Familia ( Madre e hija ) 3 parte
Miguel creía controlar su deseo, pero la realidad lo supera. Mientras pinta las paredes de la casa de su novia, descubre que la madre de ella ha caído en las garras de un viejo portero. Lo que empieza como una fantasía voyeurista se convierte en una pesadilla de sumisión cuando decide espiar la verdad.
Esa tarde había sido increíble. Todavía no podía creerme que hubiera follado con la chica mas guapa que había conocido nunca. Aún por encima, después había visto aquella escena en la sala de contadores y si con todo eso no fuera suficiente, había tenido a Emi en mis brazos y nos habíamos masturbado uno al otro por encima de la ropa, para terminar frotando nuestros sexos con la sábana por medio.
Me preguntaba si lo que había pasado con ellas había sido gracias al viejo asqueroso que las había empujado hacia mi con sus groserías.
Me hice una paja recordando.
Me di una ducha y vi que tenía una llamada de mi madrastra. La llamé y le conté un poco sobre como era mi nueva vida.
- Se nota que te gusta mucho esa chica – me dijo al haberle hablado de Carolina, claro está, sin decirle que habíamos follado – Eres un encanto de niño… bueno, de hombre – rectificó – Y ya te dije que estoy segura que algún día conocerás una chica maravillosa con la que serás feliz.
- Y tú que tal estás?
- Bueno… más o menos, mi niño – su voz se puso triste – Aquí ya sabes que todos los dias son iguales y tu padre no cambia. Además, ahora al no estar tú, él ya no viaja porque alguien tiene que atender los campos – se quedó en silencio – Y no se si hago bien diciéndolo, pero te echo mucho de menos, cielo. Pero entiendo lo que hiciste, eh! Tarde o temprano tu padre nos descubriría. Me tenías tan cachonda siempre…
- Y tú a mí – le dije – Todavía lo recuerdo.
- Lo recuerdas? – me preguntó y sentí que le hacía ilusión que fuera así.
- Claro que lo recuerdo – confesé – Y muchas veces me masturbo pensando en ti.
- Ay, cariño! – exclamó – Yo también lo hago pensando en ti.
Esa noche me dormí pensando en Mariana y en todo lo que hacíamos. A pesar de estar viviendo una locura con Carolina y su madre, sentí que todavía seguía sintiendo muchas cosas por mi madrastra.
Mientras esperaba a Emi en el portal, escuchaba a don Faustino silbar mientras barría la entrada.
- Hoy se retrasa la zorrita, no? – preguntó dejando de silbar para volver a retomar la melodía enseguida.
- Hoy está contento? – le pregunté.
- Mucho – contestó – La vida puede dar un giro inesperado cuando menos se lo espera uno – sonrió.
- Y eso? Le tocó la lotería?
- Mejor que eso – me miró – Ya te contaré con calma – miró hacia la calle y alli estaba Emi aparcando el despampanante Mercedes – Mira, ahí viene la zorrita. A ver qué modelito trae hoy puesto.
A pesar de sus esfuerzos, al bajar del coche pudimos verle las bragas gracias a la corta minifalda que llevaba.
- Ves? Tú no quieres creerme pero a esta le encanta enseñar las bragas – me dio un pequeño codazo – Las bragas blancas me ponen muy cachondo. Cuando se mojan se nota enseguida.
Estaba impresionante con aquella minifalda blanca y aquella camiseta roja ajustada a juego con los zapatos de tacón también rojos.
- Buenos dias, Miguel – me saludó con una sonrisa – Vamos?
- Vamos – le dije.
El viejo la esperaba dentro y la miró de pies a cabeza, deteniéndose especialmente en las tetas y el culo cuando pasó por delante de él.
- Buenos días, don Faustino – lo saludó sin detenerse.
- Buenos días! Estás realmente preciosa, señorita – le dijo - Acuérdate de bajar después a las once y le doy eso que hablamos ayer.
