Xtories

Vacaciones 8

Julia creía que sus vacaciones serían un escape tranquilo, pero el hotel esconde secretos mucho más húmedos. Al despertar, descubre que no está sola y que su inocencia acaba de ser la moneda de cambio para una noche que cambiará todo.

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Despertó realmente cansada. Se encontraba desnuda en la cama de la habitación del hotel. No recordaba cómo había llegado allí, pero si recordaba todo lo sucedido hasta que acabo de limpiarles la polla a los dos maduros y la atractiva transexual y se echo sobre el sofá cama cayendo en un profundo sueño.

Hasta su olfato llego el olor a sudor y semen reseco. El sabor de la boca era realmente asqueroso. Se incorporó y sintió agujetas por todas partes. Estuvo un rato sentada en la cama. Cogió el reloj de pulsera de la mesita y lanzó un taco al ver que eran las siete de la tarde. ¿Cuántas horas había dormido?

Se levantó y abrió las cortinas. El atardecer ya empezaba a mostrarse en el firmamento. No le importó mostrarse desnuda a la calle, estaba en un cuarto piso, donde cualquiera que levantara la vista podría verla de cuerpo entero tras el ventanal acristalado, o cualquier vecino del hotel que saliera a su balcón o a través de un ventanal como el que se encontraba ella.

Entreabrió el ventanal, para que entrara un poco de aire y se rascó el cachete del culo y el muslo derecho dirigiéndose al lavabo

Les costaba un poco andar. Sentía el coño entumecido y el dolor del culo era tenue, pero estaba ahí.

Sonriendo, recordando la noche anterior se sentó en la taza del wáter y dejó caer una larga meada. No se limpió al levantarse, abrió el grifo del agua fría de la ducha y se tomo una pastilla del día después del neceser con agua.

Se deshizo la coleta, cayendo su melena sobre sus menudos pechos. Se apoyó en el mármol del lavabo y se miró al enorme espejo que le devolvía su cuerpo. Vio a una chica totalmente diferente de la que había llegado a la isla. No sentía remordimientos de lo que le había ocurrido hasta entonces. En pocos días, en pocas horas desde que había aterrizado, se había convertido en una persona que no sabía que existía dentro de ella.

Su mano derecha apartó el mechón de pelo de su pecho derecho y se lo rozó con las yemas, excitándolo hasta que estuvo duro pensando en las pollas de los maduros que la habían usado, el sexo con la chica de la playa, la polla del transexual que la había dominado. Lo cogió entre sus uñas y se lo apretó retorciéndose de dolor y notando cómo su sexo se mojaba al instante. ¿En qué se estaba convirtiendo?

Entrecruzó las piernas y se obligo a relajarse. Sentía la piel de gallina y sus piernas temblaban de la excitación. Se metió en la ducha, bajo el agua fría y apoyó las manos en las baldosas de la pared dejando que el agua cayera sobre ella.

Abrió los ojos alarmada cuando sintió un ruido tras ella. Casi resbaló cuando se giró rápidamente y se encontró con la mirada inocente y traviesa de Irene y la perversa y morbosa de la madura Claudia, ambas en el umbral de la puerta del lavabo.

La mano de Claudia abrazaba el estrecho talle de la joven.

- ¡Joder que susto me habéis dado, coño! – exclamó Júlia recuperándose del susto. - ¿Cómo habéis entrado?

- ¿Acaso no recuerdas que llevo la contabilidad del hotel? – le dijo Claudia sonriendo y enseñándole una tarjeta maestra en la mano libre – Tengo algunas ventajas con eso.

Irene sonrió y empezó a desabrocharse los botones del vestido corto que llevaba, dejándolo caer al suelo y quedándose con un conjunto de lencería que quitaba el hipo. Un sujetador transparente color crema que mostraba sus pezones empitonados y aguantaba la gravedad de sus pechitos y un tanga del mismo color abierto y que dejaba al descubierto su bollito jugoso y depilado. Se quitó las sandalias y se fundió en un beso guarro con la madura que la cogió del moño, deshaciéndoselo y removiendo su pelo apretando aún más ambas bocas.

Júlia, bajo el agua, veía la escena estupefacta, hasta que vio como Claudia le decía algo al oído a la joven adolescente y le soltaba el cierre del sujetador dejándolo caer al suelo y le daba un cachete en el culo empujándola suavemente hacia la ducha.

Irene se quitó el tanga sin dejar de mirarla mientras la madura se subía la falda y se sentaba en el wáter llevándose la mano a una braga semitransparente, apartando la tela y mostrando un coño depilado, de gruesos y salidos labios que apartó con dos dedos, empezando a masturbarse.

Irene entró en la ducha y cogió con ambas manos la cara de Júlia y le dio un beso dulce y casto, apenas rozándose los labios.

- Me ha dicho mi padre que ayer te lo pasaste teta con los degenerados de sus amigos y Cris. ¿Menuda sorpresa llevaba incorporada eh? – le dijo entre risas

Júlia rio asintiendo y sintió las manos de la joven repasando su piel.

- ¿Estas preparada para satisfacernos hoy a nosotras? Después cenaras con mi padre, que tiene ganas de pasar unos días contigo. Estaba ocupado con sus negocios y no ha podido estar contigo.

A pesar del agua fría, ahora ya atemperada a su cuerpo, sintió palpitar su coño y un Sí surgió de sus labios, atrapados por los de Irene y fundiéndose en un largo beso en el que se entremezclaron sus lenguas mientras sus manos recorrían sus cuerpos.

