La vez que le puse los cuernos a mi esposo
Soledad nunca imaginó que una visita de cortesía a la familia se convertiría en su mayor secreto. Con su esposo ausente y un joven apuesto a su disposición, la línea entre la decencia y el deseo se desvanece bajo el sol de la playa. ¿Podrá resistirse a la voracidad de Quique cuando la tentación está a solo un susurro de distancia?
La vez que le puse los cuernos a mi esposo, atraída por un jovencito
Me llamo Soledad, casada, morocha, pelo corto, 1,68m, Medidas 86-62-91, recuerdo con mucho cariño algo que me sucedió en cierta oportunidad, cuando contaba con 28 años, fue una experiencia donde descubrí una serie de estímulos y vivencias que al escribirlas es como si las estuviese viviendo. En esa época no teníamos chicos y nos estábamos cuidando, hasta tanto nuestro estado económico se afianzase algo más.
Una tarde me dice mi esposo:
“Qué opinas ir a visitar a mi prima María y a su hijo Quique, a su casa en el campo, le encantará vernos, hace bastantes años que tenemos contacto con ellos. El hijo debe de estar grande 16 o 17 debe tener”
Sin llegar a aceptarlo inmediatamente, dudé en afirmar mi aprobación, no me encantaba demasiado su prima, una buena mujer, pero no coincidíamos en varias cosas. Si bien no le contesté de inmediato, al reiterar días después, le dije que si
Días después estábamos viajando hacia su casa, al vernos su alegría fue más que evidente, su hijo Quique era un chico muy avispado, dada su edad, era muy locuaz, agradable, y con una atracción muy especial, algo que me fue cautivando, rápidamente.
Al segundo día de estar, mi esposo tuvo que regresar por motivos laborales, prometiendo volver lo antes posible, traté de acompañarlo, pera se negó a hacerlo al igual que su prima y su hijo. Acepté a medias quedarme, no tenía demasiadas cosas para hacer, ni lugares cercanos para conocer.
Algo le sucedía a Quique a partir de ese momento, me abrazaba, me besaba, cuando su madre se iba a trabajar hablábamos de todo, hasta de sexo, tema algo tabú en ese momento y menos con un chico. Admito que inconscientemente lo provocaba, con chistes subidos de tono, o levantarme con un camisón algo transparente, que lo incitaba a que me tocase.
Una tarde estaba subida en una escalera acomodando unas cajas, como para pasar el día, mi pollera corta y algo amplia, lo llevó a Quique a acercarse, preguntando mientras tomaba mi pierna:
“Necesitas ayuda Soledad?”
“No gracias querido, ya término” Le contesté, sabiendo que me había mirado todo, pensando que habría sucedido de estar sin bragas, pero me pareció algo fuera de lugar.
Sus leves roces, colocar su mano en mi rodilla o muslo, terminando produciendo una especie de exaltación, a pesar de no percibirlo en un principio.
Esa noche su madre, me dice:
“Si se levantan temprano me llevan al trabajo y se quedan con el auto, para conocer algunos lugares y me pasan a buscar cuando termino”
“Me parece bárbaro, si no te ocasionamos ningún inconveniente”
“Para nada, eso sí, tienes que manejar tú, porque Quique carece de licencia”
“Si, no tengo problemas”
A la mañana siguiente Quique me propuso ir hasta la costa que eran unos 30 km, de donde estábamos, le propuse ir a comprar algo para aprovechar mejor ese paseo.
Así que después de adquirir una serie de cosas en el supermercado, enfilamos a ese lugar, realmente era un paraíso, un mar azul y transparente gran vegetación y una amplia playa, totalmente carente de gente a pesar de ser un día muy caluroso. Nos instalamos, bajo unos tamariscos, un árbol bajo que nos cobijaba del sol, muy cercano al mar.
Lamenté no haber llevado la malla, y no se justificaba, regresar para ir a buscarla, aunque para Quique no fue problema, pues se quedó en calzoncillos y se metió en el agua, invitándome a que lo imitase, pero me resistí a quedarme en ropa interior, así que me introduje, para mojar mis piernas.
