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El Cuñado parte 9

El narrador se esconde y observa cómo su cuñado acosa a su esposa frente a un espejo. En lugar de detenerlo, el marido decide enviar mensajes animando la infidelidad, sumergiéndose en una espiral de voyeurismo y traición.

Lanfasone130K vistas9.5· 37 votos

EL CUÑADO Parte 9

_ Que sorpresa peque ¿Qué haces aquí?_

Oscar estaba con su bañador que había llevado todo el santo día y una camiseta arrugada.

Mi esposa no atinaba a responder y yo tenía un nudo en la garganta. ¿Qué diablos significaba esto?

_Vi la luz encendida aquí y vine a ver, además llevas el vestidito de ayer_ continuó mi cuñado, era claro que se estaba divirtiendo con Sofía.

_Joder como te queda el vestidito este, que cuerpazo te hace ¿no?_

_Es que bajé aquí….. porque…….quería verme en este espejo…como…me queda_ dijo mi esposa con un leve temblequeo en la voz.

Desde mi escondite podía verla de espaldas, retorciéndose las manos con nerviosismo y a Oscar de frente, sonriente.

_Claro…claro pues no te cortes por mí, mirate tranquila, desde ya te digo que te queda increíble, te queda como un guante, parece que lo hubiesen cosido a mano en tu cuerpo_

_Gracias…._ dijo ella, la situación no podía ser más absurda, pensé que Borja podría llegar de un momento a otro

_Pero ponete acá hija, mirate en el espejo tranquila_ dijo mi cuñado, creo que lo odiaba profundamente en ese momento y hasta pensé en salir de mi escondite y terminar con esa comedia.

_Está bien…en verdad ya me iba_

_Pero no mujer ponete acá frente al espejo, vení_ dijo y le extendió la manaza de oso.

Mi esposa dudó un instante pero estaba nerviosa y confundida.

Entonces ella cogió su mano, un leve contacto pero suficiente para que Oscar la guiara frente al espejo.

Y luego se colocó detrás y puso una de sus manos sobre un hombro desnudo de ella.

Pude ver claramente como mi esposa se sobresaltaba y daba una especie de respingo.

El cuerpazo de mi esposa era algo difícil de describir, era como que explotaba ante mis ojos en ese momento, las piernas musculadas bien paradas, derechas sobre sobre los finos tacos de las sandalias, la pequeña cintura, la curva de su espalda, la prominencia de sus nalgas, la gracilidad y el moldeado de los perfectos hombros y esos increíbles y pesados tetones que llevaba sin sujetador y apenas cubiertos por las tiras de telas anudadas en su nuca que conformaban su vestido

Por primera vez sentí un chispazo de excitación en la boca del estómago.

Sofía cruzó sus brazos tomándose ambos codos con las manos como si tuviese frío en ese momento.

En el espejo podía ver su rostro demudado y serio, sus grandes pechos apenas contenidos por los breteles de color blanco de su vestido, el amplio escote que dejaba el nacimiento del ombligo al descubierto y detrás de ella como una sombra ominosa, el corpachón de oso de Oscar con su manaza apoyada en el delicado hombro desnudo de ella.

Seguía aún sonriendo torvamente pero lo noté reconcentrado ahora, como sopesando como seguir, que pasos dar para no espantar a su presa.

Y entonces comprendí, se hizo la luz en mi cerebro, Borja nunca vendría.

Seguramente Oscar nunca le había mostrado el video de Sofía.

El nudo en mi garganta y la bola en mi estómago se intensificaron y a la vez tuve una completa erección.

_Joder estás de muerte Sofía, estás haciendo ejercicio como nunca ¿No? Nunca has estado así antes_

_ Si….es decir….me he cuidado mucho en el último tiempo_ dijo ella y por primera vez miró a Oscar a través del espejo.

