Noche Sedienta
Pedro siempre fue un intruso indeseado, pero esta noche su mirada desnuda y su provocación encienden una chispa prohibida. Entre el miedo a ser descubierta y el placer crudo de la infidelidad, la línea entre el odio y el deseo se desvanece en la oscuridad del pasillo.
Vi a mi pareja sobre la cama en bóxer, se vía espectacular. Yo me estaba quitando toda la ropa, acabábamos de volver de una fiesta.
—Paulo… —le dije esperando a que me mirara—. Tengo ganas.
Me hizo una seña para que me acercara y me subí a la cama, gateando hacia él. Le bajé el bóxer y le di una lamida a sus huevos, pasándole la lengua a todo el tronco de su polla también. Se puso duro de inmediato. Me subí sobre él y me la enterré toda.
—¿Listo? —le pregunté y mordiéndome el labio inferior.
—Siempre estoy listo —dijo sujetándome las nalgas y abriéndome el culo.
Entonces lo monté como una pervertida, frenéticamente, no tenía intenciones de mantener una larga jornada de sexo, lo que tenía en mente era un desquite rápido.
—Amor, me vengo, me vengo —me dijo.
No bajé el ritmo e hice que se viniera adentro.
—¿Alcanzaste a venirte tú también? —me preguntó sabiendo que no había aguantado casi nada.
—Sí, estaba muy caliente, por eso te di con todo —dije mintiendo, tenía ganas de seguir montando su polla un rato más, pero qué podía hacer al respecto.
Me levanté, sacándome su verga del coño, dejando salir una gota de semen que se deslizó lentamente por el interior de mi muslo.
—¿A dónde vas? —me preguntó. Se le notaba relajado.
—Ya vuelvo —dije mientras tomaba una de sus franelas—, voy por un poco de agua.
Su prenda me llegaba casi hasta las rodillas. Dios, como me encantaban los hombres enormes; que me tomaran como animal y me follaran con sus miembros grosos o sí no montarlos yo y dejarlos mansos como había hecho con él.
—No demores, te quiero comer el culo —me dijo.
—Ya regreso —dije sonriendo, me fascinaba que lo hiciera.
Al salir de la habitación recordé que Paulo se estaba quedando con nosotros; como detesto a ese inútil, no entiendo como Pedro puede juntarse con semejante tipo; descortés como ninguno, tosco, machista con pésimo sentido del humor, egoísta, pretencioso, alcohólico y vago.
Por suerte era solo un fin de semana, no estaba dispuesta a tolerarlo ni un día más.
—Ah, ah, ah, ah, ah —se escuchaba a una mujer gemir, pero el sonido era digital como de un móvil o una computadora—, yeah, yeah, fuck me, fuck me baby.
Me acerqué por el pasillo hasta la sala principal donde se suponía que Paulo pasaría la noche. Se encontraba completamente desnudo, con su culo peludo sobre nuestro mueble, sosteniendo el móvil con una mano mientras con la otra se jalaba la polla grotescamente.
—Plas, plas, plas, plas, plas —se escuchaba desde el móvil que le daban duro a la del video.
Pedro era un tipo de piel blanca y muy peludo, se dejaba una barba algo desprolija en la cual le resaltaba el bigote, su pecho estaba tupido y la piernas igual, tenía una verga enorme, larga y gruesa, y por supuesto, bastante peluda también. Sentí que era una ofensa que estuviera mejor dotado que Paulo.
—Mierda que buena que está, ahhh —dijo mientras seguía jalándosela a todo dar—. Que buena puta, para metérsela toda por el culo.
Me tensé un poco y fui hacia el refrigerador maldiciéndolo con el pensamiento. Al pasar por su lado sentí su mirada y luego el audio del video se apagó. La sala quedó completamente en silencio mientras yo tomaba un vaso de agua. Sentía como me miraba las piernas y de reojo vi que no se había cubierto, seguía ahí en el mueble, desnudo, sujetándose la polla, pero mirándome a mí.
Cerré la puerta del refrigerador y finalmente lo vi de frente. Aunque nos detestábamos mutuamente nuestra relación siempre había sido esquiva y no de confrontación.
Pedro estaba allí en el mueble, con las piernas abiertas y la polla apuntando hacia arriba. No me creía lo enorme que la tenía.
—Bonita polla —le dije con tono sarcástico mientras caminaba de regreso a la habitación. Aunque intenté disimularlo con sarcasmo la verdad es que le había alagado el miembro. Sinceramente la había cagado y esperaba que Paulo jamás se enterará de nada de esto.
—Te la puedes comer sí quieres —me dijo de forma retadora.
Sus palabras me detuvieron en seco. Me di la vuelta y caminé hacia él con la intención de remendar la cagada que me había mandado.
—Escúchame bien —le dije molesta—. No me faltes el respeto o le digo ahora mismo a Paulo que te eche a patadas del departamento.
Repentinamente me tomó de la parte trasera de los mulos y me tiró hacia él.
—¡Déjame, ¿qué haces?! —dije forcejeando, pero era ya tarde, me había atrapado.
Subió sus manos por mi trasero y espalda obligándome a flexionarme, haciéndome caer de rodillas frente a él.
—Sabes que quieres comértela —me dijo sereno, mirándome fijamente a los ojos—. Dale tranquila, que por mi Paulo no se va a enterar de nada.
