Una mala decisión. Parte 10 ( Fin )
Siempre pensé que el peligro estaba en la oficina, en los ojos de mi jefe. Pero el verdadero abismo no estaba en el ascenso, sino en la portería del edificio. Abel no solo limpiaba los pasillos; limpiaba mis secretos, y luego, me limpió a mí.
Una mala decisión, parte 10 (Final)
Es raro decirlo después de todo lo que he contado hasta aquí pero jamás había sido demasiado imaginativa con el sexo. Nunca había tenido ni el deseo ni la fantasía de estar con dos hombres al mismo tiempo.
Pero en ese preciso momento de mi vida estaba de rodillas sobre unos cojines intentando meter dos pollas dentro de mi boca, sin lograrlo claro.
Horacio sostenía mi pelo como una especie de rienda, alternaba en mamársela a uno y a otro.
Ninguno de los dos se había corrido todavía mientras que yo había acabado dos veces ya.
Emilio se recostó en el suelo, su cuerpo me pareció enorme en la pequeñez de la sala, pensé que quería que me montara sobre él.
_Date la vuelta cariño_ me dijo
Me giré dándole la espalda, con sus manos en mi cintura me volcó sobre él y me penetró.
Perdí un poco el equilibrio y me sostuve con ambas manos en sus rodillas.
_Ay_ dije con sorpresa porque Emilio me volcó aún más sobre su pecho. Horacio ayudo a subir mis piernas sobre las piernas de mi gorila. Las plantas de mis pies desnudos se acomodaron sobre sus huesudas rodillas.
_Ahhh!!......_ gemí porque la enorme polla de Emilio comenzó a taladrarme en esa posición.
Horacio guio mi boca hasta sus huevos, los lamí de arriba a abajó y luego a lo largo del tronco, desde la base de los huevos hasta la punta, tenía una buena polla también.
Vi como cerraba los ojos y su rostro de contraía de placer, los abrió justo para encontrarse con los míos, habíamos estado trabajando juntos por años, yo tampoco podía creérmelo.
_Voy a darte por el culo Patricia_ dijo una voz a mis espaldas
_ ¿En esta posición?_
_Si voy a partirte el ojete así, viéndote este culazo que tienes_ y me dio un azote, el primer azote en el culo que me daban esa tarde.
_Alcánzame la cartera Horacio_ dije
Saqué de ella el gel lubricante y se lo pasé a Emilio.
_Ponte en la polla también, porfa_ dije.
No recordaba haber sido empalada de ese modo y temí que fuera muy doloroso.
Emilio acomodó su polla en mi ano y fui dejándome caer, lentamente, tratando de que no fuera muy brusco.
_Dios…joder…..no puede ser….._ dije porque esa enorme polla no terminaba nunca de abrirse camino en mi recto.
_Si Patricia ya verás que si podrá ser_ dijo Emilio y empujó un poco más mi cuerpo hacía abajo
Horacio me sobaba las tetas y miraba la maniobra con cierto asombro.
_Joder ya la tienes casi toda dentro_ dijo
Hice un gesto de dolor y entonces él me besó en la boca, sus gafas hicieron contacto con mi nariz.
Mis pies estaban bien afirmados en las rodillas de Emilio y mis manos en su vientre.
Su polla era como un enorme pistón moviéndose hacia arriba, dentro de mi ano.
_Ahora dale tú por el coño Horacio_
De pronto tuve el rostro de mi subordinado en la empresa frente a mí, sudaba, sus gafas resbalaban sobre el puente de su nariz.
Tenía que estar casi en cuclillas para penetrarme y seguramente su estado físico no era el más adecuado.
_Joder macho, no es tan sencillo_ dijo
Pero la voluntad y el deseo son el gran motor de la humanidad.
Nos miramos los dos fijamente por un segundo conteniendo la respiración y entonces sentí su polla entrando en mi coño.
_ Ahí te va…sí………ahí te va_ dijo
Cerré los ojos y me concentré en sentir, el rostro de Horacio estuvo más próximo al mío y su polla más dentro de mi coño.
Emilio se movió también levemente. De pronto sentí las dos pollas chocarse casi a través de las paredes de mi coño.
_Dios….no puede ser_ dije y gemí lastimeramente.
Estaba ensartada en sus pollas.
Comenzaron a follarme suavemente primero y luego con más violencia, mis piernas quedaron suspendidas en el aire, sostenidas por Horacio.
Me besaba en la boca, sentí también la boca de Emilio besando mi espalda, me sentí morir.
