La esposa del cornudo (XI): La petición de Luis
El teléfono de mi esposa vibra en la oscuridad. Leo el mensaje de su amante y mi mente ya no vuelve atrás: me pide que los lleve. Esta vez, no solo los llevaré; voy a verlos.
La pasada noche apenas he podido pegar ojo por todas las emociones que he vivido últimamente y que me mantienen en estado de casi permanente excitación. Menos mal que hoy es lunes, nuestro día libre en el restaurante, y no tendré que ir al trabajo.
Recordaréis que la noche anterior Sole me contó la relación que había tenido con su exnovio, solo unas semanas antes de nuestra boda. Ella lo definió como un “desliz” fruto de una encerrona que él le había jugado, haciéndola encontrarse con él en su casa. En realidad, también podía verse como que a la primera propuesta que Carlos le había hecho después de su ruptura, ella no tardó en bajarse las bragas y dejarse follar dónde, cómo y todas las veces que él quiso.
Por muchos motivos, comprendereis que yo le agradecí a Sole su sinceridad y que se hubiera atrevido a compartirme todos los detalles de aquella tarde-noche en que ella y su ex se hartaron de tener sexo, dos años después de haber cortado su anterior relación de cinco años. Pero todo aquello abría un mundo de posibilidades para mi, que mantenían mi mente maquinando y me tenían en permanente excitación.
No dejaba de pensar que si se habían encontrado entonces para follar, cuando ya estaba más que comprometida conmigo, seguro que hubo más veces también. Y por mucho que aun me daba mucho miedo ver a mi esposa en brazos de Carlos, sabía que si ella aceptaba hacerlo de nuevo, y yo era valiente, todo lo que ocurriría sería irresistible para los tres.
Por otra parte, ella se había excitado también muchísimo al recordarlo. Y el “cunnilingus” que me pidió que le hiciera mientras terminaba de contarme no solo le provocó un orgasmo de especial intensidad, sino que la indujo a ceder en su secretismo y contarme muy jugosos detalles, como que aun era frecuente que fantaseara con Carlos cuando estaba excitada, incluso cuando estaba teniendo sexo conmigo.
Solo pensar en el modo tan morboso en que Carlos la había hecho de nuevo suya, o como mi esposa se había entregado de nuevo a él, me mantenía muy caliente, no podía evitarlo. La paja que me hice mientras Sole me contaba cómo Carlos la hizo vestir con sus medias, sus braguitas y los zapatos que acababa de recoger y tenía reservados para nuestra boda, incluso follarla sobre su velo de novia, esa paja no había sido ni medio suficiente para apagar mi calentón. Así que esperé a que Sole se durmiera para volver a tocarme.
En el silencio de nuestra habitación y mientras yo digería toda esa nueva información, entró una notificación al teléfono de Sole y, estando medio dormida, vi cómo lo leyó. Solo que no acertó a bloquear el teléfono de nuevo y tuve la tentación de leer ese mensaje que había recibido. En realidad, no podía apartar de mi mente que ella y Carlos seguirían en contacto después de tantos años, y en su teléfono podría haber algunos mensajes de él.
No me juzguéis por esto, porque yo no suelo hacerlo e intento respetar la privacidad de mi esposa. Pero anoche no me pude resistir a la tentación de encontrar esos indicios, o hasta pruebas, de hipotéticos encuentros entre mi mujer y su exnovio en los trece años que llevamos casados.
Cuando estuve seguro de que ella estaba bien dormida, busqué en su whatsapp y en principio no encontré nada de lo que yo esperaba encontrar. Una búsqueda más a fondo me hizo ver que efectivamente ella no había borrado el contacto de su ex y sí se habían mensajeado en los años en que ella ya estaba casada conmigo.
Leí todo atentamente, con una salvaje erección por mi parte, fruto de todo lo que me había confesado aquella noche. A pesar de los años transcurridos, no había demasiados mensajes entre los dos y los lei con ansiedad. Encontré felicitaciones de cumpleaños, bastante puntuales por cierto aunque en un tono bastante comedido. Algún mensaje de buenos deseos por Navidad. Un mensaje de Carlos preguntando por la salud de mi suegra cuando estuvo ingresada. Un pésame de Sole ante la muerte del padre de Carlos. Y casi nada más. He de confesar que no había nada de lo que yo esperaba haber encontrado pero eso también me tranquilizó porque mis sentimientos sobre Carlos siempre han sido muy contradictorios.