Al salir la transparencia de su bóxer dejaba relucir su opulento miembro, que, por supuesto no pude evitar un estremecimiento, que creo percibió mi alteración, a pesar de tratar de disimularlo.
Al rato volvió a meterse en el agua, dado el calor reinante, aunque esta vez al salir me pregunta:
“¿Te molesta si me saco el bóxer, así lo trato de secar mejor?”
Algo impactado por su pregunta, asiento con la cabeza, que apenas lo hice no tardó en quitárselo, apareciendo desnudo, viendo su miembro pendular de una manera atrevida y sensual, donde de una manera lasciva, no dejaba de observarlo. Se bamboleaba orgulloso de su instrumento, por supuesto que no era para menos, pero rechazaba esa soberbia que demostraba.
Al rato se durmió, como consecuencia de la levantada temprano, descansando su verga, sobre su pierna de una manera muy sensual e incitadora, algo que pude observar, con deseos de lamerla y mamarla, a este jovenzuelo.
Por supuesto que no pasó más nada, se vistió y regresamos recorriendo otros lugares, y pasar a buscar a su madre, aunque ese espectáculo no dejó de afectar mi adrenalina.
Esa noche antes de mirar televisión, me puse el camisón algo transparente, dispuesta a ver qué sucedería con este chico. Lamentablemente su madre se quedó y mi levantada temprano sumada a ese viaje hizo que me fuese a acostar antes de lo previsto.
Al día siguiente, nos preparamos para reiterar el paseo, llevando mi bikini, y lo necesario para disfrutar otro día de playa. El sol estaba bastante fuerte, cuando me quité la ropa para quedar en malla, los ojos de mi amiguito parecían salirse de su órbita. Pero haciendo caso omiso nos fuimos directamente al mar, disfrutando de esas cálidas aguas.
Quique, después de un rato se quitó la malla, invitándome a hacer lo mismo, por supuesto me negué. En un momento que estaba bajo los tamariscos, me dice:
“Quítate el sostén”
“No, no es mi intención”
“Pero no hay nadie, hazlo”
“Estas vos”
“Son feas que no me las quieres mostrar”
“No es eso, realmente” Le contesté con algo de rabia, por esa manera de decirlo.
“Yo estoy desnudo, y he notado que has disfrutado de verme así”
Realmente me sonrojé, sin saber bien que contestarle, solo me recosté sin decir más nada, cuando al rato se acerca, poniéndose a la par, me susurra, mientras acaricia mi pelo
“Por favor déjame ver tus deliciosas tetas”
Me hizo gracia su atrevimiento, esta vez su pedido, pero más que nada su insistencia, con una sonrisa, terminé accediendo a su requerimiento.
“Quique, no me parece que sea algo correcto”
“Porque, es solo verlas, deberías, sentirte orgullosa de poder mostrarlas”
Su labia, y su manera de convencimiento, llevaba a terminar saliendo con la suya. No dije más nada, permaneciendo acostada, y por supuesto pensando en su proposición. Que no tardo en volver a insistir nuevamente. Lo mire, me desabroche el sostén, quedando mis tetas al descubierto.
“Supongo que estarás contento?” mientras se las muestro
“Son una belleza, y esos largos y deliciosos pezones para lamerlos” me contesta
“Solo se miran y nada más” aunque estaba tentada de ofrecerlas
El calor hizo que volviésemos a ir al agua, por supuesto me impidió ponerme el sostén, aunque me sentía bastante liberada, jugamos en el agua, tocándome y hasta sentir sus manos en mis tetas, que lo dejé sin decirle nada. Salimos del agua, corriendo, donde mis pechos se agitaban al ritmo de los movimientos, tomados de las manos, notando una cierta erección por su lado, lo que me estimuló bastante.
