Cuatro hombres para Blanca (extracto 2)
Desde la oscuridad del pasillo, Alex observa cómo su novia se entrega a los vídeos de otro hombre. No es solo voyeurismo; es la confirmación de un secreto que lo consume. ¿Qué pasará cuando la puerta se abra y la ficción se rompa?
No necesité entrar en nuestro dormitorio, desde el ojo de buey pude ver que Blanca no se encontraba allí. Volví a sentir la punzada de la decepción.
De pronto lo oí. Eran gruñidos masculinos y gemidos femeninos. Gemidos de mujer en plena sesión de sexo… y disfrutando como una zorra. Giré la cabeza y comprobé que todos los cuartos menos uno se hallaban a oscuras. En el último de ellos salía luz por el ojo de buey. Era el dormitorio de Juan.
El estómago me dio un vuelco. Los gruñidos eran claramente del exbombero. Y los de la mujer, aunque no estaba seguro, podrían ser los de Blanca.
Me acerqué hacia la habitación del gordo con paso lento y sutil, intentando no delatar mi presencia. Los gritos femeninos iban en aumento y rezaba para que no estuviera pasando nada. Pero «nada» no era posible por dos razones. La primera era que la mujer que había dentro del cuarto de Juan gemía como una cerda. La segunda, más obvia, era que en todo el edificio solo había una mujer: la mía.
Entre todos los sentimientos que me ahogaban, había uno que sobresalía: la sorpresa. No hacía ni media hora que había escuchado a Hugo decir que Blanca había cogido ojeriza al cerdo de Juan. Y que éste se había comprometido a tirarle los tejos de una forma más «caballerosa». Y la pregunta era obvia: ¿Cómo coños había convencido Juan a Blanca en tan poco tiempo, a pesar de utilizar maneras más sutiles, para tener sexo con él?
Conocía a mi novia. No era de ese tipo de mujeres que perdonan en cinco minutos. Blanca siempre había necesitado horas, si no días, para disculpar la mínima ofensa. Pero me demostraba de nuevo lo poco que la conocía. Al menos cuando se trataba de relacionarse con extraños.
Además, no hacía tanto tiempo que me había negado un polvo rápido por «problemas en su zona sensible». Y aquel tipejo tenía que estar haciéndola daño de veras con el pedazo de rabo que se gastaba. Yo mismo había sido testigo de su tamaño y de su aspecto oscuro y grotesco, con un glande en forma de seta, colorado y tan ancho que tenía que hacer daño al entrar. Por muy dilatada que estuviera la mujer a la que se estuviera tirando.
«Ya sabemos que le gusta tu polla, lo dijo el otro día en el gym», eran más o menos las palabras que había oído pronunciar a Hugo. Y por los gritos que salían de aquel cuarto, Blanca se lo estaba pasando, ciertamente, en grande con la polla que tanto la había atraído.
Tragué saliva justo antes de acercarme para espiarles desde el ojo de buey. Y un hormigueo me recorrió el estómago cuando, efectivamente, descubrí a Blanca junto al cerdo de Juan.
*
Me quedé paralizado ante la escena que observaba en completo mutismo para no ser descubierto. Pero un suspiro de alivio se me escapó al comprobar que Juan no se follaba a Blanca. Al menos de momento. Quizá había llegado a tiempo de evitarlo… si es que ella quería que lo evitase.
Ambos se hallaban sentados en el borde de la cama. Mi novia sostenía un móvil en sus manos. El exbombero, a su lado, le iba dando indicaciones de lo que veía, que sin duda eran imágenes porno, por la expresión alucinada de Blanca.
El sonido, nítido hasta parecer de una escena de sexo en vivo, procedía del altavoz bluetooth que habían utilizado para el baile en la pista central. A pesar del alto volumen del aparato, podía entender lo que hablaba la extraña pareja, leyendo sus labios en las ocasiones en que las voces de fondo se superponían sobre sus palabras.
