Xtories

Los viajes que me dieron en el tren sin pagar

El tren avanza hacia Madrid, pero Rosa no viaja sola. Un desconocido ha descubierto su secreto más húmedo y ahora tiene el control total de su cuerpo y su vergüenza. No hay salida, solo el traqueteo de las vías y la promesa de un placer prohibido que la destruirá.

Ladyrosa24K vistas8.9· 11 votos

Los viajes que me dieron en tren y sin pagar billetes.

Me llamo Rosa, soy una mujer casada y tengo dos hijos, llevamos juntos casi veinte años y aun estamos juntos más por cariño que por atracción sexual, al principio como todas las parejas empezamos con muchas ganas de sexo pero ya llevábamos un tiempo que hacemos el amor muy esporádicamente y eso es cuando hay suerte de coincidir los dos. Ahora mismo llevamos un mes sin hacerlo juntos y mi marido se marcha cada vez más seguido al extranjero, aunque los viajes son caros, le interesa por ser parte de su trabajo. Me toca estar casi una semana chupando el coñazo de la soledad.

Tengo cincuenta años, metro setenta y dos de altura, con curvas sexys muy proporcionadas, unos pechos grandes, un poco caídos por la edad y los años que estuve dando el pecho, un culo duro como el acero, mis buenas horas de gimnasio y montar en bicicleta tienen la culpa y me sirve para descargar la energía que no empleo en follar, pelo castaño ligeramente ondulado en melena que me llega hasta los hombros, ojos color miel. Una mujer interesante, no me faltan los amigos y aun sigo haciendo girar las cabezas cuando voy por la calle, por la elegancia con que suelo ir siempre vestida. Muchos me dicen que me parezco a una actriz llamada Moanna Pozzi, aunque yo me encuentro más parecida con Meryl Strepp. Quizás quienes me comparan con Moanna sea por mis grandes pechos.

Esta historia empieza un día que tenía que viajar hasta Madrid y debido a tener que madrugar para hacer el trayecto de madrugada, decidí irme temprano a la cama, como siempre que yo no puedo, es cuando a mi marido le entran ganas de follar.

-Carlos, tu siempre tan oportuno. –Hace más de un mes que no follamos y hoy precisamente que no puedo, te entran ganas.

-Ahora te vas a joder y si quieres te la cascas.

Vi como se marchó al baño, seguramente para hacerse una paja, ya que yo no quise hacerla.

Mi marido en venganza, decidió no llevarme con el coche hasta la estación, por lo que mi cabreo aumentó y tuve que contratar un taxi para el día siguiente.

Nada más tocar el despertador, me levanté y me aseé, vistiéndome con una ropa ligera para ir cómoda. Esta consistía en una camisa blanca y un sujetador de encaje, también blanco. Completé mi vestimenta con una falda gris por encima de las rodillas y una braguitas de encaje, haciendo juego con el sujetador.

Miré el despertador y aún era pronto para que llegara el taxi, por lo que entré en el dormitorio y metiendo la cabeza debajo de la sábana y sujetando la polla de mi marido me la metí en la boca, chupando con fuerza y haciendo que despertara con mis caricias y chupetones en la polla y caricias en los huevos.

Notaba como se le ponía completamente dura entre mis manos y dentro de mi boca, con la lengua le daba golpecitos en la punta, notando como empezaba a estremecerse en señal de que se le acercaba el orgasmo. Yo también estaba disfrutando y notaba como mis pezones se endurecían.

Cuando empezó con los gemidos, dejé de chupar y dándole un beso en la boca, me despedí de él.

-Hasta mí vuelta cielo.

-Ya seguiré cuando regrese de Madrid.

Cogiendo la maleta y poniéndome la chaqueta me marché cerrando la puerta de golpe a mi espalda.

Con el taxi esperando en la puerta, llegué enseguida a la estación, teniendo tiempo de tomarme un café con leche y después subir al vagón asignado.

Para poder hacer el viaje descansando, había sacado billete en un vagón de literas. Este estaba dispuesto en dos asientos corridos y sobre ellos unas literas con unas cortinillas que se podían cerrar para tener intimidad.