Mientras pintaba el dormitorio de Carolina, escuché que Emi hablaba con su esposo. Parecían discutir y estuve tentado de ir hacia donde estaba para tranquilizarla pero descarté la idea pensando que yo no debería meterme en sus asuntos matrimoniales.
Luego la escuché hablar con quien debería ser una amiga y se desahogaba con ella.
- No se que le pasa - escuché que decía – Te puedes creer que anoche me volvió a rechazar?... Nunca me reprochó mi forma de vestir y ahora me viene con estas?...
Vi que su voz sonaba mas cercana y disimulé poniéndome a pintar.
Eran cerca de las once y me preguntaba si bajaría a junto de don Faustino.
- Miguel, voy a bajar a ver si me llegó correspondencia y aprovecharé para hacer unos recados – me dijo – Luego cuando regrese si quieres nos abrazamos un rato. Te apetece? – se acercó y me acarició la cara – A mi me apetece mucho – me sonrió con timidez – Hoy no tengo muy buen día.
- Claro que me apetece – contesté – Que ha pasado?
- Nada – me miró – Mi marido y yo que discutimos. No te preocupes. Por lo menos te tengo a ti para darme cariño.
Mi corazón parecía un tambor de lo fuerte que latía, cuando arrimé la puerta y bajé sigiloso las escaleras. Saber que Emi podía estar otra vez en el cuarto de contadores con el viejo, me hizo perder toda la prudencia.
Al llegar abajo, tal y como me esperaba, no vi a don Faustino en su puesto de trabajo y al fondo del oscuro pasillo vi aquella tenue luz encendida. Me acerqué y podía escuchar mi corazón retumbar bajo la caja torácica de mi pecho.
- Pero por qué está tan empeñado en mirar mis bragas?
- Porque me pone cachondo verlas – la voz de Faustino sonaba nerviosa – Menuda paja me hice ayer pensando en el calor de tu chochete. Venga déjame verlas.
Al asomarme vi como Emi miraba a don Faustino pensativa.
- Hoy no tengo un buen día – le dijo – Quizás otro día se las deje ver.
- Si has venido aquí conmigo es porque deseas olvidar lo que sea que te entristece. Deseas enseñármelas pero hay algo que te frena. Verdad?
- Me da vergüenza todo esto – reconoció – Y aunque acabo de discutir con mi esposo siento que no debo hacer esto.
- Sientes que no lo debes hacer pero por otra parte, te gusta lo que sientes cuando te digo cerdadas.
- Es que eres muy guarro – le dijo – Nadie se habia atrevido a decirme las cosas que me dice usted aunque muchos las piensen.
- Porque esos no tienen cojones a poner las cartas sobre la mesa y yo si. Por eso me vas a dejar verte las bragas a mi y no a ellos. Verdad? Y si discutiste con tu marido es porque te estás dando cuenta que no es el macho que necesita una hembra como tú.
- Joder! – exclamó sintiendo que aquellas palabras iban mermando toda su resistencia.
- Seré viejo y feo pero si algo tengo son cojones para decirte las cosas. Por qué has bajado a junto mío?
- No lo sé.
- Si lo sabes! Te lo diré yo. Porque por mucha vergüenza que te dé, te pones cachonda cuando me sientes cerca babeando por ti. Ayer tenías las bragas empapadas y estoy seguro que ahora estás chorreando como una perra en celo. Enséñame las bragas y si no están mojadas te dejaré ir.
- Están mojadas – reconoció sonrojándose – No se que me pasa últimamente.
- Quieres que te lo diga yo? Tu marido no te da lo que necesitas.
Con un movimiento rápido, don Faustino metió la mano bajo la minifalda y vi como Emi cerraba los ojos y su boca entreabierta soltó un tímido gemido.
- Necesitas que te den caña – acercó la boca a su oído – Ves? Estás empapada y este coño necesita ser aliviado.
Paralizada por lo que estaba sintiendo, vi como no opuso resistencia cuando le levantó la minifalda hasta la cintura, y me impactó ver la cara que puso cuando sintió que la arrugada mano se metía por dentro de las bragas y le acariciaba el coño.
