Historias del complejo. Segunda serie. (35)
La confianza se hizo añicos en un instante, pero el amor no se apaga tan fácil. Mientras Javier intenta reconstruir su vida lejos de su traición, un viejo amigo le recuerda que el perdón es un camino, no un destino. Y en el silencio de su nuevo hogar, una ciclista inesperada comienza a girar las ruedas de su soledad.
Prólogo
Días después de que en el mes de febrero Laura dejara el complejo con su amiga Alejandra, empecé a pensar en cómo podría hacer para ubicar a Javier, y mi primera opción, era tratar de contactar con alguno de los chicos de aquella barra de amigos de la niñez y adolescencia.
El Facebook fue mi primera opción, Javier no tenía una cuenta de Facebook a su nombre y estuve buscando a otros chicos de la barra por sus nombres, encontrando a Luis Barone, a Fabián Cáceres y a Miguel Bontempi, Miguelito para nosotros en aquella época.
Les envié solicitud de amistad y un mensaje a los tres, diciéndoles quien era, pero recién unos quince días después, fue Miguelito quien me respondió el mensaje, intercambiamos números de teléfono y hablamos en un par de ocasiones.
Fue el quién me dio el contacto telefónico de Javier, pero diciéndome que no estaba seguro de que fuera el número que utilizaba actualmente, él lo tenía desde hacía unos años.
Le conté a Mora lo que había encontrado, lo que venía pensando y ese mediodía de principios de agosto, me decidí y lo llamé por teléfono.
Por suerte aún utilizaba esa línea telefónica y fue realmente emocionante volver a hablar después de tantos años.
Lo que ocurrió luego, queda expresado en las páginas de esta historia, que por ser de alguien que en algún momento fue parte de mi vida, ha tenido una coonotación especial para mí el escribirla.
Desde luego a partir de ese primer llamado, hemos seguido en contacto hasta el día de hoy, por llamadas, por mensajes y lógicamente, nos hemos visto varias veces en persona.
La historia de Javier
Capítulo 1
Estoy en un décimo piso y desde la amplia puerta ventana del estar comedor que da al pequeño balcón, puedo ver el mar, a pesar de estar a poco más de dos cuadras.
Las casas y edificios que nos separan, no me permite ver la playa, pero si la impresionante belleza de esa inmensa masa de agua que a lo lejos se junta con el cielo.
Ya está clareando el día, y me gusta ver cuando el sol se asoma sobre el mar, casi siempre con la taza de café en una mano, y un cigarrillo en la otra, sentado en la reposera que tengo siempre en el balcón, y en la que me siento a pensar y a ver el mar, varias veces al día.
Sin dudas el mejor momento es el amanecer, si el día está despejado, la mejor postal.
Termino el café, las últimas pitadas al cigarrillo, y me voy al baño a darme una ducha.
Me cambio, formal pero sport, rara vez voy de traje, solo cuando mi agenda indica alguna reunión importante, lo normal es un pantalón de vestir y una camisa, y los días de frío, un pullover y una campera por encima.
La sede de la consultora, de la que estoy a cargo, está a tan solo cuatro cuadras del pequeño pero confortable departamento, que alquilé días antes de la Navidad del año pasado, hace casi ya, ocho meses.
Había estado varias veces en esta ciudad, pero muy distinto es venir de veraneo como turista, a vivir permanentemente aquí.
En la consultora trabajamos de lunes a viernes, y cada fin de semana, lo he aprovechado para recorrer esta enorme ciudad, muchos días en la bicicleta que me compré los primeros días del año, y otras veces en el auto, sobre todo los fines de semana de mal tiempo.
Los sábados y los domingos, a pesar de tener la posibilidad de dormir hasta más tarde, mi reloj corporal, me hace abrir los ojos a las seis y media de la mañana, y en esos días, luego del infaltable café y el cigarrillo, salgo a pasear por la ciudad.
Soy Javier Omar Peralta Ponce, a meses de cumplir los cuarenta y dos años, estoy a cargo de la sede Mar del Plata, de una consultora cuya casa matriz está en La Plata, ciudad donde nací, crecí y viví hasta los primeros días de diciembre del año pasado.
Nunca tuve pensado dejar la ciudad, pero las circunstancias de mi vida, hicieron que tomara la decisión de aceptar este cargo, que en un principio había rechazado, pero qué semanas después terminé aceptando, lo que implicó mudarme a esta gran ciudad.
Los últimos días de noviembre y primeros de diciembre del año pasado, junto con algunos otros compañeros de la consultora, vinimos para armar y dejar funcionando esta sede, y ese hecho que transformó mi vida, me hizo tomar esta decisión.
Estoy aún casado con María Laura Miranda, sin dudas fue y será el amor de mi vida, aunque ahora vivo aquí, y ella sigue viviendo en La Plata, o al menos eso es lo que supongo.
¿El motivo? Esos días del año pasado que vinimos a Mar del Plata para montar esta sede, fue la primera vez que estaba tantos días separado de mi esposa, cada uno de esos días que estuve aquí, la extrañé muchísimo, y deseaba con todas mis ganas, volver a casa para estar con ella.
La combi que nos llevó de vuelta a la ciudad de La Plata, nos dejó en la consultora, y luego de entrar y acomodar algunos papeles, busqué rápidamente un taxi para volver a casa.
Entré al edificio, llamé el ascensor, y al bajar y dar unos pasos por el pasillo hasta nuestra casa, al levantar la vista la vi parada en la puerta del departamento, con lágrimas en los ojos, y pensé que al igual que yo, me había extrañado tanto que estaba emocionada de volver a verme.
La abracé y nos besamos, le dije cuánto la había extrañado y raro en Laura, en ese momento no me dijo nada.
Entramos hasta la que en ese momento era nuestra casa, y me dijo que tenía que contarme algo, me llamó la atención que fueran sus primeras palabras después de tantos días, pero le dije que me contara lo que había pasado y me dijo que había pasado algo que no debería de haber pasado, que había sido la peor equivocación de su vida, y que se arrepentiría hasta su último suspiro, y fue luego de esas frases, en unos pocos segundos y sin dejar de llorar en ningún momento, que me confesó que el fin de semana anterior, se había acostado con otro hombre.
Esas palabras fueron como un hachazo por la espalda, tan profundo qué partió mi corazón al medio, por su cara y porque lo dijo sin mirarme a los ojos, supe qué era verdad, una verdad que en ese momento destrozó mi vida, todos esos años que llevábamos estando juntos, todos los momentos vividos, se hicieron añicos ante su confesión.
