Xtories

Experiencia inesperada

Él tiene la experiencia y la fuerza que ella nunca ha conocido. Él, la curiosidad reprimida y el miedo al pecado. Cuando la puerta se cierra y el mundo exterior desaparece, la moral se desvanece ante la realidad de un cuerpo que pide lo que le fue negado.

perenquen33K vistas9.5· 32 votos

Mi nombre es Michel, tras haber cursado los estudios de ingeniería industrial y encontrar trabajo en una empresa importante, contraje matrimonio con Francisca, con la cual he tenido tres hijos. Actualmente tengo 58 años, y mi esposa los cincuenta y cuatro. Nuestros hijos son mayores. Nuestra hija vive en una vivienda cercana a la nuestra, y tras el nacimiento de dos gemelas, mi esposa se ha dedicado a atenderlas en todo momento, ya que mi hija trabaja.

Hace unos meses la empresa me destinó temporalmente a una pequeña ciudad a unos doscientos kilómetros de mi casa, para gestionar la puesta en marcha de nueva maquinaria industrial en una fábrica que la empresa había instalado en dicha ciudad. Inicialmente viajaba en vehículo todos los días desde mi casa al trabajo, pero pronto aquello se hizo muy gravoso. Por ello, a instancia de mi propia esposa, decidí alquilar algo más cercano a mi trabajo y, después de mucho buscar encontré algo, pero por supuesto muchísimo más pequeño e incómodo comparándolo con mi casa, a la que regresaba todos los viernes por la tarde a pasar el fin de semana con mi esposa, regresando el lunes temprano al trabajo.

Me había acomodado en aquel pequeño departamento, pero me estaba costando acostumbrarme aquel estilo de vida, ya que la soledad y lejanía de mi familia mera era difícil de superar. A las pocas semanas de haberme instalado conocí algunos de los vecinos más próximos. Me llamó la atención que, en el mismo piso, cercano a mi departamento, se encontraba instalado un matrimonio sin hijos. Este resultó ser un hombre de unos cuarenta años, hombre serio que aparentemente pertenecía a alguna congregación religiosa, pues lo veía siempre con trajes oscuros y un libro en la mano.

La esposa era más joven, conociendo tiempo después que se llamaba Casilda, y deduje que no sobrepasaba los 32 años a mi entender. Parecía una mujer de pelo oscuro y piel muy clara, bastante bonita por lo que pude detectar, aunque debido a la vestimenta que siempre usaba, tan recatada y sumamente conservadora, apenas se podía distinguir su anatomía.

Con todos mis vecinos me cruzaba cotidianamente y con todos tenía un trato formal y amable. Una mañana que salí más temprano que de costumbre, cuando me encontré en el garaje del edificio a mi vecino de enfrente, luchando por poner en marcha su automóvil. Tras acercarme y preguntarle si necesitaba ayuda. El hombre me lo agradeció y en pocos minutos, debidos a mis conocimientos de mecánica, logré solucionar la avería. El hombre quedó contento y no sabía cómo darme las gracias.

Al viernes siguiente cuando me encontraba preparando mis cosas para abandonar el departamento rumbo a mi casa, sonó el timbre. Me percaté que era mi vecino de enfrente, el cual me invitaba esa noche a comer en su casa, en compensación a la ayuda prestada con su automóvil. Pensé rápidamente en dar una excusa ya que quería estar cuanto antes en mi casa con mi familia. Pero, tampoco quise se descortés, por lo que al final terminé aceptando.

Tal y como me había imaginado aquel resultó ser un religioso, que oficiaba de ministro o pastor de una congregación anglicana. Como era evidente la mayor parte de la conversación estuvo relacionada con cuestiones religiosas y morales, que intenté soslayar ante mis pocos conocimientos al respecto.

La comida resultó deliciosa. Sin embargo, el hombre me pareció bastante ortodoxo, sumamente conservador, y algo que me impacto mucho más: extremadamente rígido en sus ideas y pensamientos. Por otro lado, me tuve ocasión de contemplar a su esposa, la cual parecía una mujer totalmente sumisa y resignada a los mandatos de su esposo. De hecho, pocas veces intervino en la conversación.

Tras ese primer encuentro, unas dos semanas más tarde, al llegar del trabajo, observó que tocan en mi puerta. Tras abrir, comprobó que se trata de la esposa del religioso, la cual me ofrecía un postre elaborado por ella misma.

- Me pareció que le agradó mi comida y, como justamente hice este postre, pensé que quizás le agradaría probarlo, me dijo, con cierto rubor en la cara y dificultad en el hablar. Parecía ciertamente turbada.

- Oh, ¡que detalle! Muchas gracias. De veras que se lo agradezco. Y, aprovecho para darle las gracias por la cena del otro día, “estuvo suculenta”.

Me sonrió sin perder el rubor de su cara, retirándose posteriormente. Deguste aquel postre, comprobando que estaba riquísimo. En ese momento pensé en aquella mujer, tan buena cocinera, mujer joven y bonita de cara, pero que usaba aquellas ropas tan ajustadas al cuello y tan bajas, que apenas podía distinguirse nada de su anatomía. Me había sorprendido que aparentara ser tan sumisa a aquel hombre.

Al día siguiente quise aprovechar la oportunidad y tras comprobar unos dulces y una botella de vino para su esposo, decidí acercárselo a la casa.