Por momentos mi gorila se quedaba quieto para que Horacio me follara más a gusto y por momentos lograban una sincronización casi perfecta
Me sentí desfallecer, era casi como estar suspendida del aire, acunada y mecida por esas dos pollas.
_Joder voy a correrme otra vez_ dije
_Córrete hermosa, córrete las veces que quieras_ dijo Horacio
Su boca chocó con la mía, abrí muy grandes los ojos con asombro de lo que estaba pasando y casi perdí el sentido de la existencia
_Dios…me corro…si….si…..sí._
Ellos también comenzaron a correrse dentro de mí, las eyaculaciones se sucedieron dentro de mi coño y mi culo casi al mismo tiempo.
El semen de los dos me corría por la entrepierna al levantarme, me sentí súbitamente avergonzada.
_Espera te traigo una tolla_ dijo Horacio
_ ¿Dónde está el baño?_ pregunté
El baño también parecía detenido en el tiempo.
Al día siguiente era extraño cruzar la mirada con Horacio en la empresa. No voy a decir que trataba de evitarlo, pero cuando lo tenía lejos me sentía aliviada.
Me alarmé un poco cuando Horacio me envió un mensaje.
_Patricia ¿tienes un minuto?_
No estaba por la labor de nada erótico y lo recibí en mi oficina con cierta aprensión.
_No sé si te has enterado, le han robado a Alcacer_
_ ¿Le han robado?_
_Si, ayer cuando salía de un bar_
Lo miré incrédula, él tenía ese aire melancólico, un poco ausente de siempre.
_Le dieron un puñetazo en el estómago y le quitaron el móvil_
Pensé inmediatamente en Abel ¿Sería obra suya? Habíamos quedado en que no habría violencia.
_Pero ¿Alcacer está bien?_
_Si, por lo que me contaron recibió un puñetazo que lo dejo sin aire, doblado en dos y el ladrón le quitó el móvil y la cartera también_
No podía ser tanta casualidad, esto tenía que ser obra de Abel.
Me fui antes de la empresa para llegar al edificio y hablar con el conserje.
Estaba con una gamuza repasando unos apliques. Una señora salía del edificio en ese momento, esperé a quedarnos solos.
_Abel…_ dije
_Sígueme Patricia_ dijo escuetamente, fuimos hasta el bajo que era su vivienda.
Nunca había estado allí, era un lugar bastante ordenado y aseado. Recordé que alguien se había quejado de que no dormía allí siempre y no había estado disponible para una emergencia.
No tenía obligación de hacerlo claro.
Cogió el móvil de un cajón y lo puso sobre una mesa de comedor un poco anticuada.
El lugar parecía un poco deshabitado, ni siquiera había televisor en esa sala comedor.
_Lo que te recomiendo es que le quites la memoria y la destruyas, sin encender el móvil_ dijo
Tenía un aire furtivo que nunca le había visto en los años que le conocía, la cicatriz sobre su párpado le daba un aire de persona del hampa que tanto me había llamado la atención cuando recién le conocí.
Sus ojos claros me miraban fijamente.
_ ¿Abel usted golpeo a Alcacer, para quitarle esto?_ pregunté
_Cuantos menos detalles sepas es mejor Patricia_
_Bueno, es que para mí sería importante saberlo_ dije
Él parecía estudiarme con atención, era algo más bajo de estatura y al estar yo en tacones, casi lo miraba desde arriba.
_Era un trabajo que preferí hacer solo, no valía la pena incluir otra persona_ dijo
Mire sus fornidos brazos, los tatuajes que asomaban por las mangas enrolladas de su camisa.
Me causó cierta impresión saber que había golpeado a Alcacer. Que hubiese sido capaz de algo así.
_Si quieres destruir la memoria, puedo hacerlo ahora, yo me ocupo luego de hacer desaparecer el móvil ¿estás de acuerdo?_
Había pensado en destruir la memoria y devolver el móvil a Alcacer de alguna manera.
_Está bien_ dije
Quitó la memoria, la rompió por la mitad y también el chip del teléfono, los envolvió con un paño y lo puso en el suelo, luego le dio un pisotón muy fuerte que me alarmó y me hizo lanzar una exclamación de temor.
Dio otros dos pisotones con sus zapatones acordonados. Me mostró los trozos en que había quedado convertido todo.
Me sorprendió la decisión y la violencia con que lo hizo.
_Bueno ya puedes estar tranquila, no existen esos videos_ dijo
_Gracias Abel, no sé cómo agradecerle la…las molestias que se ha tomado_ dije un poco temblorosa.