Utilizado con reserva de litera, podían utilizarse por dos pasajeros y como vagón normal sin derecho a litera, como había otros compartimentos, podían viajar seis pasajeros sentados. Yo había reservado como compartimento de vagón litera, que es más caro, pero se tiene la intimidad de que a lo sumo, solo puede viajar otro ocupante en el compartimento y cerrar la puerta con pestillo, para evitar molestias.

En mi compartimento no había nadie y tranquilamente guardé mi maleta y me dispuse a echarme en la litera, dejando los asientos libres.

Con las cortinillas descorridas para tener más iluminación me puse a mirar el teléfono, ya que con el café se me había quitado el sueño.

Hacía calor y el aire acondicionado brillaba por no funcionar, me desbroché tres botones de la camisa, dejando parte de mis pechos a la vista por encima del sujetador. Distraída con el teléfono no recordé ese detalle, cuando entró un señor y dejando su maleta en el compartimento de los equipajes se sentó en el asiento de frente de mi litera.

Él me dirigió una mirada sonriendo, haciendo que me fijara más en él. Era un señor de unos treinta años, rubio con los ojos azules. Peinado hacia atrás con el pelo largo. Alto y con los brazos musculados. Por su camisa abierta se podía ver su pecho con algunos pelos rizados. Su rostro aniñado le daba un toque atractivo.

Ante su insistencia al mirar hacía mí, me sentí algo incomoda y me centré en mira mi teléfono intentando quitarme de la cabeza su imagen, pero sus ojos azules mirándome, me ponían muy nerviosa.

Después de tanto tiempo sin follar con mi marido y recordando la mamada que le había hecho antes de salir de casa, me estaba poniendo muy excitada. Imaginaba a mi vecino de compartimento desnudo con la polla dura. Como podría ser su polla dentro de mi coño y sus manos acariciando mis tetas.

Notaba mis bragas mojadas y no podía aguantar más, estaba mirando el teléfono cuando mi mente estaba puesta en aquel hombre, notando como su atención se centraba en mí.

De pronto caí en el detalle de que tenía mi camisa desabrochada y miré hacia abajo, notando como a través de la abertura se veía parte de mi pecho y se insinuaba mi duro pezón apretado sobre la tela del sujetador.

Me dio mucha vergüenza y enseguida me cubrí con la mano abrochando los botones. Con la precipitación al abrochar mi camisa, se me había caído el teléfono de las manos. Hice ademán de levantarme sentándome en el filo de la litera para bajarme, pero él servicial se agachó para recogerlo, notando como su mirada se dirigía hacia mi entrepierna, donde mis bragas mojadas se podían ver perfectamente, entre mis piernas abiertas, por lo que cerré enseguida las piernas, poniéndome aun más nerviosa.

-Muchas gracias. Le dije al devolverme el teléfono.

-No hay de qué. –Ha sido un placer.

Me quedé sin reaccionar y me volví a tumbar, cerrando las cortinas, me dispuse a descansar y quitarme de la cabeza la imagen de ese hombre.

En la intimidad de la litera, me quité la camisa y la falda, para evitar que se arrugaran, mis manos se dirigieron automáticamente hacia mis sensibles pezones, que me dolían de duros que estaban. Me los sujetaba entre el pulgar y el índice simulando dos bocas que me los estuvieran mamando, apretando con fuerza. Las descargas de placer se repetían con cada apretón.

Mis braguitas estaban completamente empapadas, con una mano acerqué mi pecho a la boca, sujetando el pezón con los dientes, mientras me acariciaba el clítoris con la mano libre.

Me iba introduciendo mis pezones alternativamente en la boca, mordiendo y evitando gemir, para no ser oída.

Que gustazo me estaba dando acariciando mi clítoris y sujetando un pezón con los dientes y pellizcando el otro con fuerza.