_Ya lo creo que si peque, estás como un tren de buena, estás impresionante chica, nunca te había visto así antes, Ufff y este vestido, este escote, estás para el infarto_

Y entonces colocó la otra mano sobre el otro hombro de mi esposa, esta volvió a dar como un respingo.

Lo mismo hizo mi polla dentro de mis calzoncillos. Sentía asco de mí mismo de estar tan excitado mirando y a la vez no podía dejar de mirar. Era más fuerte que yo, más fuerte que cualquier razonamiento que pudiera tener.

_Estás temblando Sofía ¿Tienes frío?_

_No…… si, hace frio aquí…debo irme_ dijo ella, pero seguía mirándose en el espejo como hipnotizada.

_ ¿Y para que te has cuidado tanto? Vamos…. el cuerpazo lo tienes desde siempre, lo que la naturaleza te dio está muy bien pero…… este culazo y estas piernas, Ufff……..es que son demasiado_

Ahora sus manazas acariciaron levemente los hombros de ella, quien se revolvió un poco como si estuviera incomoda pero a la vez la expresión de sus ojos en el espejo, la mirada absorta, como contemplándose desde fuera de la situación, era una expresión entre asombrada y admirada, de sí misma.

Sus tetones también parecieron revolverse incomodos dentro de su vestido, también ellos inquietos por ese leve sobeteo de Oscar

_Todos queremos vernos bien…yo creo…quería verme bien_ dijo, como excusándose.

_Y vaya si lo lograste bebé, pero una vez que una mujer se pone así, cuando una mujer está como vos ahora…así de buena, con semejante cuerpazo…es para algo ¿O no?_

_ No entiendo lo que quieres decir…una quiere verse bien para sí misma, es normal yo creo, es solo eso_

_También es para tu esposo imagino_

Ahora que la conversación parecía fluir un poco más, las caricias de las manazas de Oscar sobre los hombros de ella continuaban, aún leves, casi rozando la piel trémula, pero con más confianza.

_Sí, claro_ ella miró ahora a través del espejo, en mi dirección, como si repentinamente se hubiese acordado de mi presencia.

_Además que hay una ley natural en todo eso_ dijo Oscar

_ ¿Ley natural?_

_Claro, cuando una hembra quiere procrear trata de atraer al macho, poniéndose atractiva, vamos que así pasa en la naturaleza ¿O no?_

_No sé por qué dices eso…vamos…que no_ dijo Sofía con cierto fastidio

Cada vez que Sofía respiraba y sus pechos se agitaban y su cuerpo parecía tensarse, mi polla daba un pequeño salto hacia adelante.

Me preguntaba como coño Oscar podía estar tan bien acertado en la idea de nuestro deseo de ser padres, algo que nunca habíamos manifestado en la familia.

Y como se atrevía a jugar con Sofía con esa idea, nunca lo habría creído tan descarado, tan salido. Claro que todo lo que había pasado con Luz estaba en consonancia con ello.

_Estás tensa bebé, te voy a hacer un masajito ¿Querés?_

_No…no…ya debo irme…Albert me debe estar esperando_

_ Esperame que voy a buscar algo_ dijo Oscar y se giró.

Sofía también se dio la vuelta y caminando unos metros hasta un banquillo que había cerca cogió su móvil, supongo que para ver la hora.

Entonces cogí mi propio móvil y envié un mensaje, lo hice sin pensar, fue algo totalmente instintivo.

Oscar ya regresaba y traía entre sus manos la botella de ese aceite para dar masajes, el mismo que había usado con Luz.

La pantalla del móvil de mi esposa se iluminó, ella miró y pude ver su cara de sorpresa y como luego volvió a mirar en dirección a mi escondite, con una mezcla de temor e incredulidad.

_Me pone verte con él_ eso decía mi mensaje

_ ¿Es Albert, que dice?_ dijo Oscar

_Nada…que donde estoy_ dijo ella volviéndose hacia él

_Contestale, dale_ dijo Oscar

Mi esposa tecleó rápidamente

Mi móvil vibró en silencio, en mis manos.

