Xtories

Viaje de negocios

Lejos de su entorno, sin su jefe a mano y con las negociaciones estancadas, Alina decide que no puede esperar. En un motel de carretera, la desesperación la lleva a la cama de un desconocido, pero es la llegada tardía de Severino la que enciende la verdadera llama. Entre el olor a sudor y la tensión laboral, el sexo se vuelve la única moneda de cambio que importa.

Aliona23K vistas8.8· 8 votos

Llevaba varios días enclaustrada. Como Jefa de Departamento, a veces su jefe la enviaba “de compras” a otros laboratorios que tenían alguna molécula patentada y necesitaban para la fabricación de algún elemento específico de la compañía. Le gustaba viajar, pero con su novio, o por trabajo, y a congresos, a grandes hoteles con mucho personal y acompañada por su jefe, que frecuentemente la visitaba a la alcoba; incluso iba de buen grado a otros laboratorios propios de la empresa, porque al menos estaba bien alojada ya que estos estaban en grandes ciudades.

Pero no, la enviaron al culo del mundo, un pueblucho alejado varias decenas de kilómetros de Albacete. Y ni siquiera dormía en un hotel; no había hoteles en las cercanías, sólo un motel de carretera sucio y maloliente en el polígono donde estaba su presa, donde se hospedaban los camioneros de la zona. Y a media pensión. En fin, un asco de viaje.

Las negociaciones no iban bien. Pedían uno de sus compuestos a cambio de esa molécula, y era una línea roja. Cada día al volver de las negociaciones llamaba a su jefe.

- Seve, deberías estar tú aquí, conmigo o sin mí.- “Preferiblemente conmigo” Pensó- Esto se me da muy mal. No estoy acostumbrada a suplicar

- Por eso eres jefa. No supliques, exige. Benito es un buen tío, trabajamos juntos hace muchos años y es razonable.

- Díselo a los lerdos estos. Para una mierda que hacen, la guardan como oro en paño. Joder, si la usan para cosméticos y se creen que están salvando el mundo. Albacete da asco.

- Sé que te apañarás

- Con lo que sueles cascar, me parece raro que seas tan seco.- Empezó a sospechar. Normalmente sus conversaciones eran largas y acababan en las ganas que tenían de volver a verse y que la follase como una perra.

- Estoy ocupado guapa.- Le respondió.- Mañana hablamos

- ¿Ocupado? ¡¿Ocupado?! –hizo números, a esa hora sólo estaban las administrativas y él en el trabajo- ¡¿Qué mierda estás haciendo?! ¡Joder verdad!- Se estaba enfadando de verdad, y más al oír por lo bajo gemidos.- ¡Seve, me cago en la puta! ¡Tú ahí metiéndosela a la imbécil de Juani, que no sabe sumar dos más dos, o peor, con Ana, puta gorda….y me tienes aquí comiéndome tu mierda en el puñetero infierno, y ni siquiera tengo con quién follar

- Llama a tu novio…-Suspiró y oyó un nuevo gemido. “Juani, suena a la voz de pito de la Juani”- o haz lo que te plazca, sé que podrás con ambos problemas. ¡Besos!

Y la colgó. Alina miró el móvil cómo se apagaba la pantalla y estalló de ira y a gritos de “me cago en tu puta madre” estuvo a nada de estamparlo contra la pared. Cogió aire y lo volvió a encender para ver la hora. Era tarde, casi las ocho de la noche. Llamó a Manuel para preguntar cómo iban las cosas por casa con la niña y el saber que todo estaba bien la serenó. “Me voy a duchar, bajaré a ver qué mierda hay de comer y a hacerme dedos como una loca” Ese era su plan.

Se dio una buena ducha, se puso un vestido de dos piezas corto informal pero sexy, y bajó al restaurante. No había mucho que cenar en la carta así que se pidió una sopa y lubina al horno, que en aquellos parajes era gratinado al microondas. La sopa se dejaba comer, al menos parecía que los pollos eran pollos por la zona.

Se sentó en la mesa que le habían reservado, alejada y solitaria. Estaba bastante sola cenando; una pareja de viajeros, siete u ocho camioneros y dos mujeres que esperaban en un saloncito con revistas, con toda certeza putas por sus vestimentas.

Acabó y cuando le recogían los platos se fue a la barra a pedir gin-tonic para paliar sus penas. Un camionero feo con avaricia se le acercó y la quiso invitar. Estaba visiblemente cachondo e iba con ganas de juerga. Alina le miró de arriba abajo. Era muy zorra pero sólo con quien le entraba por los ojos, y ése hombre desgarbado, con ropa roída, apestando a sudor y bastante mayor que ella no le atraía un pelo.

- Gracias pero ya me la pago yo

- Bueno, ¿Y si cuando te la acabes pasamos un buen rato?- Sugirió poniendo un billete de cincuenta en la mesa. Alina lo miró y se partió de risa.

- ¿Me tomas por puta o qué?- Le dijo mirándolo a los ojos y sacando ella una cartera de piel que le regaló su jefe, de más de quinientos euros, extrayendo varios billetes de cien.- Majo, cóbrame- Soltó mirando al camarero.- ¿Tienes cambio verdad?- Y volviendo a él- Anda, tira, que no tienes nada que hacer, ve a buscarte una puta de carretera

- Puta no, pero zorra y malhumorada…tú te lo pierdes bonita, y si no quieres que te tomen por puta no vayas así vestida

- Como que por aquí tenéis buen gusto vistiendo- Le dijo con sorna apurando la copa viendo cómo se largaba con el rabo entre las piernas

Se quedó mirando el vaso vacío y jugando con el hielo. “Mierda, para uno que me entra es un cardo. Pero bueno menos da una piedra” Pensó en echarse atrás, salir a buscarlo a la calle y compensarlo. “Uff…tanto beber me ha subido los colores, la verdad es que lo que necesito es que me jodan”. Su mano golpeaba la rodilla con intenciones de subir por el muslo, pero se reprimió.” ¿Qué hago?”

