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La esposa del cornudo (VIII): Carlos-1

Sole nunca imaginó que sus recuerdos más íntimos serían el preludio de esta noche. Mientras Andrés la escucha, la línea entre el pasado y el presente se difumina, y cada confesión enciende una llama prohibida que ninguno de los dos podrá apagar.

MaestrodeJazz12K vistas8.0· 14 votos

Todas las experiencias sexuales que Sole había vivido junto a su mejor amiga y su profesor habían sido de una intensidad que yo jamás habría sospechado. Desde su fiesta de graduación del instituto hasta la vuelta del viaje de estudios de Mallorca habían pasado menos de dos semanas, pero para ella habían supuesto una brutal evolución. Y es que las últimas "lecciones" que el profesor de Filosofía había “enseñado” a Sole y a su amiga las habían transformado de un modo irreversible, por mucho que mi mujer a veces se negara a aceptarlo.

Hasta ahora, yo no conocía esa parte del pasado sexual de Sole pero, aparte de lo excitante que resultaron para mi todas esas confesiones, me permitieron confirmar lo que yo sí sabía más o menos: las extraordinarias dotes de mi esposa para el sexo, muy por encima de las mías; y cómo ella se transmutaba cuando el macho que tenía delante combinaba una gran fogosidad con un alto nivel de exigencia. Esa mezcla, propia de hombres dominantes, la convertían a ella en una hembra capaz de entregarse, y mejoraban su capacidad para superar nuevas metas.

Todo ello, no solo me había excitado de un modo terrible, sino que me hizo enseguida vislumbrar un mundo de nuevas oportunidades para los dos en un próximo futuro, alimentando de nuevo mis deseos de cornudo. Visto lo que ella había vivido en el pasado, parecía de nuevo posible cumplir mis deseos de poder verla follando, no solo con Luis, que seguía empeñado en llevarla a Madrid, sino también con otros hombres.

Pero antes de nuestro jefe, y aun antes de estar conmigo, hubo un hombre que dejó una huella muy profunda en Sole. Si ella seguía con ganas de contarme, como en las noches anteriores, sería ahora mi oportunidad de conocer más detalles de Carlos y de aquella relación que tanto la marcó, de la que yo solo conocía que había estado llena de sexo de gran intensidad pero con un sabr final agridulce para ella. Parecía que al fin Sole se arrancaba a hablar…

- Como te dije anoche, el viaje de vuelta de Mallorca no tuvo nada especial. Creo que hasta Fede se había dado cuenta que se había pasado con nosotras, haciéndonos vivir tantas experiencias sexuales y tan intensas en tan poco tiempo, siendo nosotras apenas unas crías. Piensa que teníamos 18 años recién cumplidos, y que dos semanas antes solo éramos dos de sus alumnas, sin apenas experiencia sexual.

Fede sabía bien lo que hacía cuando las eligió a las dos. Vio que se le había presentado una oportunidad que no iba a desaprovechar… Supo evitarse problemas, desde luego, pero sobre todo, intuyendo lo que tenía entre manos, jugó a tope con ellas, y por eso apretó… y apretó. El curso ya había acabado y, aunque por poco, las dos ya eran mayores de edad. Y para él eso era suficiente; no necesitó más licencia para pervertirlas y gobernarlas del modo en que lo hizo.

- Al llegar a Valencia nos hizo ir a un ambulatorio para que ambas pidiéramos la píldora del día después... Ni siquiera se me había ocurrido pero nos había hecho follar a pelo con aquellos dos camareros a los que nos hizo entregarnos, y sin usar ni siquiera un condón.

- ¡¡Ostras!!

- Fede nos había confesado que él tenía hecha la vasectomía y con él no hacían falta precauciones. Pero lo de la última noche.... Por mucho que las dos habíamos disfrutado, follando con dos desconocidos como Theo y Thael... habíamos tentado muchísimo a la suerte.

- Hizo entonces bien en hacer que tomarais la pastilla...