Pero eso no me frenó. Seguro que si Sole había mantenido ese otro tipo de comunicación con Carlos, que ya digo que no sé si temía o deseaba encontrar pero que tan excitado me tenía, no estaría en el WhatsApp. Ella deja a veces su teléfono a nuestros hijos para jugar y ahí es fácil llegar. Tampoco parecía haber un Skype instalado y, antes de que Sole pudiera despertarse y descubrirme, decidí hurgar en su correo.
Y ahí sí descubrí el mensaje que unos minutos antes acababa de entrar y el corazón me dio un vuelco. Era de “Luis-Restaurante”…No se si os he contado, Luis es nuestro jefe, el dueño del restaurante donde trabajamos. No quiero adelantarme al contaros esa parte de la historia pero, desde hace dos años y por circunstancias difíciles de pensar, Sole y él mantienen una relación consensuada como amantes, en cuyo inicio yo tuve mucho que ver, y de la que yo soy plenamente consentidor. Aunque suelo cumplir con mi promesa de no inmiscuirme, ahora no podía dejar de leerlo…
Parecía un mensaje de contenido laboral, pero con muy poco sentido para alguien como yo que comparte ese mismo trabajo. Poco más que un largo copia-pega de horarios de trabajo, nóminas del mes y condiciones de contrato. Tenía que haber algo más, eso estaba claro. Después de los saludos y la firma, y tras un largo espacio en blanco, finalmente estaba el mensaje de verdad, el que Luis le dirigía a mi esposa que ahora parecía dormida a mi lado. Mi corazón latía deprisa y, con todo lo acontecido, mi polla a punto de rasgar mi pijama.
Pude leer por primera vez como el amante de mi mujer se dirigía a ella para preparar uno de sus encuentros, concretamente uno que tendrían mañana, como todos los lunes, en un hotel de un pueblo cercano desde hace dos años.
“Ey, mi zorra, déjate de remilgos; si quieres que te folle mañana y te de buenas nalgadas, tendrás que arreglarte con tu marido para que sea él quien te lleve, y que también te recoja al final, porque ya ves que yo no pued como de costumbre”.
Normalmente ninguno de los dos deja que yo intervenga, mucho menos que participe en sus encuentros, pero en este caso no había duda de lo que Luis le pedía a mi mujer.
Busqué los mensajes anteriores y ahí quedaba todavía más claro.
Luis: Zorrita, mañana no podré recogerte donde siempre, para ir al hotel, porque yo estaré en Ronda ocupado en un asunto. Tampoco podré llevarte de regreso al pueblo y sabes que lo siento. Pero no estoy dispuesto a que perdamos nuestra follada semanal. Habla con tu marido sin falta, y luego me confirmas que él puede encargarse de llevarte y traerte, jajaja. Ah, y de camino, le dices lo de Madrid. Déjate ya de remilgos que tú también estás deseando que pasemos un fin de semana juntos sin las prisas de cada semana. Ya verás el conjuntito que quiero que lleves puesto cuando vayamos a “La Pastelería”.
Sole: Joder, Luis, ya se lo pedí a Andrés una vez, y fue solo para ir a recogerme al hotel cuando ya nosotros habíamos terminado. No me puso pegas porque Andrés nunca me las pone, pero lo que me pides que le diga ahora es nada menos que me lleve y me traiga de regreso para que nosotros no perdamos ocasión. Vaya, que se espere casi tres horas, mientras nosotros estamos… en la cama liados. Es muy fuerte, ¿no?
Luis: Zorrita, es que tengo muchas ganas de follarte. Tú podrías ir con Pepe el taxista pero nunca te ha gustado que él sepa dónde te lleva, porque luego puede hablar demasiado en el pueblo. Así que solo nos queda la opción de que hables con Andrés. Seguro que a tu marido no le importa, jajaja… El pobre cornudo hasta lo puede disfrutar esperándote mientras nosotros nos hartamos de follar, jajaja
Sole: Los lunes por la mañana, Andrés se va con la bicicleta porque en la casa se pone muy nervioso. Yo también quiero ir al hotel, ya lo sabes, que no es como al principio que yo estaba todo el día dudando, pero tampoco quiero abusar de mi marido... Espera que lo piense y antes de mañana te diré cómo hacemos… Por lo menos, tendrás que levantarme el castigo. O al menos, retrasarlo… Y lo de Madrid, ya se que es muy goloso, pero me cuesta dejar a mis hijos dos días con su padre solo para irme a follar contigo, que es algo que ya hacemos aquí. A ver si me decido esta semana, y ya te digo…
Después de leer esos mensajes, me sorprendí de la naturalidad con la que mi esposa y mi jefe hablaban entre ellos de quedar para follar, cosa que después de más de dos años viéndose para eso, también era de lo más previsible. Pero, joder, Luis la llamaba “su zorrita” y a mi me llama “el cornudo”. Era lógico pensar que fuera así cómo me llama, pero me había calentado tanto leer eso que, mientras con una mano manejaba el teléfono de Sole, con la otra mano me estaba pajeando.
