Xtories

Transparencias de acampada

La tienda de campaña es su mundo privado, pero la verdadera aventura comienza cuando deciden que la ropa es solo un accesorio innecesario. Entre el café y la arena, ella propone un juego prohibido: seducir sin tocar, hasta que el control se quiebre.

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Me desperté con la luz del sol que entraba a través de las costuras de la tienda de campaña... tú dormías a mi lado. Estabas preciosa. Respirabas suavemente, en el preludio del despertar. Asomaba del saco tu hombro desnudo y tu pelo caía descuidadamente sobre tu cara. Con una sonrisa de ternura acaricié con las yemas de mis dedos tu mejilla y fui perfilando tu mentón y tu cuello despacio, muy despacio.

Con el cuidado de no despertarte, arrastré hacia abajo el saco de dormir descubriendo tu torso.

Recuperé con mi dedo indice el camino que había perdido y, desde tu clavícula continue descendiendo... Me detuve antes de llegar a tu pecho... Llevabas un sujetador transparente de color negro que dejaba ver como tu pecho se mecía tranquilo al compás de tu respiración. Acerqué mis labios a tu pezón y soplé dulcemente sobre él... No reaccionaste...

Con una sonrisa traviesa humedecí uno de mis dedos con la lengua y lo acerqué, lentamente para rozarte sutilmente... Esta vez noté una leve agitación... Me reí en silencio.

Decidí dejarte descansar y me levanté a prepararte el desayuno. Dejé tu pecho descubierto, me encantaba mirarlo. Yo llevaba puesto un bodi transparente, a juego con tu ropa interior.

Me lo quité quedando completamente desnudo, me puse un delantal y comencé a preparar la comida. Puse el café a calentar en el hornillo portatil y unos huevos revueltos...

-buenos dias

Sonriendo me di la vuelta y busqué tu mirada. Te habías apoyado sobre los codos y contemplabas sin ningún pudor mi culo desnudo.

-buenos días cielo

Te levantaste con elegancia y te estiraste como un gato. Yo te miraba con admiración, ese conjunto transparente no ocultaba nada... Estabas perfecta...

-Que bien huele a café. - dijiste acercándote, apagué el fuego y me di la vuelta, con cuidado de la cocina, recibiendote entre mis brazos.

Me encanta cuando tu pecho se aprieta contra el mio, me encanta sentir como tu piel y la mía se transforman en una.

Con un movimiento hábil de la mano derecha desabroché el sostén. Tu, entendiendome perfectamente, dejaste que se escurriese por tus brazos para caer al suelo. Yo me quité el mandil.

Después abrazaste mi cuello y acercaste tus labios a los míos, susurrando en mi boca:

-tenía ganas de ti...

Al sentir el aliento de cada palabra mi excitación fue en aumento. Atrapé tu cintura con un brazo apretando tu pubis contra mi incipiente erección. Tu te juntaste más para sentirme bien mientras un ronroneo de placer se escapaba de tus labios...

Nos besamos con pasión, alimentando nuestro fuego.

Frotabas tu sexo contra el mio con avidez mientras bebiamos el uno del otro...

De repente te separaste de mi con una sonrisa pícara...

-Vamos a desayunar...- dijiste mientras te sentadas frente al desayuno

-¿Ahora? - pregunté con cara de sorpresa mientras señalaba mi entrepierna totalmente hinchada.

-Luego jugamos... - esas palabras acariciaron tus labios con tal sensualidad que, cerrando la boca me senté frente a ti sin rechistar.

Desayunamos tranquilos, conversando, riendo, disfrutando de esa complicidad especial que sólo tú y yo tenemos.

Acabada la comida miré en tus ojos buscando guerra... Seguías sonriendo divertida.

Te levantaste de la mesa y con gracia natural te quitaste las braguitas... Ya estabas desnuda y yo admiraba tus curvas con deseo controlado, esperando una señal por tu parte. Tu pubis totalmente depilado desafíaba a a mi voluntad.

Fuiste hacia el colchón... Yo, simplemente te observaba caminar. Te sentaste en la cama, con la espalda apoyada en la lona de la tienda y con los pies apoyados, y las rodillas dobladas, abriste las piernas sugerente, dejándome ver tu pecho, tu ombligo, tu sexo...

