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Conociendo a mi nuevo vecino

El timbre rompe su soledad excitada, pero no es quien esperaba. Al abrir la puerta, descubre que el vecino acaba de comprar la casa de al lado y, con una mirada que la desnuda, le cambia la vida. Esta vez, no hay excusas para irse sola.

Ladyrosa23K vistas9.4· 7 votos

Conociendo a mi nuevo vecino

Tras unos días muy ocupados, estaba atacada de los nervios esperando a dos amigos de mi marido. Me había dicho que me portara muy bien con ellos, pues tenía pendiente un negocio y era primordial tenerlos contentos.

Para ir pasando el tiempo me conecté a Internet con el portátil, entrando en varias páginas, acabando en una página porno muy caliente. Estaba muy excitada tocándome y acariciando mis pezones por debajo del sujetador, cuando de pronto oí el timbre de la puerta del patio.

Abrí el portero automático pensando que serian los amigos de mi marido, encontrándome con la sorpresa de que era un señor que aparentaba unos cuarenta años. Su cara me causó muy buena impresión, quizás debido a lo excitada que estaba. Su pelo peinado hacia atrás mostraba algunas canas, que le daban un toque señorial.

Mi mirada se dirigió sin poder evitarlo hacia su entrepierna, donde mostraba un bulto más que explicito, de que guardaba una buena herramienta o que se había metido algo muy voluminoso en la bragueta.

Debió darse cuenta de los bultitos que mis pezones marcaban sobre mi vestido, que se me habían formado por mi estado de excitación.

-Hola, Usted debe ser la que tiene la casa en venta.

-¿Qué casa? Creo que se equivoca, porque yo no tengo pensado en vender la casa.

Debido a la sorpresa mis palabras me salieron entrecortadas y me notaba completamente turbada por su presencia.

- Perdone. Me llamo Daniel y creo que me he equivocado. La casa en venta debe ser la de al lado. Esta no es el número ocho, o sí.

-No, esta finca es el número 6. – La que usted busca debe ser la de al lado. – La que tiene la fachada en color blanco. -¿Tiene pensado comprarla?

-Sí, siempre que lleguemos a un acuerdo, pero perdone si la he interrumpido en algo. Quizás volvamos a vernos.

Con un saludo de la mano, se dio la vuelta y salió de nuevo a la calle para dirigirse hacia la casa de al lado. No perdí de vista su trasero, para una vez dentro de casa, continuar con lo que había dejado a medias, con el pensamiento puesto en el bulto de su pantalón.

Desde que lo vi por primera vez, no hacía otra cosa que pensar en él, incluso cuando hacía el amor con mi marido, mi pensamiento estaba puesto en él y era como si quien me estaba follando fuera mi nuevo vecino.

Al cabo de una semana, ya no podía más y decidí hacer un bizcocho de licor, poniendo mucho licor. Puse una ración en un tápet y salí a la calle para llevárselo y que la probara. Me recibió en bata de estar por casa y me invitó a pasar. La verdad es que estaba deseando entrar y poder estar a solas con él, pero le dije que tenía cosas que hacer y no podía. Me había dejado la puerta de casa abierta y no podía entretenerme.

Volví toda acalorada hasta mi casa, con su imagen en bata, mostrando por la abertura de la prenda, su fuerte y peludo pecho. Ni que decir tiene que no me lo podía quitar de la cabeza.

Después de comer, sentí el timbre de la calle y pensé que sería propaganda por lo que no abrí, pero las llamadas iban insistiendo, por lo que airada abrí y salí tal y como estaba, nada más que con un camisón casi trasparente, esperando encontrar a un pesado con folletos de propaganda o intentando vender algo a domicilio. Mi intención era mandarlo a paseo y echarme una siesta.

Al abrir la puerta de la casa, lo encontré, con el recipiente en la mano.

-Hola, te traigo el tápet. –La verdad es que estaba muy rico, el bizcocho.

No podía reaccionar, por la sorpresa y me imagino que él tampoco al verme casi sin ropa.

Cogí el plástico y me lo puse cubriendo mis pezones que se trasparentaban a través de la tela, al tenerlos muy oscuritos y hacer contraste con el blanco de la piel de mis pechos.