Y decidí quedarme a escuchar sin intervenir.
Blanca miraba extasiada a la pequeña pantalla, mientras se mordía el labio. Se notaba traspasada por el morbo mientras gotas de sudor nacían en su frente.
—Joder… —la oí suspirar, al tiempo que el gordo emitía una sonrisita de suficiencia.
—¿Qué te parece?
—No sé…
—¿Ya te has convencido de que ése soy yo o sigues sin creerlo?
—Está claro, ya se ve que eres tú…
—¿Y qué me dices, te gusta, eh?
Las mejillas de Blanca ardían de puro coloradas. Se la veía más que cachonda por lo que estaba presenciando.
—¿Qué quieres que te diga? ¿Que está bien…? —respondía mi novia con su carácter más peleón—. Pues está bien… ¿Ya estás contento?
—Pero hace un momento no te creías que me pudiera follar a tres chicas a la vez. ¿Qué dices ahora?
—Pues que enhorabuena, tío…
La conversación era realmente extraña. Blanca parecía no querer darle la razón en nada, pero al mismo tiempo era incapaz de alejar sus ojos del móvil. Juan, a sabiendas del impacto que aquellas imágenes estaban causando en ella, le posó una mano en el muslo desnudo que su falda medio recogida dejaba a la vista.
Blanca le quitó la mano de un zarpazo y el ronroneó como un gatito ofendido.
—Espera, ¿te pongo otro vídeo? —propuso Juan intentando arrancarle el móvil de entre las manos.
—No, quita… —se negó con fuerza a soltar el aparato ella, dándole un empujón en el pecho con la mano libre—. Déjame terminar éste.
Juan reía bajito, con sonrisa triunfal. Estaba calentando a la putita, adivinaba yo que se le pasaba por la cabeza. En esta ocasión se la iba a follar sí o sí.
—¿Pero qué te pasa? ¿Te pone cachonda ver como se la meto a las tres por turnos?
—Qué más quisieras… —renegaba, pero sus actos desdecían sus palabras.
—Pues verás ahora… —rió malévolo—. Me voy a correr y les voy a dejar las tres boquitas cargadas de leche. Menudo trío de zorras, no veas como les encantaba mamar a las jodías. Ahora… mira, mira como sale la leche de mi rabo, ¿eh…? jajaja.
Blanca semicerró los ojos y tragó saliva varias veces, absolutamente entregada a las imágenes que veía. Cuando el soniquete de la grabación finalizó, pidió más madera.
—¿Decías que tienes más… videos como éste? —dijo mi novia titubeante. Se relamía los labios muy a menudo, demasiado a menudo, y yo estaba seguro de que se le había secado la boca al mirar el vídeo. La misma Blanca, pensé, que me había montado una escenita el día que me encontró en mi despacho de casa meneándomela mientras miraba en el ordenador a dos chicas haciendo una escena lésbica.
«Joder, Blanca, ¿qué te ha pasado para llegar a esto?», me lamenté.
—Sí, tengo muchos… —rió bajito el gordo una vez más—. Pero hay uno que te va a encantar. Es de un colega destrozándole el culo a una nena con mi ayuda… ¿te apetece verlo?
Blanca puso cara de desagrado.
—No, de culos no quiero, ¿no tienes algo más… normal?
Juan había tocado, sin saberlo, el tema tabú de mi novia: el sexo anal. Era una línea, ya no roja, sino escarlata oscuro y subrayado en las fantasías sexuales de Blanca. Yo sabía que era por una experiencia desagradable de su pasado, pero nunca me había hablado de ella. Tuvo que ser su amiga Sara quien me la contara, porque mi novia se ponía hecha un basilisco si alguien mencionaba en su presencia lo de hacerlo por detrás.
—Pues espera, quizá te guste otro que tengo por aquí…
Le quitó el móvil de las manos y tecleo en la pantalla, luego se lo devolvió y Blanca abrió los ojos asombrada, sin poder creer lo que veía.