No dejó que los pensamientos y la razón hicieran mella. Se levantó del taburete y salió con rapidez a la calle. No hacía frío, se estaba bien. Miró a un lado y a otro hasta dar con el camionero que fumaba apoyado en la pared con cara de malas pulgas

- Tsss.- Le hizo una seña y con la cabeza le indicó que le siguiera.

Doblaron la esquina y a mitad del establecimiento había un callejón por el que se cargaban las mercancías para la cocina. Se metió en él con el camionero pisándole los talones. Se colocó entre dos cubos de basura primero mirando que estuvieran limpios para no mancharse. “¡Qué elegante!” Dejó encima su bolso cuando el camionero, aun fumando, se le puso delante con mirada socarrona.

- ¿Qué? ¿Te lo has pensado mejor?- Dijo con sorna.

- Mejor cállate o me largo.- Sentenció, él hizo la señal de cerrarse los labios. Alina se bajó las bragas por la falda corta, sacándoselas sin que tocasen el húmedo suelo y dejándolas encima del bolso. El camionero se relamió al ver cómo se levantaba la falda y dejaba ver su coñito con el vello recortado. – Vamos, que es para hoy- Le dijo

No se hizo rogar, se desabrochó la bragueta, hurgó en el pantalón y sacó una polla morcillona y peluda. Ella abrió el bolso y sacó un condón que le entregó ya abierto y extraído de su envoltorio. Vio cómo se lo desarrollaba sin mucha traza y se preparó para lo peor. “No, si encima no sabrá ni follar”

Se le acercó con ganas de besarla pero le esquivó; no se enfadó, sólo sonrió con malicia. Se colocó entre sus piernas, Alina levantó la derecha y él la agarró del culo para calzársela. Necesitó un par de intentos para colocarla pero al fin la puso en la entrada y se la clavó sin miramiento.

- Oh…sí…mmm- Gemía el hombre metiéndosela y sacándosela rápidamente del coño. Alina, sin embargo, no notaba gran placer, era más el morbo de estar jodiendo en esa situación.

Sus manos apretujaban el trasero y un dedo juguetón se coló entre las nalgas para empezar a meterse en el culo. Intentó disfrutar al menos del morbo cerrando los ojos. Seguía follándola contra la pared cuando oyeron ruidos a su derecha; una pareja pasaba por la calle y los vio

-…Mira que hay habitaciones…- Dijo ella con repugnancia.

- Uff…oh…joder…mmm- Gemía su camionero ignorando el comentario

Gotas de sudor le corrían por la frente; un suspiro largo, bufando como un gato, y acabó. “¿Ya? ¡Mierda de polvo! ¡Ahora que empezaba a disfrutar algo!” Se indignó al salirse de su interior pero no le dijo nada, era un hombre fuerte y no había que menospreciar sus malas reacciones. Después de quitarse el condón y anudarlo mirándola con cara de placer se metió la polla en el pantalón, tiró el condón al contenedor y se largó.

Alina seguía muy cachonda, y en aquellos parajes no veía futuro a su necesidad, así que recogió sus cosas con pena y volvió a entrar al establecimiento, subiendo las escaleras y metiéndose en su habitación. Allí se dio un buen homenaje manual con un par de juguetes que siempre llevaba encima dejándose por fin satisfecha de orgasmo pero no de placer. “Necesito macho”

Se levantó temprano a “hacer los deberes”, como ella lo llamaba. Abrió la libreta y al lado colocó ordenadamente unos bloques de folios unidos con clips. Contó siete, encabezados cada uno con fotos, cuatro hombres y tres mujeres. “A ver qué mierda os pillo…” Susurró.

Meses antes su jefe había mandado investigar a la junta directiva de la empresa con la que iban a negociar. Tenía enchufe con la agencia y le era barato, y “la información nunca va de más para estas cosas, si hay que jugar sucio se juega”. Además Alina tenía acceso a innumerables hospitales, historias clínicas, otros centros de investigación etc etc, por lo que sabía hasta si tenían alto el colesterol por el último análisis de la plantilla, de no haría un mes.

Sus números, mucho menores que los de la empresa de Alina, eran según la gestora y el bufete de abogados “impecables”. Sus temas personales, sin tacha; casados, la mayoría con hijos, de buena clase y con estudios certificados, habían llegado dónde estaban porque lo merecían.

El punto álgido, los vicios. Nada. Las mujeres eran beatas y fuera del trabajo sólo se encargaban de comprar cosas que no necesitaban e invertir el dinero en extraescolares para no ver a sus hijos. “Mira, sí, Isabel se tiñe el pelo porque está canosa”. Los hombres, el pecado más grande que habían cometido era alguna vez ir al bar, otro fumar a escondidas de su mujer y el jefe comer chuletón cuando el médico le había dicho que estaba taxativamente prohibido. “Con mucha sal” Apuntilló la nota del detective.

Desayunó y comió en la habitación leyendo y releyendo. “Ni putas, ni drogas, ni engaños, ni dinero negro…” No sabía por dónde pillarlos, aquello era un convento. Cerró los dosieres y los ojos, después pegó un chillido. Se duchó, se vistió elegante para la reunión y bajó a la calle. Un paseo a la fresca para despejarse y llegó a la nave.

Estaba sola en la sala de juntas esperando que llegasen, tocando la mesa de caoba. “Joder, una de estas debería tener Seve, aquí se debe follar que da gusto…”

Llegaron juntos y se sentaron frente a ella queriendo intimidarla, pero Alina era más dura que todos juntos.

Sería largo y tedioso explicar todos los números que movieron, negociando partidas, beneficios, décimas arriba y abajo por que le dieran un puto papel con una fórmula.

- A mi entender, vosotros salís perdiendo. Vosotros no podéis fabricar nada que se parezca a nuestro producto; no tenéis medios. Yo sin embargo, a lo más tardar en seis meses seré capaz de sacar vuestra molécula, o algo similar, y en el peor de los casos sólo tenemos que esperar a que la liberéis. Lo que movemos son esos tres años de patente, y los beneficios que podemos obtener juntos. Y seamos francos, vosotros la utilizáis para temas menores; Yo puedo salvar vidas.- Miró a las mujeres- Niños – Citó marcando las letras.

