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Orgíassept 2023

Queremos ser tus putitas

Elena sabía que no podía resistirse. Con sus amigas a su lado y un hombre que las miraba como presas, la línea entre la amistad y la sumisión se desdibuja. Esta noche, el juego ha cambiado: ellas no buscan igualar, buscan obedecer.

gatacolorada23K vistas9.4· 10 votos

QUEREMOS SER TUS PUTITAS.

Este relato es continuación de los relatos de charlines:

Una pantera en playa y Tres panteras en la cala desierta.

ELENA.

Me desperté. Pablo dormía a mi lado. Estaba viviendo una orgía con mis dos amigas y aquel hombre que había conocido en la playa. Sin despertarle, mi mano bajó hacia mi botón del placer. Me acaricié mimosa mientras pensaba qué podía hacer.

A mis 46 años, camino de 47, lo de disfrutar de un tipo tan buen follador, en aquella casa tan linda, durante los días de relajo en los me había escapado de la rutina familiar, era una tentación. Me daba cuenta que con Pablo podía realizar todas mis fantasías de gatita viciosa. Estaban mis amigas, pero sabiendo lo zorras que eran, seguro que entraban en el juego. Mi clítoris duro ya estaba deseando recibir la orden de disparo, mi dedo índice le recorrió muy muy despacio, sentí como la corriente de la lujuria empezaba a recorrer mi cuerpo, un par de veces más y... cuando comenzó la descarga aceleré la pajita hasta el torrente me invadió. Me mordí los labios para no gritar hasta que la ola de placer se fue amortiguando.

Supe qué quería: ser la putita de una macho golfo durante unos días. Tenía que jugar mis cartas al proponerlo a mis amigas para que fueran compinches y no entrar en la pelea de las competencias, sobre todo con Ariadna.

Pablo seguía dormido, me levanté cuidadosa y fui hacia el cuarto de mis compañeras. Y me las encontré en un 69 jadeante. Las tres somos bisexuales y el saber que íbamos a darnos placer entre nosotras fue el motivo de aquel viaje donde podíamos dar rienda suelta a nuestras ansias. La entrada de Pablo había puesto una variante mucho mas divertida y perversa. Me contuve de juntarme a su juego lésbico aunque me apetecía.

¡ PLAS! ¡PLAS!

Dos azotes en el culo hizo que pararan de devorarse la concha.

- ¡Cabrona... te quedas la noche con Pablo y no nos dejas disfrutar a nosotras!- me soltó María haciéndose la enfadada.

- No...es que he pensado que podíamos ir las tres a prepararle el desayuno...y de paso haceros una propuesta.

- Me la imagino: que nos mudemos acá. Yo me apunto y os añado otras ventajas a parte de tener pija y piscina: un ahorro importante en el hotel, en las comidas, unos trescientos euritos. Y además, si convencemos a Pablo que traiga algún invitado hasta podemos sacar algo más de regalitos.

Miramos a Ariadana, era la mas joven de las tres, no llegaba a los cuarenta, yo estaba en ellos y María en unos cincuenta sabrosos. Rubia, ojos azules, alta para mí, delgada, tetas de ochenta y pocos, tiesas, con pezones rosas, duros mientras nos contaba su idea.

María le dijo haciéndose la puritana:

- ¿ Quieres que seamos unas putas?...¿ es lo que propones?

- Sí y además os apetece...que os conozco y a ese macho que espera el desayuno le va a encantar. Tener tres putitas para él….y sus amigos.

- Ari...sos mala pero el plan tiene su morbo...lo de ser putitas es perverso pero…maravilloso – añadió María- Vamos a ponernos en acción.

PABLO.

Vi como se levantaba Elena. Me ponía esa zorrita, menuda, delgada, con un par de tetas de esas que se mueven estando tiesas y con unos pezones para chupar como tetinas de biberón. Y encima golfa, viciosa, de las que quieren siempre más.

Las amigas estaban muy buenas, tenía un filón si jugaba bien mis cartas y yo las sabía jugar. Me tocaba esperar que ellas dieran el paso siguiente. Tenía la polla dura y planificar lo que iba a hacer, me le ponía más dura. No tenía 20 años y debía guardar munición, aunque las pastillas azules me ayudaban con aquellas hembras.

Me hizo el dormido cuando oí que venían al cuarto. Se acercaron a la cama y sentí el primer beso. Mimoso, de labios húmedos en la mejilla.

- Cariño...te traemos el desayuno a la cama.- me dijo Elena en un ronroneo de gata viciosa – Tus chicas que te dan los buenos y cachondos días.