_No es nada, ve tranquila, yo me encargo del móvil_ dijo
Mientras subía en el elevador pensaba que seguramente vendería el móvil que era un IPhone y también estaba lo de la cartera de Alcacer, sobre lo que no me animé preguntar.
Esa noche tuve una pesadilla, veía como Abel destrozaba algo con el pie en mi propia sala
_Basta Abel deténgase_ le decía yo, él me miraba con una sonrisa algo diabólica.
Unos días después Alcacer me llamó, me contó lo del robo que había sufrido y dijo que quería verme.
Le respondí que prefería no estar con él por el momento y se puso furioso.
_ ¿Crees que porque no tengo los videos te vas a librar de mi como si fuera un perro? te puedo joder la vida de muchas maneras si quiero_
_Yo también se cosas de ti por si no lo recuerdas_
_ ¿Si? ¿Vas a contar que le mamé la polla a un tío? A mucha gente le va a encantar saber cómo te has follado a media empresa, como el imbécil de Horacio te ha dado por el culo hasta hacerte llorar de placer_
_Que te den Alcacer_ dije, pero un profundo temor me apretaba la garganta.
_Te doy hasta mañana Patricia, si no vienes a mi casa mañana por la noche, te voy a demostrar de lo que soy capaz_
Esto era algo que no entraba en mis planes.
Pensé que tal vez lo mejor sería ir a su piso y apaciguarlo, pero no quería repetir la experiencia anterior, esnifar cocaína y que me follara salvajemente. Además me daba miedo ya, no sabía hasta qué punto podía ponerse violento.
Abel tenía una camiseta sin mangas, cuando me abrió la puerta, sus brazos estaban completamente tatuados.
_Pasa_ dijo
Sentí olor a comida, se estaba cocinando algo, fue hasta la pequeña cocina con paso rápido.
_ ¿Quieres beber algo?_ me dijo
_No gracias, quería pedirle un consejo_
El asintió con la cabeza.
_Este hombre, Alcacer sigue amenazándome con contar algunos secretos míos, en la empresa_
_Los videos están en relación con ello supongo_ dijo
_Si, yo también sé algunos secretos suyos, pensé que eso bastaría para contenerlo, pero lo noté muy cabreado hoy y muy decidido a hacerme daño_
_ No quería preguntarte esto pero ¿Esos secretos son financieros o sexuales?_
Tragué saliva, no me podía creer estar contándole todo esto al señor Abel de toda la vida, nuestro amable conserje.
_Bueno voy a necesitar saber un poco más de todo esto para poder ayudarte_ dijo
_Quisiera un vaso de agua_ dije
Fue hasta la cocina, escuché el grifo abrirse, trajo el vaso, lo puso sobre la mesa bajo una servilleta de papel.
_Siéntate mejor_ dijo
Me senté a la mesa y le conté todo. Nada parecía asombrarle. Lo único que omití fueron mis últimos encuentros con Emilio y Horacio, a solas y luego en trío. Era confesar demasiado.
_Así que no le importa que tú cuentes que le mamó la polla a un tío_
_Al parecer no_
_Eso es porque sabe que tú no lo vas a hacer y porque en el fondo es un maricón reprimido, casi que debe desear que tú cuentes todo para salir del closet de una vez. Pero a la vez debe tener deseos de llenarte de coca hasta las orejas y follarte de nuevo_
Me chocó que hablara de mí en esos términos.
_Bueno déjalo por mi cuenta, ya te avisaré como sigue esto_ dijo confiado
_Abel perdone lo que voy a decir, pero no quisiera ninguna situación violenta_
_No, tu tranquila, no será necesario_
_Gracias_ dije levantándome de la silla
_Pero Patricia, el consejo que me has pedido es que… Hay ciertas pasiones, esas pasiones como las que tienes tú, el secreto ese, son juegos que deben desarrollarse en un ámbito de control ¿sabes?_
_No se….como….._ comencé a balbucear
_Te lo digo por experiencia, algún día te contaré más cosas de mí, pero bueno para algo se inventó el boxeo, allí dos tíos se parten el morro, pero con guantes, hay reglas, hay un árbitro. Es violencia si, pero en un ámbito de control ¿entiendes lo que digo?_
_Si…..claro_ dije sin entender cómo se relacionaba el boxeo con mi pequeño secreto.
Mi pequeño secreto de exhibirme desnuda ante extraños
Al día siguiente me desperté sobresaltada, pensé que había sido una locura contarle todo a Abel, que estaba loca, que debía arreglar las cosas con Alcacer, pero….las cosas se habían salido de control, Alcacer era inmanejable, yo lo había provocado, no se puede jugar con las personas así como así, era culpable, debía ser castigada, iría a su piso y dejaría que me follara como se le antojara, que me golpeara si quería.
