Xtories

Rita copula con el tío de su esposo ante Lucrecia

Rita no fue a la cama con su esposo, sino al dormitorio de su suegro. Con el cuerpo al descubierto y la intención clara, buscó a Berto no para esconderse, sino para ser vista. Lucrecia, la esposa, no gritó ni huyó; simplemente abrió las piernas y le dijo: 'No te reprimas por mi presencia'.

perenquen33K vistas9.6· 22 votos

Después de lo ocurrido en la cocina de la casa, tras cenar y ver un poco la tv todos marcharon a dormir. Rita, observó como su esposo Ramón regresaba nuevamente tarde, haciéndolo esta vez bastante embriagado. Sabía que no solo había bebido bastante, sino que había consumido sustancias alógenas, que le dejaron casi ko. De hecho, algunos amigos lo habían llevado hasta la casa.

Eso volvió a enfurecer a Rita, quien ya no tuvo duda alguna de querer volver a ser tomada por Berto y permitir que volviera a correrse dentro de ella. Sabía que seguía ovulando, y que estaba en su mejor momento, ya que el calor corporal así lo evidenciaba. Viendo a su esposo echado sobre la cama, su cuerpo de alteró, tomó una tanga bastante atrevida, y se colocó únicamente un camisón de dormir que permitía visualizar la trasparencia de sus pezones. Se miró en el espejo, y se dijo: uf parezco una putita. Al marido de Lucrecia se la va a poner la polla como un mástil cuando me vea así.

Luego miró el reloj, y comprobó que eran casi las once de la noche. Excitada salió de su habitación, caminó por el pasillo hasta acercarse al dormitorio donde dormían Berto y Lucrecia. Abrió la puerta, accediendo a su interior. La habitación estaba poco iluminada y solo la tenue luz de la tv permitía distinguir donde se situaban los muebles. Berto al verla se puso nervioso, y le preguntó con agitación: Rita, ¿Qué ocurre?

Lucrecia se dio cuenta, quedándose anonadada ante el atrevimiento de la joven. En ese momento se dio cuenta que aquella estaba cumpliendo lo que le anunció. Tuvo claro que venía caliente a follarse a su marido ante sus propias narices. ¡Jamás los hubiera creído!

¿Qué te ocurre Berto? ¿Te pone nerviosa verme así? ¿es que no te gusta cómo voy vestida? Le contestó sugerentemente la joven, acercándose a la cama, con movimientos sexy.

-Pero Rita… ¿Cómo se te ocurre…? Exclamó Berto, sin poder continuar.

Rita estaba completamente salida, y quería poner nerviosa igualmente a Lucrecia. Por ello, subiéndose encima de la cama se acercó hasta donde se encontraba Berto, y sugerentemente le dijo: Ay Berto es que sigo muy caliente. Tengo el coño ardiendo. ¡Necesito tu polla de nuevo!.

-¿Pero Rita…?exclamo sorprendido el hombre ante el atrevimiento de la joven, presentándose así ante su propia mujer. Al hombre casi la da un infarto ante la acción de la joven.

¿No me digas que te retraes por la presencia de tu mujer? No tienes porque preocuparte. “Lucrecia sabe lo nuestro”. ¿no es así Lucrecia? Le contestó la joven mirando fijamente a Lucrecia.

Berto miró a su esposa, viendo que aquella no contestaba nada. En ese momento se dio cuenta que su mujer conocía realmente su idilio con la joven mujer de su sobrino- Nervioso le pregunta: Lucrecia… ¿tu sabías…?

Lucrecia la mira a la cara, y le contesta: ¡Claro que se que te follas a la mujer de mi sobrino! ¿acaso crees que no me iba a dar cuenta?

-Pero…. Se quedó sin habla Berto.

-Ya se que necesitabas descargar. Pero no pensé que te atrevieras con la mujer de mi sobrino. Le contestó como si estuviera algo contrariada. Luego se repone y le dice: Ahora no te reprimas por mi presencia. ¿No ves que esta putita viene pidiendo guerra? ¿Qué esperas para volver a follartela?

Berto no salía de su asombro. Mas sorprendido se quedó cuando la joven, decididamente le retira la sabana, observa el bulto de su pantalón del pijama. Sin que se diera cuenta, sus pantalones desaparecieron de su cuerpo dejándolo con todo su pene al aire.

: ¿Uy como estas papito? ¡se te ha puesto bien dura! Luego mirando hacia Lucrecia le dice: ¿te has fijado en tu maridito, Lucre? La tiene como mástil. Se corrió a medio día y vuelve a estar en plena forma.

Sin más comentario, se colocó de pie, abierta de piernas a la altura de la cara del hombre. Contempló la cara de agitación de Berto que mira hacia arriba sorprendido, mirando la entrepierna de la joven. Acto seguido Rita se fue colocando de cuclillas, con las piernas totalmente abierta, se separó su tanguita, mostrándole al hombre su coñito. ¿has visto como me tienes?... ¿sé que me la quieres meter?, pero, antes vas a ponérmelo a punto. Vamos… ¡comételo como tú sabes!