Simulé que me despertaba y las miré despacio, deleitándome en lo buenas que estaban. Desnudas, las tetas con pezones erectos mostrando su excitación y sonrientes como invitación a la lujuria. Tres zorras buscando macho.

Ariadna traía una bandeja con una taza que debía ser café y unas tostadas junto a la mantequilla y un tarro de mermelada. Elena, a mi izquierda, fue la que tiró de la sabana para que quedara desnudo con la polla en alto. Fue María la que la besó como si fuera una reliquia.

- ¿ Sigo? - preguntó entregada.

Me había dado cuenta que le iba la marcha. Los azotes le excitaban, una buena sumisa que siempre me han gustado, y aquella hembra majestuosa lo era.

- Solo tomo café por la mañana pero la mermelada y la mantequilla me valen para otra cosa. ¿ Si quieren? No les voy a forzar a nada. Ahora eligen ustedes.- dije con un tono entre profesoral y de jefe, al tiempo que apoyaba la espalda en el cabecero. Les daba la opción aunque sabía la respuesta. Aquellas putitas querían y necesitaban sexo.

Se miraron entre ellas, ya habían decidido. Elena agarró la taza de café y me la llevó a la boca.

- Cariño...el café frío no está bueno...¿ qué querés que hagamos? Somos tus nenas y nos gustaría quedarnos con vos.

- María y Elena a mi vera, y Ariadna a chuparme la polla pero sin sacarme la leche.

Obedecieron de inmediato. Ariadna se colocó entre mis piernas abiertas, me agarró la verga y empezó a lamerla mimosa como una nena que disfruta de un helado. Las otras dos se pegaron a mí. Elena a la izquierda y María a la derecha. No perdí el tiempo, mis dedos buscaron sus coños depilados. Ya estaban mojadas cuando metí el índice y el corazón en sus vaginas ansiosas.

- ¿ Os gusta?

- Sí... señor- respondió María en un susurro de hembra entregada.

Saqué los dedos y le dí un azote. Gimió de placer como una buena sumisa.

- ¿ Quieres que te meta los dedos en el coño?

- Sí...mi señor.

Lo tenía empapado, metí tres dedos sin miramientos, intentando llegar al punto G, el sentirse usada le excita mas y mas.

- Cariño...yo prefiero que me toques el clítoris, y me hagas una pajita- pidió Elena, más descarada y con una sonrisa de nena viciosa.

Lo tenía duro, mis dedos estaban muy mojados así que deslizaban suaves por su botón de placer. Me vi como un sultán en su harén, pero en la cama no podía ser el macho que las iba a poner en vereda.

- Ari...para. Las tres poneros apoyadas en la cama con el culo para fuera. Creo que necesitáis pija en el coño.

Obedecieron, las tres juntas, los tres coñitos ofrecidos, se les veía mojados, esperando que les metiera la verga. Los tenía a la altura de mi capullo, así que decidí empezar. Lo hice por Ariadna, que se agarró a las sábanas cuando notó que la llenaba hasta dentro. Comenzó a gemir de placer. Miré a sus amigas, las guarras se estaban haciendo una paja. Me venía bien, quería que se corrieran y yo no. Había que enseñarlas que controlaba mi verga y a ellas.

- Más fuerte...AAAAAAHHHHH... ASIIIII...qué rico... YAAAA

La zorrita se vino entre temblores, debía estar muy cachonda porque había estallado enseguida. Fui a por Elena. Movía el culo como una perra en celo, la puse una mano en cada cintura, apoyé el cipote y se lo clavé de una estocada.

- ¡ Qué lindo!...UUUUHHHHMMM...Así durito...mi macho...dame gusto.

Jugaba a hacer el efecto pistón, adelante y atrás, para que yo sintiera como se deslizaba la polla en su vagina empapada y que apretaba para darme mas placer. La guarra sabía follar. Me contuve para no ir a soltarle la leche, el que mandaba era yo. Y sentí como lo lograba cuando soltó un:

- YAAAAAAA- mientras yo dejé de moverme y ella entró en un delante- atrás rápido hasta que paró como formula 1 en boxes.

Saqué mi arma en alto, dura, orgullosa. Elena se había levantado, me excitaban sus pezones de tetina de biberón. La miré y le ordené:

- Úntalos de mermelada.

Me sonrío divertida, y no lo dudó, metió los dedos en el dulce y se lo restregó por los pezones erectos, luego se acercó a mí y me ofreció sus tetas. Las chupé despacio disfrutando del saber de la confitura y de la dureza de aquellas pequeñas falanges. Ella volvió a gemir. Ariadna se acercó y le puso la mano en el coño.