Tenía a las dos mujeres ganadas, eso lo sabía; aparte de que les ofrecía un buen dineral y parte de los beneficios, el tema moral inclinaba la balanza. Pero los hombres sólo se movían por dinero. “Pensadlo, ahí tenéis las cifras. No vamos a mover una coma de ahí, y tenéis hasta mañana” Sentenció.

Deliberaron un rato y todos se levantaron. Las mujeres la despidieron y se fueron, los hombres se quedaron cuchicheando entre papeles mientras Alina recogía los suyos. “Mierda, esto no funciona”. Los miró detenidamente; A excepción del jefe, bastante mayor, estaban de buen ver, fruto de horas de gimnasio, buena alimentación y dinero. Alina arrastraba el cachondo de anoche y se imaginó siendo follada por ellos encima de la mesa, le subieron los colores.

Se despidieron con cordialidad. A Alina se le pasó por la cabeza zumbárselos para tener la certeza de que mañana aceptarían el trato. Estaba convencida y casi segura de ello, pero la incertidumbre la mataba.

Malhumorada, nerviosa y cachonda volvió hacia el motel. Por el camino miró el teléfono; su jefe la había llamado varias veces. Le intentó llamar pero no respondía. Desistió al tercer intento.

Ya en la habitación se dio una ducha y preparó la maleta para no ir apurada al día siguiente. Se vistió ligera con una minifalda y una blusa, y echó mano a una chaqueta tejana por si le entraban ganas de dar un paseo y bajó al salón.

Pidió un trozo de empanada de carne. Al tercer bocado una voz la sobresaltó.

- Tenías razón, esto es un antro de mierda, lo siento- Se disculpó Severino, su jefe, sentándose después de darle dos besos. Alzó la mano para que le atendieran- El mejor vino que tengan, y…-Dudó- algo de carne, con patatas a poder ser. ¿Chuletón tienen?

- Sí señor- Respondió el camarero

- Pues eso- Y aleteó la mano para que se largara.- Perdona querida. Cuéntame, ¿Cómo van las negociaciones?

- Los tengo en dos millones y el seis por ciento a diez años. Buenas noches y esas cosas.- Respondió Alina metiéndose otro pedazo de empanada en la boca.

- ¡Qué seca mi alma! Con lo “cariñosa” que eres siempre- Le acarició la pierna sonriendo y guiñándole un ojo- Encima que vengo a hacerte compañía.

- ¿Compañía? ¡Serás cabrón! ¿Sabes los malos ratos que he pasado en esta mierda de sitio? ¡Aquí sólo hay analfabetos y subnormales!- Su jefe se partió de risa y le hizo gestos con la mano de que bajase el tono.- Tendrías que haber venido desde el primer día, pero no, tu ahí tranquilito zumbándote a la Juani.

- Hija, no te pongas celosa- La agarró del moflete para después acariciarle el cuello hasta el escote

No podía enfadarse con él. A los pocos minutos ya hablaban alegremente y tumbaban la botella que había pedido como dos borrachos. Severino la acariciaba mucho, no dejaba de intentar escalar por la pierna, pero ella le retiraba la mano sonriendo “Seve, para, coño” Le decía pícara.

Cuando acabaron de cenar Alina se dirigió a la recepción a registrar a Severino en su habitación. Él se había ido al servicio un momento a descargar el vino. El camionero de la noche anterior apareció y apoyado de espaldas al mostrador se le insinuó de nuevo.

- Bonita ¿Repetimos?

- Ni harta de vino- Le replicó a mala baba sin mirarlo

- Venga guapa, que no estuvo tan mal- La cogió del brazo con fuerza haciéndole el suficiente daño como para que le prestase atención.

Era un hombre fuerte, sin duda, pero Alina se las había visto con otros y sabía de defensa personal; además ningún hombre se le había resistido a un rodillazo en los cojones. Por suerte no hizo falta, apareció Severino, bastante más corpulento que el camionero, y aunque más bajito sus brazos hacían varios dedos más de ancho. “De dos hostias lo tumbaría” pensó, pero se bastó de su labia y carisma.

- ¡Venga, venga! ¡No os enfadéis!- Dijo poniéndole una mano en el hombro y apretando lo necesario para que supiera que sus brazos no eran para tomarlos a broma. - ¿Qué le has dicho chiquilla?

- Que no quiero follar.- Alina se tranquilizó y le entregó de nuevo el dni a su jefe

- Coño, qué remilgada eres nena- Señor, lo siento en el alma pero mi amiga no está muy de buenas hoy. Quizá mañana tenga más suerte- Dos palmaditas en el pecho y el camionero se retiró

Hubo un pequeño silencio hasta que empezaron a subir las escaleras.

- ¿En serio te has follado a ese tío?

- A falta de pan….- Se miraron y rieron a carcajadas

Cerró la puerta a su espalda y se aflojó la corbata. Tiró la americana encima de una silla y se sentó en la butaca.

Alina miró el reloj, tenía que llamar a Manuel para preguntar cómo les iba.

- Hola mi amor- dijo al oír la voz de su novio- ¿Qué tal todo por ahí?- Preguntó.

La niña estaba ya dormida. Manuel le contó cómo había ido el día de cole mientras ella se sentaba frente a Severino en la cama. Él le hacía señas y ella le respondía haciendo un gesto con la mano abriéndola y cerrándola como si le estuvieran parloteando. Decía “aja” y “sí” cada pocos segundos sin oír gran cosa de lo que le contaba. Severino le indicó con el dedo en la boca que no hablara y se le acercó, primero le chupó y besó el cuello excitándola más y más. Una mano se coló por el escote y la agarró de un pecho.

Alina se deshizo de él sonriendo y dejando el móvil hablando encima de la cama. Levantó un poco la minifalda y se sacó las bragas. Antes de echarse boca arriba en la cama con las piernas dobladas y bien abiertas también se quitó la blusa. Manuel ahora le explicaba su día de trabajo.