_Estás loco_ decía

Respondí a la mayor velocidad que pude

_Borja no vendrá, sigue jugando con él_ le escribí

Pude ver la mirada torva de mi cuñado sobre Sofía, sobre sus tetones, sobre todo su cuerpo, recorriéndola de arriba abajo mientras ella leía mi último mensaje en el móvil.

_Debo irme…..Albert me espera_ dijo ella

_Venga chica, te hago un masajito, dile a Albert que venga si quiere, total a él le gusta mirar_

Mi esposa dio un paso hacia atrás al escuchar eso, trastabillando, haciendo equilibrio sobre los finos y altos tacones de sus sandalias.

_ ¿Por qué dices eso?_ dijo

_ ¿Qué digo qué?_

_Eso de que le gusta mirar_ la voz de ella temblaba un poquillo

_Porque es así, le gusta mirar, se ha convertido en un mirón, yo le avisé_

_ ¿Que…que tú le avisaste?_

_No pasa nada bebé, no tiene nada de malo, vení, ponete como estabas hoy que te hago un masajito y te vas_

Sofía volvió a dudar un instante. Finalmente avanzó hacia donde estaba más iluminado frente al espejo. Volvió a mirar hacia mi escondite a través del espejo.

El contraste entre la femineidad y la elegancia de su vestido, las formas escandalosas de su cuerpo y el desaliño y la grotesca figura de Oscar era tremendo.

Sofía se cogió la muñeca derecha con la mano izquierda y se frotó el brazo de arriba hacia abajo.

Oscar se refregó las manos en el aceite y comenzó a masajear las clavículas y los hombros de ella.

Los ojos de los dos se encontraron en el espejo nuevamente.

Los pechos increíbles volvieron agitarse en la respiración entrecortada de mi esposa.

_No me ensucies el vestido_ dijo ella

_Que no…tranquila...... ¿Siempre sos tan nerviosa vos?_

_No estoy nerviosa_ dijo ella

_Estás dura como una piedra_

Las manos de Oscar bajaron hasta la pequeña cintura de mi esposa y desde allí subieron por la espalda desnuda de ella, presionando con sus manazas de oso.

Se volvió a echar aceite en las manos y volvió a frotar con fuerza la espalda y los hombros, también parte de los brazos, la piel de Sofía estaba quedando brillante al contacto del aceite.

_Vas a acabar por mancharme el vestido_ volvió a protestar ella pero con poca convicción.

Sofía con su 1,68 y sus tacos de diez centímetros era como una estatua de la fertilidad tallada a mano por un dios diabólico y detrás de ella mi cuñado con su 1,87 y su traza de orangután con su bañador ridículo y su camiseta arrugada.

_Que no…vos relájate bebé_ dijo Oscar

Entonces ella entrecerró los ojos, las manos de él se adherían a la suave piel de mi esposa, estrujando los músculos.

Mi corazón latía a toda velocidad.

_ MIrá, para que te quedés tranquila con el vestido_ dijo él y comenzó a desatar el lazo en la nuca de Sofía, el pequeño lazo que unía los dos breteles delanteros.

_No…no…_ dijo ella e intento girar, pero Oscar con una mano ya desataba el lazo y la sujetaba por un hombro.

_Vos sostenete la parte de adelante…jaja…porque si no_ se rio como un bufón

Mi esposa bajó la cabeza por la vergüenza y puso sus dos manos a la altura de sus pechos, sujetando los breteles delanteros, lo único que cubría sus pechos.

El lazo de desató y cayó hacia adelante. Oscar sin perdida de tiempo masajeó ahora cerca del cuello y la nuca.