Se produjo un absoluto silencio, sentí una presión en el pecho y que una gran tensión invadió aquel espacio, esto terminó por vencerme.
Le sujeté la polla con la mano y de un bocado me llevé sus testículos a la boca
—Oh mierda que rico —dijo tirándose hacia atrás, apoyándose y relajándose en el mueble—. Ya sabía yo que eso era lo que tenías conmigo, como toda mujer estabas sedienta por comerme la polla.
Yo no sabía sí era tan imbécil como para realmente pensar que yo o que todas las mujeres realmente desearan comerle la polla, pero lo que sí sabía es que por alguna razón la piel de sus testículos tenían un gusto que se me hacía adictivo. No podía parar de comerle los huevos.
—Tanto que te hacías la difícil conmigo y mira donde estás —dijo sonriente—, seguro que desde aquel día que te encontramos en ese bar te morías por esto.
Me saqué sus testículos de la boca y le escupí en la punta del pene, lo miré a los ojos y me metí su polla en la boca, entera. Tenía el coño caliente mientras lo hacía con la idea en la cabeza de que sí por alguna razón Paulo salía de la habitación y me encontraba chupándosela a Pedro, lo iba a matar a él con sus propias manos y luego me iba a reventar brutalmente el coño de la cogida que me iba a dar para reafirmar su hombría.
—Por dios santo, pero que bien lo mamas —me dijo sujetándome la cabeza—. Ahora entiendo porque Paulo se somete a una putita como tú.
Al escuchar eso le mordí levemente el tronco del pene mientras le sujetaba los testículos con la mano.
—Ufffffff —dijo extasiado—, joder, eres toda una experta mamando.
Me la saqué de la boca y lo comencé a masturbar. No solo es que mis manos fueran pequeñas, sino que tenía la polla verdaderamente larga. No quería ser yo quien lo pidiera, pero me estaba muriendo por sentirla adentro. Entonces se me ocurrió dejar de masturbarlo y quitarme la camisa, quedándome completamente desnuda.
—Joder… —exclamó sorprendido—, vaya perfección de tetas.
Inmediatamente me tomó y me acostó sobre el mueble, poniéndome de lado y tirándome de la cintura para acercarme a él. Me comenzó a frotar la polla en el coño de arriba abajo y de un lado al otro. Eso me gustaba, pero no podía perder mucho tiempo, me había tardado ya mucho para haber venido a buscar solo un poco de agua.
—Cógeme de una puta vez idiota —pensé.
Le sujeté la verga y yo misma la guie hacia la entrada de mi coño.
—Eso es putita, métetela tú misma —me dijo.
Me metí el glande y él terminó de hundirla haciendo solo un movimiento de cintura.
—Mmmmmm —no pude evitar dejar escapar un gemido.
Ahí me comenzó a follar, primero suave y rápido y luego aceleró aún más y con más fuerza. Me daba como a la mujer de la porno que estaba viendo antes de que yo llegara. Por suerte yo sabía que no se alcanzaba a escuchar el sonido en la habitación, por eso no le dije nada y permití que me siguiera cogiendo de esa forma, por eso, y porque me estaba muriendo de placer, el hijo de puta me la estaba metiendo de lo más rico, sentía como se me ruborizaba la cara del placer.
—Ufff que cara de puta tienes, eres una verdadera delicia —dijo.
Se tumbó sobre mí y me comenzó a chupar los pezones mientras me seguía penetrando el coño con ahora movimientos más cortos y más fuertes.
—Ohhhh —gemí al sentir inesperadamente como me introdujo un dedo en el ano.
Sentí que estaba llegando al orgasmo y le dije—: Ya córrete de una puta vez.
Quería que su semen se mezclara con el de Paulo en mi coño y así poder regresar lo más rápido posible a la habitación.
De forma tan imprevisible como cuando me metió el dedo por atrás ahora me invadía la boca con su lengua, dejando pasar una gran cantidad de su saliva a mi garganta, momento que aprovechó para terminar de correrse en mi interior.
Me sacó finalmente la lengua de la boca, el dedo del culo y la polla del coño y quitándose de encima se tiró a un lado donde quedó completamente exhausto.
Me levanté de inmediato, recogí del suelo la camisa que traía y me marché.
—Dales las buenas noches a Paulo de mi parte —me dijo.
Esta vez ni lo miré, fui al baño y me senté en el retrete. Allí me quede unos minutos más hasta que tocaron la puerta.
—Se encuentra ocupado —dije.
La puerta se abrió y tras ella lentamente se asomó el rostro de Paulo.
—¿Te ocurre algo? —me dijo.
—Creo que no me sentó bien lo que comí —dije fingiendo tener malestar estomacal.
—¿Quieres que te busque un digestivo o algo? —preguntó.
—No es necesario, pero creo que no podrás hacer lo que tenías planeado.
—Ya veremos —me dijo sonriendo y se marchó.
Esperé unos minutos y volví a la habitación. Como me sentía culpable le comí la polla también. Mientras lo hacía no pude dejar de comparar su miembro con el de su asqueroso amigo Pedro, la comparativa no lo dejaba bien parado.
Se corrió en mi boca y me dijo—: Tremendo... amor, realmente eres muy buena en esto. Me encantas.
Sonreí mientras me tragaba toda su leche y me acosté a su lado, sintiendo que lo había recompensado por mi infidelidad.
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