No pude contener el llanto, las lágrimas me brotaron solas, me tomó tan desprevenido que no tuve reacción, no me salió gritar, ni insultar, ni pedir explicaciones, ¿para qué? aún sabiendo con quién y en qué circunstancias, las cosas no cambiarían.
Se me cerró la garganta, y fui hasta la cocina por un vaso de agua, y en ese breve momento, sentí que ya nada tenía sentido, mi sincero amor de todos estos años, mi dedicación a ella, mi apoyo incondicional y todos los momentos vividos, no habían servido para evitar que se entregara a otro hombre.
No supe qué hacer ni qué decir en ese momento, mi cabeza era un hervidero de pensamientos, nada en claro, todo revuelto, miles de imágenes se cruzaban, y decidí tomar mi maleta, con la que acababa de llegar, y volver a salir por esa puerta, irme de ese lugar al que tantas veces había deseado volver, tan solo para estar con ella, para compartir nuestra vida como lo hacíamos desde hacía tanto tiempo.
Arrastrando la maleta fui hasta la puerta del departamento, y lo único que me salió decirle, fue que eso si que no me lo esperaba, y dando unos pasos más, volví a darme vuelta y a decirle que no me llamara ni me buscara.
Caminó tras de mí hasta el ascensor, no volví a mirarla, entré y mientras las puertas se cerraban nuestras miradas se encontraron, llorosas las dos, la suya supongo que por la culpa, la mía por no esperarme algo así de ella.
Salí del edificio arrastrando mi maleta, caminando varias cuadras sin un destino.
En el primer kiosco que encontré, compré un atado de cigarrillos y un encendedor, años hacía que no fumaba, pero en ese momento tuve la necesidad de hacerlo.
Ni sabía por dónde iba, pero unas cuadras después llegué a la plaza Belgrano, y me senté en uno de los bancos a fumar y a llorar.
Se hizo de noche y cansado como estaba del viaje, y de llorar, y del dolor en el alma, necesitaba que ese día por fin terminara.
Me acordé de un hotel a unas cuadras de la Catedral de la ciudad, y hasta allí me fui caminando, contraté una habitación en un principio por dos días, ya luego vería qué hacer.
Apoyé la maleta sobre la cama, al abrirla me encontré con la bolsa del regalo que tan ilusionado había comprado para ella, un vestido que al verlo en la vidriera, me la imaginé con él puesto, y sin dudarlo entré y lo compré.
Busqué ropa para cambiarme y me di un baño, me cambié y bajé a comer a un restaurante que está a pocos metros del hotel.
A pesar de no haber comido nada desde el almuerzo, no pude terminar el plato, pero sí las dos botellas de cerveza de un litro, que me tomé intentando adormecer las voces en mi cabeza y la puntada en el pecho.
La amable moza, me preguntó si deseaba comer postre, pero le dije que no, que tan solo un café y un whisky.
Bastante mareado volví al hotel y me tiré en la cama.
A pesar de estar molido y bastante alcoholizado, las preguntas que se agolpaban en mi cabeza, no me permitieron dormir, hasta un buen rato después.
¿Qué había hecho mal? ¿Que faltó en nuestro matrimonio para que terminara acostándose con otro? ¿No era suficiente el sexo que teníamos? ¿Qué sentimientos tenía para con ese otro hombre? ¿Desde cuándo? ¿Habría sido tan solo esa noche? Muchas preguntas de las que creo no quería saber las respuestas, cualquiera fueran, no mitigarían ese dolor.
Desperté el domingo al mediodía, con un terrible dolor de cabeza, ya había pasado la hora del desayuno del hotel, y salí a buscar algún lugar para tomarme un café solamente, ni hambre tenía.
Después de un café en un bar del diagonal setenta y cuatro, me senté a fumar en la plaza Moreno, y a buscar una farmacia abierta, para comprar algo que me quitara el tremendo dolor de cabeza, pero sin dudas, nada encontraría allí, que me quitara el dolor del alma.
Deambulé sin rumbo toda la tarde, preguntándome una y otra vez qué es lo que había pasado.
Sentado en una cervecería a un par de cuadras del hotel, terminando la segunda cerveza negra artesanal, decidí que al día siguiente, hablaría con los directivos de la consultora, para saber si aún estaba vacante, el cargo que hace semanas me habían ofrecido en la nueva sede de Mar del Plata, pero que había rechazado.
Necesitaba alejarme, necesitaba replantear mi vida de ahora en adelante, sentía una extraña mezcla de sentimientos, incredulidad, decepción, dolor, enojo, tristeza, lo que no podía era odiarla, y en ese momento pensé que quizás nunca podría, estaba tan dentro de mi ser, que me resultaría casi imposible, incluso olvidarla.
Fueron muchos años, muchas cosas, muchos momentos, muchas coincidencias, unas pocas diferencias, siempre supe que toda mi vida sería a su lado, la había elegido hacía muchos años, y la seguía eligiendo cada mañana al despertar y verla a mi lado.
¿Cómo se hace para seguir después de esto? ¿Qué carajo hago con esto que siento?
Hace muchos años que me entregué a ella en cuerpo y alma, y tuve oportunidades para serle infiel, vaya si las tuve..., varias, pero en cada una de ellas, mi amor y el respeto hacia ella y hacia nuestro matrimonio, estuvieron por delante.
Compañeras de trabajo, clientas y hasta alguna chiquilla, en una noche de cerveza con amigos.
Si bien no soy un ejemplar masculino que sobresalga, tengo un cuerpo normal, ni gordo ni flaco, cuando el tiempo me lo permitía, salía a correr, mi cara tampoco es para hacer un cuadro, y suelo usar barba, a veces sí, a veces no.
Recuerdo aquella fiesta de fin de año de la empresa, en la que quizás animada por el alcohol, Carolina, una de las chicas de la oficina de asuntos legales, con la que habíamos trabajado y hablado muchas veces, bailó conmigo un par de canciones, y luego nos acercamos a la barra en busca de un trago.
Fue en ese momento que mirándome a los ojos, me propuso ir a su casa a terminar la noche, que desde hacía tiempo, buscaba la oportunidad de tener algo conmigo, y que seguramente solo por el alcohol ingerido se había animado a proponérmelo esa noche.
Amablemente le dije que era una chica encantadora, que en verdad lo es, y que además me parecía una mujer hermosa, tanto en su físico como en su personalidad, y que si no estuviera casado, y enamorado de mi esposa, de muy buen grado hubiera aceptado su propuesta.
