estaba en la gloria, menos mal que aún tenía bastante concentración para no correrse tan pronto, pero es que con las vistas que tenía y encima con Alicia que cada pocas subidas y bajadas se metía el glande en la boca y escupía un poco, le estaban haciendo perder el juicio.
Juan tomo a Alicia de la cabeza, la levanto y le dio un beso en la boca, mientras le pellizcaba los pezones y por primera vez comprobaba ese coño húmedo y con un triángulo de pelos recortadito. La tumbo en la cama y le dijo que le tocaba a ella empezar a gozar y al relajarse.
Alicia se tumbó, se abrió de piernas y flexiono las rodillas, mientras Juan acercaba su cabeza poco a poco primero besando los muslos y después ya dirigiéndose al tema.
Era sin duda el coño más mojado que se iba a comer, la excitación de Alicia era colosal y ya en los primeros movimientos de lengua Juan supo que la haría correrse.
Empezó poco a poco primero los labios y después cuando ya tenía la zona bien dominada fue a por el clítoris, que se encontraba sensible pero receptivo.
Fueron unos lametones con toda la lengua la que hicieron correrse a Alicia, momento en el que no controlaba ni las piernas y las dejo caer a la cama. Juan paro un momento, para ver la cara de gusto de Alicia, pero también para dejarla un poco hasta que la zona estuviera lista para lo siguiente.
El siguiente paso fue mientras volvía a comerle el coño la penetraba con dos dedos, hacía unos cuantos movimientos y dejaba fluir los líquidos de Alicia hacia el pequeño agujero, que cuando ya había recibido algo de humedad intento penetrar con el menique al mismo tiempo que le succionaba el clítoris y le metía dos dedos en la vagina.
El primero impulso de Alicia fue cerrar el esfínter, pero con el placer que estaba recibiendo no pudo controlar el musculo y un poco de dedo se coló, dejando ya el agujero indefenso para siguientes intentos.
A Alicia ese movimiento le llego de sorpresa, pero con todo lo que estaba gozando sin duda se dejó hacer. Fueron unos momentos de puro placer que la hicieron correrse de nuevo. Le pidió a Juan que se tumbara un momento y que la dejara ya de degustarla.
Juan les hizo caso a medias, dejo de comerle el coño, pero se puso encima de ella de su tórax y el mismo empezó a follarse las tetas. Le dijo que como quería descansar el aprovecharía a correrse, que se iba a correr en sus tetas y que le iba a llegar a la cara, y con suerte a la boca. Alicia se volvió a excitar y se colocó para que su cabeza estuviera alineada con la polla de Juan.
Fueron cinco minutos de puro placer, Alicia se apretaba las tetas mientras Juan con una mano presionaba la polla para que no se empinara y con la otra intentaba hacerle un dedo a Alicia.
Al final cuando Juan la aviso, se levantó saco la polla de ese valle y apunto directamente a Alicia a la cara. Los dos primeros chorros salieron contra la nariz y los ojos, el tercero ya con la boca abierta le llego a la garganta y el resto fueron perdiendo fuerza quedándose en los labios y en el cuello.
Juan le dijo que se tumbara y no se moviera, con la punta de la polla fue empujando el semen hacia la boca, y mientras Alicia chupaba cada vez que llegaba un nuevo cargamento, Juan le retiraba de la cara todo lo que podía. Al final, aunque seguía teniendo en la cara bastante semen, abrió los ojos y se miró al espejo de la habitación. Le pidió a Juan un momento para quitarse parte de la mascarilla que esa noche le embadurnaba la piel.
Juan la espero en la cama, por fortuna, aunque se había corrido, su polla sabía que era una noche especial y estaba algo morcillona, pero con energía para el siguiente asalto.
Alicia se acercó a su amante, que estaba tumbado en la cama, se puso encima de él, ella arriba y se colocó para empezar a botar como una loca. Le dijo que se había limpiado la cara y se había limpiado también el culo, en un claro mensaje a que quería que después se lo trabajara.
Juan tenia a una mujer increíble encima, con unas tetas que desafiaban a la gravedad, un cuerpo como el de una exmodelo y con unas ganas de marcha que ni un terremoto los hubiera sacado de esa cama.