Me duché, y me vestir un poco informalmente, dirigiéndome al departamento de enfrente para entregar los obsequios al citado matrimonio. Tras llamar, me atendió la vecina. Ella se sorprendió de mi visita, e incluso la vi sumamente inquieta y nerviosa por mi presencia. No paraba de mirar hacia los lados, como si temiera que alguien nos estuviera observando. Algo agitada, tras pensarlo un poco me hizo pasar.

Me agradeció el detalle. Al ver la botella de vino, me dijo: se la dejaré a mi esposo cuando regrese.

-Ah ¿se encuentra de viaje? Le pregunté sin mayor interés.

-Si. Ha tenido que acudir a unos oficios con otros religiosos de la congregación, y según me dijo le llevará unos días.

Seguimos conversamos de trivialidades, pero me percaté que aquella mujer era totalmente diferente, cuando no tenía a su marido delante. Me percaté que no estaba acostumbrada a mantener conversaciones con ningún otro vecino. Sin embargo, mi presencia parecía agradarle. Fue así como logre sonsacarle que se había casado con su marido por insistencia de sus padres. Carecían de descendencia, notando cierta preocupación o nostalgia al hablar del tema, el cual trato de evitar.

Por lo que me comentó me di cuenta de que su esposo era “extremadamente celoso”. Tanto, que hasta ella misma se había extrañado que su esposo me hubiera invitado a cenar a su propia casa. Era algo que nunca había hecho con ningún hombre.

-¡Es muy extraño que otro hombre entre en mi casa, salvo algún operario!. Ahora, se encuentra de viaje. Por favor. ¿No me gustaría que le dijera nada de esta visita? Es posible, que, si llegara a saberlo, no le vuelva a invitar más.

-Tranquila. Por supuesto que nada la diré al respecto. Pero, si tiene alguna necesidad. Ya sabe dónde encontrarme. Me tiene casi enfrente. Aunque solo sea para hablar- le comenté mientras me retiraba.

Marche a mi apartamento y no surgió nada más.

Al día siguiente, cuando regresaba del trabajo la encontré en los bajos del edificio, portando unas bolsas de la compra. Al instante me ofrecí a ayudarla. Pese a su recelo, y el nerviosismo de siempre, terminó aceptando. Al llegar a la puerta de la casa, me hizo entrar, cerrando a puerta casi de inmediato para evitar ser vista por el resto de vecinos.

-perdone que sea tan cortante. Pero, si mi esposo se entera que un hombre me ha ayudado, me llevaré una tremenda reprimenda.

-no se preocupe. Nunca lo sabrá.

La mujer se relajó, y hasta me ofreció un refresco. Le indique que le ayudaría a colocar la compra. A ella le pareció sumamente extraño que me ofreciera a ello, pero al final acepto sonriendo. Mientras ella colocaba las cosas de la compra que yo le iba alcanzando, observé que aquella mujer, pese a la vestimenta tan decorosa que llevaba, poseía un cuerpo bastante deseable. Era más bien delgada, aunque pese a su atuendo, pude constatar que sus pechos debían ser firmes. En una ocasión al agacharse para colocar algunas botellas debajo de la lacena de la cocina, comprobé que su trasero debía estar bien formado, al menos, lo que se vislumbraba en el traje que llevaba.

La mujer se percató de mis miradas. Pero, pese a su nerviosismo al sentirse observada, no dijo nada. Sin saber cómo, me comencé a excitar con la cercanía de aquella mujer. Llevaba tiempo sin estar con mi esposa, y por ello mis hormonas, comenzaron a revolucionarse rápidamente.

Por supuesto no estaba dispuesto a cometer una imprudencia con ninguno de mis vecinos y menos con aquel matrimonio religioso. Especialmente sabiendo lo conservador y casto que era el marido.

Debo confesar que, pese a mi edad, conservo buen aspecto físico. Me cuido bastante, practico deporte con frecuencia, suelo comer bien, y tengo los kilos necesarios dada mi estatura de 1.88. Aquellos que me conocen, dicen que soy bien parecido, y que tengo un cierto aire de seductor.

Respecto a mi actividad sexual, mi fortaleza y deseos permanecen intactos, aunque las relaciones con mi esposa han descendido debido a la menopausia. La llegada de esa nueva etapa a mi esposa, le hijos descender su sensibilidad bastante, reduciendo sus apetencias sexuales. Ello motivó que con relativa frecuencia me vea obligado a acudir a la masturbación pasa satisfacer mis deseos y rebajar la tensión y stress.

Llevaba unas dos semanas sin estar con mi esposa y la cercanía de aquella mujer joven, sin poder evitarlo, me excito, viendo como mi verga crecía bajo el pantalón.

- No quiero molestarla más. Pero si me necesita para algo, ya sabe dónde estoy. Vivo solo, por lo que no tenga inconveniente en solicitarme lo que desee.

Ella me sonrió, percibiendo cierto rubor ante mi ofrecimiento.

Esa noche nada ocurrió. Sin embargo, hubo un apagón en la zona, debido a que se quemó una fase de un transformador, por lo que nos quedamos sin luz todos los vecinos durante unas horas. Al día siguiente la restablecieron. Al salir para dirigirme al trabajo, me topé con ella, comentándole: - parece que anoche hubo un apagón en la zona.