- Por dentro no – protestó débilmente – Dios!
Estupefacto vi como la mano se movía con rapidez. Emi, agarrada a sus hombros, gemía con los ojos cerrados y separó los muslos.
- Eso es! Disfruta, zorra! Mira como te gusta que te pajee bien el coño.
- Joder! Dios mío! – gemía muy excitada – Me corro… me corro…
Cuando fue consciente de que el viejo asqueroso la acababa de masturbar y hacerla correrse, lo miró avergonzada y bajándose la minifalda se peinó nerviosa.
- Tengo que irme – se excusó.
Cuando llegó al piso, yo estaba en el dormitorio todavía en shock. Emi, esa mujer tan bella, acababa de dejar que el viejo le tocara el coño.
- Miguel, voy a darme una ducha – me dijo – Luego vienes a abrazarme, por favor? Lo necesito.
- Claro. Avísame cuando termines.
Al cabo de diez minutos, escuché que me llamaba y no pude evitar empalmarme al verla acostada en la cama desnuda y con la sábana tapando desde la cintura hasta la mitad de los muslos. Se había recogido el pelo y estaba realmente hermosa. Sus pechos se veían excitados y los pezones estaban oscuros.
- Desnúdate, por favor – me pidió.
Mientras me quitaba la ropa ante su atenta mirada, vi que sobre la cama estaban las bragas blancas, por lo que entendí que debajo de la sabana su coño estaría desnudo. Al saber eso me quité también el bóxer y sus ojos brillaron al posarse sobre mi erección.
- Ven, acuéstate a mi lado.
Haciendo caso a lo que me pidió, me acosté a su lado y ella poniéndose de lado, pegó su pecho a mi mientras podía ver el otro muy cerca de mi cara.
Excitada miraba mi polla y cogiendo un trozo de la sábana sobrante sentí que cubría mi polla con ella y sus dedos rodearon el tronco hinchado.
- Me encanta hacerte esto – comenzó a masturbarme y a pesar de la sábana, podía sentir el calor de su mano.
- Puedo poner la sábana sobre tu pecho? – le pedí excitado – Me gustaría tocártelo.
Después de pensarlo unos segundos vi que cogiendo la sábana la ponía sobre el pecho y mientras ella me masturbaba yo comencé a tocárselo. La sábana no era obstáculo para sentir la dureza de su pezón, el cual acaricié arrancándole los primeros gemidos y suspiros.
Los dos estábamos demasiado cachondos y los movimientos de nuestros cuerpos entregados al deseo, jugaron a nuestro favor cuando sentí aquel calor húmedo en mi muslo. Al echar la sábana para arriba y con el manoseo de teta que le estaba dando, ninguno de los dos nos dimos cuenta que su coño había quedado desprotegido de la tela y tanto Emi como yo gemimos al sentir que este estaba en contacto con mi pierna.
- Dios! Miguel… - gimió al sentir su coño tocándome.
- Me encanta sentirlo – le dije fuera de mi – No lo tapes, por favor.
- No…no… tranquilo – me dijo excitada moviéndose despacio frotándose en mi muslo – Es demasiado placentero.
Estaba tan mojada que sentía mi muslo empapado y al mover la pierna para meterla entre sus muslos, sin querer tiré de la sábana que cubría mi polla y su mano entró en contacto con ella.
- Dios! – exclamó al sentir que por primera vez me tocaba la polla – Por favor, que esto no salga de aquí.
Me estremecí al sentir los dedos rodear mi polla directamente. Emi me estaba masturbando y lo hacía desesperada. Recordé que al cabrón del viejo le había dejado tocarle el coño.
- Lo hacemos juntos? – pregunté nervioso.
- Vale – me dijo quizás dándose cuenta que ya otro se lo había acariciado – Mastúrbame tú también a mí.
Si su hija a pesar de la juventud, masturbaba bien, la madre no se quedaba atrás. Yo también apliqué en su coño todo lo aprendido con mi madrastra y enseguida nos estábamos corriendo uno en la mano del otro.