Severino se quitó la camisa exponiendo su torso y su incipiente panza y se le echó encima. Cuando sus bocas estuvieron bien juntas sacó la lengua para que Alina se la sorbiera, después continuó comiéndole el cuello, hasta las tetas, que chupó con ganas locas después de liberarlas del sostén.

- Yo he tenido un día de mierda- Le respondió cuando su novio preguntó por su día.- Pero ha ido mejorando. Sí, la reunión fue un rollo.- Severino comía una y masajeaba la otra, ella le empujó la cabeza hacia abajo- No eran muchos pero sí muy pesados. – Él, sonriendo, se incorporó y se puso de rodillas en la cama, separó las piernas y metió la cara entre ellas tapándose con la minifalda. Al sentir el calor de su lengua lamiendo los labios dio un respingo

No se andaba con chiquitas, tenía ganas de comer coño; se lo abrió con las manos y repasaba cada milímetro con su jugosa lengua. Estaba tan cachonda, tenía tantas ganas y lo hacía tan bien que esos instantes no podía ni respirar. Dos lengüetazos largos, interminables, después jugueteó con los pelos y después con el muslo, ahí pudo respirar.

- Cariño, te dejo, que ha venido el jefe para la “reu” de mañana y estamos a mil cosas- Severino levantó la cabeza de entre los muslos para mirarla a la cara riendo

- ¿Sí? Ale pues si conseguís la cosa esa dile que se estire y nos vuelva a invitar a una mariscada- Se oyó por el teléfono. Él hacía tonterías, señalando al coño y moviendo la mano como diciéndole “aquí sí que hay marisco”. Alina no podía contener la risa.

- Toma, díselo tu- Y alargó el teléfono poniéndoselo en la oreja a su jefe, que lo cogió y se incorporó

- ¡Hombre Manuel! ¡Cuánto tiempo!- Decía. – Sí, a ver cómo va mañana

Alina aprovechó esos segundos libre para acabar de desnudarse, quitar el cinturón y bajar la cremallera del pantalón. Severino con la otra mano le ayudaba a bajar el bóxer que guardaba su inmensa polla. “¡Dios, cómo la echaba de menos!!”

- Y lo de la mariscada está hecho hombre. Ahora si no te importa voy a disfrutar un poco de la compañía de tu mujer, te la paso.

Agarrada a la polla, moviéndola de arriba abajo, se despidió con un “Cariño, mañana hablamos, dale muchos besitos a la peque. Chao te quiero” y echó el teléfono a la otra punta de la cama para meterse en la boca el capullo.

Chupaba lo que podía. Era tan grande que tenía que jugar más con las manos que con la boca. Procuró dejarla bien ensalivada lamiéndola por los lados por lo que venía después.

Se dio la vuelta dándole el culo, que acarició con suavidad. Con unos movimientos se bajó más el pantalón y el bóxer, se escupió en la mano y lo refregó por el largo de la polla. Con la mano abrió los cachetes. “Qué coño tienes cariño” Oyó, y notó cómo metía la cabeza y relamía sus bajos, metiendo bien adentro la lengua. Otro escupitajo y lo refregó en la entrada con dos dedos, se le acercó y apuntaló la polla.

- ¡Fóllame Seve!- Ayudado de la mano empezó a meterla. “Ufff….uff….uff…” Notaba cada centímetro de la enorme polla de su jefe entrándole, la retiraba un poco y volvía a meter más. Justo a falta de meter la medida de una mano ya la tuvo tocándole el cuello del útero, y le vino el calambrazo placentero que, como un interruptor, apagaba todo el cuerpo, todos los sentidos, y sólo notaba polla y esa sensación única que se extendía por todo el cuerpo

Se le agarró a las tetas para esos últimos centímetros. Notó el calor de sus muslos en los cachetes y un inmenso orgasmo continuado de la presión del glande en lo más hondo de su interior. Alina no podía ni respirar. La sacó casi entera y se la volvió a meter más rápido, no pudo reprimir el chillido.

Por el ruido sabía que le estaba diciendo algo, con toda certeza cerdadas, pero no oía más que murmullos. Notaba cada embestida, cada vez más rápida, desapareciendo todo cuando llegaba a esos últimos centímetros. Es difícil explicar esa sensación al tener una polla tan larga y gorda dentro, ese cuasiorgasmo, esa falta de todo lo demás a excepción del “calambrazo”. Las mujeres decimos “el tamaño no importa” y es cierto; pero ese grado superlativo, cuando llegan donde otras incluso largas no pueden, es otro mundo. Para Alina ya el hecho de no tener que frotar el clítoris hacía que su jefe jugase en otra liga.

Aparte era un maestro follando. Ni ella misma se había dado cuenta de que tenía la cara clavada en la cama y que llevaba un par de minutos sin dar una buena bocanada de aire, solo pequeños sorbitos, y estaba a punto de quedarse inconsciente; Pero Severino la sacó cuando notó que el cuerpo dejaba de estar tenso

- Lo siento chiquilla, tenía muchas ganas de follarte- Le dijo poniéndola de lado- Vamos a disfrutar un poquito- Se puso su pierna en el hombro y continuó follándola en L, esta vez penetraciones menos profundas

- Será…..que….- Le interrumpía la frase a cada penetración, ahora que ya podía articular palabra- Será que no le has dado polla a la Juani

- Y a la nueva de recepción- Hizo un alto para rebuscar y agarrar sus pechos tirando de los pezones.- Pero son unas mojigatas y no aguantan.

Estuvo un rato follándola de costado con penetraciones poco profundas, masajeándola el clítoris hasta que tuvo su primer orgasmo entre gritos de “Más, fóllame más, más rápido” que debían oírse en Albacete centro.