- Eso me hizo ver… Porque ni antes ni después… yo no era una santa, Andrés... Pero nunca como aquella noche sentí el semen de tres hombres saliendo de mi coño y bajando por mis muslos. Y Fede, al acabar, aun nos mandó lamer esas tres pollas que se habían hartado de follarnos para quitarles cualquier resto de semen... sin que a nosotras ni siquiera nos dejara limpiarnos.

No quería darle la razón pero todo parecía más bien preparado para ponerles el rabo a punto de nuevo a aquellos dos camareros, y que siguieran disfrutando gratis del cuerpo de aquellas dos adolescentes, a las que su propio profesor les había servido en bandeja. Seguro que a Fede no se le escapaba que, con eso, aunque las dos seguían siendo poco más que unas chiquillas de pueblo recién salidas del instituto, ya se sentirían muy putas al actuar así. Dejé que mis pensamientos se calmaran porque Sole seguía con ganas de hablar... Todo lo que contaba era para mí de lo más excitante...

- Cuando los tres se cansaron de correrse y de usarnos, los camareros se vistieron y se fueron, sin dejar de preguntar si seguiríamos en el hotel alguna noche más. Solo entonces, Fede nos hizo limpiarnos con la lengua la una a la otra, antes de dejarnos salir de su habitación, ya muy de madrugada.

- Fue un cabrón dominador, del principio al final…

- Estábamos acostumbradas a obedecerle e hicimos todo lo que nos pidió... Pero recuerdo el escozor de la saliva de Sandra al lamerme los labios de mi coño... ya sin resto del placer que otras veces yo con ella había sentido al hacerme eso.

- ¿¿No volviste con Sandra… ya en el pueblo… durante el verano?? – me atreví a preguntar.

- Ella lo intentó... Pero solas no volvimos a vernos… Incluso me animaba a montarnos un trio con un joven camionero que conoció en la discoteca y con el que ella ya había estado alguna vez.

- Veo que tú no seguías con sus mismas ganas…

- Intenté moderarme, Andrés… y digerir todo lo que había hecho, pero tampoco se me iba de la cabeza, eso no lo logré… Y la verdad… me excitaba mucho al recordarlo…

- ¿Y Fede? – tampoco pude evitar preguntarle.

- Me llamó algunas veces porque no quería perder el contacto, pero en verano estaba con su mujer en la costa de Almería, muy lejos de nuestro pueblo.

- Entonces, después de aquellas experiencias de sexo tan intensas… pasaste del todo… casi a la nada.

- No voy a explicarte cómo resolvía los calentones que me provocaban aquellos recuerdos, y los deseos que no podía controlar, y que me seguían surgiendo. Pero prefería… ya sabes… mis dedos, y algún revolcón con chicos en la discoteca… a volver a “encelarme” otra vez con Sandra… Porque no niego que con ella yo había disfrutado pero siempre era Fede quien nos dirigía a las dos. Luego, estando sola, cuando fantaseaba al tocarme, nunca me veía con ella… siempre me veía… con tíos, ¿entiendes?… El propio Fede… los camareros, ya te digo que yo trataba de evitarlo… pero era todo eso lo que me calentaba… y lo que me hacía acabar.

- Sole, se bien lo que es luchar contra mis propias fantasías, pero con eso solo consigues aferrarte más a ellas. Si son cosas realizables, creo que es mejor terminar por aceptarlas y empezar a disfrutar… Como cuando yo pienso que tú estás con otros hombres… ufff, no lo puedo evitar...

- El problema es cuando yo bebía en la discoteca… Entonces bajaba la guardia… Ya te digo que estuve con algunos… dos o tres chicos del pueblo… en los aseos de la discoteca. Visto después, fueron polvos de mierda: mucho magreo… dedos… pajas… alguna mamada… No era lo que buscaba, y después de lo que había vivido con Fede… siempre acababa arrepentida. Casi siempre me corría, ¿vale?... pero ni eso me quitaba el calentón. Era volver a casa, y volvía a pensar en Fede, y en los camareros de Mallorca…

- Theo y Thael – yo dije sus nombres; a Sole la noté algo triste… pero ella seguía recordando.

- Alguno habló de mí, y hasta cogí fama de guarrilla en el pueblo… y de borracha fácil para los tíos… Por hacer lo mismo que las otras llevaban haciendo más años que yo.