Vio mi frontal rechazo, y pidiéndome perdón, me dijo que me entendía y que en algún momento le gustaría tener un hombre así a su lado.
Antes de irse me dio un beso en la mejilla, y me pidió que no pensara mal de ella, que no era su estilo tener propuestas de ese tenor con cualquier hombre, y que por favor esa situación no cambiara la relación laboral que teníamos.
La dejé tranquila diciéndole que eso sería un secreto entre nosotros dos, y que para mí seguiría siendo la Carolina de siempre.
Seguramente cualquier otro hombre hubiera aceptado la propuesta, una mujer entregada así, sin reparos, sería una tentación para muchos, pero en el momento de su propuesta, mi esposa Laura estaba presente, presente en mi corazón, en mi cabeza y por delante, estaba mi respeto hacia ella y hacia nuestro matrimonio.
Un tiempo después, estuve asesorando financieramente y en el tema de franquicias a dos mujeres de unos casi treinta años, que luego sabría que eran lesbianas y estaban en pareja. Luego de varios encuentros, cuando ya tuve preparado el proyecto para presentarles, me pidieron por favor si podía acercárselos a su local.
No es lo habitual, pero como su negocio quedaba de camino a casa, decidí pasar y dejarles el folder para que lo analizaran.
Su negocio era un amplio local de venta de ropa femenina, calzados y accesorios, con tres empleadas trabajando allí.
Cuando me vieron llegar me saludaron amablemente, me pidieron que las acompañara y caminé tras ellas hacia el frente del local.
Pensé que nos dirigíamos para alguna oficina, pero saliendo del local, una de ellas abrió una puerta junto al local, que al terminar de abrirse pude ver tras ella una escalera.
La otra mujer me dijo, que arriba era donde vivían, y subimos, allí podríamos hablar tranquilos y sin interrupciones, según sus palabras.
Nos sentamos en los sillones del amplio estar comedor y una de ellas fue a traer café.
Mientras tanto abrí la carpeta, y le fui explicando a la mujer que había quedado sentada junto a mí, algunos detalles de la propuesta.
Terminamos el café al momento en que terminaba mis explicaciones, y una de ellas, me miró a los ojos me dijo que necesitaban hablar otra cosa conmigo.
Las dos estaban sentadas muy juntas en el sillón más largo, y yo en el sillón individual a un costado.
Me contó que la relación entre ellas llevaba poco más de tres años, que ninguna de las dos había tenido una relación con otra mujer anteriormente, las dos habían tenido parejas masculinas, pero se habían enamorado y tiempo después, habían decidido vivir juntas.
Entonces habló la otra mujer, contándome que su intimidad era muy buena, pero que en varios de sus encuentros sexuales, habían fantaseado con estar ambas con un hombre, y que luego de conocerme, y haber hablado conmigo en varias ocasiones, las dos habían decidido, ofrecerme esa posibilidad.
Estoy seguro que cualquier hombre alucinaría con eso, la posibilidad a la mano de estar con dos hermosas mujeres, y que además esas dos mujeres hicieran cosas entre ellas, sería una situación por demás morbosa, y sin dudas la mar de excitante.
Pensé un momento mi respuesta, aunque no para decidir si aceptaba o no, sino buiscando la forma más amable, de declinar a tan tentadora y excitante propuesta, porque además, eran clientas de la consultora.
No soy de piedra, y lógicamente vinieron a mi mente, imágenes de ellas dos desnudas en la cama y yo en medio entreverando nuestros cuerpos.
Les dije que me sentía halagado ante tan excitante invitación, y por ser el hombre elegido por dos hermosas mujeres para compartir su intimidad, pero que estaba realmente enamorado de mi esposa, y la respetaba por sobre todas las cosas, también que me parecían dos mujeres muy atractivas y les deseaba que pudieran encontrar a ese hombre que necesitaban.
Una de ellas me dijo que me entendía, y en verdad me admiraba por la integridad en mi relación, y la otra agregó que ya se habían percatado de la alianza de matrimonio en mi dedo, pero de todas formas habían decidido intentarlo.
Ambas me pidieron perdón por el ofrecimiento, aclarándome que nada tenía que ver con nuestra relación laboral, y con una sonrisa me dijo, “¿amigos como siempre?”.
Me despedí de ellas con un beso, quedando de acuerdo en que luego de leer detenidamente la propuesta, se comunicarían conmigo.
Una de ellas me acompañó hasta la planta baja, y con un último beso, me despedí y caminé hasta mi auto.
La otra ocasión, había sido una noche en que estábamos tomando unas cervezas con dos amigos en una céntrica cervecería.
Mis dos depredadores compañeros de mesa, al ver a dos chicas solas, se acercaron a hablar con ellas, y a mitad de la tercera cerveza, una chica de no más de veinte años, se sentó a mi lado, se presentó muy risueñamente y sin rodeos me dijo que me había estado observando desde que habíamos entrado al bar, y me invitó, con carita de niña que no ha roto un plato, a pasar un buen momento en su departamento que estaba a un par de cuadras.
La niña estaba de buen ver, con un pantalón blanco ajustado y una remerita que no le tapaba el ombligo, realmente una tentación, pero le dije que estaba casado, y que tan solo había ido a tomar unas cervezas con los amigos, ¿qué boludo no?.
Hablamos por un momento, en el que intentó una última movida para convencerme, diciéndome qué le gustaban los hombres mayores que ella y que en la cama no decía que no a nada.
Le dije que a pesar de que me parecía una chica hermosa, no le sería infiel a mi esposa.
Diciéndome que había sido un gusto conocerme, se despidió con un beso y se fue de la mesa.
Y la última situación que me tocó vivir, fue en esos días en que vinimos a Mar del Plata a montar la sede.
En esa oportunidad, vinimos cinco hombres y una chica, Fabiana, la sub jefa del departamento de compras.
La empresa contrató cuatro habitaciones en el hotel, en dos de ellas, dormían los compañeros, en la otra Fabiana, y en la restante yo.
Salíamos a cenar los seis juntos todas las noches, en una de esas noches, luego de la cena los otros cuatro compañeros, se fueron a tomar unas copas a un bar, y con Fabiana volvimos caminando las tres cuadras que nos separaban del hotel.
De camino Fabiana encendió un cigarrillo, y a pesar de que me hubiera fumado uno, le agradecí negándome cuando me lo ofreció.
