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Fui infiel a mi esposo en su propia cara (real)

La fiesta celebra un año de matrimonio, pero la borrachera desata confesiones hirientes. Andrea escucha a su esposo burlarse de su fidelidad y, en un estallido de rabia y lujuria, decide pagar con la misma moneda: su venganza será acostarse con dos amantes frente a los pies de su esposo dormido.

andrea48K vistas8.3· 16 votos

Queridos amigos lectores: Mi nombre es Andrea, es nombre ficticio de verdad, lo demás es real, tengo 31 años de edad actualmente, soy casada, mido 163 centímetros de estatura, 65 kilogramos de peso, contextura mediana, buena pierna con unas buenas nalgas como una buena hormiga culona, unas tetas talla 34 b, mi piel es clara, mi cabello es lacio color miel, lo tengo corto en este momento, mis ojos son café claros, en fin tengo gracias a Dios, un buen cuerpo, unos atributos que muchas envidian y los hombres desean, mi cuerpo me encanta, sé que no pasa desapercibido, ya que cuando voy por la calle recibo muchos piropos unos muy bonitos, otros un tanto pasados y hasta morbosos, recibo también miradas, gestos y otras cosas de parte de los hombres, tampoco tengo hijos debido a que cuando niña me practicaron un aborto en una clínica clandestina, allí me sacaron la matriz, por ese motivo no puedo concebir.

Mi esposo es un buen hombre, 2 años mayor que yo, de 180 estatura, de 72 kilos de peso, trigueño, pelo crespo y negro, delgado, bien aspectado en todos los sentidos, las chicas lo ven y no son indiferentes a sus gustos, llama la atención de ellas en todos lados, profesional, trabajador, juicioso, bueno en la cama, sé que me la ha jugado varias veces, lo he perdonado porque aprendí a pagar con la misma moneda. Aquí sólo quiero desahogarme de estos recuerdos, revivirlos y compartirlos con aquellos que buscan algo de diversión por este medio, dejo constancia de que mis relatos son verídicos y no sacados de la fantasía de alguien.

Hoy les relataré cómo y cuándo fue la primera vez que le puse los cachos a mi esposo, es decir que le fui infiel por una venganza, casi en sus propias narices.

En nuestro primer año de casada, mi esposo organizó una fiesta por lo alto, invitó a muchos de sus amigos de la empresa y particulares, quienes asistieron con sus esposas, otros iban solos, algunos familiares nuestros; yo por mi parte invité a un grupo pequeño de mis amistades, dos de mis mejores amigas del colegio, un par de exnovios que mi esposo no conocía, pero que pertenecían a mi grupo de estudios, otro amigo con derechos muy cercano, uno de mis profesores y mi mejor vecino y amigo.

Para ese día me vestí con un vestido blanco de tela hindú, tenía algunas flores pequeñas en el cuello, manga corta, con un escote bien abierto que me permitía mostrar mis dos hermosos senos por lo menos unas tres cuartas partes de su tamaño, en mi cuello estaba un hermoso collar de dos cadenas adornados con dijes, que aunque no era de oro, si estaba muy hermoso y lucía muy fino, además relucía y me hacía sentir segura; mi vestido iba bien arriba de la rodilla, de vuelo ancho, tenía un forro muy corto que solo llegaba a media nalga, a tras luz dejaba ver el bulto de mis labios vaginales, mis piernas bien torneadas eran enorgullecidas con unos zapatos de tacón alto, perfectamente maquillada, peinada y arreglada para la ocasión especial de muestras vidas.

Mi esposo había alquilado un traje de frack, el cual solo uso completo durante el almuerzo y la ceremonia religiosa que se pagó como agradecimiento por ese primer año de casados, ésta se desarrolló a eso de las 11:0 horas del día, de misa salimos al almuerzo en un restaurante, algunas fotos, salimos para nuestra casa. Muchos de los amigos de mi esposo asistieron solo a la ceremonia religiosa, otros se fueron después de almuerzo, a la sala de nuestra casa solo llegó un grupo más reducido de invitados, todos bebedores de trago, con ganas de comer, divertirse y pasar un rato sin freno alguno.

