Xtories

Mi bebé recién nacido,me la pone dura la enfermera

La enfermera no solo lo miró desnudo; lo miró con hambre. Y cuando él creyó haber escapado, ella escribió un 'hola' que cambió todo. Ahora, entre la culpa y el deseo, ella le ha prohibido tocar a su esposa.

Pedro25K vistas8.7· 17 votos

Todo comenzó el día que fuimos a tener un hijo.

Mi mujer y yo llevábamos dos años intentando que se quedase embarazada. Después de este tiempo por fin lo conseguimos, con su consiguiente enorme alegría. Recuerdo el dia que mi pareja se hizo la prueba. Llevaba varios días sin que le llegase el periodo cuando tenía previsto y teníamos la esperanza de que esta vez si que hubiese funcionado y por fin pudiésemos cumplir nuestro sueño.

Nueve meses después nació en un hospital de la capital nuestro hijo. El parto fue complejo, pero después de 12 horas teníamos al niño en brazos y tanto la madre como él se encontraban bien. Recuerdo a mi mujer exhausta, recibiendo a familiares durante los siguientes dos días que permanecimos en el hospital. Durante este periodo de tiempo, yo disponía de un pequeño sofá cama para dormir por las noches, que si bien no era ninguna maravilla al menos me dejaba descansar medianamente bien.

El segundo día, para no tener que volver a casa y de nuevo al hospital, decidí darme una ducha en el baño de la habitación de hospital. Llevaba ropa limpia en mi mochila, además de comida, ya que los alimentos que proporcionaba el hospital eran solo para la madre.

Cerré la puerta, me quité la ropa y procedí a ducharme. Si bien llevábamos dos días siendo muy felices por el nacimiento, también estábamos exhaustos por no dormir. Procedí a enjabonarme y lavarme la cabeza, cuando de pronto la puerta se abrió y entró una enfermera, que se quedó paralizada mirándome desnudo. Apenas reaccioné y me tapé mi pene, ya que ella se había quedado absorta mirándola. Se quedo totalmente roja, se dio la vuelta y cerró rápidamente la puerta tras de sí, saliendo del servicio. Me quedé pensativo, por un lado, avergonzado del momento que había pasado pero por otro lado algo excitado.

Al salir, estuve en la habitación con mi mujer durante varias horas, hasta que entró una enfermera para realizadas unas pruebas junto con un doctor. Era la enfermera que me había pillado duchándome. Me fije en ella, era morena, pelo por los hombros, un poco rellenita y con unos pechos enormes. Si bien el culo también era algo voluminoso, yo siempre he sido más de pechos y enseguida percibí un cosquilleo en mi pene…

Ella ni siquiera se atrevió a mirarme, la notaba todavía avergonzada y cuando se dirigía a mi rápidamente desviaba la mirada hacia otro lado. De nuevo le comentaba algo a mi mujer y me fijé en su sonrisa. Preciosa, blanca…y esos labios gordos y carnosos…me imagine como sería besarlos y meterle mi polla dentro….”Basta! No puedo pensar así, acabo de tener un hijo”- me dije.

Volví a centrarme y a ayudar a mi mujer en dar de comer al niño, si bien cada vez que entraba la enfermera empezaba a notar como se me ponía la polla dura…comencé a notar como estas últimas veces ella también me miraba e incluso me pareció que se fijaba en mi paquete…

El tercer día, procedieron a darnos el alta. Procedí a bajar con mi mujer pero ya llegando a la salida le dije que fuese dirigiéndose al coche, que había olvidado la llave arriba. Subí rápidamente por el ascensor, busqué a la enfermera y directamente le di un papel arrugado, me di la vuelta y me fui. 5 minutos antes había escrito mi teléfono en dicho papel. Bajé abajo y salí con mi mujer, cogida por la cintura, del hospital con nuestro hijo. Por un lado me sentía un cabrón, pero realmente dudaba mucho que aquella enferma fuera a escribirme.