—Pero… ¿qué coños le estás haciendo a esta pobre chica?
Los gritos de la mujer del vídeo eran más que perturbadores
—Bah, no le hagas caso… Elsa es muy guarra y le encanta gritar… Pero en el fondo se lo está pasando de puta madre… Como espero que te lo pases tú conmigo.
Le había puesto de nuevo la mano sobre el muslo, y Blanca volvió a rechazársela de un manotazo.
—Para, cerdo… —le dijo sin apartar la mirada del móvil.
No entendía a mi novia. Aquella falda recogida era pura invitación, ¿por qué no se la bajaba y evitaba el manoseo? ¿Estaba disfrutando de aquel juego de "no pero sí"?
El puerco de Juan depositó su manaza en el mismo lugar por tercera vez. Y Blanca, traspasada por lo que estaba viendo, esta vez se lo permitió. Por supuesto, Juan no se pensaba estar quieto. Bajaba y subía la mano por el suave muslo de mi novia, palpando aquí y allá para sentir la carne apretada que había debajo de la piel.
Y Blanca no se la quitaba. Y yo me impacientaba. Y deseaba gritar. Y entonces el gordo levantó la mano y abandonó el magreo.
No entendí el gesto del exbombero. Acariciar aquel muslo era como tocar el cielo con las manos. ¿Le habría disgustado el tacto de la piel de Blanca? Pero enseguida tuve la respuesta. Justo cuando la mano que abandonaba el muslo buscaba la teta más cercana por debajo del brazo de mi novia, que seguía absorta mirando el vídeo sin parpadear.
—Puto cerdo… —decía Blanca mientras el gordo le pellizcaba el pezón y luego le abarcaba toda la teta, que se notaba libre de sujetador—. ¿Cómo le puedes hacer esto a una mujer? ¿No te da vergüenza?
—Joder, Blanca, que no lo entiendes… que te digo que le está gustando. Que las caras que pone son fingidas.
—Sí, gustando mis cojones…
—Te lo aseguro —sonrió el tipejo—. En realidad le está gustando como te gusta a ti que te sobe la tetita. Maravillosa teta, por cierto…
Pero esta vez Blanca le increpó… aunque como se increpa a un niño por haber dicho una palabrota, sin corregir el gesto.
—Deja esa puta teta o te abro la cabeza.
Y el tipo seguía sobándosela con la baba colgando de las comisuras de sus labios.
—Joder, Blanca… Es una teta de primera… Cabrón de Alex, vaya suerte tener una putilla como tú en la cama todos los días… Si estuvieras conmigo la ibas a gozar cada noche como la zorra de Elsa en ese vídeo.
—Que te he dicho que sueltes la teta… No te lo digo más veces...
Pero no hacía por evitar el contacto… Y yo me consumía por dentro.
«Por dios, Blanca, retírale esa mano —decía para mí angustiado—, demuéstrame que no eres la puta que aparentas ser en este momento».
—Anda, boba, si estás deseando que te toque las dos…
Entonces, sin querer, me apoyé en la puerta y ésta se abrió de par en par emitiendo un leve quejido.
Los de dentro giraron la cabeza hacia mí, alarmados. Pude notar la expresión de terror en los ojos de Blanca y la de cabreo en los del gordo Juan.
La reacción más rápida fue la de mi novia, quien arrojó el móvil al suelo con malas pulgas y le arreó un bofetón a Juan que le cruzó la cara.
—¡Te he dicho que no me toques! —le gritó desaforada en un simulacro de comedia que no consiguió el objetivo de engañarme—. ¡Como me vuelvas a poner la mano encima, te la corto!
Y se levantó de muy malos modos.
Extracto de mi nueva novela "CUATRO HOMBRES PARA BLANCA", publicada en Amazon, y GRATIS para los Kindle Unlimited. No te la pierdas!!!
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