Xtories

ESTHER Capítulo 6

El yate se aleja de la costa, pero el verdadero peligro no está en el mar, sino en la cubierta. Cuando los 'piratas' abordan, Esther descubre que su vida de pareja tranquila era solo el prólogo de una fantasía brutal que ella misma había invitado a bordo.

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RESUMEN CAPITULO 5

Tom vuelve a dar señales de vida e invita a Esther una semana en Ibiza, para celebrar que se ha recuperado bien de su cancer de prostata

CAPITULO 6

INCREIBLE DIA DE NAVEGACION (I)

Bajamos directos al garaje donde nos esperaba la limusina. Nos montamos y al puerto. No me había pasado desapercibido que no llevábamos bañador, o sea que, si nos bañábamos o tomábamos el sol, iba a ser todo muy natural.

Llegamos al puerto. Estaba muy cerca. Pensé que la limusina se dirigiría a la zona de yates. No me equivocaba. Se paró delante de uno que a mí me pareció un transatlántico. Era un barco inmenso. Fuera esperaba la tripulación. 4 hombres todos vestidos de marineros, una mujer también uniformada, y en la cubierta otro que sin duda era el capitán. Nos saludaron antes de subir al barco. El capitán al final de las escaleras nos saludó igualmente, a mí con un beso en la mano, que no por ser menos usado, dejaba de ser elegante y a Tom con una abrazo y apretón de manos, interesándose por su salud.

"Señorita, permítame que le presente al TOMKAN, este yate del que espero disfrute durante nuestra travesía.

Tiene una Eslora total 23.07 m

Eslora en la línea de flotación 20.62 m

Eslora en la cubierta 21.5 m

Manga 6.2 m

Calado máximo 1.72 m

Calado mín. 1.7 m

Peso seco 76000 kg

5 Cabinas

3 Literas dobles

1Literas gemelas

3 Literas simples

4 WC

Tanques combustible 9085 litros

Tanques agua dulce 1136 litros

En cubierta tiene piscina, jacuzzi, en fin, todo lo necesario para una travesía inolvidable.

No me había enterado de la mitad, pero estaba claro que aquello no era un barco, era un hotel flotante.

Una vez a bordo, la chica que se presentó como la azafata, nos llevó a cubierta y nos sirvió una copa de cava con unos canapés, mientras presenciábamos la salida del yate del puerto. Fue muy interesante, ver como manejaban el yate para salir del puerto, y como nos alejábamos de Ibiza.

“Donde vamos Tom?”, le pregunté.

“Ni idea, querida, donde nos lleve el capitán”, me respondió.

“Genial, entonces a tomar un poco el sol?”, le dije.

“Sí, claro, pero ponte bien de protección, aquí se une al sol la brisa del mar, y te puedes achicharrar”, me dijo.

“Y en cueros”, le dije, “no hemos traído bañador.

“Si querida, aquí no hay miradas indiscretas”, me dijo.

“Bueno, la tripulación, aunque se te nota confianza con ellos. ¿Lo alquilas a menudo?, le pregunté.

“No, nunca lo alquilo. Es mío”, me dijo tan campante.

“¿Tuyo?, esto debe de costar un dineral”, le dije después de ser capaz de cerrar la boca de la sorpresa.

“7.000.000 de dólares”, me dijo.

“Ah bueno, calderilla. ¿Y como tienes tantísimo dinero?”, le pregunté.

“Realmente no lo tengo, pero los bancos, si, y están deseando dejar dinero. Solo es cuestión de saber pedírselo”, me dijo.

“Ya, ya, bueno a mí las finanzas me aburren bastante, no profundicemos en ellas”, le dije.

“Mira esa cubierta es buena para tumbarse al sol”, me dijo acompañándome a la segunda cubierta.

Me quité la ropa, me unté bien de crema que había por todos los rincones, y me tumbe al sol, no sin antes ofrecerme a dar crema a Tom, cortésmente rehusó. Yo empezaba a pensar que le daba corte mostrar la cicatriz, o algo así.

Me tumbé, aunque al poco rato no pude evitar preguntarle a Tom.