Cuando estaba a punto de acabar, noté que Sole se movía y tuve que soltar el teléfono y apagar la pantalla. Tras un par de minutos, seguí dándome arriba y abajo y así tuve mi segundo orgasmo de la noche, pensando en lo que mi esposa y mi jefe harían cuando estuvieran a solas, follando en la habitación del hotel. Enseguida tuve claro que tendría que hacer lo que fuera para cumplir con los deseos de Luis, que por otro lado yo acababa de leer que también eran los deseos de mi mujer.
Es cierto que a Sole le costó bastante formalizar esta relación que ahora tiene con Luis, y que yo hice mucho desde el principio para remover todos los obstáculos insalvables que ella veía. Por ser él nuestro jefe, no había sido un proceso tan directo como había ocurrido con Fede o con Carlos, pero ahora yo acababa de confirmar que su condición de amantes estaba bien consolidada. Y yo estaba más que dispuesto a seguir colaborando.
Toda la noche estuve pensando sobre eso y, en cuanto Sole despertó, le dije que ese día no haría mi paseo en bicicleta por unas molestias en la rodilla y que tenía poca cosa que hacer por lo que me quedaría en la casa. No se si sonó raro, pero en cuanto yo dije eso, Sole se dispuso a pedirme lo que su amante le había ordenado.
- Eh, Andrés, no te dije nada ayer pero… ¿te acuerdas cuando fuiste un día a recogerme al hotel porque Luis no podía traerme? ¿de verdad no te importó?
- Sabes, Sole, que no. De hecho, sabes que para mi… es muy morboso hacer eso… recogerte sabiendo lo que habías hecho y con quien habías estado… solo un rato antes…
- Me cuesta entenderlo aunque me has dicho muchas veces que es así. Verás, el problema es que hoy Luis no está en el pueblo y tampoco puede llevarme… Me da cosa, Andrés… Yo cogería el coche pero hace tiempo que no conduzco…
- Es lo mismo, Sole, mi vida. Te acerco sin problema, es más, sabes que lo hago con mucho gusto, sabiendo que vas a disfrutar. Y si tengo que esperarme, me quedo dentro del coche escuchando la radio o me doy un paseo por la sierra y te recojo a la hora que quieras.
- No se si darte las gracias o enfadarme contigo porque se supone que no es eso lo que hacen los maridos. Pero si dices que te gusta…
- Sabes que me conformo con que luego me cuentes… Hace tiempo que no me dices mucho… porque dices que no hay novedades…
- Bueno, de eso luego hablamos. Vamos a desayunar que luego… tengo que arreglarme…
Hice como que yo iba al baño pero me quedé en el pasillo. Desde allí vi a Sole coger el teléfono enseguida y escribir, sin duda a Luis, mientras en su cara se dibujaba una sonrisa… y yo ya volvía a estar empalmado…
No salir con la bicicleta había sido una ocasión de ver como mi esposa se preparaba para el encuentro que tendría con su amante solo un rato después y donde en esta ocasión yo iba a colaborar más que de costumbre, llevándola hasta allí para que pudieran verse. También tendría que esperarme, para luego recogerla.
Intenté no entrar al baño mientras ella estaba allí pero a través de una rendija en la puerta y mirando en el espejo pude ver todo lo que hacía, sin perder detalle.
Pude ver cómo se hidrataba a conciencia con las cremas que tenía en ese neceser que guardaba cerrado con llave, pasando cantidades abundantes por todo su cuerpo, pero especialmente por sus tetas y también entre sus muslos. Sin duda había muchos más objetos allí guardados pero era un contenido, básicamente regalos de Luis a mi esposa, que me estaba vedado contemplar.