- Tócame la concha...otra pajita mientras me come este hombretón.

María nos miraba y se masturbaba, Elena cerró los ojos dejándose llevar a una nirvana de placer. Noté su orgasmo, me apretó la cara contra sus senos. Paramos un momento antes de seguir. Fue entonces cuando Ariadna me pregunto con voz de zorra viciosa:

- ¿ Quieres que nos vengamos a tu casa? Por nosotras seguro que no hay problema. Y si tienes invitados les podemos atender.

- ¿Os gustaría quedaros aquí? Y sí, van a venir unos amigos clientes.

- QUEREMOS SER TUS PUTITAS. - dijo Elena.- Porque tres hembras para un macho son muchas hembras aunque seamos muy bi y nos demos gusto entre nosotras.

- Y si tus amigos nos quieren hacer algún regalito encantadas como scort finas – añadió Ariadna- Elena y yo vamos a buscar nuestras cosas al hotel. Nos llevamos tu coche, Elena tiene uno similar, no creo que tengas problema porque te dejamos a María de rehén.

- Las llaves están en el colgador junto a la puerta, María y yo os esperamos jugando.

- Seguro que sueltas esa leche que administras como un malvado avaro – me soltó Elena mientras me daba un beso y empezaba a vestirse.

MARIA.

Algo muy extraño me ocurría con Pablo, me sacaba algo que había soñado, pero no había hecho: ser la sumisa de un hombre. Mi marido es un cielo, guapo, buen amante pero yo deseaba que me sometieran, que tuviera que hacer cosas que me mandara un amo, un macho exigente que me castigara y no mi tierna pareja conyugal.

Nos habíamos quedado solos, estaba en sus manos, me erguí, quería que viera que estaba muy buena aunque no era una niña. Su ojos me poseían, yo estaba ansiosa, necesitaba que me ordenara, que me dijera que quería que yo, su esclava, hiciera.

- María, ¿ vas a obedecer lo que te ordene?

Su voz era tranquila, pero dominante.

- Sí, haré lo que tú me digas.

- ¿ Has tenido un amo?

- No.

- ¿ Y quieres tenerlo?

- Sí.

- Empieza por llamarme Domine, y si estamos con otras personas Dom.

- Sí, Domine.

- Ven acá y extiende las manos para que las ate.

Obedecí, estaba temblando con una mezcla de deseo y temor. Usó una corbata para atarme las manos. Y me dio una nalgada con la mano abierta. Gemí, apenas un suspiro. Sus manos sobaron mis tetas, las amasaron, parecía un gesto solo de toma de posesión, eran suyas, y podía hacer lo que quisiera con ellas y con todo mi cuerpo. Fue hasta un cajón, sacó un antifaz sencillo, de esos que usas para no ver la luz y poder dormir. Me lo puso. Estaba ciega. La sensación de indefensa me excitaba. No sabía lo que Pablo estaba haciendo. Le sentía junto a mí, estudiándome, decidiendo que hacer conmigo. Otro azote, su manaza golpeó mi culo. Volvía gemir entregada. Y me pellizcó los pezones, los apretó entre sus dedos. Me dolía, pero me ponía muy cachonda. Cuando los retiró el alivio me relajó. Estaba tensa, ansiosa, y volvió a apretarme los pezones, se me mezcló el dolor y el placer. Me notaba mojada, quería más. El no saber que vendría me ponía mas y mas.

- Eres una buena putita pero necesitas unos azotes bien dados. ¿ Te han azotado alguna vez?

- No...mi Domine – dije en un susurro de entrega.

Quedé esperando, de pié, desnuda, atada, sin ver, empapada. Y llegó el primer azote. Me debía golpear con un cinturón. Me dolió, gemí, me volvió a azotar. Yo gemía, mezcla de dolor y un extraño placer de saberme en manos de aquel macho vicioso, sin poderme defender, a su antojo.

- Veo que te gusta.

- Me duele...mi Domine.

- Pero te gusta...di la verdad.

Los azotes fueron mas fuertes, notaba mis nalgas ardiendo, me dolía pero confesé la verdad.

- Sí...me gusta...me excita...mi Domine.

- Ahora ponte a cuatro patas como una buena perra.