_Ves que así es mejor_ dijo

Mi esposa miró hacia adelante, se encontró a sí misma en el espejo con sus manos a la altura de los pechos, Oscar ahora masajeaba con fuerza, la espaldita desnuda, los hombros, el cuello, la nuca. El pelo corto de mi esposa, le daba acceso al fino cuello, sus dos manos masajearon esa zona y llegaron hasta la garganta, es decir ya estaban en la parte frontal de su cuerpo.

Vi como ella entrecerraba los ojos y revolvía su cuello de gacela al sentir allí las caricias de las manazas de mi cuñado

_Que cuellito hermoso tenes_ dijo él

Mi esposa volvió a entrecerrar los ojos ¿Estaba sucumbiendo a las caricias de Oscar?

_Te gusta ¿No es cierto bebé?_

Ella entrecerró los ojos, empujada hacía adelante por los masajes, su pequeña boca se entreabrió, volvió a trastabillar, esta vez hacia adelante, sus mejillas estaban enrojecidas, sus blancos y fuertes dientes se mostraron con el brillo de un poco de saliva en ellos.

_Te gusta ¿O no?_ dijo él, imperativo

_Si….._ respondió ella con un hilo de voz

Oscar se volvió a colocar más aceite.

Y luego se agachó detrás de mi esposa y comenzó a masajear sus piernas, primero los gemelos y luego fue subiendo hasta la parte posterior de la rodilla.

Las poderosas piernas, labradas durante tantos meses de ejercicio temblaban ante los toscos masajes de Oscar, sus manazas se aferraban como garras a las piernas modeladas de Sofía

_Yo era un gran masajista también en el vestuario y vos tenes unas piernas mi amor que son una belleza, así, los isquiotibiales, las rodillitas, así bebé, que lindo ¿no?_

Sofía no respondió, un poco trastabilló otra vez hacia adelante, siempre sosteniendo los breteles sueltos de su vestido, protegiendo sus tetones.

Oscar ya masajeaba, acariciaba los muslos de mi esposa con total descaro, la parte posterior de los muslos la recorrió con deleite y yo no podía creer lo que estaba a punto de suceder, pues vi claramente cuál era su intención.

Las manazas subieron un poco más por la parte posterior de los muslos.

_Ya para Oscar…._ dijo ella sin convicción ninguna

_Es que este culo es de otro planeta, me venis volviendo loco con esas sentadillas que haces todas las mañanas_

_No…yo no…_ dijo ella de forma incoherente.

Oscar apretó fuerte la parte posterior de los muslos, casi en el nacimiento de la curva de las nalgas, hasta dejar los dedos marcados en la fina piel.

_Joder esta carne esta dura como una piedra, una locura_

Mi esposa, mi dulce y cándida Sofía, temblaba como una hoja, con sus manitas trataba de sostener las telas del vestido cubriendo apenas sus tetones que pugnaban por escapar de su prisión. Se mordió el abultado labio inferior con fuerza, su boquita levemente deformada por ese mordisco que ella misma se propinaba.

Oscar volvió a apretar con fuerza la carne tersa de los muslos y sacudió un poco el cuerpazo de mi esposa. Vi que acercaba su bocaza a la piel.

Plantó allí un leve beso, apenas apoyó su bocota obscena sobre la piel expuesta.

Sofía se estremeció, cerró los ojos con fuerza.

_No…Oscar….para….._

Pero mi cuñado ya había ganado la partida y sin hacerle caso deslizó sus manos hacía arriba y las metió debajo del vestido.

_No…no Oscar…no_ dijo mi esposa casi en un sollozo

_Shhh tranquila bebé….tranquila_ dijo él y ya estaba acariciando las montañas carnosas de ese culazo.

Vi como la falda de color blanco que todavía cubría ese culo se deformaba con las manazas de Oscar dentro de sí, la forma grotesca de esas manos volvió a dar un apretón con toda si fuerza, ahora apretujando y marcando con sus dedos las nalgas prominentes, carnosas, duras como piedra.

