Si quieren ser mis putitas, serán mis putitas
La noche cae sobre la costa y las puertas se cierran. No hay excusas ni arrepentimientos, solo el sonido del mar y la promesa de una semana donde el dinero se convierte en placer y el deseo, en ley. ¿Están listas para ser sus putitas?
Este relato es continuación de los relatos de Charlines:
Una pantera en la playa y Tres panteras en la cala desierta.
Y de el de Gatacolorada, queremos ser tus putitas
SI QUIEREN SER MIS PUTITAS, SERAN MIS PUTITAS.
CHARLINES
Después de dejarme solo con María y poder disfrutar de ella a mi antojo, me sorprendió la propuesta de Elena. Querían ser mis putitas y querían cobrar por ello. Joder, eso me encantó y mi polla se puso tiesa al momento. Había quedado con unos importantes clientes y querían disfrutar de una velada muy, muy caliente.
¿Elena, estás segura de tu propuesta?
Absolutamente, además a Ariadna, le hace falta el dinero.
Perfecto, entonces serán unas buenas putitas de lujo. ¿Qué les parece tres mil euros para las tres?
Mi amor, sería una bendición.
Vale negociaré con mis clientes e igual tienen una buena propina.
Eres un amor. Ariadna tendrá resuelto este año, ella se divorció y no cuenta con ingresos.
Siendo así, yo pondré otros mil euros.
Eres un sol.
Elena me dio uno de los besos más dulces que jamás me dieron. Me miró a los ojos y vi unas lágrimas rodar por los suyos.
Llamaré a mis clientes y ahora les digo, vuelvan a la piscina.
Llamé por teléfono a mis clientes y les propuse cinco días de lujuria y desenfreno con unas bellezas espectaculares. Ellos en un principio no se lo creían. Les dije que nos hospedaríamos todos en mi casa, que todo corría de mi cuenta, pero que las chicas pedían seis mil euros, yo pondría mil y la casa y ellos el resto. La verdad que aceptaron encantados si hacían cuentas les salía muy bien de precio.
Mis clientes, Germán sesenta años recién cumplidos, un poco pasado de peso, pero se le veía que había tenido muy buena forma física. Él era el dueño de una de las mejores destilerías de Cartagena.
Andrés, un hombre de cuarenta y cinco años, dueño y señor de una de las más importantes cadenas hoteleras del país.
No tuvieron problemas con el precio y ya solo faltaba el encuentro. Quedamos para conocernos en un restaurante de moda de Águilas.
Elena he de hablar contigo un momento
Dime.
He conseguido seis mil euros por toda la semana y si hay más regalitos, pues mejor para ustedes.
Guaaau mi amor, eso es fantástico, acabas de hacer feliz a Ariadna.
Pues pónganse el máximo de guapas y de sexis y nos vemos en la piscina en un par de horas.
Gracias amorcito.
Elena me besó con ternura y subió a buscar a sus amigas.
ELENA.
Elena subió a la planta de arriba, según avanzaba escuchaba unos gemidos. Se encontró a María entre las piernas de Ariadna, su sonrisa fue patente, las chicas estaban felices.
Mis queridas niñas, perdonen, pero he de hablar con ustedes.
Las dos mujeres dejaron sus juegos y miraron con muchísimo interés a Elena.
Pablo me dijo que habló con sus amigos y que por estos cinco días nos darán seis mil euros.
Pero qué dices qué barbaridad. - dijo María.
Pues a mí me vendrían fenomenal, dos mil euros me hacen una mujer ahora mismo.
Elena le guiñó un ojo a María sabiendo que el importe íntegro sería para Ariadna. María asintió con la cabeza y pidió un abracito de amigas. Las tres se abrazaron. Elena les dijo.
Vamos a ponernos bien guapas y bien elegantes, putas ya seremos luego, hoy seremos unas señoras.
Las tres chicas se vistieron con sus mejores galas.
Elena lucía un vestido rojo, con la espalda descubierta y un muy bonito escote. No podía llevar ropa interior, por lo que sus pezones sobresalían majestuosos empujando la fina tela del vestido. Calzaba unos tacones de quince centímetros que le hacían piernas y un culo de campeonato.
María se había puesto una camiseta muy ajustada, con una falda de cuero negro y unos zapatos de charol de diecisiete centímetros. Su cuerpo maduro estaba para hincarle el diente.