La tarde transcurrió de manera normal, whisky es la bebida preferida de mi esposo, había varias cajas de chivas 18 años, cerveza en lata había por lo menos 20 cajas de reserva aparte de una nevera de botellero que se alquiló para llenarla de cerveza fría, algunas gaseosas, agua y de hielo, en nuestra nevera también había licor enfriando.

Ese día decidí no tomar demasiado ya que como ama de casa, necesitaba estar pendiente de todos los invitados, también para permitir que mi esposo se desinhibiera a su gusto, atendiera a sus compañeros y amigos.

Como comprenderán, ese día mi traje, mis piernas y mi persona en conjunto no pasaban desapercibidas para ninguno de los machos, sus esposas tampoco es que estuvieran muy complacidas ya que en muchas oportunidades las observé dando de codazos a esos pobres esposos por tratar de mirar más allá de lo que podían ver en ese momento, en especial cuando estaba sentada o movía mis piernas. Ya se imaginarán cómo se ponían cuando me sentaba por momentos al lado de mi esposo a descansar o beber un sorbo de cerveza que es lo que más consumí ese día.

Algunas de las esposas de los invitados vestían jean, dos o tres llevaban vestido enterizo, especialmente las más adultas y piernonas, que cuando se sentaban dejaban ver una punta de sus calzones, cuando cambiaban de posición, cruzaban o descruzaban sus piernas, lógicamente sin culpa, eso pensaba yo en ese momento, eso era algo que agradaba a quienes estuvieran al frente de ellas, mi esposo sé que se hacía el que no, pero sí miraba con descaro.

La cena llegó a eso de las ocho de la noche, mi esposo y varios de sus amigos ya estaban bastante ebrios, gracias a que no tomé mucho ese día, pude responder por recibir, pagar y servir la comida en bandejas, carne de cerdo, carne de res, chorizos, papas, yucas, en fin, es lo que se llama una picada, la cual devoraron los aproximadamente diez amigos de mi esposo que aún departían como barril sin fondo, eso dizque para poder matar el alcohol y poder seguir bebiendo.

En esa tarde había momentos de baile, pero para los hombres era preferible beber licor, hablar de sus cosas de trabajo, contar chistes y anécdotas, en fin, mi casa parecía una reunión de trabajo, pero todos borrachos.

Después de la cena se formó el baile en serio, música, trago y mujeres, gritaron algunos de los amigos de mi esposo, la música sonaba toda la tarde, pero nadie pensó en baile hasta ese momento, se dedicaron a llenarse de licor como si el mundo se fuera a acabar.

Para las 10 de la noche solo quedábamos dos mujeres para cinco hombres, mi esposo estaba ya muy ebrio, al igual que todos sus amigos, la otra señora a quien llamaré Patricia, quien tenía unos 30 años, estaba algo tomada también, aunque no igual a los demás, yo era la más cuerda de todos en ese momento, ella lucía un vestido enterizo de color azul oscuro, se notaban unas tetas enormes, creo que talla 38 por lo menos, comparadas con las mías, talla 34 B, sus zapatillas negras, sus adornos y maquillaje la hacían ver muy hermosa, bien plantada, tampoco pasaban desapercibidos sus interiores de color rojo, que hacían juego con sus zapatos, color de cabello y brasier.

Los chicos nos turnaban para bailar, mi esposo se abrazaba a mí cuando bailábamos, quedábamos casi estáticos pues no era posible que coordinara una canción de salsa, tropical, vallenato o merengue.

La camaradería entre mi esposo y sus amigos era evidente, cada momento hablaban más sin control, ya no se llamaban por el nombre, era por sobrenombres, había groserías en todas sus frases, ellos olvidaron que estaban en casa ajena, que existía el respeto, que la señora Patricia y yo, merecíamos un poco de consideración.