_Por dios que pedazo de ojete…durito…tierno…que pedazo de orto, bebé_ dijo Oscar embelesado sin dejar de apretujar y recorrer bajo la tela.

El rostro de mi esposa se descomponía, lo podía ver a través del espejo, su cabeza se inclinaba hacía un costado, cada tanto abría los ojos y se miraba con asombro y sorpresa en el espejo.

Y luego Oscar, no conforme con eso fue deslizando el vestido hacía arriba, hasta dejar las rotundas nalgas a la vista, separadas apenas por la tira del tanga metida en la raja de su culo.

Masajeó y estrujo a conciencia la carne tersa de esas nalgas perfectas.

Sofía ahora estaba con la cabeza gacha, sin atreverse a mirarse ya en el espejo. Los gruesos pulgares de mi cuñado se colaban por dentro de las nalgas, rozando el coño

_No….no…_ volvió a decir ella pero su voz se notaba desfalleciente, sin voluntad.

Para completar el masaje, Oscar le plantó un sonoro beso en medio de las nalgas.

Sofía dio un largo suspiro.

Estuve a punto de correrme.

_ ¿Qué, bebé? ¿Qué pasa, bebota?_ dijo Oscar con esa jerga absurda que usaba, a veces en argentino, a veces en español

Mi esposa ahora si levantó los ojos hacia el espejo, justo cuando Oscar se ponía de pie detrás de ella.

Sus ojos almendrados estaban brillantes por la excitación, parecían despedir pequeños destellos que se estrellaban en el espejo.

Él volvió a estrujar el culazo de Sofía y le dio un beso en el hombro, siempre con las manos en su culo, continuó besando la clavícula, el cuello y la nuca.

Sofía volvió a suspirar lo que ya era un ahogado gemido de excitación.

_Que culito mi vida, me calentabas bien calentito todas las mañanas ¿no es cierto? Haciendo ejercicio mientras yo te miraba desde la cinta_

Sofía inclinó su cuello, él lo besó allí en el nacimiento del cuello, ella gimió de forma innegable.

_Tenés las piernas y el culo hechos una madera bebé, bien firme, ¿Te das cuenta que estás refuerte peque?_

_Mmmm……. No…joder_ dijo ella

Entonces Oscar cogió la botella de aceite y en lugar de ponerse en las manos la vertió sobre el cuello y el pecho de mi esposa. El aceite comenzó a correr en una lenta cascada hacia el ombligo

_ ¿Qué haces……?_ gimoteó mi esposa, sus tetones volvieron a agitarse.

_Te preocupa el vestidito ¿no es cierto?_ y cogió una mano de Sofía y la fue quitando con suavidad, dejando que el bretel cayera hacia adelante, el pecho desnudo de mi esposa se mostró en el espejo, colosal, turgente.

Luego hizo lo mismo con la otra mano, el bretel cayó hacia adelante, Oscar sostenía en el aire las manos de mi esposa, ahora estaba desnuda, sus tetas oscilaron, erguidas, prominentes, orgullosas.

Eran dos melonazos de una belleza casi pagana, era Dionisios en su máxima expresión, era la naturaleza y la fertilidad hecha mujer.

_Que tetona hermosa que sos mi amor_ dijo él con sincera admiración

De pronto ella se giró, quedando de frente a él y se liberó de sus manos, intentó cubrirse los pechos, pero era una tarea imposible, retrocedió de espaldas al espejo.

_No Oscar…no follaré contigo…_ dijo

_ ¿No? ¿Conmigo no y con Borja si?_ dijo Oscar en mal tono y avanzó hacia ella.

_ ¿Qué? ¿Qué tiene que ver Borj..?

_ Venga peque…….¿Qué ibas a estar haciendo aquí a estas horas y vestida así?_

El hermoso rostro de Sofía se deformó en una mueca de ira y de sorpresa.

