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ESTHER Capítulo 10

Bajo el sol de Ibiza, Esther cruza la línea que separa el placer del desastre. Mientras su cuerpo se rinde a los juegos de Tom, una llamada telefónica le arranca la realidad: su matrimonio es una mentira. Ahora, debe decidir si volver a la ruina o abrazar el abismo dorado que le ofrece Tom.

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CAPITULO 10

RESOLUCION - FINAL

Vino a buscarnos el monitor, y empezamos con el submarinismo. Si la experiencia desde el aire había sido Flipante, la de debajo del agua lo era aún más.

Vimos un sinfín de peces, corales estrellas de mar, caracolas, la vida bajo el agua era fascinante.

No duró más de 30 minutos, pero hubiera estado tres horas. Que bonito, por dios.

Ahora nos tocaban las motos acuáticas. Esto sí me daba algo más de miedillo, porque todas las que veía iban a una endiablada velocidad

Para la espera nos ofrecieron de nuevo zumos y frutas.

Vino también un monitor a explicarnos las cosas más básicas.

"Hola chicos, soy Iván, vuestro monitor, sois los próximos. ¿Habéis montado alguna vez en moto acuática?", nos preguntó.

"No", respondí yo.

Tom ni respondió. Supongo que era conocido de sobra.

"¿Y en moto de carretera?", volvió a preguntar.

Aquel tipo no paraba de mirarme las tetas, y no es que yo me asustara de que me las mirasen, pero me gustaba que cuando hablaba con alguien, me mirara a la cara, no a las tetas.

"Tampoco", le dije.

"Bien, lo único obligatorio es el chaleco salvavidas, y una muñequera que va unida con una cuerda a la moto para en caso de caerse al agua, poder volver a la moto", me dijo.

Yo veía a la velocidad que iban por el agua y me parecía complicado mantenerse encima de la moto.

"Hay alguna táctica o técnica para no caerte nada más salir?", le pregunté.

"El equilibrio es fundamental. Pero son mucho más estables que las motos de carretera o las bicicletas. Si acaso, las piernas y rodillas pueden ser un buen elemento de sujeción al chasis de la moto. Las motos funcionan mediante una turbina. Una bomba aspira el agua y el impulsor la expulsa con tanta fuerza que genera un chorro de agua que impulsa a la moto y permite que avance con velocidad. Los mandos son muy simples, solo lleva el botón de arranque y el mando del acelerador. Para frenar el mando del acelerador a cero lentamente, y si es una frenada de urgencia, se cruza el manillar a la vez, aunque esto último es casi una caída al agua segura", me dijo.

Pues ya estaba todo claro, me la iba a pegar si o si.

Al poco nos avisó de que nos tocaba. Nos pusimos los chalecos salvavidas, y nos dirigimos a la moto. Había dos motos, una para el monitor y otra para nosotros.

Tom se montó en la moto y me dijo,

"Esther, sujétate fuerte".

Vaya, era la primera vez que me llamaba por mi nombre. Siempre me llamaba querida, típico comodín para no equivocarte de nombre con tu pareja, igual que cariño, o amor.

Me subí, y si, me agarré a Tom como una lapa.

Arrancó el monitor y nosotros detrás. Íbamos despacio, abandonando la playa, hasta que el monitor dio un golpe al acelerador y aquellas motos empezaron literalmente, a volar.

Tom seguía la estela del monitor, lo cual hacía que nos comiéramos todas las olas que su moto producía, y brincáramos como cabras en mitad del mar.

Al cabo de un rato, Tom para la moto y me dijo,

"Esther, te toca".

"En serio?, que no tengo ni idea de llevar un trasto así", le dije.

"Tranquila, es fácil. Ya lo verás", me contestó, dejando su sitio para que yo manejará la moto.

Hice de tripas corazón, y accioné el acelerador. Muy poquito. La moto empezó a deslizarse lentamente.

El monitor no paraba de pasar por delante nuestro, exhibiendo todas sus habilidades en el dominio de la moto.

Estuvimos un buen rato. Yo cada vez me atrevía a dar más acelerador y la moto cogía una buena velocidad.

Tom me dijo,

"Esther, disminuye un poco la velocidad".

Lo hice.

Note como me apartaba la tira del tanga y cogiéndome por las caderas me llevó un poco más hacia atrás en la moto.

"Inclínate hacia adelante", me dijo.