Cuando abrí los ojos me di cuenta de que la cortina estaba ligeramente descorrida y no como yo la había dejado, estaba tan ensimismada que no me había dado cuenta de que ese hombre había entreabierto un poco la cortina, en medio de mi orgasmo, y lo vi allí asomado, con su cara de niño bueno y sus ojos azules abiertos como platos sin perderse detalle y su sonrisa en los labios.

Me quedé sin reaccionar con un pezón entre mis dedos y el otro entre mis dientes, que se soltó inmediatamente al quedarme con la boca abierta por la sorpresa, Mi mano se quedó aprisionada, apoyada en la vagina al cerrar las piernas con fuerza. El silencio únicamente era roto por el traqueteo del tren.

Me puse roja como la grana y no podía reaccionar, Me cogió la mano que tenía en mi vagina y se la llevó a la boca, lamiendo mis jugos, estaba chorreante de flujos densos de mi corrida. Después acercó su boca a la mía y me dio un beso, pudiendo saborear mis propios flujos de su boca. No me daba tiempo a reaccionar, lo único que sabía era que estaba completamente excitada. Sus ojos me hipnotizaban paralizando mi cerebro, que solo pensaba en ser poseída y follada.

Sin pronunciar palabra bajó su boca besando mi rostro, cuello y tetas, para apoderarse con sus labios del pezón que yo me había estado pellizcando y que estaba muy sensibilizado. Me miraba con esos ojos hipnóticos, mientras succionaba con fuerza el pezón tirando de él hasta dejarlo escapar de entre sus labios para volver a sujetarlo y repetir la operación una y otra vez.

Mientras me chupaba el pezón se quitó los pantalones dejándolos sobre el asiento, junto con su camisa y entrando en el habitáculo de la litera, cerró la cortina y acercó la polla a mi cara.

De rodillas sobre mí, con ambas piernas abiertas a mis costados, me ofrecía su polla entre mis pechos, para que la lamiera y chupara. Era muy larga y gruesa, con el prepucio brillante y muy duro inyectado en sangre. La cogió con la mano y la frotó en mis duros pezones, para después meterla en mi boca. Su sabor salobre me excitaba, La chupé con ansia recorriendo toda su longitud con la lengua, para introducirla hasta mi garganta, produciendo arcadas al llegar al fondo de mi garganta, haciendo que mi boca se llenara de babas.

No podía retirar mi mirada de sus ojos durante toda la mamada, mientras sujetaba mi cabeza para introducirla hasta el fondo de mi garganta una y otra vez.

Sentirme dominada por él me excitaba y quería follar con él de una forma salvaje. Me estaba follando la boca mientras mis babas manchaban la almohada de la litera, corriendo por mis mejillas.

Mis lágrimas empapaban mi cara y ya no podía aguantar más. Cuando me sacó la polla de la boca, me dio un acceso de tos. Pero él estaba desatado, me quitó las bragas y dándome la vuelta, me puso a cuatro patas, teniendo que apoyar mis manos en la barra del cabecero de la cama, apoyándome, quedando mi culo a su disposición. Después de frotar mi vagina para comprobar lo mojada que estaba, poniéndome aún más caliente. Sabía que me iba a follar como a una perra.

Con una mano se sujetó ese pedazo de carne caliente y me la puso en la entrada del coño, frotando arriba y abajo, insistiendo en el clítoris, cuando consideró que estaba suficientemente mojada con mis flujos vaginales, empujó con fuerza y me la metió de un solo empujón. Ahora sí que no pude evitar lanzar un grito, que quizás fuera escuchado por los pasajeros de los compartimentos de al lado, Menudo daño y menudo placer me hizo sentir al llenar mi vagina completamente, dilatando completamente mi coño, haciendo que me sintiera empalada mientras su bajo vientre chocaba con mi culo era tal el placer que llegué al orgasmo de inmediato.

Después de esperar un momento para que me recuperara, la fue sacando poco a poco, dejando solo la punta en la entrada de mi vagina, la sensación de vacío duro apenas unos segundos, porque empujando de nuevo la volvió a meter de golpe, haciendo que me sintiera en la gloria, gimiendo y babeando de gusto. Poco a poco iba aumentando el ritmo, imitando el traqueteo del tren. Era un placer, me estaba llevando hasta un segundo orgasmo. No me importaría seguir follando así hasta llegar a Madrid o hasta Cádiz si fuera necesario.