Al terminar me abrazó todavía temblando y con la respiración agitada. Antes de hacerlo habia retirado la sábana para así sentir sus pechos contra mi.
- Joder! Ha sido increíble – me dijo asombrada – Necesitaba hacer esto para olvidar.
- Para olvidar?
- Si – me miró – Olvidarme de mi marido y como se comporta a veces.
Me quedé dudando si sería sincera o no y lo que necesitaba olvidar era lo que había pasado con el portero pero me daba igual. Si nos habíamos masturbado gracias al viejo yo se lo agradecía.
Por la tarde estaba nervioso al tener que encontrarme con Carolina después de haber follado la tarde anterior con ella. Temía darme de bruces con la realidad y que todo aquello hubiera pasado porque estaba cachonda después de haberme hablado de don Faustino.
Cuando me vio llegar me abrazó y todos mis temores se vieron disipados cuando poniéndose de puntillas me besó en la boca.
- Hola, mi rey – me dijo con una sonrisa preciosa – Ya tenía ganas de verte.
- Hola! – la miré lleno de felicidad – Yo también tenía ganas de verte.
Me pidió que me sentara en su silla y ella se sentó en mis piernas.
- Ayer me encantó lo que hicimos, cariño – me decía besándome – Estaba tan excitada… uff.
- Venías caliente por el viejo – le dije.
- Si, pero tú primer beso me terminó de poner cachonda – agarrando mis manos las llevó al culo – De verdad este vestido me hace un culo tan impresionante?
- Por qué lo dices?
- Ya sabes… el viejo. Al verme se quedó pasmado y me lo dijo – me sonrió.
- Y que te dijo?
- Ya sabes que es un guarro, cariño – me miró – Me dijo que se pasaría horas comiéndome el culo y que iba a saber lo que era sentir una boca ahí. Te puedes creer?
- Y te excitó que te lo dijera?
- Un poco, cielo – me volvió a besar – Ya te dije que no puedo evitarlo. Pero a mí me estás gustando tú mucho.
Entre gritos y risas la llevé en brazos a su cama y allí volvimos a follar. Hacerlo con Carolina era impresionante y su carita inocente me ponia muchísimo sabiendo sus secretos.
Los días fueron pasando y cuando me di cuenta solo quedaban tres días para terminar con el piso.
Aquella mañana, Emi venía especialmente nerviosa. Me había dejado la tarde anterior unas llaves del piso porque ella no podía venir a primera hora y al escucharla llegar vi que eran las doce de la mañana.
- Al final se me hizo tardísimo – me dijo como pidiéndome disculpas – Me doy una ducha y estamos juntos. Vale?
- Vale.
Desde aquella mañana que habíamos traspasado la barrera y nos habíamos masturbado juntos, todas los días terminábamos masturbándonos desnudos por completo. Sin sábana, sin ropa interior que nos privara de sentir nuestros sexos. Emi me había permitido también acariciarle las tetas y pude comprobar que se derretía cuando le pellizcaba los pezones mientras mis dedos la hacían correrse una, dos…y hasta cuatro veces en nuestras sesiones masturbatorias.
La curiosidad, tantas veces acertada, me hizo acercarme a la habitación mientras escuchaba el ruido del agua y allí vi su ropa sobre la cama. El vestido verde, el sujetador a juego, vi las bragas y como me temía estaban empapadas. Sentí rabia al saber que había llegado tarde seguramente por haber estado con el viejo asqueroso.
Volví sobre mis pasos y esperé a que me llamara.
Nos estábamos acariciando cuando sentí mi corazón paralizarse al ver aquella marca en su teta derecha. Estaba en la parte de abajo y por eso ni se habría dado cuenta que la tenía. Se veía enrojecida y me quedé asombrado al ver que alrededor tenía la marca inconfundible de unos dientes.
Nunca lo había hecho pero mientras la masturbaba y ella gemía excitada, me atreví a besarle la teta. Si le había permitido a ese asqueroso morderle la teta yo no quería ser menos. Llevaba demasiado tiempo deseando chuparle los pezones y nunca lo había hecho pero esa mañana era distinta.