Fue Alicia la que tomo la polla y se la coloco a la entrada de los labios, al cogerla vio que aún no estaba tan dura como antes, pero no le importo, la fue dirigiendo a su vagina, quería sentirla, la restregó contra su coño y poco a poco se fue penetrando, el placer iba aumentando según aumentaba la profundidad de la penetración y se entonaba la polla de Juan.
Alicia había sentido cada centímetro de grosor que se diferenciaba de la polla de su marido, y eran unos cuantos. Su coño, aunque excitado no estaba acostumbrado a ese grosor, pero lejos de hacerle daño sentía más próximo su orgasmo y eso que acababan de empezar y que ni siquiera se había metido la mitad de la polla, en ese instante supo dos cosas, que no iba a poder escuchar como los huevos de Juan chocaban con su culo y que si de verdad iba a sodomizarla iba a ser doloroso, pero por otra parte esa polla le estaba dando tanto placer que iba a dejarse hacer de todo.
Juan no perdía el tiempo cuando sus manos no estaban en las tetas acompañaban a la cintura de Alicia a subir y bajar, no quiso ser brusco y penetrarla del todo, pero veía que Alicia aún no se había metido toda la polla. Lo que si veía era que estaba disfrutando mucho de la cabalgata que él estaba dando.
Pasados unos momentos en los que Alicia se había acostumbrado a esa polla, Juan le dio dos azotes en el culo para sacarla de su estado de ausencia, la volvió a traer a esa habitación, porque parecía que era el única que follaba y no los dos. Tras los dos azotes la cogió y le agacho el cuerpo para que la pudiera besar, para que los pechos de Alicia chocaran con su pecho y para poder cogerle el culo bien e intentar penetrarla del todo.
Alicia no sabía que pasaba, después de esos dos cachetes Juan la tomo por sorpresa de los brazos y la atrajo hacia él, de esa manera la penetración había cambiado y él podía empujar más con sus caderas, y bien que lo hizo. Lo empezó a notar cuando la estaba besando, en un momento que sus lenguas chocaban noto la punta de la polla de Juan casi en el útero y lo que parecía imposible, el escroto de Juan chocando con su culo, el ritmo fue aumentando y el sonido también. Si su marido no hubiera estado completamente inconsciente lo hubiera escuchado, porque el ruido que hacía se podía oír en toda la casa. y el siguiente ruido fue su orgasmo que le vino fruto de esas penetraciones tan rápidas y profundas. Alicia lo grito en pleno beso, se quedó parada, se separó de los labios de Juan y con varios gemidos anuncio su orgasmo a su amante no grito, pero sí que le dijo a Juan que se había corrido.
Juan continuo con lo que estaba haciendo, pero ahora más delicadamente, y con menos fuerza, pero a cambio uno de sus dedos empezó a recoger los fluidos de Alicia para intentar traspasar su esfínter.
Alicia estaba en un estado de semi inconsciencia, fruto de los orgasmos que había tenido y con su zona intima aun sensible estaba recibiendo nuevas descargas de placer. Esa polla la estaba transformando, nunca se había sentido tan bien follada y había sentido tanto placer.
El dedo anular de Jua fue acariciando el pequeño circulo personal de Alicia, mientras su miembro le llenaba la vagina completamente el dedo iba poco a poco insistiendo en entrar. Era una primera incursión la de ese dedo, nada había entrado en ese agujero, Alicia lo sintió cuando ya estaba la una metida. Fue una reacción un poco extraña, porque siempre había sido reacia al sexo anal, pero con la polla aun en el coño y un dedo intentando abrirse paso por su recto no lo sentía tan mal.
Al final Juan pudo meterle dos falanges del dedo, dejarlo metido y seguir penetrándola vaginalmente, cosa que a Alicia le estaba gustando, por lo que se decidió a completar la tarea. Se salió de ella completamente, la cogió de la nuca y la beso profundamente, se levantó y le dijo que si tenía una crema o vaselina le vendría bien cogerla. Alicia sabia de lo que le estaba hablando y comprendió que iba a ser sodomizada, pero que Juan no quería hacerle tanto daño. Se acerco al baño de la habitación y cogió un bote de aceite corporal, necesitaba algo con lo que lubricar, algo que le permitiera meterse esa herramienta y no sufrir lo indecible.
Se acerco de nuevo a la cama, le dio el bote a Juan y se puso a cuatro patas.
