Xtories

El masaje

La puerta se cierra y el mundo exterior desaparece. Solo quedan el silencio, la luz tenue y la promesa de un masaje que promete ser mucho más que un simple alivio. ¿Qué sucede cuando el tacto se convierte en la única lengua que hablan?

gibuk16K vistas

Llamaste a la puerta... Yo estaba esperándote... Una mirada de complicidad, dos besos y un abrazo... Te cogí de la mano

-acompáñame

Tú me seguiste sin preguntar. Te llevé hasta una habitación, en silencio, las palabras no eran necesarias. En el centro de la sala había un futón enorme, en la pared de la izquierda un pequeño cojín de meditación, en la de la derecha una ducha. En frente había un biombo translúcido. La luz tenue de la habitación era cálida...

Me quité la camiseta dejando mi torso desnudo...

-Quítate la ropa detrás del biombo, voy a meditar mientras te preparas

-que me quito... - preguntaste sin dejar de mirar mi pecho. Sonreí y acaricié tu mejilla con dulzura.

-lo que quieras cielo.

Y mientras caminabas hacia el biombo, yo, de espaldas a ti, me quitaba el pantalón.

Te cambiaste despacio... No sabías muy bien si desnudarte totalmente o no. Te dejaste puesta la camiseta negra que llevabas y un fino tanga de color violeta al que la camiseta apenas tapaba. Al salir de detrás del biombo me buscaste por la sala y me encontraste meditando... Totalmente desnudo... La ropa que me había quitado estaba cuidadosamente doblada al lado del cojín.

Después de unos segundos abrí los ojos, sereno, y me levanté despacio, sin dejar de mirarte, tú sin dejar de mirarme.

-Túmbate, por favor.

Mi voz suave acarició tus oídos y te dirigiste al futón, con andar felino. Te tumbaste muy despacio mientras yo contemplaba, admiraba cada uno de tus movimientos.

Me arrodillé a tu lado y comencé cada secuencia del masaje, presionando tu cuerpo a través de la fina tela de tu camiseta. Notaba tu corazón en cada roce, en cada roce tú sentías el mío.

Presión, ritmo, profundidad... cada vez que mis dedos entraban en contacto con tu espalda sentía cómo entraban dentro de tí, te estaba haciendo el amor cada vez que presionaba...

Un jadeo se escapó de entre tus labios.

Mis pupilas, dilatadas...

Mi boca, salivando...

Una vez terminada la espalda susurré en tu oído

-Date la vuelta, despacio

Después de un suspiro te diste la vuelta, sin prisa, mirando discretamente mi entrepierna, que comenzaba a hincharse por la excitación. Yo no pude dejar de advertir como, debajo de tu blusa, se marcaba tu pecho perfecto y desafiante.

El deseo se respiraba como una suave caricia que embriagaba nuestros sentidos.

Nos miramos a los ojos y, tras unos segundos eternos, nos levantamos quedando uno frente al otro, respirándonos rápidamente.

Sin dejar de mirarme te quitaste la camiseta y el tanga, quedando así ambos en igualdad de condiciones. Y así, desnudos, exploramos con los ojos cada parte del cuerpo del otro, admirándonos, exhibiéndonos... solo existíamos los dos.

Y entonces nos abrazamos... y con tu pecho arañaste mi pecho, y con mi sexo acaricié el tuyo...

_

Comenzamos a besarnos con todo el hambre acumulada, jugando con nuestras lenguas, devorándonos la boca, acariciando nuestros labios con deseo.

Te separaste y mientras con una mano apretabas mi culo con fuerza, con la otra te detuviste en el pecho, acariciaste mi pezón con delicadeza y, sin perder el contacto con mi piel fuiste descendiendo despacio por el abdomen arañando sutilmente con tus uñas mientras un gemido de placer se escapaba de mis labios, llegaste a mi pubis y sin detenerte mucho agarraste mi erección con firmeza mientras con tu lengua juguetona te entretenías en mi pecho, lamiendo, mordisqueando, jugando...

Y yo, sin perder el tiempo acaricié tu espalda con pasión hasta llegar a tus caderas. Entre las mías tu mano se agitaba despacio, volviéndome loco con cada movimiento.

Subí hasta tu pecho y te arranqué otro suspiro...

Te acaricié los pezones con suavidad, pero con toda las ganas contenidas que emergían por salir...

Y nos tumbamos en el futón, de lado, frente a frente... tú sin soltar mi miembro, yo besando tu pecho con ansia, con todo el deseo acumulado que escapaba por cada poro...

Y me tumbé sobre tí para volver a besarte... en los ojos, en la boca... en cada parte de tu cuerpo tu me invitaste a girar con un suave movimiento de tu mano y así quedamos enfrentados, con mis labios frente a tu sexo depilado, empapado, ardiente.. con tu boca frente a mi miembro erecto, palpitante...

Y nos devoramos enteros, arrancando mil suspiros, acariciandonos como podíamos, desde los pies hasta las manos, con un baile loco, sensual, sexual...

Estallamos a la vez, empapándonos del otro, con un gemido tácito.

Nos abrazamos de nuevo, tumbados, mirándonos sin hablar, diciéndonoslo todo. Pasaron segundos, minutos, una eternidad. Volvi a beber de tu boca y tu me devoraste de nuevo, listos para el segundo asalto.

Me tumbaste boca arriba y, sentándote encima me guiaste hacia tu interior. Te susurré sonriendo con ternura:

-Despacio, no te hagas daño

Sin dejar de mirarme, mordiendo tu labio inferior, asentiste y, lentamente, encajaste tus caderas en las mias.

Y comenzamos a bailar de nuevo, mis manos en tu pecho, las tuyas apoyadas en el mío, con nuestra danza lenta, rítmica, exquisita, nuestra...

Poco a poco aceleraste el ritmo, arqueando la espalda hacia atrás.

-Me vuelves loco amor

Volviste a sonreír, pasando la lengua sugerente por tu labio superior, provocándome, incitándome. Y ahí no puede aguantar la excitación y, con un alarido salvaje me puse de pie, contigo en volandas. Con tus piernas abrazaste mi cadera, con tus brazos mi cuello. Y así te llevé hasta la ducha, donde apoyé tu espalda contra la pared. Tú abriste el grifo y una cálida lluvia comenzó a regar nuestra pasión.

Y así nos convertimos en uno, con cada beso, con cada embestida, con cada caricia, con cada suspiro... tú, arañabas mi espalda, salvaje, yo mordía tus labios, hasta que, juntos, llegamos a un orgasmo intenso, increíble, de nuevo, nuestro...

Nos quedamos abrazados, mirándonos a los ojos, sin dejar de besarnos.

Nos duchamos el uno al otro, nos acariciamos de despedida.