Llegamos a la puerta del hotel y como dentro no está permitido fumar, nos quedamos en la vereda conversando hasta que Fabiana terminara su Camel.
Cuando entramos al hotel y caminamos hasta el ascensor que nos llevaba al tercer piso, Fabiana me miró de una forma que en ese momento no comprendí muy bien.
A llegar al piso, caminamos esos metros por el pasillo, su habitación era la primera que encontraríamos, la mía estaba un poco más adelante.
Al llegar a su puerta, la abrió y volvió a tener esa mirada que había tenido en el ascensor, quizás evaluándome, y antes de que me despidiera de ella, me dijo mirándome a los ojos, que le encantaría que entrara a su habitación y pasara la noche con ella.
Tengo que repetir que no soy de piedra, y conociendo su cuerpo menudo pero bien proporcionado, estaba seguro de que podría ser una noche para no olvidar, pero inmediatamente Laura se cruzó por mi cabeza, y le dije a Fabiana que si no estuviera casado, sin dudarlo entraría con ella a la habitación.
Fabiana bajó la vista como avergonzada, pero con mi mano en su mentón, levanté su cara para que volviera a mirarme.
Sinceramente me dijo que desde que se había separado de su novio hace más de siete meses, no había estado con ningún hombre y que tenía necesidades.
Le dije que con su belleza no le faltarían candidatos, pero que no quería serle infiel a mi esposa.
Antes de despedirme de ella le dije que eso quedaría entre nosotros dos, que nunca nadie sabría de esa conversación.
Nos dimos las buenas noches, y caminando los metros que faltaban entré a mi habitación.
¿Hubiera podido yo en alguna de esas oportunidades, estar con otra mujer y volver a casa como si nada hubiera pasado? Estoy seguro que no.
Sin lugar a dudas cualquiera de esas situaciones, me habrían aportado una gratificación a mi apetito sexual, pero en ese caso mi cabeza hubiera hecho lo suyo, y con seguridad me hubiera torturado la culpa.
¿Pudo pensar Laura en mí en ese o en esos momentos?
En todos estos años sentí que nuestro amor no tenía fisuras, ¿qué falló en mí, para no darme cuenta? ¿Confianza ciega en ella? ¿Falta de comunicación? ¿O tan solo secretas fantasías jamás contadas?
¿No pudo ella anticiparse a la culpa que sentiría luego de consumado el o los hechos?
Claro está que no, pero prefiero pensar que no pudo, a que no le importó.
Ese lunes siete de diciembre, llegué a la empresa como cada mañana, y le pedí a la secretaria de mi director, una reunión con él, que era quien me había ofrecido hacerme cargo de la sede de Mar del Plata.
Me dijo que tenía una reunión a las nueve de la mañana, y que me avisaría cuando terminara.
A las once y cuarto me llamó, y fui hasta su despacho.
Nos saludamos amablemente estrechando nuestras manos, y le conté lo que había sido el viaje, como había quedado todo, y también de las personas que habían sido contratadas.
Luego le pregunté si aún seguía en pie la oferta que me había hecho.
Me miró con cara de asombro, pero me confirmó que aún estaba vacante ese puesto.
Sin pensarlo le dije que aceptaba, y que me dijera cuando tenía que presentarme en la nueva sede.
Me dijo que lo antes posible, que me tomara los días necesarios para arreglar todas mis cosas en La Plata, y que le avisara cuando podía viajar.
Esa misma tarde, y nuevamente ante su cara de asombro por la rapidez de mi respuesta, le dije que podía irme al día siguiente sin problemas.
Un rato después, su secretaria me informó, que la empresa me contrataría un hotel, hasta que encontrara un lugar para vivir, y que también la empresa, abonaría la mitad del alquiler del lugar que yo escogiera.
Me terminé yendo el jueves de esa semana temprano en la mañana, luego de dejar el hotel, cargué la maleta en el auto, y me fui.
Tan solo tres días me demoró encontrar este departamento completamente amueblado, ya que no tenía nada, tan solo mi maleta con ese poco de ropa.
Lo primero que tuve que comprar fueron sábanas y toallas, ya luego me compraría algo más de ropa.
La primera noche que dormí en el departamento, no pude evitar las lágrimas, mi vida había dado un giro tristemente inesperado, y quizás esta decisión, había sido tomada a las apuradas, por el dolor de su traición, definitivamente me abrumaba como nada lo había hecho en mi vida.
En esos primeros días, me compré algo más de ropa, otras cosas para la casa y también una compra grande de comida y bebida.
A mediados del mes de febrero, me sonó el teléfono y era un número de La Plata, pensando que era alguno de los compañeros de la consultora, atendí.
-JAVIER: Hola...
-ALEJANDRA: ¿Hola, Javier?
-JAVIER: Sí, ¿quién habla?
-ALEJANDRA: Soy Alejandra, la amiga de Laura!
-JAVIER: Hola Ale!
-ALEJANDRA: Perdón por el llamado, pero quería saber cómo estás! Lógicamente estoy al tanto de lo que pasó, y hace días que quería llamarte, pero no me animaba! Y desde ya te digo que no hablo de parte de Laura, ella no está al tanto de esta llamada.
-JAVIER: Tranquila, no pasa nada! Bueno, qué decirte... creo que en un momento difícil de mi vida...
-ALEJANDRA: Supe que ya no estás en la consultora!
-JAVIER: No estoy en la consultora, ni estoy en La Plata, pero perdóname que no te diga dónde estoy, entenderás por qué...
-ALEJANDRA: Te entiendo, no llamé para eso, solo que me interesaba saber cómo estabas, y decirte que aunque sea su amiga, podes contar conmigo, si en algún momento necesitas hablar con alguien, este es mi teléfono!
-JAVIER: Gracias Alejandra!
-ALEJANDRA: Sé que no fue fácil para vos...
-JAVIER: En verdad no me lo esperaba!
-ALEJANDRA: Sinceramente yo tampoco! Cuando lo supe no lo podía creer!
-JAVIER: Será que nunca terminamos de conocer completamente a las personas...
-ALEJANDRA: Quizás todos tengamos nuestros secretos!
-JAVIER: Creí que no los teníamos, pero bueno...
-ALEJANDRA: A veces me gusta pensar que las cosas pasan por algo, no lo sé, quizás porque aún tenemos algo que aprender...
-JAVIER: Puede ser... aunque en este momento no tendría en claro que sería lo que tengo que aprender yo… o quizás ella...