La ropa interior que vi ponerse a mi mujer para su encuentro con su amante era muy provocativa y resaltaban el cuerpo de Sole, pero ya distaban de ser solo "sexys" para parecerse a la forma de vestir propia de las actrices porno y las putas, cosa que disparó mis ganas de volver a tocarme pero sabía que no era el momento.
- Ya estoy lista, Andrés.
- Estás guapísima, Sole. Vamos al coche, no es cosa que Luis tenga que esperarte…
- Me cuesta acostumbrarme, Andrés… ¿cómo puedes llevarme como si tal cosa… cuando es para meterme en la cama… con otro hombre?
- Ya lo hemos hablado, cariño. Esto que hago puede ser lo que más odian casi todos… o quizás, la mayoría de los hombres… pero para mi, no sabes lo excitante que es…Y ya he decidido que no voy a avergonzarme… No fuerzo ni hago daño a nadie… si consiento y me excito cuando hacéis eso…
Dejamos la pequeña discusión y nos montamos en el coche. El camino no era demasiado largo, unos veinte minutos, que permitían estar suficientemente alejados del pueblo como para no ser vistos. No hablamos demasiado al principio y, mientras conducía, la veía escribir en el teléfono, y también sonreir… Posiblemente hablaban de lo que harían pero seguro que también de mi, y era previsible lo que podrían estar escribiendo…
- Andrés, dos cosillas. Seguro que Luis vuelve insistirme hoy en lo de Madrid. Quiero que lo pienses bien y que luego lo hablemos porque tendré que contestarle. Y lo segundo, como no se lo que voy, lo que vamos a tardar… yo te pongo un whatsapp antes de salir de la habitación, mientras me ducho y me cambio. No estés demasiado cerca si no quieres oencontrarte con Luis que seguro se va antes… Si quieres, cuando se vaya, ya te aviso…
- Aunque se que tenemos el acuerdo de nunca estar delante… me gustaría, Sole… cuando Luis se vaya, yo podría subir mientras te terminas de arreglar… y ver la habitación… donde habéis estado….
- Ay, Andrés, siempre intento evitar esas situaciones porque me parece que te pueden afectar. No se, es como demasiado directo, asumir de una manera tan clara que he estado foll… bueno, disfrut… bueno, en la cama con otro hombre en vez de contigo… Tampoco me gusta que cada día más te veo disfrutar más cuando asumes tu posición de cornu… de consentidor... o lo que sea... en vez de buscarme a mi.
- Solo te pido que lo pienses, solo subir un ratito y ver aquello... anda, luego me dices lo que quieras…
- Pero si lo hiciera, que no estoy nada convencida, no te hagas ilusiones de que podrás hacer como en algunos videos de maridos cornu… de esos que me has enseñado. Nada de querer meter tu lengua… ahí… y nada de limpiarme ni olisquear mis braguitas, que te voy conociendo…
Sole había sido muy directa en su respuesta y me había causado una mezcla de vergüenza y excitación, sabiendo que llevaba razón en lo que decía. Esa situación, y luego verla salir del coche con aquellos taconazos que ella no solía llevar, y con el abrigo de pieles cortito que Luis le había regalado, me habían terminado de empalmar.
Cerca de la puerta del hotel, se dio la vuelta y se abrió un poco el abrigo para que viera la minifalda y el jersey ajustado que llevaba y me tiró un beso con la mano mientras me guiñaba un ojo con toda la intención.
Cuando al fin entró, pude ver el coche de Luis aparcado, por lo que ya la estaría esperando. Alcé la vista y, detrás de la ventana de una habitación del último piso, pude ver un hombre, ya con la camisa quitada; no me costó nada reconocerlo. Seguro que había visto a Sole bajar de nuestro coche y dirigirse con paso seguro para estar con él, mientras yo, que era legalmente su marido… yo solo estaría esperando.
Arranqué el coche pero no pude andar mucho. Encontré un aparcamiento en la zona trasera y me fui de nuevo andando, ahora escondido tras los coches. Tras la ventana, vi ahora acercarse como Sole se acercaba a Luis. Mientras se besaban, y mi excitación seguía creciendo, vi cómo mi esposa se dejaba abrir el abrigo que enseguida despareció, posiblemente en el suelo. Los brazos de Luis la rodeaban mientras su manos recorrían su torso, deteniéndose en sus pechos de un modo lascivo.