Me puse como los corredores de motos, pegando mis tetas al chasis.

Al momento sentí su polla abriéndose camino en mi coño, hasta que se acoplo por completo.

"Ya puedes acelerar", me dijo.

"En serio?", le pregunté.

"En serio", me respondió.

Y aceleré.

Dios, que sensación. No teníamos ni que movernos. El movimiento de nuestros cuerpos en la moto, hacia todo el trabajo. Era súper morboso. Estábamos follando en una moto a toda velocidad en mitad del mar.

Las manos de Tom empezaron a buscar mis tetas y mi clítoris.

No tarde mucho en pegarme un corridón en toda regla, Tom conmigo. Pare la moto. Había que reposarlo un momento.

En ese momento llegó el monitor.

"Anda que invitáis", nos dijo arrimando su moto a la nuestra.

De esa manera formó un pequeño colchón con los dos asientos de las motos. Las sujetó con las cuerdas de amarre.

"Te puedes tumbar princesa", me dijo.

Vaya, parece que todo el mundo tiene derecho de pernada, y sin preguntar, pero bueno, Tom me había dejado calentita y no estaba mal un poco más de jarana en alta mar, aunque tumbada y con los vaivenes del mar no sé yo si no echaré hasta la primera papilla.

Me tumbé en la improvisada cama no son que antes Tom me quitara el salvavidas.

Iván no tardo en desprenderse del bañador y subirse a `la cama`.

Me plantó la polla en la cara. No estaba nada mal, gordita y larga. Me estaba convirtiendo en una experta en pollas.

Me la metí en la boca empezando a mamársela.

Él me fue subiendo el sujetador del bikini hasta dejarme las tetas al aire, empezando de inmediato a manosearlas, mientras me follaba la boca con ganas.

A la vez note como Tom me quitaba el tanga.

Estaba más tiempo en pelotas que vestida.

Tom empezó a comerme el coño. Aquello era surrealista y excitante y morboso a la vez.

Tom ya conocía bien mi coño, y sabía cómo hacer para volverme loca.

Iván cada vez me follaba con más fuerza la boca mientras pellizcaba y estiraba mis pezones y manoseada las tetas.

No tardó mucho en buscar con su polla mi coño. Tom me puso a mamarle la polla, e Iván me la metió. Una polla más a la colección.

Me follaba con ganas, rapidez y fuerza. Tenía una gran habilidad para moverse sobre un terreno tan inestable como el que estábamos. Yo estaba bastante mareada.

Pero el alquiler de las motos tiene su tiempo por lo que Iván solo pensaba en descargar sus huevos en alguno de mis agujeros. Y lo hizo en el coño. Me había convertido en un depósito de semen. Es como si llevara escrito en la frente "correrte dentro de esta puta".

Por su parte Tom volvía a estar totalmente duro, y le pregunté,

"Tom, cariño, quieres volver a correrte?".

"No, amor, ya habrá tiempo", me respondió.

Aquello me sonó a una profecía.

Aparentemente el día de actividades acuáticas había terminado.

Después de secarnos y recuperar mi bikini, que el gracioso de Iván se había quedado por lo que tuve que salir a la playa en cueros, volvimos al hotel.

Nos dimos una ducha, y Tom me dijo,

"Esther, cielo, vamos a ir a comer a un restaurante naturista, así es que puedes ir en bikini hasta allí".

"¿Un restaurante naturista? ¿Todos desnudos?", pregunté.

"Todos, clientes y empleados. Y se realizan muchos juegos todos de carácter sexual. La comida es a las 15 horas y seguramente no saldremos hasta las 20 horas. A esa hora se vacía el restaurante, se ventila, limpia y cambian los empleados. Suelen terminar bastante exprimidos en cada turno ", me explicó.

" Ja, ja, ja, contigo es un no parar, ¿eh? ", le dije.

" Sí, pero si no quieres, no te apetece o lo que sea, no tienes más que decírmelo ", me dijo.

" Tom, ya sabes que estoy aquí para lo que gustes. Acato sumisamente tus deseos", le dije.

"Uhmm, eres encantadora", me dijo.

Al llegar al restaurante, efectivamente, hasta el portero estaba desnudo. Pasamos a un cuarto donde dejamos toda la ropa que llevábamos, incluso los zapatos, y nos pusimos unas zapatillas blancas que daban allí.