-sí. Además… “me ha fastidiado una parte de los electrodomésticos de mi cocina”. ¡Creo que se me han quemado! Y el termo del agua caliente, creo que también. Luego, me comentó como nerviosa: ¡Y encima mi marido está fuera! ¡Yo no sé de estas cosas!

-No se preocupe. Me ofrecí al momento. Soy ingeniero industrial. Si lo desea, puedo verificar que le ocurre. ¡Quizás sea sencillo de reparar!

-Oh,.. pero ¡no quiero molestarlo! Pero,.. la realidad es que, sin los electrodomésticos de la cocina, no sé cómo moverme.

Entre en la vivienda, y verifiqué algunos problemas de quema de los fusibles, que pronto restablecí. De esta forma la cocina volvió a tener energía electica, y el resto de los aparatos de la vivienda. Pero, el termo del agua caliente, comprobé que se habían quemado unos conectores, por lo que me indique que los adquiría en una tienda y por la tarde se lo repararía.

Ya por la tarde, adquirí los repuestos, y me dirigí a su casa. Tras permitirme el paso me puse a reparar el termo que se encontraba en una zona del patio techado. Ocurrió que ese día hacía bastante calor, y como tenía que agacharme, ante el intenso calor, decidí retirarme la camisa, quedándome solo con una simple camisilla, que resaltaba mis pectorales, y mi musculatura.

Me di cuenta de que tal circunstancia, afectó a la mujer, la cual, al verme, se sonrojó. Estaba claro que se sorprendió al verme sin camisa. En un momento dado, le pedí ayuda para que me sostuviera un poco el termo para poder trabajar, y ella se ofreció. El calor era intenso, y notaba como bajaban algunas gotas de sudor por mi cuerpo. Ella también se encontraba algo acalorada, y no era para menos, dado la indumentaria bastante conservadora que llevaba puesta, que la cubría hasta el mismo cuello.

Le dije que comprobara en el baño si funcionaba el agua caliente. Ella regresó indicándome que en el lavabo sí, pero no salía agua caliente en la ducha. Entré en el baño, viendo que estaba afectada la llave de paso del agua caliente del manguito de la ducha.

Comencé a repararlo. Ella me dijo que iría a la cocina a preparar algo de comer, mientras yo me puse a reparar la manguera de la ducha.

Llevaba unos momentos en que necesitaba orinar, por lo que cerré momentáneamente la puerta del baño, extraje mi pene y comencé a orinar tranquilamente. La realidad es que el inodoro estaba paralelo a la entrada. No había terminado, aún con pene en la mano, cuando observo que se abre la puerta, pasando la mujer con una jarra de cerveza y unos bocatas.

-¡Oh.. dios mio!. Se quedó como paralizaba al verme con el falo en la mano.

Miré a la mujer, y observé que su rostro enrojeció totalmente. Casi se le cae la jara de cerveza y la bandeja con los bocatas. No obstante, esa primera impresión, me quede agitado al verificar que pese a todo no retiró su mirada de mi pene. ¡Era evidente que la situación la trastornó!

Me tuve que disculpar diciéndole: lo siento,..…. Pero necesitaba orinar. Aproveche que había marchado a la cocina. Le contesté, aunque, necesitaba acabar de orinar, por lo que, pese a su presencia, continue haciéndolo. La mujer estaba como aturdida, desconcertada, y pese a todo no retiraba su mirada de mi pene. Circunstancia que más excitado me ponía.

La mujer permanecía a menos de un metro de donde me hallaba, con la bandeja en la mano y la jarra en la otra. Era como si no supiera reaccionar. Estaba como electrocutada con la visión de mi verga. Evidentemente, la situación hizo que incluso antes de acabar de orinar, mi pene se endureciera ante el morbo de la situación, creciendo sin poder evitarlo.

Terminé de orinar. Sin embargo, morbosamente retrasé el regreso de mi pene al pantalón, tomando un poco de papel higiénico, con la finalidad de limpiar los restos de orín del prepucio. Ello le permitió a la mujer contemplar con mayor nitidez las dimensiones de mi verga, la cual que quedó blandiendo una buena erección, enfilada hacia adelante.

Cuando por fin la devolví a mi pantalón, miré a la mujer, que, no obstante, no pudo evitar mirar el bulto que se formó en al mismo. Aquella situación me había excitado y pese haberme guardado el pene, el bulto era bastante respetable.

Al ver su cara de estupor, le comenté: señora ¿se encuentra bien?

Ella pareció reaccionar contestándome: ¿Cómo...? Oh.. si… es que…Oh Dios mio…

Me percaté que la mujer estaba impresionada con lo que había visto. No sabía como reaccionar. Al final, terminó por decirme: Le he traído una cerveza y unos bocatas.

-oh gracias. No tenía que hacerlo.

Pese a todo. Con su cara enrojecida, y sus ojos dilatados, permaneció dentro viendo como tomaba la cerveza y comenzaba a beberla. Me di cuenta que pese a todo miraba de refilón el bulto de mi pantalón, cuya erección no bajaba. Estaba claro que aquella mujer se había impresionado al ver mis atributos.

Pese a no querer correr riegos, la situación me pareció tan morbosa que no pude por menos que preguntarle: -la veo bastante afectada por haberme visto orinando. ¿Acaso nunca ha visto a su marido orinando?