A media mañana recibí un video, era de Abel.
_Luego de que se descargue en tu móvil, envíaselo a Alcacer, el entenderá y no te molestará más_ decía el mensaje.
Puse a descargar el video.
Me llegó un mensaje de Horacio
_Alcacer no ha venido a trabajar hoy_
El corazón me dio un vuelco ¿Abel habría sido capaz de hacer una locura? ¿Habría dado una paliza a ese niño pijo o lo habría matado? Dios mío que había hecho, todo por mi causa. Comencé a llorar, dos lágrimas corrieron por mi rostro.
El video se había descargado.
Primero fue el rostro de Alcacer, su hermoso rostro en expresión sufriente que tan bello me parecía.
Alguien acomodaba el móvil con la mano.
_ ¿Te gusta cómo te doy por el culo maricón?_ decía una voz conocida, se me paralizó el corazón
_Sigue…sigue…fóllame…no pares_ decía Alcacer, la mano del hombre detrás suyo le jalaba con fuerza del pelo mientras se lo follaba, era un brazo lleno de tatuajes.
Envié el video al nuevo móvil de Alcacer. No hubo respuesta de su parte
Estaba catatónica, no me esperaba algo así
Intenté no encontrarme con Abel al llegar al edificio, una extraña vergüenza me paralizaba, quería meterme en la cama y no ver a nadie nunca jamás.
Pero el me llamó, bajé.
_Pasa_ me dijo estaba otra vez en mangas de camisa.
_Abel quiero darle las gracias pero a la vez…...todo esto me ha superado por así decir….no es la manera en que yo…_
_Si entiendo no es la manera en que suceden las cosas en tu mundo Patricia_ dijo esto con cierto reproche.
_No quiero decir que…no aprecie…._
_Hay muchos mundos en este mundo Patricia, cada uno tiene sus reglas, a veces son reglas duras, otros mundos son salvajes, no hay reglas allí. La cárcel por ejemplo, es todo un mundo, un mundo propio con sus reglas también pero es un sitio salvaje ¿sabes?
Si en la cárcel caía un niño pijo y bonito como tu amigo Alcacer yo me lo follaba sin miramientos, me gustaba hacerlo. Fuera de la cárcel no, me gustan más las mujeres la verdad ¿te choca que te diga esto?_
_No….está bien_ dije allí de pie, viendo cómo se despojaba de su piel de cordero.
_Tuve que presionar un poco a tu amigo anoche, no fue tan fácil, todo comenzó como un ligue de maricones en un bar, pero él no estaba tan seguro de dar el paso. Así es que tuve que ponerme un poco rudo con él al principio, se desmoronó rápido, él lo deseaba creo, luego ya has visto, que le gusta más la polla que a cualquier mujer, como buen maricón es un poco sumiso también_
_ ¿Has tenido que golpearlo?_ dije, tuteándolo por primera vez
_No, no fue necesario_ dijo el con firmeza, su nariz era ligeramente aguileña, su barba entrecana, la cicatriz sobre su ojo izquierdo, sus tatuajes, su pendiente de oro.
_Mejor así_ dije pero pensé que me estaba mintiendo, seguro se había puesto violento con Alcacer.
_También creo que puedo seguir ayudándote, si quieres, ese mundo tuyo del jueguecillo de exhibirte, es un mundo peligroso también, deberías hacerlo en un ámbito de control, como el boxeo_
_ ¿Un ámbito de control? ¿Cómo sería eso?_ dije con un hilo de voz.
Abel tenía un piso donde pasaba muchas noches cuando no estaba en el bajo de la portería.
Era un barrio anodino de muchos bloques de edificios iguales, construidos en los años setenta.
El piso era cutre y barato, me llamó la atención un sofá color rojo sangre, con dos grandes cojines rectangulares, una mesa de fórmica amarillenta, un televisor anticuado y enfrente un viejo sillón de respaldo muy alto, al lado suyo una mesa de bar con ruedecillas con varias botellas y al lado una lámpara de pie.
Escuché las voces por el pasillo y me sobresalté. Toqué el collar de perlas en mi cuello como una especie de amuleto.
Abel venía con un sujeto gordo, bajo de estatura como él, el pelo pajizo y teñido de rubio.
_ Ella es Olga, no entiende mucho de español_ dijo Abel, le di la mano al hombre, estaba sudada.
_Él ya conoce las reglas, cinco minutos a partir de que te desnudes, sin tocar, yo estaré en la habitación de al lado_
Miré al hombre que sentó en el sillón de respaldo alto. Estaba nervioso como yo.
