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Compañeros (21)

Cristina sabe que cruzó una línea con su jefe, pero Carlos no la perdona tan fácil. Mientras ella negocia sus límites con su pareja, él cierra la trampa laboral. Y en otro lugar, el pasado de Carmen vuelve para cobrar su precio con la grabación de una confesión infiel.

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21

Al día siguiente. Martes, 26 de diciembre

Cristina

Ahogué un bostezo con la mano y miré la hora, solo las 10 de la mañana, se me estaba haciendo eterna la mañana estando sola en la oficina y muerta de sueño. Carlos había llegado pero se había ido a reuniones. Estaba echando muchísimo de menos a Héctor.

Me levanté a echarme otro café, el tercero de la mañana. Estaba muy cansada. Anoche habíamos estado charlando hasta las 1. Les di sus regalos y se pusieron muy contentos, les encantaron, las Nike para Alberto y la ropa interior sexy para Sara. Luego, nos habíamos ido a la cama a hacer un trío largo y hasta las 2 y pico no nos dormimos. Y esta mañana me había levantado un poco antes de tiempo para tender su ropa y dejarles preparado el almuerzo.

Sonreí tontamente al recordar el trío. Habían estado muy ardientes, se notaba que sí que me habían echado de menos y eso me gustaba mucho, ya les había perdonado que no me hubieran llamado durante las fiestas, era normal con tanta gente y lío, y me habían prometido no volver a hacer algo así, y que en Nochevieja estaríamos juntos.

Me volví a mi sitio e intenté concentrarme en mi tarea. Al rato escuché pasos y levanté la cabeza para ver llegar a Carlos que leía algo en su móvil. Se asomó a mi puerta y preguntó:

- ¿Todo bien?

- Sí, está todo muy tranquilo

- Normal, esto está vacío, está todo el mundo de vacaciones

- ¿Tus reuniones bien?

- Sí, ajustando un poco las cuentas y el presupuesto del año que viene

- Ah

- Está todo ya listo desde hace semanas pero siempre quedan cositas, ya sabes

No tenía ni idea pero asentí sonriente. Dijo:

- Bueno, me vuelvo a mi despacho, avísame con cualquier cosa

- Sí, claro

Se giró y entonces le llamé:

- Ah, Carlos

- Dime

- ¿Puedo almorzar contigo? Como Héctor no está…

- Ah, claro, claro, pero vosotros coméis fuera ¿no?

- Cuando hace buen tiempo sí

- Yo es que como en la cafetería

- No hay problema

- Bien, pues tú me avisas cuando tengas hambre ¿Vale?

- Sí

- Por cierto, tienes cara de sueño

- Sí, bastante

- ¿Saliste anoche?

- Mmmm sí, algo así

Me miró sonriendo y se alejó.

Sara

“Nene, nene, despierta ya” le dije a Al mientras lo zarandeaba. Él protestó pero abrió los ojos:

- ¿Qué pasa?

- Vamos a desayunar

- ¿Qué? Pues ve tú, tengo sueño

- No, vamos a la cafetería, paso de ponerme a preparar algo

- Pero…

- Venga, vístete y vamos

Llevaba despierta un rato y estaba nerviosa, quería salir. Él protestó un poco más pero se levantó. Miró en el armario y dijo:

- Joder, no me acordaba que tengo todo en la maleta y sucio, que ahora me quiero ir a correr un rato

- Cris ha tendido la ropa, mira a ver si está seca

- Pero estará arrugada ¿Me planchas algo?

- Noooo, ni hablar, odio la plancha… ya planchará esta tarde Cris

- Pero ahora ¿Qué me pongo?

- Pues ponte lo de anoche, está ahí tirado

Lo recogió, lo olió y se la puso. Entonces dijo:

- Voy a estrenar las Nike de Cris

- No son las que querías ¿No?

- No, pero es que esas cuestan 200€ más

- Ya, y Cris es tan agarrada, mira que es la única que trabaja y tiene dinero, pero siempre lo está contando, parece una vieja usurera de esas

- Jeje, sí, se podía haber estirado un poco

- ¿Esas que te ha regalado cuánto cuestan?

- 150€ o por ahí

- Ya te compraré yo las buenas, cariño, no te preocupes

- Gracias, preciosa

Y me dio un beso. Salimos y nos sentamos en una cafetería del barrio. Pedimos el desayuno y me puse a darle vueltas a algo que me preocupaba. Le dije a Alberto:

- ¿Tú crees que se lo ha follado?

