ESTHER Capítulo 5
Tom le debe la vida, pero ahora quiere cobrar su deuda en la playa. Entre la coartada del marido y el lujo de una suite privada, la frontera entre el servicio y el deseo se desdibuja. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar por no perder a su 'ángel de la guarda'?
Resumen Capítuo 4
Esther realiza su primer servicio satisfaciendo sobremanera a los 4 texanos, Pero algo descubre en Tom, que se apresura a comunicarselo.
CAPITULO 5
TOM VUELVE A DAR SEÑALES DE VIDA
Miré la aplicación del móvil del Setpay. Casi me da un infarto. Los texanos habían hecho un primer pago de 500 euros cada uno, y otros 500 casi a la hora de irme. Total 4.000 euros. Dios mío, eso era casi peor. Que manera tan fácil de ganar dinero. 4.000 euros en ocho horas.
Dedique el resto del día en documentarme sobre la píldora del día después, así como en comprarla y tomármelo. No quería sustos.
También explore algo el tema de cáncer de próstata. Creo que le había dado un buen consejo a Tom.
Por la noche, comenté con Víctor lo aburrido que eran los turnos de noche, pero que te pasabas casi toda la noche en la cama. No mentía. Incluso él me bromeó, diciéndome que en la cama de quien.
Se alegró de que no me hubiera resultado pesado. Follamos. No sé porqué me dio la impresión de que los dos estábamos comparando. Pero era eso, una impresión.
Al día siguiente, ya de vuelta a mi turno me dieron un mensaje de que la gobernanta quería verme. Fui a su despacho ya cambiada.
Llamé a la puerta y entré.
"Hola, ¿quería verme?" le dije
"Sí, quería transmitirte las felicitaciones del Sr. Smith y de sus colegas. Es la primera vez que nos felicitan por un servicio especial, y tú eres la causante. La dirección del hotel me ha pedido que te transmita sus felicitaciones también y un incremento de 500 euros en tu salario mensual. Petición expresa de Mr. Smith.
Sigue así, harás carrera", me dijo.
Le di las gracias y me fui a mi planta.
Allí me salió al paso la encargada, Úrsula.
"Muy bien, lerda, como te dije antes de ayer a todas las tontas les encanta follar y tu no ibas a ser una excepción. Se quedaron encantados tus clientes, aunque me regaño Mr. Smith por no decirte que eran cuatro. No me gusta que me regañen, y menos por una lerda, así es que hoy vas a trabajar sin tanga. Dámelo", me dijo.
"Señora, no sé si es buena idea, se lo prometí a Paul y a John, no se sus suites, pero si se enteran de que usted me lo ha quitado, lo mismo no les gusta" le dije.
"¿Me estas amenazando?", me dijo.
"No señora, Dios me libre, pero es lo que hay. Tom se quedó con el primero, el del día de la escalera en mi primer día de trabajo. A Robert se lo di la otra noche, y me quedan ellos dos que también querían uno", le dije.
"Está bien quédatelo, pero eso no te librará del castigo", me dijo.
"Como desee señora", le dije yéndome a mis obligaciones.
El castigo de la encargada, no fue otro que aparecer por la habitación donde estaba cuando quería, ponerme a cuatro patas y azotarme el culo y el coño con la fusta. Pero en esta ocasión se empleó con más violencia que el primer día. Me dio 50 azotes en cada habitación que estaba, pero con todas sus fuerzas. Tanto mi culo como mi coño quedaron bien marcados de la azotaina. Afortunadamente había follado anoche con Víctor, y si la pastilla del día después funcionaba, tenía que empezar con la regla ya.
Casi al final del turno cuando entendió que ya tenía el tanga goloso, me dijo las suites que ocupaban Paul y John, para que pudiera cumplir mi compromiso. Lo hice con John, dejándole el tanga bien abierto encima de la cama, con una nota diciéndole que lo prometido era deuda, que muchas gracias, y muchos besos.
Al día siguiente le tocó a Paul, justo antes de empezar con la regla y justo antes de que ellos regresaran a Texas.
No le había dicho nada a Víctor sobre mi aumento de sueldo. Tendría que dar explicaciones y no me apetecía.
Si me preguntáis si me arrepentía de lo que había pasado hacía un par de noches en la suite 17, os diré rotundamente que no. Es más cuando entré a hacer la habitación los dos días posteriores sabiendo que aún estaban ellos allí, me quedaba como lerda, como diría la encargada, recordando lo ocurrido en los diferentes escenarios de la habitación.
Eso sí, una lerda totalmente cachonda y deseando repetir una experiencia similar.
