Permitiendo infidelidad a mi esposo
Andrea no solo permite la infidelidad de su esposo, sino que la orquesta. Mientras él se entrega a una amiga en la habitación de al lado, ella se entrega a su amante en el sillón de la sala. Una noche de sexo compartido para sellar un acuerdo de libertad absoluta.
Queridos amigos lectores: Mi nombre es Andrea, es nombre ficticio de verdad, lo demás es real, tengo 31 años de edad actualmente, soy casada, mido 163 centímetros de estatura, 65 kilogramos de peso, contextura mediana, buena pierna con unas buenas nalgas como una buena hormiga culona, unas tetas talla 34 b, mi piel es clara, mi cabello es lacio color miel, lo tengo corto en este momento, mis ojos son café claros, en fin tengo gracias a Dios, un buen cuerpo, unos atributos que muchas envidian y los hombres desean, mi cuerpo me encanta, sé que no pasa desapercibido, ya que cuando voy por la calle recibo muchos piropos unos muy bonitos, otros un tanto pasados y hasta morbosos, recibo también miradas, gestos y otras cosas de parte de los hombres, tampoco tengo hijos debido a que cuando niña me practicaron un aborto en una clínica clandestina, allí me sacaron la matriz, por ese motivo no puedo concebir.
Mi esposo es un buen hombre, 2 años mayor que yo, de 180 estatura, de 72 kilos de peso, trigueño, pelo crespo y negro, delgado, bien aspectado en todos los sentidos, las chicas lo ven y no son indiferentes a sus gustos, llama la atención de ellas en todos lados, profesional, trabajador, juicioso, bueno en la cama, sé que me la ha jugado varias veces, lo he perdonado porque aprendí a pagar con la misma moneda. Aquí sólo quiero desahogarme de estos recuerdos, revivirlos y compartirlos con aquellos que buscan algo de diversión por este medio, dejo constancia de que mis relatos son verídicos y no sacados de la fantasía de alguien.
Hoy les relataré cómo maquiné con Alberto el compañero de mi esposo para ponerle una amiga que lo conquistara en mi presencia. El mismo Alberto que me agarró mi vagina por encima de mi pantalón en presencia de mi esposo.
Alberto llevaba un par de meses saliendo conmigo, siempre muy generoso, atento, amable y hasta se le notaba que estaba como enamorándose de mí y de nuestros encuentros.
Un día hablando de todo un poco preguntó Alberto si no sentía remordimiento alguno con mi esposo por ponerle los cachos, es decir ser infiel con él, queda claro que Alberto creía siempre que él era el único amante mío, cosa más lejos de la realidad.
Acordamos hacer para mí esposo un mini-asado, Alberto me daría en dinero para las carnes y la cerveza, yo lo organizaba con mi esposo nadie más, a media tarde llegaría Alberto con una tipa que mi esposo se come a espaldas mías y que es amiga de Alberto también quien seguramente también aprovecha, ellos llegarían con la disculpa de invitar a mi esposo a jugar billar o algo.
Así se hizo conforme al plan, mi esposo muy animado me ayudaba a prender el carbón, adobaba la carne y muy feliz con eso, es su debilidad.
Llegó Alberto con Katherine, ella es una chica alta, pelo claro, ojos verdes, algo tetona y un cuerpo muy esbelto, muy bonita esa tipa, estaban agarrados de la mano a toda hora, eso me hacía como dar algo de celos, pero tenía que aguantarme,
Es mejor llegar a buena hora que ser invitados, dijeron Alberto y Katherine al llegar, venimos a invitarlos a jugar billar, bailar o hacer algo los cuatro, pero veo que tienen un mejor plan aquí.
Los invité a quedarse ante un poco de mala cara de mi esposo, quedaba claro que él me era infiel con esa tipa, por momentos le lanzaba miradas acusadoras por andar con Alberto.
Cuando todo se normalizó, Katherine hablaba con mi esposo más que con Alberto era obvio que ellos se entendían, además Alberto le había explicado que yo quería verlos charlar como más que buenos amigos, como si fueran a tener intimidad, ella ni corta ni perezosa no se hizo de rogar,
Katherine le hablaba a mí esposo y entretenía, Alberto hablaba conmigo por momentos, pero más se comprometía en hacer cuarto a mí esposo y a Katherine, ella era nuestro plan perfecto para una nueva infidelidad de mí esposo, pero con mi consentimiento.
Mi esposo fue entrando en confianza pues no recibía reclamos de parte mía, más bien los atendía con cerveza y los animaba a tener su charla sin interrumpirlos.
Katherine le hacía ojitos de pasión, mi esposo por momentos se sentía un poco preocupado por alguna escena de celos de mi parte o que hiciera escándalo por eso ya que miraba dónde yo estaba y trataba de llamarle la atención que se controlara, cosa que no iba a pasar jamás.