- ¿Cómo?

- A su jefe

- ¿Quién?

- Cris, coño

- ¿A su jefe?

- Sí, ayer nos lo dijo, pasó la Nochebuena con él

- Ah, joe, no sé

- ¿Te da igual o qué?

- Bueno, teniendo en cuenta lo que hicimos nosotros…

- Lo nuestro fue un experimento, ella se fue a casa de un tío para estar a solas con él, es distinto

- Pero nos acostamos con esa chica

- Ya ¿Y?

- Que le hemos puesto los cuernos

- Pero es diferente, estábamos borrachos y era por probar si nos valía con otra o no

Había sido idea mía. No paraba de darle vueltas a si me estaba volviendo bollera o qué porque cada vez me estaba gustando más follar con Cris. Por eso le había propuesto a Al follar con otra chica, y había sido un desastre, me había dado hasta repulsión, y más cuando vi a Al follársela… No, parecía que no me iban las tías y no aguantaba que Al se follara a otras, eso solo con Cris. Al dijo:

- Elegimos mal la chica, Cris está mucho más buena que esa chica

- No tiene nada que ver con lo buena que esté, creo que no me van las tías, solo Cris

- Pues no te entiendo

- Ni yo me entiendo… y Cris me tiene mosca con lo de ella con ese tío

- Pasa del tema, pelillos a la mar

- Una mierda, si me ha puesto los cuernos se va a enterar

- ¿Y los tuyos a ella?

- Que te he dicho que es diferente… Mira, a mí nadie me pone los cuernos ¿Te enteras? Si estamos saliendo los tres, ella no puede acostarse con otros y ya está

- ¿Y nosotros?

- Nosotros tampoco, ya hemos comprobado que con otra chica no es lo mismo y ahí acaba todo, fin del tema

- Bueno, yo me divertí

- Porque tú con tener un agujero donde meterla…

- Jeje, no es eso

- Ya, además, con Cris tienes varios agujeros, como es tan guarrilla, no tiene problema en eso

- Ya, como tú sigues sin querer probar por detrás

- Tienes el de Cris, que anoche bien que se lo follaste

- Claro, como siempre ¿Por qué estás enfadada?

- Ya te lo he dicho, me tiene mosca si me ha... nos ha engañado

- No lo creo

- La vi rara

- Estaba enfadada

- Joder, no me lo recuerdes, es que ni pensé en llamarla, por eso sí me siento culpable ¿Ves? Ahí estuvimos mal

- Ya

- En fin, vamos a terminar y nos volvemos a la cama, que hoy no pienso hacer nada

- ¿Nada?

- Además de follar, claro

- Pero iba a ir a correr

- Pues ya sabes donde te vas a correr

Y me sonrió.

Carlos

Cristina me estaba contando sobre una cosa que había hecho esa mañana y le había dado problema. La miré. Comía despacio mientras hablaba y vi que estaba cansada. “Ayer el reencuentro con el novio tuvo que ser épico si la ha dejado así, se habrá disculpado bien para que ella lo perdonara” pensé porque sabía que estaba enfadada por lo de Nochebuena.

Terminamos de comer y le dije:

- He pensado una cosa

- Dime

- Como esto está muerto, a partir de mañana hasta después de reyes, ven de 9 a 2

- ¿Y el resto de horas?

- Te quedas pendiente del móvil y del portátil, por si pasa algo urgente y te llamo, que lo dudo muchísimo

- Pero tengo tareas, me dijiste que…

- Bah, nada es urgente… Vamos a disfrutar de las tardes ¿No? Vete con tu novio a dar una vuelta y esas cosas, id de tiendas, buscad regalos… Por cierto ¿Qué te regaló?

- Mmmmm por ahora nada

- ¿No?

- No, y no creo que me regale algo, es que no trabaja

- Ya pero…

Decidí callarme, no entendía a ese tío. Ella dijo:

- Y no me gustan los regalos, prefiero que no me dé nada

- Eso debes cambiarlo, la persona que te regala algo también siente satisfacción y si le dices algo así, se lo estropeas

- Pero es que no me siento… no es por la otra persona, es por mí

- Pero es lo que te digo, a muchos nos gusta regalar por ver a la otra persona feliz

- Mmmmm

- Bueno, y a él ¿Le gustó tu regalo?