Ya a los 3 meses de la famosa noche, estando trabajando, me avisaron que tenía una llamada telefónica. Me extraño primero el tenerla y luego el que me avisaran. Ya que me dejaron claro el primer día que nada de llamadas y nada de visitas. Me pasaron la llamada a la suite en la que estaba.
(traducción)
"Hola, querida, soy Tom, ¿me recuerdas?
" Claro Mr. Smith, como no voy a recordarle? ", le dije.
" Por favor, querida llámame Tom y tutéame", me dijo.
"Sr. Smith, no sé si debo", le dije.
"Debes y a mí me haría mucha ilusión que lo hicieras", me dijo.
"Está bien, Tom, ¿estás en España?", le pregunté.
"No, sigo aun en Texas, recuperándome de la operación", me dijo.
"Vaya, me hiciste caso. ¿Y todo bien?", le pregunté.
"Ahora si. Consulté a mi médico de confianza, que entre tú y yo también es compañero de correrías, y me preguntó cómo lo había detectado. Lo siento y espero me perdones, pero se lo conté todo. Incluso le enseñé alguna foto tuya, y tienes un admirador más. Me dijo literalmente que te debo la vida. Que era el típico cáncer silencioso que sólo se muestra cuando ya no tiene solución, y que, gracias al tacto rectal, se descubrió justo a tiempo. A si es que, querida te debo la vida.
"Y que te han hecho, ¿Una prostatectomía radical abierta?, le pregunté.
" No lo sé querida, no entiendo. Pero me hicieron un corte en la tripa", me dijo.
"Es la mejor, así también pueden detectar ganglios que puedan estar afectados", le dije.
"No, no, me dijo el cirujano que habían analizado biopsias de los ganglios, y que estaban limpios", me dijo Tom.
"No sabes cuánto me alegro. Ahora unas semanitas de reposo y a la lucha otra vez", le dije.
"Pues si”, me dijo Tom, "y en parte por eso te llamo también. Voy a pasar unos días en Ibiza, para terminar de recuperarme, y me gustaría verte", me dijo.
"Me es imposible escaparme Tom, está el trabajo, mi marido...", le dije.
"Sí tú quieres por el trabajo no te preocupes, tendrás los días sin problema, y en cuanto a tu marido, siempre se pueden organizar seminarios en Ibiza para ver como se funciona en otros hoteles", me dijo.
"Alucino contigo. ¿Como tienes tanto poder en el hotel?, me felicitaron y todo después de nuestra noche. Ya tienes que ser un buen cliente", le dije.
"Bueno, digamos más bien que soy un buen accionista. Tengo un gran paquete de acciones de la cadena hotelera", me dijo.
"Vaya, eres una caja de sorpresas. ¿Y no te acompaña tu mujer?", le pregunté.
"No, jajaja, la idea es relajarme no estresarme más. Pero vamos tiene compromisos familiares que la impiden viajar", me dijo.
"Pues la verdad es que no sé qué contestarte, me pillas por sorpresa. Cuantos días serían, ¿en qué plan iría?", le pregunté. Estaba planteándomelo, necesitaba unas vacaciones.
"Los días que tú quieras, querida, y en plan Angel de la guarda", me dijo.
"Angel de la guarda para hacer más tacto rectales?", le pregunté con sorna.
"No querida. No harás nada que no quieras hacer, además no sé yo como funcionará esto después de la operación ", me dijo con una seguridad que lo daba por hecho.
"Con viagra, no debes tener problemas. Bueno déjame pensarlo un par de días, sobre todo por el tema de mi marido", le dije.
"Tu dime que quieres acompañarme, y te organizó un seminario solo para ti. La disculpa perfecta para tu marido", me dijo.
“Ok, hablamos en un par de día y ya te cuento”, le dije.
“Gracias, querida, un beso muy fuerte”, me dijo él colgando.
Pues ya me había metido en otro marrón el bueno de Tom, aunque me había alegrado mucho tener noticias suyas y tan buenas. Pero ahora tocaba ver que hacía. Por un lado, me apetecía un montón, por verle que estaba bien, por conocer Ibiza, por descansar unos días…
Por otro lado, empezaba a preocuparme. Estas cosas no podían ser buenas para mi matrimonio. No sé cómo le sentaría a Víctor, una simple camarera de piso, que lleva poco tiempo en el hotel y ya en un seminario, y nada menos que en Ibiza.
No, no era una decisión fácil de tomar, pero si está claro que había una cosa que tenía que hacer, ya, y era ir al ginecólogo, y pedirle que me pusiera un DIU, aunque fuera algo que también ocultaría a Víctor, para que no se hiciera preguntas, ni me las hiciera, claro.