Quería demostrar que era él quien dominaba y yo solo era una puta con la que se desahogaba, para lo que fue acelerando el ritmo hasta alcanzar unas emboladas a una velocidad vertiginosa. Mis manos ya no me sujetaban y tuve que apoyar la cabeza sobre la almohada dejando mi culo a su entera disposición. Acabó cogiéndose a mis tetas para apretarlas y tirar de ellas y así impulsarse en sus embestidas. Me hacía entrelazar un orgasmo tras otro y sentía correr mis flujos por los muslos. Clavaba la cara contra la almohada, que empapaba mis babas y lágrimas. Ahogaba mis gritos de placer mientras los orgasmos se sucedían entrelazados. Llegó un momento que perdí la noción del tiempo y del lugar donde me encontraba, me follaba como si yo fuera una muñeca hinchable, sin dejar de meter y sacar su enorme polla de mi vagina.

Ya estaba medio desfallecida, cuando noté como se corría dentro de mí, llenando mi coño con su semen caliente, solo me mantenía por la sujeción que hacía sobre mis pechos, manteniéndome unida a él. Aun tuve otro orgasmo antes de que se retirara de mi vagina.

Me dio la vuelta estirándome en la litera, después me cogió las tetas chupando de nuevo ambos pezones, mientras sentía salir el semen mezclado con mis flujos de mi encharcado coño.

-Zorra, no pienses que esto se ha terminado.

-Hasta llegar a mi destino faltan algunas horas.

-Puedes ir a lavarte y no tardes, que tengo algunas sorpresas para ti.

Nos bajamos de la litera y me ayudó a ponerme la falda y la camisa, sin sujetador ni bragas.

Me abrió la puerta del camarote y dándome una palmada en el culo, me dijo.

-No tardes que se me puede enfriar la polla.

Mis piernas me temblaban por el pasillo hasta llegar al servicio, mi imagen reflejada en el espejo era deplorable. El rímel corrido, despeinada, al quitarme la camisa, pude ver mis pechos llenos de chupetones, mientras que los pezones se mantenían duros pero por la inflamación debida a los muerdos y chupetones recibidos.

Me lavé la cara y los restos de semen de mis piernas y vagina, mientras seguía sintiendo la flojera en mis piernas, me senté en el WC, para recuperarme, mientras no dejaba de pensar en que en cuanto volviera, me iba a volver a follar y a hacerme gozar como una perra en celo.

Después de secarme con papel de secar las manos, volví a lavarme la cara y puse bien mi pelo peinando y sujetándolo en una cola de caballo, sujeta con una goma que encontré en mi bolso, al mismo tiempo que comprobé que llevaba unas bragas limpias de repuesto, pero no me las puse, para evitar que se me volvieran a empapar y quedarme sin ninguna cuando llegara a mi destino.

No dejaba de pensar en que me esperaba aquel rubio de ojos hipnóticos para volver a follarme o hacer lo que quisiera conmigo, ya que solo con pensarlo, se me estaba humedeciendo el coño.

Cuando regresé al compartimento del vagón, estaba sentado en mi asiento y me hizo señas para que me sentara a su lado.

Me moría de vergüenza y me quedé quieta sin reaccionar, no comprendía la razón de que estuviera sentado en la parte que me correspondía a mí, no había tenido suficiente con follarme en mi litera, que además ocupaba mi asiento, sonriendo al verme indecisa.

-Zorra, siéntate aquí, dijo señalando el asiento a su lado.

No me quedaba otra que obedecer, poniendo bien mi falda para evitar que se me subiera y mostrara mis muslos, evitando mirarle a la cara.

-Quiero que olvides lo que ha pasado. –Tienes que hacer como si no hubiera pasado nada.

-Para no haber pasado, tienes las tetas llenas de chupetones. -¿Eso también es imaginado?

-Todo lo que he sentido al follarte, ¿Lo he imaginado?