_Si te vas a pajear allí tienes papel para limpiarte ¿Has visto los melones que tiene la rusa?_ dijo Abel al hombre y nos dejó solos
_ ¿Ha estado bien?_ dijo Abel mientras se preparaba un trago
_ Si, ha estado bien_ dije avergonzada. Quería irme pronto de allí
Subí al coche, conduje unas calles, aparqué en un sitio oscuro, había sido todo tan sórdido tan humillante. Me masturbé frenéticamente, me corrí retorciéndome en el asiento del coche.
Habíamos quedado que lo llamaría cuando necesitase otra “dosis”.
Volví a quedar con Emilio y Horacio, disfrutaba mucho de esos encuentros. Funcionábamos bien como trío, no había competencia entre ellos dos y me sentía tratada como una princesa y follada como una zorra.
Pasaron los días y las semanas
Descubrí que con Abel todo era como siempre, respetuoso, amable, todo era como siempre.
Me tranquilicé, me relajé, estaba bien, hasta estaba mejor con mi esposo y pude volver a follar con él de forma placentera, dejé que me diera por el culo como era su fantasía primera.
Fue entonces cuando llamó Rodrigo para decirme que David iba a ser trasladado y él había propuesto mi nombre para ocupar su puesto.
En la empresa estaban de acuerdo, el nombramiento iba a ser inminente.
La buena noticia, ese ascenso que tanto había esperado me llenó de ansiedad.
Soporté ese estado de ansiedad como pude y finalmente llamé a Abel, necesitaba otra dosis de mi jueguecillo secreto.
Otra vez el piso cutre de Abel, el sofá color rojo sangre, sangre amarronada y seca, esos cojines rectangulares, la lámpara del techo que daba una luz clara y sin matices.
El nerviosismo y la tensión estaban allí como la vez anterior.
Esta vez el hombre era un marroquí, flaco, alto, tendría menos de treinta años.
Me desprendí la camisa lentamente, una mejilla del marroquí latía debajo de su ojo derecho.
Mi sujetador cayó hacía el abismo tan temido, inalcanzable, mis pechos oscilaron desafiantes.
_Joder_ dijo él, sacó afuera su polla
Tenía una gran polla, negra, retorcida.
La vez anterior yo no me había tocado pero ahora si lo hice, no pude evitarlo, levanté un poco mi falda, mostrando mis largas y torneadas piernas, apoyé un pie sobre una silla y toqué mi clítoris hinchado.
Mi culo apoyado en la mesa de fórmica.
No debí hacerlo.
El marroquí se levantó del sillón y vino hacia mí. Extendió su mano morena.
_ Oye no puedes tocar_ dije
Abel estaba escuchando en la habitación contigua.
_ ¿Eres imbécil tío, quieres que te parte la cara?_ dijo al entrar.
Mis ojos se encontraron con los suyos, era la primera vez que me veía desnuda.
_Perdona tío, es que está tan buena que…_ dijo el muchacho
_Siéntate allí y acaba de una vez_ dijo Abel
Se sentó en el sillón trastabillando.
_ Está bien Abel_ dije, volví a mirarlo, toqué mi pecho con una mano, lo sopesé, pellizque el pezón.
Abel me miraba hacer imperturbable. Sus ojos claros eran fríos como el acero.
Volví a rozar mi clítoris.
Al poco rato el marroquí se corrió, su pollón escupía abundantes chorros de semen.
Abel y yo nos mirábamos, seguía él tan sereno como siempre
El chico marroquí se marchó con Abel, me quedé desnuda apoyada en la mesa de fórmica.
Mi vista recorrió el lugar tan cutre, tan impersonal y anodino. El aparato de televisión anticuado, el reloj de pared barato.
Mis pezones seguían erectos, humedecí un dedo en mi boca y acaricie el pezón empitonado.
No pude evitar gemir, eran innegables, mi calentura y mi deseo.
Sabía que no debía hacerlo pero sin embargo seguía allí con el culo apoyado en esa mesa y acariciando mis pechos, no tenía adonde ir, podía llamar a Horacio, ir a su piso.
Pero mi deseo era otro.
_ ¿No te vistes?_ dijo Abel al regresar, comenzó a preparase un trago en la mesilla bar.
_Abel_ dije muy quedamente
Se dio vuelta con parsimonia, me pareció que su mirada era más dura que de costumbre.
Me contempló con la copa en la mano sin sonreír.
_Ven….._ le dije muy quedamente
No respondió, tomó uno de los cojines rectangulares del sofá y lo arrojó al suelo frente al sillón, apagó la luz del techo, por un momento quedamos en penumbras iluminados por la luz que venía de la cocina.