-Muchas gracias. –Si se te apetece más, me queda un poco. -Un momento que te traigo más.

-No se moleste señora, -No deseaba molestarla. –Solo deseaba traerle su envase.

-No lo necesitaba, ni me molesta. –Puede pasar y le pongo un trozo con un café.

Lo hice pasar y se sentó en el sofá, mientras yo me dirigí hasta la cocina para preparar el café y cortar un trozo de bizcocho. Mientras, íbamos hablando de cosas sin importancia, cómo cuanto hacía que estaba casada y cuántos hijos tenía. Me dijo que tenía cincuenta años y que estaba separado, que su mujer se había quedado con el piso y él se había visto obligado a comprar otra vivienda.

No tenía hijos. Aunque le gustaban los niños, por eso cuando le indiqué que yo tenía dos, sonrió encantado.

Le dije que los días de fiesta, les gustaba ir a casa de los abuelos y por eso no los había pillado conmigo.

-No aparentas el haber tenido dos hijos, te conservas muy bien.

-No me quieras engañar. –Se me nota que ya no soy una niña y desde que nació el primero, mis pechos crecieron una barbaridad.

-No has apartado la vista de mis pechos ni de mi trasero, en todo el rato que hace que estoy en la cocina.

-Discúlpame, pero no era mi intención….

-¿No era tu intención sobre qué?

-¿Porque no dejas de darle vueltas al asunto y me preguntas lo que de verdad te gustaría preguntar?

-No sé cómo preguntar si tus pechos son operados o son naturales. –Se ven tan grandes que inducen a pensar que puedan ser operados.

-Puedes estar tranquilo, porque son naturales.

-Ya cuando tenía doce años y aún iba al colegio, una profesora aconsejó a mi madre, que me pusiera sujetadores.

-Con trece años se me quedaban pequeños los sujetadores de mi madre, era la admiración de los jóvenes de mi edad y la envidia de mis compañeras de colegio.

-Si deseas saber más de mi, solo tienes que preguntar.

-Muy bien. –Seré más directo y espero no te ofendas si te pregunto, -¿Cuándo tuviste la primera experiencia sexual y con quién?

Me dejó sin palabras con esa pregunta tan directa. Cuando pude reaccionar le contesté con un ligero calor en las mejillas.

-La primera relación sexual seria, fue con trece años y con mi profesor de matemáticas. –Ya anteriormente había tenido caricias sin importancia con compañeros del colegio, pero con el profesor, fue con quien realmente supe lo que era chupar una polla y me enseñó a hacerlo magistralmente, mientras él me acariciaba las tetas.

-Realmente, ¿Cuándo y con quien perdiste la virginidad?

-Cielo, vas a hacer que me sonroje mucho más de lo que ya estoy.

-Rosa, si no quieres, no tienes porque contestar. –Solo es curiosidad, porque con lo guapa que eres, deberías tener a los hombres comiendo en tu mano.

-Daniel, ¿Creo recordar que es así como te llamas?

Ante el asentimiento de él con la cabeza, continué con mi comentario.

-Aun no había cumplido los quince años, cuando el hermano de una amiga, me subió a su dormitorio con la excusa de enseñarme unas revistas de comics y terminamos en su cama, follando.

-Recuerdo eso como la primera vez que me sentí realmente mujer y supe lo que era tener un orgasmo múltiple. –Después de la primera penetración algo dolorosa, supe lo que era sentir placer siendo realmente follada.

Nuestra conversación continuaba ahora sentados ambos en el sofá y él degustando un trozo de bizcocho con un café humeante recién hecho.

-¿Con cuántos hombres has follado desde tu primera experiencia?

Ahora sí que me subieron los colores al rostro. Completamente roja, no podía articular palabra.

¿Por quién me estaba tomando? Es cierto que suelo excitarme con mucha facilidad y ahora lo demostraban mis pezones completamente duros apretados sobre la tela del camisón, además de mi encharcado coño, pero me avergonzaba de que se diera cuenta.

-Cielo, he tenido varios novios, pero únicamente me acuesto con quien realmente estoy enamorada.