- Joder! Que haces, cielo? – me preguntó sorprendida.
- Quiero chuparte las tetas – le dije cachondo como estaba.
No esperé su aprobación y rodeando el pezón con los labios comencé a chupárselo con ansia, con deseo y también con algo de rabia.
- Uff… estás muy cachondo – me dijo meneando la polla – Hazlo… Chupa mis tetas.
Subiéndose encima de mi muslo, comenzó a frotarse contra él mientras le agarraba las tetas y se las chupaba.
- Que bien lo haces – gemía mientras me acariciaba la cabeza apretándome contra ella – Muérdelas si quieres. Dios!
No sé que me pasó en ese momento que agarrándole las nalgas, la moví para que sintiera mi polla cerca del coño y me miró asustada al darse cuenta de mis intenciones. Pero además de asustada, en sus ojos vi el deseo de sentirse poseída por otro hombre que no fuera su marido y ella misma adelantó las caderas para que nuestros sexos se rozaran. Y ese se roce se convirtió en un frotamiento que la hizo mirarme sonrojada. Ella también estaba fuera de si y cuando dejé de empujar sus caderas vi que ella era la que se movía sobre mi polla.
- Hagámoslo – me dijo al oído sin dejar de moverse – Quieres follarme, Miguel?
- Si – acaricié las tetas – Deseo follarte desde el primer momento que te vi.
- Dios! – me besó el cuello - Méteme la polla! – pidió suplicante.
Se abrazó a mi con fuerza y todo su cuerpo tembló cuando los labios del coño cedieron ante la presión de mi polla y me introduje en ella. Aquella mujer era un volcán en estado latente y al ser penetrada fue como resquebrajarse las fisuras por donde entró en erupción.
Desesperada comenzó a follarme como si fuera lo último que iba a hacer en su vida. Se movía como una diosa y comprendí que la genética había sido generosa al dotar a Carolina de la pasión de su madre.
Exhaustos sobre la cama, nos miramos alucinados después de aquellos tres polvos dignos de cualquiera de las mejores películas porno que veía antes de conocer los encantos sexuales de mi madrastra.
Me abrazó y me besó en la boca.
- Que Dios me perdone por decir esto, pero follas mil veces mejor que mi marido – me dijo – Y de tu polla mejor no digo nada porque me parecería injusto con él.
Esa tarde volví a follar con Carolina y cada vez me gustaba más esa chica.
El último día que estuve terminando los últimos retoques antes de dar por finalizada la obra, Carolina y yo terminamos follando. Abrazados, nos sinceramos y me sentí feliz cuando me dijo que le gustaría empezar una relación conmigo.
La relación con Emi se enfrió a raíz de enterarse que el chico con el que había roto sus promesas de fidelidad a su marido, ahora era el novio de su hija. Y como no, si la relación entre ellas no había sido buena nunca, ahora era mucho más tensa y distante.
- Mi madre está empeñada que tienes que venir a cenar un día a casa – abrazada a mi después de otro glorioso polvo me acariciaba el pecho – Dice que si tan bien estamos juntos, ya es hora de que mi padre te conozca.
- Y tú quieres que vaya? – le pregunté acariciándole los pechos desnudos – Si voy algún día, quiero que sea porque a ti te hace ilusión que lo conozca y no porque lo diga tu madre.
- Claro que me hace ilusión, tonto – me besó los labios – Estos seis meses juntos están siendo lo mas maravilloso del mundo.
Y es que la verdad, yo me sentía en una nube estando saliendo con ella. Los primeros meses habían sido algo difíciles para mí por culpa de no poder sacarme de la cabeza que mi chica se excitaba con los comentarios groseros de aquel viejo portero que no había vuelto a ver. Por suerte, ella siempre me contaba lo que le decía, o si no me lo contaba, era yo quien se lo preguntaba, sobre todo, los días que venía con ropa demasiado corta o, como no, cuando tenia patinaje y sabía que llevaba esas mallas.