- Que sepas que eres el primero que va a follarme por detrás, lo hago porque me estas dando un placer enorme y seguro que esto también me dará un placer que nunca he tenido. Pero por favor lo tengo cerradito y tú tienes un ariete entre las piernas, se amable. - le dijo Alicia mientras colocaba sus codos en la cama, sus tetas casi a la misma altura y bajaba un poco la espalda, dejando su culo a una altura perfecta para que alguien de pie a lado de la cama lo penetrase.
Juan se colocó detrás de Alicia, fue primero lamiendo ambos agujeros, el sabor salado del sudor y los piquidos de la vagina no le dieron nada de asco, sino que los saboreaba, tomo el bote y empezó a esparcir el aceite por todo el culo y metiendo su dedo índice mientras con la otra mano le acariciaba el clítoris. Solo había quitado un virgo anal, pero la había metido en suficientes agujeros para saber cómo tenía que hacerlo.
Primero fue un dedo y después cuando ya el culo se había acostumbrado y podía meterlo y sacarla sin que fuera mucho dolor fue metiendo dos a la vez.
El culo de Alicia era bastante estrecho y aunque el aceite hacía mucho, Alicia seguía sintiendo molestias, por fortuna no se quejaba mucho a la espera de que le dijera que iba a meter otra cosa que no fueran los dedos, cosa que la asustaba más.
Cuando por fin Juan le había metido dos dedos y los había dejado un momento el esfínter de Alicia estaba algo más dilatado, Juan le dijo que se relajara que iba a intentar entrar. Se acerco a Alicia y le dijo que se la chupara un poco antes de embadúrnala en aceite. Alicia se la trago casi entera, una garganta profunda en todo su esplendor, los nervios y las ganas de Alicia iban a la par.
Juan coloco la punta en la entrada, que había pasado de un asterisco a un agujero. Su glande tenía casi dos veces el diámetro del agujero, así que iba a tener que forzar.Podía poco a poco o a lo bestia, opto por ir poco a poco.
Fue presionando la entrada mientras sus manos agarraban la cintura de Alicia para que no se alejara, cosa que por instinto hizo en un momento, pero Juan la tomo y empujo hacia él, haciendo que la presión de su miembro la notara desde el primer momento.
Alicia sintió una primera punzada y siguió nerviosa, pero recordó palabras que le había dicho su amiga Lisa y otras sobre el sexo anal y se relajó, dejando que ese miembro viril empezara a sodomizarla.
Alicia agarro las sábanas, las estrujo en sus dedos y aun así no podía dejar de sentir que la estaban empalando. Juan le preguntaba si le dolía el culo, pero ella solo decía que siguiese. Al final le dijo que se la metiera de una vez y acto seguido mordió la almohada.
Juan tomo impulso, parte del glande había entrado y se esforzó en meterlo entero. Si el orgasmo anterior se había escuchado en toda la casa, el grito de dolor y placer de sentir una polla en su culo incluso despertó a su marido, pero fue algo reflejo y siguió durmiendo la borrachera.
Alicia sintió como su culo había sido profanado, pero lejos de salirse se quedó quieta esperando a que se acostumbrara.
Juan acerco una de las manos al coño de Alicia y lo masajeo, pero ella le dijo que no hacía falta, que siguiera con lo que estaba haciendo, que no iba a poder metérsela entera, pero que quería sentirla, que quería que se la follara un poco.
Y así lo hizo, poco a poco y sollozo a sollozo le fue metiendo parte de la polla, no entera, pero lo suficiente para que pudiera bombear dentro.
El acto fue lento y doloroso para ambos, Juan sentía la presión de un esfínter virgen el culo apretaba su polla y le succionaba parte hacia dentro del propio acto de cerrarse, y para Alicia fue algo más. Aunque el dolor fue pasando a placer, tanto que tuvo un orgasmo, el primero de muchos por sexo anal.
El final del acto fue cuando Juan se estiro, en vez de las caderas tomo los pechos de Alicia, turgentes y apetecibles, los agarro y empezó a follarle el culo como si fuera el coño, no tan rápido y fuerte como al principio de la noche, pero a buen ritmo. Alicia estaba gozando como nunca, y eso fue otro momento de inflexión, no pudo más se dejó hacer, ya ni ella se sostenía, eran sus rodillas y las manos de Juan en sus pechos las que la sostenía, el ultimo orgasmo la había dejado en un estado de relajación tal que si Juan se la hubiera querido meter entera lo podría haber hecho sin oposición alguna. Pero el ritmo de juan fue el mismo poco a poco no más de cinco o seis centímetros de penetración con su glande como tope y en después de un buen rato de sentir como el culo ya no ejercía tanta presión sintió que se corría.