Después de más de dos años que sabía que ambos se veían, era la primera vez que pude contemplar algo, lo que me tenía excitadísimo. Yo no podía ver la cara de ninguno de los dos pero la expresión de sus cuerpos, sin duda ya acostumbrados a ese manoseo grosero, lo decían todo. No desaprovechaban momento de tener sus bocas pegadas pero aun así pude ver como volaba el jersey ajustado de Sole y, solo unos segundos después, el sujetador que adornaba las ricas tetas de Sole, ya con el torso totalmente desnudo como él.
Desde la posición en la que yo estaba escondido, creo que no podían verme pero, por lo que sea, tampoco se separaban de la ventana por lo que aun podía seguir contemplando cómo estaban iniciando su encuentro, entre besos, toqueteos y frotamientos de sus cuerpos ya semidesnudos.
Tenían más o menos tres horas por delante y era obvio que no tendrían prisa por meterse en la cama pero aun así, noté algo de exhibicionismo en mantenerse junto a la ventana casi diez minutos que pusieron mi polla a punto de explotar. Por más que en aquel sitio yo no pudiera tocarme, hubo cosas que solo pude soportar porque mi mano dentro del bolsillo de mi pantalón conseguía tocar mi polla y rozarme con toda la calentura que aquello me estaba provocando.
Luis cogió a Sole de ambos lados de la cabeza y, lentamente, la hizo bajar hasta que casi la perdi de mi vista. Yo no necesitaba ver mucho más para notar como Luis la había hecho arrodillarse para que mi mujer empezara a mamarle el rabo, allí mismo, pegados a la ventana.
Durante minutos, mantuvo una sonrisa descarada y otros gestos que desencajaban su cara. Me era casi imposible dejar de pensar que sabía que yo no me había separado del hotel, y que en ese momento les estaba mirando viendo cómo había puesto a mi mujer a mamarle la polla y ella lo estaba haciendo con toda naturalidad.
Yo seguía forcejeando con mi mano en mi bolsillo excitando mi polla como podía, cuando vi de pronto a Sole levantarse cogida del brazo por Luis. Solo tardó segundos en poner a mi esposa directamente con sus tetas contra la ventana y él, desde atrás, la besaba por el cuello y pasaba sus manos por delante, manoseando las preciosas tetas de Sole, sin saber que yo podía verlo todo, más excitado de lo que nunca había estado.
No digo que no me afectara toda esa excitación pero no era mi mente, todo era real, os lo prometo. Podía notar cómo el cuerpo de Sole se movía rítmicamente, y eso solo podía hacerlo porque Luis estaba detrás de ella y la estaría empujando para que pudiera notar ya su polla y las ganas que tenía de montarla.
Poco a poco, el cuerpo de Sole se fue inclinando, solo quedando su cara cerca del cristal. Luis seguía detrás suya pero algo más lejos. Cada vez era más evidente como ahora el rabo de Luis quedaba a la altura del culo y las nalgas de mi esposa.
Esto no pude verlo pero, por la posición en la que estaban, seguro que él ya había subido la minifalda de Sole y ella se había dejado trastear en sus bragas para hacer hueco a su polla y sentir cómo la estaba empujando, hasta abrirse camino por detrás hasta sentirla dentro de su coño.
Sole me había contado como en otras ocasiones la había follado en posiciones parecidas solo que no sabía si también había sido contra la ventana o en otro sitio de la habitación. No podía dejar de pensar que era algo especial que él estaba haciendo para mi, porque, sabiendo que era yo quien había llevado a mi esposa al hotel donde iba a reunirse con él para follar, Luis podía pensar que yo les estaría espiando y quería que lo viera todo.
Los movimientos de mi mano sobre mi polla eran cada vez más rápidos y violentos, casi el doble de lo que yo podía ver que estaba sintiendo mi mujer, por como movía su cara cerca del cristal, pero es que mi excitación era más que tremenda. Casi no veo un coche entrando al aparcamiento, justo en el momento en que mi polla comenzó a manar leche, manchando toda mi ropa interior, provocado por una escena que yo no esperaba haber visto pero con la que tantas veces sí que había soñado.
Disimulé como pude y eché a andar, para salir del aparcamiento, notando toda la humedad de mi semen en el calzoncillo. Volví de nuevo la vista hacia la ventana y ahora pude ver claramente cómo una mano en la ventana enseñaba el puño cerrado, solo los dedos meñique e índice extendidos, ese símbolo casi universal con que se señala a los cornudos. Como pude, llegué hasta mi coche y allí pude reflexionar sobre lo que acababa de pasar. Tendría que pensar cómo pasar el tiempo que tenía por delante...
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