-Rosa, sin darle vueltas al asunto. ¿Qué sientes ahora mismo conmigo?

-No me mientas, porque tu cuerpo te está delatando y lo mismo que yo no aguanto ya las ganas de follarte, creo notar que tú estás deseando que te estreche entre mis brazos y te coma a besos.

-Rosa, desde la primera vez que te vi en el dintel de tu puerta, con esas tetas intentando salir de tu vestido, no he podido dormir pensando en ti y me he masturbado infinidad de veces pensando en ti.

-Ahora que te tengo a mi lado, sintiendo además el dulce aroma de tu cuerpo, no puedo evitar estar completamente excitado.

De esto no cabía la menor duda, ya que su polla estaba a punto de hacer saltar la cremallera del pantalón y yo no me atrevía a moverme, para que no goteara mi coño, de mojada que estaba.

Ya no pude aguantar más y me senté encima de él abrazándolo y besando su boca con pasión. Sentía el bulto de su polla mientras me sujetaba la cabeza y nos besábamos intensamente, culebreando nuestras lenguas y aprisionándolas con los dientes mordisqueando también los labios.

Me frotaba con su polla haciendo que gimiera, mientras le abría la camisa, haciendo que se la quitara y lanzara por encima del respaldo. Él pasó de tener las manos sujetando mi cabeza a abrir mi camisón por delante de un tirón, sintiendo como la fina tela se rasgaba y como quedaban libres mis pechos, para abrazarme y apretarlos sobre su peludo dorso.

De mi boca, fue bajando por mi barbilla, cuello y al final llegar hasta mis pechos, que empezó a chupar intensamente.

De un tirón, terminó de quitarme los jirones en que había quedado mi camisón, mandándolo directamente a hacer compañía a su camisa.

Me tumbó boca arriba en el sofá con las piernas completamente abiertas y mi depilado coño solo protegido por las empapadas bragas. Le hice señas con el dedo para que se acercara más a mí y cuando acercó sus manos a mis bragas para quitarlas, lo paré cerrando las piernas.

-Me gusta, que me comas como un helado. Empieza lamiendo por arriba y cuando veas que me derrito, puedes chupar por abajo.

De nuevo se abrazó a mí y me fue besando los labios para bajar poco a poco hasta mis pezones, donde chupó y los apretó hasta conseguir sacar unos chorritos de leche.

Le puse las manos en la frente y lo separé de mis tetas.

-Cielo, no seas tan brusco, que tengo los pezones muy sensibles y me duelen. -En lugar de mamar como un cochinillo hambriento, has de hacerlo despacio. No tengas prisa y hazme gozar mucho rato.

Ahora sí que estaba mamando bien mis pechos, alternando de uno al otro. Me estaba haciendo gemir y estremecerme cada vez que apretaba con sus labios succionando y haciendo que mis pezones se estiraran como si fueran de goma.

Ahora sí que dejé que cogiera mis bragas por la goma de la cintura y me las bajara hasta los tobillos, quitándolas del todo y hacer que hicieran compañía a los restos del camisón.

Su boca se apoderó ahora de mi vagina haciendo que calambres recorrieran mi cuerpo desde la vagina hasta la punta de mis tetas. Sentía como si mis pezones fueran a estallar de duros que los tenía y podía ver como salían chorros de leche de ellos como dos géiseres blancos.

No tardé en llegar a un fuerte orgasmo llenando su boca con mis flujos.

-Hostias, me has pillado por sorpresa y me has sorprendido con tu corrida en mi boca.

-Cielo, me has dado mucho gusto, ahora me toca a mí, vas a gritar de placer.

Le desabroché la correa y los pantalones, bajando estos junto con los calzoncillos, y después de escupir en mis manos, le sujeté la polla, empezando lentamente a hacerle una paja.

No tardé en meterla en la boca, para empezar a chupar, apretando con los labios, recorrer toda su longitud y golpear el prepucio con la lengua. Al mismo tiempo lo masturbaba con mis manos.

Podía notar cómo le temblaban las piernas y se retorcía como un pez fuera del agua. No conseguí que gritara, pero sí lanzó un largo gemido, mientras llenaba de semen mi boca.