-ALEJANDRA: Y no me gusta pensar que valoramos algo cuando no lo tenemos!
-JAVIER: A mí tampoco y he valorado cada momento vivido, para bien o para mal...
-ALEJANDRA: De todo lo que nos pasa se aprende querido Javi, aunque a veces no lo comprendamos!
-JAVIER: Eso es cierto! pero hay cosas que duelen...
-ALEJANDRA: Claro que si... y también duele saber del sufrimiento de los que queremos!
-JAVIER: Tal cual!
-ALEJANDRA: No te quito más tiempo Javi! Si no te molesta, me gustaría llamarte de vez en cuando, para saber cómo andas!
-JAVIER: Por supuesto!
-ALEJANDRA: Te mando un beso grande, y espero que poco a poco, puedas remontar este mal momento!
-JAVIER: Gracias Ale por el llamado! Un beso para vos también!
Lógicamente que con ese llamado, Laura se iba a enterar de que ya no estoy en La Plata, quizás en algún momento pueda encontrarme con ella, pero hoy no sabría cómo enfrentar esa situación, han pasado meses, y el dolor sigue estando allí.
Muchas veces me he preguntado si podría perdonarla, y a pesar de lo que pasó, sigue estando en mi corazón, seguramente la podré perdonar en algún momento, creo haber visto, por lo mal que se sintió ese día, qué lo que pasó con ese otro hombre, fue una equivocación, y que seguramente debe estar arrepentida de lo que hizo.
También he pensado muchas veces, en cómo me sentiría yo si la situación hubiera sido a la inversa, si hubiera sido yo, el que cometió la infidelidad.
Con seguridad me hubiera arrepentido, también se lo hubiera confesado, no podría cargar con la culpa de una mentira así.
Eso es algo que valoro, tuvo el coraje de decírmelo a la cara y enfrentar las consecuencias.
A partir de estar aquí, mi vida se convirtió en trabajo, departamento y paseos los fines de semana.
En verdad paso poco tiempo en el departamento, sobre todo desde hace poco más de cuatro meses, qué fue cuando Amalia, una amable vecina del octavo piso, que está jubilada con la mínima, me comenzó a ayudar en las tareas de la casa, lavando y planchando mi ropa, cocinando y haciendo la limpieza.
Su jubilación apenas le alcanza para vivir y en una conversación, me dijo que se ganaba unos pesos más, trabajando en casa de familia.
No soy millonario ni nada que se le parezca, pero me conmovió esa charla, y le ofrecí trabajar en casa por una suma mensual, que supera ampliamente su jubilación.
Amalia es un sol, viuda hace casi diez años, no tuvo hijos, y la única familia que le queda, es una hermana menor que vive en la ciudad de Córdoba.
Hace un par de semanas, me comentó que hacía casi dos años que no la veía, que ella no podía venir, porque su esposo había tenido un accidente, y podía caminar pero con mucha dificultad, y ella no podía ir para Córdoba, porque el dinero no le alcanzaba para el pasaje.
Así como al pasar, le pregunté si le gustaría ir a Córdoba, y me dijo que estaba juntando dinero para ver si podía irse antes de fin de año, y pasar con ella las fiestas.
Me encariñé tanto con ella en este tiempo, que le dije que yo mismo le compraría los pasajes, el de ida y el de vuelta, para que pasara con su hermana los días que ella quisiera, y que por supuesto su sueldo sería el mismo.
Me lo agradeció con lágrimas en los ojos y un abrazo.
Hace un par de semanas, un martes al mediodía, de los primeros días de agosto, estaba a punto de almorzar cuando sonó mi teléfono y pensé que volvería a ser Laura, que desde que me fui de casa, lo ha hecho muchas veces, pero no he podido atenderla, también mensajes y audios, que aún no he podido leer ni escuchar, pero al ver la pantalla del teléfono, vi que era un número de La Plata que no tenía agendado.
Pensé un momento sí atendía esa llamada, podría ser Laura desde otro teléfono, pero pensando que quizás fuera alguien de la consultora o algún conocido de allí, decidí atenderlo y me llevé una sorpresa, la voz al otro lado del teléfono, dijo algo que me sorprendió y me remontó a mucho tiempo atrás.
-JAVIER: ¿Hola?
-GABRIEL: ¿Pepo?
Esa simple pregunta me llevó a mi infancia, al barrio donde nací y me crié, a esas eternas tardes de interminables partidos en la canchita de fútbol, y si alguien me llamaba de esa manera, significaba que me conocía de esa época, porque luego de que me mudara a Villa Elisa, nadie más me había llamado así.
-JAVIER: ¿Quién habla?
-GABRIEL: Espero te acuerdes de mí, soy Gabriel García!
-JAVIER: ¿Jején?
-GABRIEL: El mismo querido Pepo!
-JAVIER: Qué alegría escucharte Jején! Cuántos años!
-GABRIEL: Realmente! Deben ser como treinta Pepo!
-JAVIER: Cuánto hacía que nadie me decía Pepo! Desde que me fui del barrio a los doce!
-GABRIEL: Lo que son las vueltas de la vida! Contame de vos, ¿Qué es de tu vida? ¿Te has casado? ¿Tenés hijos?
-JAVIER: Sí, me he casado hace años, pero no hemos podido tener hijos!
-GABRIEL: ¿Seguís en La Plata? Yo hace unos años que me fui de la ciudad, ya algún día te contaré la historia, ahora estoy viviendo en La Lucila del Mar, tenemos aquí con mi esposa, un complejo turístico! Y por eso es que busqué la forma de contactarme con vos! Cuando el año pasado vi una reserva a tu nombre y de María Laura Miranda, te digo la verdad, me emocionó poder volver a verte después de tantos años, pero como no vinieron en ese mes de febrero, me preocupé pensando que algo podría haber pasado, y por eso estuve intentando ubicarte, y fue Miguelito quién me pasó tu número de teléfono!
-JAVIER: Jódeme que sos el dueño del complejo “Mi destino”!
-GABRIEL: Así es Pepito! Ya te contaré cómo fue que dejé La Plata para venirme a vivir aquí ya hace unos años!
-JAVIER: Yo en este momento, estoy a cargo de la filial de Mar del Plata de una consultora que tiene la casa matriz en La Plata, pero por esas vueltas de la vida, desde fines del año pasado me vine para aquí!
-GABRIEL: ¿Estás viviendo en Mar del Plata entonces?
-JAVIER: Así es!