Esa misma tarde, cuando Víctor, volvió, le tantee,
“Sabes cari, van a hacer un seminario para camareras de planta de hoteles en Ibiza. Mi gobernanta, me ha dicho que estoy entre las candidatas por mi progresión en el trabajo”
“Coño, ¿y los maridos no podemos ir?”, me preguntó.
“Me temo que no. Aunque seguro que luego no me eligen a mí, y mejor, porque no te voy a dejar tanto tiempo solo, serían 7 días”, le dije.
“Por mí no te preocupes. Ahora que te has decidido a trabajar, y te sale una oportunidad así que te puede ayudar en mejorar el trabajo y la posición, no lo desaproveches” me dijo Víctor.
Vaya pues era lo que me hacía falta, que me animara él.
“Bueno, aun no es definitivo. Ya te contaré cuando sepa algo”, le dije.
“Muy bien cielo”, me contestó.
¿Y yo que diría que le importa una mierda si me voy? O es más, que está deseando que me vaya.
Bueno creo que iba a reencontrarme con un viejo amigo, y pasar unas buenas vacaciones en Ibiza.
Al día siguiente pedí hora a un ginecólogo privado para el tema del DIU. La verdad es que en ocasiones como esta, siempre utilizaba mi número de colegiado. Me atendían más rápido y más barato.
Me citó para dos días después.
Al día siguiente me llamó de nuevo Tom.
“Hola querida, como quedamos te llamo para que me digas que has decidido, y por favor, dime que si”, me dijo.
“Caramba Tom. No me dejas muchas opciones, así es que sí, acepto tu oferta”, le dije.
“Oh querida, no sabes lo feliz que me haces con tu decisión”, me dijo.
“Pero una cosa, tenemos que preparar la coartada, yo creo que a mi marido le importa una mierda que me vaya, pero no obstante, quiero tener una coartada de que he estado en un seminario”, le dije.
“Yo ya había pensado en eso por si aceptabas, y te cuento, he recuperado unos manuales de un seminario que se hizo hace un par de años, era para encargadas, pero no creo que tu marido se vaya a poner a leerlos. Mandaré que cambien la portada, pongan la fecha y el lugar correcto. También he pensado en pedir a empleadas del hotel de Ibiza de nuestra cadena que salgan un par de tardes contigo para enseñarte Ibiza y haceros unos selfis”, me dijo.
“Sin palabras, Tom, me dejas sin palabras. ¿Y cómo lo hacemos?, le pregunté.
“Recibirás los billetes para el avión, para ello, tienes que darme tu nombre completo, podría pedirlo al hotel, pero prefiero que sea algo más personal. Lo demás corre todo de mi cuenta. Junto con los billetes, ira un número de teléfono para que un coche pase a recogerte por donde quieras, por tu casa o por el hotel, para llevarte al aeropuerto. La fecha de salida, será dentro de 7 días si no tienes inconveniente”, me dijo.
“No, no, por mi perfecto, cuando tú digas, eres el convaleciente”, le dije. W1Me habia acelerado por momentos. Le di mi nombre completo y el número del DNI para los billetes.
“Pues en eso quedamos, te esperare en el aeropuerto de Ibiza”, me dijo.
“Un beso”, “otro para ti” y colgamos.
Siete días. Se me iban a hacer eternos, pero bueno mañana iría al ginecólogo a ponerme el DIU. Pasado iría a comprarme un bikini actual un pareo, y quizás unas zapatillas de playa.
Entre el trabajo en el hotel, el ginecólogo, las compras, etc., los días fueron pasando más deprisa de lo que imaginé. A falta de tres días para salir, recibí los billetes como me había dicho Tom. Ida y vuelta en business. Nivelazo. Lo único malo la hora de salida del vuelo, a las 8 de la mañana y había que estar dos horas antes en el aeropuerto. El día antes llamé al teléfono que venía para que me recogieran en casa a las 5:45. Vaya madrugón.
Y por fin llegó el día. Para mi sorpresa, la despedida de Víctor fue un morreo. No hubo polvo. Yo lo agradecí, pero me extraño. Seguramente no quería descargar conmigo. Tampoco le pedí explicaciones. Vino el coche a la hora indicada. Era un VTC, con un conductor tan pulcro y amable como es habitual. A las 6,15 estábamos en el aeropuerto. Llevaba una maleta inmensa para cuatro cosas que había metido. Bueno, de ropa. Porque entre cosas de aseo y de playa, ya casi llenaba la maleta, y no olvido las ilusiones, ocupaban también un hueco muy importante..