- Y no te dijo nada el viejo hoy? – le pregunté mientras nos abrazábamos en el salón del piso donde vivía yo. Esa tarde venía con una minifalda de lycra que se ajustaba a las nalgas de forma escandalosa.
- Claro que me dijo, cariño – me besaba con deseo – Si no te lo conté es porque a veces me da cosa. Sé que te fastidia mucho que ese viejo le diga cosas a tu niña.
- Pero prefiero saberlo aunque me dé rabia – le dije – Y que te dijo?
- Él sabe que estoy saliendo contigo, supongo que se lo diría mi madre o te vería algún día al venir a buscarme en coche. Y nada… me dijo… pero no te enfades, eh! – me miró – Que es una pena que esté con un crío como tú, y que si algún día quiero saber lo que es estar con un hombre de verdad, no dude en pedírselo que me hará ver las estrellas mientras me folla.
- Joder, que cabrón! – le dije con rabia – Y tú que le dijiste?
- Nada, que le voy a decir! – me miró – Ya sabes lo que me pasa siempre cuando me dice algo, me quedó bloqueada.
- Y te excitas - le dije celoso.
- Sabes que no puedo evitarlo, mi amor – me besó – Pero aunque me pase eso, a quien quiero es a ti y eres tu quien me gusta.
Esa tarde terminamos follando con una intensidad fuera de lo normal. Mientras la follaba, no podía sacarme de la cabeza si Carolina estaba así de excitada por culpa del viejo, por mi, o por las dos cosas. Cuando le acariciaba el coño, a mí mente venía la imagen de su madre corriéndose con la mano de ese asqueroso por dentro de sus bragas.
- Joder, cielo! – me miraba asombrada – Menuda manera de follarme hoy. Que te pasaba?
- Nada – me avergoncé de que pudiera haberse dado cuenta de lo cachondo que estaba – Tu también estabas muy cachonda.
- La verdad es que si – reconoció – Llevaba dos días sin verte.
Una curiosidad intensa se adueñó de mi mente al escucharla y, después de pensar si preguntárselo o no, lo hice.
- Y estos dos días te has masturbado?
- Claro, cielo – me dijo – Ya sabes que tú niña necesita hacerlo si no estoy contigo.
- Pero… - dudé nervioso – Ayer tuviste patinaje y seguro que don Faustino te dijo alguna burrada que te hizo excitar. Te masturbaste pensando en él?
- Cari… - ella también se puso nerviosa.
- Se sincera, por favor.
- Si – se sonrojó – Lo hice pensando en él pero no es porque me guste ni nada parecido, eh! – me besó con pasión – Es que a veces si me excita y no estoy contigo, no puedo evitar tocarme pensando en él.
A pesar de los celos que me carcomían por dentro necesitaba saber.
- Y que piensas cuando lo haces?
- En lo que me dice – me abrazó – Y a veces recuerdo aquel día que lo miré masturbándose. Te acuerdas que te lo conté? Pero a mí la polla que mas me gusta es esta, cielo – la tenía dura y me la acarició.
- Pero la de él te gusta un poco?
- No se… - me miró y estaba sonrojada – La tiene rara porque está torcida hacia un lado y es desproporcionada porque la punta es gruesa y cuando la vi parecía una seta.
- Y alguna vez te imaginaste tocándosela?
- Antes cuando no te conocía y no estábamos juntos, si. Ahora ya pocas veces. Solo cuando me recuerda que se hace pajas pensando en mi.
- Y que imaginas?
- Que soy yo quien lo masturba – se puso encima de mi y me sonrió al colocar mi polla en la entrada estrecha del coño.
- Cuando fue la última vez que te masturbaste pensando que se la acariciabas? – gemí al sentir que se dejaba caer sobre mi polla durísima.
- Ayer
Excitada comenzó a follarme rápido y al verla con los ojos cerrados me pregunté si estaba pensando que estaba follando al viejo asqueroso, pero no me atreví a preguntárselo. Quizás la respuesta sería demasiado dolorosa.