Llevaste una mano hacia ella y lo metiste entre los labios, dejándolo ahí. Yo hice ademán de levantarme de la mesa. Tu con la mano que no tenias ocupada me lanzaste algo que habías cogido de detrás del colchón. Lo cogí al vuelo, observando lo recogido con cara de sorpresa. Eran un slip y un bóxer.

-hoy va de transparencias ¿eh? - comenté con sonrisa irónica.

-sedúceme - susurraste - ponte uno de esos y después el otro y vuelveme loca... Pero no puedes tocarme hasta que te lo pida...

Obediente me puse el primero de ellos, un slip blanco, totalmente transparente y me senté frente a ti.

Sacando la punta de la lengua por la comisura de mis labios me puse a gatas y comencé a rondarte. Sabía que no podía tocarte hasta que me lo pidieses, pero iba a lograr que me lo suplicaras. De nuevo me puse de pie, justo delante tuyo. Tu seguías en la misma posición, observando paciente a ver cual era mi próximo paso.

Y entonces, con un brusco movimiento, rasgué la tela del slip. Metí dos dedos por el agujero y saqué mi rabo por el. Reiste con risa cristalina algo nerviosa, eso no lo esperabas...

Me coloqué de rodillas justo frente a ti, a apenas unos centímetros de tu piel... Arqueé la espalda hacia atrás, apoyando en el suelo la mano izquierda para no caer y así, con todos los músculos marcados, exhibiendome, mostrándome, comencé a masturbarme para ti despacio con la mano derecha, sin dejar de mirarte a los ojos.

Agitaba mi mano despacio, sin prisa, incitándote, invitándole. Advertí que la excitación comenzaba a apoderarse de tu cuerpo pues tu mano comenzaba a cobrar vida en tu coño.

Llevaste la otra mano hacia uno de tus pechos y pellizcaste el pezón con suavidad, tirando un poquito de él. Sabias que eso me ponia malísimo.

-me tienes cachondísimo - jadeé sin parar de mover mi mano

Un gemido se escapó de entre tus labios y aceleraste el ritmo. Me sonreíste con deseo pero aún no me concediste permiso para tocar...

Me quité los calzoncillos rotos y me puse los otros que me habías lanzado y con movimientos seguros y elegantes me aproxime de nuevo a ti.

Comencé a respirarte despacio, olfateando cada parte de tu piel, sin tocarte.

-Ponte en el centro, por favor. -

Te colocaste en mitad del colchón sin dejar de masturbarte. Me fui hacia tu espalda y te soplé suavemente en la columna, de abajo a arriba. Note como te estremecias...

Me dirijí hacia tu boca y dejé mis labios a unos milímetros de los tuyos, besándonos el aliento, respirando nuestro deseo...

Por fin hablaste, muy bajito, dos palabras...

-comemé entera...-

Obediente te empuje con suavidad dejando que te tumbases en el colchón, a la vez que enterraba la cabeza entre tus piernas.

Y comencé a jugar con mi lengua, chupando, latiendo, apretando y succionando durante un tiempo infinito mientras notaba como te ibas derritiendo con cada caricia, hasta que, con un gemido sordo, arqueado la columna, llegaste a un orgasmo intenso, liberador.

Escalé por el colchón hasta ponerme a tu lado para besarte con amor. Tu me devolviste el beso absorbiendome... Aún tenías ganas de guerra.

Me mordiste el labio inferior con deseo ardiente mientras llevabas tu mano al interior del bóxer y me agarrabas con fuerza.

-tendremos que hacer algo con esto ¿no?

Sonreí y me tumbé sobre ti. Tu me guiaste hacia ti y me ayudaste a entrar. Comencé a moverme mientras con tus manos me acariciabas entero, y con tu boca chupabas y mordías mi pecho arrancandome gemidos de extasis.

Arañaste mi espalda

Besé tus ojos

Y bailamos

E hicimos el amor de todas las formas posibles

Alcanzamos el extasis juntos mientras abrazaba tu pecho desde atrás y besaba tu cuello jadeando...