-¿como…? Exclamo, intentando reaccionar ¡pues no,…como quiere….. ¡El considera que eso es un acto impúdico!

Me quedé impresionado. No me lo podía creer. Por ello volví a preguntarle: Pero ¿acaso no le ha visto su pene cuando hacen el amor?

Le mujer enrojeció ante mi pregunta. Tras agachar la cabeza, me contesta: ¡claro que no! ¡Eso es un pecado! Lo hacemos con la luz apagada y bajo las sábanas. Mi esposo considera que el acto sexual solo es para engendrar hijos.

¿Como…? ¿entonces no le permite que disfrute haciendo el amor? Perdone… pero no me lo puedo creer.

Aquella situación me estaba excitando. Estaba allí ante una mujer casta, observando la carita sonrojada de la misma, sumisa y casi indefensa. Mi excitación aumentó al máximo. Sin saber contenerme, y en un acto de locura, tomé su cara de la mujer con mi mano levantando su barbilla, observando como la misma me miró sorprendida, como si se preguntara que iba a ocurrir después. No me contuve, y comprobando su sorpresa, la besé en los labios. La mujer se quedó como petrificada. Instintivamente me separó y salió corriendo del baño.

Me quedé nervioso y sin saber cómo reaccionar. Sabía que me había propasado. Temí que aquello tuviera graves consecuencias. Terminé de reparar la ducha, y luego salí del baño. La halle sentada en la mesa de la cocina, pensativa, cabizbaja. En lugar de marcharme como debía haber hecho, me acerque hasta ella, viendo que levanta la cabeza y me mira. Note cierto cambió en aquella mujer. Parecía que no había de reproche. Era una carita de mujer tímida, inocente.

Aquella mujer me estaba poniendo enfermo. Decidido, me acerqué más hasta donde se encontraba, la hice incorporarse, para tomándola por los brazos. Ella se sorprendió, y mucho más, cuando me vio de nuevo acercar mi boca, volviendo a besarla. Ella intentó esquivar mi boca, echando la cabeza a un lado. Sin embargo, me concentré en su cuello, el lóbulo de sus orejas, acariciando su cuello de forma sumamente sensual. Note cierto calor en el cuerpo de aquella mujer, que me dejó enardecido.

-oh por favor no siga. ¡Esto no está bien! Mi marido…. estoy casada…no podemos oh..ooooo Mis labios lograron volver a tomar los suyos, besándola, logrando que aquella mujer abriera su boca y mi lengua entrara dentro de ella.

No le decía nada, solo la besaba y acariciaba su espalda, sus brazos, sin poder contenerme. Pensé a las protestas de la mujer, notaba que mis abrazos y besos comenzaban a afectar favorablemente a la mujer. Era evidente que su marido no la besaba. Luego supe que eso era poco menos que un pecado bajo la ideología que profesaba.

Oh por favor… no puede continuar. Estoy casada… ¿no puedo hacer esto?

La mire fijamente sin soltarla. Sin hacerla caso, pasé un dedo por sus labios, e hice ademán de meterlo en su boca. La mujer no estaba acostumbrada y no lo entendió, pero si observé que, mi acción debió resultarle cómica o sensual. Contra todo pronóstico, permitió que mi dedo entrara en su boca, viendo como su lengua jugó con el mismo.

No quise decirle nada. No hacía falta. El rubor de su cara, denotaba que la mujer se halla excitada con lo que le estaba haciendo. La volví a besar. Sentí que temblaba ligeramente. Se ponía tensa. Pero, continué acariciándola y besándola, viendo como mis besos en su cuello, mis caricias, le fueron excitando un poco más, notando el nerviosismo en sus manos. Decidí avanzar un poco, y palpé por primera vez sus pechos a través de la ropa que llevaba.

La mujer se agitó dando un respingó, al sentir mi mano derecha palpar uno de sus pechos. Intentó evitarlo, pero mis besos la calmaron, permitiendo que mis manos manosearan por encima del traje nuevamente sus senos, que se notaba claramente firmes. Eran unos pechos que parecían de buen tamaño, y bastante duros. Me sorprendió detectar unos pezones puntiagudos. Algo que me excito aún más.

Tras unos momentos sobrando sus pechos, decidí comenzar a desabrochar los botones delanteros de su vestido. Pese a la agitación de la mujer ante mi osada acción, logré dejar al descubierto una piel sumamente blanca, casi como la leche. No me lo pensé dos veces, y aparté a un lado el sostén, pese a sus protestas, mostrándome entonces, por vez primera sus senos. ¡Me quedé maravillado! Tal y como suponía, tenían un volumen bastante aceptable, con los pezones en punta. La piel será completamente blanca, y contrastaba con aquel pezón grande y oscuro que se me ofrecía.

Oh por favor. No lo haga… ¿oh que me hace? Ooo

Exclamó, revolviéndose sobre si misma al ver como mi boca se depositaba por primera vez sobre aquel excelente seno. No deje de lamer, succionar y sobar aquel delicioso pezón. Comenzó a gemir entrecortadamente. Mis movimientos circulares sobre su pezón la terminaron calentar al máximo.