Se salió de ella y se echó en la cama con la polla tiesa. Alina aún estaba a mil. Se miraron a los ojos y él le indicó que siguiera. No se hizo de rogar, le dio una corta mamada saboreando polla y sus propios flujos, colocó ambas piernas a cada lado de su jefe, la apuntaló en su entrada y se dejó caer. Severino se agarró de las tetas y las masajeó, ella lo cabalgaba sólo metiéndose una pequeña parte de la polla, pero muy rápida. “Paja con el coño” Como a él le gustaba. Alina se masajeaba el clítoris hasta casi correrse de nuevo

- Oh, sí nena, más…oh…me….me…me voy a correr.- Le dijo soltándole las tetas y empujando los muslos hacia abajo para que se la metiera más hondo y justo notó que quedaba ensartada del todo, ambos se quedaron muy quietos disfrutando del orgasmo.

Unos minutos después Alina, con sumo esfuerzo, se sacó de dentro la polla y se tumbó a un lado. No tenía fuerzas ni para limpiarse. Él sin embargo se levantó, cogió un pitillo y desnudo se fue a la ventana. Desde allí le lanzó un paquete de pañuelos que le pidió y se pudo secar el coño palpitante, del cual empezaba a salir el semen que le había dejado dentro. Se tapó con la sábana y cayó en un profundo sueño

No la despertó el despertador, ni la luz del día; era la lengua de su jefe en su coño. Estaba a punto de correrse sobresaltada cuando se detuvo.

- ¿Qué haces Seve? ¡Está sucio de anoche!- Le dijo

- Sí, un poquito- Le respondió con otro lametazo y metiéndole los dedos.- Anda dúchate que vamos a desayunar y a la reunión

- Acaba lo que has empezado al menos- Soltó encastándole la cabeza contra su peludo coño, pero él se separó dándole un besito al muslo y dejándola al borde de correrse

- No, no; quiero que estés así.- Se levantó y bajó de la cama con la polla mirando al techo. Alina la miraba con deseo, su mano se dirigió al coño cuando él se la retiró.- ¡Eh, y sin tocarse!

- ¡Tu madre! O me acabas tú o me corro en la ducha- Sentenció entre mala baba y risa

- Si te corres, no te follo antes de irnos.

Era una amenaza seria, y para ella era como quitarle el carnet de conducir o que le embargaran el piso. Para asegurarse del trato ambos se ducharon juntos y con celeridad. Mientras ella se secaba el pelo, él se quedó en la habitación preparando cosas, entre ellas el modelito que debía llevar.

Le dejó un vestido azul fuerte a cuadros y un cinturón grande marrón encima de la cama. Era uno de sus vestidos de ejecutiva, pero también le servía para salir con clase a cenas y eventos. La falda llegaba a mitad del muslo.

Rebuscó al lado de la prenda y al no encontrar nada, se dirigió a la maleta, pero la mano de Severino la detuvo, ya casi vestido con sus pantalones negros de pinza, camisa blanca y corbata fucsia. “Sin ropa interior” Le susurró

- ¡Estás loco!

- Hazme caso- Repitió.

- Como estoy, sin bragas mancharé el vestido- Suplicó. Él lo entendió, buscó en la maleta y le dio unas bragas negras que a duras penas tapaba sus partes. “Algo es algo” Pensó Alina mirando el relleno de la parte anterior. “Espero sea suficiente”

Desayuno frugal en el motel y encaminaron a la nave. Al llegar a la sala de juntas aparecieron sus contrincantes y se sentaron. Los únicos en pie, los dos jefes, que se estrecharon con cordialidad la mano, sonriéndose y dándose palmadas en la espalda.

Tras ese lapso, Severino se sentó a su lado, acariciándole el muslo. Benito se puso justo delante de él tras la mesa caoba.

- Aquí Alina ya me ha contado en qué punto estamos. Siendo francos, no vamos a perder mucho más el tiempo. Nos parece muy justa la oferta

- Pues a nosotros no- Dijo uno de los hombres. – Estamos hablando de mucho dinero en juego.

- Por eso mismo. Os ofrezco haceros muy ricos. Estas son las proyecciones de futuro en mercado- Les pasó un papel que sólo él tenía y deliberaron largo rato.- Os dejamos solos para que lo penséis.- Y se levantó haciéndole señas con un pellizco para que le acompañase fuera. Los dejaron cuchicheando pasándose el papel

Ambos salieron de la sala de juntas. “Ven” le dijo haciendo que le siguiera al lavabo de hombres

- ¿Cómo estás?- Le peguntó

- Bien, pero ¿Esos números? ¿Por qué no me los pasaste antes?

- Porque es no te era necesario. Es más de lo mismo que les has ofrecido, pero a largo plazo.- Metió la mano por la falda del vestido hasta las bragas.- Yo te preguntaba cómo estás por aquí abajo.- El dedo se coló por un lado en su interior

- Seve, cabrón, si no me vas a follar, para, que me tienes a mil.

Sacó el dedo de su coño, lo olió y chupó. “Cerdo” Le dijo. Después le hizo una seña para que volvieran.

Unos minutos después salieron de la sala los miembros del consejo, que los bordearon como el agua a una piedra a excepción del jefe que se plantó frente a ellos.

- ¿Qué piensas Benito?- Le dijo

- Es difícil. Tenéis a los demás encandilados pero yo no lo tengo tan claro. Es mi empresa, tú me entiendes.

- A mí siempre me saca de dudas un buen churrasco con patatas y vino. Voto por irnos al centro y seguir deliberando. Invito yo. ¿Conoces algún sitio?

- Hay un hotel con restaurante muy bueno en Albacete. No me parece mala idea. Seguidme

Bajaron la escalinata hasta el parquin y se subieron al porshe panamera amarillo de Benito. Media hora más tarde, entre conversaciones de hombres, llegaron a su destino. Al ver a Benito los atendieron de inmediato; era bien conocido en ese hotel. Una mesa en el reservado para ellos solos, y un camarero atendiéndoles en todo momento.

Sin muchos prolegómenos y evitando contar las vicisitudes previas, al poco tiempo tenían servido en la mesa tres platos grandes como un aeropuerto con unos pedazos de carne de un palmo, rosáceos, y varias patatas partidas a la mitad asaditas al horno de leña. Dos botellas del mejor vino a sendos lados de la mesa. Un armarito de madera y vidrio tenía varias cajas de puros y botellas de licores a su alcance.