“Oye, Tom, ¿te pasa algo?, te encuentras mal?, te veo apagado, no eres el mismo de la suite, ni siquiera del que me llamó por teléfono”, le dije.

“No te preocupes, son tonterías mías”, me dijo.

“Si, en serio, si me preocupo, y quiero saber que es lo que te pasa”, le insistí.

“¿Pues que va a ser?”, me dijo señalándose la polla, que estaba inerte.

"Mira que me lo imaginaba. A ver supongo que tu médico ya te dijo los problemas a los que te enfrentarías, tras la extirpación de la próstata.

La próstata es una glándula que se encarga de fabricar el líquido que transporta los espermatozoides cuando se produce una eyaculación.

Una de las secuelas más frecuentes después de una prostatectomía, es la impotencia, disfunción eréctil y problemas de erección, pero no hay disminución de la líbido ni ausencia de orgasmos.

Ahora bien, el problema por regla general está en la cabeza de los pacientes. Ven que aquello no funciona como antes, y empiezan a pensar que ya sólo les sirve para orinar.

Y no es así. Tienes que pensar que solo es cuestión de tiempo. Cuestión de que tu cabecita loca asimile lo que ha pasado, y aprenda a vivir con ello.

Apóyate en la viagra. Ya la tomabas antes, pero ahora conviértela en tu compañera inseparable, y, sobre todo, deja de pensar en que no puedes ", le dije.

"Ya querida, pero verte ahí desnuda, y que no reaccione, me saca de quicio. Antes ya te habría follando un montón de veces ", me dijo triste.

"Deja de pensarlo. La naturaleza actuará, ya lo verás ", le dije.

Seguí tomando el sol, a medias.

Por la Tablet, entre en un chat médico al que llevaba tiempo registrada, y expuse el caso.

En seguida empezaron a darme posibles soluciones, algunas basadas en fármacos agresivos, y otras en nuevas cirugías. Ya casi me iba a salir desanimada, cuando me habló un médico japonés diciéndome,

"Colega, dile a la pareja de tu paciente que utilice la técnica de la geisha Mineko Iwasaki. En su libro sobre su vida como geisha Mineko detallaba como utilizaba el masaje corporal, como técnica de relajación añadiéndole ejercicios de respiración al cliente, que más pronto que tarde, le provocaban la erección. Me incluía un link para leerlo con detalle.

Le agradecí la información y me fui directa al link.

Básicamente decía eso, dar un masaje por todo el cuerpo siguiendo los paquetes musculares, olvidándose de las zonas sexuales y que a la vez se invitará al hombre a relajarse, a tener la mente en blanco, a respirar acorde a los latidos de su corazón.

Y que sólo al final apoyara su sexo sobre el del hombre y lo masajes con él.

Bueno, era algo fácil de realizar, y aquél era un buen momento.

Llamé a la azafata,

"Disculpa, ¿tenéis en el yate aceite corporal?", le pregunté.

"Sí señorita, se lo traigo ahora mismo", me dijo.

Al momento estaba allí con una botella de aceite de 1 l.

Y le dije a Tom,

"A ver querido voy a darte un masaje. Te ayudará a relajar todos tus músculos. Procura no pensar en nada, solo en relajarte", le dije.

"Sí, querida, los que mandes", me dijo Tom.

En el cuerpo hay cinco paquetes musculares, piernas, brazos, hombros, espalda y abdomen.

Empecé por las piernas. No paraba de decirle, relájate, relájate. Le costaba. Estaba inquieto. Yo intentaba repetir los movimientos que hacía mi masajista conmigo, pero no era fácil.

Me di cuenta de que la azafata no se había ido. Seguía allí, seguramente por si la necesitaba para algo más, y no quitaba ojo a lo que hacía, hasta que me dijo,

"Señora no lo hace bien. Soy masajista diplomada. ¿Me permite?".

"Por supuesto", le dije.

La chica se quitó el uniforme quedando en tanga y sujetador,

"No quiero manchar el uniforme de aceite", me dijo.

Se colocó a un lado de Tom y me dijo que yo me pusiera al otro y repitiera sus movimientos de manos.