Ariadna, la más joven de las tres, portaba un ajustadísimo vestido negro con una abertura por los costados de su falda que superaba su cintura. Esto impedía que portase bragas y sujetador. Unos zapatos estiletes de dieciocho centímetros le hacían una mujer fatal.
Cuando las tres se presentaron en el salón, Pablo abrió su boca y silbó, están ustedes maravillosas. Elena observó con una sonrisa como su polla, se marcaba bajo la fina tela de sus pantalones de lino.
Hoy seré el hombre más envidiado de toda la comarca.
Vos, lo que sos, es un adulador.
Nooo, ya lo vas a ver.
Salieron y subieron al vehículo de Pablo que los llevó hasta el centro de Águilas. Llegaron al Garum, uno de los mejores restaurantes de Águilas. Pablo se presentó, dijo que faltaban dos comensales y se dejó guiar hasta la mesa que había reservado. Se sentaron y pidieron una botella de Albert i Noya, cava, para amenizar la espera. Los dos hombres llegaron impecables con sendos trajes a medida de color negro. Germán lucía una barba muy bien cuidada y que le hacía parecer más joven. Su impecable traje le caía como un guante por lo que seguro estaba hecho a medida. Rápidamente sus ojos se fijaron en Ariadna.
Germán, Ariadna.
Germán se acercó y su mano recorrió sin prisa toda la cinturita de Ariadna. Acercó ese cuerpecito hacia sí y le besó en los carrillos, muy, muy cerca de esos preciosos labios, hoy rojos pasión.
Es un placer señorita.
Esta es María.
Germán le besó acercando su cuerpo al de él y le saludó.
Un placer señorita.
Ariadna, este es Andrés.
Andrés se acercó a Ariadna y le dio dos besos.
Esta es María.
Andrés quedó subyugado con María y la atrajo hacia sí sujetando sus caderas con ambas manos. Los dos besos que estampó sobre su mejilla, a punto estuvieron de crear un cataclismo.
María tembló entera ante ese roce, a ella también le había gustado el muchacho.
GERMÁN
Joder, menudo pibonazo que nos trae este Pablito. La verdad es que está para comerse cada centímetro de su piel.
ANDRES
Joder con la madurita, menudo espectáculo, espero que luego sea también una mujer fogosa.
LAS CHICAS
Perdonadnos, nos vamos al baño.
Joder tías, menudos amigos tiene el Pablito y se les ve que manejan.
Pero eso ahora es lo de menos, se les ve cultos y bien dotados jajjaja - dijo María.
Ellos ya eligieron, parece, ahora sigámoslos el rol.
LOS CHICOS
Mientras las chicas fueron al baño, los chicos hablaron de tremendas bellezas.
Pablito, como siempre eres un auténtico experto en estas lides. Menudas bellezas y además inteligentes.
Las chicas volvieron sonrientes a la mesa. Pablo sirvió una copita de cava para cada uno y brindaron por unos días maravillosos. Cenaron tranquilamente hablando de todo un poco. Nadie contó de su vida más de lo estrictamente necesario, pero las risas fueron fluyendo durante toda la velada.
Si queréis podemos ir a la casica verde, propuso Andrés.
Perfecto, dijo Pablo.
La casica verde, es una casita prefabricada al borde del mar, casi en el agua, donde se pueden tomar unas de las mejores copas de Águilas.
Germán pidió unos combinados de sus mejores marcas y ahí a la luz de la luna tomaron sus copas sin ninguna prisa.
¿Qué os parece si damos un paseo por la playa? Dijo Andrés
Pero de qué vas carcamal jajajaj
Yo te acompaño- dijo Ariadna
Bueno, bueno, ya hay parejita dijo Germán.
Todos rieron mientras la parejita se acercaba a la orilla. Se les vio perderse en la gran playa de Águilas. Las dos parejas que quedaban hablaron de sus inquietudes y de los negocios de Andrés. Él quería comprar hoteles por la costa argentina y chilena y necesitaba asesoramiento. Precisamente María era un muy buen asesor inmobiliario, lo que hizo que acaparará la conversación.
Pablo miró a Elena, le guiñó un ojo y esta asintió con la cabeza.
Tomad las llaves de casa, nosotros nos vamos.
Pero.... ¿cómo es posible?, no aguantan nada.
Jajjaa. No hagan mucho ruido al entrar.
Pablo y Elena subieron al automóvil de Pablo y partieron hacia la casa.