Estuvieron casi hora y media comiendo bien servidos. Cuando acabaron de comer empezaron a hablar de los negocios, Severino quiso llevar la voz cantante y Alina era su secuaz.

Hizo un gesto con la cabeza señalando al camarero, sacó un billete de cien de la cartera, se lo dio y siguieron hablando de los viejos tiempos, de las chicas del trabajo con las que se liaron.

Ella se levantó y se acercó al camarero que estaba ojo avizor en la puerta antes de que la abordara, entregándole el billete. “Dejadnos un ratito, que vamos a hablar de negocios” Y casi empujándolo lo sacó de la estancia. Después cerró el pestillo de las puertas batientes. Benito no perdía ojo. Volvió al lado de su jefe contoneándose. Siguieron un buen rato más hablando de números. “¿Qué te parece el sitio?” Le preguntó para salir del tema dinero.

- Igualito que el motel de mierda donde me has metido- Le dijo al oído a Severino haciéndole reír a carcajadas

- ¿Qué pasó?- Preguntó Benito

- Nada, que aquí la señorita es muy sibarita y le parece mal estar en el motel del polígono.

- Hombre, es que ahí, con perdón, sólo hay putas y la villanería.

- Por eso, está en su salsa.- Le acarició el muslo y la sonrojó con el comentario. Benito calló- ¿Verdad?

- Sí- Asintió sumisa Alina.

- Putas no he visto- Dijo cuando les retiraban los platos y les ponían al alcance puros y bebidas alcohólicas- Pero parece buen sitio para echar una canita al aire hombres de nuestra “clase”

- No he ido nunca- Dijo cogiendo un puro, cortándolo y encendiéndolo con una cerilla.

- Pues no se duerme mal. Nosotros dormimos como bebés- La mano subió por el muslo hasta el borde de la braga.- ¿A que sí bonita?

- Sí- Volvió a decir Alina metiéndose en el papel de niña buena. Benito les miraba serio como un ajo. Severino se sirvió una copa y la cató.

- Venga, no me digas que nunca has ido de “juerga”-Le soltó y él negó sonriendo-¿Cuánto llevas casado? ¿Veinte, treinta años?- No esperó respuesta- ¿Y nunca has ido a joder con una marrana por ahí? Con lo viciosos que éramos de jóvenes… ¡Quien volviera a esa edad! ¿eh?

- Treinta y cinco años exactamente, un par de años después de estar en aquel antro en Madrid y que tú te fueras para Barcelona

El dedo se colaba por el lado de las bragas hurgándole los pelos del coño, que ya tenía al rojo vivo. Alina estaba roja como un tomate escuchándolos en silencio. El olor a coño empezaba a hacer frente al del humo.

- En estos días negociando, seguro que te han entrado ganas de follártela, ¿verdad?- Sacó la mano de entre la falda para abrirle un poco el vestido y mostrar más tetas. Benito tosió por tragar sin querer humo del puro.- Ui, si supieras…este coño vale su peso en oro.

- No has cambiado nada en estos años, Severino. Igual de cerdo que entonces.

- Está rellenita pero da gusto follársela. Acepta el trato, te llevarás una pasta, no te arrepentirás….y así puede venir a visitarte de vez en cuando. Siempre tiene ganas de follar, es un coñito con patas y se deja hacer lo que quieras.- Abrió más el vestido hasta que se vieron los pezones.

“No pienso follar con él” Susurró a su jefe. “Si te llego a decir que te lo folles, te lo follas” Le respondió, ambos con sonrisa falsa y susurrándose al oído.

Él la miraba con deseo, se le notaba que estaba cachondo y que se hubiera lanzado a follársela si no fuera por el decoro y la clase. Alina ardía y después de decirle eso a Severino, se dijo a sí misma que se follaría a un perro ahora mismo. Se imaginó levantándose, desnudándose y haciéndole una mamada hasta hacerlo correrse, después subirse en la mesa y que la follara a su gusto frente a Severino. Una voz la sacó del embelesamiento.

- Yo….debería irme a casa. Mi mujer me estará esperando- Dijo con vergüenza. Después se despidió de él con un apretón de manos y de ella con dos besos tirando para la oreja

- Nosotros nos quedaremos aquí, seguro que tienen habitaciones libres. Mañana ya iremos con un taxi, ¿nos vemos sobre las diez? Así nos da tiempo a recoger las cosas y a las cuatro sale nuestro vuelo

- Perfecto. – El hombre descorrió el pestillo de las puertas batientes y el camarero, a la lejanía, se le acercó. Iba a sacar la billetera pero Severino lo evitó.

- Dije que invitaba yo- Soltó mirando el papel que traía en un platillo y sacando un billete de quinientos.- Ya está bien- Le dijo al camarero.

Le acompañaron hasta el parking. Hacía fresco pero a Alina le ardía el coño. Le vieron montarse en su flamante coche y partir.

- Mañana nos vamos con la dichosa fórmula.- Le dijo cuando ya había desaparecido. – Lo has hecho muy bien- Le susurró al oído pellizcándole una nalga.

- ¡Espero que me lo pagues, en pasta y carne! Estoy súper cachonda- Le contaba camino al ascensor- No me he corrido y estoy a mil- Su jefe seguía acariciándole el culo- Como no tengan habitaciones te mato. –“Puto ascensor, cómo tarda” Pensaba ella con el corazón al borde de una taquicardia de ansias de follar

Veía los números bajar con lentitud. Seis, cinco, cuatro….debía llegar al menos dos y el cabrón se paró en la planta baja. Volvió a subir.

- ¡Me cago en el puto ascensor de los cojones!- Reventó Alina aporreando la botonera. Severino se partía de risa sobándole el culo. Dos dedos se le metieron en el coño como el que coge una caja de cervezas.

- ¡Tranquila mujer! ¡Cómo estás!- Metía y sacaba los dedos usando el flujo para sobarle el clítoris

- ¡Llevas toda la noche manoseándome, exhibiéndome y ahora no paras de sobar, cabrón! ¿Cómo quieres que esté?

Alina miró de nuevo el número, otra vez en el seis. “No aguanto más” Se dijo y las piernas sin fuerzas se le espatarraron y echó el culo atrás.