Vaya, curso gratis y acelerado de masajista.

Lo hice.

"Con permiso, Mr. Smith", dijo la azafata empezando el masaje.

"Me llamó Claudia, señora", me dijo, "en un masaje, las manos han de entrar por completo en contacto con la zona a tratar".

"Yo soy Esther. Se trata de un masaje de relajación, quiero que Mr. Smith consiga poner su mente a cero a través de la relajación total. Por cierto, yo soy médico", le dije.

"Está bien cuidado Mr. Smith, tiene médico, masajista, no puede quejarse", le decía Claudia.

Tom había entendido el mensaje, intentaba relajarse sin escuchar nada.

Siguiendo las instrucciones de Claudia, fuimos masajeando todos sus paquetes musculares, durante casi una hora. Al final, solo quedaba un paquete muscular por masajear, y de ese me encargaba yo sola, aunque Claudia se quedó mirando.

Me puse sobre Tom a horcajadas, masajeándole el pecho y los hombros. Tom tenía los ojos cerrados desde hacía un buen rato. Estaba totalmente relajado. En un momento dado con un movimiento de masaje hacia abajo, mi coño tocó su polla. No hubo reacción aparente, aunque Tom se medio estremeció. Seguí con el masaje y volví a rozarle la polla. Algo había cambiado ahora a la sentí.

No quise hacer aspavientos ni centrarme en ella, seguí con el juego. Cada vez la sentía más.

Tom había abierto los ojos, al sentir vida por ahí abajo, le sonreí y apoyé mi coño en su polla mientras me inclinaba y le besaba en la cara y finalmente en la boca. En una de esas vi a Claudia haciéndose un dedo mirándonos.

Yo hacía tiempo que tenía el coño chorreando, y ante mi sorpresa, Claudia empezó a lamérmelo, aunque lo alternaba con lengüetazos a la polla de Tom, que ya había alcanzado el tamaño y consistencia que yo conocía. Claudia se la cogió y me la metió. Yo empecé a follarle, sin prisas, solo subiendo y bajando para que Tom se sintiera seguro sin tener que hacer esfuerzos.

Claudia seguía jugando, de vez en cuando le sacaba la polla de mi coño y le daba varias chupadas, y otra vez para adentro.

Ya follaba a Tom a un ritmo normal, y su polla resistía sin problemas.

Apareció un marinero, sin duda atraído por el olor a coño. Al ver la escena, dijo,

"Permiso Mr. Smith".

Este asintió con la mano, y el marinero se despojó es un momento de la ropa, y puso a mamar a Claudia. Al momento ya la había quitado el sujetador y el tanga y la tumbó en una hamaca para follarla.

Aparecieron también otro marinero y el capitán, que después del consiguiente permiso, se repartieron el marinero con Claudia y el capitán con nosotros.

"Quién lleva el barco?", pregunté.

"No se preocupe señora, el piloto automático", me dijo el capitán a la vez que me metía la polla en la boca.

"Ramos", dijo Tom, "prepárate porque la doctora come la polla como una diosa".

Empecé a jugar con mis músculos vaginales con la polla de Tom.

"No me hagas eso, querida, quiero disfrutar más contigo", me dijo Tom.

El capitán miraba como diciendo, si no le está haciendo nada, aunque no podía disimular la cara mientras se la comía.

Después de un rato, me la sacó de la boca, se fue hacia mi culo, y me la metió, de un golpe, sin preguntar.

Joder, estaba cerdisima, ahora quisiera que fueran los cuatro los que estuvieran conmigo ingeniándoselas para metérmela los cuatro a la vez. Empecé a jadear con fuerza, allí podías liberarte, solo te oirían los peces, y esos no creo que quisieran follarme.

El capitán me daba duro por el culo, mientras Tom seguía auto demostrándose que podía tener y mantener una erección sin problemas. Yo seguía moviendo mis músculos y tanto Tom como Ramos, empezaban a bramar. Yo me tocaba el clítoris con una mano, quería acompañarlos en la corrida. Oí un grito de Tom acompañado de un chorro en mi coño. Lo sentí perfectamente. Se notaba el tiempo que llevaba sin correrse.