Katherine fue entrando en confianza, le quitaba las pinzas para voltear la carne o los chorizos, jugaba con mi esposo con eso, le agarraba las manos a mi esposo, le cogía las piernas, le hacía cosquillas, es decir lo provocaba a más no poder,
Todo seguía según nuestro plan, cuando comimos y nos sentamos, todo continuaba igual, al caer la noche Katherine quiso subir la apuesta, tal vez le quiso decir un secreto a mi esposo, pues los vi como muy junticos a punto de besarse, ahí les increpé de manera contundente,
¿Saben qué? Les dije en tono seco, directo, con autoridad, mi esposo se agarró la cara a dos manos, se puso pálido, me miró como asustado, creo que llegó a pensar o me quiso decir, perdón, la cagué nuevamente. Seguramente esperaba la escena de celos que estuvo temiendo toda la tarde.
Mira, los he visto muy compatibles todo el tiempo, me han ignorado, han ignorado a Alberto, a leguas se ve que ustedes tienen algo de empatía, así que lo tengo muy claro, ustedes se lo han comido antes o se lo van a comer apenas tengan la oportunidad, así que les voy a facilitar las cosas,
Mi esposo asustado balbuceaba, no, eso no es cierto, mi amor, perdóname, Katherine un poco más aplomada decía somos solo amigos, muy buenos amigos, perdón si dimos otra imagen, igual que Alberto ya le había explicado a su manera nuestro plan,
Miren, no me hagan la boba del paseo, sé perfectamente cuando hay algo de por medio en una pareja, así que mejor cállense esa boca.
Hagamos algo mejor les repito que ustedes traen su cuento seguramente, así que tranquilos, papi, mi amor, estoy dispuesta a perdonarte todo, es más no tengo reparos de nada, vayan juntos al cuarto de huéspedes, tienen mi bendición, después hablamos de lo que tenemos pendiente, no me voy a complicar la vida con celos pendejos que solo dejan secuelas y rabia.
Te mereces a ésta y muchas más cosas de placer. Tú me has cumplido en todo, tú me cumples y te cumplo todos tus caprichos, no puedo darte hijos, pero, te doy gusto en lo que pueda.
Mi esposo abría los ojos a más no poder. ¿Qué estás diciendo?, no quiero que vayamos a tener problemas, yo te quiero mucho, te amo, te adoro con toda mi alma decía mi esposo agarrándome de los hombros para hacerme reaccionar.
Sí, eso lo sé, le dije con seguridad, por eso quiero que vayas y te cojas a esta zorra que tienes como amiga y que tu amigo aquí presente te trajo para hacerte compañía, así que no pierdan esta oportunidad que les ofrezco, sé que quieren hacerlo y por eso los secretos, hoy es el día, tienen mi venia. Aquí te espero y que Alberto se lleve a tu amiguita, tranquilo mi vida, te prefiero puto, infiel y todo lo que quieras, pero serás mi esposo siempre. sabía que con eso estaba legalizando cualquier infidelidad de mi parte que él me descubriera.
Ellos (mi esposo y Katherine) parecían incrédulos, se miraban entre ellos, Alberto que era cómplice disimulaba un poco, aunque con la mirada y los ademanes de sus manos lo animaba a que cumpliera ese reto, que aprovecharan trataba de decirles.
Les dije, vamos y los acompaño a la puerta, hablé con voz decidida, los empujé y comprendieron mi sinceridad, los encerré en esa habitación, en la misma que muchas veces he dormido con el tío Julio y otros personajes de mí historia, les eché candado para que no se pudieran salir sin que yo supiera.
Bajé a encontrarme con Alberto levanté los brazos en señal de victoria, así mismo abracé a Alberto, un beso profundo y apasionado nos unió en ese momento.
Por un momento alcancé a pensar, eso mismo está pasando en esa habitación entre mi esposo y la puta de Katherine, pero ese pensamiento se desvaneció pronto.
Alberto me ayudó a quitarme la licra que tenía puesta, la bajó con tangas y todo al tiempo, me senté en el descansa-brazos del sillón, el mismo que utilizara con mis amigos José y Antonio, Alberto se agachó para iniciar un oral muy afanado, chupaba y lamía con esa lengua que me hacía retorcer de placer, hurgaba con sus dedos dentro de mi raja que pedía a gritos ser penetrada urgentemente, en esa oportunidad me salía una gran cantidad de jugos, seguramente por la emoción de estar siendo infiel a la par de mi esposo.