Durante cada baile o canción, la señora Patricia y yo éramos objeto de insinuaciones lascivas, escuchaba que le halagaban a ella esas tetas tan enormes, sus grandes piernas, una cola despampanante que tenía, ella, toda una dama, los esquivaba con diplomacia, no entiendo por qué no respetaban que ahí estaba su esposo, otro tanto sucedía conmigo, mi exnovio y mi otro amigo aún estaban en la fiesta, mi esposo no sabía que esos invitados míos habían sido amantes míos en el colegio, solo sabía que era de un grupo de estudio muy aplicado, del que quedaban buenos recuerdos por las notas que sacábamos, los otros chicos eran el esposo de Patricia y otro amigo solterón de mi esposo.

A eso de las 12:30 de la noche se fue Patricia con su esposo en un taxi, se cansó de las morbosidades o su esposo la sacó para evitar algún inconveniente; mi esposo charlaba o mejor balbuceaba con su amigo solterón, mi ex novio y el otro de mis amigos aún seguían en pie, bebiendo y dando licor a mi esposo quien empezaba a perder el sentido de la realidad, luego comprendería la razón de que lo animaran a beber sin control, hubo un rato de descanso para mí, me senté al lado de mi esposo muy cansada, relajada, escuchando las conversaciones de mi esposo y su amigo.

En un momento ese solterón felicitó a mi esposo por la calidad de esposa que tenía, que yo era muy hermosa, que cualquier hombre se sentiría orgulloso de llevarme de la mano por la calle y muchas cosas más, flores y buenas cosas de mí persona, que nada que ver con las viejas que se comen cuando salen a comisión al campo o están laborando en la empresa.

Mi esposo preguntó a su amigo el solterón: ¿qué pasó con María, su novia del colegio?, esa era mucho lo bandida, ¿cierto?, esa hembra no lo puede superar todavía.

El solterón a quien llamaré Ricardo, le respondió: No se haga el pendejo, ¿me está mamando gallo?, la dejé porque supe que usted también se la comía cada rato, que usted no iba solo tampoco, yo supe eso y ella me lo confirmó.

Mi esposo dijo: Sí, pero esa era una putica que se lo comía con todos, yo la pesqué con varios de los profesores muy mal parqueados.

La conversación sobre mujeres que mi esposo se había comido junto con algunos de sus amigos no paraba, al parecer se le olvidó o ignoró en ese momento que yo estaba a su lado, calladita, sin hacer escándalo, él parecía no saber ni quien le alcanzaba los tragos de whisky, ni quien estaba escuchando, se abrazaba con su amigo, se disculpaban, reían de sus andanzas y de todas las mujeres con las que habían gozado, antes y durante el año que llevábamos de casados y que celebrábamos ese día, ambos eran cómplices el uno del otro en sus infidelidades los muy descarados.

Mi ex novio Antonio y el otro amigo, a quien llamaré José, solo me miraban, hacían señas de que me quedara callada para que me enterara de todo, en un momento me insinuaron que les ofreciera un coctel de varios licores para que se fundieran, así lo hice, un revuelto de tres licores diferentes con hielo se tomaron sin percatarse de nada, solo miraban el vaso como sintiendo un sabor diferente, pero nada más.

A eso de las dos de la mañana mi esposo y su amigo ya dormían en su sillón grande de la sala donde se habían acomodado para recordar sus infidelidades, fue necesario quitarles las copas aún llenas para evitar derrames de licor.

Me entró la depresión de haber escuchado a mi esposo reír y gozar con esas historias sobre su infidelidad, que había olvidado nuestro juramento de fidelidad que hicimos en la ceremonia religiosa y luego del matrimonio llegamos juntos como un acuerdo mutuo, que ambos nos jurábamos y prometíamos ser fieles, esto porque ambos sabíamos algo de nuestras andanzas antes de ser novios, además me dolía que él hubiera ignorado mi presencia, mis lágrimas empezaron a salir, despaché a José y Antonio, que se fueran y me dejaran sola, que quería llorar y tomar una decisión al respecto.