Al momento fue Ramos el que, entre bufidos, me llenó el culo de leche, y luego yo, entre gritos la que le solté el chorro a ellos. Tom lo conocía, Ramos se quedó flipando viendo que me estaba mirando, o eso le pareció a él.

Claudia con sus dos marineros, tuvo un final parecido, los tres corriendo se cómo cerdos.

Nos metimos los seis en la piscina, para refrescarnos y limpiarnos los fluidos ajenos.

Tom estaba abrazado a mí,

"Querida has vuelto a salvarme la vida, al menos la vida de mi polla", me dijo.

"Solo era cuestión de hacerte ver que podías", le dije.

Estaba claro que no era la primera vez que la tripulación del yate montaba una orgia con Mr. Smith. Mejor así. Nadie estaba cortado.

Claudia, Tom y yo, permanecimos un buen rato en la piscina. Los marineros y el capitán se fueron pronto a sus quehaceres. Me preguntaba que habían estado haciendo los otros dos marineros que no habían aparecido.

Seguimos un buen rato en la piscina, hasta que por megafonía nos avisaron de que estábamos llegando a conejera.

Tom nos dijo que saliéramos del agua, nos pusiéramos las zapatillas, que íbamos a desembarcar.

Parecía evidente que había que ir en cueros. Bueno tampoco se veía mucha gente, más bien no se veía a nadie.

Desembarcamos los cuatro, y el capitán nos guio a través de maleza, hasta una choza artesana donde nos dijo que nos acomodáramos, que pronto servirían la comida. El capitán iba igual de vestido que nosotros, o sea en cueros. Le hizo una señal a Claudia para que saliera de la choza, dejándonos solos.

Tom me estuvo de nuevo agradeciendo mis esfuerzos para que recuperase su virilidad.

Le dije que no pasaba nada pero que no obstante, la viagra siempre le sería un buen apoyo.

Al poco entraron los cuatro marineros portando unas cajas refrigeradas que resultaron contener la comida

Los cuatro marineros, iban como no podía ser de otra forma en bolas.

Claudia, nos sirvió primero unas ensaladas. Iban en un bol con cubiertos y servilleta. Luego langosta con mahonesa, para beber, nos sirvió un vino elegido por Tom. No me gustaba mucho el vino, pero es lo que había.

Y de postre un coctel de frutas. Estaba todo muy bueno, o a mí me lo pareció. También había café y licor.

Me hacía gracia ver a Claudia que poco antes me había estado comiendo el coño servirme con toda profesionalidad y agrado.

Bueno, no sé si era exactamente gracia lo que me hacía, pero mi coño recordaba sus lamidas con mucho agrado.

La tripulación al completo comió fuera de la choza y supongo que lo mismo que nosotros. Tom y yo nos quedamos dentro tumbados en unos camastros hechos con paja y cubiertos con hojas grandes, y nos echamos lo que vulgarmente se conoce como siesta.

Yo me quedé dormida profundamente, hasta que oí a Tom decirme,

"Querida tenemos que volver al yate".

Me levanté medio zombi, y le seguí hasta el barco.

Subimos. El capitán nos esperaba para darnos la bienvenida.

Que cumplido. Y todo ello con la polla que había tenido en mi culo al aire.

"Señores, en unos momentos comenzaremos un recorrido por el barco para que la señora lo conozca a fondo. Es un recorrido en el que puede pasar de todo", nos dijo.

Mire a Tom con cara entre divertida y de sorpresa.

"¿De todo, todo?", pregunté.

"De todo, señora, pero nada malo", me dijo Ramos.

Era un consuelo, jajaja.

Empezamos el recorrido bajando a la bodega y sala de máquinas. Yo me agarré al brazo de Tom y caminaba pegada a él. En cuanto cerraron la escotilla por la que habíamos entrado no se veía nada dentro y más viniendo del sol.

Unas tenues luces rojas era toda la iluminación.

Apenas habíamos dado unos pasos, cuando noté una mano en mi culo. Di un gritito y un respingo de sorpresa.

"Me han tocado el culo", le dije a Tom susurrando.