-¿Estas bragas mojadas no existen y son imaginaciones mías?

Sacó su teléfono del bolsillo y mostrando la pantalla, donde se me veía en unas imágenes, chupándome yo misma los pezones y acariciándome la vagina, me dijo.

-¿Esto también es imaginado?

-¿En quién pensabas cuando te comías las tetas y te masturbabas?

Estaba completamente confusa y avergonzada. No solo me había visto masturbarme, sino que hasta lo había grabado con el móvil.

-Por favor, no me hagas esto, estoy casada.

Pues entonces, ¿Dónde se encuentra tu marido?

-No será que lo que eres es una puta y te ha abandonado tu chulo.

-No parecías una mujer casada, cuando te chupabas las tetas y te tocabas el coño.

Estaba roja de vergüenza y ni me atrevía a levantar la cabeza.

-Estás muy equivocado, es cierto que estoy casada y tengo dos hijos.

Sin contestarme, se levantó mirando mis tetas por la abertura de la camisa y cuando llegó al pasillo se giró para decirme.

-Estarías mucho más guapa si te maquillaras un poco y te pintaras esos labios de rojo. –Estoy seguro que parecerías mucho más una puta.

Hice lo que me dijo, arreglándome mejor el peinado y poniendo un poco de maquillaje al mismo tiempo que me había pintado los labios de rojo, con un pintalabios de los que llevaba en el bolso.

Arreglada de esta manera me dirigí hacia el vagón cafetería, donde suponía que estaba él.

Cuando lo vi, me dirigí a él seria y plantándome delante de él, le dije.

-Quiero que borres inmediatamente lo que has grabado con el teléfono.

-Si no lo haces te voy a denunciar. Y me devuelves lo que me has quitado y que llevas en el bolsillo.

Sabía que llevaba mis bragas en el bolsillo del pantalón y estaba dispuesta a conseguir que me las devolviera.

Sin dejar de sonreír, iba repasando mi figura, deteniéndose en mis tetas, que se vislumbraban a través de la camisa.

-No sé a qué te refieres, Puedes especificar a qué te refieres.

Me sentía desarmada ante su sonrisa burlona, sin que me salieran las palabras para decir que tenía mis bragas. Me enfrenté a él completamente enfadada y muy nerviosa, en voz baja le pude balbucear.

-No seas tan cabrón y devuélveme las bragas. –Borra las imágenes que has tomado sin mi permiso.

Ni me escuchó, para acercarse al mostrador y pedir un café.

-Putita, deja de dar el coñazo y te tomas algo que te relaje. –Aun falta mucho viaje y estás muy sofocada.

Dejó de prestarme atención para tomarse tranquilamente su café, mientras que yo estaba completamente cabreada. No estaba dispuesta que se quedara con mis bragas ni con las imágenes que me había tomado desnuda.

Me desahogué dando una patada al mostrador y me marché furiosa hasta el compartimento, donde no tardó apenas en llegar él también.

Se sentó a mi lado y levantando mi falda hasta la cintura, me preguntó.

-¿No llevas bragas? -Parece que las has perdido.

Me llevé las manos a la entrepierna tapando mi desnudez, ante la risa burlona de él.

-Podrías ser un poco más agradable con el que puede ser el padre de tu próximo hijo.

Me cabreé completamente ante esa insinuación y me separé de él acercándome más a la pared.

-Vete a tu asiento y déjame tranquila.

-¿Prefieres verme de frente?

-Aquí estoy mejor, por si te apetece tocarme esto.

Dijo eso, señalando con la mano el bulto que se podía apreciar en su pantalón.

-Cabrón, me llamo Rosa y sí, me has follado, pero eso no creas que se va a volver a repetir.

-Ahora siéntate en tu sitio y me dejas en paz.

Sonriendo se llevó la mano al bolsillo y sacando las bragas me las mostró diciendo.

-¿No vas a querer que te las devuelva?, -puede que las necesites. –Solo tienes que pagar por ellas lo que yo estipule.

Sacó el teléfono y se puso a ver las imágenes, mientras me miraba de reojo para ver mi reacción.