Luego ya pasamos al restaurante. Nos asignaron la mesa 15. La niña bonita. Ya había gente sentada, y perezosamente te recorrían el cuerpo con la mirada cuando entrabas, pero seguían a lo suyo.

La comida transcurrió con normalidad. Solo los camareros y camareras, que se arrimaban todo lo que podían para servir.

Ya a los postres, uno que supongo sería el relaciones públicas del restaurante, tomo el micro y anunció que íbamos a empezar con los juegos. Casi a la vez, los camareros fueron depositando en las mesas, unos platos de café con unas golosinas.

“El primer juego, será “El perro/a aspirador”. Para los que no lo conozcan, se sorteara, una mesa, y dentro de la mesa el varón o la hembra. Al que le toque deberá recorrer las mesas a cuatro patas conducido por su pareja y pedir en las mesas golosinas ladrando. El que dé golosina, podrá pedir a la mascota, que selo agradezca con unas buenas lamidas”, dijo.

No sé porque, pero todos reímos y aplaudimos el juego.

“Utilizando las bolas del bingo, vamos a extraer un número, previamente se han dejado solo los 35 números que corresponden a las mesas que hay. COMENZAMOS”, siguió el animador.

El bombo dio un montón de vueltas, y al final salió en la pantalla el número de la mesa.

“EL 15”, dijo el animador.

No me lo podía creer. La nuestra. Tom y yo nos miramos, y luego el resto de las mesas, a ver quién podía ser la mascota.

“Bien, nuestro amigo Tom y su bella acompañante. Ahora sortearemos cuál de los dos es nuestra mascota hoy”, dijo el animador.

Yo no sabía ni para que lo sorteaban, directamente me tocaba, si o si.

Mientras un camarero, había traído una bandeja con un collar y una correa. En una bolsa negra, el animador metió dos papeles, uno con una V y otro con una H, y pidió una mano inocente de una de las comensales, que efectivamente saco la H.

El camarero, procedió a colocarme el collar y a engancharlo en la correa.

Tom, se levantó cogió la correa, y empezó a llevarme por las mesas. Supongo que la mayor humillación es que no te dieran golosina, señal de que no les gustabas una mierda.

Ya sabía que me iba a hinchar a dar lametones.

Fuimos a la primera mesa, era una pareja, madura, más que yo, y más joven que Tom.

Los dos me dieron golosina, por lo que tuve que darle 5 lametazos a él en la polla, y 5 lametazos a ella en el coño.

Así fuimos recorriendo todas las 34 mesas del restaurante, y en una me encontré una sorpresa.

Estaba Samuel, el hijo de D. Arturo, el del infarto.

“Hola doctora”, me dijo casi susurrándome al oído, “¿puedo darle 100 chucherías para que los lametazos sean más profundos?”.

“No hace falta, pero mientras, cuénteme como está su padre”, le dije.

Le cogí la polla semi erecta, y me la metí en la boca. Empecé a mamársela mientras él me contaba, que su padre mejoraba día a día y que pronto le subirían a planta.

Sin dejar de mamársela le dije que me alegraba y que cuando le subieran a planta iría un día a verle más tranquila.

Acababa de decirle una tontería. Seguramente para cuando le subieran a planta yo ya estaría en Madrid.

Pero bueno seguí a lo que estaba, y la polla de Samuel, se puso rápido como un tronco. Pasé a su pareja, y también la lamí el coño un rato. Así fuimos recorriendo todas las mesas. No tengo que decir que me hinche a comer pollas y a lamer coños.

Así terminó el primer juego, en el que como no, habia sido la protagonista principal. Yo tengo mis dudas más que razonables, que todo mi protagonismo fuera provocado por Tom.

Volvimos a nuestra mesa, nos sirvieron unas copas de cava, venia bien para enjuagarse la boca después de tanto chupeteo y lameteo.

Al rato el relaciones públicas, dio paso al segundo juego, Lo llamó Revienta el globo.

aparentemente no tenía mucho misterio, supuse que sería tener que reventar un globo lo antes posible.

Pero me equivocaba. El relaciones públicas, lo explicó.

"El juego consiste en inflar un globo mediante una bomba manual de inflado, hasta que reviente. Solo participarán las chicas, y lógicamente habrá un premio, que, como no podía ser de otra forma, es una hora con MANDINGO".

Todos los que sabían a que se refería, aplaudían como posesos. Yo me enteré pronto.