Me miró divertido.

"Que poca vergüenza", me dijo.

Un poco más adelante, un brazo me sujetó por la cintura. No podía avanzar. Vi un hombre con máscara que venía hacia mí colocándose enfrente y haciendo una señal hacia su polla. Era morcillona, larga y gorda. Según la miraba, el que me tenía sujeta me llevó la cabeza hasta la polla morcillona y empecé a mamársela. Mientras el que me sujetaba, me soltó la cintura, me cogió de las caderas y note su polla entrando en mi coño. Me follaba como un loco, y yo le comía la polla al de delante como una loca.

Estábamos inmersos en nuestros quehaceres cuando empezamos a escuchar pisadas y voces en la cubierta superior.

"Mierda, han abordado el yate", oí decir a Ramos.

En ese momento se abrió la escotilla y entró un tipo de color armado. Son piratas marinos me dijo Tom entre dientes. Suelen fondear en Conejera al ser una isla deshabitada. Habrán visto el yate y han subido a ver qué encuentran", me dijo.

"Pues que bien dije yo. Por lo menos ropa no nos roban", le dije a Tom.

El tipo gritó,

"Todo el mundo fuera".

No era cuestión de cabrear al tipo, así es que salimos todos a la cubierta.

Allí había otros tres tíos también de color y armados que nos fueron haciendo poner de rodillas con las manos en la nuca.

Aquello no pintaba bien.

El que había entrado preguntó,

"Hay alguien más a bordo?".

"No”, respondió Ramos, "seis tripulantes y dos pasajeros".

"Bien me gustan estas dos guarras", dijo señalándome a mí y a Claudia, "me las quedo".

"Ey, no somos mercancía que puedas quedarte a tu antojo", le dije al tío.

Me arrepentí al instante al ver que venía hacia mí.

Me va a soltar un ostión que me voy a enterar, pensé.

Pero no. Me cogió de los pezones, la verdad sin apretar mucho más que nada haciendo el gesto, me levantó y dijo,

"Gatita peleona. Me gusta", y empezó a darme lengüetazos por toda la cara. Al instante los otros tres estaban también conmigo metiéndome mano por todos lados. Tenía dedos en el coño, el culo el clítoris y al primero morreándome como un animal.

“Jefe, ¿matamos a estos?”, le preguntó uno señalando a la tripulación.

“No, nos los llevaremos para que sirvan de cebo para tiburones”, dijo el que me morreaba.

Aquellos tíos estaban totalmente locos, pero vi que uno de la tripulación se sonreía mirando otro.

No tenía mucho sentido que alguien que iba a servir de cebo para tiburones, anduviera de risitas.

El que me morreaba me dijo,

“Tú, gatita, sácame la polla”.

Entendí que lo mejor era hacerle caso, fuera aquello real o un show.

Empecé a bajarlo los pantalones cortos vaqueros que llevaba y empezó a aparecer su polla. Joder, llevaba el pantalón por medio muslo, y la polla no terminaba de salir entera. Al final salió y si me descuido me salta un ojo. Aquello no era una polla. Era un ariete. ¿Como podía tenerla tan grande?. No pude evitar exclamar,

“Ostras, ¿que es esto?”

“Una polla, gatita, que te voy a meter hasta los huevos en tu coñito de señora pija y en tu culo”, me dijo el tío.

“Eso es de adorno, no cabe en ningún sitio”, le dije con ganas sin duda de que me reventara entera.

“Me sorprende tu audacia. Y te diré, si consigo metértela entera en dos de tus tres agujeros os perdonare la vida a todo”, me dijo.

“Sabes que eso es imposible, mátanos ya”, le dije un poco alterada.

“Antes, hay que hacer la prueba, me dijo, volviéndome a arrodillar.

"Solo por curiosidad, ¿cuánto mide eso?", le pregunté.

"30 centímetros. Eso no es nada para una gatita en celo como tú", me dijo colocándome el glande en los labios. Aproveché esos instantes para recordar, no solo lo estudiado, sino también lo que había leído por curiosidad sobre la garganta profunda. Colocar la cabeza hacia atrás para facilitar la entrada del pene, respirar solo por la nariz, cuando se notará la llegada del pene a la campanilla, hacer el movimiento de tragar para evitar las náuseas.