Embarcamos a las 7:30. Pidieron a los viajeros de business subieran primero.
Buff, viajar ahí era la gloria. Nos dieron una copa de cava nada más sentarnos. Luego nos trajeron un desayuno. Iban a toda pastilla, porque el vuelo era sólo de algo más de una hora, y quitando el tiempo de despegue y aterrizaje casi no había ni tiempo. A las 9:15, aterrizamos en Ibiza. Yo llevaba la maleta en cabina, así es que me fui directa a la salida.
No me tuve que esforzar mucho para encontrar a Tom. Había alguien en primera fila con un inmenso ramo de rosas rojas, y un cartel que ponía en castellano "PARA MI ANGEL DE LA GUARDA".
El ramo le cubría la cara, pero no podía ser otro que Tom. Me fui hacia él.
Apartó el ramo,
"Bien venida querida", me dijo también en castellano, dándome dos besos.
"Un puñado de rosas para la rosa más hermosa del universo ", me dijo dándome las rosas.
" Tom, que me lo voy a creer. Te veo muy bien. Tienes muy buena pinta, ¿y tú español?", le pregunté.
"Hasta ahora no había tenido un motivo suficiente para aprender a hablarlo, pero tú eres motivo más que de sobra para aprender español y chino si hace falta", me dijo.
"Adulador", le dije.
Hablaba un español lento pero bueno, con mucho vocabulario y buena pronunciación.
"Bueno, pues aquí estamos", le dije.
"Permíteme llevarte al coche para ir al hotel. Tenemos una suite premium con dos habitaciones. Espero te guste. Ahí está el coche", me dijo señalándome una limusina.
El conductor salió disparado al vernos, me saludó, me cogió la maleta y la metió en el maletero.
Entramos en la limusina. Aquello era todo surrealista, me recordaba al cuento de la cenicienta convirtiendo la calabaza en carroza, y a la chica humilde en princesa.
Durante el recorrido hasta el hotel, le pregunte a Tom por su post operatorio. Me confirmó que todo bien, que el último chequeo, habían dejado muy contento a su médico, ya que no se apreciaba ningún rastro del tumor.
Le felicité por ello, y la pregunté,
“Bueno, y que planes tienes para mí para estos días?”.
“No quiero desvelar nada. Lo iras viendo poco a poco”, me contestó con cara pillo.
Llegamos al hotel, y la limusina entró directamente al garaje. De allí al ascensor, y a la suite.
“No pasamos por recepción?”, Le pregunté.
“No suelo hacer cheking en mis hoteles”, me dijo.
“En serio este hotel es tuyo?”, le pregunté.
“Lo es. Tengo tres hoteles en propiedad, y participación en 7 más”, me dijo.
“Vaya”, solo puede decirle.
Llegamos a la suite. Bueno por llamarlo de alguna manera. Aquello era media planta del hotel. Había tres dormitorios, 5 baños completos, 2 aseos, dos despachos, cocina, dos salones, uno con piano….. algo modosito, jaja.
“Bueno, Tom, ¿y cuál es el plan para hoy?”, le pregunté.
“Antes de nada, quiero decirte que yo estoy ya más que satisfecho con que hayas venido y compartas conmigo algunas horas, pero si quieres, hacer tu vida el resto del tiempo, no hay problema”, me dijo.
“Vaya, antes de nada, te diré Tom, que no me gusta que tengas ese concepto mío. Vuestro servicio, fue el primero y único que he hecho en el hotel, y por supuesto fuera de él. Si he venido a Ibiza, es porque tú me lo has pedido y para pasar el tiempo contigo. Si no tienes planes, pues nos quedamos en la habitación todo el día, o bajamos a la playa, o lo que sea, pero no tengo que hacer nada más que estar contigo. ¿Te ha quedado claro?”, le dije.
“Vaya querida, has sacado a relucir tu carácter. Si, me ha quedado perfectamente claro, y una vez más me he equivocado contigo. Te ruego me disculpes”, me dijo apesadumbrado.
“Disculpas aceptadas, y ahora dime hay algo previsto para hoy, o nos bajamos a la playa”, le dije.
“Playa, no tengo nada para hoy, bueno por la noche, si, pero por el día supuse que vendrías cansada y que no te apetecería mucho trajín, pero me pongo el bañador en un momento y nos vamos a la playa”, me dijo Tom.
“Así me gusta y sin rechistar”, le dije sonriendo.
Me acompaño a una estancia de la suite.
“Este es tu vestidor. Me he permitido dotarlo un poco, ya que al no saber las actividades que tendríamos seguro que no has traído ropa para fiesta, por ejemplo”, me dijo.