_No sé qué mierdas dices pero…_

_Que tetones de… que tetones de guarra……_

Avanzó hacia ella, quien ya tocaba el espejo con su espalda. Intentó detener su avance extendiendo una mano, pero eso hizo que un pecho quedara al desnudo.

Sofía puso una mano en el pecho de Oscar y este extendió su brazo y su manaza acarició el soberbio pezón de mi esposa, cubriéndolo, acariciándolo a mano llena.

_Por dios….qué maravilla_ dijo él admirativamente

_Para Oscar…te lo pido….me conoces desde niña…_

La manaza de orangután de mi cuñado sobre uno de esos tetones sagrados de mi esposa, no podía creérmelo, no podía estar pasando ¿Qué clase de hombre era yo? ¿En qué mirón cornudo me había convertido?

_Venga chica quita la otra manita_ y le apartó con fuerza la otra mano de Sofía que cubría su pecho.

Ella casi dio como un sollozo pueril, su boca pequeña temblaba y todo su cuerpo también al verse así expuesta ante él, indefensa, inerme.

Sus pechos lucían en todo su esplendor natural, los pezones bien erectos denotaban también su evidente excitación aunque ella luchara contra lo que su propio cuerpo estaba sintiendo

Luego quiso empujarlo con sus dos manos sobre el amplio pecho de él. Este ni se inmutó y su otra manaza también fue sobre las tetas y ahora acariciaba y sobaba a dos manos.

_Que globos tenés…..son increíbles_ Oscar los sopesaba, poniendo las manos desde abajo, golpeando los pechos y dejándolos caer en todo su peso.

_Y estás empitonada además….como te gusta……. así__ y le dio una leve bofetada sobre la soberbia mama, el tetón así mancillado se agitó pesadamente, como rebotando sobre su propio eje.

Recordé que él había visto ese video donde yo abofeteaba los pechos de mi esposa y como se había puesto ella.

Y en verdad la notaba cada vez más cachonda perdida con este trato más rudo y guarro de Oscar.

Sofía iba con su vista hasta sus propios pechos y las manos de Oscar sobre ellos y luego miraba al frente con expresión llorosa, los ojos entrecerrados, giró un poco la vista en mi dirección como si esperara que yo interviniese.

Una parte mía pensaba en hacer algo, no sabía bien qué y la otra parte de mi mente estaba completamente dominada por el morbo y quería seguir viendo como mi cuñado manoseaba a mi esposa.

Entonces Oscar se quitó la camiseta por sobre la cabeza, dejando ver un pecho con mucho vello, en parte canoso y una tripa descuidada.

_Así estamos iguales…- dijo

Mi esposa bajó los brazos y apoyó las palmas de las mano sobre el espejo, sus tetones oscilaron con la respiración agitada que llevaba, entreabrió la boca como buscando aire.

Oscar volvió a poner las dos manos sobre los pechos de ella pero esta vez se volcó sobre su cuerpo, como aplastándola sobre el espejo y acercando su rostro al de ella para besarla, mi esposa corrió su cara y el beso de Oscar impactó sobre su mejilla.

_Estás en difícil…hay que joderse…con la caliente que estás Sofía_

Luego se agachó y su boca se apoderó de un pezón, pude ver como su lengua grande y obscena envolvía la aureola rosada y la devoraba con fruición.

Mi esposa levantó ahora las manos completamente superada pero su rostro indicaba a las claras lo que ya para mí era innegable, estaba encendida, completamente cachonda y caliente como nunca la había visto. Sus mejillas completamente arreboladas, sus ojos cada vez más brillantes.

Las manazas de Oscar ahora recorrían todo su cuerpo, una sobre el pecho que no era devorado por su boca y la otra recorriendo las piernas, la cintura y pasando por detrás para sobar el culazo y seguir tirando del vestido hacía arriba hasta dejarlo completamente enrollado en su cintura.

Volvió a abofetear pesadamente sus tetas.