-oh ¿que me hace? oooooo por favor pare ooo

¡Yo estaba decidido a todo! Era una completa locura. Pero aquella mujer me tenía encandilado. Pese a la imprudencia, sentí que necesitaba continuar. Logré descubrir su otro seno, realizando la misma operación, mamando los mismos como si fuera un verdadero bebe. Aquella mujer, casada, recatada y sumisa, comenzó a retorcerse ante la succión que practicaba a sus pechos.

Oh noo mas noooo

Decidí dar un paso más. Con una habilidad que hasta me sorprendió, alcance el cierre de la cremallera del traje llevaba, tire con decisión, logran que descendiera completamente. Antes de que aquella pudiera detenerlo, la prenda cayó al suelo por la gravedad. La mujer, como petrificada. De pronto se había visto desnuda, únicamente calzando unas bragas blancas, bastante grandes, que cubrían su vagina. Era manifiesta su consternación. Estaba casi desnuda delante de un hombre que no era su esposo.

¿Oh no?…que hace…¡me ha desnudado! ooo

Me detuve para contemplar el cuerpo de aquella mujer casada, casi desnuda ante mí. Sus pechos rebotaban claramente en su busto, notando que tenían un tamaño respetable, casi redondas. Me sorprendió su piel totalmente blanquecina. Era evidente que apenas había tomado los rayos del sol. Miré su entrepierna, comprobando que portaba únicamente una braguita que, pese a todo, permitía divisar la gran cantidad de vello que se alojaba en su entrepierna. Me di cuenta que no se depilaba.

¿Oh que ha hecho? Oh ¿me ha desnudado? Oh dios mio.. ¿que está haciendo?

Realmente debo reconocer que la visión de aquella mujer, casada, aún joven, me dejó gratamente sorprendido. Aquella mujer, que vestía tan conservadoramente, poseía un cuerpo delicioso, con grandes curvas. Su piel bastante clara, casi blanca destacaba claramente, con algunos lunares intercalados en su cuerpo. Incluso me fije en que no se depilaba los vellos debajo de los brazos.

La cintura era casi perfecta, algo estrecha, buenas caderas, comprobando igualmente la pujanza y volumen de sus hermosos pechos. Y su trasero. ¡Que trasero de mujer! Las nalgas casi redondas, e igualmente blancas, me dejaron el pene como una roca. ¡Aquella señora estaba mucho mejor de lo que me había imaginado! ¡La tremenda erección de mi pene, así lo certificaba!

Pese al abundante vello en parte de sus piernas, al margen de constatar que su pubis debía estar bastante poblado, realmente aquella mujer estaba muy deseable. Muy rara vez había tenido ocasión de serle infiel a mi esposa, aunque jamás había llegado a copular con ninguna otra. Pero, la cercanía y belleza de aquella mujer me tenía trastornado. ¡Sentí la imperiosa necesidad de follarme aquella mujer!

-¡Oh por favor no me mire así!- me dijo intentando cubrirse los pechos con sus manos.

Ante su estupor, desabroché mi pantalón, dejándolo caer al suelo. Al percatarse de ello, se quedó mirando mi slip, el cual estaba a punto de romperse ante la tremenda empalmadura de mi falo.

Al observar el tremendo bulto, noto su agitación y el rubor de su cara aumento. Hizo un gesto de asombro: Oh, ¿Por qué se bajado el pantalón?…

Su pregunta me pareció bastante inocente. Solo comprensible dado el carácter conservador, desconocedora casi por completo de los placeres sexuales de la vida. Sin contestarle, tomé su mano y la apoyé con decisión sobre mi verga que aún se mantenía dentro del slip. La mujer se estremeció al contacto de su mano con mi falo. Pese a todo, me di cuenta que, tras superar el miedo del primer momento, su curiosidad fue mayor, viendo como instintivamente apretó el bulto cerrando su mano, como si necesitara comprobar la dureza de mi miembro.

No podía creérmelo. Tanía a mi lado a una joven casada, con una altura que no superaba el 1.65 frente a mi estatura de casi 1.88, viendo como palpaba mi vástago.

Sin dejar de sobar y acariciar su cuerpo, le dije: ¡ande! ¿Compruebe cómo me tiene? ¡Bajarme el slip!

La mujer me miro enrojeciendo. Sin poder creerse lo que le estaba pidiendo, me miró diciendo: ¿Qué me está pidiendo? ¡esto está mal! ¿No puedo hacer eso? Tiene que dejarme. Oh mi marido..me…

-tranquila. Su marido está de viaje. ¡Nunca lo sabrá! Vamos, sé que está desando tomar mi pene en su mano. ¡hágalo!

Sabía que era difícil que me hiciera caso. Pero, no contaba con que aquella mujer se había criado bastante sumisa a los deseos de su esposo. Quizás por eso, ante mi insistencia, tímidamente volvió acariciar mi nabo sobre el slip. ¡vamos saque la fuera!

Mi voz sonó de forma exigente y autoritaria. Al momento me di cuenta que la sumisión de la misma era tal, que con cierto nerviosismo, me bajo los laterales del slip, apareciendo mi verga con una erección férrea cual misil a punto de ser disparado.

Oh… la tiene muy grande… -fue lo que atinó a murmurar turbada ante la visión de mi pene.

Excitado como nunca, casi le exigí: ¡vamos tómela en su mano! ¿Compruebe como la tengo de dura?