Pasaron varios días y realmente había olvidado lo acontecido con la enferma cuando, entre todos los mensajes de whatsapp que estaba recibiendo esos días con las felicitaciones uno de ellos centró mi atención. Simplemente un “hola”. Contesté igual y le pregunté quien era, con algunas esperanzas de que fuese la enfermera.

Efectivamente, se trataba de ella, de nombre Raquel. Me dijo que había estado pensándolo mucho y finalmente se había decidido a escribirme. Me preguntó que tal llevábamos los primeros días. Estuvimos hablando de tonterías, cuanto tiempo llevaba siendo enfermera, si le gustaba, etc. Ella tenía 28 años, 10 menos que yo. Le dije de broma que era algo mayor para ella pero me contestó que ni mucho menos, le gustaban más mayores como yo.

Lo siguientes días fuimos hablando cada vez más a menudo, yo aprovechaba cuando mi mujer dormía o daba de comer al bebé. No se que me pasaba, pero cada vez estaba más salido. Quizás era porque mi mujer no quería follar, pero en lugar de pensar en mi bebé estaba continuamente pensando en las tetas de Raquel, en cómo sería chuparlas, succionarlas, que botasen delante de mi cara mientras me follaba y sobre todo de correrme encima de ellas. Esa imagen me tenía completamente obsesionado. Varias veces tuve que masturbarme como un autentico animal pero eso no consiguió apaciguar mis ansias.

Después de una semana, Raquel me pregunto si quería pasare por su casa esa tarde para tomar algo y poder hablar en persona, y no tanto por la app. Le dije que encantado, así que me dí una ducha y le dije a mi mujer que esa tarde había quedado con unos amigos y que si le parecía bien que la dejase sola con el niño. Me dijo que si, por lo que cogí el coche y me planté en casa de Raquel. La verdad es que Raquel provocaba en mi una excitación inusual, sin embargo, me sentía fatal con mi mujer, no podía serle infiel y menos con la situación actual de un recién nacido y ella aun con el postparto a cuestas… decidí ir poco a poco, ya veríamos que pasa, hoy solo hablaría con Raquel y no iría más allá.

Me abrió la puerta con una falda puesta, un top bastante escotado y en tacones. Madre mía- pensé- tengo que ser fuerte porque esta tía está buenísima…. La miré de arriba abajo y le dije lo guapísima que estaba, a lo cual me miró a los ojos y me dijo que se había puesto así por mí. Entre en la casa y antes de llegar a la cocina ya tenía la polla dura. Quizás lo mejor era darme la vuelta e irme. Abrió una cerveza, me la dio y se abrió otra para ella. La acompañé al salón y nos sentamos en el sofá. Estuvimos hablando de varias cosas, triviales, sin importancia, mientras nos bebíamos varias cervezas. Se notaba que ganábamos confianza entre nosotros, Raquel se acercaba más a mí, me ponía la mano en el antebrazo y me reía todas las gracias.

Yo cada vez veía su escote más cerca, hasta el punto que estaba tan cerca que desde mi perspectiva veía la mayor parte de su pecho, el sujetador y ya poco quedaba a la imaginación. Ella por supuesto se daba cuenta y ponía esa sonrisa que tanto me gustaba, por no decir que cada vez me ponía más. Era una sonrisa de puta, de cerda que sabía que iba a conseguir lo que quería y que solo esperaba el momento para hacerme totalmente suyo.