Obedecí, me puse en cuatro, esperando que me metiera la polla en mi coño chorreante. Pero no lo hizo. Sentí como me embadurnaba el ojete del culo con lo que pensé era la mantequilla del desayuno. Metió los dedos dentro de mí. Me iba a encular. Solo lo había hecho una vez, me dolió y mi marido respetuoso aceptó no volver a hacerlo. Pero aquel hombre, mi dueño, iba a hacer conmigo lo que quisiera. Esperé ansiosa, y noté como su cipote se posaba en mi pequeño agujero. Me dio un azote fuerte y me la metió, la mezcla de los dos dolores fue sublime. Chillé de placer. Y empezó su mete y saca llegando hasta el fondo, controlaba su carrera, quería notar como yo gritaba de dolor y gusto. Y yo lo hacía. No supe cuando duró la sodomización, pero la sacó sin correrse.

- De rodillas- me ordenó.

Obedecí, me quitó el antifaz, pude verle ante mí, con su polla, gorda, grande, dura, sucia de la manteca y mi culo.

- Ahora...lámela, límpiala, y chúpala.

Sabía que debía obedecer y hacerlo. Y me di cuenta que quería sentirme así, una putita cerda, viciosa, su zorra guarra. Y lo hice despacio, disfrutando de cumplir sus deseos. Cuando la lamí, limpié y la tomé entre mis labios, moví la cabeza para que me entrara en la boca, pensé en chupar y jugar con la lengua en su tronco, pero no me dio tiempo. Me agarró y me la metió hasta la garganta. Y me folló por la boca. Yo apretaba los labios, lo hacía rápido. Yo era un juguete para su lujuria. Y la sacó para estallar en mi rostro. Yo estaba temblando, loca de deseo, ansiaba venirme, mi amo me había llevado a un punto de locura que necesitaba estallar en un orgasmo deseado y brutal.

- Nena.. ahora te vas a poner ese coño que rezuma sobre mi cara, sin ahogarme para que pueda beberte. ¿Lo has entendido?

- Sí...mi Domine.

Y lo hice, y empezó a lamerme el chocho, a disfrutar de mis jugos más íntimos, y yo estallé una y otra vez, era un placer continuo, en que a veces parecía que no iba a poder más y podía. Y tuve algo que solo había sentido una vez, con Ariadna, una descarga de líquido íntimo, lo que llaman squirt que mi dueño se bebió.

ARIADNA.

Me sentí como una serpiente a la que despellejan cuando Elena me sacó las calzas negras que llevaba, debajo solo el hilo dental, como el que usaba también ella que se se había quitado el vestido y me besaba y sobaba pegando sus tetas a mi camiseta.

- Anda...vamos a quitarnos todo y disfrutar que tampoco tenemos mucho tiempo.

Y se bajó la tanga y tiró de la mía mientras yo me sacaba la camiseta. Y nos lanzamos una sobre la otra a gozarnos. Habíamos recogido la ropa de las tres en las maletas mientras nos preparaban la cuenta, y estábamos solas en la habitación del hotel que no habíamos usado, pues nos atrapó Pablo en su casa.

- ¿Antes con el macho no te has corrido? Te lo he notado. Has montado un show a lo Meg Ryan.

- Sí...lo hago muchas veces...pero tú te has ido y vuelves a estar dispuesta...como una loba en celo.

- Sabes esa canción de Sabina: una mujer de lágrima fácil, yo soy de orgasmos fáciles.

Se rió mientras me devoraba la boca y me tocaba toda, debo reconocer que yo no le iba a al zaga.

- ¿ Te han empuñado? - me preguntó mordiéndome los labios.

- Sí. Y ¿a ti?

- Casi nunca...mi novia no lo sabe hacer....¿Nos los hacemos?

Y lo hicimos, la una a la otra a la vez, no sabía que podía ser tan fuerte, sentir toda su mano dentro mientras me comía el clítoris y yo hacer lo mismo inundándome de su feminidad me volvió loca y me hizo estallar mientras la devoraba y bebía. Todo duró muy poco tiempo, fue salvaje, brutal, intenso pero corto.

- Si dura más me da algo- me susurró mientras me besaba mimosa en los labios.

ELENA.

Volvimos a casa de Pablo hechas dos cómplices, sabiendo que eras dos nenas complementarias, viciosas y juguetonas. Habíamos quedado en montar shows, como dos perras celosas para deleite de nuestro anfitrión y que si había regalitos la parte del león, mejor de la leona era para Ariadna que era divorciada y con un hijo y necesitaba mas la pasta que María o yo, con maridos con posibles, aunque yo quería cobrar algo para sentirme una puta.

Iba contenta, me daba cuenta que iba a disfrutar de unos días de vicio y lujuria.

Pablo nos besó al llegar, yo me restregué contra él para que notara mis tetas elásticas con los pezones duros.

- Mi macho...mi cabroncete...ya sabes que queremos ser tus putitas.