Encendió la lámpara de pie de al lado del sillón y se sentó en él.
Miré el cuadro, especialmente el cojín de ese color rojo sangre en el piso casi entre las piernas rechonchas, abiertas de Abel.
Acaricié uno de mis pechos, él bebió un sorbo de su copa, sin decir nada.
_ ¿No vas a decir nada?_ dije e intenté sonreír sin conseguirlo
El siguió en silencio.
Luché dentro de mí, miraba ese cojín en el suelo, los tatuajes de sus brazos apoyados en el brazo del sillón, su manera tan tranquila de beber y mirarme, su cicatriz sobre el párpado como la de un viejo pirata.
Caminé hasta él, al ponerme de rodillas sobre el cojín tuve la misma sensación de caída que cuando miraba el sujetador deslizarse hasta mis pies.
Por dios, estaba de rodillas casi entre las piernas de quien había sido el conserje de mi edificio durante siete años.
_Patricia quiero que seas muy consciente de lo que va a pasar_ dijo
Puse mis mano sobre mis muslos, el acaricio levemente mi mejilla con el dorso áspero de su mano, no pude evitar dar un suspiro.
_Shh tranquila_ dijo
Tomé su mano y la besé. El dorso de su mano tenía la consistencia de una lija.
_Nuestra relación va a cambiar y mucho, hasta ahora he sido tu amigo, tu dealer, tu protector en parte_ volví a besar el dorso de su mano y la froté sobre mi mejilla, por dios estaba loca de deseo por él.
_A partir de ahora voy a ser tu chulo ¿sabes lo que es un chulo?_
Asentí con la cabeza siempre con su mano sobre mi mejilla.
_Eso quiere decir que vas a obedecerme en todo, no porque yo te obligue, tu misma lo vas a hacer, también tal vez tenga que castigarte si debo hacerlo, si no te portas como yo quiero ¿Lo entiendes?_
Llevé su mano hasta uno de mis enormes pechos, sentí su aspereza sobre la blandura de mi seno, lo miré implorando que me acariciara pero su mano seguía inerte bajo la mía.
_Quítame los zapatos, he tenido un día largo_ dijo
Le quité los zapatones que tantas veces le había visto en el trabajo como aturdida, desprendí sus cordones mientras él seguía bebiendo con parsimonia, los quité de sus pies.
_ ¿también los calcetines?_ dije
_Si_ dijo él echando su cabeza hacia atrás. Los dedos de sus pies eran toscos como había imaginado, la uña de uno de sus dedo gordos tenía un tono violáceo como si hubiese recibido un golpe.
Acaricié el empeine de sus pies al apoyarlos en el suelo.
_ ¿Y ahora?_ dije
_Tu sabes lo que tienes que hacer ahora Patricia, solo de ti depende_
Acerqué más el cojín color sangre, deslizándome sobre él hacia adelante, ahora estaba entre sus piernas, puse mis manos en sus rodillas, sobre su pantalón de trabajo que tantas veces había visto cuando trajinaba con él por el edificio.
Con las dos manos recorrí sus piernas hasta encontrarlas sobre su polla, sobre el pantalón. Tenía una gran erección.
Baje la cremallera, desprendí el cinturón y los botones, acaricie su polla sobre los calzoncillos, eran de un color celeste, gastado, un vulgar slip.
Su polla era algo corta pero gruesa y curva, no estaba muy limpia, la tragué hasta el fondo, entera hasta que mi boca llegó hasta su ingle, la saqué de mi boca y cogí aire.
Abel seguía imperturbable bebiendo a pequeños sorbos.
Lo pajee con una mano, me escupí la mano y esparcí mi saliva sobre su polla, la coloqué entre mis pechos, la froté allí, él esbozó una sonrisa y cerró los ojos.
Volví a mamársela otra vez, ampulosamente, mi cabeza sabiendo y bajado sobre su polla, el que no me tocara en lo más mínimo me estaba volviendo loca.
Le bajé el pantalón hasta quitárselo, comencé a mamarle los huevos lamiéndolos completamente, embadurnándolos de saliva con mi lengua, estaban peludos, me quité un pelo de la boca, el acarició mi cabeza, como si fuera una mascota.
_Sigue un poco más abajo_ dijo y levantó un poco su culo en el sillón
Metí mi cabeza en su culo y lamí su ano, peludo, oloroso. Por primera vez lo escuché gemir.
Hacía un sonido gutural como una bestezuela en la espesura de un bosque.