La mujer se alteró. No obstante, me di cuenta que de forma sumisa accedió a tocar con su mano mi barrena. ¡Casi me corro al sentir la caliente mano de aquella casada sobre mi falo! Casilda, la vecina, tenía unas manos con unos dedos bastante cortos, por lo que casi le costó abarcar el diámetro de mi pene. Le insté con gestos a pasar su mano por todo mi falo de arriba abajo. La mujer comenzó a pasar toda su mano por mi manubrio, notando su asombró ante la dureza del mismo. Pese a todo, me percaté que la vecina se sentía atraída por continuar tocando mi falo. Era evidente que estaba sorprendía con la longitud y grosor de mi verga, lo que le hacia querer tocarla una y otra vez.

Mientras me tocaba la mandarria, yo aproveche para acariciarla, pegándola a mi cuerpo, tocando sus pechos, con delicadeza. ¿Te gusta mi pene Casilda? ¿El de tu esposo es como este?

La mujer se sonrojó. Alzó la cabeza para mirarme, notando el rubor de sus mejillas, exclamando: ¡claro que no!¡la suya es mucho más grande y dura!

La atraje hacia mí y la besé nuevamente en los labios, sin que ella dejara de acariciar mi pene. Me percaté que no lo soltaba en ningún momento. Más excitado, le dije: ¿Has vistos mis testículos? Anda, tócalos. ¿Comprueba cómo están?

Su curiosidad le llevó a tocar con su pequeña mano, mis bolas, notando el estremecimiento de su cuerpo al palpar las mismas. Debo indicar que tengo dos buenos testículos a juego con el resto de mis genitales. La vecina los agarró, como si sopesara la carga que llevaba depositada en ellos. ¿te gustan? ¿Te gustas mis huevos preciosa?

-“Parece que los tuviera llenos”.Contesto agitado.

-¡es que lo tengo bien llenos!. Llevo bastantes días sin descargarlos.

Note la mirada de la mujer. Era evidente que pensó al momento que quería descargar los mismos dentro de su coñito.

Sin pensarlo dos veces, la tomé por las caderas alzándola y recostándola sobre la mesa de la cocina. Pese a su sorpresa, continue acariciando su cuerpo, volviendo a lamer sus pezones. Casilda, estaba alucinaba viendo como la recostaba sobre la mesa de su propia cocina, y me metía entre sus blanquecinas piernas. Un hombre, que no era su esposo, le estaba succionado sus pechos, y además se adentraba entre sus piernas. ¡Seguro que jamás se lo hubiera imaginado!

Cuando mi mano alcanzó su braguita, gimió entrecortadamente. Sus ojos se dilataron. Note como su corazón se aceleró. Me miró, viendo en su cara cierto miedo, curiosidad, y hasta excitación. Los gestos de su mirada aumentaron a medida que me iba acercando más a su única prenda que le quedaba. Cuando por fin alcance aquella, en lugar de retirársela, me agaché hasta la altura de su entrepierna, y aspiré el intenso olor a vagina. El olor a hembra en celo me embriago. ¡aquella joven casada, debía estar bien caliente!

Sin contenerme, comencé a lamer suavemente la tela de su braga, concentrándose precisamente donde sabía que se localizaba la raja de su coño. Eso alteró a la joven: -Oh no que me hacer…. ¿esto no está bien? ooo

Pese a sus protestas, y ser la primera vez que le hacían sexo oral, me percaté que no le disgustaba. Estaba como expectante por saber cuál era mi siguiente paso. Esa mirada me animó a continuar. Acaricié los abundantes vellos que sobresalían por los laterales de su braga, instándola abrirse más de piernas, dándole algunos lengüetazos por las ingles. Mi contención había llegado a su límite, por lo que, sin más dilaciones, tiré de los laterales de aquella minúscula prenda, y para cuando ella se percató, la braguita estaba bajando por sus pies.

Casilda, se estremeció, e intentó cerrar sus piernas. Se sentía totalmente desnuda, abierta de piernas y recostaba sobre la mesa de la cocina, y al lado un hombre que no era su marido. El espectáculo era de los más morboso.

La sujete para que mantuviera abierta sus piernas, mostrándome toda su vagina. Contemple entonces la gran cantidad de vello que rodeaba su pubis y todo el contorno de su vagina. Parecía un frondoso bosque, donde solo se divisaban vellos de color negro intenso. Me quede alucinado. Nunca había visto una vagina tan peluda.

Solo podía divisar parte de los labios vaginales, que pronto alcance, separando un poco los vellos, constatando el cierto color rosáceo de los mismos. El abundante vello negro, contrastaba con el intenso color blanco de su piel. Mi excitación estaba al máximo. ¡Jamás había visto un coño tan espeso de vello como aquel! ¡Ni siquiera en las pelis porno!

Pese a que quizás algunos hombres les pudiera repugnar, la contemplación de aquella mujer que no se cuidaba sus partes íntimas. Para mí fue algo alucinante. Aparte, con mis dedos la maraña de vellos, y descubrí por fin, la hermosa raja de aquella mujer. Me fije los labios algo carnosos, rosáceos, donde se percibía la abundancia de lubricación. ¡estaba claro que aquella mujer tenía todo su coño mojado!