El tal Mandingo, hizo acto de presencia. Cubierto con una bata como si de un boxeador se tratara, entró corriendo en la sala, al llegar al centro, se abrió la bata.

¡¡Madre del amor hermoso!!, aquello no era una polla, era una manguera enorme que el negrito movía sin parar de un lado a otro y de arriba a abajo. Seguro que se inspiraron en este para el negro del wasap. Que pasada, cuando paraba le llegaba a más de medio muslo. Nada que ver con lo que yo había visto hasta ahora.

El relaciones públicas, continuó,

"En la sala contigua, están las bombas para inflar los globos. Lo que no he dicho hasta ahora es que la palanca para accionar la bomba, es un consolador, y sí, hay que accionarla con el coño. Todas tienen que reventar su globo. Se tomará tiempos y ganará la más rápida. Así es que señoras, si no tienen una idea mejor, pasen a la sala".

Todas corrimos como perras en celo esperando la gran montada del macho negro.

Habia cinco puestos de inflado. Una pequeña caja en el suelo con la bomba en el centro y un consolador que hacía las veces de mango para inflarlo. El relaciones públicas que no andaba mal de polla, y cada vez la tenía más tiesa sin duda sabiendo el resultado del juego, nos hizo una demostración con la mano.

Habia, literalmente que follarse la bomba de inflado.

Empezaron las 5 primeras mesas. Alguna ya era veterana en el juego, ya que lo inflaba a una velocidad de vértigo.

Cada vez que terminaba una, cambiaba el condón del consolador y enraba la mesa siguiente. Tomaban los tiempos, pero yo creo que era de modo aparente, ya que solo había uno cronometrando para las cinco chicas.

Así fuimos pasando todas, inflando el puto globo y en mi caso en concreto, pese a que intenté ir lo más rápido posible, disté mucho de quedar entre las mejores. No es que tuviera un interés en particular por el Mandingo, pero siempre he sido muy competitiva, aunque se ve que me faltaba técnica. Aunque eso sí, Tom me aplaudía como un loco.

La ganadora, una mujer mayor que yo, se fue con su Mandingo, y nosotros pasamos al siguiente y aparentemente último juego.

Se trataba en, por parejas, seguir una serie de pistas, hasta encontrar una llave, que daría acceso a una Sala de la Sorpresa.

Según comprobamos más tarde, las pistas eran las mismas para todos. Solo variaba la ubicación de la llave, que habia una para cada pareja. El caso era que todos termináramos en la misma sala.

La sala en sí no tenía mucho misterio. Había 5 divanes de diferentes colores, dispuestos como en la sala de un cine, uno detrás del otro, y cada uno nos fuimos acoplando al que podíamos. Éramos impares, al irse la del Mandingo, y tocábamos a 8 por diván. Estábamos bastante apretaditos.

El relaciones públicas, pidió que todos los hombres se pusieran de pie. Una vez lo estuvieron les dijo,

“Los del diván rojo, al diván verde, los del verde, al azul, los del azul al negro y los del negro al rojo, y diviértanse”.

Pues ya estaba liado el tema

Llegaron cuatro tios para tres, en el nuestro faltaba la del Mandingo y montamos una orgía interminable.

Por supuesto también llegó Samuel que me pegó una buena follada, por supuesto diciendo a todas y todos los que coincidían, que yo era la doctora que había salvado la vida de su padre. No sé porque motivo, pero todos se esforzaban en follarme más duro, y las tías en comerme el coño con más ganas.

Mire varias veces a Tom, no me quitaba ojo, aunque tampoco dejaba de follarse a las que le tocaban.

Efectivamente a las 19:45, nos avisaron de que fuéramos terminando que cerraban, y obedientemente fuimos terminando.

Un beso de despedida con todos, y para el hotel.

“Te lo has pasado bien, querida?, me preguntó Tom.

“Genial, ya lo sabes, pero esto va a terminar conmigo. Estoy agotada”, le dije.

“Bueno, es pronto, cenamos y nos acostamos, así podemos estar frescos para mañana, que tenemos un día de pareja. Nada de historias. Solos tú y yo”, me dijo.

Le brillaban los ojos al decirlo, yo creo que realmente estaba enamorado hasta las trancas de mí.

A mí me atraía enormemente, sobre todo la forma de tratarme, sus desvelos para que lo pasara bien en cada cosa que hacía….