Nos tiramos sobre la lona muy pegados, cuando me dice:
“Quítate la malla”
“Estas loco, ni lo pienses”
En el momento que su mano acaricio mi abdomen, hasta que se acercó a mis pechos, la quité, giré mi cuerpo alejándome un poco, cuando estaba por decirle que no siguiese, su boca se apodero de mi pezón, succionándolo con voracidad, mientras oprimía con sus dedos el otro, erecto y rígido, que no pude contener. Pensé que era una mujer casada, y jamás había engañado a mi esposo, A pesar que estaba dispuesta a continuar, lo empuje sacándolo de arriba mío, me gire, quedando boca abajo, no paso demasiado tiempo cuando comenzó a acariciar mis piernas. Volví a rechazarlo, pero no tardo demasiado en reanudar sus intenciones, pero esta vez, tomo uno de mis pies, oprimiéndolos, proveyéndome un seductor masaje.
Continuo con ambos pies, hasta que los beso, pasando su lengua entre los intersticios de los dedos, chupándome el dedo gordo, comenzando a alterarme, además nadie me había suministrado algo similar. Permanecí quieta, disfrutando de ese incesante toqueteo, donde mi mente y mi cuerpo, actuaban de manera opuesta.
Lentamente continúo besando mis pantorrillas, lamiendo, acariciando mis piernas, que separe inconscientemente disfrutando de ese alterante acoso, mientras iba acercándose a mi entrepierna, donde ese acometimiento me iba transportando a un estado de excitación, que no trataba de impedirlo.
Al llegar a mis glúteos, que sobresalían de mi malla, comencé a ceder, mientras su mano, pasaba por mi raya, rozando ávidamente mi sexo, mientras intentaba quitar mi tanga, que lo impedí.
Continuo en su intento, utilizando otras artimañas, acariciando nuevamente mis glúteos, separando mi malla, quedando al descubierto mi raya, percibiendo su lengua, desplazándose por ella, sentía que mis pezones se alteraban, el maldito me estaba llevando a un estado de enajenación, cuando comenzó a bajar mi tanga, sin llegar a hacer nada.
Hasta que me la quitó, quedando desnuda ante Quique, no pude atinar a nada, dejé que actuase, donde mis intenciones de detenerlo se anularon, comenzando a alterarme cada vez más, ante ese ímpetu no previsto, pasaba de una a otra, gimiendo ante ese acosamiento.
Su mano se internó en mi vagina, donde mis gemidos hacían evidente mi estado, sentía su verga tocar mis piernas, un dedo se internó en mi ano, mientras que, de una manera algo brusca, avasallaba mi sexo. Me gire, intentando detenerlo o no sé qué cosa, continuando incesantemente su acometimiento, prendiendo se en mi teta, succionando mis pezones hasta hacerme gritar.
Mientras sus dedos friccionaban mi clítoris, arqueando mi cuerpo ante su ímpetu, revolucionando mis hormonas, cuando separa mis piernas, para chupar mi concha, eso fue el sumun, gemía como gata en celo, no se detuvo un segundo, era una maquina sexual, incitándome hasta que me llevo a un poderoso e interminable orgasmo. En el momento que trato de penetrarme, que, dado que estaba reaccionando ante mi estado de excitación, deteniéndolo en su intención, suplicándole;
“Por favor no Quique, por favor, por favor. Mi Dios, qué locura” Exclamé, algo abrumado por lo sucedido.
Mientras Quique trataba de besarme en la boca, aun bastante caliente, que frené mientras le decía:
“Suficiente, por favor no sigas” Dándole un leve beso en los labios.
Es de imaginar que estaba más que ofuscado, apenas me hablo en el trayecto, regresamos a buscar a su madre, sin hacer comentarios de lo sucedido, al día siguiente, opté por no ir a la playa, así que me levanté tarde, mientras me estaba duchando, con parte de mis pensamientos en lo sucedido el día anterior, se abre la puerta y aparece Quique desnudo con una evidente erección. Diciéndome:
“Quede muy caliente ayer, tampoco me masturbe para aplacar mi calentura, así que ya sabes que tendrías que hacer,”
Que a pesar de gritarle que se fuese, terminé arrodillada para mamar su verga, de una manera efusiva y desesperada.
