Un cumpleaños celebrado en compañía de un amigo
El marido duerme profundamente, pero la tensión en el salón es insoportable. Rosa sabe que está haciendo algo prohibido, pero el deseo por Jaime es más fuerte que su prudencia. Esta noche, la infidelidad no tiene límites ni excusas.
Un cumpleaños para recordar IV
Este relato lo dedico a mi amigo Jaime para que sepa lo que yo pude sentir, continuando a los relatos que me mandó, después de su visita a Barcelona.
Mi marido estaba tan bebido que se quedó completamente dormido, nada más caer en la cama, mientras Jaime y yo nos quedamos mirándonos. Jaime a mis pechos y yo al bulto tan grande que mostraba en sus pantalones, no cabía la menor duda de que estaba muy excitado.
Sin perder tiempo, bajamos hasta el salón cogidos de la mano como dos jovencitos que pensaban en hacer el amor por primera vez y completamente ilusionados. Me dolían los pezones de duros que se me habían puesto, ante la expectativa de volver a ser follada por Jaime.
Con mi mirada le estaba incitando a que me besara, pero él no tenía ojos nada más que para mirar mis insinuantes pezones marcándose sobre mi vestido. Sentía como se iban empapando mis bragas debido a la excitación que me embargaba.
Cuando por fin se decidió a abrazarme terminamos tendidos en el sofá y besándonos intensamente en la boca. Notaba su excitación sobre mis muslos, mientras no paraba de recorrer mi cuerpo con sus manos, amasando mis pechos por encima del vestido y frotando mi vagina con mis empapadas bragas de por medio.
Su mano derecha tiró de mi vestido hacia el centro de mis pechos, intentando liberar mis tetas. Lo tuve que detener a mitad del intento y volver a colocar bien mis pechos dentro de la prenda.
-Rosa, ¿Qué te pasa? -¿No quieres que vea tus lindos pechos sin impedimento alguno?
-Noto por la humedad de tus bragas que estás tan excitada como yo.
-Rosa, tienes unos pechos preciosos y estaría encantado en poder besarlos sin impedimentos.
-He podido acariciar tus duros pezones e incluso hace unos instantes he podido apreciar lo rica que está tu leche.
-¿Qué secreto escondes? –Porque no me lo has querido decir.
- Jaime, cómo no desconoces, hace dos años que tuve a mi hijo.
- Si eso no es un secreto para nadie y no es motivo para que ocultes tus lindas tetas.
-Jaime, espera, que te llevo al hotel, porque no estás en condiciones de conducir.
-Rosa, he bebido pero no me hace efecto y estoy bien.
-No, no estás bien ni tampoco esto que hacemos.
-¿Qué no está bien, cuando hace un momento me has dejado mamar tus tetas?
-Es distinto, hace un momento estaba mi marido delante y ahora lo hacemos a su espalda.
-No me vengas con tonterías, sabes que lo deseas igual que yo y tus bragas empapadas lo demuestran.
-No puedo hacer nada aquí por la preocupación de que se pueda despertar mi marido.
–Mejor te llevo al hotel ahora y mañana vuelves, cuando se haya marchado mi marido.
-Rosa, ¿de verdad crees que puedo esperar viendo en el estado de excitación en que me tienes?
-Jaime, a mí también me tienes muy excitada y no tienes nada más que ver como se me ha empapado el vestido con la leche de mis pechos.
-A pesar de que mi hijo tiene más de dos años, le sigo dando el pecho y aún me corro cuando me chupa los pezones.
-He de darle de mamar en privado, para evitar que con mis gemidos descubra nadie el placer que siento.
Casi no me dio tiempo a terminar con mi explicación, cuando Jaime me abrazó y depositó un beso en mis labios, mientras me acariciaba el culo con las dos manos.
Notaba su dura polla apretada sobre mi pubis, mientras me besaba en la boca con pasión. Su lengua jugueteaba con la mía e incluso me daba mordiscos en ella.
Toda mi entereza se derrumbó de golpe y pudo más mi excitación que mi prudencia. Ya no encontré excusa alguna para evitar tener sexo completo con él.
La parte de arriba del vestido se había desplazado hacia el canalillo, dejando las tetas asomando por los costados. Ahora era yo quien le desabroché la camisa y el pantalón.
En un momento, sus zapatos pantalón y camisa volaban hacia una silla, donde quedaron de milagro sin caer al suelo. Ahora podía admirar de nuevo la inmensa polla de Jaime a través de los calzoncillos, marcando paquete.
Sin separarnos nos fuimos acercando hasta el sofá que preside el salón comedor. Su boca no dejaba de recorrer mi cuello, besando y lamiendo, mientras sus manos recorrían mi cuerpo, acariciando desde mi culo hasta mis tetas, entreteniéndose en pellizcar delicadamente mis pezones y frotar mi vagina y clítoris.
Me encontraba disfrutando de sus caricias y besos, cuando me dejó caer sentada en el sofá. Su polla quedó a la altura de mis ojos, solo cubierta por sus calzoncillos, que no dudé ni un instante en bajarlos, consiguiendo que su polla saltase hacia arriba como un resorte, al quedar libre. Así vista de cerca, parecía incluso más grande de lo que recordaba haberla visto antes.
-Rosa, acabas de darme la mayor alegría de mi vida.
-Como sabes mi mujer y yo no hemos tenido hijos y mi mayor pasión siempre ha sido el poder mamar de una mujer.
-Estaría encantado en volver a mamar de tus tetas, mientras te hago gemir de placer follándote.
Terminé de quitarle los calzoncillos, cogiendo su polla, que estaba dura como el mango de un martillo y la fui frotando suavemente.