-GABRIEL: Este fin de semana no, el próximo voy a andar por Mar del Plata visitando a una amiga, y en verdad me gustaría verte, si es posible claro!
-JAVIER: Por supuesto! Me encantaría! Aunque la verdad no sé si podría reconocerte después de tantos años!
-GABRIEL: Es verdad, han sido muchos años, pero me gustaría recordar con vos esos viejos tiempos, al menos para mí, fue una época muy feliz de mi vida!
-JAVIER: Para mí también por supuesto! Recuerdo que cuando mis viejos me dijeron que nos mudábamos a Villa Elisa, me cayó re mal, no me quería ir del barrio, por eso volvía con mi vieja cada vez que ella iba a visitar a Susana!
-GABRIEL: ¿Has tenido contacto con algún otro chico de la barra?
-JAVIER: Hasta hace un tiempo, con Miguelito, nos hablábamos por Facebook, él está viviendo en Córdoba desde hace varios años, pero no nos hemos vuelto a ver.
-GABRIEL: Qué bueno estaría poder reunirnos todos alguna vez!
-JAVIER: Realmente! Y jugarnos un picadito!
-GABRIEL: Jaja! Hay que ver si nos da el cuerpo!
-JAVIER: Ya hace muchos años que no juego al fútbol! El trabajo, los horarios, las obligaciones..., bueno..., la vida misma!
-GABRIEL: Ni más ni menos! Voy a ir con Mora a Mar del Plata a visitar a esa amiga, seguramente nos quedaremos allí el sábado y el domingo regresaremos para la Lucila, si te parece te llamo y nos encontramos!
-JAVIER: Sí dale! Los fines de semana yo no trabajo!
-GABRIEL: Y de paso conocés a Mora!
-JAVIER: Dale! Voy a estar ansioso esperando ese fin de semana!
-GABRIEL: Te mando un abrazo Pepo querido!
-JAVIER: Otro para vos Jejen! Nos vemos en unos días!
Corte esa comunicación que me produjo una inmensa alegría, una que hacía tiempo no tenía.
Mi infancia fue una época muy feliz, esas tardes en la canchita eran eternas, nos agarraba la noche jugando al fútbol, y con Jejen éramos los mejorcitos, y cuando jugábamos juntos, rara vez perdíamos un partido.
Qué linda época por Dios!
Y en ese momento, recordé ese viaje que tan ilusionados habíamos preparado, esa noche en que me sorprendió con la reserva, pero que se vio truncado por esa tormenta desatada en nuestro matrimonio.
Algunas noches, sentado en el balcón, fumando y mirando el mar, extraño la vida que teníamos, las charlas, los viajes, ese día a día que no hacía más que confirmarme que eso era lo que quería, lo que había deseado, lo que sentía que sería el resto de nuestras vidas.
¿Qué pasó la puta madre? ¿Por qué tuvo que pasar? ¿Por qué Laura? ¿Por qué?
Y otras tantas veces me pregunto, ¿cómo será su vida en estos meses?
En esta película, yo he sido la víctima, y ella la villana, pero de todas formas no creo que lo esté disfrutando, conociéndola supongo que no al debe haber pasado bien, aunque después de estos meses, quizás su vida haya tomado otro camino.
Ese sábado a media mañana, me llamo Jején, diciéndome que ya estaba en Mar del Plata, que almorzaba con su amiga, y más o menos después de las dos de la tarde, estaba libre.
Quedamos en encontrarnos a las cuatro de la tarde en un café del centro que ambos conocíamos.
Cuando cortamos la llamada, Jejen se tomó una selfie y me la envió, para que pudiera reconocerlo, me reí e hice lo mismo, sin dudas estábamos muy cambiados, ya casi nada quedaba de nuestras caras de niños.
Llegué al café antes de las cuatro, más que nada por si había gente a esa hora, para poder conseguir una mesa.
Conseguí una justo contra la ventana que daba a la calle, a unos metros de la entrada.
A las cuatro en punto lo vi llegar caminando, entró al bar, y yo me puse de pie para que me viera, cuando me vio se sonrió y se acercó hasta mí.
Nos dimos un fuerte abrazo.
-JAVIER: Qué gusto volver a verte Jejen!
-GABRIEL: También es un gusto para mí Pepito, después de tantos años!
-JAVIER: Se te ve muy bien!
-GABRIEL: A vos también Pepo! Qué bueno verte!
Luego del abrazo nos sentamos.
-JAVIER: Lo que son las vueltas de la vida, después de tantos años, y sin saberlo, nos podríamos haber encontrado en febrero! Pero bueno, las cosas se torcieron un poco...
-GABRIEL: Por lo que entendí, estás solo acá, ¿es así? ¿Es por el momento?
-JAVIER: En verdad no lo sé... mi vida se torció en diciembre, y es por eso que no pude ir al complejo en febrero.
-GABRIEL: ¿Problemas en el matrimonio?
-JAVIER: Sí, y de los gordos!
-GABRIEL: ¿Qué pasó?
-JAVIER: A finales de noviembre y primeros días de diciembre, vinimos de la casa matriz de la consultora diez días a Mar del Plata, a montar la sede en la que estoy trabajando actualmente, y ese cinco de diciembre que volví a La Plata, Laura, mi esposa, me confesó a los pocos minutos de entrar en casa, que se había acostado con otro hombre el fin de semana anterior!
-GABRIEL: Uyyy Pepo! Cuánto lamento escuchar eso! Créeme que entiendo por lo que estás pasando! Viví algo igual, y eso es una de las razones, por la que ahora estoy viviendo en La Lucila!
-JAVIER: Te juro que eso me destrozó, creí que todo estaba bien con ella, siempre sentí que estaríamos juntos toda la vida!
-GABRIEL: Te entiendo Pepo, fue un balde de agua helada! Y si todo estaba bien, te agarró con la guardia baja!
-JAVIER: Tal cual! Y en ese momento no pude con el dolor, y me fui de casa con la misma maleta con la que había llegado, estuve ese fin de semana en un hotel de La Plata, y el lunes mismo en la consultora, le dije al director que aceptaba venirme a Mar del Plata y hacerme cargo de la nueva sede.
-GABRIEL: ¿Y no has vuelto a La Plata desde entonces?
-JAVIER: No, y tampoco he podido hablar con ella! Me ha llamado muchas veces, pero no la atendí, me ha mandado también muchos mensajes y audios, que tampoco he podido leer ni escuchar!