Si ya sé que con dinero estas cosas son más sencillas, pero también hay que desearlas, y Tom las deseaba mucho.

Llegamos al hotel. Una duchita, cambiarnos de ropa y a cenar.

Durante la cena, recibí una llamada que iba a poner patas arriba mi vida.

Era mi madre, diciéndome que había salido de compras con mi padre esta tarde, y que de vuelta para casa, había visto a Víctor en la cola de una sala de fiestas, abrazando a una mujer.

Me debió de cambiar la cara, porque Tom me preguntó que me pasaba.

A ver realmente yo no tenía nada que reprochar a Víctor. Seguramente, yo había hecho bastante más cosas que el en estos días, pero aquella situación me hizo pensar que realmente nuestro matrimonio no tenía nada de idílico. Yo habia caído en los brazos de un hombre, a la primera de cambio, bueno, de muchos hombres, y el en los de una mujer, o vete a saber si también muchas mujeres.

Pensé en aguarle la fiesta y llamarle, pero me podría decir lo que quisiera, y tendría que tragármelo.

Tom, insistió sobre la causa de mi zozobra, y terminó contándoselo.

“Vaya”, me dijo, “Puedo ayudarte de alguna forma?”, me preguntó.

“Ahora mismo estoy confusa, Tom, no sé que debo hacer”, le dije.

“Si me permites, yo recopilo toda la información posible sobre tu marido”, me dijo.

“Tú, desde aquí, cómo?”, le pregunté.

“Tu dame el ok, y mañana por la noche, tenemos un dossier completo sobre el tema”, me dijo, y no me cabía duda de ello.

“Vale, necesito saber que está pasando”, le dije.

“Ok, querida, escríbeme el nombre completo de tu marido, y donde trabaja. Tu dirección la tengo, con eso me basta”, me dijo.

Le dí los datos que me pedía. Se levantó y fue hacia un cuartito que según me dijo mas tarde, había un teléfono. Al rato volvió.

“Vale querida, ya está hecho el encargo. Ahora relájate, Mañana tendremos toda la información”, me dijo.

En el fondo, me daba miedo, confirmar lo que estaba pasando, y sobre todo, desde cuando estaba pasando, pero tenía que saberlo.

Nos fuimos a la habitación, y nos acostamos pronto. Y mañana el día de pareja, y con ese marrón.

Pasé mala noche. Di mil y una vueltas. No se me iba el temita de la cabeza.

Al levantarme, procuré abstraerme de todo, y dedicar el “Dia de Pareja” a Tom.

Empezamos con el desayuno en la habitación. Genial como siempre.

Luego me dijo que íbamos a bajar a la piscina, dentro del hotel. Música romanticona nada más llegar a las tumbonas. Nos pasaban bebidas y comida fría a cada rato, incluso los clientes del hotel, nos miraban como a una pareja de enamorados, incluso algún pico nos dimos de vez en cuando.

Una mañana super agradable. Relajada, romántica, muy bien, muy bien.

En el comedor, teníamos un reservado para nosotros. Un musico con un violín nos deleitó la comida. La comida deliciosa. Luego nos subimos a la habitación, tocaba una buena siesta. Tom, me conocía de sobra, y sabía que estaba preocupada, así es que durante la siesta dormimos.

Cuando me desperté, Tom no estaba en la cama.

Caramba, eran las 18,30. Había dormido muchísimo, sin duda por no haber dormido bien por la noche.

Lo primero que pensé es que con mi sueño, habría arruinado algo que estuviera previsto para por la tarde.

Sonó el teléfono, y contesté. Era Tom.

“Querida?, has descansado bien?”, me preguntó.

“Si Tom. Dónde estás? He arruinado algo?”, le pregunté.

“No, no tranquila, Esther. Estoy en una salita de reuniones del hotel. En unos minutos voy a establecer una videollamada con el hombre que me ha estado mirando el tema de anoche, y según me ha dicho, ya tiene la información, o por lo menos, suficiente información. Quieres estar presente?”, me preguntó.

“Pues mira Tom, no sé si me arrepentiré o no, pero sí, me gustaría estar presente, le dije.

“Ponte algo y salgo a buscarte a recepción”, me dijo él.

Aquello de que “tenía suficiente información”, dispararon aún más mis alarmas. Creo que lo que iba a escuchar no me iba a gustar, pero tenía que oírlo.

Me puse un vestido playero con unas chanclas, y me bajé.