-Estás muy buena, no me canso de verte desnuda con esa cara de puta excitada.

De pronto se inclinó sobre mí y me dio un beso en la cara, al mismo tiempo que ponía una mano encima de mi pierna. Me quedé sin poder reaccionar, momento que aprovechó para subir con la mano por mi muslo, por debajo de la falda, hasta casi llegar a mi vagina. Mi pulso aumentó de golpe y se me inyectaron los pezones de sangre, aumentando su tamaño.

Su mano siguió subiendo haciendo que yo protegiera mi vagina con mis manos y cerrara con fuerza las piernas, aprisionando su mano entre mis muslos. Notaba como acariciaba con sus dedos moviéndolos e intentando avanzar hacia mi húmeda cueva de placer. Cerré los ojos con fuerza y dejé que su mano siguiera el camino, encontrándose con las mías protegiendo mi mojado coño.

Notaba como me rozaba los labios vaginales a través de mis dedos y un calor intenso llegó hasta la punta de mis tetas. La excitación que tenía debido a sus caricias iba aumentando. A pesar de hacer poco que me había follado, ya me estaba poniendo otra vez cachonda perdida con sus caricias.

-Rosa, ¿esto es lo que te pone cachonda?, o ¿Prefieres que me coma tus tetas?

Estaba tan excitada que arqueé la espalda mordiéndome el labio inferior, mientras él no dejaba de frotar mi clítoris. Ahogaba mis gemidos por vergüenza de que me pudieran oír desde al lado.

-Serás cabrón, estoy casada y esto no está bien.

-¿Qué es lo que no está bien? -A mi me está pareciendo perfecto y a ti no parece disgustarte.

Me dejé caer hacia atrás apoyando la cabeza en el respaldo y mirándolo a él, mejor dicho a sus ojos, que me hipnotizaban.

Aumentó el ritmo de las caricias y sentí como una descarga eléctrica recorrer mi vientre para terminar en mis pezones. Lo miré intensamente tapándome la boca con las manos, para que no se escucharan mis gemidos, que a estas alturas, ya no podía evitar. Todo el cuerpo me temblaba de placer. Ese cabrón sabía lo que hacía y como dar placer a una mujer.

-Putita, tápate y ponte bien la falda, que mira quien ha entrado.

Cuando miré hacia atrás, vi a un jovencito de no más de veinte años de pie al lado de la puerta, que no habíamos tenido la precaución de cerrar con el seguro.

Todo mi cuerpo temblaba y estaba a punto de llegar al orgasmo y ni me importaba quien hubiera entrado, solo pensaba en correrme y sentir placer.

-Serás puta y zorra, te voy a enseñar a tener educación y saludar cuando tienes visita.

Vi como se quitaba la correa y sujetando mis brazos en la espalda, me los ató en una posición muy forzada.

Me había puesto boca abajo en el asiento con los brazos en la espalda y mis tetas aprisionadas con mi peso.

En esta situación aprovechó para darme unos azotes con las manos en el culo, ante la sorpresa del nuevo visitante, que nos miraba con asombro.

-Por favor, déjame, -Por favor, me estás haciendo daño.

Me imaginaba el espectáculo que estaba dando con mi culo al sire y mi coño mojado completamente expuesto a las miradas de ambos hombres. Sentía mi clítoris inflamado por la excitación y por el tratamiento recibido. Apenas balbuceaba algunas palabras.

- Por favor, ya es suficiente. Déjame, por favor….

-Por favor, suelta mis brazos, me duelen. –Ya es suficiente, haré todo lo que quieras, pero desata mis brazos.

Mis tetas aprisionadas con mi peso y esa situación tan forzada era muy complicado coordinar mis ideas. Me sentía a su completa disposición y ahora con un espectador, estaba dispuesto a dominarme para poder lucirse.

Me mantenía con la falda subida hasta mi espalda y acariciando mi culo y vagina, dedicando especial atención a mi clítoris.

Podía ver al chico de pie al lado de la puerta sin reaccionar. Vestía unos pantalones tejanos y un polo azul celeste con la típica lagartija de los niños pijos, bordada en el pecho.