Pasando mi lengua alrededor de su glande, introduciéndola totalmente, succionándola, de una manera esquizofrénica, sintiéndole poseída por ese instrumento reproductor, hasta que en esos breves y apasionados minutos eyaculó en mi cavidad bucal, gozando mientras trataba de masturbarme disimuladamente, de ese cuantioso y cálido flujo acumulado.
Si bien no haber ido a la playa, para evitar algo así, volví a reiterar algo similar al quedarnos, pero me costó contenerlo, por que pretendía repetirlo, y aunque lo deseaba, no quería tener problemas, ya que estaba en mis días más fértiles.
Me convenció de regresar a la playa, que no haría nada que no quisiese, que lo perdonase, por lo que hizo, supongo que lo creí. Al día siguiente regresamos a esa playa, en mi interior, no niego que lo deseaba, pero nunca había engañado a mi esposo, esto podría desencadenarse en un escándalo familiar.
Llegamos al lugar, tan desierta como el día anterior, preparamos todo, me tira a tomar sol, Quique se metió en el agua, al regresar me dice:
“Quítate el sostén, no hay nadie”
“Te parece”
“Si, además ya las conozco”
Para complacerlo, lo hago, quedando en toples, dentro de todo no hacía nada indecente, al rato fuimos al agua, jugueteando un poco, regresando al lugar.
Comimos algo, tomamos sol, cerca de las 15 hs, mis pechos ardían, me había excedido en recibir los rayos solares, nos metimos en el agua, pensando que se podía aplacar en ardor, al salir estaban igual, le dije a Quique si me pasaba, protector por la espalda y por los pechos, sabiendo a que me exponía.
Comenzó a hacerlo, cuello, espalda, cintura, hasta que accedió a mis pechos, el roce de sus dedos en mis tiesos pezones fue suficiente, para besarlo, donde nuestras lenguas se fueron entrecruzando, introduciéndolas en las respectivas cavidades bucales.
Nos volcamos bajo la sombra de los tamariscos, Quique se prendió en mis tetas, hasta morder mis pezones, su mano traspaso mi tanga, percibiendo sus dedos en mi raja, que ya emanaba mis flujos, gimiendo y entregándome sin importarme las consecuencias.
No tardo en quitar mi tanga, mientras rápidamente se quitó su malla, descubriendo su verga erecta, que no demoro en tratar de penetrarme, diciéndole:
“Por ahí no, por favor” No olvide que estaba en mis días fértiles, sin hacerme rogar, me gire rápidamente, colocando una toalla, bajo mi abdomen, elevando mi culito.
No acostumbro a tener mucho sexo anal, pero era una manera de apalear la situación. Me monto por atrás, acariciando mi espalda, metiendo su pija entre mi zanja, estaba bastante apaciguado, sin por eso no dejar de tocar mi cuerpo.
Comenzando a acariciar mis glúteos, que después de acariciarlos, comenzó a estrujarlos, separándolos, quedando al descubierto mi abertura anal. Ese toqueteo, sus dedos en mi concha, fueron alterando mi estado.
Su juventud me avasallaba, ese ímpetu, su inquietante deseo de poseerme hacia sentirme su esclava dispuesta a entregarme, a pesar de saber que estaba actuando de una manera prohibida, pero no podía contenerme a sus locas pretensiones.
Sutilmente fue abriendo mis piernas, mientras sus dedos se iban incrustando en mi recto, esperaba cualquier cosa, mientras el índice y el del medio, entraban y salían de mi cauce, mis quejidos se hacían evidentes ante ese movimiento patético.
Hasta sentirme aliviada al ser retirarlos del conducto, al ser nuevamente embutidos, rozando sus dedos las mucosas paredes de mi recto, recorriendo con su verga la raya que conforman mis posaderas, como demostrando su atribución, hasta que después de varios movimientos se detuvo, para tantear alrededor de mi ano, me relaje dispuesta a satisfacer su intención.