Y sin importarle la presencia de Lucrecia, que permaneció impasible en la cama, acercó su coñito a la boca del hombre, quien extendió su lengua y comenzó a lamer y degustar aquel sabroso coño. Oh si… así… que cabronazo… quien bien los comes. ¿te has fijado Lucrecia? ¿has visto que bien me come el coño tu maridito? Al tiempo que se retorcía ante los suculentos bocados que le proporcionaba Berto en su vagina. ¿seguro que esto no te lo ha hecho nunca verdad?

Lucrecia pese a todo estaba excitada. Notaba como fluían sus jugos mojando sus bragas. Pese a su enfermedad, notaba como manaban sus jugos. Más excitación le entró cuando escucho decir a la joven: prepárate Lucre… ve quitándote las bragas, porque el cabronazo de tu marido nos va a satisfacer a las dos esta noche. Luego mirando hacia el hombre, añadió: oh si cabronazo así… sigue comiendo… vamos empléate oh asiii

La joven no pudo más teniendo un orgasmo en aquella posición. Tras acabar, recuperándose un poco se incorporó, observó la verga del hombre enfilada hacia lo alto como un mástil, y tomándola en la mano, comenzó a pasar su lengua por toda ella, mirando igualmente a Lucrecia. En un momento dado, toma la mano de aquella y le acercó hasta la polla de su marido: ¿vamos Lucre, se que lo estas deseando? Ven mámale la polla a tu marido. ¿eso si puedes hacerlo?

Lucrecia, sorprendida, hizo algo que nunca había hecho. Acercó su boca y engulló parte del nabo de su esposo. No tenía práctica, pero ante las insistencias de la joven, pronto comenzó a hacerlo con mayor entusiasmo. Berto estaba alucinado. Veía como la dos mujeres se disputaba su pene, pasándolo de una boca a la otra, chupándolo como si de un polo se tratara. Percibió la calentura de la joven, quien morbosamente le palpaba los testículos, comprobando que volvían a estar repuesto y con una nueva carga de semen.

En un momento dado, la joven se detiene, y exclamó: No puedo más. Ando muy caliente. ¡Quiero esa polla dentro ya!. E incorporándose, se puso a horcajadas sobre la pieza de Berto, clavándose su poderoso pene, hasta quedar completamente sentada sobre los muslos de aquel. Lucrecia observó como la joven mujer de su sobrino quedó sentaba sobre los muslos de su esposo con todo el falo dentro de su cuquita.

Oh si… oh cabronazo las vuelves a tener a punto. Uf como me llena. Oh Lucre, siento que no puedas clavarte la tranca de este macho, pero ya que tú no puedes, la voy a disfrutar al máximo. Y sin pérdida de tiempo comenzó a cabalgar al maduro, ante la mirada de la esposa de éste, quien en algunas ocasiones tomó la polla de su marido tocándole los testículos, mientras la joven cabalgaba alocadamente.

Tras varios minutos de auténtica cabalgada, la joven entró en trance, y terminó corriéndose, alcanzando el orgasmo, mientras era ayudada por Lucrecia para no desfallecer.

Luego, agotada, la joven descabalgó a Berto, y observando a Lucrecia, la hizo colocarse boca arriba sobre la cama ante la sorpresa de la misma. Rita, morbosamente le abrió las piernas, y bajándole las bragas, observó la vagina de aquella. Se percató que apenas se cuidaba el vello. No obstante, se acercó metiéndose entre las piernas de la misma, y pese al pudor de la mujer, le comenzó a lamer los labios vaginales. Lucre intentó separarla, avergonzada. Pero, la joven insistió, sintiendo como ésta comenzaba a profundizar, lamiendo toda la raja y concentrándose en su clítoris.

Mientras la joven le comía el coño a Lucrecia, observó que Berto permanecía en la cama, tocándose su falo, mirándolas. Excitada le dijo: Que esperas para clavarme. ¿se que lo estas deseando?

Berto, agitado, se colocó detrás de la joven, la cual permanecía en plan perrito sobre la cama. Observó de nuevo el hermoso trasero de la joven, y acercando su mandarria, se la enterró hasta los mismos testículos. Rita profirió gemidos y gritos, separándose un momento del coño de Lucre, para tomar respiro ante los embates que le comenzó a propinar el semental. Oh cabronazo… me revientas, ooo sigue..

Lucrecia contemplaba como se encontraba espatarrada sobre la cama, abierta de piernas, mientras la joven le continuaba dando sexo oral a su vagina. Miró hacia la cara de su marido, que penetraba con fuerza a la joven, y excitada le dijo: Así Berto… ¡clávala bien! ¡Esta putita anda bien caliente! ¡¡Reviéntala…no tengas compasión!!