La teoría era sencilla. Llevarla a la práctica con aquel misil delante, era otra cosa, porque además el puto pirata o lo que fuera no se andaba con miramientos y la metía sin parar haciendo el clásico movimiento de follarme la boca.

Llegó a la campanilla y pese a mis esfuerzos por controlar la arcada, no pude evitar el vómito, que realice con su polla dentro. Curiosamente solo eran madejas de babas o mocos, no había comida, pero ese movimiento de la garganta le sirvió al tío para metérmela del todo.

Ahora tenía mi nariz en su pubis. El me apretaba la cabeza contra el como si quisiera meterla más y más, y no dejarme respirar.

Santo dios, tenía aquel artefacto dentro de mi boca entero.

Los tres colegas rieron y aplaudieron la penetración bucal.

"Muy bien pija puta, eres una buena traga pollas”, me dijo el que me estaba ahogando.

“Probemos ahora en otro agujero, yo creo que el culo, te entrara mejor”, me dijo.

Si, yo también lo creía, aunque aquel pollón me iba a abrir bien el ano.

“Pero para que tu coño no se aburra”, siguió el tipo, “mis colegas lo van a usar a la vez”.

Vaya una DP. No sabía cómo la tenían los otros, pero sin duda aquello iba a ser fuerte, aunque no sé porque la habían tomado conmigo y no le hacían nada a Claudia.

Uno puso una toalla en la cubierta, y se tumbó. Joder menudo pollón también. No era tan largo como el del jefe, pero yo creo que incluso más gordo.

Vi que otro de los piratas, también se sacaba la polla esta era más fina, pero larga también. Esperó a que me la metiera el que estaba tumbado. Se movió dos o tres veces, digo yo que para acoplar la polla y para acoplarse el. El de la polla fina y larga, se puso detrás de mí. Pensé este va de telonero del jefe, me va a encular para que luego le sea más fácil a él.

Me equivocaba. Me la metió también en el coño. Joder, me iban a reventar, pero el caso es que yo estaba bastante cachonda. El jefe se puso también detrás de mí y delante del segundo que me la había metido, y empezó a metérmela por el culo.

Dios, entró extremadamente fácil, pese a lo lleno que tenía el coño.

El pirata que quedaba, se la sacó también, y se fue a por el único agujero que tenía libre. Esta, al menos, era un tamaño estándar, pero se encargó de metérmela entera también y de follarme la boca.

Joder que el pensamiento de la mañana de tener a los cuatro para mí había sido solo eso, un pensamiento, que ahora acababa de hacerse realidad.

Yo no aguantaba más. Tener cuatro pollas dentro mío era física y psicológicamente demasiado.

Me corrí como una cerda, y ellos se fueron corriendo poco a poco. El último fue el jefe, el del culo. Cuando lo hizo, me la sacó, se fue hacia mi cara, me cogió de una mano, y me levantó. Me besó la mano diciéndome,

“Señora, ha sido un placer. Espero que el show haya sido de su agrado”.

Todos empezaron a aplaudir.

“¿El Show?, ¿que todo ha sido un show?, ¿pero estáis locos o que?, ¿y si infarto pensando que estos cuatro descerebrados nos mataban?, no me lo puedo creer”; les grité.

Ahora me tocaba a mí el show. Hacerme la ofendida, la molesta, la cabreada. Realmente no sabía para que, pero lo necesitaba.

Ramos, le dio un sobre al jefe de los "piratas", y los cuatro se fueron tan contentos en una lancha que tenían atada al casco del yate.

Como para no estar contentos. Se llevaban una pasta, y encima habían follado y descargado en la tonta. O sea, en mí.

Todos me miraban como diciendo, la que nos va a caer ahora.

Y yo exclamé,

" ¡¡¡Jodeerrr, que puta pasada, me han follando cuatro negros a la vez!!!!, me encanta".

Todos se rieron viendo que realmente estaba encantada con lo sucedido.

CONTINUARA

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