-Hola, he oído gritos y por eso he venido, por si necesitaban ayuda.

El chaval parecía gilipollas. Me estaba viendo boca abajo sobre el asiento, con los brazos atados a la espalda y con el culo al aire, y no se le ocurre otra cosa que preguntar si necesito ayuda.

-No te preocupes chaval, ya ves que tengo la situación controlada. –A esta putita le va la marcha.

-Putita, ¿Verdad que te gusta que te den por el culo?

Me cogió por el pelo y levantó mi cabeza forzando que asintiera, estirando y aflojando.

-Ves, chaval como le gusta esto.

Me levantó y me hizo sentar en el otro asiento, quedando ahora mis brazos entre mi cuerpo y el respaldo del asiento, con mis pechos proyectados hacia el frente, con mis pezones duros marcados sobre la tela de la camisa.

-Esta putita estaba muy excitada y me ha pedido que por favor, la complaciera.

-Mira como no te miento.

Dijo al tiempo que sacando su teléfono le mostraba el video que había grabado, mientras yo me masturbaba.

-Quizás si me ayudas a darle placer, consigas que también te lo agradezca a ti.

-Pues la verdad es que la madurita está muy buena, y no me importaría ayudarte.

-Menudos melones tiene.

-¿Quieres verlos en todo su esplendor?

-Joderrr…., eso ni se pregunta.

-¿Puedo?, por favor, me encantaría ver semejantes pechugas libres de ropa.

Podía ver que pasado el primer momento de sorpresa, al chaval se le estaba formando un respetable bulto en los pantalones. Me subió la falda hasta la cintura, dejando mis muslos completamente al descubierto, con mi vagina depilada completamente a la vista. A continuación fue desabrochando los botones de mi camisa para dejar mis tetas completamente a la vista.

Yo tenía los ojos cerrados y la cabeza baja, mientras sentía como el chaval manoseaba mis pechos, pellizcando los pezones, como comprobando su consistencia.

-Esta putita le encanta comer pollas, ¿Verdad?

Decía el hombre mayor, mientras con una mano cogida a mi pelo me obligaba a asentir.

Ahora podía ver como se frotaba la polla por encima del pantalón, mientras mi coño destilaba gran cantidad de flujos, demostrando a los dos hombres mi estado de excitación a pesar de mis palabras de protesta.

El chaval seguía con su manoseo en mis tetas, mientras el que me tenía sujeta de la cola de caballo, acariciaba mi vagina suavemente, pellizcando de vez en cuando mi inflamado clítoris. Entre los pellizcos del chaval en mis pezones y el tormento a que sometía mi compañero de compartimento a mi clítoris, me estaban poniendo muy cachonda, lo que demostraba mi vagina no dejando de fluir jugos, que manchaban el asiendo debajo de mí.

El chaval sin dejar de acariciar mis pechos se sentó a mi derecha, siendo imitado por el hombre, sentándose también a mi izquierda. Ahora más cómodos e inclinados sobre mí, me iban besando el cuello bajando poco a poco por mi pecho hasta apoderarse cada uno de un pezón con las bocas.

Parecían puestos de acuerdo en chupar mis pezones, sin dejar el hombre de masajear mi coño. Podía sentir sus chupetones alternados por mordisquitos. Con mis manos atadas a la espalda poco podía hacer, si no era solo gemir de placer.

-Por favorrr. –Dejadme en paz. –Aaagggggg

-Me duelen los pezones. –Dejadme por favor.

-Calla, que como te oigan mis compañeros, que están en el compartimento de al lado, pueden venir y entonces vas a tener que darles teta también a ellos.

-Que ricos pezones tienes. –No me importaría que me terminaras de criar.

Con sus chupetones y caricias me estaban llevando a conseguir tener un orgasmo, que notaba como se me iba preparando, para explotar en toda su intensidad. Con mis estremecimientos, les estaba incitando a continuar con más vehemencia en sus atenciones a mis puntos sensibles. Sentía mis pezones arder y calambres de placer recorrían mi cuerpo desde el coño a mis tetas.