Ante aquella petición, Berto incrementó sus penetraciones, tomando con fuerza a la joven por las caderas, atrayéndola hacia él mientras el envainaba la totalidad de su cipote. Uf…. Rita.. nena.. es verdad que andas bien caliente… uu

La intensidad de las penetraciones del maduro, propiciaron que Rita volviera alcanzar un orgasmo, convulsionándose y quedándose en la misma posición en que se hallaba, metiendo la cabeza en la barriga de Lucrecia, en un intento se soportar las tremendas embestidas del semental que la estaba follando. Lucrecia viendo que su marido estaba a punto, le miró morbosamente a la cara y le incitó: Vamos Berto. ¡¡Llénala… esta joven anda muy caliente! Necesita que la llenes.

-Oh si me voy a correr oooo termino por decir Berto, viendo como comenzaba a venirse dentro de aquel joven coño.

-Si Berto. ¡Échale toda tu leche dentro! Exclamó Lucrecia, instando más a su marido, indicando: ¡Esta ovulando! ¡Vamos maridito… préñala! Ramón no tiene polla para preñarla. Hazlo tu…. Vamos… “hazle un hijo”.

-Oh si… ya me viene…. Oh Rita… me voy a volver a correr dentro,..oh

Lucrecia, excitada, viendo como su esposo comenzaba a lanzar su semilla dentro de la joven, notó que se agitaba, viendo como alcanzó un orgasmo después de tanto tiempo, corriéndose en la propia boca de la joven. Su aullidos no se hicieron esperar, diciendo: oh me vengo… ooo si marido. Préñala…. ¡Ella te dará el hijo que yo no he podido darte!

Aquellas palabras de su propia esposa, pidiéndole que se viniera dentro de la joven, y que la embarazara, fueron la mecha necesaria para que prendiera el acelerador de Berto quien comenzó a lanzar una nueva ración de semen dentro de la caliente cuquita de la mujer de su sobrino. Se dio cuenta que pese haberse corrido a medio día, su eyaculación volvió a ser copiosa.

Cuando por fin acabaron. Se quedaron agotados, tendidos los tres sobre la cama. Lucrecia no se podía creer lo que había ocurrido. Jamás pudo pensar que su incitación a la joven hubiera tenido aquel desenlace. Sabía que si Rita estaba ovulando las posibilidades de un embarazo eran altas. Por fin su marido podía tener el hijo que ella nunca le había podido dar.

Tras dormir unas horas, Rita se levantó y marchó hacia su dormitorio. En el baño, se percató de que Berto había vuelto a venirse bastante dentro de su caliente vagina. Luego se echó sobre la cama al lado de su marido y se quedó rendida.

Al día siguiente, Berto invito a todos a comer fuera en un Restaurante, y estuvieron de fiesta hasta bien tarde. Lucrecia y Rita hablaban muy cariñosamente, mirando en ocasiones hacia el bulto del pantalón de Berto, y sonreían. Ramón pasaba desapercibido y ajeno a las andanzas de los demás compañeros de mesa, sin saber que se traían entre manos.

En un momento dado, las mujeres indicaron que iban al baño. Mientras lo hacían, Lucrecia le preguntó a Rita: ¿Cómo te encuentras?

Ella le miró sonriendo y le dijo: ¿te refieres a si sigo caliente? Pues, ja ja.. ando todavía como una moto. ¡Esta noche voy a tener que dejar seco de nuevo a tu esposo!. Le voy a exprimir hasta la última gota de semen que le quede.

Lucrecia se sonrió, y le preguntó: ¿Y cómo vas a hacerlo? Ramón no parece que este muy ebrio hoy. No podemos levantar sospechas a tu esposo.

Rita la miró, y le comentó: ¡déjamelo a mí! Ramón quedará rendido como un bendito esta noche otra vez. Déjalo de mi cuenta.

Mientras regresaban, ella pidió entrar en una farmacia, y adquirió una caja de somníferos, indicándole a la farmacéutica que tenía problemas de sueño, que estaba de viaje, y se había olvidado de traer la receta médica. Tanto convenció a la dependienta, que terminó recentandoselos. Ya en la casa, mientras cenaba, logró ponerle dos somníferos en la comida de Ramón ante el estremecimiento de Lucrecia, que sabía lo que pretendía hacer.

Pronto, los fármacos hicieron el efecto deseado, y Ramón comenzó a quedarse dormido en la propia cocina. Entre Lucrecia y Rita lo llevaron a su habitación, le retiraron la ropa y lo metieron en la cama. Rita le susurró a Lucrecia: “este no se despierta hasta mañana”

Acto seguido, salieron las dos fuera. Vieron a Berto viendo al tv, y ambas lo rodearon. El hombre las miró y les pregunto: pero. ¿es que se han puesto de acuerdo las dos?... ¿No me digan que…?

-Vamos maridito. No ves que esta joven necesita que le bajen la calentura de nuevo. Además, tienes que garantizar que quede bien preñada. Al tiempo que le palpaba los testículos al mismo.

Lucrecia al ver como se había puesto el falo de su marido, exclamó: Que cabronazo. ¿Como se trata de una chica nuevita, se te pone como una mástil? Cuando me follabas a mí, no te ponías de esa forma.

Berto le sonrió y le dijo: sabes que te quiero mucho. Pero la mujer de tu sobrino levanta el animo a cualquiera.

???