Comenzó a tocarme la pierna. Mi bulto en mi entrepierna era más que evidente y yo ya estaba cardiaco. Se levantó, se puso delante de mi y directamente se sentó encima de mi paquete…su culo apretaba mi polla y echó la espalda hacia atrás, apoyándose en mi pecho y girando su cuello para que la besase… no lo hice, pensé que era el momento de irme, esto había ido demasiado lejos….pero la imagen de esas tetas gigantes…me cogió las manos y me las metió dentro de su top, las fue subiendo y por fin llegue a mi ansiado premio, tenía los dos pechos de Raquel en mis manos, y ahí es cuando supe que estaba perdido. Apenas podía abarcar con mis manos esas tetas, que eran increíbles. Comenzó a chuparle el cuello como un poseso, a magrear esas tetas y a respirar entrecortadamente. Ella sonreía, girando la cabeza y me dijo: “ya tienes lo que buscabas cerdo, tu mujer no tiene estas tetas y sé que a ti te encantan”. “Mira lo que me he puesto para ti” y se subió la falda. Me enseño un tanga rojo, apretado, de hijo, y pude ver como ese culazo apretaba mi paquete y como se movía de arriba abajo….casi me corro solo de verlo.

Despues de varios movimientos, Raquel se dio la vuelta, me quito el pantalón y la camiseta y me dejó sólo con los calzoncillos puestos. Yo ya no podía resistirme, solo podía ver como ella también se quitó la falta y al ir a quitarse el tanga le dije que ni se le ocurriera, me encantaba poder verla con él puesto. Se quitó el top ajustado que llevaba y el sujetador y me dejó ver esas enormes y preciosas tetas…solo fue un instante ya que al subirse encima de mí me lance a comérmelas con ansía como un buitre. Se las apreté y se las junté le chupé el pezón y succione con fuera, haciendo que gritase de gusto y de dolor. Ella agarró mi polla y comenzó a pajearme, lentamente primero pero más rápido después. Yo sabía que esto no podía seguir así. Si no, acabaría follandome a Raquel y no podía hacerle eso a mi mujer. Le dije que parase, que no podía hacer esto pero ella siguió. Le intenté quitar la mano y le dije que no podía hacerle eso a mi mujer, que habíamos llegado demasiado lejos pero me dijo que al menos me dejase terminar la paja y que me corriese y me fuese tranquilo y vacío a casa….a lo cual accedí. Debo reconocer que hacía unas pajas increíbles y yo ya estaba viendo el cielo, notando un placer enorme mientras echaba mi cuerpo hacia atrás. De repente, noté un movimiento y algo húmedo, la muy puta se había metido mi polla en su boca y comenzó a succionar como una loca. Me pilló totalmente de improviso y quise decirle que parece, pero las oleadas de placer que llegaban a mi cerebro eran tan intensar que no pude hacerlo. Siguió chupando mientras subía su mano de arriba abajo, comenzó a chupar mis huevos, a succionarlos, a tirar de ellos con su boca, escupió encima de mi polla y comenzó a mover la mano como una posesa, a un ritmo vertiginoso.

Después de varios movimientos la advertí de que iba a correrme. Sonrío, puso de nuevo su cara de cerda y apuntó mi polla a sus pechos mientras me decía: “córrete en mis tetas cerdo. Tu novia nunca tendrá estas tetas enormes que tanto te gustan, los dos sabemos que has venido aquí a correrte encima de ellas y yo quiero darte lo que tanto buscas puto guarro”.

Esas palabras hicieron que me corriese como un puto animal. Comencé a escupir esperma en sus enormes pechos, una descarga, dos, tres, la deje perdida de leche. Ella seguía ordeñándome como a un animal, sonriendo y mirándome a los ojos. Al terminar, recogió la leche de su pecho con la mano y se le metió en la boca, varias veces, hasta limpiarse del todo y tragarse hasta la última gota.

Me vestí, avergonzado. Si bien en mi subconsciente sabía a lo que iba, verlo ahora, con los huevos descargados y en vivo, hizo que me sintiese fatal conmigo mismo.

Raquel me acompañó a la puerta y me dijo: “te veo aquí la próxima semana, no te masturbes ni folles con tu mujer, ahora esta polla es mía y tu leche es solo para mí”. Me dio un beso con lengua, aun con el sabor a mi corrida en la boca, y me cerró la puerta en la cara.

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