Sin esperar un momento más, dirigí mi boca hacia los labios vaginales, abriéndome paso entre la maraña de vellos, alcanzando los mismos. Los primeros suspiros de la mujer sonaron en la cocina. Tras mis primeras lamidas, actúa con mi lengua como si fuera una brocha, barriendo de arriba abajo toda la raja con mi lengua. La mujer al sentir mi lengua en su coño, fue como tocar la zona más suprasensible. Al instante comenzó agitarse, oh no… que me hace ahí nooo oo

Mientras aquella se revolvía sobre su propio cuerpo, moviendo hasta la propia mesa, no por ello me detuve. Intensifique mis lamidas, viendo como pronto, la presión que ejercía la mujer intentando cerrar las piernas ceso, y permitía que me concentrara en su coño, abriéndose totalmente. Mi lengua estaba haciendo un buen trabajo. Comence a profundizar en toda la ranura, abriendo aquel codiciando coño. Oh eso no… eso es asqueroso ooo nooo

Mi lengua comenzó a hacer estragos en aquella suculenta vagina. Abrí mejor sus piernas, logrando que aquel coño de abriera como los pétalos de una flor. Contemple, agitado, el interior de la vagina por primera vez. Sorprendentemente la mujer tenía un clítoris bien pronunciado, parecido a un botón grande. Al instante mi boca se apoderó del mismo, lamiendo, tomándolo entre mis labios, apretándolo y succionándolo. Los alaridos de placer de aquella mujer se hicieron más evidentes:

-oh que me hace. Oh por favor no mas…oooo

Casilda comenzó a retorcerse de placer. La gran cantidad de jugos que la mujer comenzó a emanar, llenaban mi boca, mientras la escuchaba suspirar y jadear. Sabía que aquel era el preludio de su ansiado orgasmo. Este no se hizo llegar. A los pocos minutos, aquella señora casada entró en trance. Como si se olvidara de todo, tomó instintivamente mi cabeza empurrándola contra su entrepierna, mientras de forma alocada alcanzaba su primer orgasmo con la boca de un hombre. Los movimientos, vibrantes y sumamente convulsivo me confirmaron su corrida. Mientras se venía se retorcía y gritar haciendo moverse completamente la mesa, hasta terminar aflojando todo su cuerpo.

Oo ogg siiio oooo

Estaba claro que aquel era el primero orgasmo oral que aquella hembra había alcanzado en si vida. Tras dejar que acabara, me incorporé un poco, y dirigí mi mirada hacia mi falo. Tenía una erección de las que hacía mucho no recordaba. La simple visión de la vagina de aquella mujer, entremezclada con la abundante cantidad de vellosidad, me tenía encelado.

Casilda se dio cuenta de ello. Pese a su adormecimiento por el orgasmo anterior, observó verga a pleno rendimiento. Intuyó que se la iba a meter. Note que se asustó, exclamando: oh Dios que enorme… ¿no pretenderá metérmela?

Me la ha puesto bien dura. Acaso no quieres recibirla dentro de tu coñito. ¿has vito como lo tienes? Esta encharcado. Necesitas tenerla dentro.

-Oh no… ¡es peligroso!… ¡no me cuido! Oh.. no.. no lo intente.

Tome mi falo en la mano, y tras un rígido movimiento de mi mano, termino descapullándose. La mujer observó mi prepucio grande y brillante por la cantidad de líquido preseminal.

La mujer no salía de su asombro. Sus ojos se habían dilatado ante la contemplación mi verga. Note que estaba asustada ante la posibilidad de que la penetrara. Abrió la boca con gesto de sorpresa, llevándose las manos a la cara balbuceando - ¡Huy, ¡Se le está poniendo más grande! ¡¡ oh Dios mio…!!.

Note la agitación de la mujer. Estaba tan sorprendía al contemplar las dimensiones de mi verga, que no salía de su asombro. Era evidente que aquella señora nunca había visto un pene en vivo, y en todo caso el de su esposo no debía ser de la magnitud del mío.

Dirigí mi mirada hacia la abertura de su coñito, y el hueco parecía el de una mujer que aún conservaba el himen. Ella observó mi mirada hacia su entrepierna y exclamo: Oh ¿no estará pensando en…… ¡por favor… no lo intente! ¡Me hará daño… es demasiado grande! ¡además estoy casada. ¡Quiero a mi esposo!

No le conteste, pero tampoco quise esperar más. Tomando las piernas desnudas de la mujer, las aparte, abriéndolas en tijera sobre la mesa, quedando sus piernas colgando a ambos lados de la mesa. Sin prologo acerqué mi pene colocándolo a la entrada de su coñito, para lo cual aparté algunos vellos que se interponían en el camino.

La mujer nerviosa, ante lo que imaginaba que iba a ocurrir, hizo presión con sus piernas para cerrar las mismas y evitar mi penetración. Lejos de retraerme, acerqué mi cuerpo al de ella, colocando mi cara a la altura de la suya y la comencé a besar ardientemente en la boca, al tiempo que le decía: -Relájese Casilda. Veras que le va a gustar. Anda déjame que meta mi pene en tu coñito. Lo necesitas. Se que necesita tenerla dentro. No le haré daño.

-oh no está loco… penetrarme noooo… estoy casada. Mi marido… oh… ¡no lo haga!

Mientras la besaba, fui acercando mi nabo hasta colocarlo entre los labios vaginales. Era como si mi pene estuviera dando unos besitos a su húmedo coño.

Oh por favor.. nooo

La miré fijamente y le dije: sabe que se la voy a meter de todas formas. Es mejor que se relaje. Se que la tengo un poco grande, pero verá como se la comerá totalmente.