Ninguno de ellos quiso escucharon mi petición, se me acercaron poniéndose de pies a donde yo estaba sentada, recibí los abrazos y palabras de aliento de ellos, en señal de acompañamiento, solidaridad y amistad, eso me fue reconfortando mucho, me fui tranquilizando poco a poco. José y Antonio me daban palmaditas en la espalda, a veces tocaban mi cara con sus manos para limpiar mis lágrimas, hablaban dándome valor con sus palabras que yo agradecía en ese momento ese gesto tan bonito, Antonio mi exnovio, quien me tenía uno de sus brazos en mis hombros me abrazó fuerte, me hablaba al oído con suavidad pidiéndome que me calmara, que eso era cuestión y charla de borrachos, que después arreglaba eso cuando estuviera en sano juicio.

No supe en qué momento él me estaba dando un beso en la mejilla, prono me besando con mi ex novio, que bello momento, que recuerdo tan maravilloso llegó a mi mente. Por momentos olvidaba la confesión de mi esposo y sus traiciones o era una sensación de venganza que estaba naciendo en mí en ese momento no lo supe porque también tenía mis cervezas encima.

Como es de suponer, mi ex novio Antonio no se iba a conformar con solo besarme, José tampoco se iría para su casa a fin de dejar solo a mi otro ex.

“¿por qué haces esto? Le pregunté a Antonio –

“tranquila, ojo por ojo, es lo más lógico y normal de la vida” fue su respuesta inmediata. Recordé ese refrán o dicho popular y decidí vengarme.

En ese momento sentí la mano de José agarrar y apretar mi mano, no entendía sus pretensiones, solo sé que aún estaba furiosa, un año de lealtad de mi parte, un año de engaños de parte de él, quien, a pesar de haber concertado y perdonado nuestro pasado, prometimos fidelidad, respeto y confianza el uno en el otro. Todo eso se descubrió y acabó por salir a la luz en un momento de tragos y por su propia boca.

Abracé a Antonio con fuerza, lo diabla se apoderó de mí en ese momento, éste aprovechó para besar, lamer y resoplar cerca de mi oreja, me ericé, todos mis pelitos se pararon, quedé con la piel de gallina, un escalofrío enorme recorrió mi cuerpo de pies a cabeza y volvió a bajar dejándome como paralizada, nos miramos a los ojos y luego un beso apasionado selló ese momento tan especial y sublime, nuestras lenguas se entrelazaron, nuestras manos parecían pulpos, hacía mucho tiempo que habíamos sido amantes, desde la época de colegio, él tenía otra chica como novia, pero a mí él me gustaba mucho, entonces le di una oportunidad y éste la supo aprovechar. Con José habíamos sido novios en octavo grado, yo me le quedé con su virginidad, aunque ese romance no duró mucho tiempo, lo que recuerdo es que fue bonito.

Aquí estaba yo, cambiando mi estado de tristeza, rabia, odio y desesperación por una faena de lujuria, sexo y fornicación con dos viejos amantes de mi juventud más temprana, dos galanes queriendo sacar en mi la puta que siempre llevo dentro, en la propia nariz de mi esposo y su compinche, quienes seguían privados en ese sillón a escasos centímetros de mí, su esposa, en el primer año de nuestro matrimonio.

La rabia se fue transformando en más lujuria, ahora le di un beso a José, un beso en la boca, mi ex Antonio no sabía que su amigo era también un ex mío, para ese momento ya tenía en mi mente inconsciente desquitarme de los engaños repetidos y sistemáticos de mi esposo, esa era la oportunidad perfecta.