Tom me espera en recepción, y juntos fuimos a una sala que estaba en la otra punta del hall.

Dentro estaba un técnico del hotel, que supongo sería el encargado de establecer la videollamada.

Lo hizo y se fue diciéndole a Tom, que si tenía cualquier problema le avisara.

En el monitor aparecieron tres hombres, trajeados que saludaron a Tom, y me saludaron a mí.

Les devolvimos el saludo y Tom me los presentó.

Por los apellidos, los tres eran extranjeros, aunque hablaban un perfecto castellano.

Al final Tom les dijo,

“Bueno, señores que tienen para nosotros?”.

En ese momento llamaron a la puerta. Era un camarero que traía unas bebidas. Me sorprendió a mí me puso una infusión, que según me dijo Tom, era a base de valeriana, un ansiolítico, un tranquilizante. Pues empezábamos bien.

Evidentemente, Tom ya conocía el resultado de las investigaciones de su hombre, y por eso me había pedido la infusión.

El hombre empezó a hablar. Era como un autómata. Empezó por presentarme a Víctor, con datos que obviamente yo conocía, nombre, edad, trabajo, etc.

Pero no tardó mucho en decirme cosas que yo no sabía.

"Desde hace cinco años, mantiene una vida paralela, conviviendo con Amaya Tañera, con la que tiene un hijo, Alejandro, de 18 meses".

"Queeeeee?", no pude por menos de exclamar.

"Amaya era un paciente del traumatólogo y en esa relación medico/paciente, saltó la chispa que les hizo iniciar una relación que se mantiene", concluyó el hombre.

"Pero, ¿cómo?, ¿Como han averiguado todo eso en apenas 20 horas?", pregunté.

"La relación es de dominio público. Basta una visita al hospital y charlar adecuadamente con algunos compañeros para enterarse de todo. Incluso hablamos con una celadora, que también tenía alguna historia con su marido, y la dejó después de pillarles una vez en su despacho. Como comprenderá son personas encantadas de contar lo que saben", me contestó el hombre.

Vaya tela, pensé para mí. Pero aquello tenía que confirmarlo con Víctor.

Salí disparada de la sala, busqué un sitio tranquilo, y le llamé.

Tardó un mundo en contestar.

"Hola cariño, ¿que tal?", contestó al final.

"Bien, bien ¿y tú?", le pregunté.

"Bien también. ¿Cuándo vuelves?", me preguntó.

"Pues la verdad es que no lo sé. Depende de lo que me contestes a una pregunta", le dije.

"¿Pregunta?, ¿que pregunta?", dijo él.

"¿Que tal están Amaya y Alejandro?", le dije.

Silencio sepulcral.

"No tienes nada que decir?", le pregunté.

"Cómo te has enterado?", me preguntó.

"Eso da igual. Recibirás noticias de mis abogados", le dije.

"No, espera, no es lo que parece", no le dejé terminar. Corte la comunicación. Me llamó al instante, y lo colgué. No me interesaba nada de lo que pudiera contarme.

Fui al encuentro de Tom que aún seguía en la sala.

"Podemos hablar en privado? ", le dije.

"Por supuesto", me contestó despidiendo a los interlocutores de la video llamada.

"Tú dirás", me dijo.

"Necesito un abogado que gestione mi divorcio. Mi maridito me lo ha confirmado", le dije.

"No hay ningún problema. Pongo un bufete de abogados a trabajar en el tema en cuanto me digas", me contestó.

"Ya, quiero hacerlo lo antes posible", le dije.

"Ehhhh, ¿Debería también poner en marcha mi divorcio?", me preguntó.

"Deberías", le contesté.

"Quiere eso decir que aceptas mi propuesta?", me pregunto con la misma ilusión que un novio cuando pide compromiso a la novia.

"Sí, con matices, pero sí", le contesté.

“Bueno, amor mío, ya me contaras los matices, pero esto hay que celebrarlo”, me contestó.

“No, vamos a hablar ahora de los matices”, le contesté.

“Pues tu dirás”, me contestó Tom.

“Me quiero casar”, le dije.

“Y yo, amor”, me dijo él.

"Además, quiero ser madre", le dije.

"Sin problemas amor haremos lo imposible para qué así suceda", contesto Tom.

"No me has entendido. Quiero que el hijo sea tuyo", le dije.