Me gustaría recostarme sobre ti mientras el mar me arrulla.
Podíamos haber dado un paseo con ellos.
No. Te quiero para mi sola.
Desvié el coche hacia una cala que conocía y evidentemente a esa hora estaría vacía. Recogí del maletero una toalla que siempre llevaba en el coche junto con una pequeña mantita y fuimos hacia la orilla del mar. Nos resguardamos bajo unas rocas del aire y extendí la toalla. Elena se sentó en la toalla y puse la mantita sobre sus piernas. Metió las manos bajo su vestido y se sacó las braguitas, me miró, picara y me las dio. Yo las recogí e inmediatamente noté su humedad, las lleve a mi nariz y aspire recogiendo todo el aroma de esa hembra que ahora estaba en celo.
PABLO
Estás preciosa con ese vestido.
Llevé mi mano hasta su pecho y lo acaricié con dulzura mientras contoneaba todo él. Su pezón se marcó erguido en la palma de mi mano. Bajé el tirante del vestido para sacarlo de su prisión y me lo agradeció apuntando hacia mí. Bajé mi boca para lamerlo haciendo círculos con mi boca, lo apreté entre mis labios y lo succione, Elena gimió y sujeto con fuerza mi cabeza, apretándola contra sus pechos. Tras unos minutos devorando esos pezones, tiesos duros y grandes. Elena abrió sus piernas invitándome a esconderme entre ellas. Mientras mi lengua recorría sus labios vaginales, Elena no soltaba mi cabeza llevándola hasta su clítoris. Hacia él me dirigí lamiéndolo con suma lentitud, apretándole entre mis labios y succionándolo mientras mi lengua lo recorría en pequeños y lentos círculos. Elena se retorcía sobre mi lengua hasta que sujetando con fuerza mi cabeza explotó en mi boca regalándome ese líquido magnífico que destilaba en las grandes ocasiones.
ELENA
Siiii, cabróóón, siiii, toma mi vida, siéntela como corre entre mis piernas, llénate de ella.
Después de esa majestuosa comida de coño, no me quedaba otra que ser agradecida. Mire a Pablo a los ojos levantando su cabeza de entre mis piernas.
Quiero que me folles, pero quiero agradecerte tu buen hacer. Ponte de pie.
Cuando Pablo estuvo de pie, desabroché su cinturón, el botón de la presilla del pantalón y bajé su cremallera, hasta el final. Al empujar su pantalón por sus piernas, su polla me saltó a la cara.
Buenoooo si vas desnudito por dentro.
¿Te gusta?
Me encanta.
Sin utilizar mis manos lamí el capullo de esa dura e imponente polla, bajé con mi lengua hasta sus huevos y volví a subir hasta la punta donde me regaló una incipiente gotita preseminal. Metí la mitad de esa polla en la boca y la succioné a la vez que mi lengua la rodeaba, me encanta sentir una buena polla en la boca. Pablo sujetó con fuerza mi cabeza y me fóllo la boca unos segundos.
No te corras, quiero que me folles.
El bajó el ritmo en mi boca y me dijo imperativo.
Ponte en cuatro gatita.
No me hice esperar y me puse en cuatro, sabía que me iban a dar mucho placer. Pablo no se hizo esperar, mojó con su saliva la entrada de mi sexo y entró en mi con suma lentitud. Las paredes de mi sexo se iban abriendo para albergarlo en mi interior. Notaba el calor, la dureza y el grosor de esa polla que sin llegar al final ya me estaba haciendo gemir. Pablo se retiró muy lento y volvió a entrar, lentamente iba acelerando el ritmo, tan lentamente que el tiempo estaba detenido. Mi placer era inconmensurable y mi sexo una fuente sin espita. El aceleraba tan lento que parecía que siempre era igual, pero mi coñito no decía eso, mi coñito lloraba y lloraba y mi cuerpo temblaba sobre esa majestuosa polla que no paraba en su ritmo. Este cada vez era más fuerte y más rápido y me estaba volviendo loca. Apoyé la cabeza sobre la mantita y me dejé llevar por ese delicioso vaivén, hasta notar como mi sexo se inundaba con una gran descarga que en breve desbordó mi sexo y se escurrió sobre mis piernas.
Sos un depravado, casi me matáis.
Gatita, tú no mereces menos.