Los abracé a los dos al tiempo, agarrada de cada uno de ellos por su cintura, un en cada brazo, como eran un poco más altos que yo, les tocaba estar un poco inclinados, me besaba con ellos alternando sus bocas, entre tanto mi vestido era levantado y subido hasta mi cintura, sentía una mano en mis nalgas y otra en mi pelvis, seguramente entre ellos se miraban y planeaban con sus miradas el paso siguiente que iban a dar, mis pantaletas aún estaban en su sitio, los toques eran por encima de mi panty.

Pronto mi vestido fue desabotonado por la espalda y no tardó en caer al piso a mis pies, José y Antonio se pegaron cada uno a un lado de mi cuello, lamiendo y besando, sus hábiles manos echaban hacia arriba mi brasier, mis tetas quedaron al aire libre, ellas eran apretadas y mamadas con suavidad al igual que los besos que recibía en mi cuello, orejas y hombros. Esa multiplicidad de sensaciones hacía mella en mi cordura, sólo me llevaban cada vez a elevar mi calentura y dejar ver mi verdadera personalidad.

En algún momento miré a mi esposo como con odio, le die en voz alta “te quiero, te amo y te adoro, te he respetado, pero te voy a pagar con la misma moneda” este apenas roncaba con la boca abierta, dejando escurrir babas como un perro rabioso.

Me senté en un sillón cercano al sofá donde dormía mi esposo, comencé a mamar la verga de cada uno de mis antiguos amantes, dos muchachos jóvenes, fuertes, vigorosos, listos para enfrentar a una golosa, hambrienta de sexo y venganza, sus miembros bien fuertes, vigorosos, bien templados, un tamaño cercano a los 20 centímetros.

Alternaba esas vergas en mi boca, mientras cada una de mis manos apretaba las huevas de ellos, por momentos trataba de metérmelas ambas a la boca, al mismo tiempo, solo una entraba bien, la otra solamente cabía su cabecita, o entraba solo la punta de ambas, mi lengua recorría esos hermosos miembros, sus cabezas destilaban ya un líquido seminal viscoso, no sé su nombre real, yo los chupaba y lamía sin escrúpulos, se me había olvidado para entonces que ahí estaba mi esposo.

José se agachó, se agarró de mi panty, lo sacó y se lo llevó a su cara para oler, luego clavó su cara en mi vagina, lamiendo mi raja con avidez, sin asco; me acomodé sacando un poco mi cadera hasta el borde del sillón para que José estuviera más cómodo y pudiera meter su cabeza entre mis piernas, sus dedos y lengua dentro de mis labios vaginales.

Antonio se acomodó por un lado del sillón, me seguía ofreciendo su verga, la cual me metía hasta el fondo, tragaba y tragaba, la dejaba metida toda hasta que mis labios bucales tocaban su pelvis, mis ojos estaban llorosos, mis labios y mi cara estaban llenos de saliva y jugos de la verga de Antonio, pero eso no me incomodaba, más bien me apetecía cada vez más, de ahí que dicen que la venganza es muy dulce. El me ayudaba apretando mi cabeza por la parte de mi nuca para que quedara más tiempo enterrada hasta el fondo, momento de agradecer a mis maestros.

Me levanté del sillón, estando de pies, me agarré del descansa brazos, me incliné, me puse de espaldas a Antonio, pronto la verga que tenía en mi boca cambió de sitio acomodándose en mi jugosa y húmeda raja, José se acomodó para que yo pudiera meterme su tranca en mi boca, comencé a chupar con gusto, estaba flácida, pero fue recuperándose con rapidez, también me la llevaba hasta el fondo, por algo me habían enseñado a hacerlo muy bien en una materia extra curricular del colegio, la imagen de mi profesor de música y su hermano llegaban a mi mente, gracias a ellos había adquirido la capacidad de una garganta profunda.