- Sí, eran unas zapatillas deportivas, muy caras para mí pero hice un esfuerzo, estoy casi sin dinero ahora

Y me miró triste. Le dije:

- ¿Necesitas un adelanto para las fiestas?

- No, no, prefiero que no, luego me cuesta recuperarme en los siguientes meses… Me queda suficiente hasta cobrar este mes, pero muchas gracias

- Bien

- Necesito aprender a controlar los gastos, solo es eso

- Ya… Bueno, recoge tus cosas y vete a casa

- Pero ¿Ya? No has dicho que a partir de mañana

- Sí, ese horario, pero vete ya, creo que necesitas echarte un rato…

- ¿Seguro?

- Que sí, mujer

Me miró indecisa y le dije:

- ¿No vas a obedecer a tu jefe?

- Jeje, vale, vale, me voy

- Descansa

Entré en mi despacho y, al poco, ella volvió con sus cosas y me dijo:

- Me llamas para cualquier cosa ¿Vale?

- Sí

- ¿No te vas?

- En un rato

- Hasta mañana

- Hasta mañana

La vi irse. No pensaba irme, tampoco es que tuviera mucho que hacer en casa.

Cristina

Entré en casa y saludé pero nadie me respondió. Miré en el cuarto de Sara y la vi dormida. No había rastro de Alberto así que pensé que estaría haciendo ejercicio. Dejé mis cosas y fui a recoger la ropa. Luego lavé los platos y cacharros del almuerzo de Sara y Alberto. Sara apareció en ese momento y, bostezando, dijo:

- Que temprano has llegado ¿no?

- Sí

- ¿Y eso?

- Mi jefe, que me da las tardes libres

- ¿Ah, sí?

La miré y vi que me miraba con suspicacia. Suspiré y le dije:

- No es por acostarme con él, no lo hice

Sara no dijo nada pero no dejó de mirarme. Cuando terminé con los platos, le pregunté:

- ¿Quieres un café?

Ella asintió y lo preparé. Se lo di y le dije:

- Voy a planchar

- Vale

Ella me siguió a la plancha y dijo:

- Mira, Cris, te lo voy a decir claro

- ¿El qué?

- Soy celosa

La miré extrañada y le dije:

- Fuiste tú la que me propuso el primer trío con Alberto

- Porque en ese momento Al solo era un buen polvo

- ¿Y ahora?

- Ahora los tres tenemos una relación

- Lo sé

- Y como tal, debemos sernos fieles

- Estoy de acuerdo

- Y aunque no somos bolleras, no quiero que te acuestes con otros

- Pero es que no lo he hecho

- Joder, Cris, que te fuiste con un tío divorciado a su casa

- Y no pasó nada

- No me creo que no te entrara

- Pues es la verdad

- ¿Un divorciado a una chica como tú? No me lo creo

- Lleva divorciado años, no es un divorciado de ahora

- ¿Y?

- Y nada, solo te lo decía

- Pero te parece atractivo

- Sí, como muchos otros ¿O tú has dejado de ver tíos buenos ahora que tienes novio y novia?

Sara se rio y dijo:

- No, desde luego que no

- Pues eso

Dejé la plancha para girarme y mirarla mientras le decía:

- Si llego a estar soltera lo mismo le hubiera entrado yo, pero no es el caso

Sara me miró sin decir nada. Volví con la plancha. Entonces dijo:

- Bueno, vale

- ¿Vale qué?

- Te creo

Entonces se levantó y me abrazó desde atrás. Me dio varios besos en el cuello y dijo:

- ¿Quieres dormir esta noche con Alberto?

- Vale

- Digo solo vosotros dos, yo llevo durmiendo varios días con él, y antes hemos follado

- Vale, esta noche conmigo

- ¿No quieres que yo esté?

Me giré para mirarla. Ella seguía abrazándome. Le pregunté:

- ¿No quieres estar sola?

Ella negó con la cabeza poniendo pucheros. Me reí y le dije:

- Vale, los tres

- Genial

Y me dio un pico.

Carmen

Entré en el taller y pregunté por Sebas. Salió al poco y puso cara de sorpresa al verme:

- Coño, Carmen, cuanto tiempo ¿Qué haces aquí?

- ¿Qué pasa, Sebas? ¿No puedo venir a saludar a un viejo amigo?