Su glande comenzó a introducirse unos centímetros, invadiéndome un fuerte dolor, pero a pesar de ese malestar permanecí inmutable a la espera de su penetración, a pesar de conocer el tamaño de su aparato, y habiéndolo practicado en escasas oportunidades, pero con un menor calibre, estaba preparada para esta nueva intromisión.
Su glande se oprimía contra mi orificio con la finalidad de enterrarlo, mi esfínter parecía dilatarse, ante esa propuesta, exhale un grito de dolencia, se detuvo, para continuar después de un rato. Inmediatamente percibí su punta enterrarse algo más rápido, tomándome de la cintura, empujó, sintiendo un fuerte malestar nuevamente, al que traté de no anunciarlo, comenzando a ceder ante la penetración de ese cuerpo externo.
Lo sentí entrar dolorosamente tramo a tramo, usurpando poco a poco la intimidad de mi recto. Supongo que cada vez más irritado por ese aparato penetrador, hasta que el orificio parecía latir, tolerando mejor la incursión. Sentía las pulsaciones de su miembro a través de la membrana de mi recto, sus manos apretaban mis senos, hasta que después de un fuerte empellón su pelvis se pegó a mis glúteos, quedándose estático, como demostrando su predominio sobre mi cuerpo.
Al fin terminó de entrar y la cabeza se alojó profundamente, dejando sus genitales pegados a mi ano, anunciando que la totalidad se cobijaban en mi recto. Mis gritos y gemidos parecía que lo provocaba, porque sus empellones comenzaron a acentuarse, para detenerse y disfrutar al verme ensartada, mientras mi agitación se pronunciaba, disfrutando a su falo en mí recto, metido hasta mis entrañas, dando la sensación de partirme.
Mi conducto parecía haberse dilatado bastante, al punto que lo sacaba íntegramente para introducirlo en toda su dimensión, en ese ínterin vi una pareja algo alejada de nosotros, lo que me produjo una cierta morbosidad, saber que nos estaban observando. Llegue a la conclusión que ser observada en esos momentos, me excitaban, era extraño, pero esa morbosidad me alteraba muchísimo.
Dejé que Quique me siguiese fornicando analmente, estrechando mi ano, para aprisionar su verga, hasta que súbitamente empezaba nuevamente su impetuoso bombeo, fue fabuloso, lo hacía de una manera algo feroz, al punto de hacerme sentir una prostituta. No era como otra vez, era algo irracional, como si en ese contacto anal estuviese descargando su voracidad, en parte me asusto, pero a su vez me activaba esa comunión anti natura, donde cada intromisión me hacía elevar mi cabeza.
La molestia y el goce se mezclaban, haciendo ese contacto en algo impresionante, era todo tan voluptuoso, que, si bien mi actitud era pasiva, recibía constantemente el ímpetu de su dinamismo, manteniendo mi cuerpo en un estremecimiento continuo. Duró bastante disfrutando de mi conducto, hasta que sentí como su esperma evacuaba en mi maltratado recto.
Sin quitar su verga de mi culo, mordisquea mi cuello, oprimiendo intensamente mis tetas hasta quitarme un gemido de dolor.
“Eres divina, nunca había copulado analmente, sentirte como oprimías mi pija, me alucina”
A pesar de estar algo extenuado, no se movía disfrutando de ese contacto anal, besando mi espalda, asiduamente.
Después de esa sublime copulación, me dieron ganas de orinar, que, al tenerla sobre mí, oprimía mi vejiga, aumentando las ganas de evacuar mis aguas, le comenté que me pasaba, que buscaría un lugar más privado.
“Hazlo acá, abre bien tus piernas, que te ayudare”
“Pero, nunca lo he hecho delante de nadie, me da cosa, mejor que salgas”
Haciendo caso omiso a mis reclamos,
“Vamos, muéstrame”
No sé porque, pero me coloque en cuclillas, frente a él, como desafiando su proposición, dejando ver como evacuaba libremente mis aguas, a lo que Quique no perdió detalle de lo que estaba haciendo, que, si bien me sentí algo abrumada, algo que nunca había efectuado frente a alguien, solo cuando chica ante mi madre, me producía una sensación de exaltación, un morboso placer, al sentirme observada, mientras mis líquidos producían algo espumoso humedecían la arena.