_ Sí, que bien lo haces_ dijo
Puse una mano en cada nalga suya y poniendo mi lengua rígida penetré su culo, él puso una mano en mi nuca y presionó.
Me ponía escucharlo gemir así
Sentí que me ahogaba, luego me cogió del pelo y llevó mi boca hasta su polla otra vez, marcó entonces el ritmo de la mamada y me estrujó un pezón con dos dedos.
Sentí un placer intenso y agradecido.
Siempre cogiéndome del pelo levantó mi cara y me besó en la boca, su aliento era a cigarro y a whisky.
_Quiero que te corras así, en mi boca_ le dije
_ ¿Estás segura?_
No respondí, metí su polla en mi boca con decisión, él entonces cogió mi cabeza con sus dos manos y comenzó a follarme la boca violentamente.
Sus piernas estiradas rozaban mis pechos.
Sus manos aferraban mi melena rizada con violencia, su polla se follaba mi boca sin piedad.
Comenzó a ponerse rígido, su corrida era inminente.
De pronto explotó en mi boca, lanzó un alarido de bestia herida, era como un gran jabalí peludo y salvaje gimiendo.
Sus manos seguían aferradas a mi pelo haciéndome daño y sus piernas temblaban.
_Ah…… que bueno, que puta eres_ dijo casi sollozando
Pude tragar toda su leche y la sentía correr, agria por mi garganta hasta mí estómago.
Lo miré, su rostro era de felicidad, me corrió el pelo de la cara con dulzura.
Apoye mi mejilla en su pierna, el siguió acariciándome dulcemente.
_Abel quiero hacerte una pregunta_
_Joder eres de las que les gusta hablar, dime_
_Cuando me ofreciste ayuda la primera vez ¿Ya estabas pensando en follarme?_
_Claro, he estado pensando en follarte desde que te vi _
_ ¿Si? pero nunca habías intentado nada en estos años_
_Hubiese sido una estupidez de mi parte, tengo respeto por el lugar y la gente donde trabajo_
_ ¿Y ahora?_
_Hace unos meses que he estado observándote y noté algo diferente en ti_
Me sorprendió lo certero de su observación.
_ ¿Que habías observado?_
_Eras….como una potranca sin jinete… ¿cómo en las películas cuando el caballo vuelve a la casa y su dueño ha caído en un barranco o lo han matado los indios? Así _
Luego le serví una copa, me desnudé por completo y me monté sobre él, le gustaba azotarme el culo y los pechos. Nos besamos con violencia. Su pecho estaba cubierto de tatuajes, tenía una cruz esvástica cerca del hombro.
Él se dio cuenta que la había visto.
_ Gilipolleces de joven_ dijo
Asentí, nos besamos nuevamente, mordió un poco mis labios
Era un hombre violento después de todo, bajo control como él decía, pero en el fondo subyacía toda esa fuerza violenta.
Sin que él me lo pidiera me coloque su polla en la entrada de mi culo y me deje caer lentamente.
El me besaba las tetas ruidosamente mientras me enculaba, volvimos a morrearnos.
Se incorporó del sillón y me llevó alzada y montada en su polla hasta la mesa.
Me sorprendió la fuerza que tenía, era más bajo que yo pero muy musculoso a pesar de su sobre peso.
Puso mis piernas en sus hombros y una mano en mi pecho, estrujándolo con fuerza.
Su polla ahora me taladraba el culo con furia.
Acaricie su pecho lleno de tatuajes recorriendo cada uno, unos números romanos, una especie de dragón, un nombre de mujer, letras que parecían chinas, una especie de virgen, supongo que de diferente épocas, algunos hechos en la cárcel tal vez. Acaricie la cruz esvástica, dibujada torpemente.
“Gilipolleces de juventud” Había dicho, había sido un nazi o neonazi alguna vez.
Un hijo de puta de esos me estaba dando por el culo sobre una mesa cutre de fórmica
Cogí su mano de mi pecho y la llevé hasta mi boca, puse su pulgar en ella.
Lo chupé con fruición, nos miramos a los ojos.
Me corrí como una guarra así de esa manera.
Con su dedo en mi boca y su polla en el culo.
Unos días después confirmaron mi ascenso, mudé mis cosas a la oficina que había sido de Mikel y de David. Era el momento que tanto había esperado, no pude evitar emocionarme y lagrimear un poco de felicidad.
Escribí a Abel.
_Estoy en mi nueva oficina, no puedo más de felicidad_ le puse
_Bien por ti_ escribió
Mi sueldo se duplicó, calculé el dinero que ganaba y lo que cobraba Abel como conserje, sentí un escalofrío.