El mayor de los dos, me estiraba de la cola de caballo, llevando mi cabeza hacia atrás, mientras seguía chupando mi pezón izquierdo y el chaval, se había arrodillado y pasó a chupar mi coño, haciendo que me llegara el tan anunciado orgasmo, con estremecimientos y convulsiones violentas por mi parte.

Quedé desmadejada en el asiento, mientras el chaval se bajaba los pantalones y sacaba su polla de los calzoncillos delante de mí, seguidamente tirando de mi pelo, me hicieron arrodillar delante de él.

-Abre la boca putita. –Tienes que pagar al niño, las atenciones que ha tenido contigo.

-Chaval, es tu turno.

Podía ver la erecta polla del joven a un palmo de mi cara, cuando de un empujón en mi cabeza, hizo que abriera la boca y me entrara toda entera hasta la garganta. Sus huevos golpeaban en mi barbilla y empezó a meter y sacar, mientras que yo apretaba mis labios, pretendiendo que se corriera lo antes posible y terminar con eso.

-Joderrrrr tía, - que bien la chupas.

Con un gemido y temblor, terminó corriéndose en mi garganta.

Aun seguí chupando un poco antes de sacarla, para dejarla bien limpia.

-Muchas gracias putita, -ha sido la mejor mamada que recuerdo haber recibido.

Después de subirse los pantalones, abrió la puerta y se marchó muy contento, mientras yo quedaba de rodillas delante de mi compañero de viaje, que ahora me puso tendida en el asiento con mi culo justo en filo y sacando su enorme polla, la puso en la entrada de mi coño, empezando a meter y a sacar acompasadamente. Por suerte estaba tan mojada que no le costó mucho trabajo meterla hasta el fondo. Mientras podía ver pasar por la ventanilla los postes del tendido eléctrico, indicando la velocidad a que circulaba ese tren.

Me estaba follando por segunda vez, después de haberse recuperado y excitado viendo como se la chupaba al jovencito y ahora volvía con renovadas ganas a bombear en mi vagina con su enorme polla, mientras me sujetaba las tetas con las manos y las amasaba, chupando mis sensibilizados pezones.

A pesar de mi situación tan incómoda, con los brazos atados y pillados debajo de mi cuerpo, estaba disfrutando de la forma en que me estaba follando.

-Venga puta, te tienes que ganar el que te devuelva las bragas.

-Cabrón, sigue, no pares, me estás matando de placer.

-Putita, me has puesto muy cachondo viendo como chupabas la polla al jovencito ese.

-Si, por favor, fóllame, soy tu puta, muerde mis tetas, me gustaaaaa….

Podía sentir como su polla entraba y salía de mi coño, cuando intensificó la velocidad de las acometidas y pellizcando mis pezones y retorciéndolos violentamente consiguió que me corriera, sincronizando su orgasmo con el mío.

Ya pensaba que había terminado mi aventura sexual, cuando le oí decir.

-Putita, mira quienes han venido a presentarte sus respetos.

-Creo que les ha gustado tu actuación y quieren felicitarte.

Al girar mi cabeza hacia la puerta, vi a tres jovencitos mirándome con los grandes bultos en sus pantalones.

Inclinándose sobre mí, me incorporó y me desató las manos, para subirse los pantalones y ponerse la correa. A continuación cogió su maleta y salió del compartimento despidiéndose de mí.

-Bueno putita, me bajo en la próxima estación que es mi destino.

-Aun falta mucho hasta Madrid.

-Te dejo en buena compañía para que no te aburras el resto del viaje.

-Eres un cabrón. –Devuelve mis bragas y borra el video.

-Borrar los videos, ¿querrás decir?

El cabrón me mostró el teléfono donde se me veía chupando la polla al jovencito y mi cara de placer mientras me follaba.

-Qué cabrón eres… ¡¡joder!!

No pude continuar, porque cerró la puerta y me dejó casi desnuda delante de aquellos jovencitos salidos, que se relamían pensando en cómo se lo iban a pasar conmigo.

Continuará….