- Siempre te ha gustado controlar lo que bebes. Ahora veo que es por eso…

- Sergio, mi exnovio, se enteró… debieron llegarle los rumores… Y se ve que todavía se acordaba de mi… así que me buscaba y volvimos a hacerlo algunas veces en su coche. Por lo menos, con él follaba bien… Me pagaba dos cubalibres y sabía que podía hartarse de metermela… como un año antes, pero ya sin ser novios ni nada parecido… Recuerdo que le sorprendía que en vez de tumbarme de espaldas para que él se subiera encima en el asiento de atrás, como lo hacíamos de novios, yo me pusiera a perrito… Él se salía del coche y, mientras me cogía de la cintura, me penetraba fuerte desde atrás…

- Al menos a ese le recuerdas bien… pero supongo que sabía que te irías a Granada y no iba a dejar a su chica… Tú estarías lejos y ella seguiría por allí…

- También pasaba tiempo pensando en la universidad y eso me evadía por un tiempo de pensar en el sexo… Porque yo estaba dispuesta a hacer bien mi carrera, y a no perder esa oportunidad para salir del pueblo y ser independiente.

- ¿Te veías de psicóloga?

- Sí, y mira donde me quedé, ainss, de camarera… El primer mes en Granada salí poco, hasta que empecé a sentirme adaptada a mi nueva vida de universitaria. Eran muchos los cambios que habían supuesto el paso desde nuestro pequeño pueblo perdido en la sierra a lo que suponía vivir en una gran ciudad como Granada. Pero me di cuenta también de la cantidad de oportunidades que eso me ofrecía: todos los sitios donde ir y, sobre todo, la legión de jóvenes estudiantes con quienes podía encontrarme.

- No te faltarían… propuestas.

- Créeme que las hubo, casi desde el principio, algunos hasta en clase. Pero había que ser muy tonta para no ver que aquellos chicos solo buscaban sexo… y sexo fácil, sin mucho condimento. Y de eso ya había probado algo, en la discoteca del pueblo durante ese verano. Y no había encontrado mucho placer en aquellos polvos de emergencia: un refregón y poco más, y luego una resaca del alcohol…

- Ya me dijiste, sí.

- Encima, en Granada muchos compañeros me miraban por encima del hombro. Me consideraban poco más que una cateta… No me salía del coño dejar a esos niñatos pijos que magrearan mis tetas... y me llevaran a un rincón, poco más que para restregarse y “deslecharse” sobre mi… Vi como se comportaban con mis compañeras del piso, y no era eso lo que yo buscaba en ese momento.

- Entonces ¿dejaste de ir a fiestas?

- Estaba muy centrada en estudiar pero, pasado un mes, empecé a salir más de continuo con ellas, sin que me gustara demasiado. Muuucho alcohol… los chicos que veía, muy monos casi todos, pero me parecían unos chulos engreídos, la mayoría prepotentes por el dinero de sus familias… que casi pensaban que solo por eso ya te podían arrollar.

- ¿Todos así?

- Claro que no, pero yo tampoco estaba para aguantar a tímidos como mi primer novio, que no se atrevían ni a cogerte la mano. Por lo que sea, de los universitarios solo me interesaban los mayores, pero ellos solo me veían a mi como una novata fácil: un culo y un coño con tetas estrujables… menos que un pañuelo de usar y tirar.

Personalmente, no me gusta esa forma de tratar a las mujeres, pero me imaginaba todas esas escenas, con Sole en medio, y no podía evitar estar muy excitado.

- Si ellos veían que no ibas a dejarte magrear enseguida, te arrinconaban con la misma facilidad con la que dejaban medio vaso de cubata porque ya el hielo se les había calentado. Y yo ya no era una pazguata… Si hubieran llegado de otro modo, con alguno de ellos me podría haber hartado de follar… pero enseguida les salía su chulería y su prepotencia... y yo terminaba por irme.

Había algo de tristeza en su voz pero de pronto, tras un silencio, vi cómo se le iluminaron sus ojos.