Fueron muchos años, muchas cosas vividas, de verdad que no me esperaba algo así! No de ella! La he amado desde que la conozco, siempre intenté ser el mejor esposo, el mejor hombre a su lado, la he apoyado mucho, y siempre sentí que me correspondía, por eso es que te digo que creí que con ella sería para toda la vida.
-GABRIEL: Creo que con lo que me decís, creo entender que aún la seguís amando!
-JAVIER: Nunca podría negarte eso! Desde ese día no hay momento que no piense en ella, ni siquiera en ese momento he podido odiarla, y pienso muchas veces en los buenos momentos qué hemos pasado juntos, pero luego se me vienen a la cabeza sus palabras, y te juro que hago el esfuerzo por entender, me preguntó una y mil veces que hice mal!
-GABRIEL: Seguramente nada hayas hecho mal, pero hay circunstancias en la vida que nos ponen a prueba, a veces salimos airosos, y otras caemos en la tentación. Y si ella siempre te ha amado, muy probablemente esté sepultada por la culpa, por el arrepentimiento, por haber arruinado la relación, y por el dolor que te pueda haber causado.
-JAVIER: Jejen, he tenido en varias ocasiones oportunidades de serle infiel, mujeres apetecibles que se me entregaron en bandeja, incluso un par de lesbianas que querían un hombre en medio, pero en esos momentos siempre estuvo Laura en mi cabeza, por mis sentimientos y por el respeto hacia ella.
-GABRIEL: Te entiendo perfectamente, Mora mi esposa, también me fue infiel, es una historia larga, un hijo de puta, para vengarse de mí, armó un plan para hacerle creer que yo le había sido infiel, y le metió basura en su bebida para hacerla caer, hasta que yo mismo los encontré en mi casa. También me fui a la mierda y nos divorciamos, hasta qué tiempo después me fui enterando de cómo habían sido las cosas, ese hijo de puta ahora está preso porque andaba vendiendo falopa, y después de más de un año, volví a ver a Mora, tampoco nunca dejé de amarla, y después de un tiempo, con algunas idas y venidas, volvimos a estar juntos.
Demás está decir que la perdoné, y después de un tiempo de ese reencuentro, yo ya estaba viviendo en La Lucila, me fui dando cuenta que su amor hacia mí también seguía estando, y le volví a pedir que se casara conmigo. Aunque en verdad no nos hemos vuelto a casar, pero es como si lo estuviéramos.
Me costó pero dejé de lado todo lo que había pasado, se puede decir que arrancamos de vuelta, y desde ese momento no hay un día en que me arrepienta, estamos muy bien, claramente no somos los mismos que antes, pero nos seguimos amando y compartiendo juntos nuestra vida.
-JAVIER: Muchas veces pienso en muchas cosas, el estar solo hace que la cabeza no pare un momento, y supongo que en algún momento, me encontraré con ella, quizás deba escuchar las razones, entender lo que pasó y por qué, y después ver!
-GABRIEL: Creo que hablar sería bueno para los dos, después ver si existe la posibilidad de recomponer la situación o seguir cada uno si camino, pero en paz, con las cosas aclaradas, habiéndose dicho todo lo que les haga falta decirse.
-JAVIER: Más allá de todo, sería lo justo, decirle a la cara lo que yo pueda decidir, así como ella lo hizo, para que nuestras vidas puedan continuar, en verdad no sé cómo, pero para que puedan continuar.
-GABRIEL: Seguramente sería esa conversación, un punto final o un nuevo punto de partida, según sean las condiciones y los sentimientos.
-JAVIER: ¿Pero sabes qué Jejen? ¿Sabes qué es lo que me atormenta pensar?
Por supuesto puedo entender que fue una equivocación, que se dejó llevar, no sé en qué momento ni de qué manera, a una situación de la que luego se arrepiente, lo entiendo, ¿pero podemos ella o yo llegar a pensar que eso que pasó no vuelva a ocurrir? Creí conocer bien a Laura, su forma de pensar, sus sentimientos, sus sueños, sus frustraciones, los prejuicios que la persiguieron por tantos años, creí conocer todo de ella, pero la realidad de los hechos, me muestra que no era así, y para lo que lógicamente, yo no estuve preparado, algo que ni en el más remoto rincón de mis pensamientos y de mi sentir, fue alguna vez considerado.
¿Pequé de seguridad? Seguramente! Y si me pidieras que analice y te cuente lo que sentí en el preciso momento de su confesión, te diría que primeramente sorpresa, aunque no grata, supongo que para ningún hombre o mujer enamorado, pueda ser grata una confesión así, y luego creo que me sobrevino la decepción, el sentimiento de haberme entregado a ella en cuerpo y alma, y recibir a pecho abierto, un puñal directo al corazón.
Estoy seguro que cualquiera podría minimizar el acto, pensando en algún hombre que va por ahí, y se echa una cañita al aire, para luego volver a su casa como el marido ejemplar, sin preocupaciones, justificándose en qué fue tan solo sexo, que no hubo sentimientos, se dio la oportunidad, se aprovechó y listo. También en el caso de una mujer, ¿por qué no? Una aventura solo sexual, que tan solo le reporta un momento de placer diferente y ya, luego a casa, a volver a ser la esposa de siempre.
Para mi seguramente acotada forma de pensar y sentir, esa justificación de "fue solo sexo" implícitamente destruye ciertos acuerdos, la fidelidad, para muchos sobrevalorada, en pos de la autodeterminación sobre los cuerpos, "mi cuerpo es mío y hago lo que quiero con él", impacta directamente en la confianza, en las cosas no dichas pero sobreentendidas, en esos acuerdos tácitos.
Quizás podría haber comprendido, pensar de otra manera, si en algún momento Laura me hubiera expresado su necesidad o su deseo de experimentar otras cosas, seguramente me hubiera costado entenderlo, y en verdad no sabría decirte cómo hubiera respondido, pero sin lugar a dudas hubiera estado al tanto, de que algo más por fuera de nuestra relación, daba vueltas por su cabeza. Sé que hay matrimonios en que estos temas se hablan, se deciden las acciones, y se acuerdan los términos.
Habrá casos en los que se agrega a un tercero en la pareja, los habrá en que cada uno, encuentran en otras personas lo que desea, y según dicen, en muchos casos esas situaciones, fortalecen la relación de pareja.
De haber sido ese en nuestro caso, seguramente tendría que haber reacomodado mis paradigmas sobre el matrimonio, quizás atado al sinónimo de fidelidad.