La traviesa Irene se entretuvo con su lengua y sus dientes en los pechos y pezones de Júlia y fue bajando por su barriga hasta ponerse de rodillas y llegar a su sexo. Abrió las piernas para facilitarle el trabajo y se miraron a los ojos mientras un lengüetazo recorría su raja provocándole un escalofrío eléctrico que la recorrió entera.

Irene empezó a juguetear con su raja, sus labios, el interior de su cueva, buscando su clítoris y Júlia se dejó llevar por el momento, llevando sus manos a la cabeza mojada de su torturadora mientras miraba a Claudia que movía sus dedos frenéticamente en su coño, con la camiseta subida y la copa del sujetador bajada desbordando un pecho de pezón oscuro y grande que se masajeaba y pellizcaba a partes iguales.

Se recostó en la pared de la ducha, levantando la pierna y apoyándola en el hombro de la joven que ahora alternaba sus dedos con su endiablada lengua, provocándole un orgasmo que sintió mientras empujaba su cabeza contra su sexo.

- Menuda puta estas hecha – exclamó Claudia levantándose y acercándose a ellas. Sus dedos pringosos fueron a la boca de Júlia, bajo la atenta mirada de Irene y los chupó mirándose fijamente a los ojos.

- ¿Ves, putita? – le dijo a Irene ayudándole a levantarse y sobando su culito. Otra como tu que le da igual un coño que una polla para disfrutar.

Cogió las dos cabezas y las acercó a la suya, salpicándose de agua y sacando la lengua para besarse en un beso a tres.

- Salid del agua y venid a la cama que continuaremos jugando putitas.

Salió del lavabo bajo la atenta mirada de las dos jóvenes, que observaban como se quitaba la camiseta y deslizaba su falda al suelo quedándose en sujetador y braga tanga dirección a la cama de la habitación.

Cuando salieron cogidas de la mano, Claudia, estirada en la cama con sus pechos desbordándose a ambos lados, tiraba con el pie al aire el tanga, mostrando su coño depilado y decorado con dos aritos en cada labio.

- Me han dicho que eres una zorra de mucho cuidado – Se rozó los labios vaginales con los dedos y se abrió de piernas alzándolas y apoyándolas en la cama - ¿Por qué no vienes a comerte esto? Y tú – dijo dirigiéndose a Irene – ponte encima de mí que voy a comerte el coñito.

Se acercaron aún cogidas de la mano, húmedas por la ducha y vio como la hija de su macho subía a la cama y a cuatro patas gateaba hasta colocarse encima de la cara de la madura y bajo hasta que la lengua empezó a jugar con el coño de la adolescente.

Subió también a la cama y se arrodilló frente a la raja de Claudia, húmedo, de olor fuerte pero excitante y acercó su lengua recorriéndolo de arriba abajo varias veces mientras sentía como se humedecía.

Estuvieron rato dándose placer unas a otras, corriéndose primero Irene entre grititos de placer y luego Claudia aplastando la cabeza de Júlia entre sus muslos dejándole la cara toda mojada de sus jugos que se apresuró en tragar.

Agotadas, se echaron unas al lado de las otras, cogiendo Claudia las cabezas de las dos muchachas y llevándoselas una cada pezón mientras cerraba los ojos

- ¡Vamos niñas, chupad!

Llevaban veinte minutos en los que sólo se oían los chupeteos de Irene y Júlia cuando el móvil de Claudia recibió un mensaje. Las apartó y se recostó, levantándose desnuda, mostrando su escultural cuerpo, cogiendo el móvil y leyendo el WhatsApp recibido.

- Niña, tu padre pregunta por la putita – dijo mientras escribía rápidamente la contestación y se encerraba en el lavabo. Al rato oyeron el correr del agua de la ducha.

Irene sonrió buscando los pechos de Júlia y lamiéndolos.

- Ya veras que bien te lo pasaras con él. Le gustan las zorras como tú y cumples con todas sus expectativas. Sólo déjate llevar como hasta ahora y tendrás ganas de volver a la isla antes de que el avión aterrice en tu ciudad jajajajajaja

Júlia rio la ocurrencia de la adolescente y soltó un gemido.

- Tú también…. Digo con él… bueno ya sabes

- Está divorciado de mi madre, y sí, y me gusta. Él es mi mundo, aunque ya ves que me va más la marcha que me da Claudia – Sus labios succionaban los pezones de Júlia

- ¿Y con los maduritos de ayer? ¿Y Cris? – Su mano acariciaba la cabeza de Irene

- Jajajajaja, Menuda sorpresa ¿eh? El local es de los hermanos Duran, pero es la polla de Cris la que manda sobre ellos, y Julio no es más que un viejo verde salido que da mucho juego a putitas como nosotras.

- ¿Y hay más sorpresas? Porque llevo pocos días y no he parado desde entonces – Rio Júlia

- Ya te lo he dicho, déjate llevar y serán las vacaciones mas guarras y excitantes que hayas tenido en tu vida.

Claudia salió con una toalla enrollada sobre los pechos hasta medio muslo y la dejo caer al suelo empezando a vestirse.

- Irene, en el armario esta el vestidito para ella. Tú y yo nos vamos a cenar y a guarrear por ahí. Cuando estes vestida baja al bar del hotel y espera a que llegue Carlos, y pórtate como lo que eres – le dijo mientras se abrochaba el sujetador.

Júlia asintió sonriendo, feliz de volver a ver a su macho y pensar en lo que tendría deparado para ella, viendo a la madura abrochándose el sujetador, con las piernas entreabiertas y mirándola con cara de vicio. ¿Es que no tenía ningún límite?

Irene se levantó y se vistió deprisa, sacando una funda de color negro y una caja de zapatos y los dejó en la cama, lanzándole un beso y un guiño.

- Ve a ducharte y prepárate. Nosotras nos vamos. Hasta luego.

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