Lo hice incorporar, me agaché, desabroché su pantalón, saqué su verga y comencé a mamar a mi estilo, recordarán que solo mide unos 13 cm, hasta el fondo la hice llegar con sus huevas dentro de mi boca, entre tanto, Alberto se desnudaba también, me tendí en el sillón, eché mi cabeza hacia atrás en un descansa brazos y Alberto me comenzó a embestir por mi vagina con su verga en esa posición de sentada en el descansa - brazos,
Me terminé acomodando acostada entre los dos descansa-brazos de ese sillón, le dije a Alberto, ven te lo mamo así, mis ojos daban a su culo, comencé a mamar hasta el fondo, en esa posición lo sentía en mi garganta, Alberto empujaba con gusto esa verga por mi garganta mientras una de mis manos estaba agarrada a sus huevas y la otra mano de una nalga,
Volvió a atacarme vaginalmente estando yo en esa misma posición, su cuerpo desnudo sudaba seguramente por la emoción de saber que ahí en la casa estaba mi esposo, que no teníamos certeza de que él tuviera o no llaves para abrir esa puerta y nos encontrara en esas, para mí esa es una posición excelente, se siente una sensación superior a estar sobre un colchón, más que en un estilo perrito, es más fácil llegar a un orgasmo y así ocurrió, al minuto de estar recibiendo verga, ya me había iniciado en una serie de venidas casi sin control, que me hacían estremecer de la emoción de estar siendo penetrada en ese momento.
Se levantó, y me colgué a su cuello, nos besábamos con pasión, Alberto enterró su verga en mi raja así desde parados, aunque estaba bien lubricada era algo incómodo para ambos, me hizo agachar para que se lo mamara, allí recibí la porción de leche, un semen caliente y espeso llenó mi boca, tragué todo y seguí chupando, quería dejarlo bien limpio, escurrido, desinflado totalmente.
Nos abrazamos besándonos muy apasionados, lo habíamos logrado, mi esposo no tendría motivos para celarme o hacerme alguna escena por una infidelidad, cada día las legalizaba con más contundencia.
Alberto se me declara en amor, me miraba y admiraba de arriba abajo, decía: qué hermosa eres mi vida, te amo más que cualquier otro hombre te haya amado jamás, más que tu esposo…
Cállate, no digas eso, lo nuestro en cualquier momento debe terminar, no cambio a mi esposo por nada ni por nadie, lo presto por un rato y sigo siendo su esposa, así le respondía, esto durará mientras podamos sostenerlo, luego cada quien, por su camino, solo interés de goce y nada de enamoramientos.
Nos vestimos, me arreglé nuevamente, bebimos un par de cervezas, nos besábamos con pasión, por indicaciones mías Alberto salió de la casa, se fue sin esperar a su puta amiga, dejó eso sí un dinero para mí y para el transporte de esa chica.
Al rato subí a la habitación donde había encerrado a mi esposo y su amiga, abrí el candado, abrí la puerta, allí estaban juntos desnudos, abrazados y seguramente se estaban besando. ¿Y Alberto? Preguntó mi esposo. Él se fue apenas ustedes subieron, que no quería malos entendidos como el otro día, yo estaba abajo, tomándome unas cervezas sola. ¿ustedes qué?, ¿ya disfrutaron? Hubo silencio. Se vistieron y la chica se fue de mi casa.
Con mi esposo nos pusimos a hablar, cada uno en su sillón, no quería darle a entender que estábamos empatados.
¿Por qué lo hiciste? Preguntó mi esposo un tanto confundido, pero con cara de satisfacción,
Prefiero saber que me eres infiel a que lo hagas a escondidas de mí. ¿Recuerdas lo del trío? Estoy lista, cuando quieras y como quieras, eso sí tú buscas a la otra chica, si quieres a Yaneth la esposa del policía la acepto, no, fue su respuesta contundente, está bien, continué hablando, eso lo hablamos mañana u otro día, te he sido fiel siempre y lo sabes, te he guardado la espalda a pesar de las propuestas que me hacen tus amigos, o no has notado las miradas de ellos, le decía yo a mi esposo.
Mi esposo sacó a relucir mi pasado. Pero desde bien niña has estado con muchos tipos, conoces muchos hombres. Tienes razón, le dije, pero desde que me metí contigo te he respetado, te he sido fiel, ese fue nuestro acuerdo y lo he cumplido, por eso me he hecho respetar a pesar de miles de insinuaciones, y te consta, rematé mi reclamo.
Vamos a olvidar esta cosa, dejemos de discutir, mañana hablamos con calma, no quiero que te vayas bravo a esa comisión eterna de dos semanas, con lo hoy solo nos queda consolidar nuestro matrimonio, hacerlo más estable y duradero, me acerqué y le di un beso en su boca, menos mal esta semana llega tu tío Julio, él me ayuda a pasar un poco la soledad, mi esposo jamás ha sospechado nada de mi enredo con su tío.
Sellamos ese momento con un beso y nos fuimos a dormir, esa noche no hubo sexo, entenderán por qué, además ya había abonado el terreno para que hiciéramos un trío, pero lo iba a dejar que escogiera a su chica, esa será otra historia si las deseas conocer.
Aquí termino otra vivencia de mi vida, solo lo hago con el fin de sacar esto de mi mente, compartirla y que sea mi camino para sanarme, no pretendo encontrar una relación o entablar amistad con derechos con nadie, solo desahogarme. Tu amiga Andreas del Pilar. Andrea.
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