Estaba deseando que me chupara las tetas. Le hice sentarse a mi lado y me senté encima de él, bajándome las bragas, guié su polla hasta la entrada de mi coño, dejándome caer poco a poco y hacer desaparecer toda esa barra de carne caliente dentro de mí.
Sentada encima de su polla la iba cabalgando, mientras mis pechos asomaban por los laterales de mi vestido, quedando delante de su cara, y aprisionados por sus manos que me los amasaba y ponía mis pezones muy duros.
-Jaime, me da mucho corte que veas mis pezones exageradamente grandes por el tiempo que hace que doy de mamar.
-Sé que son muy oscuros y quizás esperas unos pezones sonrosados, como los que quizás tenga tu mujer.
-No te preocupes, ya pude apreciar como son, cuando tuve el privilegio de mamártelos y me encantan al igual que el sabor de tu rica leche.
-Son oscuritos, ya lo pude apreciar la primera vez que te los vi, con solo el sujetador blanco, que dejaba poco para la imaginación.
-Por favor, dame el placer de poderlos mamar sin límite de tiempo y degustar tu rica leche sin limitaciones.
Yo también estaba deseando que me los chupara, y llevando mis manos hasta las tetas, se los ofrecí para que mamara mis pezones, sin dejar de moverme, con su dura polla metida hasta el fondo de mi coño..
-Está bien, puedes disfrutar con mis pechos.
-Cuidado que los tengo muy sensibles y me duelen.
Me dejé caer acercando mis tetas a su cara, no tardando nada en apoderarse de mis pezones con su boca ávida de leche. Notaba como chupaba y succionaba, extrayendo mi leche a pequeños chorritos, pasando de un pezón al otro, pudiendo ver como seguía saliendo leche de mi pezón libre, para manchar su cara.
Me estaba volviendo loca de placer con sus chupetones extrayendo leche y su polla que parecía crecer dentro de mi vagina, llenándome por completo.
Mi marido tiene un pene normal, por lo que la descomunal polla de Jaime, me hacía sentir sensaciones jamás experimentadas, dilatando mi vagina al máximo.
Perdí la noción del tiempo que estuvo mamando mis tetas y podía apreciar como mis pezones iban adquiriendo un color rojo cereza, debido a la intensidad de sus chupetones.
Me daba igual que me dolieran, porque estaba teniendo un orgasmo tras otro y aún seguía Jaime con la polla bombeando mi vagina y alimentándose de mis pechos.
Estaba agotada cuando me levantó y me puso apoyada bocabajo, colocándose él detrás, era increíble su capacidad para aguantar sin correrse.
Me frotó la entrada de la vagina con su polla, restregando sobre mis clítoris y consiguiendo que me volviera a correr.
-Cabrón, métela ya de una vez, que me estas matando de placer.
Casi no me salían las palabras entre mis gemidos, cuando me la metió de nuevo hasta el fondo, notando como sus muslos golpeaban sobre mi culo en cada embestida.
Se sujetó a mis tetas, apretando mis doloridos pezones, ordeñando al mismo ritmo de sus envites en mi coño. Podía sentir como un vacío cuando la sacaba y luego la volvía a meter una y otra vez haciendo que yo empujara con mis caderas siguiendo el ritmo que él marcaba apretando mis pechos.
Podía sentir como con su excitación me mordía suavemente en los hombros y recorría con su lengua mi cuello y espalda. Ya estaba viviendo un orgasmo continuo, por no diferenciar cuando terminaba uno y empezaba el siguiente. Mi vagina era una fuente de flujos que me corrían por las piernas abajo.
El cabrón seguía sin correrse mientras que a mí me tenía completamente agotada. Me dio de nuevo la vuelta poniéndome boca arriba y con mis piernas en sus hombros volvió de nuevo a bombear en mi coño mientras me empezó a frotar con una mano mi duro clítoris. Mis gemidos se estaban convirtiendo en pequeños gritos mientras que de mis pechos no dejaba de salir leche.
-Me vas a matar cabrón. –Quiero que te corras de una vez.
Se echó sobre mí y mamando mis tetas, acabó corriéndose dentro de mi encharcada vagina. Unos estremecimientos de placer por mi parte, demostraban la llegada de un nuevo orgasmo junto con el que tuvo él.
-Jaime, me has hecho disfrutar como nunca lo había hecho.
-Te voy a echar a faltar cuando marches a Madrid, pero espero que vengas seguido para poder darte mis tetas a mamar.
-Intentaré venir más seguido para disfrutar de tu exquisita leche.
-Llevaré otras bragas de recambio, porque me haces llegar al orgasmo con solo mamar mis pechos.
Estaba ensimismada sujetando su polla entre mis manos, no encontraba el momento de dejar de acariciar esa maravilla de la naturaleza.
Después de tomarnos un respiro, volvimos a hacer el amor durante mucho rato más, hasta que conseguí que volviera a correrse y que su polla perdiera la rigidez, que no fue nada fácil, quedando los dos sin leche en tetas y polla, pero con el coño y el estomago lleno.
Mis pezones quedaron rojos y su polla flácida, además de que mi coño rebosaba de flujos mezclados con semen.
Esa noche, tuvo que quedarse a dormir en la habitación de los invitados, ya que ni él ni yo estábamos para conducir y poder llevarlo a su hotel.
Al día siguiente domingo, mi marido salía para Alemania con el pedido del coche de Jaime y otros, para hacer los trámites y traerlos.
Seguro que con mi marido fuera y mi hijo con sus abuelos, sería un día memorable, a pesar de tener todo el cuerpo dolorido.
Continuará…….
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