Después de relajarse un buen rato al sonido del mar, acariciando sus cuerpos y recorriéndose a besos, se levantaron y montados en su vehículo partieron hacia la casa.
Al llegar una gran algarabía los sorprendió, las otras dos parejas estaban disfrutando totalmente desnudos de la piscina.
Ven Elena, metete al agua con nosotros, esta de muerte. Dijo Ariadna.
Elena sacó su vestido por la cabeza, mostrando su desnudez.
Guaaauuu si estas desnudita. Esta vez fue María quien gritó.
Elena altanera se acercó al agua mientras sus pechos se bamboleaban al ritmo de sus caderas.
ARIADNA
Cuando Elena llegó, pude ver la felicidad en su rostro. La invite a saltar al agua y cuando ya estaba cerca del borde, salí del agua me acerque a ella y metí mi mano en su sexo. Tras lamer mis dedos le dije.
Mi niña, disfrutaste de lo lindo, ¿eh?
No te lo puedes ni imaginar.
Elena saltó al agua y braceo por la piscina. Pablo se acercó también desnudo con unas cervezas. Ya era tarde y decidieron irse a acostar.
Pablo y Elena caminaron a la habitación principal, mientras Germán se encamina a la de invitados con Ariadna y María tiraba de la mano de Andrés a la habitación que quedaba libre.
ANDRES
Seguí los pasos de María, esa impresionante mujer que me había subyugado desde el principio. Sus pechos aun duros se me ofrecían para lamerlos y su culo duro por el ejercicio me pedía que lo amasara, que lo azotara, que lo lamiera y venerara. Besé con pasión esos pechos y mordí sus pezones, mientras María gemía y me pedía más. Sentada a horcajadas sobre mis rodillas, me ofrecía sus pechos a la vez que acariciaba mi dura polla con su sexo. Nuestras bocas se buscaron a la vez que nuestros sexos se encontraron. María gimió, al notarme dentro y yo le besé con fuerza mientras notaba el agarre de ese apretadito coñito. Ella agarrada a mi cuello se movía con lentitud bañando mi ferra polla con los líquidos que destilaba su cuerpo.
MÁRIA
Andrés me volvía loca con sus besos y con sus ganas. Mordía y lamia mis pechos provocando mil sensaciones en mi cuerpo. Cuando entro en mí, noté como su polla me llenaba por completo expandiendo las paredes de mi coño y proporcionándome un gran placer. Cada vez que me movía sobre el mi sexo derramaba jugos como la compuerta de un pantano, notaba como la vida se me iba lentamente entre las piernas. Buscando mi placer, aceleré el ritmo, cada vez me movía con más rapidez hasta que un terrible orgasmo me invadió, mi cuerpo tembló, como jamás había temblado y tuve que sujetarme con fuerza al cuello de Andrés. Tras unos momentos de relajación disfrutando de ese orgasmo, me hinqué de rodillas frente al autor de tamaño placer y lo adoré con mi boca. Lo lamí, lo absorbí, lo mordí, me folle la boca con él y busque su descarga. El sabor de mi propio sexo me excitaba sobremanera y sujetando ese venerado falo con mi mano, lo pajeé hasta recibir mi premio que extendí por mi cara, por mis pechos y degusté con enorme gula entre mis labios.
GERMÁN
Tiré del brazo de Ariadna hasta que esta quedó contra la pared de la habitación. Sus duros pezones se clavaron en mi pecho y mi boca tapó la suya con un apasionado beso. Mi mano bajo a su sexo e introduje dos dedos en él. Con la otra la levanté en vuelo mientras metía y sacaba con gran rapidez mis dedos en ese precioso coñito. A los pocos minutos, el suelo se llenó con los jugos de Ariadna. La bajé, la tumbé en la cama y la besé con ternura.
ARIADNA.
Germán tiró de mí con decisión, me aplastó contra la pared de la habitación, a la vez que introducía dos de sus dedos en mi coñito. El muy animal me levantó en vuelo, lo que me excitó sobremanera y me llevó a un brutal orgasmo. Con sumo cariño me postró sobre la cama y me abrazó, esto me llenó de ternura y poniendo mi sexo sobre su boca me lancé a por su polla devorándola como el más sabroso de los manjares. A los pocos minutos, German sujetó mi cabeza y me fóllo la boca hasta llenarla con su espeso y un poco amargo esperma, a la vez que mi coño explotaba en una cascada que sobrepasó su boca.
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