"Difícil me lo pones, querida. Lo intenté en muchas ocasiones con mi mujer sin éxito. Pero bueno, tú y yo lo intentaremos y seguro que lo conseguimos”.

"Bien, ese es mi chico. Otra cosa, mi actividad sexual debe ser más comedida, sino terminaré

aborreciendo el sexo", le dije.

“Por supuesto, querida, será como y cuando tú quieras", me respondió.

"No, no me refiero a eso. Si yo estoy al tanto, pierde toda la sorpresa y todo el morbo. Además, me encantan los saraos que montas", le dije.

"¿Saraos?", preguntó Tom desconociendo su significado.

"Si, los shows, o actividades como tú la llamas. Me encantó el barco, los piratas, la caza al conejo, la visita al club liberal, pero más espaciado, no tan seguido”, le dije.

“Así será”, dijo Tom torciendo un poco el morro.

“A no ser que siendo tu esposa no quieras que tenga sexo con otros, que lo entendería”, le dije.

“No, no, está bien, y más espaciándolo”, me contestó él.

“Y por último, no quiero ser un parásito y vivir a tu consta. Necesito trabajar en algo”, le dije.

“Lo que quieras, querida, puedo hacerte directora de uno de mis hoteles”, me dijo.

“Ja, ja, no, no tengo ni idea de cómo va eso, además, me gustaría de alguna forma ejercer la medicina”, le dije.

“Pues hablo con contactos para que trabajes en algún hospital privado, o te pongo una clínica, lo que desees amor”, me dijo.

“Mira lo de la clínica, no está mal, yo lo había pensado también”, le dije.

Hablar con Tom, era ponerle en marcha. Nada más decírselo cogió el móvil, y empezó a llamar a gente.

Han pasado 5 años.

5 años de aquella conversación. Parece mentira.

Nos divorciamos Tom y yo, en menos de tres meses. A los cinco meses, nos casamos en una cala en la isla. Una boda suntuosa, para nosotros solos, bueno algún colaborador de máxima confianza de Tom, como el caso de Ramos, el capitán del yate. Fue una boda ibicenca muy bonita y luego un catering, en la misma cala que como no podía ser de otra forma fue extraordinario.

Pasamos una semana en la Rivera Francesa, y una semana en Sveti Stefan, una isla privada en el adriático. Todo genial, muy romántico, y nada de excesos de ningún sentido.

Al regreso, inauguramos mi Clínica. La llamamos Clínica Doctora Esther. Contratamos a una auxiliar, para llevar las citas, recibir a los pacientes, etc.

Los primeros pacientes, fueron Arturo, que se empeñó en que le llevara yo, y su hijo Samuel.

Pese a alguna insinuación, les dejé muy claro que aquella clínica era totalmente profesional, y que no había lugar a otros menesteres.

La verdad es que, en un principio, la clientela era fundamentalmente masculina, atraídos por mi fama, y no solo como médico.

Con el tiempo, también, fueron viniendo mujeres, a las que traté igualmente.

Lógicamente era una clínica cara, yo diría que muy cara, pero iba dirigida a un tipo de cliente que podía pagar lo que le pidiéramos.

Al año, me quedé embarazada, nació Antonhy, le llamamos así en memoria del padre de Tom. El embarazo, y posterior parto y cuarentena, me ocasionó que no pudiera atender la clínica, por lo que tuve que coger un par de médicos especialista en medicina de familia y pediatría, aunque yo nunca deje de estar en contacto con la clínica.

Hoy en día es la clínica de referencia para toda Ibiza, incluso otras islas del archipiélago, Hemos ampliado las instalaciones de la clínica, añadiendo odontología y una zona, para atender a la gente con menos recursos, que también tenían derecho.

Y bueno, sí, mi actividad sexual ha seguido a un ritmo infinitamente menor, pero satisfactoria,

Hemos ido un par de veces a Dia de navegación, unas cuantas veces al club liberal, y alguna que otra actividad sexual nueva, que quizás, relate en otra ocasión.

De momento Tom y yo somos felices con nuestra relación y nuestro hijo Antonhy, y espero que sigamos así muchos años.

FIN

NOTA DEL AUTOR:

Muchas gracias a todos los que han tenido la pacienda de leer todo el relato, Espero que les haya gustado, y si no es así, lo siento. No se puede agradar a todos.

Volveremos a vernos pronto, y por supuesto, sogo agradeciendo sugerencias de temas a tratar en futuros relatos.

GRACIAS

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