Al día siguiente, aprovechando que tenía la mañana libre, me acerqué adonde vivía Carolina. Estaba desconcertado con lo que me había contado la tarde anterior y necesitaba decirle cuatro cosas a ese degenerado. Carolina era mi novia y no podía permitir que ese viejo le dijera esas groserías.
Al llegar lo vi barriendo la entrada y estaba silbando feliz. Al verme dejó lo que estaba haciendo y se acercó.
- Vaya! Cuanto tiempo sin verte! – me miró y no supe descifrar esa mirada – Ya me enteré que eres tú quien se folla a la zorrita pequeña.
- Mire… no le voy a permitir que llame así a mi novia – le dije encarándome con él.
- Tranquilo, hombre – puso la mano en mi pecho – Si no te imaginas cuanto te lo agradezco, porque no se que le habrás hecho a la madre que está que trina. Y gracias a eso… - puso cara de cerdo y se rio - Ya te dije que esa zorra poco a poco iba a caer y tengo ojo clínico para las mujeres necesitadas.
- No entiendo que me quiere decir.
- Joder! Se nota que eres demasiado joven – se acercó a mi – Tengo a la madre de tu novia comiendo de mi mano – me dijo al oído – Te lo dije y no me querías creer.
- Ella está casada. No le creo.
- Mira – miró hacia el reloj que colgaba dentro de la portería – Por ser tú y hasta me estás cayendo bien. Quedé con ella en el cuarto de contadores dentro de quince minutos. Me jode que me tomen por mentiroso y te lo demostraré. Dejaré la puerta abierta un poco. Sabes donde es el cuarto de contadores? Mira… Ven.
Aturdido por lo que estaba escuchando le seguí.
- Estás pálido – se rio – Tu tranquilo que cuando veas que no te miento, te volverá la sangre al cuerpo. Métete en ese otro cuarto y cuando estemos en faena pues sales. Joder, que no miento! – me dio una palmada en el brazo – Ya verás… Y hoy le dije que trajera las bragas blancas o que se olvidara de estar conmigo. Apostamos a que las trae blancas? Cien euros si tengo razón. Hecho? – me dio la mano cerrando la apuesta – Ahora voy a esperar en el cuarto. Estate en silencio.
Miré el reloj y, si el viejo tenia razón, faltaban tres minutos para la hora. Escuché el sonido de tacones acercándose y mi corazón se aceleró. Había dejado una pequeña rendija y gracias a la oscuridad sabía que era imposible que nadie me viera allí.
La vi. Era ella. Emi llevaba un vestido corto escotado de color amarillo y su imagen después de meses sin verla me impactó. Estaba muy guapa y sexy. Miraba hacia el cuarto de contadores que estaba a la derecha de donde yo estaba escondido.
- Don Faustino? – la escuché preguntar.
- Estoy aquí – lo vi salir hasta la puerta.
La vi caminando hacia nosotros y al llegar adonde alcanzaba la luz del cuarto de contadores vi su cara nerviosa.
- Joder! Estás cada día mas cachonda – llevando la asquerosa mano a las nalgas le acarició el culo.
- Gracias – al sentir la mano vi que cerraba los ojos.
- Te has puesto las bragas blancas? – le preguntó.
Sabía que siempre llevaba la ropa interior a juego con los vestidos y en ese momento recordé la apuesta. Por lo menos con aquella visita iba a ganar cien euros.
- Si – contestó avergonzada – Me puso esa condición para estar juntos.
- Eso es – levantándole la falda comprobó que era verdad – Se que siempre llevas las bragas del color de los vestidos y por eso te lo pedí. Así se las ganas que tienes de estar conmigo. Deseabas que llegara la hora de verme?
- Si.
- Y que quieres que te haga? Dime.
- Quiero que me folle – pidió – Y lo otro.
- Lo otro? – vi la mano colarse bajó las bragas y como Emi se mordía los labios – Háblame claro aunque te dé vergüenza.
- Quiero que me coma el coño como ayer y yo lo mismo a usted.