Pero considero que esos acuerdos deben ser anteriores a los hechos, y no como justificativo de ellos, en ese caso, al menos para mí, es una traición. Y no una traición a la institución matrimonial, sino una traición a la confianza, a la comunicación, a lo acordado entre ambos, implícitamente claro, no es que al casarnos hubiéramos hecho una lista de temas a tratar o respetar.
Entonces Jején… ¿Cómo se hace para reparar esa confianza rota? ¿Cómo se hace para pensar que eso nunca más volverá a ocurrir? Pasó una vez, ¿quién puede asegurar que no vuelva a pasar?
-GABRIEL: Lógicamente no es fácil mi querido Pepo, para mí no fue fácil, al igual que a vos, también me llené de preguntas, aunque en mi caso fueron diferentes las razones, el desenlace fue el mismo. Por supuesto me asaltaron esos mismos pensamientos, ¿quién podría asegurarme a mí, qué Mora no volviera a caer en brazos de otro hombre? Y la respuesta fue que nadie más que ella, podría asegurarlo! Conociéndola pude sentir su arrepentimiento, la sentí sincera, y después de un tiempo, decidí volver a apostar, volver a creer, ¿qué hacía si no con lo que sentía por ella, y con lo que estaba seguro de que ella sentía por mí? Recuerdo que en esos momentos pensé, la vida es una sola, y con nuestras decisiones la vamos forjando día a día, ¿podía volver a estar con ella haciendo como que nada había ocurrido? Claro que no, en ese momento mi decisión fue volver a estar con ella, a pesar de lo que había ocurrido, y al volver a estar juntos hubo un acuerdo, tácito por supuesto, no firmamos ningún papel, volvimos a apostar por el amor que nos teníamos, y hoy te digo querido Pepo, que no me arrepiento de la decisión tomada, por el contrario, me alegro cada mañana de haberla tomado, porque si el amor es verdadero y profundo, es capaz de muchas cosas, de entender, de perdonar, y de volver a empezar. Por supuesto que nuestra vida no es la misma que antes del divorcio, pero hoy puedo decirte que es mejor, y eso no se lo atribuyo a las infidelidades, sino a lo que hemos aprendido después de eso, después del dolor, de la incertidumbre, del sufrimiento y de la soledad.
No sé si a todo el mundo le pasa, pero amar a alguien, y no poder entregarle ese amor en gestos, miradas, momentos y sueños, te juro que duele más que la infidelidad misma, al menos así es en mi caso.
-JAVIER: Creo que sin temor a equivocarme, que puedo decirte que la he perdonado, que quizás pueda llegar a entender las razones que la llevaron a eso, nunca se cruzó por mi cabeza una vida sin ella, siempre sentí que ella lo era todo para mí, y hoy la verdad no encuentro la forma de manejar todo esto.
-GABRIEL: No sé en tu caso, pero al menos en el mío, fue un tira y afloje entre lo que se suponía que debía hacer y sentir, y lo que realmente sentía y quería para mi vida. Perdonar Pepo, para mí no significó aceptar, más significó entender, y en la balanza de mis decisiones, pesaron mucho más mis sentimientos que otras cosas.
Nunca creí que después de tantos años, pudiera tener una conversación así con Jejen, lo sentía como si hubiéramos hablado toda la vida, no tuve reparos en abrirme y contarle mi vida y mis sentimientos, y por supuesto me sentí comprendido, él hablaba con justa razón por haber vivido algo similar a lo que me había tocado vivir a mí.
Se extendió tanto la charla que se nos hizo la hora de cenar, y Jején me preguntó si tenía planes. Le dije que no, y me preguntó si quería que cenáramos con su esposa, por supuesto le dije que sí, y en su auto fuimos hasta la casa de su amiga, a buscar a su esposa.
Bajamos los dos y entramos a esa hermosa casa, en uno de los más lindos barrios de Mar del Plata, nos abrió una señora de unos sesenta y pocos años, que saludó a Jején con un beso, y nos pidió que pasáramos.
Gabriel nos presentó y caminamos hasta el inmenso estar comedor, donde Mora se puso de pie para saludarnos, con un beso a su marido, y ante las presentaciones, con un beso en mi mejilla.
Conversamos por un momento, y despidiéndose el matrimonio de aquella señora hasta el día siguiente, caminamos hasta la entrada, donde luego de despedirme también yo, volvimos a subir a su auto, preguntándome por un lindo restaurante, les indiqué por dónde, y para allí fuimos.
La cena estuvo por demás entretenida, Mora resultó ser una mujer muy agradable y simpática, de conversación interesante, volvimos a recordar algunas anécdotas de los viejos tiempos, y muchas cosas de esos años sin vernos.
Luego de la cena nos fuimos a tomar una copa a un bar, y el encuentro terminó siendo tan agradable como toda la tarde.
Cerca de las tres de la mañana, Gabriel y Mora me llevaron hasta casa, antes de que subiera al edificio, Gabriel me contó que al día siguiente luego de almorzar con su amiga, se volvían para la Lucila del Mar, pero que por supuesto seguiríamos en contacto.
Ya solo, sentado en el balcón fumando un cigarrillo, recordaba todo lo hablado con Gabriel en la tarde, en mi interior redondeaba cada vez más la idea de que tendría que hablar con Laura, sin dudas teníamos una conversación pendiente, aclarar nuestros pensamientos y sentimientos, y luego seguir nuestros caminos, pero que en este momento no podía estar seguro de que fuera el mismo o dos caminos diferentes.
A partir de ese encuentro con Gabriel cruzábamos mensaje o hablábamos seguido por teléfono, no había semana en que no tuviéramos algún contacto.
Eran los primeros días de octubre, un típico sábado primaveral, salí con la bicicleta luego de un almuerzo liviano.
Después de dar algunas vueltas por casi una hora, entré al parque Camet, me gusta pedalear por allí entre los árboles.
A los pocos minutos dentro del parque, me crucé con una chica de unos treinta años, que con su casco colocado, caminaba junto a su bicicleta, que tenía la rueda de atrás pinchada.
Di la vuelta para ofrecerle mi ayuda, en el pequeño bolsito que llevo debajo del asiento, siempre tengo lo necesario para emparchar, ya alguna vez me tocó volver caminando con una rueda pinchada, pero de ahí en adelante me hice con todo lo necesario para poder emparchar en el camino.
Bajé la velocidad y quedé junto a ella.
-JAVIER: Hola buenas tardes! Veo que has pinchado!
Continuará…
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- Relato #210024— title-regex: contiguous parts (34 -> 35)
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