PLASSS!! Se escuchó atrozmente, yo ya no podía más, si llegaba siquiera a rozarme la polla iba a correrme sin remedio.

Y entonces Oscar, mientras su gruesa cabeza, con la calva incipiente y rojiza se perdía en los pezones de mi esposa, subió una manaza hasta el rostro de ella y recorrió groseramente toda su boca, tirando de su labios carnosos hacía abajo, hizo esto varias veces, nuevos bofetones sobre los pechos.

PLASS!!........PLAASS!!

Las piernas de coloso de mi esposa temblequearon como anunciando el derribo completo del ídolo, sus tetones se seguían agitando por las bofetadas recibidas, su boca era recorrida por los dedos gruesos de Oscar

Entonces ella entreabrió su boca y permitió que uno de los dedos toscos como salchichas de esa manaza penetrara su delicada boca y luego mamó, mamó uno de sus dedos con deleite y al hacerlo, cerró los ojos y pude ver los parpados dolientes, casi hinchados y ese cerrar los ojos con el dedo de Oscar en su boca era la confirmación de que había claudicado ya.

Y cuando él acercó su boca a la de ella sabía yo que era el paso final e inevitable, más aún que todo lo que podría venir y las caricias que ya se habían sucedido.

Ya nada volvería a ser igual entre mi dulce Sofía y yo.

Oscar colocó sus dos manazas sobre la nuca de ella, ahora en un gesto casi suave, dulce, protector.

Sofía alzó los ojos hacía él, sus labios se entreabrieron con temor, en éxtasis, en un rictus de entrega y claudicación.

Ahora era yo el que casi sollozaba dentro mío y pedía “No lo hagas Sofía, no te entregues a él” y por otro lado lo deseaba aún más que ella

Su boca pequeña y de labios carnosos fue cubierta y devorada por la boca grotesca de Oscar y los labios se fundieron en un beso, los dos con los ojos cerrados, las lenguas y las bocas adaptándose a las nuevas formas que ambos se descubrían.

Y ya las cabezas se ladeaban y un brazo de Sofía lo envolvía y acariciaba la nuca de aquel hombre, la espalda velluda de mi cuñado quien había jugado tan bien sus cartas, quien vio un resquicio donde lograr esto que estaba sucediendo, vio que algo en mi aparecía “te estas convirtiendo en un mirón”, casi que me lo había advertido.

Y supo advertir también que algo había cambiado en Sofía, un deseo oculto, unas ganas de follar, una necesidad de estrenar ese nuevo cuerpazo que había ido forjando en los largos meses de gimnasio y ejercicio.

Y después él se agachó para quitarle a ella el ridículo vestido hecho una faja en su cintura y también el tanga y me parecía que ella temblaba y casi estaba a punto de llorar y luego se quitó los calzoncillos y cogió un poco de aceite y se lo puso en la palma de la mano y untó el coño de mi esposa, refregando esa manaza, sobre la intimidad de Sofía y esta se estremeció y volvieron besarse y ya ella le sobaba la polla con su pequeña manita.

Y luego Oscar la levantó en vilo como si ella estuviera hecha de plumas y apoyándola sobre el espejo, la retrepó sobre su cuerpo y la fue acomodando sobre si con maestría y las increíbles piernas de mi esposa, todavía con las sandalias puestas se anudaban a su gruesa cintura como una planta trepadora, envolviendo el culo seboso y plano de él y sus gráciles brazos se anudaron al cuello de aquel hombre. Y su culazo perfecto de nalgas duras y carnosas se apretaba contra el espejo empañándolo.

Y un largo suspiro, un suspiro doliente y con la conciencia totalmente perdida escapó de la garganta de mi dulce y pequeña Sofía.

Cuando la polla de Oscar se hundía en ella, cuando mi esposa se dejaba caer sobre la verga de mi cuñado, empalándose sobre él, con sus tetones aplastados sobre el pecho canoso de aquel palurdo.

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