- Hasta que vi a Carlos… y no sé qué me dio…

- ¿En una fiesta?

- Sí, cuando estaba a punto de irme. Me llamó la atención un tío en la barra charlando con dos rubias mayorcitas; claramente no iban solas… muy cerca había dos chicos que parecían sus novios. Pero eso no les importaba ni a las rubias ni al tío de la barra… para flirtear descaradamente… Y no sé cómo... pero él se fijó en que yo también lo miraba…

- Te gustó enseguida, ¿verdad?

- Eso sí lo sabes, Andrés. Verlo y enamorarme fue todo seguido. Pero tampoco de un modo como cuando dices “a ese tío quiero conseguirlo”, que luego nunca sale bien… Pero vaya, que me encandiló y me gustó, no te quepa duda: su atractivo, su seguridad con aquellas dos chicas, su forma de mirarme… los días siguientes pensé muchas veces en él… hasta el punto de empezar a olvidarme de Fede…

- Ya comprendo…

- Yo no lo veía como algo real, ya te digo que el primer día... ni siquiera hablamos…Pero cuando volví a coincidir un par de semanas después, y me reconoció, y se vino para mí… me derretí… por fuera… y por dentro, ¿entiendes? Ya te digo que, desde que le vi, no se me iba de la cabeza…

Sole no podía ser más clara… Siempre ha sido mucho de fantasear. Y seguro que se imaginaba con Carlos… pero no estudiando en la biblioteca…

- Era agente forestal de esos que contratan en verano para los incendios, seis años mayor que yo…. El resto del año vivía de sus ahorros y del paro. No era universitario pero iba a nuestras fiestas... a “cazar”… Y para mi pesar, yo no supe ver eso. Mucho antes de darme cuenta, ya había caído…

- Un flechazo total…

- Entonces lo sentí… como una atracción irresistible…Y a él también debí gustarle… porque ese segundo día estaba acompañado de otra chica bastante guapa… pero enseguida la dejó y se vino para mi… Me invitó a una copa… y ya ese día sí que hablamos…

Sin duda Carlos le notó ese algo “especial” que tiene Sole y que tan atractivo les resulta a los hombres. No es muy alta ni muy guapa, pero todos la miran más que con deseo… mucho más de lo que le corresponde al físico que tiene. De todos modos, aún ahora a sus 38 años, Sole tiene unas tetas y unas curvas divinas… pero yo he visto fotos suyas de esa época, y sin ser un pibón. a sus 18 años era muy difícil no mirarla y sentir las más lascivas intenciones…

- Carlos no tenía mucha conversación como los chulos de la universidad. Pero le bastaba con sus gestos y su forma de mirarme para tenerme mojadita perdida. A mí… y a las demás. Y es que desde el principio, más que mirarte, ya sentías que te desnudaba… Así que le acepté una copa… Llegó el primer baile… sus manos me rodearon… y enseguida, Andrés… mi cuerpo dejó de responderme… mi mente enloqueció… nunca había sentido eso antes.

- De lo poco que me habías contado, siempre he sabido que había sido así. Ni antes ni después, no ha habido otro a quien hayas sentido... de ese modo. Carlos desde el principio fue… tu hombre. – Sole oyó perfectamente, pero no me respondió.

- Todo ocurrió muy deprisa, y no sé cómo lo hizo… pero, en mi cabeza y en mi vida… unos días después… solo había Carlos. Ni Fede ni Mallorca, ni amigas ni familia, empezó a peligrar hasta la carrera.

- Tu hombre… - le repetí.