- Mira que te gustan las pollas, eh! Tu marido es un pringado – sacó la mano y tenia los dedos mojados – Anda, pasa que te voy a dar lo que tu marido no te da.
Me sentía paralizado por lo que acaba de presenciar. Desde mi posición pude ver que, como él me había dicho, la puerta estaba arrimada. Escuché los gemidos de Emi y salí del escondite con sigilo.
Si pensaba que lo visto había sido impactante, lo que vi al acercar la cara a la puerta me dejó estupefacto. Emi, girada de espaldas a la puerta, con el vestido remangado por la cintura y las bragas en los tobillos, tenía la cara del viejo entre las nalgas y gemía mientras se escuchaban aquellos chupetones.
- Joder! Dios! – su voz sonaba muy excitada – Que manera de comerme el culo y el coño! En serio le gusta hacerme eso?
- Me vuelve loco comerte todo – al decirlo había apartado la cara y vi el ano y el coño llenos de babas y flujos.
- Que guarro es! – llevando una mano atrás empujó la cabeza hacia el culo – Siga, por favor. Cómame entera.
Y si eso me había impactado mucho, aluciné cuando vi como en el suelo comenzaban a caer aquellos chorros mientras ella se corría tapándose la boca.
Al girarse vi su cara sonrojada y como lo miraba con un deseo casi animal.
Ni siquiera hizo falta que él se lo pidiera, Emi, fuera de si, se arrodilló y con desesperación le bajó la ropa. Su cara lo decía todo cuando vio la polla durísima y la comenzó a oler y besar con ansias. Desesperada se la metió en la boca y comenzó a chupársela.
- Joder para la mujer casada – decía él excitado – Mira que te gusta mi polla, eh!?
- Si… si… Me encanta su polla, don Faustino – embriagada por el deseo le lamia y besaba los gordos testículos.
- Eso es, zorra – agarrando la cabeza se la metió en la boca – Menuda mamona estás hecha. Tan finolis de pasta y se te caen las bragas por un viejo como yo.
Al ver su boca abierta por completo para que el grueso glande traspasara los labios, recordé lo que mi chica me había dicho que parecía una seta, y era verdad, aquella polla era rara y por lo que estaba viendo, a Emi le volvía loca.
- Y vas a querer que te folle? O quieres que me corra en tu boca de nuevo? – le estaba follando la boca y ella lo miraba con lágrimas en los ojos por las arcadas que le provocaban aquellas embestidas hasta la garganta – Dime! – sacó la polla llena de babas espesas que colgaban hacia el suelo.
- Quiero que me folle! – rogó excitada – Fólleme como estos días, por favor.
- Sabes lo que tienes que hacer para que te folle, verdad?
- Si – agarrando las manos de él, las acercó a la cara, él las abrió con las palmas hacia arriba y Emi pasó la lengua por ellas – Me tiene comiendo de sus manos – dijo ante mi asombro – Soy su perra.
- Y que es tu marido?
- Un cornudo – lo miró con ojos suplicantes – Es un cornudo que no sabe apreciarme y usted supo hacer que le entregue mi cuerpo. Fólleme, por favor.
Estuve a punto de tener que hacerme una paja allí mismo.
Emi, la madre de mi novia. La elegante y recatada esposa, abrazaba a ese viejo y lo miraba agradecida. Con cada embestida, ella le daba gracias por esos pollazos que le llegaban al útero y no podía creerme esa devoción en su mirada.
Y se corría aferraba a su cuello una y otra vez. Y me sobrecogió ver cómo era ella quien buscaba su boca y le metía la lengua mientras gemía.
Arrodillada se lo pidió.
- Córrase en mi boca, por favor.
Al ver salir a borbotones el semen, y la cara de felicidad de ella al recibirlos en su garganta, me di cuenta que esa mujer ya no pertenecía a su marido, pertenecía a ese viejo. Sin duda, la había convertido en su hembra.
Me volví a esconder cuando vi que ella se subía las bragas y se colocaba el vestido.
La vi desaparecer y como subía a casa.
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