- Por Dios Seve, dame polla que no puedo más

- Aguanta nena, que aquí hay cámaras.- No le faltaban ganas de empotrarla contra las puertas del ascensor pero se reprimió

Por fin llegó y con una velocidad extremadamente lenta los subió a planta baja. Allí, por desgracia, el recepcionista les dijo que no quedaban habitaciones. “¡Te mato! ¿Cómo que no hay habitaciones, si esto es el culo del mundo?”. Severino intentó bajar su crispación dándole unos golpecitos en la mano.

El recepcionista pidió a uno de los mozos que avisara a un taxi de los de fuera y salieron a su encuentro. Un árabe la mar de majo los llevó con celeridad a su motel, sin dejar de ojear a la pareja que se metía mano en los asientos traseros. Casi se estampan cuando Alina tenía las tetas fuera y Severino se las comía. “Vista al frente” le tuvo que decir. No le faltaron ganas de comentarle que les acompañase cuando se detuvieron a pocos metros de la entrada y ella se cerraba el vestido mientras él le pagaba.

Irrumpieron como una tempestad en el motel, a paso militar subieron las escaleras ante la atenta mirada de varios camioneros.

Tal cual entraron se empezaron a besar con lujuria, nada de besos de amor; saliva, lenguas enroscándose. La ropa caía al suelo y la dejaban atrás a medida que se acercaban a la cama.

Alina tiraba de la polla como si fuera el collar de un perro.

La cama aún estaba deshecha, no se habían molestado ni en limpiar. Veía las manchas de flujo y semen al borde del colchón, sus juguetes seguían en la mesita de noche; un dildo fino que usaba para el culo y una buena polla de goma de veinte centímetros para el coño. Sonrió al verla apuntando al cielo “Qué haría yo sin mi Julián” Se dijo subiéndose de rodillas a la cama, notando las manos de Severino abrirle los cachetes, apartar las bragas y empezar a meterle la polla. Cerró los ojos y disfrutó de su ansiada follada. “Mmmmm…esto está mejor”.

- ¡Qué coño tienes!- Le decía metiéndole un buen cacho

- ¡Fóllamelo cabrón!- Chillaba-¡Dios no podía más! ¡Uff…uff….estoy muy puta!- Y se la clavó hasta el fondo.- ¡Ammmmmmm así….!- Chilló hasta que se le fueron los pensamientos y sólo quedaba placer.

Metía y sacaba buena parte de su inmenso miembro, lo suficiente para darle placer y que no entrase en éxtasis. Rápido, más rápido. Chof, chof, chof, sonaba como cuando le hacía pajas a su novio escupiéndole en la polla. Respiraba rápidamente, Severino la agarró bien del culo para joderla bien rápido.

- ¡Dios! ¡Así! ¡Qué follada! ¡Mi coño!

- Perra, qué culo más gordo tienes- Le decía partiéndole el coño a toda prisa. Escupió en el culo y empezó metiéndole con facilidad el meñique. Lo movía de lado a lado, sacó y metió el dedo corazón haciéndole lo mismo. Otro escupitajo. Cuando intentó meter también el índice, bien morcillón que lo tenía, le costó horrores.

Cogió de la mesita, al lado de los dildos, un botecito de gel lubricante de sabor a fresa, echó un buen chorretón en su ano y jugueteó con el pulgar hasta lograr meterlo sin detener sus embestidas. Alina estaba en la gloria, cerca del orgasmo.

Severino estuvo un buen rato dándole así, y metiéndole el dedo. Llegó el punto en que Alina ya no podía con tanto placer y justo cuando se iba a correr se la volvió a meter hasta el fondo.

- ¡Me corro!- Dejó de meterle el dedo en el culo para tirar de sus tetas.- Te voy a partir el coño

Alina tuvo un orgasmo descomunal, acentuado por el “calambrazo”. No podía ni chillar.

Severino siguió dentro de ella, sacándola un poco para que se pudiera relajar. Miraba su culo, volvió a juguetear con los dedos.

- Lo que daría por reventar un culo- Dijo.

- Sí, claro, con tu polla….estás loco.- Metió esta vez el índice y corazón juntos.-Mmmm… ¿quieres más?- Alina movía el trasero metiéndose y sacándose la polla, aún dura, de su jefe.- Yo aún estoy cerda.

- ¿Y si probamos?- Metió un tercer dedo lubricándolo con gel.

- ¡Qué no, coño!- Se sacó la polla y los dedos, girándose y mirándolo a los ojos, primero con enfado por lo pesado que se estaba poniendo, y después con pena.- Seve, macho, a duras penas me entra en el coño y por ahí me cabe un puño…por el culo no me entra ni eso- Señaló el dildo grande.

- Pero no entera mujer, ya lo sé…-Le acariciaba los muslos- Pero un poco, tampoco es tan ancha….

- ¿Qué no?- Cogió el dildo, un pene realístico de veinte centímetros, y lo comparó con la polla riéndose- uno, casi dos dedos más. Si es que tienes un rabo que ni el brazo de Manu….- Se le empezó a salir la leche del coño abierto, por más que quería no podía cerrarlo, cogió un pañuelo y se secó. Después le agarró la polla, subiendo y bajando la piel- Venga, sigue follándome un rato que mami está loca por tu polla.

- Loco me vuelves tú, cabrona.

Se la echó encima. “Cómo me gusta este macho” Pensaba Alina forcejeando ambos en la cama, revolcándose y riendo

- ¿Quieres mi polla eh?- La agarró de las manos con fuerza inmovilizándola- ¿Quieres esto?- Se cogió el rabo y lo agitó entre las piernas. Después introdujo un poco en su coño y empezó a echarse encima estrujándole un pecho

- No, ya no quiero más, suéltame por favor- Le suplicaba de broma- Tengo mucho miedo….oh….no metas más…

A Severino le gustaba ese juego, ese rol de macho forzando a una chica indefensa, y aunque sabía que sólo era por provocarle, causó efecto. Tiró del pezón, la acarició hasta el muslo arañándola y le levantó la pierna para meterle bien hondo la polla. Gritó.