-…sí, llámalo así si quieres… Si yo solo me sentía suya, él también era mi hombre… en todos los sentidos. Durante mucho, mucho tiempo, no tengas duda que lo fue…

- Si yo no tengo duda de que, incluso estando conmigo, tú sentías eso… Y no te lo reprocho, Sole, aunque a mí me generaba mucha inseguridad…

- Fueron cinco años con él. Andrés. El hombre al que más he amado, seguro. Borró de un plumazo todo mi pasado…

- ¿Hasta ese punto? Porque ya habías tenido… “experiencias” nada despreciables… y sabías como eran otros hombres a los que te habías entregado y disfrutado con ellos… con muy pocas reservas... – Vi que Sole sonrió…

- Lo de mis dos primeros novios fue un chiste de adolescentes. Aunque me iniciara con ellos en el sexo y tuviera mis primeros orgasmos, fue fácil olvidarlos... Lo de Fede, mi profesor, fue un puro encandilamiento al que le siguió una tormenta de lujuria y de sexo, con Sandra de por medio, terminando en aquella locura del hotel de Mallorca, dejándome follar por los dos camareros. Pero como toda tormenta, fue intensa y pasajera… Después de unos meses, fue entonces cuando Carlos llegó arrollando con todo lo anterior… y dispuesto a quedarse conmigo.

- Hasta en la cama, siempre has insinuado que Carlos era insuperable también…

- A ver, Andrés, es el hombre con el que más he disfrutado con el sexo. No sé si decirlo así, que no es ningún secreto, o que él hizo todo lo que quiso conmigo, y que yo disfruté al hacerlo.No te voy a exagerar ni mentir.

- Siempre has dicho que tu entrega fue total aunque él no hizo lo mismo.

- Nunca hubo simetría… Él era muy exigente, lo quería todo de mi, sobre todo mi cuerpo… Y yo se lo daba sin remordimiento…, todo por estar cada minuto, cada hora… al precio de hacer lo que quisiera… intentando estar así toda la vida… a su lado. Es lo que viene siendo estar muy enamorada. Ay, cuando pude abrir los ojos y vi que él pensaba totalmente diferente. Ya había pasado mucho tiempo...

Sole no me había incluido en esa enumeración de hombres con los que ha compartido sexo, pero era bastante obvio que no mentía sobre Carlos: que ningún hombre ha estado nunca a esa altura, y que mejor no entrar a comparar… Se que yo soy muy distinto, y sea por lo que sea, si Sole ha acabado conmigo, y me ha demostrado que me quiere, estoy más que satisfecho. Compartimos una vida… no puedo pedir más… Muy alejada de mis pensamientos, Sole seguía hablando.

- Por lo coladita que estaba, y por cómo él supo manejarme, es el hombre al que más me he entregado, fuera y dentro de la cama.

- Parecía difícil superar lo de Fede… encima estando con Sandra… y al final los camareros…

- ¿Crees que ya lo había vivido todo? Pues no veas todo lo que hicimos después… Andrés, cinco años no son dos semanas…

- Entiendo…

- Los primeros meses, se pasaba todas las tardes por mi casa. Y no se iba hasta dejarme bien follada… cada vez se iba más de madrugada. Después de unos meses, era yo la que pasaba por su casa… y terminaba “durmiendo” cada noche allí con él. Luego, mientras yo iba a clases, casi sin haber pegado ojo y hartita de follar, él tenía toda la mañana para dormir y recuperarse.

- ¿Y tus compañeras de piso?

- Ya te digo que me criticaban... y no me bajaban de ninfómana y de puta... Por eso, al segundo año me fui a vivir con él. Al menos me ahorraba el traslado de cada día, y pagar un piso donde ni estudiaba ni dormía. Pero eso aumentó el grado de posesión que Carlos tenía sobre mi. Yo entonces no tenía ni idea de eso, pero era un hombre bastante dominante, ¿entiendes?

- Ahora veo que sí.

- Él ponía su piso y pagaba los gastos. Y me dejó muy claro cuál sería mi parte: yo pondría… la carne… sin que nunca pudiera faltarle. Y créeme que tenía un apetito insaciable...

- Si seguías tan ciega como dices que estabas…

- A ver, no iba a quejarme por estar en la cama con un hombre que me gustaba como ninguno. Y el sexo era divino, sin tener cosas raras que pudieran pararme. Si había hecho un trio con Sandra y con Fede, que eran mi amiga y mi profesor. Si estuve a la vez con dos camareros, joder, que eran dos desconocidos. Había hecho y disfrutado todo eso, aun teniendo ese regusto de haberlo hecho por ser una zorra incapaz de controlarse. ¿Cómo iba a negarle nada a Carlos? Él me follaba duro, era muy exigente, pero era mi novio.