Esa última penetración ya no fue de seis sino de casi diez centímetros, momento que Alicia noto, pero no evidencio, simplemente se dejó llenar de semen su recto y lo disfruto.
Cuando la polla de Juan abandono el cuerpo de Alicia ambos se tumbaron estaban exhaustos. Alicia notaba como el semen iba saliendo y mojando las sabanas, tendría que cambiarlas antes de que se despertara su marido, pero con todo lo que tenia que lavar de la habitación de abajo no supondría ningún problema.
Alicia se tapó con la sabana mientras veía la polla de Juan aun en un estado de semi erección. Pero ya no podía más, hubiera querido tocarla, pero quedo tumbada mirando a su amante mientras pensaba que normal que Lisa lo hubiera pasado tan mal al cortar, ese hombre era un diamante en bruto.
- Sabes una cosa Juan; Lisa y Lucia y yo compartimos una noche al mes una mesa en algún restaurante. Una noche Lisa y Lucia contaron sus experiencias contigo y desde entonces había soñado contigo, pero jamás pensé que le pondría los cuernos a mi marido ni que me desvirgarías el culito. Joder no sé cuándo será la siguiente cena, pero vas a ser el plato principal de la noche.
Ambos se rieron, pero sabían que era verdad.
- Joder pues si voy a ser el plato principal, avisarme y voy. Y la que pague la cuenta, se lleva el postre a casa.
- Si eres así de dulce, te aseguro que todas vamos a querer pagar la cena. Aunque a lo mejor hay una que paga más. Sabes que la hermana pequeña de Lucia, Berta también va de vez en cuando a cenar y también se quedó maravillada con los comentarios de su hermana. Puf cuando le cuente esta noche, seguro que invita ella la siguiente.
- Pues nada, si es como vosotras estaré encantado de ser su postre.
Alicia le beso en los labios y se fue al baño, quería meterse en la ducha, aplacar el escozor de su culo, ponerse crema y darle tiempo a Juan a que se vistiera y se fuera. Era una mujer casada y habían pasado casi 4 horas desde que le invitara a subir. Podría dormir un poco e ir a ver a su marido.
Cuando Alicia se fue al baño Juan estiro la mano, cogió su móvil que había dejado grabando en la mesilla y paro el video. No sabía cómo habría salido, pero lo había colocado en un buen sitio después de que Alicia hubiera ido a por el aceite y se habían puesto los dos en una posición que los grababa bien, de lado, seguro que se veía a Juan meterla por detrás y un poco las caras que habría puesto Alicia, y sobre todos sus tetas balancearse.
Juan termino de vestirse, se despidió de Alicia desde la puerta y le dijo que pediría un taxi, que ya se verían en la oficina, o en alguna cena si lo invitaban.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Mi esposa cuando salgo a trabajar II
Nunca imaginó que la cámara oculta revelaría tanto. Mientras él viaja, ella se entrega a un amante que la trata como a una perra, y él, desde la…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 24 - 2ra parte)
El cristal lo separa de su mundo. Afuera, la humillación; adentro, el placer prohibido de su esposa.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
D.Ignacio, el presidente del Banco de mi marido.
La cena era solo el preludio. D.Ignacio no busca solo talento, busca sumisión. Y cuando el poder se cruza con el deseo, la línea entre la esposa…
Comparte:Infidelidad consentidaDominacion masculinaBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Mi amiga casada
Reynaldo no buscaba solo un encuentro, sino una conquista total. Meses de paciencia, galantería fingida y manipulación psicológica convergieron en…
Comparte:Infidelidad consentidaDominacion masculinaBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Mi novia me engaño con mi amigo
Carla siempre tuvo el cuerpo perfecto, pero nunca pudo darle lo que él deseaba. Hasta que Patricio apareció, con sus manos duras y su voz imperiosa,…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Jugando con fuego (Libro 3, Capítulos 15 y 16)
Ella se viste para él, pero se desnuda para otros. Él lo sabe, lo huele y, en lugar de romperlo, se queda mirando desde la sombra, atrapado por la…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveVoyeurismo oculto