“Pues mira, no. Eso te pasa por no avisar”, le dije entrando en el vestidor.
Aluciné. Aquello no era un vestidor, era un almacén de una de las boutiques más caras.
“Santo Dios, ¿y todo esto? ¿Son de mi talla?”, le pregunté.
“Espero que sí, la cogí del uniforme de la habitación de Madrid, ¿recuerdas?”, me dijo.
“Si, si, claro que recuerdo”, le dije.
Ahora había pasado de La cenicienta, a Vivian de Pretty Woman. Este tío era alucinante.
Me desnudé y me puse uno de los vestidos de fiesta, uno negro. Me quedaba genial. Tom me miraba con cara tonto.
“No te gusta cómo me sienta?”, le dije.
“Estas radiante, querida, maravillosa”, me dijo él.
Ya me probaría luego más cosas, ahora teníamos una cita con la playa.
Me puse mi bikini nuevo. Era tanga, claro, casi no se encuentran normales, aunque por delante, era grandecito, y el sujetador era normal.
También me puse mi pareo, y mis zapatillas.
En el vestidor también había bikinis y bañadores, pero preferí usar el mío.
“Encantadora, querida, con cualquier cosa que te pones, eres igual de encantadora”, me dijo Tom. “No sé cómo te atreves a ir con un vejestorio como yo, se van a creer que soy tu padre”, siguió diciendo.
Tom se había puesto un bañador, más que discreto, eran unos bermudas cortos. Nos bajamos para la playa.
Le veía algo más delgado a Tom, aunque era lógico después de la operación, tratamiento, etc.
Bajamos hasta una especie de calita. Me dijo que era privada del hotel. El agua era caribeña, preciosa. Había muy poquita gente al ser privada, y cada cliente contaba con sus hamacas, y su sombrilla por el número de habitación.
Pasamos una mañana agradable, no paraban de pasar camareros ofreciéndonos bebidas y canapés.
No me molestaba la idea de ir con el culo prácticamente al aire. Allí todo el mundo estaba a su rollo y además, casi todas lo llevaban igual que yo.
A la una, Tom me dijo que deberíamos subirnos que la comida era a las dos, si es que nos subimos con tiempo para ducharnos y cambiarnos.
Como había tantos baños, podíamos ducharnos los dos a la vez con lo que siempre se ganaba tiempo.
Salí desnuda de la ducha, y le pregunté a Tom,
“Oye, ¿para la comida normal no?, de ropa me refiero”.
“Si, como si quieres bajar así, aunque ibas a tener trabajo, porque seguro que más de uno se atragantaba al verte lo buena que estas”, me dijo.
“Ya bueno, mejor me pongo algo”, le dije.
La comida, fue rica y larga. Luego nos echamos la siesta un rato, yo había madrugado y lo necesitaba. Al despertar, nos bajamos a la piscina. Mejor, menos tierra, y meno sal.
Por la noche, Tom me dijo que la cena era en El Casino de Ibiza, y que me vistiera, con vestido de coctel. Me puse uno fucsia que había en el vestidor.
Resulto ser una media cena de negocios, ya que estuvimos cenando con otras parejas, y ellos hablando de hoteles, y de historias. Yo me identifique como médico, y las mujeres no paraban de preguntarme chorradas. Que si una dieta para adelgazar, o para mantenerse, que si era buena la cirugía estética, que si esto que si lo otro, en fin, pasamos la velada.
A las dos Tom me dijo que nos íbamos al hotel, ya que por la mañana teníamos día de navegación, y había que madrugar un poco.
Al llegar a la suite, le pregunté a Tom,
“¿Quieres que duerma contigo?”, le pregunté.
Me sorprendió la respuesta.
“No, mejor duerme en tu cama, Aun me da cierto miedo el que me pueda golpear en la herida, y que se me abra”, me dijo.
No insistí, pero evidentemente la herida no podía ya abrirse, después de tantos días, pero si el estaba más tranquilo, sin problemas.
A las 7 am nos llamaron de recepción. Casi a la vez nos subieron el desayuno. Como todo hasta ahora, espléndido y en cantidad.
Tom me dijo que me pusiera mi traje de marinera. Era un vestido azul marino, a medio muslo, con babero a rayas azules y pañuelo rojo. En las bocamangas y el bajo de vestido igualmente titas en blanco. Estaba yo muy mona. Unas sandías bajas blancas y un gorro clásico de marinero blanco también, con ancla incluido, fue el complemento perfecto.
Tom, con pantalón corto y camiseta blanca y una chaqueta azul marino encima, deportivas blancas y por supuesto la gorra reglamentaria.
CONTINUARA
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