Pese a su suplica, de un certero golpe de riñones, logré alojarle más de la mitad de mi falo, viendo cómo se abran las paredes de su estrecha vagina, ingresando dentro de ella. Me di cuenta que era mas estrecha de lo que realmente pensaba. Parecía que la estuviera desvirgando. Pero ya estaba dentro de ella.

Casilda dio un grito desgarrador. Me quedó claro que el pene de su esposo debía ser bastante pequeño, y hasta juraría que nunca la había llegado a penetrar del todo.

-ohh que daño..oooo ¡saquelaaa!

La acaricie, y continue besando en la boca, quedándome un momento quieto con la mitad de mi pene dentro de su vagina. Sentía la enorme presión que realizar con las paredes de su vagina para poder expulsar mi miembro. Pero esa acción más me enceló.

Totalmente excitado me acerqué a su oído y le dije: Relájese, Casilda… ya la tiene dentro. Hágame sitio…. “Necesito clavársela toda”…. ¡Sabe que se le voy a clavar totalmente! Hoy va a sentir lo que es un pene de verdad.

La mujer me miró ante mi cambio de actitud, ahora más autoritario. Intuía que lo iba hacer de todas formas.

¿Sientes mi polla dentro? ¿Está bien dura verdad? Pues te va a entrar completamente. Veo que tiene el coño bastante estrecho ¿es que su marido nunca de la ha metido completa? Le pregunte bastante excitado.

La mujer me miró, con los ojos abiertos como platos, notando el temor en ellos. Enrojecida me contesto: Ya.. “su pene es mucho más pequeño”… y menos grueso que el suyo. ¡Oh me va a abrir toda! ¡me va a romper!

Entonces levanté sus piernas sobre mis hombros y decidí penetrarla de aquella forma. –por favor sáquela…me va reventar.

-tranquila preciosa. Lo hare bastante despacio. Pero te aseguro que la tendrás toda.

Se la saqué un poco, y volví a introducirme un poco más, para volver a sacarla. Comencé a entrar y salir de ella, viendo que en cada penetración mi tranca ingresaba algunos centímetros más dentro de ella. Notaba las paredes de su vagina apretar con fuerza mi tranca. Era obvio, que para ella mi tranca era una verdadera agresión. Pero estaba claro que necesitaba clavarla totalmente. Quería que aquella mujer sintiera mi hombría, demostrarle lo que era un auténtico semental.

La miré fijamente a los ojos, mientras arremetí con fuerza. Sin contemplaciones. Mi verga se alojó totalmente dentro de su vagina. Había hecho tope. Mis huevos golpeaban su blanco trasero. ¡se la había clavado totalmente!

¡¡¡ AAHhhhhhhh!!!!! Gimió la mujer, mientras mi miembro desaparecía en el interior de su vagina.Miré hacia en encuentro de nuestros sexos, no se veía mi verga. Estaba completamente dentro de aquel estrecho coñito. ¡aquella mujer era totalmente mia!

-Oh que daño. Me has roto por dentro…

Sin contestarle, comencé a moverme despacio adentro y afuera, haciendo unos movimientos giratorios con toda mi verga dentro de su vagina, como si intentara ensancharle la misma. A cada tres empujones sacaba toda mi pija, la frotaba en el clítoris para luego meterla nuevamente hasta el fondo.

¡¡¡ Aaahh!!, ¡Aaah!! Despacio…, ¡me abres mucho ooooo... decía ella.

Seguí clavando mi verga, revolviéndome dentro de su vagina cada vez se la envinaba totalmente, hasta que la mujer comenzó a colaborar. Su coño se estaba adaptando a las dimensiones de mi falo. La agresión producida por mi verga era tremenda, pero la excitación y calentura de la mujer hicieron que ese violenta penetración comenzara a gustarle.

- Oh.. si ooooo me abres oooo

¿Te gusta verdad señora? ¿Le gusta mi polla?…¿quiere correrse con ella dentro?. ¿Verdad que si…?.. ¿verdad que la señora se va a correr?

¡oh cabron… me vas reventado por dentro… Me llenas totalmente…. O jodeer…si…. me vego oooo siiii!

La mujer ya no se contuvo más. Al instante comenzó a disfrutar de mi polla, viendo como alcanzaba nuevamente el orgasmo, pero esta vez con toda mi verga dentro de su coño. La mantuve clavada hasta que las contracciones fueron disminuyendo y ella se quedó quieta, tendida sobre su espalda, relajada mirándome a los ojos.

Sin sacársela, me acerque y la bese en la boca.

Me dijo: me tienes toda abierta. Mi esposo se dará cuenta. Oh me llenas…

Luego se la retiré del coño, observando como aquel había quedado sumamente abierto. Tenía su coño totalmente enrojecido, y con resto de un líquido blanquecino. La ayudé a bajar de la mesa, me senté en una silla, haciendo que ella se sentara sobre mis muslos. Ambos estábamos completamente desnudos, y la mujer se sentía agotada, abrazada a mi cuerpo. Parecía una jovencita acurrucándose junto a su padre.

Había tenido dos orgasmos, y uno de ellos con mi verga totalmente dentro de su coño. Lo aprecie en los restos de sus jugos en mi tranca

CONTIN...