“¡Jódeme, párteme el coño!” Quería decirle cada vez que la penetraba, pero la besó otra vez con morbo.

La giró sobre sí misma agarrándola del cuello, colocó una almohada debajo de su vientre y cuando tuvo el culo en alto le echó más gel y metió dos dedos en el culo. Los sacaba, acercaba la polla a su coño y la penetraba una y otra vez. De nuevo, los dedos al culo. “Oh….sí….qué puta estoy….”

Agarró ambos dildos, apuntaló el fino en su culo, de dieciséis centímetros, totalmente liso y lila y poco a poco lo fue introduciendo. Tenía el ancho y largo de un pene normal, le costó meterlo pero al final entró. La polla en su coño estaba dura como nunca, la metía y sacaba poco a poco, paraba y metía y sacaba el dildo. Alina, presa del morbo y del placer, sin pensarlo llevó las manos a las nalgas abriendo los cachetes. Severino le echó más gel y cuando ya entraba sin dificultad comenzó una follada de culo rápida y bien profunda. Ella gemía como una loca con ese dildo en el trasero y la polla de su jefe en el coño, recordó la follada que le dieron él y el informático hacía tiempo.

- Te voy a follar el culo- Dijo Severino más ido que nunca. Alina recobró la cordura e intentó gritar, pero la mano en el cuello la apretó más. Le sacó la polla del coño empapada en flujo, y sintió el vacío al quitarle el dildo del culo. “¡No, por Dios ni se te ocurra!” Balbuceó aterrada.

Notó la polla en un cachete, lejos del agujero. Él cogió el dildo grande y se lo pasó por la espalda hasta los glúteos restregando la punta por donde había echado el gel a cascoporro. Colocó la punta en la entrada

- Di que quieres que te rompa el culo- Apretó un poco, no entraba.

Alina dejó de forcejear, entendiendo el juego y respirando aliviada. Le agarró la punta de la polla haciendo un aro con sus dedos en el capullo. Notó un ardor en su trasero, se abrió más tirando de un cachete pero aquello sólo entraba un poco de la punta. Severino miró la punta y le echó un buen chorro de gel, para volver a intentarlo. Ella por su lado apretaba con fuerza el aro del capullo.

Dolor. Sintió un ardor muy fuerte y cómo la punta con forma de prepucio de ese dildo se había colado un poco más en su trasero.

- ¡Ahhhhhh!- gritó de verdad de dolor. Severino a la vez movía la polla en la mano follándosela.- ¡Para, para! ¡Que no entra!

No paró, es más, sacó un poco para meterla más hondo. “Uff…uff…joder…joder…cómo duele…joder….” Intentó serenarse y cumplir con su cometido estrujándole la punta del capullo y moviendo la mano lentamente hacia abajo, como estaba haciéndole él en el culo.

“Plop”. Notó por fin cómo el ancho del capullo se colaba.

- ¡Joder! – Chilló con todas las fuerzas-¡Para!

- Dilo- Repitió

Un par de segundos para darse cuenta que, pese al dolor y el nulo placer, estaba que ardía de morbo.

- ¡Oh! ¡Coño! ¡Dale! ¡Rómpeme el culo! – Dijo con el sentimiento de cuando te sacan una muela y te están destrozando la boca, y lo que quieres es que acabe ya ese suplicio. Total, lo más difícil ya había entrado.

Severino no dudó, apretó con fuerza metiéndole unos cuantos centímetros, retirándolo y volviendo a meterlo una y otra y otra vez, cada vez más rápido y hondo. Alina simulaba lo mismo con la mano aguantando el dolor.

No llevaría un minuto haciéndole la paja y siendo penetrada por el dildo que empezó a acostumbrarse, se relajó y soltó el cachete para llevar un par de dedos al clítoris y masajearlo.

A cada penetración soltaba un gemido, sus dedos se movían con furia y apretaba con fuerza deslizando la piel sobre el glande.

- ¡Más! ¡Más! ¡Oh, qué gusto!- Empezó a correrse, no podía cerrar el culo como siempre y le dio una sensación extraña. Severino se la metió hasta el fondo y derramó la leche en la muñeca y palma de la mano

Aún con el dildo en el culo él cayó rendido. Ambos boqueaban con ritmo elevado. Alina abrió los ojos para mirarle, subiendo la mano para secarla frotándola con el borde de la cama. Severino le sacó lentamente el dildo del culo, no podía cerrar por más que lo intentaba. Se incorporó y a gatas bajó de la cama en una escena de lo más cómica para él viéndola apretando los cachetes y corriendo hacia el lavabo.

- ¿Estás bien?- Le preguntó desde la cama tumbado boca arriba en la zona que no estaba mojada por el flujo, poniendo al revés la almohada.

- ¡Gilipollas!- le respondió Alina con todas sus fuerzas. Luego se oyó la cisterna

Antes de que acabase de llenarse de agua la cisterna ya salía del lavabo acariciándose el trasero. Estaba entre malhumorada y risueña, pero sobretodo dolorida. Lo apartó de un manotazo y se tumbó a su lado

- Eh, que esta zona está mojada.

- Te jodes. Venga, vamos a dormir que estoy molida y mañana madrugamos- Dijo Alina tapándose. Él sonrió, poniéndose de lado para no dormir encima de las manchas.

Se despertaron pronto y la mar de relajados. No daba tiempo a más polvos, una pena pensó ella, pero no le iría mal un poco de descanso a sus partes. Se ducharon, vistieron y fueron a desayunar.

El aire fresco de la calle los acabó de despertar; camino a la nave no dijeron nada. En la sala de juntas les esperaban todos los directivos y Benito, el jefe.

- Con algunas reticencias aceptamos la propuesta última- Dijo Benito entregándoles los papeles firmados.

“¿La de que te la folles también?” Susurró su jefe al oído al estrecharle la mano. Benito miró a Alina directamente a los ojos y después a Severino. Ni oyó ni quiso contarle lo que le había respondido en todo el viaje de vuelta.