Cuando llegue al edificio no pude evitar llegar hasta la portería, toqué la puerta, Abel no estaba y sentí como un vacío inexplicable.
A la mañana siguiente, mi esposo y el niño marcharon primero como siempre.
Abel estaba limpiando, trajinando como siempre.
_ ¿Puedo hablar contigo?_ dije
Lo seguí por el pasillo, yo con mis tacones, mi falda corta, el blazer entallado.
Abel con su uniforme de trabajo de siempre.
Entramos, lo besé apasionadamente, se dejó hacer, en esa misma sala-comedor había una cama destartalada, cogí la almohada, la puse en el suelo, me arrodillé, él se apoyó en la mesa.
Le hice una mamada y tragué su semen agrio mientras él sujetaba mi cabello rubio rizado con ambas manos.
Esto se convirtió en una costumbre, una manera de comenzar el día, que me sosegaba para el resto de la jornada.
Me sentía plena como nunca, todo estaba en su sitio o eso me parecía.
Comencé a obsesionarme más y más con Abel.
Repetimos el jueguecillo de desnudarme con extraños dos veces más, pero ahora lo que me ponía es que ganaba dinero para Abel de esa manera y luego cuando el extraño se iba follaba con él.
Un día me dijo que quería cambiar el coche, le transferí nueve mil euros de mi cuenta.
Comencé a hacerle pequeños regalos, ropa, zapatos. Un reloj pulsera de acero de 3500 euros.
Una tarde que mi esposo fue con el niño al estadio del Madrid por primera vez, Abel vino a mi casa, era arriesgado.
Me dio por el culo en posición perrito sobre mi cama de matrimonio, sujetándome del pelo, gritaba yo tanto que debió amordazarme con una mano.
Más me follaba y más encoñada estaba, me desconocía a mí misma por completo.
Un día en la cama de su sórdido piso, donde teníamos los encuentros con extraños, mientras me follaba de costado y me besaba no pude más y se lo dije.
_Abel…creo que estoy enamorada de ti_
_ ¿Si? ¿Enamorada? No…..ya se te pasará, le sucede a todas las putas con su chulo_
_Haría cualquier cosa por ti_ le dije, nos besábamos, mientras seguía follándome y sobando mis pechos.
_ ¿Qué harías Patricia? Dime_
_Follaría con quien tú me ordenaras, quiero ganar dinero para ti_
_Ja, ja ja que niña eres, ya ganas bastante dinero creo yo_
_ ¿Te gusto? dímelo_
_Claro que me gustas, me gusta que seas tan rubia, tan pija, tan tetona, tan puta_ dijo y me folló más duro.
_Joder Abel me tienes loquita… me tienes…_
Puso su polla en la entrada de mi culo, se afirmó un poco y empujó.
_Así qué estas enamorada de mi_ dijo
_Te amo joder… te amo…….no sé qué me has hecho…._
_Ahora te estoy dando por el culito_ dijo, nos volvimos a besar, su aliento a cigarro me gustaba, todo lo suyo me gustaba, en ese momento hubiese dejado a mi esposo por él, cualquier cosa.
Me volcó sobre la cama y se retrepo sobre mí, cubriéndome con su cuerpo.
Me sentía sofocada por su corpachón, también eso me gustaba, nos besamos otra vez, me daba golpes secos de polla dentro de mi culo.
_Que niña eres Patricia, mira que decir que estás enamorada_ y se Reía y me besaba.
Me dejé llevar una vez más y no tardé en correrme.
Así llegué a mi cumpleaños, 33 años, me podía considerar afortunada, era exitosa, tenía un esposo que me amaba, mi niño que era toda mi vida y lo tenía a Abel.
También tuvo razón en lo que dijo, después de un tiempo se pasó un poco mi enamoramiento, ya no le hacía una mamada diaria, dejé de hacerle regalos costosos todo el tiempo.
Cuando necesitaba mi “dosis” le llamaba. Cuando me sentía estresada y presionada en el trabajo.
Otra vez su piso cutre, su sofá color rojo sangre, la mesilla bar, la lámpara de pie.
Escuché voces de Abel y otro hombre en el pasillo, acaricie un pezón por sobre la camisa de seda.
Sentía venir el subidón, la sensación de desnudarme frente a un extraño.
Desnudarme aquella primera vez con Rodrigo, había sido una mala decisión.
Pero últimamente me lo cuestionaba y me preguntaba:
Aquella decisión que había trastocado mi vida, me había mostrado muchas cosas de mí que ignoraba.
¿Había sido una decisión tan mala después de todo?
FIN
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