José me ayudó a acomodar para que me sentara sobre un descansa brazos del sillón, que mi espalda superior y nuca quedara en el otro descansa brazos del mismo sillón, mi pelvis quedaba levantada, mis piernas bien abiertas colgando por un lado del sillón, mi cara miraba al techo, estaba acomodada de espaldas sobre los dos descansabrazos del sillón, mi cabeza colgaba del otro extremo.

Llegó el turno de José de penetrarme vaginalmente en esa posición, las sensaciones eran muy superiores a pesar de cierta incomodidad para mí, pronto sentí los escalofríos, los espasmos de un orgasmo, sentía muchas contracciones en los músculos de mi raja, así mismo que me llenaba de jugos.

Antonio aprovechó esos momentos de mi calentura para pararse en mi cabeza, meter su verga en mi boca, mi cabeza estaba entre sus piernas, mi vista era su ojete del culo en ese momento, yo me agarraba de sus piernas, su vergota se enterraba hasta mi garganta, sus huevas se pegaban a mi nariz impidiéndome respirar con facilidad, como pidiendo a gritos que abriera más mi boca para poder entrar también, cosa que nunca sucedió a pesar de los muchos intentos de hacerlo.

José taladraba y perforaba mi raja sin parar, Antonio me empalaba por mi boca a su antojo agarrado de mis tetas; no supe cuántos orgasmos reales sentí esa madrugada, de verdad que la adrenalina es poderosa, el miedo o sensación de tener a mi esposo al pie mío, que con los gemidos podía despertarse, de tener dos vergas conocidas y amigas dándome placer, eso es indescriptible, algo que podría repetir muchas veces.

José afanó su velocidad de penetración y se dejó venir dentro de mi rajita, siguió metiendo y sacando cada vez con menor velocidad, la potencia de su verga iba disminuyendo también, pronto la sacó y se la limpió contra mis piernas y pelvis.

Me giré de esa posición y me agaché al pie de Antonio, seguí mamando su verga con velocidad, centrando mis chupones en su cabecita, mis manos masajeaban sus huevas para estimularlo, pronto aceleró sus movimientos de cintura y un estallido de leche inundó mi boca, tragué esa leche caliente y espesa, hasta la última gota, también escurrí la verga de José, que, aunque estaba flácida quería darle una despedida decorosa y agradecida por los momentos maravillosos que acababan de entregarme, ya me sentía mucho mejor, ojo por ojo se cumplió ese día. Con mi propio calzón limpié el charco de semen y jugos que había escurrido de mi vagina, producto de la eyaculación de José.

Ellos se vistieron, me abrazaron fuerte, muchos besos hubo en ese momento, bebimos un trago y se fueron de la casa, tenían miedo que mi esposo despertara y nos encontrara teniendo sexo o en un momento comprometedor. Cogí mis ropas, me fui a mi habitación, allí me bañé, acariciándome plácidamente y recordando los momentos vividos unos minutos atrás, el agua tibia estimulaba mis pensamientos y sensaciones, a los dormilones los dejé en su sillón, que durmieran su borrachera, no me interesaban en ese momento.

Me tiré en la cama desnuda totalmente, me quedé dormida con una sonrisa en mi cara. Eran más o menos las seis de la mañana cuando entró mi esposo a la habitación, gritó: mami, mi amor, arrópese, aquí está el gordo Ricardo, mientras me tiraba torpemente una sábana sobre mi cuerpo; abrí los ojos y ahí estaban los dos, mi esposo y su amigo, parados junto a mi cama, como de color verde, eso es una cara de trasnocho. ¿Qué hacen aquí descarados?, les grité, váyanse a la mierda los dos, no me importó que me vieran desnuda.

Mi esposo no entendía mi actitud, obviamente no recordaba su confesión con su amigote. Trataba de que le explicara qué pasaba conmigo, entonces le dije: conque ustedes son socios de sus putas novias, ambos se las culean, ambos se turnan para eso, anoche se reían y burlaban de esas pobres chicas y las cosas que ustedes les hacían, cochinos, infieles, putos, yo aquí en la casa juiciosa pensando que estabas trabajando y mi esposo resulta que está es de perro con cuanta puta se le atraviesa, estaba muy ofendida de ese engaño.

