Mónica se opera las tetas parte 2
Mónica ya no es la misma desde que se operó. Ahora baja la guardia —y la falda— cada tarde, sabiendo que él la espera con hambre y sin pudor. Esta vez, no hay vuelta atrás.
Desde aquella noche, Monica no volvió a ser la misma.
Durante el día, se mostraba correcta, incluso distante con Antonio cuando pasaba junto a la garita. Pero al caer la tarde… bajaba con el corazón latiéndole en el coño. Solo pensaba en una cosa: que él estuviera allí, con esa polla dura esperándola. Y nunca fallaba.
Una tarde, bajó sin ropa interior.
Se inclinó por encima del mostrador como si revisara algo en la pantalla. Él la miró desde detrás, sin disimulo. La falda se le levantó apenas, y vio el trasero redondo y completamente desnudo.
—¿Así vienes hoy? —preguntó él, acercándose por detrás.
—Hoy quiero que me la metas aquí mismo… sin que nadie se entere.
—¿Dónde?
Ella se giró, le tomó la mano y la llevó entre sus nalgas, empujando uno de sus dedos contra su agujero ya húmedo y entrenado.
—Aquí. En mi culo. Dame lo que sabes que me encanta.
No hubo más palabras. Antonio se bajó la cremallera y la agarró del pelo, guiándola al suelo. Ella se puso de rodillas sin que se lo pidiera. Le sacó la polla, grande, venosa, caliente. Se la metió en la boca con hambre, como si la necesitara para vivir. La lamía desde la base hasta la punta, la besaba, la chupaba con fuerza.
Él le sujetaba la cabeza y marcaba el ritmo. Monica sentía que se ahogaba… y le encantaba.
—Trágatela entera, zorra… —murmuró él con la voz ronca.
Ella gimió, tragando saliva, con los ojos llorosos y el maquillaje corrido. Se sentía más viva que nunca.
Entonces él la levantó y la puso de espaldas sobre el escritorio de la garita. Le escupió entre las nalgas, le abrió el culo con una mano, y le metió la polla de golpe.
—Aaaah, sí… ¡métemela toda! —gritó ella, ya completamente suelta.
Él la taladraba con fuerza, cada embestida más sucia que la anterior. La agarraba de sus grandes pechos operados que aun no estaban recuperados de la intervención a Monica la dolia, pero se dejaba no la importaba que la estrujase fuerte las tetas mientras la daba por el culo. El sonido de la piel contra piel llenaba la habitación. Monica se masturbaba al mismo tiempo, tocándose el clítoris con desesperación mientras él se la follaba por detrás, directo al alma.
—Joder, cómo te dilatas, guarra… te gusta que te deje el culo hecho mierda, ¿eh?
—¡Sí! ¡Revéntamelo! ¡Llénamelo de lefa, cabrón! —gritó, completamente poseída.
—Nunca he visto un culo que dilate tan rapido como el tuyo, estas hecha para el sexo anal!!
Antonio gemía con rabia. Monica sentía cómo la llenaba hasta lo más profundo. Y entonces vino la descarga: una corrida caliente y brutal, tan intensa que la hizo gritar de puro gozo.
Él se quedó un rato dentro, respirando agitado.
—No te limpies —ordenó él—. Quiero que subas así a tu coche. Quiero que te sientas sucia.
Ella se subió la falda, con las piernas temblando y el agujero aún latiéndole, lleno, abierto, goteando.
—Lo soy. Haz conmigo lo que quieras —dijo, mirándolo con los labios aún brillantes de su semen.
Los siguientes dias siguieron igual, Monica se quedaba mas tiempo en el trabajo incluso iba los dias que tenia que teletrabajar si sabia que Antonio iba a estar alli. Se mandaban whastapp mientras habia compañeros en el trabajo, Antonio siempre la confesaba que le gustaba que le follasen el culo, que si ella se pondria un arnes para darle bien fuerte por detras, que queria que se la chupase mientras un hombre le enculaba, que le encantaban los travestis y que ella con esas tetas tan grandes parecia uno.
Eso a Monica sin entender por qué las excitaba muchisimo, nunca se habia imaginado algo así.
Continuara...
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