Esta vez regresamos al mar desnudo, me encantaba ese desafío, al salir Quique mantenía una nueva erección, apenas llegamos al lugar me hizo colocar en cuatro, mientras volvía a introducir su pene, que a pesar del ardor de esa parte más mis tetas inflamadas, me entregué a ese nuevo acople, donde sus vehementes bombeos me llevaban a un estado de total éxtasis, sintiendo mis tetas sacudirse al unísono de eso embates enardecidos.
Era algo incontenible, gemía y a pesar de la molestia me encantaba ser tratada con esa energía, apenas acabo y la quitó de mi conducto, se la mamé saboreando esa mezcla de gustos entre su esperma y el interior de mi canal.
No había podido venirme, aunque mi estado era más que excitado, cuando me pregunta:
“No te has venido?”
“No “Contesté algo consternada,
“Hazlo quiero verte”
“Está bien, pero solo observa”
Me asombré al acceder, a lo que me formulaba, acostándome sobre la arena abriendo mis piernas dejando bien al descubierto mi sexo, tocándome mi clítoris, metiendo mis dedos hasta que después de varios minutos comencé a gemir arqueándome mientras mi cuerpo comenzó a convulsionarse, hasta que un fuerte orgasmo agitó mi cuerpo.
Realmente estaba exhausta, pero era hora de irnos, teníamos que pasar a buscar a su madre, comencé a vestirme, pero me pidió que solo me pusiese la remera, a lo que acaté, guardamos todo en el auto. Y partimos. Mientras manejaba Quique no paraba de tocarme, aminorando la marcha para evitar tener un accidente, su mano recorría mi cuerpo apretando mis pezones, alterándome cada vez más.
Sin poder contenerme terminé parando, quitándome la remera, yendo al asiento trasero, volcándome sobre él, quedando el resto de mi cuerpo fuera del vehículo, mientras Quique volvía a penetrarme por el culo, pero tardando bastante más que las veces anteriores, llegando a producirme u intenso orgasmo, mientras un auto con sus luces alta debía de apreciar parte del espectáculo.
Esta vez me vestí, mientras mi amante inesperado, se durmió el resto del viaje, llegamos algo tarde a buscar a su madre, excusando que nos habíamos perdido.
Al llegar a la casa estaba el auto de mi esposo, sintiendo por vez primera no alegrarme, por su inesperada presencia.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Vecina casada tímida, pero puro vicio.
Francisco duerme profundamente, ajeno a lo que ocurre en la habitación contigua. Alicia, la esposa que siempre fue tímida, se inclina sobre la cama y…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoExhibicionismo accidental
- Hetero: Infidelidad
Un Ruso Se Folla A Mama
Nunca imaginaste que las vacaciones terminarían así. Desde la ventana, tu mirada se clava en tu madre mientras un extraño la despoja de su dignidad…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoExhibicionismo accidental
- Hetero: Infidelidad
El morbo del topless (13) (final)
Ana me ofreció su móvil para llamar a Raúl. Sabía que si hacía esa llamada no había vuelta atrás.
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
A mi novia le gusta mostrar su culito (2)
Sabe que su esposo la espera en casa, pero la tentación de la cochera vacía es demasiado fuerte.
Comparte:Exhibicionismo accidentalVoyeurismo ocultoDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
A mi novia le gusta mostrar su culito
Sergio siempre creyó conocer a Marcela, hasta que escucha a sus compañeros de trabajo hablar de su cuerpo como si fuera un trofeo.
Comparte:Exhibicionismo accidentalDominacion masculinaVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Familia ( Madre e hija ) 3 parte
Miguel creía controlar su deseo, pero la realidad lo supera. Mientras pinta las paredes de la casa de su novia, descubre que la madre de ella ha…
Comparte:Infidelidad consentidaVoyeurismo ocultoDominacion masculina