Me acerqué y le di dos besos. Nos miramos, que mal había envejecido, con barriga cervecera, medio calvo y fofo. “Joder ¿Y por este tío me peleé con la Reme?” pensé mientras le sonreía. Él me daba un repaso en toda regla y le dejé disfrutar. Entonces le dije:

- Al final te quedaste con el taller de tu padre

- Sí, claro

- ¿Sigue por aquí el viejo?

- No, se jubiló, ahora lo llevo yo

- Bien, bien ¿No me invitas dentro a charlar?

- Claro, Carmen, entra, entra

Entré despacio, con la mirada de los tres empleados de Sebas fijas en mí, y la de Sebas también, tenía claro que no me quitaba ojo de mi culo mientras pasaba por la puerta. Me llevó al despacho y me senté cruzando las piernas. Él, nervioso, se quedó de pie. Miré a mi alrededor y dije:

- No ha cambiado mucho esto

- No, no estamos para redecoraciones, andamos siempre con los números del taller al límite, entra poco negocio

- Siempre fue así y aquí sigue

- Sí, da para sobrevivir, no más

- Ya

Lo miré, siempre había sido un pobretón, “como todos en este asqueroso pueblo”. Él preguntó:

- ¿Qué te cuentas, Carmen?

- Nada, estaba aburrida y me he dicho de hacerte una visita

- Aja

- Esto me trae recuerdos

- ¿Sí? (con una sonrisita)

- Tu picadero, pocas noches me follaste en esa mesa ¿Eh?

- Jeje, sí

- A mí y a unas cuantas más ¿Verdad?

- Sí, bastantes jeje

- ¿Y a la Reme?

- No, con ella follé muchos años después, ya no usaba esto de picadero

- ¿Cuándo me fui?

- No, que va, mucho más tarde… la dejé embarazada en una maldita noche y ahí estamos

Sonreí. Así que al final lo había pescado de esa forma. Me levanté y empecé a caminar por la habitación. Le dije:

- ¿Y por qué follaste con ella si no te gustaba?

- Ufff, una noche de borrachera, ya sabes que era muy pesada, siempre detrás de mí

- Sí

- Y al final… Pues eso, la preñé y tuve que joderme con esa tía

- Pues hijo, con lo que te gustaba dar por el culo, deberías haber apuntado al otro agujero

- Me gustaba darte a ti por ese fantástico culo que tienes, Carmen

- ¿Y a ella no?

- No

- ¿Por qué? ¿No te gusta su culo?

- No, joder

- ¿Y el mío? ¿Te sigue gustando?

Le estaba dando la espalda y giré la cabeza un poco para mirarle sonriendo seductoramente. Sebas se me acercó rápidamente y me cogió el culo diciendo:

- Joder, claro que sí

- Me desvirgaste el culo aquí ¿No?

- Sí, joder, como gozaste, perra

- ¿Y qué te parece mi culo? ¿Sigue estando bien con ese sobeteo que me estás dando?

- Está fabuloso

Me giré y lo miré, muy cerca. Le acaricié el paquete con mi mano y dije:

- Vaya, se te sigue poniendo dura muy rápido

- Eso seguro

- ¿Follas mucho?

- Sí

- ¿Con Reme?

Él se cortó y no me dijo nada. Le sonreí y dije:

- No me creo que solo te folles a Reme

Él siguió sin decir nada y me carcajeé:

- El que calla, otorga

Sebas rio y le dije:

- ¿Y sigues follando aquí?

- No

- ¿Dónde?

- En casa de ella

- Ahhh, entonces la pobre Reme tiene unos bonitos cuernos

- Tiene bastantes, y más que va a tener si te vienes conmigo

- ¿No me quieres follar aquí?

- Aquí no puedo

- Ohhh, que lástima

Lo aparté de mí. Él me cogió las tetas pero le aparté y me fui a la puerta:

- ¿Dónde vas?

- A mi casa

- Pero ¿No vamos a follar?

- Noooo, jaja, ya no follo con catetos

- ¿Qué?

- Nada, cariño, y hazte una paja antes de salir, que vas a romper los pantalones

Y me fui. Al salir del taller, paré la grabación y escuché un poco pegándomela al oído. Perfecta. “Y ahora, a que me de alguien el móvil de Reme, a ver si le gusta tener cornamenta o no” pensé mientras sonreía satisfecha.

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