- No hay duda de todo lo que disfrutaste a su lado…

- Mientras me dejaba ir a clase, el problema es lo cansada que estaba por el poco dormir, pero nada más. Quería sexo toda la tarde y parte de la noche. Y yo lo disfrutaba con él…

- No es posible que tuviera tanta resistencia…

- Como Fede, también Carlos sabía dosificarse… La que no tenía descanso era yo… - seguí en silencio para que Sole siguiera contando…

- Nada más llegar de la facultad, si empezábamos besándonos en la cocina, mientras terminaba de calentarse la comida, ya quería jugar… aceite en sus manos… masajeando mis tetas y mis muslos… por todo mi cuerpo... con intensidad… también su lengua… y sus labios… Dios, como me ponía… incluso mordisqueando con ansia mis labios y mis tetas.

- Recuerdo también conmigo, Sole, de recién casados. Algún día me invitabas a jugar en la cocina. Pero luego el trabajo, y enseguida los niños… Imagino que no sería igual… -Sole, recordando, parecía algo excitada… Lo notaba en cómo se le marcaban los pezones bajo la tela del pijama.

- Cualquier cosa era un juguete para excitarme y jugar con mi cuerpo: dedos con mantequilla… cubitos de hielo en mis pechos… pinzas en mis pezones… nalgadas con la paleta… mantequilla en el mango… y dedos, muchos, muchos dedos…De pie o sentada en la encimera… hasta hacerme terminar.

- Contigo en la cocina, Carlos tenía asegurado su “aperitivo” de cada día. Para ir abriendo boca, no estaba nada mal… - sentía también mi polla casi rompiendo el pantalón de mi pijama.

- Luego en la sobremesa, a diario… fui su postre también. Ay, la nata y los helados… Se lo tomaba muchas veces… sobre mí… Sin prisa ninguna, pero no era tomar ningún dulce el efecto que buscaba… Yo le veía empalmadísimo mientras me lamía, rozándome con su polla de dimensiones tan perfectas y eso me ponía, ufff… Le suplicaba que me penetrara, porque también yo quería darle ese placer, pero sobre todo porque yo lo deseaba de un modo intensísimo: tener a mi hombre encima de mí y disfrutando de mi cuerpo... Y sin embargo, él seguía y seguía… lamiendo y relamiendo con su lengua y sus labios… hasta que yo explotaba de nuevo… Pero sin tener lo que quería, yo seguía llena de ansiedad…

- Ya llevabas dos orgasmos y él no se había ni siquiera despeinado.

- No siempre eran dos… cada día podían llevarnos varias horas esos juegos… Ya te digo que Carlos había estado ya con muchas tías… y era muy exigente… Yo con 19 años, y tan enamorada de él, aprendí a tener aguante… estaba totalmente dispuesta… siempre… para darle gusto en todo…

- Como si te estuviera entrenando para explotar todas tus capacidades para el morbo y el placer…

- Para mí era… Carlos. ¿Qué había de malo en hacer eso que me pedía y todo lo que viniera después? Me había dejado follar de un modo muy morboso por mi profesor, había “bolleado” con mi amiga… incluso me había entregado para follar casi a ciegas con dos que ni sabía quienes eran ni lo que harían conmigo… ¿Qué iba a negarle ahora a mi novio, si estaba enamorada como una boba de él?

- Claro que te entiendo… era todo para ti… - al escucharla no podía dejar de tocarme yo también; esta vez Sole se dio cuenta.

- Andresito, te estás pajeando con todos mis secretillos… Anda y termina, y mañana te acabo de contar. Pero antes…

- Entiendo, cielo, todo esto también te ha removido algo más que recuerdos… Ponte cómoda… que lo mío sabes que ahora puedo esperar…

En realidad, mi premio fue encontrar toda la humedad que Sole me tenía reservada dentro de su sexo, así que le hice un "cunnilingus" largo y lento, pero con gran intensidad, sabiendo que mientras se lo hacía iban a pasar muchas escenas por su mente… Quizás mañana alguna de esas cosas que sintiera me las iba a contar.