Los dos quedaron fríos, pálidos o más verdes del susto, se miraron y el amigo de mi esposo salió de la casa sin decir nada. Usted siga durmiendo en el sillón o vaya a la otra habitación, aquí a mi lado no lo quiero ver nunca más, por infiel, por perro y por puto. Ya se imaginarán “Yo toda digna”.

Cerré la puerta de mi habitación y seguí durmiendo hasta el medio día que sentí golpes en la puerta, era mi esposo rogando que le abriera, que quería hablar, que había pedido almuerzo para los dos, ante esa insistencia y que además tenía hambre, envuelta en una toalla abrí la puerta, mi esposo se arrodilló pidiendo perdón, que había sido un bruto, que no me quería perder, que solo e amaba a mí, que eso no había significado nada en su vida, que en adelante no volvería a pasar, muchos otros ruegos y súplicas con promesas de cambio.

Le pregunté a mi esposo: ¿si yo hubiera sido la infiel, me hubieras perdonado? Obviamente no, ese era nuestro compromiso, ser fieles, pero caí, por bruto, ahora no sé qué decir al respecto, no tengo moral para discutir sobre ese tema, el hecho es que espero que nunca vuelva a pasar. Perdóneme por favor.

Le agarré sus manos y lo ayudé a levantar, nos dimos un abrazo de perdón, al igual él me había abierto las puertas para mis gustos e infidelidades, además ha sido y es buen proveedor económicamente en el hogar, siempre me ha tratado muy bien, aunque eso es su obligación.

Me empujó hasta nuestra cama e hicimos el amor con pasión, mi rajita se volvió a llenar de leche humana entre abrazos y besos, promesas de fidelidad de su parte, yo le decía que, por mi parte, lo iba a pensar, que no le podía prometer nada en ese momento, que en todo caso esperaba la misma comprensión si se llegaba a enterar de alguna infidelidad de mi parte.

El rogaba que no lo fuera a hacer, le dije que tenía que compensarme con algo por haber traicionado nuestro pacto, me regaló una fuerte suma de dinero para que comprara lo que yo quisiera, invertí en ropa, cosméticos y algo sobró para el banco, él quería que comprara un automóvil para mí, pero decidí que no, que mejor viajaba en taxi o uber para evitar conducir.

Nuestra vida siguió “normal” pero desde esa noche se despertó en mí un volcán que ha sido imposible de controlar, la diabla como me decía mi profe Nico, en adelante y como por arte de magia o providencial, comenzaron a darse oportunidades, muchas de ellas sin pensar, hasta le llegué a planear el poder encontrar a mi esposo con una de mis amigas, eso sucedió con Yaneth, la esposa de un policía, con quien nos habíamos vuelto amigas y que también le ponía cachos al marido, pero esa es otra historia.

Les adelanto que mi esposo, torpe y bruto, gustoso de las mujeres cayó redondito en esa trampa, esa sería otra puerta para que hiciéramos cosas juntos en el futuro, ya pudimos hablar con más tranquilidad para hacer un trío, todo se fue gestando y dando sin mucho planear, esas vivencias también las pienso narrar por aquí.

Con mis dos amigotes, no volvimos a coincidir ni a salir con ninguno de ellos, solo fue el consuelo de esa noche amarga de mi primer año de casada, cosa que les he agradecido siempre que los recuerdo.

Aquí termino otra historia de mi vida, una vivencia totalmente cierta, espero que les haya gustado a quienes disfrutan leyendo historias calientes. Disculpas para quienes dicen que no se redactar, no soy escritora, solo plasmo lo que siento y recuerda mi mente, un abrazo queridos lectores. Andrea del Pilar. Andreas.