Se había corrido enseguida sin tener la oportunidad de poder follármelo, pero no desistí de conseguirlo, para lo que le sujeté la cabeza y le acerqué mis tetas para que me las chupara.

Mientras le daba teta como a un bebé, le cogí la flácida polla y se la empecé a acariciar y poco a poco conseguir que adquiriera la suficiente consistencia como para poder montarme encima de ella.

Volví a sentarme encima de su polla, que ya estaba con suficiente consistencia como para presionar la entrada de mi coño y me abracé a él besando su boca. Dejé que me mordiera los labios como momentos antes me había mordido los pezones. Ahora ya podía sentir como su polla entraba en mi vagina y se iba endureciendo, cogiendo consistencia y llenando mi coño.

Apreté con mis labios vaginales su barra de carne, intentando ordeñarla y sintiendo como si fuera un calabacín entrando y saliendo, dando mucho placer con el roce en mi clítoris.

Me levanté y me puse con las manos apoyadas en el sofá, con él detrás empujando en mi vagina insistentemente, mientras se agarraba con fuerza a mis tetas. Me soltaba una teta para azotar mi culo y volvía a apretar la teta con esa mano, mientras me azotaba el culo con la otra.

-Cuando te vayas a correr, me la pones en la boca. –Quiero que te corras en mi boca y poder chuparte después.

En el momento que aumentaron sus estremecimientos me la saco del coño y me di la vuelta, poniéndome boca arriba con la cabeza en el filo del sofá, dejando que se cogiera con fuerza a mis tetas y me la metiera en la boca. Su polla me entraba hasta la garganta, produciendo arcadas y proliferación de babas, que me goteaban por las mejillas.

Sus dedos ordeñaban mis pezones, apretando y estirando de ellos. Así le llegó el tan ansiado orgasmo. Descargando toda su carga de semen directamente en mi garganta, mientras la leche de mis tetas, mojaba mis pechos y sus manos.

-Cielo, tú te has corrido, pero ahora quiero que me hagas disfrutar a mí.

-Deja que me recupere, un momento y seguimos de nuevo.

-Mientras recuperas de nuevo la erección, te digo como puedes sustituir a tu polla.

Le cogí una mano y me puse los dedos en mi boca, chupando y humedeciéndolos con mi saliva, para posteriormente llevarlos hasta mi coño. Así es como empezó a frotar mi vagina y mi clítoris, introduciendo dos dedos y frotando de arriba abajo y de abajo hacia arriba, con movimientos frenéticos.

Mientras con dos dedos me iba penetrando, con el pulgar no dejaba de frotar mi clítoris, haciendo pinza y dando un placer pocas veces experimentado por mí.

Me hizo colocar las manos detrás de mi cabeza, mientras me chupaba de nuevo mis sensibilizados pezones. Con los chupetones en mis tetas y caricias en mi clítoris, obtuve el tan ansiado orgasmo.

Volvimos a abrazarnos y a besarnos apasionadamente en la boca. Ese día llegamos hasta el límite de nuestra resistencia.

Nuestra relación fue adquiriendo tintes de una relación en pareja y siempre que teníamos una oportunidad teníamos sexo, aprovechando que los niños solían irse a casa de los abuelos y que mi marido viaja muy a menudo por cuestiones de trabajo.

Daniel fue aprendiendo donde acariciarme para hacerme gozar y llegó un momento que mi cuerpo no escondía ningún secreto para él.

Entre mi hijo pequeño y Daniel, me tenían siempre los pechos vacíos de leche y hasta mi marido, cuando estaba en casa, se beneficiaba de mamar de ellos.

Para salir de la rutina, decidí llevarlo a un local que conocía en Barcelona y tener experiencias nuevas. Un fin de semana que mi marido estaba fuera, llamé a la puerta de Daniel y le hice que me acompañara un sitio, al cual dudaba mucho que él hubiera estado. Le ayudé a vestirse, entre besos y caricias, por lo que nos demoramos más de la cuenta. Le hice ponerse una camisa y chaqueta, para ir más formal, aunque desistió de ponerse corbata.

Ese fin de semana lo recordaría durante mucho tiempo, por haber sido una de las veces que más había gozado con él.

Continuará…..